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Entre los muchos estudios de Wallis, destaca la edición de The Book of the Dead: The Papyrus of Ani in the British Museum; the Egyptian Text with Interlinear Transliteration and Translation, a Running Translation, Introduction, etc. No se entiende que no se hiciera sobre la edición inglesa revisada, publicada, al igual que la primera, en colaboración con el British Museum Press, Londres, y re-publicada en 2006 y 2010 por University of Texas Press, Austin, que he consultado. Egyptian Mythology: A Guide to the Gods, Goddesses, and Traditions of ancient Egypt, Oxtord University Press, 2004; New Kingdom Votive Offerings to Hathor, Griffith Institute, Oxford, 1989) son muy solventes. En tal sentido, compárese su bibliografía en pp. 289-294, donde sobran algunos títulos como el espurio libro de A. Crowley, The Book of Thoth, 1944 y varias reimpresiones, y donde faltan muchos otros trabajos importantes previos a la primera edición inglesa; y no hubiera estado de más que el curator de la edición hubiera añadido un selecto complemento bibliográfico de las obras aparecidas en los últimos treinta años sobre el tema de este libro.
PINCH, Geraldine, La magia en el Antiguo Egipto. Traducción de Cristina García González; edición de Raúl López López; prólogo de Núria Torras Benezet. Córdoba, 2025. Ediciones Almuzara, colección Erasmus-Nun. 294 págs. ISBN 9788410199484.
La colección de egiptología que está presentando al público de lengua española la editorial Almuzara en esta serie titulada «Nun», ha irrumpido con bastante fuerza en el panorama bibliográfico español. Viendo la lista de títulos publicados en poco tiempo, parece que la intención es trasladar a nuestro idioma algunas «obras de éxito contrastado» publicadas en inglés en las últimas décadas, entreverando en ese catálogo obras recientes de autores españoles. Como en toda serie, unos títulos tienen más interés que otros, ya sea por el autor del libro, ya sea por la temática estudiada. Llama la atención en esta lista de libros de la serie «Nun» la ausencia de estudios sobre historia política. Los editores se centran más bien en aspectos culturales como son la momificaciôn, el esoterismo, la inmortalidad o la idea del alma entre los egipcios, o bien, en el puro plano materialista, se han publicado algunos estudios sobre arqueología en general.
El libro de Geraldine Pinch que da pie a estas páginas es uno de esos libros que la crítica alabó en su momento como una magnífica introducción al tema de la magia egipcia. Aún en su exposición a veces muy detallada, en efecto, no deja de ser una introducción, y no un libro de investigación. Cada uno de los capítulos y el libro todo en sí, es una síntesis erudita del tema tratado. Lo que no es poco teniendo en cuenta la cantidad ingentes de libros deleznables que se publican sobre magia egipcia a nivel amateur y sin el más mínimo aval académico. Es verdad que el tema se presta a ello. Los fundamentos modernos sobre el estudio de la magia egipcia tienen más de cien años, y aún se leen con agrado libros como el de Ernest A.T. Wallis Budge, Egyptian Magic, publicado en 1899, y con múltiples reediciones y traducciones a muchos idiomas modernos. Este autor, denostado por muchos, es, paradójicamente emulado por sus críticos. Entre los muchos estudios de Wallis, destaca la edición de The Book of the Dead: The Papyrus of Ani in the British Museum; the Egyptian Text with Interlinear Transliteration and Translation, a Running Translation, Introduction, etc. (London, 1895). Otro pilar en el estudio de la magia egipcia a través de la clasificación y estudio de los objetos mágicos profilácticos fue W.M. Flinders Petrie (1863-1942), cuya obra Amulets, publicada en 1914 (London, Constable & Co. Ltd.) sigue teniendo interés. Estos dos, como muchos otros pioneros que sobre el terreno egipcio estudiaron los documentos, los objetos о las pinturas «mágicas» del Libro de los muertos, no aparecen apenas citados -salvo en un par de veces, ocasionalmente- en los libros de síntesis recientes, como es el caso de Geraldine Pinch. Los libros académicos recientes sobre magia antigua mejoran a aquellos en la edición (aparato fotográfico en color, por ejemplo) y se nutren de la herencia escrita que aquellos dejaron, así como de los nuevos hallazgos que el tiempo y los arqueólogos han ido sacando a la luz para alimentar a los museos, unas veces, y otras a los coleccionistas privados. Dicho esto, y volviendo a la edición española del libro de Pinch, observo que, según se indica en la página de créditos, se basa en la edición primera, de 1994. No se entiende que no se hiciera sobre la edición inglesa revisada, publicada, al igual que la primera, en colaboración con el British Museum Press, Londres, y re-publicada en 2006 y 2010 por University of Texas Press, Austin, que he consultado. Entre esta edición revisada y la española, permítanme la expresión humorística, «no hay color». Literalmente, se han suprimido ahora todas las imágenes en color de edición americana, y, aún peor, se han cambiado muchísimas imágenes -suprimidas unas y otras muchas sustituidas- presentando aguí un aparato gráfico siempre en blanco y negro, mermado en cantidad y calidad.
Aunque Geraldine Pinch no es una egiptóloga full-time, pues ha escrito novelas para adultos y relatos para niños, con su nombre o con el seudónimo Geraldine Harris, los libros dedicados al estudio de Egipto faraónico (además del aquí comentado, destacar: Egyptian Mythology: A Guide to the Gods, Goddesses, and Traditions of ancient Egypt, Oxtord University Press, 2004; New Kingdom Votive Offerings to Hathor, Griffith Institute, Oxford, 1989) son muy solventes. La misma lectura de La magia en el Antiguo Egipto evidencia que Pinch es una buena escritora y que sabe transmitir sus conocimientos con buen estilo hasta lograr atraparnos en su lectura. Es una destreza grande, sin duda, de la que carecen o carecemos otros.
Al final de cada uno de los doce capítulos la autora ofrece una bibliografía mínima para ampliar conocimientos, libros de los que ella misma se ha nutrido, según parece. Demasiado exigua. Sus fuentes son indudablemente más amplias. En tal sentido, compárese su bibliografía en pp. 289-294, donde sobran algunos títulos como el espurio libro de A. Crowley, The Book of Thoth, 1944 y varias reimpresiones, y donde faltan muchos otros trabajos importantes previos a la primera edición inglesa; y no hubiera estado de más que el curator de la edición hubiera añadido un selecto complemento bibliográfico de las obras aparecidas en los últimos treinta años sobre el tema de este libro.
La obra está bien estructurada, y despliega los ítems esenciales asociados al concepto de magia. Por eso es importante el capítulo primero, capaz de aproximarnos a su definición cultural, que en Egipto es milenaria. La magia parece estar en la raíz de la cultura egipcia, como lo están sus mitos y sus dioses, comenzando por la explicación del concepto de heka, el Principio Creador de toda nueva vida (pp. 22-23). El dios «inventor de la magia» es Heka y heka es magia en si. En Egipto, efectivamente, la magia, la religión y los mitos están tan necesariamente unidos que es imposible segregarlos y no se entienden desavenidos, aunque en cada mitología o ceremonia las proporciones de religión, magia y mito sean diferentes. Los esfuerzos de algunos antropólogos clásicos, recordados y defendidos por Pinch, como B. Malinowski (Magic, Science, and Religion and Other Essays, 1948) o S.J. Tambiah, Magic, Science, Religion and the Scope of Rationality, 1990) no solo parecen inadecuados sino equivocados. La magia, igual que la religión y los mitos, es lo opuesto a lo racional, no es Ciencia en el concepto moderno, de ninguna de las maneras.
En el Egipto antiguo, la magia y la religión se expresan, por escrito y en imágenes, especialmente en los templos. Sobre la importancia de la cultura escrita en relación con la magia, remito al capítulo quinto de este libro. En los grupos sacerdotales reside la sabiduría, de ellos brotan las teologías e inventan las formas, antropomorfas, animales o mixtas, de los dioses primigenios, y de sus transformaciones y adaptaciones. Ello se apunta en el capitulo segundo, aunque de forma un tanto anárquica en su explicación cronológica. Los testimonios sagrados extensos más antiguos, los llamados Textos de las pirámides y los Textos de los sarcófagos están transidos de fórmulas mágicas; y qué decir del sagrado Libro de los muertos. Estos «libros», o compilaciones epigráfico-pictóricas, están relacionados directamente con la muerte y las creencias en el Más Allá, que es idea perpetua en el universo religioso egipcio. La muerte es un misterio y el misterio surge del acto de morir y de la incomprensión del lugar oscuro que hay al otro lado de la vida. Todo ello generó una serie de literatura específicamente egipcia, como son los llamados Libros del Inframundo (Amduat), o el Libro de las Respiraciones. Este conjunto de textos ofrece al observador ajeno y distante en el tiempo todo un catálogo de literatura enigmática (por críptica o mal entendida por los profanos), y por ello «mágica», en la que reside su encanto. Pero el mundo funerario egipcio no es solo oscuro y desesperanzado, es una oportunidad para resurgir periódicamente como el escarabajo solar Kephri, símbolo del renacimiento. Kephri es un símbolo sagrado y mágico indiscutiblemente. Su imagen trasladada a la piedra (consagrada con fórmulas de devoción y esperanza) era colocada sobre el corazón del difunto. El Escarabajo, como otros objetos sagrados o consagrados son mediadores entre lo humano y lo divino; y de ahí su potencia como objetos capaces de transformar la realidad, que es la finalidad esencial de de la magia. Pinch trata estos aspectos de vida-muerte-mutación con ideas interesantes, aunque utilizando conceptos a veces anacrónicos como la palabra «demonios» (a lo largo del cap. 3) para referirse a los «mediadores» o conductores entre el mundo de los dioses y el de los humanos. El término «demonio» traslada mal (de forma inexacta y equivoca) al latín y a las lenguas modernas el concepto griego de Saipwyv, mucho más complejo. Y lo mismo podría decirse el conceto «espíritu» (igualmente reiterado en el cap. 3) que un egipcio no entendería sin su asociación a ka y ba. A veces los intentos de acercar al lector actual a conceptos antiguos son simplificaciones que chirrían e irritan.
Afirma Pinch (p. 63) que «la magia no era solo una defensa contra las fuerzas del caos y el mal. También podía utilizarse para eludir a las deidades que infligían sufrimiento a la gente como parte del plan divino». Las manifestaciones personales o los emisarios de estas deidades eran muy temidos. Una de estas deidades era la diosa escorpión Serget. Sírvanos como ejemplo. Serget aparece como una deidad benefactora, y no terrible, que ayuda al «feliz nacimiento» (en la gestación y en el parto) de los reyes. Su nombre significa «la que facilita la respiración». Complemento de la diosa-escorpión Serget de los Textos de las pirámides es Sekmet, la diosa antropomorfa con cabeza de leona, que lleva en su cabeza la figura del escorpión, con la particularidad de que al artrópodo se le mutila el aguijón dispensador de tóxico. Los estudios no han ponderado suficientemente la función mágica de Sekmet. Su imagen (la de su cabeza) se pone sobre los recipientes que reciben las vísceras de los difuntos. Esta relación con la muerte tiene su opuesto, como ocurre con muchas divinidades egipcias. Como protectora de los vivos, Sekmet era invocada en los himnos rituales mágicos recitados por los médicos egipcios con la finalidad de curar los efectos provocados por la picadura del escorpión (p. 91, 221), y para paliar los efectos de la peste (p. 223). Estos médicos o curanderos eran titulados «los socios de Sekmet» (cf. pp. 90, 183). El tal sentido, fundamental es el libro de Frédérique von Kánel, Les prêtres-ouâb de Sekhmet et les conjurateurs de Serket, Paris 1984, obra, por cierto, citada en este libro con erratas (Eespretres-oudb de Sekhmet -sic- en p. 294). Sekmet era asociada también con otras diosas, particularmente Neftis, Neit e Isis (pp. 03, 232, 238), antropomórficas igualmente, en relación la protección del feto del futuro rey. Así pues, los escarabeos y amuletos con la imagen del escorpión (ver un ejemplo en Pinch, p. 225, fig. 75, de la edición española; imagen que no está en la edición inglesa) son polivalentes: no solo pueden tener relación contra las infecciones tóxicas producidas por los animales, sino también pueden tener una acción benefactora hacia la protección de los recién nacidos, o incluso del feto. Los amuletos tardíos de época romana (siglos 111-1V) que llevan la imagen del escorpión no deben considerarse «astrológicos» sino más bien terapéuticos y profilácticos. La autora muestra especial interés por el simbolismo de los escorpiones еп relación con la magia (citados en pp. 10, 48, 63, 90, 91, 95, 100, 133, 101, 162, 164, 166, 180, 218, 221, 225, 229, 230, 251). Por otro lado, Pinch cita por doquier el poder mágico de las llamadas «Estelas de Horus», que ella se empeña en denominar «cippi», usadas en particular para prevenir o curar picaduras de escorpiones, serpientes o de otras criaturas ponzoñosas. Pero no se indica que estos monumentos son tardíos y que, por tanto, no pueden contextualizarse en los tiempos remotos del Reino Antiguo, ni en el Nuevo. La autora solo trata superficialmente el valor de la gran Estela Metternich (mal citada siempre aquí como «Estela de Metternich»), que es de época de Nectanebo 11 (ca. 360-343 a.C.), ahora exhibida en el Metropolitan Museum de Nueva York, que es la obra «canónica» que emulan, a pequeña escala, o parcialmente, las numerosísimas estelas de «Horus sobre los cocodrilos». Una breve historia de la Metternich se lee en la ficha del MET online (https://www.metmuseum.org/art/collection/search/546037), y sobre las estelas de Horus no puedo dejar de recomendar el libro, en español, de D. Saura, Las estelas mágicas de «Horus sobre los cocodrilos, Madrid, Signifer Libros, 2009, al que cabe añadir ahora el imprescindible libro de Michael Habicht, Die Metternichstele: Ägyptische Magie der Spätzeit, Berlin, 2020, con versión alemana del texto jeroglífico. Las Estelas de Horus no son todas de gran tamaño, como la Metternich, sino que muchas de ellas son transportables, e incluso algunas son «de tamaño bolsillo». En su defecto, había figuritas de Horus que, al llevarlas prendidas al cuello con un cordón, se pretendía que surtieran la misma acción benefactora. Esta medicina popular mágica no hacía sino imitar lo escrito en los grandes tratados médicos conservados en papiro, donde se mezclan con toda naturalidad las fórmulas mágicas con las recetas complejas «farmacológicas» experimentadas por los sanadores. Los repuntes o apuntes «mágicos» en tratados médicos «racionalistas» (basados en la experiencia, «esta sustancia cura» o «esta es ineficaz») son frecuentes (véase en este libro el capítulo noveno) con interesantes ejemplos ilustrativos.
El capítulo dedicado a los magos (1V) aclara la identificación, en muchos casos, de sacerdote y mago, ilustrándolo con varios ejemplos del Reino Antiguo, e insiste la autora en la figura importante del sacerdote-lector (pp. 87-88), que era «un vínculo importante entre los templos y el mundo exterior porque se le permitía utilizar sus conocimientos para oficiar funerales», y de ahí su conexión con los rituales mágicos. El conocimiento mágico no se concibe sin el arte de la escritura, que es sagrada. De ahí que se relacione a los magos con aquellos que llevaban el título de Escriba de la Casa de la Vida, cuyos conocimientos les acercaba a los círculos de poder, y del propio faraón. Thot, que es el dios la sabiduría, inventor del lenguaje articulado y de la escritura jeroglífica, es, en consecuencia, casi sinónimo de magia elevada, intelectual, y uno de sus símbolos durante toda la Antigüedad (véase el estudio de P. GolyZniak, «Hermes-Thoth on Magical Gems and Amulets», Swiatowit, 59, 2020, pp. 161-168). No obstante, en época tardía, la asociación del egipcio Thot con el Hermes Trismegisto dio pie a corrientes filosófico-mágicas que nada tenían que ver realmente ni con la magia egipcia ni con la filosofía. Y aún peor, esa mezcla adulterada fue fundamento de corrientes teosóficas y ocultistas que brotaron como setas en el páramo de la crisis de la razón desde el siglo XVII hasta la actualidad.
La magia egipcia -toda magia en realidad- no es filosofía ni ciencia, es una Téxvn en sentido griego, es decir, una técnica, un método, o mejor todavía, un arte. Ala técnica mágica dedica Pinch el capítulo sexto de este libro, señalando aspectos sustanciales para que surgiera buen efecto: la purificación de los instrumentos, su decoración simbólica que potencia y hace efectiva la mediación con la divinidad invocada, por ejemplo, mediante un amuleto, las varillas de hueso usadas en Egipto para este fin, o las figuritas humanas -а modo de muñequitos о muñequitas que son simulacros de la victima, a de los que Pinch trata en el capitulo séptimo-, usadas esencialmente en las ceremonias de execración. Estas últimas, las defixiones, tienen poco de pureza ritual; más bien lo contrario, pues se hacen con elementos contaminados o venenosos, clavos oxidados o plomo tomado de los cementerios. En un camino intermedio, en entre la ceremonia execratoria y la pureza ritual están las ceremonias o recetas reunidas en los Papiros Griegos de Magia (PGM), que desde la edición de Priesendanz en 1928 (Papyri graecae magicae: die griechischen Zauberpapyri, Leipzig, Teubner), han tenido tanto éxito y eco en los estudios recientes sobre magia greco-romana, que posee un gran sustrato egipcio.
Pinch presta atención a aspectos curiosos e interesantes sobre el ritual mágico, como son los colores o los perfumes (pp. 129-133), a algunos ingredientes llamativos, como los fluidos corporales: orina, sangre, leche, o aspectos externos, la música y la danza, todo ello aderezado con ejemplos. El uso de los ya mencionados amuletos es posiblemente una de las formas más populares de magia o de superstición. En el Egipto faraónico su uso se remonta al Reino Antiguo, y se mencionan ya en los Textos de los Sarcófagos y en el Libro de los Muertos. El uso de los amuletos es universal, y se usaron y se usan en todas las épocas y por todo tipo de personas, de cualquier condición social. Aqui se explican, en el capítulo octavo, sus usos tópicos más frecuentes en Egipto: profiláctico o apotropaico, o simplemente como adorno con connotaciones religiosas o supersticiosas. Existe todo un catálogo de amuletos egipcios, siendo uno de los más comunes el famoso «Ojo de Horus» o udyat, al que se atribuyen propiedades preventivas contra el «mal de ojo». Los amuletos con la imagen de Bes, el enano deforme, eran muy frecuentes tanto en época faraónica como después para la protección de los niños recién nacido, primero de los hijos de la realeza, y después, por imitación, de cualquier bebé. En época greco-romana, las piedras semipreciosas grabadas con fórmulas mágicas, y muchas de ellas con la imagen de dioses o démones (seres divinos intermedios o intermediarios) de la mitología egipcia, dejan de ser simples objetos decorativos para ser por sí mismos objetos mágicos, en cuya eficacia debía creerse, si observamos su proliferación, especialmente para la curación de enfermedades.
Vida y muerte se complementan en la mentalidad egipcia en un continuo movimiento circular. Por eso daban tanta importancia al momento del nacimiento, y tanta o más aún a la muerte y a las ceremonias funerarias, muy complejas y largas en el caso de los reyes, de su familia, o de los altos funcionarios del Estado. También era importante, en su debida proporción, para la gente adinerada que no pertenecía a la aristocracia burocrática o militar del faraón. La propia operación de momificacién tiene su parte puramente mecánico-técnica (la evisceración y la deposición de los despojos en vasos), pero también otra parte mágica, como es el aderezo del cadáver con escarabeos o con joyas grabadas con símbolos relacionados con la ceremonia del Juicio de Maat o con la ultratumba, como se prescribe ya en el Libro de los muertos, o las pinturas apotropaicas que se ponían en la suela de las sandalias del difunto. A ello habría que añadir la decoración de los sarcófagos, a veces muy recargada, o la adición del retrato o la máscara del difunto. A algunos de estos ritos se refiere Pinch en el capítulo undécimo. El mundo funerario de los egipcios constituye todo él un universo propio, de gran significación simbólica. Aparte de las escasas referencias que aporta Pinch sobre este tema (р. 256), recomiendo, sobre la momificación, la obra de В. Brier, Momias de Egipto. Las claves de un arte antiguo y secreto, Barcelona, Edhasa, 1996; y sobre el ritual y simbolismo funerario, remito al libro de W. Grajetzki, Burial Customs in Ancient Egypt: Life in Death for Rich and Poor, London, Duckworth, 2003, que tiene colofón temporal y temático en la obra de Chr. Riggs, The beautiful Burial in Roman Egypt. Art, Identity and Funerary Religion, London, Oxford University Press, 2005.
Aprovechando esta pequeña serie de referencias bibliográficas, añado también el libro de E. Hornung, Esoterismo egipcio. La sabiduría secreta del antiguo Egipto y su impacto en Occidente, Córdoba, 2024, publicado en esta misma colección «Nun». Este libro de Hornung, en su temática, viene a ser una versión extendida del último capítulo (XII) del libro de Pinch, titulado «El legado de la magia egipcia», que en realidad sobra entero. Tampoco recomiendo el libro de Hornung -que he reseñado extensamente en otro lugar-, salvo a aquellos que estén interesados en el trasfondo egipcio de las sectas oculistas modernas.
Con sus defectos y sus virtudes (son mayores éstas que aquéllos) invito a la lectura de este libro de Pinch a quienes estén interesados en el tema de la magia egipcia antigua, pues está dentro de los cánones académicos de alta divulgación y su escritura es muy amena, también en su versión española.
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