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The first part shows how social work substitutes anthropological knowledge and how this experience encouraged training in anthropology. Next, the discussion focuses on the character of Villavicencio's fieldwork as a technology of knowledge built upon practitioners' social experience following a series of protocols of scientific objectivity together with a research agenda. Keywords: Ecuador, Anthropology, women anthropologists, field work, development. El programa asumió la importante tarea de adiestrar a jóvenes profesionales para la extensión agropecuaria, la economía agrícola, la educación fundamental, la antropología y el trabajo social.
Resumen
Este artículo explora la promoción de la antropología y las prácticas del conocer de Gladys Villavicencio, la primera antropóloga del Ecuador. Estas prácticas y, en especial, su trabajo de campo, transitan por varias disciplinas (normalismo, trabajo o servicio social y antropología) y están articula das con intervenciones de mejoramiento social. La primera parte muestra cómo el normalismo y el trabajo social sustituyen el conocimiento de la antropología y cómo estas experiencias presionan hacia la formación en antropología. Seguidamente, se discute el carácter del trabajo de campo de Villavicencio como tecnología del conocer, que se elabora desde la experiencia social de sus cultores, siguiendo una serie de protocolos de objetividad científica junto a una agenda de investigación. Finalmente, se constata la sorpresiva desaparición de Gladys Villavicencio de la escena intelectual quiteña y mexicana, al momento en que defiende su tesis de antropología. Se propone que este desvanecimiento pudiera estar relaciona do a sus limitadas redes profesionales, a sus opciones de vida, a la osadía de su propuesta de una emergente nacionalidad indígena y a su inserción en una disciplina predominantemente masculina.
Palabras claves: Ecuador, antropología, mujeres antropólogas, trabajo de campo, desarrollo.
Abstract
This article explores the promotion of anthropology and the practices of knowledge undertaken by Gladys Villavicencio, Ecuador's first anthro pologist. These practices, especially her fieldwork, crossed several disciplines (education, social work, and anthropology) and were articulated with social improvement interventions. The first part shows how social work substitutes anthropological knowledge and how this experience encouraged training in anthropology. Next, the discussion focuses on the character of Villavicencio's fieldwork as a technology of knowledge built upon practitioners' social experience following a series of protocols of scientific objectivity together with a research agenda. Finally, the article notes the surprising disappearance of Gladys Villavicencio from the intellectual scene in Quito, Ecuador, and Mexico shortly after she defended her anthropology graduate thesis. This decline could be related to limited professional networks, life choices, the boldness of the proposal for an emerging Indigenous nationality, and the insertion into a predominantly male discipline.
Keywords: Ecuador, Anthropology, women anthropologists, field work, development.
Este artículo examina algunos antecedentes al impulso tardío de la antropología profesional en la región, particularmente en Ecuador'. De manera específica, explora la promoción de la antropología y las prácticas del conocer de Gladys Villavicencio, la primera antropóloga del Ecuador. Estas prácticas y, en especial, su trabajo de campo, transitan por varias disciplinas y están articuladas con intervenciones de mejoramiento social. El escrito se sitúa en los intersticios entre la Antropología y la Historia, que humanizan la vida de Villavicencio, la conectan a los estudios andinos (Ruz y Galdames 2016), pero también la enlaza con México. La pregunta inicial está centrada en el cómo esta profesional resuelve la tensión entre las necesidades que las políticas de investigación y el desarrollo de la comunidad indígena proponen hacia 1950, en las cuales se buscan los conocimientos de antropólogos y antropólogas derivados del trabajo de campo, al tiempo que se constata su inexistencia. Se argumenta que existió un doble movimiento: primero, un proceso de travestismo disciplinario en el cual las trabajadoras sociales y, en menor medida, los y las educadoras y otros profesionales, tomaron el papel que debía suplir la antropología según el diseño de los programas de integración, desarrollo, investigación y docencia, por su cercanía con el trabajo de campo y con el indigenismo?. Y, segundo, un proceso de agregación a través de la formación de trabajadoras sociales y otros profesionales en el campo de la antropología·. Este doble movimiento constata, entre otros aspectos, la presencia de mujeres profesionales, antecedente que ha sido olvidado parcialmente por quienes han recuperado los inicios de la Antropología en Ecuador (Moreno 2006; Martínez 2007; García 2011; Barba y Vera 2022). El primer movimiento de este proceso, previo a la profesionalización de la antropología en el país, adquiere el carácter de sustitución disciplinaria con repercusiones en el campo laboral que ayudaron, a su vez, a configurar el nuevo campo profesional·. Identifico durante este movimiento, la existencia de dispersos esfuerzos por promocionar y establecer los estudios de antropología en las universidades y centros de estudios privados, que maduran a inicios de la década de 1970, cuando la antropología profesional se establece en la universidad sobre bases preexistentes. Hay nociones sobre su quehacer entre intelectuales e indigenistas locales, incluido algunos antropólogos formados en el exterior, y hay otras conexiones globales que alimentan el impulso de esta disciplina.
El proceso de los dos movimientos cuenta con un engranaje: el trabajo de campo que funciona como una bisagra entre el servicio social y la antropología. La segunda pregunta del artículo se refiere al carácter de este trabajo de campo como tecnología del conocer, que se elabora desde la experiencia social de sus cultores y sigue una serie de protocolos de objetividad científica junto a una agenda de investigación. Se argumentará que Gladys Villavicencio imprime, primero, una mirada feminista moral a sus prácticas de campo asentadas en el ámbito del desarrollo y que la agregación de disciplinas le permite inscribir sus observaciones en la teoría antropológica de los cambios sociales provocados por la aculturación y, así, asumir formas de relativismo cultural. Si bien este segundo esfuerzo suprime la agencia de las mujeres, su aguda mirada descubre la controvertida existencia de una nacionalidad secundaria en la zona de Otavalo. Pero, de manera sorpresiva, Gladys Villavicencio desaparece de la escena intelectual al momento en que defiende su tesis de antropología, un paradojal acontecimiento que genera una tercera inquietud. Finalmente, se propone que este desvanecimiento pudiera estar relacionado a sus limitadas redes profesionales, a la osadía de su propuesta de una emergente nacionalidad indígena y a su inserción en una disciplina predominantemente masculina.
La Promoción de la Antropología en Ecuador
Hacia la década de 1940 se observa un proceso de institucionalización del indigenismo en la región, un movimiento político, artístico y científico que reabrió el debate sobre las poblaciones nativas. Hacia mediados del siglo XX, se conformaron instituciones y el Programa Indigenista Andino [PIA] que demandaron la presencia de antropólogos y otros profesionales·. El PIA fue orientado a la integración y desarrollo de la población indígena y auspiciado por la Organización Internacional del Trabajo y otras agencias de Naciones Unidas; reclamó, además, el concurso de varios tipos de expertos que estaban en el proceso de prepararse y que aún necesitaban adaptarse a las tecnologías del desarrollo y del trabajo de campo. El programa asumió la importante tarea de adiestrar a jóvenes profesionales para la extensión agropecuaria, la economía agrícola, la educación fundamental, la antropología y el trabajo social. Becas para estudiar en México o Estados Unidos, entrenamiento en los puestos de trabajo, apoyo a las universidades locales y cursos cortos en diversos lugares de las Américas, fueron los medios usados para suplir estas necesidades. Asimismo, el programa requería habilidades gerenciales, que se suplieron a través del entrenamiento cotidiano de personal que debía actuar como contraparte de los expertos internacionales.
Pero no sólo este programa andino buscó antropólogos y otros profesionales. En Ecuador, distintas investigaciones de campo e intervenciones para el mejoramiento de las poblaciones indígenas requirieron de este tipo de profesional, observándose diversas modalidades para suplirlos. Esta sección busca rescatar actos de fomento y formación en antropología en Ecuador. Fue una promoción desplegada especialmente por algunos intelectuales locales e Instituciones privadas de servicio público como el Instituto Indigenista Ecuatoriano [IIE], el Instituto Ecuatoriano de Antropología y Geografía [IEAG] e iniciativas de la propia Misión Andina del Ecuador [MAE] y del Instituto Nacional de Previsión Social. Asimismo, agencias internacionales de cooperación e intercambio, como el Instituto Indigenista Interamericano [III] y los organismos de Naciones Unidas y la Universidad Central del Ecuador [UCE], fueron instancias que publicitaron y proveyeron recursos para la formación local, antes de que se instaurara una formación universitaria profesional y sistemática en el campo de la antropología.
Intelectuales e instituciones locales
Una de las instituciones locales iniciales dedicadas a la antropología, además de la UCE', fue el IIE como una temprana filial del 118. Estuvo conformado por intelectuales de la Academia de Ciencias de la Casa de la Cultura Ecuatoriana; sus miembros fueron juristas, médicos y educadores indigenistas. Publicó Cuestiones indígenas del Ecuador (1946), una compilación que contiene un Manifiesto indigenista, un Álbum indigenista y diversos artículos, así como algunos números de su revista Atahualpa (Boletín Indigenista [BI] 1947). En general se trató de escritos realizados por reconocidos intelectuales indigenistas, pero incluyó un texto de lingüfstica preparado por la antropóloga Barbara Salisbury Buitrón y otro texto del antropólogo recientemente llegado al país, Aníbal Buitrón, sobre la antropología como disciplina científica, basada en el trabajo de campo y capaz de comprender a los pueblos nativos - su propósito era persuadir a los administradores públicos para que el "gobierno de las tribus aborígenes sea más eficiente, tolerante, ilustrado у condolido (Buitrón 1946:55)-. Buitrón asignó así dos funciones a la antropología: de un lado, formar a la burocracia que estaba en contacto con grupos indígenas; y, de otro, realizar investigaciones que debían servir de base para cualquier labor práctica en beneficio del indio. El IIE siguió parcialmente estos caminos con sus publicaciones, pero también a través de presión y negociación ejercida durante varios años para la creación de una instancia de asuntos indígenas en el Ministerio de Previsión Social; una oficina que, sin embargo, no logró consolidarse ni crear una burocracia especializada -que solo apareció cuando operó el PIA-. Varios miembros del ПЕ también publicaron en América Indígena y un abogado de este grupo informó periôdicamente en el Boletín Indigenista sobre las actividades llevadas a cabo en Ecuador. Esta representación cambió hacia 1947, cuando Buitrón asumió como Jefe de Investigación del Campesinado en el Instituto Nacional de Previsión (Buitrón 1947b}°.
Años más tarde, en la propuesta de intervención del PIA, se explicitó el rol que debían cumplir los antropólogos en la organización social indígena, el desarrollo de la comunidad, la traducción cultural, el seguimiento del conjunto del proyecto, entre otras funciones (Naciones Unidas [NNUU] 1953a y b). Efectivamente en Perú, Héctor Martínez (1965) y los primeros antropólogos de ese país cumplieron este tipo de funciones tanto en el PIA, como en el Proyecto Vicos y otros programas similares. En Ecuador, en cambio, existían a la época escasos antropólogos profesionales, requeridos por las políticas estatales y privadas de integración y desarrollo. Los únicos que se identificaron con esta categoría, fueron el ya nombrado Aníbal Buitrón y su esposa, formados en la Universidad de Chicago. Allí Buitrón obtuvo el grado de maestría. Muy temprano, él imaginó levantar una escuela de antropología en el país, iniciativa que no prosperó en ese momento (Buitrón y Salisbury 1945), sino años más tarde". Butrón, oriundo de Otavalo, y siendo su padre Jefe Político del cantón, estableció en Quiroga (Cotacachi, a 5 km de Otavalo), el lugar donde inició su trabajo de investigación junto con Barbara Salisbury. Hay varias constancias de su trabajo de campo: las notas, correspondencia y mapa sobre la comunidad de Quiroga; sus publicaciones sobre Otavalo y, posteriormente, sobre Pichincha (Buitrón y Salisbury 1947, 2007 [1945]; Buitrón 1947a; Collier y Buitrón 1949); y sus informes burocráticos en el marco del PIA (Buitrón 1969). Asimismo, participó en trabajos de campo en Perú y otros lugares (Buitrón 1948), luego de lo cual se concentró en funciones profesionales y burocráticas en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América [CREFAL] y en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura [UNESCO], desde la cual fue asignado al PIA.
Como se indicó, Aníbal Buitrón fue un activo inspirador de los estudios antropológicos, del trabajo de campo y de los enfoques aplicados. Promocionó esta disciplina a través de sus publicaciones -a Revista Municipal de Otavalo (Buitrén 2007 [1945], 1945) artículos en el diario capitalino El Comercio (Buitrón y Salsbury 1945)- y la radio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana [CCE] (Buitrón 1949)'s. También difundió aspectos de la disciplina entre el personal de la MAE y en sus diversas asignaciones profesionales. En una intervención radial de 1949 destacó la importancia del trabajo de campo: el antropólogo, enfatizó, trabajaba en pequeñas comunidades para discernir las características de la naturaleza humana, considerada en sus similitudes, pero sobre todo en sus variaciones. El enfoque de esta disciplina era, a juicio de Buitrón, holístico y por ello complejo'·; tenía, además, un carácter científico ya que el antropólogo no estaba comprometido emocionalmente con los grupos que observaba: mantenía distancia y objetividad. Estas características le permitían observar y, para observar correctamente, necesitaba "tanto conocer del ojo que ve como el objeto visto" (Buitrón 1949:314), pero, también, del oído. El uso de los sentidos podía acompañarse de orientaciones estadísticas e históricas. En su razonamiento, la antropología era una ciencia de la variedad humana que usaba diversas herramientas, con un enfoque de urgencia debido a los cambios y desaparición de grupos culturales. De esta manera, sostenía la unicidad de la naturaleza humana, culturalmente diversa -un precepto del relativismo cultural-. Se inscribió, así, en la escuela norteamericana de Franz Boas, catalogada como historicista y relativista en términos culturales (Bee 1974:67-73) y rescatada por sus implicaciones antirracistas.
Hacia esta misma época, se desarrollaron otro tipo de actividades públicas sobre la disciplina. Por ejemplo, Antonio Santiana organizó una primera reunión de la Asociación Ecuatoriana de Antropología en Riobamba. Allí se presentaron contribuciones etnográficas, de antropología física, de folklore, pero sobre todo de arqueología (Santiana 1948). El propio Buitrón fue un activo promotor de intercambios con antropólogos y científicos sociales de las Américas a través de la organización de una serie de conferencias. Así, el mexicano, Juan Comas, a la sazón colaborador del Ill, dictó charlas tanto en el auditorio del diario £/ Dia como en el de la CCE, donde disertó sobre el Ill y la antropología física (Buitrón 1948). Más tarde, el antropélogo norteamericano, John Gillin, dictó dos conferencias en la UCE: una sobre la antropología y la educación y otra sobre la UNESCO y las ciencias sociales (Buitrón 1950). También hay constancia de que Alejandro Lipschutz estuvo en Quito en esta época (Garcés 1957:189) -una oportunidad que podría haber sido aprovechada por Antonio Santiana para negociar su estancia en Chile, para entrenarse en antropología física-. Durante estos intercambios, Buitrón hizo gestiones para obtener becas para que ecuatorianos realicen estudios antropológicos en Colombia y México (Buitrón 1948).
Aníbal Buitrón participó también en la creación del Instituto Ecuatoriano de Antropología y Geografía [IEAG], una iniciativa del geógrafo estadounidense Félix Webster McBride's que contó con el auspicio del presidente Galo Plaza. El IEAG se constituyó como un centro independiente de investigación articulado a las necesidades estatales (Buitrón 1950) y a la búsqueda de formas de administración de la población indígena y campesina. Funcionaba en el Ministerio de Economía, oficina encargada del área de estadísticas y censos. Justamente, la gestión y ejecución del censo de población de 1950", como otras investigaciones de campo de esta época, pusieron en el tapete la necesidad de antropólogos o trabajadores de campo para elaborar mapas у delimitar circunscripciones censales y aplicar encuestas y entrevistas a comunidades -especialmente después de un levantamiento indígena en Chimborazo que sugirió la necesidad de información antropológica para administrar este tipo de acciones estatales (Prieto 2015).
En 1951, Buitrón fue contratado en conjunción con el Departamento Médico del Instituto Nacional de Previsión, el IEAG y el IIE para realizar un estudio a escala nacional sobre las condiciones de vida y trabajo del campesinado". Este estudio buscó reconocer las variaciones en la vida campesina mediante investigaciones comunitarias entre poblaciones con diferentes ocupaciones y niveles socio-económicos; el objetivo era mejorar las condiciones de vida de las comunidades estudiadas y promover su incorporación al Seguro Social. En ese marco, se entrenó en antropología, durante un semestre, a un grupo de bachilleres. El entrenamiento estuvo a cargo de Dorothy Willner, alumna de antropología de la Universidad de Chicago, quien cumplía en Ecuador una misión del Museo del Indio de la Heyes Foundation para estudiar la tecnología en las comunidades indígenas de la sierra (Buitrón 1950). Además, participaron como docentes el propio Aníbal Buitrón, Félix Webster y otros indigenistas. Después del curso se seleccionaron a cinco investigadores para apoyar al proyecto, cuyas funciones incluían permanecer treinta días en cada comunidad seleccionada e informar los resultados de sus observaciones (BI 1951). Juan Comas (1954) sugirió que esta información podría servir para el inicio y expansión de la MAE a distintos lugares del país". Más tarde, el IEAG realizó un estudio de la industria textil para el mejoramiento técnico y promoción de esta actividad. Se buscó levantar un censo de famillas campesinas que se dedicaban a esta labor y una detenida identificación de la tecnología usada, los productos y diseños, los lugares de comercialización y precios, entre otros aspectos. Para la promoción de esta actividad se formó a los artesanos en asuntos relacionados con el diseño, tecnología, cooperativismo y similares (Cisneros 1955). Asimismo, el IEAG, con base en investigaciones de campo y con el apoyo de Ángel Barriga y del Instituto Geográfico Militar, preparó mapas complementarios de la distribución de la población indígena (В! 1958), restos arqueológicos y varias dimensiones económicas (Costales de Peñaherrera 1959).
El Instituto Indigenista Interamericano (ПЕ) y otras agencias de cooperación
La experiencia de cursos cortos se reeditó años más tarde con el patrocinio del Ill, institución que promovió entre su membresía los estudios de antropología en México. Hacia 1967, se informó, a través de la revista América Indígena, de un programa de adiestramiento de personal en Ecuador auspiciado por el lll у coordinado por la МАЕ y el ПЕ (América Indígena [Al] 1967). Este curso de antropología aplicada al desarrollo de la comunidad fue largamente conversado entre Gonzalo Rubio Orbe y Gonzalo Aguirre Beltrán a través de su correspondencias. Fue dirigido por Gonzalo Aguirre Beltrán y contó con la participación de Alfonso Villa y Hugo Burgos, entre otros instructores. El propósito principal fue transmitir el punto de vista del respeto у comprensión del medio cultural. El curso se impartió en Ibarra y Riobamba en las sedes regionales de la MAE y, en Quito, en la sede de la OEA. En las regiones, fue un curso en los sitios de trabajo de los asistentes (dos días de revisión de textos y 3 días de recorrido por las comunidades) y, en Quito, tuvo un carácter conceptual y pocas horas de instrucción diarias. La iniciativa tuvo gran aceptación: en cada lugar contó con la presencia de un promedio de treinta estudiantes de la MAE y varias otras instituciones públicas y privadas dedicadas al desarrollo de la comunidad. Los cursos incluyeron temas relativos a la antropología cultural y aplicada, a la naturaleza del cambio social, a la comunidad y su desarrollo, así como a los métodos y técnicas del trabajo de campo (Al 1967). Una de las participantes fue Gladys Villavicencio, en su calidad de funcionaria de la MAE, quien escribió una carta de agradecimiento a Gonzalo Aguirre Beltrán, en la que destaca la importancia de fomentar el sentido social en los programas de desarrollo de la comunidad", El personal de la MAE mantuvo una reunión especial con el equipo de instructores, la que habría estimulado la convicción de que se debía reorientar la intervención comunitaria?'. Gladys Villavicencio aprovechó la carta para recordar que estaba pendiente la tarea del PIA de preparar funcionarios en el exterior -claramente, su anhelo personal-. Un año más tarde, la propia Gladys Villavicencio publicó un escrito en América Indígena en el que promocionaba la necesidad de capacitar a todo el personal técnico y de campo en antropología social aplicada a fin de "lograr una aplicación correcta (...) de las actividades destinadas a producir cambios en los grupos indígenas" (1968: 961). Posteriormente, se expandieron los cursos cortos a toda la región y se integraron alumnos indígenas (Al 1962, 1963). Ello tuvo especial relevancia durante el mandato de Gonzalo Rubio Orbe como director del Ill (Rubio Orbe 1974). Los cursos trataron temas como el indigenismo en el ámbito continental, la antropología aplicada, el trabajo de campo, las técnicas de investigación social, la educación indígena, el desarrollo de la comunidad en el marco del desarrollo regional y nacional y la reforma agraria, entre otros (Cruz 2012:70). En estos momentos, Ecuador ya contaba con un programa de formación profesional en antropología, creado en 19713.
Hacia mediados de la década de 1960, se estableció, en la Facultad de Ciencias Básicas de la UCE, una Escuela de Sociología у Antropología que articulaba varios cursos de especialización en estas dos disciplinas". Estos estudios funcionaron por más de dos años, luego de lo cual la universidad fue clausurada y esta carrera suspendida después de una negociación con la recientemente creada Escuela de Sociología y Ciencias Políticas, adscrita a la Facultad de Jurisprudencia". Es plausible que Hugo Burgos haya enseñado allí mientras preparaba su tesis, como parte de un convenio suscrito entre la UCE y el Ill. Un alumno del programa de Sociología y Antropología, Nelson Romero, retomó la cátedra de Rubio Orbe cuando éste fue nombrado director del lll en México, en calidad de profesor auxiliar de Antropología Social y Cultural. Romero le comentó a su mentor que a 15 estudiantes de ese programa les habían otorgado un diploma de capacitación en Ciencias Antropológicas. Le informó, además, que, en la Facultad de Arquitectura de la UCE, Alfredo Costales había sido designado a la cátedra de Antropología".
Publicaciones locales e internacionales, conferencias de intelectuales americanos, seminarios, publicidad a través de los medios y conformación de instituciones locales e interamericanas, fueron algunos de los mecanismos usados por los intelectuales locales para dar a conocer a la antropología. Fueron iniciativas que se desarrollaron en organizaciones civiles, estatales y universitarias y buscaban formar recursos para una antropología aplicada. Esta antropología predicaba un relativismo cultural que tensionaba aquellos enfoques basados en la raza, que habían sido y aún eran ampliamente empleados en el país. A ello se sumaron cursos cortos, proyectos de investigación y de intervención basados en nociones antropológicas y de trabajo de campo, todo lo cual configuró un ambiente de interés en la disciplina. El IEAG fue una especie de laboratorio de antropología aplicada en los años de 1950, también preocupado por ofrecer cursos de adiestramiento en antropología. Allí se formaron personas que trabajaron en el censo, investigaciones diversas y otras instancias gubernamentales y que, posteriormente, se autodefinieron como antropólogos, pese a que su formación de base estaba relacionada a la educación, derecho y otras disciplinas. Más tarde el Ill, el ПЕ y la MAE replicaron estos cursos cortos para personal de campo en programas de desarrollo, incluyendo a las trabajadoras sociales. Asimismo, la UCE formó de manera más amplia a un grupo de estudiantes en el campo de la antropología. Esta iniciativa de preparar estudiantes a nivel universitario se materializó y afianzó hacia inicios de la década de 1970 en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador [PUCE].
Sustitución Disciplinaria
La existencia de intelectuales locales interesados en el indigenismo, la publicidad y los cursos cortos en antropología tuvieron como uno de sus efectos lo que denominaría travestismo disciplinario o sustitución disciplinaria. Este efecto puede ser observado en los inicios de la antropología universitaria en los países del norte y sur a Inicios del s. XX. Lo interesante de constatar es que ello se repite, a mediados de ese siglo, en vaпаз naciones de América del Sur, en un momento en el que en otros países esta disciplina se encontraba ya instalada y recibía alumnos de la región. En Ecuador, existió una demanda hacia esta disciplina antes de su implantación, una demanda que privilegiaba su carácter aplicado. Por ello, varios programas y, de manera particular, la MAE fomentaron formas de sustitución disciplinaria. Estas iniciativas constataron la inexistencia de antropólogos, lo que hizo que se asignara al trabajo social parte de las funciones esperadas de la profesión. Inicialmente, se aventuró para las naciones andinas una política de mejoramiento comunitario, a través del trabajo social, que buscaba extender servicios de cuidado infantil a las comunidades, para que las mujeres adultas contaran con el tiempo para educarse (Congreso Indigenista Interamericano 1949:19). Más tarde, y siguiendo la experiencia de Bolivia, se expandió la política indigenista hacia las mujeres, recomendando a los gobiernos el reconocimiento de sus derechos ciudadanos (Comas 1954:18, 31); y luego, se predicó su incorporación a los programas de integración y desarrollo con base en la experiencia de la MAE (Vásquez y Villavicencio 1965). Al mismo tiempo, las acciones iniciales del PIA en las naciones andinas enfrentaron una serie de problemas como la falta de recursos y colaboración de los organismos públicos nacionales y de la población indígena. Ello hacía urgente el trabajo de persuasión y convencimiento de la población, a tono con los principios del desarrollo comunitario y del trabajo social -uno de los papeles centrales encomendados a las trabajadoras sociales -?. El modelo de sustitución disciplinaria de Gladys Villavicencio fue seguido en los programas locales de desarrollo hasta finales del s. XX. Fue un precedente de relevo de antropólogos por trabajadoras sociales, ancladas en la vida comunitaria y dedicadas a abrir el camino para las intervenciones de desarrollo y modelación de las familias y mujeres indígenas. Higiene, diversificación de los espacios en las viviendas, alimentación y partos en casa basados en criterios biomédicos hicieron parte de esta modelación de las mujeres indígenas, bajo un criterio feminista moral y civilizatorio. Así, en cada base de la MAE, se contrataron trabajadoras o servidoras sociales para suplir a los y las antropólogas.
No sólo fue Gladys Villavicencio la promotora de una sustitución disciplinaria, sino también la gran mayoría de indigenistas de la época, a quienes se los designó como antropólogos -0 como indigenistas -. Varios de ellos se enrolaron en cursos cortos o residencias de especialización. Por ejemplo, Antonio Santiana, médico anatomista, recibió orientaciones sobre momias arqueológicos de Paul Rivet (Barba y Vera 2022:67) y realizó una estancia en Chile con Alejandro Lipschutz, con quien recorrió la zona austral de ese país haciendo mediciones físicas de los cuerpos de los indígenas locales. Santiana enseñó antropología en el área de Historia de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la UCE y, junto a su esposa, se hizo cargo del Museo de Arqueología de esa casa de estudio que fue renombrado como Museo de Etnografía Ecuatoriana (Barba y Vera 2022:249)·. Otro caso es el del reconocido indigenista, Pio Jaramillo Alvarado, de formación abogado, que cumplió funciones como gobernador del Oriente e hizo amistad con algunos grupos shuar. Fue invitado por el antropólogo y promotor del lll, John Collier, a visitar el sistema de administración indígena de Estados Unidos. Gonzalo Rubio Orbe, educador oriundo de Otavalo, fue, asimismo, un reconocido indigenista a quien se le adjudicó la calidad de antropólogo, disciplina que fomentó desde la docencia, desde sus actividades en el ПЕ y, de manera especial, desde su calidad de director del Ill. En sus trabajos sobre educación indigenista y sobre los indios ecuatorianos, Rubio Orbe reiteró la importancia del trabajo de campo, como lo atestigua su texto Punyaro (Rubio Orbe 1956); y, hacia mediados de la década de 1960, empezó a enseñar Antropología en las escuelas de servicio social tanto de la UCE como de la PUCE. En la Central fue profesor de Gladys Villavicencio y, según ella lo cuenta, fue el inspirador inicial de su interés en antropología. Alfredo Costales, jurista y periodista, hizo trabajo de campo en varios lugares del país, dirigió el IEAG y enseñó antropología en Arquitectura de la UCE. Luis Campo, jurista y filósofo, ejecutó trabajo de campo orientado a la difusión del cine en medios indígenas y adiestró en antropología (cultural) a estudiantes de la Facultad de Ciencias Básicas de la UCE. Todos ellos obtuvieron reconocimiento público, no sólo como indigenistas, sino como antropólogos. Se debe recordar que en años posteriores se dirimió la autoridad científica del indigenismo a través de la revista América Indígena, un debate que parece no haber tocado a los intelectuales indigenistas de Ecuador (Gomes Dos Santos 2021).
Gladys Villavicencio: una Normalista y Servidora social que se hace Antropóloga
Sin embargo la subrogación o travestismo disciplinario no fue el único movimiento de las relaciones entre disciplinas sustentadas en el trabajo de campo. La primera mujer antropóloga del país, Gladys Villavicencio, realizó un recorrido desde el normalismo y el servicio social hacia la antropología, una manera de sumar experiencias diversas de campo y de inscribir estas prácticas en una reflexión antropológica. A continuación, presento la trayectoria educativa y laboral de Villavicencio, sus prácticas de campo e inspiraciones feministas, para terminar con su travesía a México, donde ensaya la idea de una nación secundaria en Otavalo. Este artículo propone que el trabajo de campo fue y sigue siendo una práctica del conocimiento en diversas disciplinas, pero que tiene protocolos particulares en cada una de ellas.
Trayectoria educativa y prácticas de campo
Gladys Villavicencio fue oriunda de Quito, de padre tipógrafo y madre dedicada a los quehaceres domésticos. Nació en 1938 en la maternidad local. La familia residía en la Villa Flora y pertenecía a una clase media quiteña que valoraba la educación. Su trayectoria implicó la escolarización en la educación pública: inició en un jardín de infantes, siguió en la Escuela Anexa Guayaquil y terminó su educación escolar en el Colegio Normal Manuela Cañizares, con un título de maestra normalista. Desde allí pasó a estudiar en la Escuela Nacional de Servicio Social, creada en 1945, que funcionó en la UCE. Obtenido su título de servicio social, pasó a trabajar en la MAE, desde donde buscó estudiar antropología en España, primero, y después, en México, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH)·°. Su enrolamiento en la ENAH fue intermitente: demoró once años en terminar su carrera. En todos estos centros de educación destacó por su dedicación, buenas calificaciones y acumulación de experiencia de campo.
Entró al Colegio Manuela Cañizares en 1952 y se graduó en Ciencias de la Educación (normalista) en 1957. Esta educación era, en los primeros cursos, similar a la de otros colegios secundarios, pero a partir del quinto curso se impartían materias de educación (psicopedagogía, técnicas de enseñanza, organización y legislación escolar, educación para la comunidad y similares). Desde los primeros niveles, tuvo entrenamiento en costura, cocina, economía doméstica, educación para el hogar y otros oficios que serían aprovechadas en sus prácticas en Chimborazo, cuando realizó el trabajo de campo para su tesis para el grado de servicio social. Estos cursos los complementó con lo que se llamaba prácticas docentes, las cuales realizó en la Escuela Anexa Guayaquil y en la Escuela Experimental Isidro Ayora de Uyumbicho. En su autobiografía de requisito para entrar a trabajo social, recuerda su trabajo en este último centro educativo: "me encariñé con esos niños humildes y sinceros. Y cuando me despedí lloramos juntos"·'. De esta manera, su primer trabajo de campo, concebido como una práctica docente, la puso en contacto con la diversidad cultural y social del país -que Villavicencio la reconstruirfa como una diversidad basada en la pobreza-.
Para su formación en servicio social obtuvo una beca del Ministerio de Previsión Social, cuando Gonzalo Cordero era ministro, lo cual, según lo establecía el contrato de beca, le abrió posibilidades laborales después de finalizar sus estudios. En su formación recibió cursos disciplinarios en ciencias sociales (antropología y sociología); metodológicos (estadísticas e investigación social) y de ética profesional; y servicio social orientado a la construcción de casos, conformación de grupos y atención a la niñez y otras colectividades. Obtuvo, además, conocimientos de legislación social y obrera, temas de salud y educación sanitaria, nutrición, primeros auxilios e higiene mental. Se preparó, también, para realizar educación familiar y llevar adelante la organización de comunidades y servicios públicos. A través de los cursos y prácticas, se entrenó en hacer entrevistas, visitas domiciliarias e institucionales, gestiones, informes y conferencias; el objetivo era aprender a realizar una labor de mejoramiento social con base en los conocimientos recopilados. El eje del trabajo lo configuraban los casos de quienes eran llamados "clientes". Esos casos requerían una atención individualizada, pero conectada con los contextos cotidianos del cliente, incluidos los nexos con el conjunto de miembros del hogar. El informe sobre la práctica final de Gladys Villavicencio explicita el principal objetivo del trabajo social: el mejoramiento del hogar; esto es, la atención de casos tenía un carácter social.
Su primera práctica, de tres meses en 1958, la realizó en el Club de Leones ·. Tuvo a su cargo cuarenta y dos casos que correspondían a ayuda económica, atención médica, útiles de hogar y vestuario. Se trataba de problemas de escasez de recursos económicos, mala salud, conflictos familiares, ilegitimidad y desempleo. Villavicencio hizo entrevistas, visitas a los hogares, gestiones, redacción de informes y charlas®®. Su supervisora registró que tenía magníficas condiciones para la profesión, pero debía controlar una suerte de "arrogancia". A fines de ese año, inició una nueva práctica en el Manicomio de San Lázaro con enfermos mentales·". Vivió así la experiencia de una institución médica y de la colaboración con profesionales médicos. Pero, en lo sustantivo, su función era forjar un lazo entre el enfermo y su familia. En esta práctica, su supervisora indicó que no logró empatizar con los enfermos mentales y que "olvidó" trabajar en consulta con los psiquiatras". Estas prácticas la entrenaron en habilidades para conocer a los "clientes" y a las instituciones, para orientarlos, identificar redes de apoyo y para comprender la necesidad de la empatía y respeto, tanto por los sujetos como por los y las profesionales de las instituciones. Al mismo tiempo, fueron experiencias en las cuales su escritura oscila entre la objetivación y el reconocimiento individual de los clientes.
Sutercera práctica la realizó afines de 1959 y tuvo el carácter de un trabajo de campo medianamente prolongado. La efectuó en las comunidades indígenas de Pulinguí y la Moya, en ChimboraZO, junto con Ligia Granados. Fue, como se indicó, un requisito para la elaboración de su tesis de grado, que, a la vez, le abrió su enrolamiento como profesional en la MAE. La tesis fue una investigación sobre la vida material, espiritual y la organización social de las comunidades indígenas y sobre las intervenciones de la MAE. Se destaca el análisis de las actitudes y reacciones de la población local a estas intervenciones, a partir de las que concluye con recomendaciones. Se trató de una experiencia de residencia durante siete meses en las comunidades; en este tiempo, se dedicó a la observación y participación en actividades comunes, visitas domiciliarias, censos de algunas dimensiones sociales y mapeo y registro fotográfico de las acciones de MAE. Ella, y su compañera en el trabajo de campo, conocían algo de quichua, aprendido en la universidad. La residencia en la comunidad y el conocimiento básico de la lengua local les permitió crear lazos de amistad y respeto, según la propia declaración de Villavicencio. El relato de la tesis, sin embargo, intenta crear un sentido de objetividad de las y los sujetos de la investigación -distancia en sus descripciones culturales y de vicios morales y uso de resultados de tecnologías del conocer como censos, visitas domiciliarias, fotograffa-, pero reconociendo la agencia y capacidades para la acción transformativa de esos sujetos (Villavicencio y Granados 1960). Los hallazgos del estudio se inscribieron posteriormente en su trabajo en la MAE, en intentos de aportar sus conocimientos para ajustar el programa y civilizar a la población. Se trató de una experiencia que conmovió profundamente a las jóvenes estudiantes. El supervisor de la tesis y la propia Gladys reconocieron el sufrimiento debido al aislamiento y obstáculos de adaptación; fue, según lo indican, una experiencia de auto "superación".
Feminismo moral en Chimborazo
La formulación del PIA reconoció y problematizó a las mujeres indígenas en dos aspectos: su inhabilidad materna para encargarse de las generaciones futuras y su conservadurismo y resistencia al cambio. La inhabilidad materna condujo en Ecuador a reformar la maternidad, la familia y la vida comunitaria de las poblaciones indígenas. Un texto anterior (Prieto y Páez 2017a) argumenta que el propósito de la MAE fue, justamente, crear un hogar "moderno", que albergara a una familia nuclear, cuya gestión debía estar en manos de la mujer, pero bajo la autoridad del padre. Este sería el lugar adecuado para la socialización de las nuevas generaciones. Al mismo tiempo, sin embargo, se reconocía un rol político de las mujeres que debía ser canalizado hacia la administración del hogar y de la comunidad; en este sentido, no se trataba de confinarlas al hogar. Efectivamente, las servidoras sociales, al tiempo que debían promover la educación y las prácticas democráticas de las mujeres, debían mejorar el hogar y la economía doméstica: pulir las costumbres y hábitos de la vida cotidiana y combatir lo que ellas entendían como vicios morales que impedían el desarrollo de las comunidades indígenas. Dichos vicios estaban vinculados a disrupciones en la vida del hogar e inadecuadas maneras de cuidar los cuerpos. El vestido, la vivienda, la higiene y la salud fueron los ámbitos a ser transformados -civilizados- por parte de las trabajadoras sociales. Se practicaba así una intervención moral y civilizatoria que la denomino feminismo moral®. Asimismo, el desarrollo de la comunidad interpretó que la resistencia al cambio era una acción política deliberada, por lo que las mujeres debían ser parte central del conjunto de las intervenciones de desarrollo y se debía reforzar su rol de intermediación entre el estado y las comunidades. Funcionarias de la MAE, y la propia Gladys, explicitaron la necesidad de trabajar de manera sistemática con las mujeres por ser ellas relevantes agentes políticos (Vásquez y Villavicencio 1965).
Travesía a México y las relaciones interétnicas en Otavalo
La última parada de estudios de Villavicencio fue la ENAH; allí fue aceptada por su título del Manuela Cañizares, algo curioso pues se prescindió de su formación y experiencia como trabajadora social. Conocía México, ya que en 1960, había viajado a este país para realizar observaciones en los Centros Coordinadores del Instituto Nacional Indigenista (Rubio Orbe 1973:xiii). Inició sus clases en 1962 y aprobó siete materias; hizo un curso en 1968, y fue en 1969 cuando se enroló de manera estable y sistemática; en esta Última estancia tomó alrededor de 15 materias anuales e hizo su práctica de campo; culminó los estudios en 1973. Este largo transitar hacia el título podría explicarse por problemas de recursos y tensiones familiares y, sin duda, por los múltiples conflictos universitarios que terminaron con la matanza de Tlatelolco. Entremedio de sus estudios, Villavicencio también realizó varias otras actividades. Hacia 1963, fue contratada por el Municipio de Quito para realizar una investigación en el barrio San Roque y proponer acciones para el bienestar de los vendedores del mercado39. En 1967, se desplazó a España para observar programas de desarrollo rural y, en los siguientes años, trabajó en México para la revista América Indígena del III (Rubio Orbe 1973:xiii) para producir, bajo la supervisión de Alfonso Villa, varias com pilaciones bibliográficas publicadas en la revista.
Ya en México, y como estudiante de la ENAH, siguió 46 mate rias sobre antropología, historia y metodología. Sus estudios se iniciaron con cursos generales de antropología, sociología y métodos de investigación; seguidamente, cursó asignaturas especializadas en antropología e historia y finalizó con una pre paración en inglés y francés. Siguió once clases de carácter histórico (p.ej., Instituciones indígenas de la colonia, Historia de México independiente, entre otras) y diez materias de histo ria y antropología que versaban sobre México o Mesoamérica (p.ej., Historia cultural de México y Etnografía de México), con pocas referencias a América Latina. Los cursos de antropología de la época intentaban cubrir los cuatro pilares de la discipli na: antropología social, lingüística, arqueología y antropología física; pero, además de ello, Villavicencio estudió antropolo gía aplicada, antropogeografía y antropología económica. Sus maestros fueron destacados antropólogos de la época tales como Guillermo Bonfil Batalla, Ángel Palerm y Gonzalo Aguirre Beltrán40. Su rendimiento fue calificado como bueno con deficiencias en algunos cursos de metodología y métodos41. Sus estudios y trabajo de campo contaron con el apoyo de la OEA, del III, de la Fundación Wenner-Gren y de la Subsecretaría de Cultura Popular y Educación Extraescolar de México42, respal dos que reiteran las limitaciones económicas que experimentó durante su formación. Los empeños por conseguir recursos para sus estudios ocuparon gran parte de sus conversaciones con intelectuales tanto mexicanos como ecuatorianos. Su bús queda de financiamiento y de trabajo le abrieron las puertas en instituciones de Estados Unidos, México y España. Ella era par te de una red configurada en torno al III y a sus medios de co municación (América Indígena y Boletín Indigenista), a la MAE y a la ENAH. Sus cartas con profesores -y de manera especial con Gonzalo Aguirre Beltrán y Gonzalo Rubio Orbe, con quienes mantuvo un trato cercano y familiar- muestran que su pertenencia a esta red -que funcionaba con base en la lealtad- nunca estuvo garantizada y parece haber sido disputada por colegas ecuatorianos que también estudiaban en la ENAH.
Su formación culminó, cuando tenía 32 años, con su trabajo de campo. Su investigación duró 18 meses: nueve en Quito y Ota valo y otros nueve en San Rafael. Este trabajo era requisito para elaborar su tesis y obtener el grado de Maestra en Etnología con especialización en Antropología. Este título le fue otorgado bajo un convenio entre la ENAH y la UNAM43. Su plan de tesis fue aprobado en 1970 y proponía estudiar las relaciones interétni cas, siguiendo el modelo predicado por Gonzalo Aguirre Beltrán de las "zonas de refugio y el proceso dominical". La recopilación de información obtenida en los distintos lugares fue trasladada a fichas y enviadas a sus profesores a México, Gonzalo Aguirre Beltrán y Alfonso Villa, por correo regular. Estas sugieren que ella habría empezado su trabajo de observación en Otavalo, en septiembre de 1970, realizando un reconocimiento de la ciudad, de sus mercados y de sus barrios; y, entrevistando a personeros del Municipio44. Esta información de campo inicial fue com plementada con la revisión de fuentes secundarias censales, monográficas e históricas de la zona de Otavalo, que había rea lizado con anterioridad en Quito. Con estos distintos registros elaboró fichas que contienen la fecha de captura, la fuente, la técnica usada y la asignación de una categoría al conteni do, según un sistema de clasificación de datos culturales45. Al inicio del trabajo, la técnica preponderantemente indicada fue la observación directa, que más adelante se la registra como observación participante, aunque no está clara la forma de participación46. Hacia 1971, las entrevistas, las observaciones y las conversaciones las clasifica indistintamente como obser vación participante. Estas observaciones, trasladadas a fichas, fueron tratadas como transcripciones objetivas de los datos. La correspondencia con sus maestros muestra el lento proceso de adaptación al campo, comentarios de la calidad de su trabajo y aclaraciones conceptuales. Por ejemplo, Aguirre Beltrán le pide aclarar el uso del término mestizo y ampliar sus observaciones con asuntos políticos, dado el contexto populista autoritario del país. Por su parte, el profesor Villa, en un informe, indica que sus notas de campo son de excelente calidad y que han sido re gistradas de acuerdo con los últimos avances de la metodología antropológica. Habla de la responsabilidad de Villavicencio y de la "congenialidad en su trabajo con los nativos"47. Javier Gon zález (2023), recientemente, ha mostrado el encadenamiento entre sus fichas de campo y su texto de tesis; esto es, su búsqueda de objetividad. Su escritura continúa en un claro esfuerzo de objetivación de sus colaboradores, proceso que González propone como un esfuerzo por ocultarse, de desaparecer el "yo etnográfico". Al mismo tiempo, su trabajo de campo y de escritura asumió el relativismo cultural para entender la diversidad y el cambio social desde la teoría de la aculturación. Este relativismo aparece en la comparación entre indios y mestizos -que, a veces, los propone como "no indios"- Mediante una variación del "modelo energético" de los primeros antropólogos (Kucklik 2011:26-32), Villavicencio se esconde al hacer uso de su propia condición social y étnica y mimetizarse con el grupo de los no indios. Este doble movimiento le facilita objetivar a sus colaboradores de ambos sexos, pero también hacer una crítica al maltrato y al racismo en las interacciones entre grupos. Al mismo tiempo, su relativismo cultural, predicado en el poder de dominación, le posibilitó establecer jerarquías entre ambos grupos. Ambas propuestas muestran disparidades con la noción de relativismo cultural que propone la existencia de grupos en una deseable igualdad de condiciones para intentar constatar la multiplicidad de posibilidades para el comportamiento humano.
El examen de su tesis y el despojo de redes de apoyo
Para el examen de su tesis, al proyecto inicial se le había agregado una pregunta: el título quedó en Relaciones interétnicas en Otavalo. ¿Una nacionalidad en formación? Esta pregunta añadida suscitó, como se verá, sospechas sobre su trabajo. Para evaluar la tesis se conformó un tribunal compuesto por un presidente, Gonzalo Aguirre Beltrán, y, como vocales, cuatro de sus profesores de la maestría: Jesús Montoya, Carlos Martínez, Evangelina Arauz y Alejandro Marroquín. Durante el examen, los miembros del tribunal le pidieron que profundice la idea de nacionalidad secundaria, los aspectos metodológicos y de métodos, la estructura y el cambio social y tecnológico, la economía, la historia, la lengua, entre otras inquietudes. Así, se propone que la noción de nacionalidad secundaria se configura en las zonas de refugio como un mecanismo de autodefensa y autogénesis. Esta nación secundaria, según el texto de Villavicencio, se desarrolló con base en la subordinación de los indígenas por parte de los mestizos, al racismo y maltrato hacia los indígenas y a una creciente conciencia grupal soportada en la humanidad de los indígenas. Ello deriva, entre otros aspectos, en una economía dual y en una afirmación de lo indígena (Villavicencio 1973: 283-289). En carta a Gonzalo Aguirre Beltrán, previa a su examen de tesis, Villavicencio había enfatizado en el antagonismo del indígena hacia el no indígena como mecanismo de defensa y como freno a la integración. La tesis fue aprobada por unanimidad y recomendada para su publicacion®. La publicación fue un acuerdo con el ШГ y circuló el mismo año de su graduación. Sin embargo, Rubio Orbe, en su prólogo, hizo una presentación que puso en tensión la idea de que un proceso de aculturación podía devenir en una nacionalidad secundaria, ya que esta hipótesis ponía en duda la legitimidad del estado nacional; lo que produce y debía producir la aculturación era, según Rubio Orbe, un mestizaje (1973:xix). Es más, la noción de una nacionalidad secundaria arriesgaba el fomento de una guerra racial, una vieja preocupación de la elite intelectual del país (Rubio Orbe 1973:xx). Igualmente, Antonio Ugalde, profesor de la Universidad de Texas, hizo un comentario de la publicación en el que manifiesta que sólo reflejaba el sentido común existente sobre los indígenas, sin nuevas fuentes ni capacidad analítica (Ugalde 1974). Otros ecuatorianistas norteamericanos, en cambio, le reconocieron méritos por plantear los temas del racismo y de etnogénesis -según se desprende de algunos textos de la compilación de Norman Whitten (1993 [1981])-.
Estas controversias fomentaron un rechazo velado hacia Villavicencio y colaboraron efectivamente a una suerte de desaparición del mundo académico luego de la publicación de su tesis. Existe sólo una publicación de su antigua investigación sobre los indígenas en Quito suscrita con su apellido de casada: Villavicencio de Mencías (1991). Tampoco hay referencias a su vida laboral posterior. Al parecer se quedó a vivir en México donde se vinculó al Instituto Nacional Indígena de ese país. Este desvanecimiento podría estar articulado, entonces, a las controversias generadas por su hipótesis y al temor de la guerra racial, pero también a sus experiencias de vida (discutida unión con un sacerdote), a su formación inicial como servidora social y a su temprano y complejo feminismo, pero también a la falta de configuración de una comunidad de antropólogos que reconozca a sus pares mujeres. Un colega, contemporáneo, argumentó que Gladys desaparece porque tenía alma de trabajadora social".
Si bien varios estudiosos de las historias de la antropología en el país reconocen, parcialmente, sus aportes etnográficos, ninguno de ellos habla de su condición de mujer incursionando en una disciplina masculinizada. Estos analistas le asignan un rol en los conocimientos capturados para la disciplina, pero no vinculan estos conocimientos con sus prácticas y configuración social. Segundo Moreno, por ejemplo, registra a Gladys Villavicencio entre los estudiosos del campesinado ecuatoriano bajo el influjo de Aguirre Beltrán y reedita un extracto de su tesis de maestría a la cual califica como una investigación "científica" y "supervisada" por un antropólogo. Carmen Martínez (2007: 346-47) la menciona en referencia a sus hipótesis de la diferenciación cultural entre indios y mestizos y al sentimiento de orgullo étnico que pareció crear las bases de una nacionalidad nativa en la zona de Otavalo. Justamente, es entre estudiosos de la nacionalidad indígena que mayormente se la recuerda. Algunos la proponen como pionera en este campo (Ibarra 1999); o bien, en confrontación con los orfgenes marxistas de la noción de nacionalidad indígena (Becker 2012). Por último, Javier González (2023) la reconoce como una antropóloga pionera en el campo de una antropología indigenista, predominantemente masculina (González 2023. En suma, sólo recientemente, Gladys Villavicencio ha tenido el reconocimiento de sus prácticas de género, pese a que fue clave en proponer y gestionar la incorporación de las mujeres a los programas de desarrollo (Prieto y Páez 2017a). De manera que su historia educacional de dos desplazamientos, su controversial hipótesis de una nacionalidad secundaria, su particular y compleja vida amorosa y su condición de mujer la excluyen del reconocimiento como la primera antropóloga del país. Pese a ello, se la ha descubierto en referencia a su propuesta de integración de las mujeres al desarrollo (Prieto y Páez 2017a); y, recientemente, como se dijo, Javier González (2023, 2024) ha recalcado su carácter pionero en la antropología y las barreras de género en su trayectoria intelectual que la hicieron ver como una "intrusa".
Conclusiones
Este artículo se ha planteado explorar la antropología aplicada al desarrollo en Ecuador de mediados del siglo XX subrayando tres asuntos: la sustitución disciplinaria y la constatación de dos movimientos en la preparación de antropólogos locales, el carácter del trabajo de campo y la ambigua presencia de la primera antropóloga profesional del país en la comunidad de intelectuales. La discusión toma como figura de estos procesos a Gladys Villavicencio, la primera antropóloga profesional del país.
He mostrado interés en la antropología más allá de las universidades, anclado a intervenciones de mejoramiento social del mundo indígena. Este interés por la disciplina se dibuja desde varias orillas: programas de integración y desarrollo, instituciones privadas y semipúblicas, agencias internacionales de cooperación, además de los centros académicos. He argumentado que en el Ecuador existió inicialmente una demanda por la antropología y que, al no contar con personas formadas en este campo, se produjo un proceso de sustitución disciplinaria. Muchos de los intelectuales nombrados o clasificados como antropólogos tuvieron una formación en otros campos de conocimiento. Varios de ellos hicieron trabajo de campo y enseñaron antropología, ya sea en la universidad o en cursos cortos promovidos por instituciones públicas y privadas. Seguidamente, algunos de estos intelectuales se formaron como antropólogos fuera del país. He llamado a este proceso el doble movimiento de la antropología, articulado en torno al trabajo de campo. Gladys Villavicencio experimentaría el normalismo, el trabajo social y la antropología, disciplinas unidas a través de prácticas de campo.
El trabajo de campo, como tecnología del conocer, se dibujó en la experiencia social y laboral de Gladys Villavicencio. Aparece como prácticas colaborativas y supervisadas, en las que se aprendían maneras para generar acceso a las y los sujetos; realizar entrevistas, mapas y cuestionarios; elaborar informes y formular hipótesis de trabajo. El conjunto de sus escritos transitan desde el reconocimiento individual a sus "clientes" hacia el establecimiento de la distancia requerida para generar la objetividad del canon disciplinario asentado en el relativismo cultural planteado desde inicios del $. XX. Sus prácticas y trabajo de campo, sin embargo, no parecen haber seguido acabadamente los consejos de los fundadores de la antropología en el norte, en términos del aislamiento del observador, de la observación participante y del uso del cuerpo del investigador como un alter ego para analizar los hallazgos de campo, el llamado modelo energético (Kuklick 2011). En vez de ello, sus trabajos fueron supervisados y sus observaciones no parecen haber tenido un claro carácter participante. Además, para establecer un relativismo cultural, Villavicencio subrayó el contraste entre población indígena y blanco-mestiza, su propia configuración étnica, al igual que el cambio cultural de sus sujetos.
Estos fueron los caminos privilegiados para sus teorizaciones. Debemos recordar que Villavicencio imprimió una mirada "feminista moral" a sus primeras prácticas de campo entre los y las indígenas de Chimborazo y que la agregación de la antropología a su formación, le permitió inscribir sus observaciones en la teoría antropológica de la aculturación. Si bien esta inscripción le conduce a suprimir la agencia de las mujeres, su aguda mirada descubrió la controvertida existencia de una nacionalidad secundaria en la zona de Otavalo; esta propuesta, más allá de su representación de los sujetos en su escritura, otorgó nuevamente agencia a los actores indígenas, pues son ellos quienes se orientaban a establecer esta nacionalidad secundaria. Esta nacionalidad secundaria estaba predicada en varios de sus hallazgos etnográficos entre los cuales resaltan el racismo y la etnogénesis. De esta manera, ella agrega novedades al canon disciplinario, en términos del establecimiento de grupos culturalmente diversos y del relativismo cultural. No utilizó los cuerpos indígenas para analizar los hallazgos etnográficos, sino que, para establecer objetividad, se mimetizó con las personas de ascendencia no indígena; y no colocó a los dos grupos estudiados en igualdad en los modos diversos de hacer la vida, sino que teji6 sus interacciones en la lógica del poder y la dominación. Esta manera de construir e interpretar los datos era prevalente en la antropología mexicana de la época.
Finalmente, se ha sugerido que Gladys Villavicencio, como primera mujer antropóloga del Ecuador, vivió una experiencia de desaparición de la comunidad de intelectuales de Ecuador y México luego de aprobar su tesis, pese a la tardía publicación de un artículo de su estudio sobre Quito realizado en los años de 1960 (Villavicencio 1991). Se ha propuesto tres dimensiones que podrían explicar esta omisión: su tesis de una nacionalidad secundaria que pone en cuestión la legitimidad de la nación, la fisura de sus redes profesionales y familiares y su entrada a un mundo masculino. Estos factores no sólo la colocaron como intrusa, sino que insinuaban una avezada crítica al nacionalismo centrado, predicamento de los y las antropólogas de la época. Sin duda, se trató de una intrusa intrépida"·. El entendimiento de las formas de conocer de los y las intelectuales y la recuperación de la historia del conocimiento aportan nuevas miradas a los procesos culturales de la América Latina, enriquecen y complejizan la comprensión de las crisis, la globalización, las movilidades y los acuciantes problemas de la región.
Agradecimientos
Agradezco a Javier Díaz por darme acceso a documentos de Gladys Villavicencio que reposan en la ENAH y en el Ill y a Laura Giraudo por compartir las fichas de campo de Otavalo registradas por Gladys Villavicencio y que están disponibles en el archivo del Ill. Asimismo, agradezco a Vanessa Montenegro por su ayuda en la actualización de la información de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica y a Philipp Altmann, por compartir su información sobre el proyecto de la carrera de sociología y antropología en la Universidad Central del Ecuador.
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1 Parecieran existir tres oleadas en el establecimiento profesional de la antropología en Latinoamérica: una primera, hacia inicios del s. XX, en la que destacan México y Perú; una segunda, hacia los años de 1950, en la que se localiza Colombia y Argentina; y, una tercera en la década de 1970, en la que se encuentra Chile, Ecuador y Guatemala. En cada uno de estos momentos, factores políticos e intelectuales locales y globales intervinieron en los procesos de profesionalización de la antropología.
2 Al mismo tiempo, connotados intelectuales indigenistas -juristas, médicos y similares- hablan como antropólogos, ya sea con base a su trabajo de campo o con base a su relevancia en sus roles públicos.
3 Enel archivo de la Escuela Nacional de Antropología e Historia constan los expedientes de varios profesionales ecuatorianos que hicieron allí sus estudios de antropología (i.e., Jorge Mencías, Hugo Burgos). Otro grupo lo hizo en la Universidad Iberoamericana (i.e., Alfonso Gortaire).
4 Este momento noes solo un proceso previo a la profesionalización de la Antropología, como lo proponen Barba y Vera (2022), sino uno de sustitución disciplinaria y posterior agregación a la formación.
5 Este programa se desplegó en Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y otros países andinos. Torrent y Ruz (2021) sugieren que el conjunto de esta y otras intervenciones en la zona de Arica propiciaron una identidad andina.
6 El papel del III en el conocimiento antropológico y en políticas indigenistas en las Américas ha sido estudiado por diversos autores (Rosenblatt 2018; Giraudo 2020; Gomes dos Santos 2021; entre otros). Sus proyecciones han sido cambiantes en las diversas naciones como lo atestigua Parraguez (2017), para el caso chileno.
7 El temprano rol de la UCE en el campo de la antropología ha sido estudiado por Prieto (2004) y Barba y Vera (2022). Estas iniciativas se orientaron a cuestiones vinculadas a la prehistoria ecuatoriana, la raza de la población y la prevalencia de enfermedades entre los pueblos nativos.
8 Laura Giraudo (2020) sugiere que el indigenismo ecuatoriano fue relevante en los debates sostenidos en América Indígena, la revista del III, y en la caracterización continental de los indígenas. Considero, sin embargo, que este fue un debate americano según he mostrado en otras investigaciones.
9 Otra institución de la época fue la Federación Ecuatoriana de Indios [FEI], que tuvo un objetivo político de defensa de los indígenas y que contó con apoyos de la CCE. Sin embargo, Marc Becker (2013) propone que la FEI y el IIE fueron dos instituciones que funcionaron de manera paralela y con sentidos diversos. Un reciente estudio se enfoca en las relaciones entre la FEI y la CCE (Bedoya 2022). Asimismo, Alfredo Fuentes (1959) sistematizó la presencia de misiones religiosas que realizaron acciones a favor de los indígenas en diversos lugares del país.
10 La idea de una formación sistemática en esta disciplina había estado presente por algunos años en la UCE, donde se impartían cursos en salud, educación, y más tarde, servicio social.
11 Archivo del Departamento de Antropología de la Universidad de Chicago, EE. UU., Records, Box 2, Folder 1.
12 El trabajo de campo en Otavalo y Pichincha fue financiado en parte por Viking Fund (В! 1946:300), formada en 1941 y antecesora de la Fundación Wenner-Gren.
13 La radio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana mantenía un programa sobre vida científica y, dada la importancia de los temas, se publicaron algunas de las transmisiones (Ill 1949).
14 La noción de la antropología como disciplina holística será repetida años más tarde por varios indigenistas cultores de la disciplina en la UCE (Barba y Vera 2022:75).
15 Felix Webster, geógrafo estadounidense, se encontraba en el país como asesor técnico del censo de 1950, que tuvo un carácter interamericano y recibió apoyo técnico de diversos países.
16 Jan Schreuder, de origen holandés, llegó al Ecuador como cartógrafo para las prospecciones petroleras de la Shell; tuvo un importante papel en el censo y después en una investigación e intervención en la industria textil por sus capacidades en el dibujo.
17 En 1947, Buitrón había presentado un plan de mejoramiento de las condiciones de trabajo en el campo al Instituto Nacional de Previsión dando continuidad a sus investigaciones en Otavalo y Pichincha. Su propósito era establecer un seguro especial para los trabajadores agrícolas e incorporarlos al Seguro Social del país (Buitrón 1947b:212).
18 Es plausible que estos estudios sean la base de los artículos publicados en algunos números de la revista Llacta.
19 Archivo del Instituto Indigenista Interamericano, México (Archivo Ill), Fondo Ill, Dirección General, Caja 46, Correspondencia entre el Ill y el IIE, 1965-1973.
20 Archivo III, Folio Ill, Dirección, Caja 61, correspondencia de Gladys Villavicencio, 1967-1972.
21 Este curso coincidió con varios cambios en el PIA: su transformación como programa de integración nacional, el traslado de las autoridades del programa a las oficinas de la OIT en Lima, la apertura de nuevos lugares de ejecución del programa, como Chile. Ello rearmó el programa y el destino de su burocracia (Prieto y Páez 2017b: 32-41).
22 Archivo Ill, Folio Ill, Dirección General, Caja 61, Correspondencia de Gladys Villavicencio 1967-1972.
23 Las tesis de Trabajo Social de la PUCE mantuvieron un interés por las nes nativas, agregaron nuevos enfoques de la economía política. De alguna manera, compiten con las emergentes tesis de la Escuela de Antropología en asuntos de la indigenidad.
24 Esta iniciativa parece haber tenido el auspicio de la Universidad de Pittsburgh de Estados Unidos, la cual también apoyó a profesores de la UCE para hacer sus especializaciones en esa universidad (José Pereira comunicación personal 2023).
25 Philipp Altmann me proporcionó esta información proveniente del archivo en construcción de Sociología de la UCE, así como un documento producido por Luis Campo que describe los detalles de la carrera de Antropología y Sociología en la Facultad de Ciencias Básicas. El legajo contiene, además, información de una nueva propuesta de estudios de Sociología y Ciencias Políticas en la Facultad de Jurisprudencia, y el conflicto suscitado entre estas dos propuestas, en el cual los estudiantes fueron actores relevantes. Hacia 1967, una comisión conformada por Aurelio García, Guillermo Bossano, Alfredo Costales, Esteban del Campo, Patricio Moncayo y Víctor Vaca proponen mantener en la Facultad de Jurisprudencia la formación en Sociología y Ciencias Políticas y establecer un Instituto de Antropología centrado en la investigación.
26 Archivo Ill, Folio Ill, Dirección General, Caja 61, Correspondencia Gonzalo Rubio Orbe 1971-1977.
27 En 1945, se crearon dos escuelas de trabajo social en Quito: la Escuela de Servicio Social Mariana de Jesús, vinculada a la PUCE, y la Escuela Nacional de Servicio Social, vinculada al Ministerio de Previsión Social y Trabajo y a la universidad pública. Prieto y Páez (2017a y b) estudian detalladamente la labor de las trabajadoras sociales en la MAE, particularmente la lógica de un feminismo moral, la doble delegación femenina, así como las dinámicas de la acción indigenista andina.
28 El estudio de Barba y Vera (2022:246) reporta que esta iniciativa, hacia 1946, dictó un curso de Antropología Latinoamericana con varias cátedras relacionadas a la antropología física y mantuvo prácticas de campo con sus estudiantes.
29 Archivo de la Universidad Central del Ecuador, Quito (Archivo UCE), Expediente Académico de Gladys Villavicencio. Pliego de solicitud, composición de la familia, autobiografía 1957.
30 Archivo Ill, Folio Ill, Dirección General, Caja 61, Correspondencia de Gladys Villavicencio 1967-1972.
31 Archivo UCE, Expediente académico de Gladys Villavicencio. Autobiografía 1957.
32 Archivo UCE, Expediente académico de Gladys Villavicencio. Informe de evaluación de práctica, 1958.
33 Recientemente Nadia López (2024) ha publicado un estudio de los informes de las trabajadoras sociales en una institución de salud pública en Quito en el cual enfatiza el rol de estas profesionales en la reproducción de los roles de género maternos, una práctica que Villavicencio amplía hacia la participación pública de las mujeres indígenas.
34 Archivo UCE, Expediente académico de Gladys Villavicencio. Informe de evaluación de práctica 1958-59.
35 El informe de esta práctica consigna que ella estaba emocionalmente alterada por problemas familiares. Podría corresponder a la muerte de su hermana.
36 El informe de tesis señaló que Ligia Granado participó limitadamente en la confeccion de la tesis, razón por la cual recibió una nota más baja que Villavicencio y, en la presentación de la tesis, aparece como segunda autora.
37 Archivo UCE, Expediente académico de Gladys Villavicencio. Informe de evaluación de práctica. Trabajo social en comunidad 1959.
38 En Bolivia, Lourdes Zabala (2017) ha propuesto que el PIA creó entre las mujeres indígenas las bases de un feminismo maternal que posibilitaba cumplir su rol integracionista.
39 Este estudio reiteró sus habilidades para conocer y proponer cambios: imple menta un censo, entrevistas y grupos de trabajo; realiza gestiones e informa al Municipio sobre los resultados y recomendaciones del estudio (Archivo de la Medicina, Quito, Documentos varios de sanidad, Caja 01, SAc-01 a SAc-012, 1963). Varios años más tarde publicará los resultados de esta exploración en la revista América Indígena (Villavicencio 1991).
40 Claudio Lomnitz (2001) estudió la antropología mexicana de esta época, enfati zando sus limitaciones para conocer el México profundo debido al nacionalismo de la disciplina y sus cultores.
41 Archivo de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México (Archivo ENAH), Expediente académico de Gladys Villavicencio, Recuento de materias 1973.
42 Archivo III, Folio III, Dirección General, Caja 61, Correspondencia de Gladys Villa vicencio 1967-1972.
43 Archivo ENAH, Expediente académico de Gladys Villavicencio 1973, oficio del director interino de la ENAH al director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
44 Archivo III, Facsímil de las notas de campo de Gladys Villavicencio, Otavalo 1970-71.
45 El sistema clasificatorio usado parece corresponder al de Peter Murdock (1954 [1938]).
46 Eventualmente este rol pudo haber sido en tanto consumidora de historias pues al parecer ella pagaba a los y las informantes (Carta a Rubio Orbe del 28/02/1972).
47 Archivo III, Folio III, Dirección General, Caja 61, Correspondencia de Gladys Villa vicencio 1967-1972.
48 Este proceso de defensa de tesis se llamó "examen profesional" (Archivo ENAH, Expediente de Gladys Villavicencio, Titulación).
49 Archivo ENAH, Expediente de Gladys Villavicencio, Titulación, Síntesis de las preguntas formuladas durante su examen profesional 1973. Lamentablemente no constan en esta síntesis las respuestas dadas por la estudiante.
50 José Pereira, entrevista personal con la autora 2023.
51 El mismo Javier González ya la había reconocido como una seguidora de aquellos antropólogos que plantean la existencia de un "parentesco nuclear bilateral" (2022:169).
52 Este relativismo no tuvo necesariamente un afán de colocar a los distintos grupos culturales en una escala de valor global, sino dar constancia de la diversidad del comportamiento humano. Y lo que más preocupa a estos pioneros es la degeneración de los más civilizados (Kuklick 2011:32).
53 Existen varios estudios que constatan las dificultades para las mujeres de acceder a mundos masculinizados del trabajo. Alfaro y Brito (2023), por ejemplo, discuten esta tensión para las trabajadoras en la industria siderúrgica del sur de Chile. Pero en este caso, serán las redes sindicales y de mujeres las que sostienen y dan sentido a esta inserción laboral.
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