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RESUMEN
El avance de la Inteligencia Artificial (IA) en nuestras sociedades parece rotundo e imparable. En este contexto, las humanidades y las ciencias sociales deben problematizar los cimientos teóricos y metodológicos de sus propias disciplinas. En el caso de la psicología, la American Psychological Association (APA) ha desarrollado una serie de iniciativas de las que ha emergido una nueva subdisciplina: la Psicología de la tecnología. En este trabajo exploramos cómo la APA entiende y promueve un modo concreto de conceptualizar las relaciones establecidas entre Psicología y Tecnología, aplicando un análisis de contenido temático a 36 documentos de dominio público generados por ella misma. Los principales resultados son: se afirma que el entrelazamiento coevolutivo entre psiquismo y tecnologías es principalmente contemporáneo, sin atender a sus condiciones históricas de emergencia; se conceptualiza el psiquismo desde un enfoque protagónicamente neurocientífico y cognitivo-conductual; y, en línea con lo anterior, se defiende que la vía regia de acceso metodológico a este nuevo campo de estudio está dado por un ensamblaje cuantitativo entre Big Data e Inteligencia Artificial que produce una naturalización de los datos digitales.
Palabras clave: APA, análisis de contenido temático, IA, inteligencia artificial, psicología, tecnología
ABSTRACT
The advance of Artificial Intelligence (Al) in our societies seems resounding and unstoppable. In this context, Humanities and Social Sciences must question the theoretical and methodological foundations of their own disciplines. In Psychology, the American Psychological Association (APA) has developed a series of initiatives from Which have emerged the Psychology of Technology. In this paper, we explore how the APA understands and promotes a specific way of conceptualizing the relationships established between psychology and technology, applying thematic content analysis to 36 public domain documents generated by the APA. The main results are: it is asserted that the co-evolutionary intertwining of the psyche and technologies is mainly contemporary, without considering the historical conditions of its emergence; the psyche is conceptualized from a neuroscientific and cognitive-behavioral approach; and, in line with the above, it is argued that the royal road to methodological access to this new field of study is provided by a quantitative assembly of Big Data and Artificial Intelligence that produces a naturalization of digital data.
Keywords: Al, APA, Artificial Intelligence, Psychology, Technology, thematic content analysis
Hoy en día, para nadie resulta sorpresivo afirmar que la Inteligencia Artificial (IA) está cambiando rápidamente los modos de ser y de hacer las cosas en nuestro planeta. Para la American Psychological Association (APA), en efecto, la IA es conceptualizada como una "tecnología super disruptiva" que impulsa una cuarta revolución industrial que tiene "un impacto profundo en nuestro mundo" (Abrams, 2024; Evans, 2024)". Pero no se trata sólo de algo externo y ajeno a la subjetividad humana. En conjunción con las transformaciones catalizadas por la creciente digitalización de nuestro mundo en el ámbito educativo, económico, sanitario y de seguridad, por plantear sólo algunos (Mukherjee et al., 2021; Travkina, 2022), también se puede apreciar un cambio significativo en la emergencia de nuevos modos de subjetivación. El impacto de las prácticas digitales en la configuración psicológica de los seres humanos parece innegable (Bruno & Rodríguez, 2021; Vedechkina & Borgonovi, 2021) y se materializa en aspectos tales como la automatización tecnológica y la interfaz humano-máquina (Abe, 2022; Chiodo, 2023; Salazar 8: Benjamins, 2022) o el estudio del envejecimiento poblacional y los cuidados robóticos (Domenech & Valles-Peris, 2023).
Ahora bien, en el caso específico de la APA -principal organización científica y profesional que representa a la psicología en los Estados Unidos, y que ostenta una influencia e importancia disciplinar de carácter global-, se puede apreciar una preocupación explícita, creciente y similar por analizar el impacto sociopsicológico de la IA. Si bien no se trata de una preocupación radicalmente nueva, en la medida que una de las 54 divisiones que componen la APA (a saber, la número 46: "Society for Media Psychology and Technology") se ocupa de esta temática, es sólo recientemente que se edita la revista "Technology, Mind, and Behavior" y se realizan presentaciones en eventos tecnológicos, notas de prensa, publicaciones de libros y una labor activa de asesoramiento científico al gobierno de los Estados Unidos en materia de regulaciones legislativas sobre el uso de la IA (APA Advocacy, 2024). Y estas transformaciones no sólo modifican el devenir de nuestras sociedades, sino que también transforman a la propia psicología. En esta línea, se comienzan a sentar las bases de un nuevo campo disciplinar; a saber, la denominada psicología de la tecnología. Como afirma Sandra Matz (2022), en su libro editado por la APA, titulado The Psychology of technology:
Durante las últimas décadas, psicólogos de todo el mundo se han unido para estudiar la psicología de la tecnología en una colaboración interdisciplinaria con investigadores de las ciencias de la computación, la economía, la ingeniería, la sociología, la ciencia política y muchas otras disciplinas. Aunque el campo es aun relativamente joven, la comunidad está creciendo rápidamente. Cada año surgen más congresos y revistas dedicadas al tema, lo que pone de relieve la creciente demanda de investigación en esta área (p. 4).
Desde nuestra perspectiva, un aspecto crucial de esta demanda investigativa pasa precisamente por analizar cómo la APA, en tanto que organización que "está posicionando nuestra disciplina para desempeñar un papel de liderazgo al abordar los grandes desafíos actuales y futuros" (APA, 2024), está proponiendo y delineando los contornos de esta nueva subdisciplina. Por tanto, el objetivo central de este trabajo es analizar las diferentes prácticas sociales y construcciones discursivas que produce la APA respecto a las relaciones establecidas entre psicología y tecnología, poniendo especial atención al caso de la Inteligencia Artificial. Como afirman explícitamente los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (Bowden, 2010; Latour, 1999), los discursos científicos deben ser entendidos como producciones semiótico-materiales que se encuentran atravesadas por cuestiones sociales, políticas, económicas y culturales. En este sentido, resulta de vital importancia analizar desde esta perspectiva teórico-metodológica cómo la APA sienta las bases de la naciente psicología de la tecnología. En tanto que la revolución tecnológica de la IA es transversal a las diferentes subdisciplinas de la psicología y, además, esta atraviesa de lleno el quehacer de todos los campos de acción de las ciencias sociales; las nuevas subdisciplinas que surgen por la irrupción protagónica de la tecnología no sólo se constituyen en un escenario privilegiado para analizar la reconfiguración social que genera la irrupción de la IA, sino que también permiten explorar los cambios abruptos y silenciosos que comienzan a sacudir el quehacer científico de campos tradicionales como la psicología educacional, laboral, comunitaria y clínica.
Método
El presente estudio se desarrolló utilizando un diseño metodológico cualitativo, el análisis temático de contenido como método de investigación, y la utilización de documentos de dominio público como técnica de recolección de información. La utilización de un diseño cualitativo obedece a las potencialidades que este tipo de metodología presenta para el despliegue de procesos de comprensión de la realidad social -más que de explicación y predicciôn-, el compromiso con una aproximación interpretativa y el posicionamiento investigativo desde un plano de no exterioridad con respecto al fenómeno estudiado (Denzin & Lincoln, 2024; Ritchie & Lewis, 2003).
Ahora bien, dentro del enfoque cualitativo de investigación, nuestro trabajo adhiere al encuadre teóricometodológico que aportan los Estudios Sociales de la Ciencia. Como sostiene Latour (1999), la práctica científica no se encuentra aislada del mundo, sino que esta se conecta cotidiana y silenciosamente con el quehacer del derecho, la economía, la política y la tecnología. Por ello, nuestro análisis de la naciente psicología de la tecnología puso especial atención al entrelazamiento de dichos procesos. Y, para hacerlo, utilizamos específicamente el análisis de contenido temático (Braun & Clarke, 2021; Vaismoradi et al., 2013). Este método permite establecer patrones de significados subyacentes en un conjunto de datos textuales heterogéneos. En concreto, se realizó un acercamiento metodológico lo suficientemente flexible para ser aplicado sobre el corpus sin tener que suscribir a categorías preestablecidas. En este sentido, el análisis realizado es de naturaleza inductiva, es decir, que los temas y las categorías emergieron de los propios datos (Braun & Clarke, 2006).
Respecto a la técnica de recolección de información, utilizamos documentos de dominio público generados por la APA mediante una muestra intencionada bajo el criterio de variación máxima y conveniencia (Flick, 2004). En tanto que para los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología resulta fundamental analizar las formas retóricas, las estrategias comunicacionales y su recepción pública (Davies 8: Horst, 2016), nuestro corpus de análisis se construyó a partir de las siguientes fuentes de información: a) las presentaciones realizadas por la APA el año 2024 en el Consumer Electronics Show (PsyTech at CES), una de las ferias electrónicas más importantes del mundo; b) notas de prensa sobre IA y tecnología, publicadas en la página oficial de la organización durante el año 2024 y el mes de enero de 2025; y c) por último, cuatro libros sobre "psicología y tecnología" publicados por el sello editorial APA (Tabla 1). El criterio central para la selección fue abarcar diferentes tipos de producciones discursivas en lo concerniente a las relaciones establecidas entre IA y Psicología (presentaciones, notas de prensa y publicaciones) que, simultáneamente, estuviesen dirigidas a públicos diversos; a saber, consumidores de tecnología y líderes de la industria tecnológica (en el caso de las presentaciones en el CES), un público general y/o especializado (mediante las notas de prensa) y profesionales del campo de la psicología (en el caso de los libros).
Resultados
Durante el último año la APA ha prestado un enorme interés y cobertura al desarrollo de la IA. Como se expresa enfáticamente en C20: "este es el momento de la psicología", razón por la cual la institución le otorga un gran protagonismo a la vinculación entre tecnología e IA. Esta urgencia, en efecto, no se explica sólo por la omnipresencia en los medios de comunicación de esta nueva y revolucionaria tecnología, sino que obedece también a una deuda histórica que reconoce la propia disciplina: "actualmente no existe un verdadero puente entre la tecnología y la psicología" (C2X). Construir este nexo es una preocupación explicita de la APA, la cual realiza eventos, notas de prensa y publicaciones de diversa índole para cumplir este objetivo.
Siguiendo nuestro diseño metodológico podemos apreciar la emergencia de dos grandes categorías que engloban y explican dichos esfuerzos de la APA por definir y delinear lo que podríamos denominar como un nuevo campo disciplinar; a saber, la psicología de la tecnología. Estas categorías son utilizadas por la propia APA en diversos documentos (por ejemplo, C2B y C2C): a) El impacto de la Psicología en la Inteligencia Artificial; y b) El impacto de la Inteligencia Artificial en la Psicología. Como se expresa en C2E, "la IA esta coevolucionando con la humanidad", razón por la cual la APA se centra en estos dos polos para explicar dicha dinámica coevolutiva.
Categoría Uno: El impacto de la Psicología en la IA
Si bien la APA no sólo reconoce la importancia e impacto directo que tienen los sistemas de inteligencia artificial en la conducta humana, no es menos cierto que las publicaciones de la institución presentan una mirada psicologicista respecto al desarrollo tecnológico. Por "psicologicismo" entendemos la tendencia a utilizar el psiquismo humano como polo protagónico de acción en la coevolución de humanidad y tecnología, otorgándole a este una originalidad e importancia que lo constituye en el parámetro principal con el cual se ejecutan comparaciones y definiciones. En efecto, la APA define la Inteligencia Artificial como una "subdisciplina de la informática que simula la inteligencia humana" (C2D), enfatizando -por ejemplo- que las redes neuronales de la IA imitan el funcionamiento del cerebro (СЭР).
Esta propensión a otorgar un mayor protagonismo al factor psicológico humano no es de sorprender si tenemos en consideración que la APA es precisamente una organización que busca la promoción de la psicología para el mejoramiento de la sociedad y la calidad de vida. Ahora bien, este antropocentrismo disciplinar adquiere -ademds- un matiz propio y característico. Dentro de los múltiples modos de aprehender y definir qué es y cómo opera el psiquismo humano, la APA muestra una clara inclinación cognitivo-conductual que privilegia la investigación de tipo cuantitativo. Si bien no se excluyen abordajes humanistas o psicoanalíticos, resulta claramente preponderante el enfoque conductual y cognitivo. Por ejemplo, al hablar de terapias digitales mediante softwares clínicamente validados y basados en evidencia (C2M), la APA es enfática en destacar que estos son mejores y más desarrollados en enfoques cognitivo-conductuales. Además, cuando se habla de validación clínica y evidencia, esta es en su inmensa mayoría aprehendida desde un prisma cuantitativo. No es casual, en este sentido, que la APA visualice la cuantificación del comportamiento humano que efectúa el Big Data como una oportunidad inmejorable de profundizar el conocimiento e investigación del psiquismo humano (C3A, C3B). Más tarde entraremos detalladamente en ello (al hablar sobre reconfiguración de la investigación que propicia el advenimiento de la IA), pero, por ahora, retengamos lo siguiente: en la coevolución de psicología y tecnología, la mirada de la APA privilegia ontológicamente al psiquismo humano y, simultáneamente, su forma de aprehenderlo es de tipo cuantitativo y cognitivo-conductual, lo cual entra en perfecta sintonía con la cosmovisión informática que moviliza el desarrollo de la IA (en efecto, la utilización de metáforas neuropsicológicas como "redes neuronales", "algoritmos evolutivos" o "chips sinápticos" son típicas y comunes dentro de las ciencias informáticas).
Dicho esto, comencemos por identificar en nuestra Figura 1 las dos principales dimensiones (subcategorías) con que la APA aborda el impacto de la psicología en el desarrollo de la inteligencia artificial: "Configuración de los sistemas de IA" y "Transmisión de información al sistema político".
Configuración de los sistemas de IA
Para la APA, los seres humanos (en general), y los/las psicólogos/as (en particular), debemos jugar un rol preponderante y activo en la configuración de la Inteligencia Artificial, sin dejar este asunto exclusivamente en manos de ingenieros/as (ciencias computacionales) y economistas/publicitas (industria y marketing). En tanto que las empresas pueden aprovechar la IA para amplificar sesgos y obtener ganancia (C2Q), se enfatiza que una de las dimensiones en que la psicología debe intervenir es propiciando caminos que vayan más allá del lenguaje y las lógicas del marketing (C2M). Dicho en otras palabras: la psicología, como ciencia, no debe contentarse con hacer uso de la IA y analizar los efectos que esta genera en los seres humanos, sino que esta debe influir en el diseño e implementación de la misma en al menos dos dimensiones estratégicas: consideraciones éticas y relación humano-máquina.
Es en torno a la primera de estas dimensiones que giran mayoritariamente las preocupaciones y esfuerzos de la APA. Como "la IA refleja la visión de mundo y los valores de los seres humanos" que la diseñan (C2E), los/las psicólogos/as, como profesionales expertos en sesgos cognitivos (C2Q), están llamados a influir en el diseño de la inteligencia artificial en términos éticos. Porque no sólo los sesgos humanos (como el racismo, el machismo y el etnocentrismo) se amplifican en las máquinas (en lo que conocemos como sesgos algoritmicos), sino que la propia industria tecnológica que desarrolla la IA, al utilizar trabajadores del sur global que cobran bajos salarios y tienen una mayor prevalencia de depresión y ansiedad (C2E), contribuyen en la producción y ampliación de las desigualdades e inequidades sociales. Por ello, se reivindica la Ley de IA promulgada por la Unión Europea [Reglamento UE, 2024/1689], haciendo un llamado explícito a promover los valores de la diversidad, la nodiscriminación y la equidad. En la misma línea, se critica la falta de transparencia en el diseño y funcionamiento de la IA (C2Q), así como la necesidad de resguardar la privacidad, luchar contra la desinformación y promover una mayor democratización en el diseño de la IA (C2V).
Pero, ¿se logra realmente este objetivo? ¿Podemos apreciar en nuestro corpus acciones concretas de la APA tendientes a influir no sólo en el uso y consecuencias que genera la implementación de la IA, sino que también en su planificación y diseño concreto? Frente a esta interrogante se podría argumentar que las presentaciones realizadas por la APA en el "Consumer Electronics Show" 2024 (C1A, C1B, C1C, C1D, C1E, C1F) -una de las ferias electrónicas más importantes del mundo-, tendrían como finalidad, precisamente, transmitir a la industria tecnológica el conocimiento que la psicología posee/genera sobre estas cuestiones éticas. Y si bien una de las presentaciones se dedica explícitamente a la utilización de la IA de forma ética (C1A), se trata precisamente de eso: de su aprovechamiento técnico desde un punto de vista comercial en que la ética no adquiere un rol preponderante y protagónico. Los/las líderes de la industria tecnológica, al entrar en contacto con las consideraciones éticas que visibiliza y promueve la APA, ciertamente podrían incorporar dichas cuestiones en futuros diseños. Pero se trata de un modo indirecto de intervención que está muy lejos del proceso mismo de diseño y, además, estas consideraciones éticas son diseminadas en una feria electrónica centrada principalmente en el tema del "consumo"; es decir, que la necesidad de ir más allá de las lógicas del marketing (que la propia APA reivindicaba), al parecer no se estarían cumpliendo del todo.
Las charlas "PsyTech" realizadas en el CES, por lo demás, no se centran sólo en la dimensión ética, sino que se trata de divulgar el conocimiento psicológico general que influye en la "relación humanomáquina". Este, de hecho, es el segundo gran campo (junto а la ética) con que la APA pretende influir en la configuración de los sistemas de inteligencia artificial. De este modo, se busca entregar a los líderes de la industria tecnológica ejemplos concretos sobre conocimientos psicológicos aplicados en los campos de la salud, la educación y el trabajo. Por ejemplo, se explica el impacto que los videojuegos tienen en el comportamiento humano, dando ejemplos sobre cómo estos pueden ser utilizados en el campo laboral y educacional. Y, si bien estas presentaciones tienen siempre en consideración temas éticos vinculados a la privacidad y la gestión de los datos (por poner un ejemplo), no es menos cierto que dicha alfabetización mediática y divulgación científica gira prioritariamente sobre el uso y consumo tecnológico, más que sobre su planificación y diseño (C1A, C1B, C1C, C1D, C1E, C1F). Las iniciativas de la APA por transformar la IA a partir del conocimiento psicológico no se detienen aquí, y nos conducen al despliegue de su segunda gran estrategia: influir en las regulaciones que sobre la misma genera el sistema político.
Transmisión de información al sistema político
En tanto que la revolución tecnológica de la IA ya está en marcha, la APA no busca luchar u oponerse a ella, sino que trata de hacerse cargo de su evolución de la mejor manera posible (C2M). Debido a que la IA no es mala ni buena, sino compleja (C2Q), encausar dicha complejidad mejorando la condición humana y la vida de la gente (C20) se constituye en su principal desafío y problema. Como vimos previamente, para alcanzar este objetivo se transmite el conocimiento psicológico que la APA considera relevante a los líderes de la industria tecnológica y, de este modo, se busca influir en la configuración y diseño de los dispositivos tecnológicos. Sumado a ello, se puede apreciar en las acciones de la APA una estrategia complementaria: además del diseño tecnológico, se debe influir en el marco regulatorio que define el sistema politico. Como vimos al mencionar el caso de la Ley de IA promulgada por la Unión Europea, los marcos regulatorios no sólo determinan los usos de dicha tecnología, sino que también pueden llegar a tener un impacto en los caminos que adopta su diseño. Si hay funciones que se encuentran prohibidas por normativa, aunque estas sean eficientes y efectivas (en términos tecnológicos y financieros), dicho marco regulatorio puede ejercer un efecto disuasorio sobre el desarrollo de la industria. Obviamente, también cabe la posibilidad de que la industria tecnológica luche contra los marcos regulatorios y fagocite al propio poder político en aras de imponer su agenda, pero este último asunto no aparece en el horizonte de preocupaciones de la APA. Todo parece girar en torno al primer tema: divulgar el conocimiento psicológico y su relación con la IA frente al mundo político. La IA no sólo refleja la visión de mundo y los valores de los seres humanos que las diseñan, sino que también reproduce los valores a partir de los cuales se "establecen políticas sobre cómo utilizarlas" (C2E).
Por ello, para la APA resulta prioritario orientar a los responsables políticos en la regulación de la IA y en la generación de políticas públicas. Representativa, en esta línea, es la respuesta de la APA frente a la solicitud de información realizada por el NIST (National Institute of Standards and Technology) del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, en el marco del Decreto Ejecutivo sobre Inteligencia Artificial. El NIST es la institución encargada de velar por el impulso a la innovación, brindando apoyo y recursos a la industria manufacturera en aspectos tales como la ciberseguridad, la salud, las comunicaciones, la ciencia cuántica y -evidentemente- la inteligencia artificial. Los esfuerzos del NIST en este campo son impulsados por mandatos del congreso, órdenes ejecutivas y políticas presidenciales, siendo uno de sus objetivos principales crear un marco regulatorio que permita el uso eficaz de la IA en todas las agencias gubernamentales (NIST, 2017).
La APA, en efecto, reconoce que no existe un acuerdo sobre cómo abordar la regulación de la IA (C2L), pero insiste en la necesidad de crear una política unitaria en el desarrollo e implementación de la misma: "Sin la inclusión de la ciencia psicológica, las políticas corren el riesgo de dañar a poblaciones ya desfavorecidas y crear sistemas que perpetúan estereotipos y prejuicios dañinos" (C2E). La APA, en definitiva, se inclina por recomendar pluralidad y diversidad en el eje de contenido valórico, pero considera -simultaneamente- que es fundamental la articulación de una política general y unitaria en lo correspondiente al eje político y regulatorio.
Categoría Dos: El Impacto de la /A en la psicología
Como analizamos previamente, el factor psicológico es aprehendido por la APA como el polo fundamental que guía la "coevolución" de humanidad y tecnología. Sin embargo, en términos de tiempo y producción de contenido, la preocupación de la APA gira hacia el otro polo de la relación; es decir, hacia el impacto de la IA en los seres humanos y los procesos psicológicos. Desde la mirada psicologicista que vimos emerger en el quehacer de la APA, se podría argumentar que, al ser la IA una simulación/imitación/amplificación de la inteligencia humana, se sigue manteniendo la preeminencia de los seres humanos sobre el desarrollo tecnológico. Dicho en otros términos: si la tecnología es un producto del quehacer humano, el impacto de la IA puede ser aprehendido como una acción mediada y diferida de la propia actividad humana operando sobre sí misma. Más allá de estas disquisiciones, un asunto parece claro: es al impacto de la IA en la psicología que la APA dedica sus mayores esfuerzos, al menos, en lo concerniente a producción de contenido.
En este contexto, y siguiendo nuestro diseño metodológico, pudimos colegir la emergencia de cinco grandes campos (subcategorías) en lo concerniente al impacto de la IA en la psicología: a) Reconfiguración de la práctica clínica; b) Reconfiguración de la atención sanitaria; c) Reconfiguración de la investigación; d) Reconfiguración del campo educativo; y d) Reconfiguración del campo laboral. Visualicemos esto a partir de nuestra Figura 2.
Reconfiguración de la práctica clínica
Si bien la psicología es una disciplina plural que cuenta con una multiplicidad de subcampos históricamente consolidados (como la psicología social, educacional, organizacional o comunitaria), no es menos cierto que la práctica clínica ha sido una dimensión protagónica desde el nacimiento de la psicología como disciplina científica en la segunda mitad del siglo XIX. En este sentido, no es de extrañar que la APA preste una enorme atención a los potenciales efectos que puede tener, y está teniendo, el desarrollo tecnológico en el ejercicio clínico, principalmente en dos grandes áreas: la utilización de la IA por parte de los/las terapeutas, y la utilización de sistemas de IA que ejerzan esta función sin que un humano realice un proceso de supervisión directa.
Respecto al primer asunto, la APA destaca el efecto positivo que tiene la incorporación de la IA en tareas administrativas que son parte de la práctica clínica (C2J). Si bien en este asunto no se aprecia una especificidad propiamente vinculada a la práctica psicológica, la APA va más allá de la sistematización y automatización en la gestión de citas y organización de agendas e incorpora actividades más propias y distintivas de la disciplina, como la utilización de la IA para la transcripción de las sesiones de psicoterapia (C2P, C2M). Ahora bien, el rol de la IA no se limitaría, en modo alguno, a otorgar sólo un nuevo insumo a los y las terapeutas (a saber, unas transcripciones exactas que mejoran y complementan las notas realizas por estos durante la sesión de terapia), sino que la IA también puede jugar un rol clave en el análisis de dichas transcripciones. En otras palabras: la APA sostiene que la IA puede ayudar en la toma de decisiones clínicas mediante -por ejemplo- softwares clínicamente validados y basados en evidencia (C2M).
Pero el asunto no se detiene aquí. Para la APA, la ayuda en la toma de decisiones se puede profundizar mediante el monitoreo a tiempo real de la actividad de los pacientes, incluso cuando estos se encuentran fuera del encuadre psicoterapéutico. De este modo, se propone utilizar los datos digitales de los/las pacientes para mejorar el diagnóstico mediante una detección e intervención temprana (C2M, C2J). Como vimos en la primera parte del análisis, esta cuantificación del comportamiento humano mediante dispositivos tecnológicos no sólo es afín a un determinado modo de aprehender el psiquismo humano (a saber, de corte neurocientífico y cognitivo-conductual), sino que también propicia y consolida un proceso cultural de inmersión tecnológica a tiempo real que emerge como agente preventivo en la consecución de una buena salud mental. Además -como veremos luego-, si la prevención, diagnóstico y tratamiento giran en torno a los datos digitales que se obtienen mediante la IA, el campo de la investigación psicológica (y, por ende, nuestro entendimiento de qué es el psiquismo humano), se ve por completo trastocado y redefinido. Pero, antes de entrar en ello, mantengámonos en el ámbito psicoterapéutico. Sumado a todo lo anterior, la APA considera que la IA también puede tener un efecto importante y positivo en al menos dos campos asociados: el desarrollo de sistemas de teleterapia y en el entrenamiento de nuevos/as terapeutas que se inician en el ejercicio clínico.
No obstante, el asunto probablemente más candente, polémico y problemático guarda relación con la posibilidad de que sistemas de IA puedan ejercer el rol de terapeutas sin supervisión humana directa. Si bien la APA sostiene que hay ciertas habilidades humanas que escaparían al ejercicio de la IA, como es el caso de la empatía, el liderazgo, la influencia social, la curiosidad, la humildad y/o la inteligencia emocional (C2P), y, en lo concerniente específicamente al ámbito clínico, afirme que la "alianza terapéutica" y la "relación de confianza" son pilares fundamentales de todo proceso psicoterapéutico que son difícilmente remplazables por el ejercicio de una IA (C2U), de igual modo acepta y propicia el desarrollo de la misma en esta área específica de la psicología. Por ejemplo, se reivindica el uso de modelos de IA entrenados por profesionales de la salud mental -como "Lyssn" о "mpathic"-, los cuales buscan precisamente reconocer cualidades como la empatía en el desarrollo de una conversación, además de incorporar el uso de escucha reflexiva y preguntas abiertas (C2M). De este modo, los Large Language Models (LLM) son vistos por la APA no sólo como herramientas funcionales aisladas al servicio de un terapeuta humano, sino que también dan pasos firmes hacia la consecución de un mayor grado de autonomización de dichas herramientas. En esta línea, se reconoce e incentiva el uso de chatbots que evalúan -por ejemplo- depresión y riesgo de suicido (C2M), así como terapias digitales que ofrecen tratamiento basados en evidencia a través de la web o dispositivos móviles (C2G). En efecto, durante el 2023 la APA se asoció con Big Health, una empresa desarrolladora de soluciones como "SleepioRx", que ofrece tratamiento digital para el insomnio basado en terapia cognitivo-conductual, o "DaylighRx", basado en el mismo modelo terapéutico, pero esta vez aplicado a los trastornos de ansiedad. Y, si bien estas terapias digitales siguen siendo prescritas por especialistas humanos en salud mental, no es menos cierto que su autonomización es creciente y su validación y extensión es cada más amplia al estar autorizadas, nada más y nada menos, que por la propia Food and Drug Administration (FDA), perteneciente al Departamento de Salud de los Estados Unidos (C2G).
Reconfiguración de la atención sanitaria
Ahora bien, la incorporación y masificación de la IA no se limita, en modo alguno, al ámbito de la salud mental, sino que esta influencia se extiende al campo de la salud en general. Las aplicaciones de IA no se limitan al tratamiento digital de trastornos psicológicos, sino que también existen sistemas más generales que promueven el desarrollo de una incipiente medicina digital. Tal es el caso de "Hippocratic", una IA que interactúa directamente con los/las pacientes para ayudarles con tareas clínicas, planificación de actividades, seguimiento pre y postoperatorio o entrenamiento en prácticas de bienestar (C2L). Como vimos previamente, incluso las agencias federales de los EEUU estudian, analizan y autorizan el uso de dichas aplicaciones. En esta línea, la mencionada FDA creó el "Digital Health Center of Excellence", con la finalidad de fomentar la innovación en materia de salud digital (FDA, 2025). Y, si bien no existe consenso y/o una legislación general para el uso de la IA en esta área, lo que parece seguro es la importancia creciente que este tipo de aplicaciones tienen en el ámbito de la atención sanitaria. Por lo demás, este protagonismo no se limita al campo de influencia de los Estados Unidos, sino que también se extiende a la legislación europea (previamente aludida) y a organismos supranacionales como la OMS, que identifica y promueva principios clave para el desarrollo de la IA en el ámbito de la salud (C2)).
Reconfiguración de la investigación
Previamente hemos hecho referencia a una variable protagónica de nuestro tiempo, en la cual la IA juega un rol fundamental: la cuantificación masiva del comportamiento humano y su conservación y almacenamiento en lo que comúnmente conocemos como Big Data. Desde la mirada principalmente neurocientífica y cognitivo-conductual que maneja la APA, el entrelazamiento entre IA y Big Data emerge como un acontecimiento de gran envergadura para el quehacer psicológico: "Los avances tecnológicos no solo han generado una abundancia de nuevos flujos de datos, repositorios y potencia computacional, sino que también han dado lugar a avances en las técnicas estadísticas y computacionales que han proliferado el análisis generalizado de dichos datos en múltiples ámbitos (p. ej., negocios, educación, atención médica), mejorando nuestra capacidad para predecir resultados psicológicos y sociales" (C3B). Y esta remozada capacidad de predicción, en el campo de la investigación, es para la APA un asunto revolucionario.
Ciertamente, y en concordancia con las "consideraciones éticas" que analizamos en nuestra categoría uno sobre el impacto de la Psicología en la IA, la APA es plenamente consciente de los desafíos éticos en materia de privacidad, del peligro de vigilancia digital que la inmersión tecnológica propicia al estar monitoreando a los seres humanos a tiempo real de forma continua y constante, así como de las amenazas de subrepresentación de grupos minoritarios y la consecuente amplificación de prejuicios sociales que adquieren el matiz de remozados y perjudiciales sesgos algorítmicos (C3A, C3B). Sin embargo, las diferentes modalidades a partir de las cuales el Big Data toma forma en nuestras sociedades (como sensores portátiles, biometría, huellas digitales a partir del uso de Internet, redes sociales, cámaras de redes públicas, etc.,) son aprehendidas por la APA principalmente como oportunidades para mejorar la calidad de la investigación en el campo de la psicología, al lograr capturar y cuantificar -con una efectividad y masividad nunca antes vista- rasgos de personalidad, relaciones interpersonales y estados afectivos y actitudinales. No es casual, en esta línea, que para la APA la mismísima práctica clínica se vea reconfigurada por la utilización de dispositivos que producen datos masivos sobre la conducta humana a tiempo real у, a partir de los cuales -además-, se produce nuevo conocimiento que es aplicado en terapias digitales basadas en evidencia.
Por ende, se produce una retroalimentación entre el quehacer clínico e investigativo que se materializa en la emergencia de nuevos dispositivos y datos digitales que construyen un nuevo régimen de veridicción sobre qué es el psiquismo. Es en estos datos, y a partir de ellos, que se revela el funcionamiento oculto y profundo del psiquismo humano. La verdad del mismo ya no reside -por ejemplo- en una dimensión inconsciente difícil de captar mediante datos de tipo cuantitativo. Por ende, esta incipiente psicología de la tecnología no es sólo un campo disciplinar puramente operativo y ontológicamente periférico. Muy por el contrario. En este campo se redefine de modo protagónico lo que entendemos por psicología y psiquismo. Esto último, sin embargo, la APA lo pasa por alto. En el corpus analizado no se aprecia una mirada crítica respecto a este asunto onto-epistemológico, sino que, más bien, se asume que esta forma concreta de construir datos mejora las capacidades de comprensión de nuestro fenómeno de estudio, siempre y cuando se resguarden las consideraciones éticas de privacidad, acceso, injusticias y sesgos algorítmicos.
Dicho en otros términos: la ausencia de una mirada onto-epistemológica, en conjunción con el mencionado antropomorfismo (que, por ejemplo, lleva a la APA a definir la IA en función del ser humano, y nunca a la inversa), produce una naturalización del psiquismo; es decir, que este es cosificado como algo que siempre fue, es y será idéntico a sí mismo. La tecnología actual, para la APA, nos permite conocer mejor una pretendida esencia del psiquismo que, al no tener en cuenta sus condiciones históricas de emergencia, termina por conceptualizar el desafío investigativo de la naciente psicología de la tecnología en términos procedimentales y puramente operativos. Por ello, gran parte de las reflexiones, además del tema ético -el cual, sin duda, resulta fundamental e irrenunciable- giran en torno a cuestiones tales como el impacto de la IA en la automatización de tareas rutinarias asociadas a la investigación y, de este modo, liberar tiempo para que las personas investigadoras se dediquen a cuestiones que requieren capacidades analíticas más complejas (C2S, C2X). También se hace referencia a cómo el crecimiento exponencial de manuscritos científicos -a partir de la potenciación de las capacidades humanas ensambladas a la IA- podría llegar a generar un colapso en el sistema de revisión por pares (una de las garantías fundamentales -hasta ahora- de la calidad del quehacer científico) (C2M). Sin embargo, como se puede apreciar, las preocupaciones de la APA en el campo de la investigación permanecen ancladas a cuestiones operativas desplegadas en un eje puramente sincrónico. No se aprecia en nuestro corpus una preocupación diacrónica que cuestione cómo las condiciones históricas de diferentes tecnologías no sólo influyen en revelar el modo de existencia del psiquismo, sino que estas tecnologías determinan el quehacer psicológico y lo constituyen desde el principio. Para la APA, todo parece girar en torno a irrenunciables e importantísimas consideraciones éticas que, no obstante, pecan del mismo ahistoricismo y sincronismo acrítico.
Al respeto, es paradigmática la crítica realizada por la APA a los sesgos algorítmicos (es decir, a la amplificación tecnológica de prejuicios humanos en temas vinculados a la xenofobia, el machismo o el clasismo), ejemplificado en los softwares de detección de plagio (en inglés, claro) que generan hasta un 61% de falsos positivos cuando la persona que escribe el artículo no tiene al inglés como lengua materna. Frente a ello, junto con criticar y visibilizar dicha distorsión algorítmica de la realidad que afecta a la comunidad no angloparlante, la APA reivindica el uso de la IA como una solución frente dicha problemática en la medida que los nuevos y sofisticados sistemas de traducción permiten que los científicos de todo el mundo accedan de forma rápida, simple y expedita al lenguaje de la ciencia (C2S). Esta inmunización ante el sesgo algorítmico de los softwares de detección de plagio esconde, sin embargo, el soterrado virus colonialista de asumir acríticamente al inglés como la pretendidamente neutra y desideologizada lingua franca que moviliza el desarrollo de la ciencia. De este modo, la ausencia de una mirada histórico-crítica, la naturalización en clave cognitivo-conductual y cuantitativa del entendimiento del psiquismo, así como la prescindencia de una pregunto onto-epistemológica que rija el quehacer científico, son aspectos característicos del acercamiento que realiza la APA al campo investigativo.
Reconfiguración del campo educativo
Si previamente nos extendimos explorando el impacto de la IA en la reconfiguración de la investigación, es precisamente porque el desarrollo de esta área afecta de forma directa e indirecta al despliegue de la psicología clínica (como vimos) y, también, al despliegue del campo educativo. No es casual, por tanto, que en el ámbito de la educación nos encontremos exactamente con la misma afirmación y esquema analítico: es evidente (para la APA) que el campo de la investigación educativa está abrazando la promesa y las posibilidades del Big Data (C3B). Así como en la investigación se destacaba que la IA permitía automatizar funciones y/o liberar tiempo para la ejecución de procesos cognitivos superiores, en el campo educativo se sostiene que una función análoga ocurriría en el caso los/las estudiantes y docentes (C2N). Así como en el campo de la salud se mencionaba que la mayor producción de datos digitales posibilitaba el desarrollo de una medicina personalizada, en el caso de la educación se reivindica el poder de la IA en tanto que herramienta canalizadora de aprendizajes personalizados y adaptados a las necesidades de cada persona y cada contexto educativo (C2E).
En esta línea, y de un modo similar a la asistencia personalizada que entrega una herramienta como "Hippocratic", se afirma que mediante la IA se pueden realizar tutorías y seguimientos personalizados del proceso de enseñanza-aprendizaje sin la presencia directa de un docente-humano. Ahora bien, dicha interacción humano-máquina en el contexto educativo no repercutiría, necesariamente, en una disminución o atrofia de las habilidades sociales. Se afirma, por el contrario, que una mayor interacción con la IA podría llegar, incluso, a generar un mayor grado de interacción social y, en otros casos, podría servir de soporte a relaciones sociales que son complejas de afrontar por parte de los estudiantes (como obtener información sobre temas importantes -como el sexo- que pueden resultar más difíciles de tratar con las madres/padres) (C2N). Sumado a ello, también se identifica la utilización de "juegos digitales/virtuales" como una herramienta que permite mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje, e incluso promover comportamientos positivos y prevenir la violencia (C1C, C1E), de un modo análogo al que la utilización de realidad aumentada puede servir en el campo clínico para tratar fobias o trastornos de ansiedad generalizada (C2G).
Todo lo anterior, sin embargo, no quiere decir que la APA tenga una actitud ingenua frente a la IA que no identifica y visualiza la amplia gama de potenciales peligros que gravitan en torno a su implementación, los cuales van desde el impacto negativo de las redes sociales en los niños (C1C) a los problemas de plagio en trabajos escritos que ha llevado a algunas instituciones educativas a reavivar las presentaciones orales que requieren una respuesta directa del estudiante a tiempo real y sin soporte digital (C2N). En los documentos de la APA, en efecto, se aprecia una plena consciencia tanto de las oportunidades como de los desafíos que produce la implementación de la IA en el campo educativo, pero esta -como en el caso de la clínica, la salud o la investigación- sigue siendo prioritariamente optimista y encuadrada desde un punto de vista sincrónico y pragmático. Dicho en otros términos: ya que la IA está en marcha, y es particularmente omnipresente en niños/as y adolescentes (C2N), resulta fundamental hacerse cargo de lo que hay en el eje sincrónico presente (C2M).
Reconfiguración del campo laboral
El pragmatismo y el presentismo, ejecutado desde una sensibilidad prioritariamente cuantitativa y de tipo comportamental, es también el modo de aplicación de la IA que la APA visualiza en el campo laboral. Y el Big Data, de igual modo, se erige en la piedra angular. En esta línea, se reconoce que la psicología organizacional se beneficia enormemente de la integración de datos empresariales y de redes sociales analizados mediante algoritmos de aprendizaje automático para evaluar y predecir el rendimiento de los trabajadores, así como también para gestionar mejor los equipos mediante técnicas de optimización multiobjetivo (C3B). Al igual que en el ámbito clínico y educativo, en el contexto laboral la APA considera que el uso de juegos y realidad virtual puede ser una herramienta de gran poder transformativo que mejora la productividad de la empresa y la calidad de vida de los/las empleados/as (C1E). Y, de igual modo que en todos los campos analizados (clínico, sanitario, educativo e investigativo), se hace hincapié en que los aspectos éticos vinculados con la privacidad, las injusticias, los sesgos y la desigualdad se deben tener en consideración en tanto que desafíos/peligros en todo momento. En esta línea, la APA procura dar respuesta a las inquietudes de los empleados/as en temas tales como el miedo y preocupación que suscita (justificadamente) la IA en lo concerniente a despidos y reemplazos humanos producto de la implementación de sistemas de IA (C2R), así como también entregar al empresariado y a los líderes de la industria el conocimiento psicológico necesario que les permita optimizar las ventas y procesos de producción (recordemos, por ejemplo, las presentaciones realizadas por la APA en el Consumer Electronics Show).
Discusión y conclusión
Como hemos podido corroborar, la implementación masiva de la IA está cambiando nuestro mundo y, también, nuestras disciplinas científicas. En el caso de la Psicología, esta transformación es palpable en el corazón mismo de la organización más influente a nivel mundial que promueve el desarrollo de nuestra disciplina; a saber, la American Psychological Association. Atendiendo precisamente a la influencia directa e indirecta que esta institución genera en diferentes organizaciones y universidades alrededor del planeta, nos pareció fundamental y prioritario comprender cómo la APA está delineando los contornos de la naciente psicología de la tecnología. Siguiendo esta línea, una de las principales conclusiones del trabajo es afirmar que la emergencia de este nuevo campo disciplinar no solo implica el nacimiento de una subdisciplina acotada y específica, sino que esta influye e interfiere hasta en el área más histórica, medular y representativa de nuestra disciplina; a saber, la psicología clínica. De igual modo, la reconfiguración de la investigación que esta suscita y amplifica, transfiere nuevas prácticas y sensibilidades teórico-metodológicas de forma transversal a otras subdisciplinas como la psicología laboral, educacional o jurídica. En este sentido, la psicología tecnológica juega un rol protagónico en la reinvención que la Psicología en su conjunto está experimentando a partir de la revolución tecnológica y la irrupción de la lA.
Sumado a ello, otro aspecto prioritario que emerge de nuestro análisis guarda relación con el psicologicismo y antropocentrismo con que la APA se posiciona frente a la actual revolución tecnológica. Si bien se afirma la existencia de una coevolución de humanidad y tecnología, es la dimensión psicológica la que guía y determina dicha dinámica coevolutiva. En gran parte, esta afirmación de la APA emerge a partir de un doble error teórico-conceptual que se retroalimenta y amplifica: a) adoptar una definición del psiquismo humano que no se cuestiona sus condiciones históricas de emergencia y lo asume como punto de arranque y principal polo de referencia; y b) una aprehensión de la tecnología como producto del quehacer psicológico del ser humano, lo cual no inmuniza a este último del impacto del desarrollo tecnológico, pero invisibiliza el rol protagónico y constructivo que la técnica históricamente ha tenido en relación a la psicología. Diversas investigaciones en el ámbito de la filosofía (Derrida, 2011; Hui, 2022) y la antropología (Leroi-Gourhan, 1971; Malafouris, 2024) dan cuenta de la importancia fundamental de la técnica/tecnología en la configuración del psiquismo a partir de la deriva misma de hominización; es decir, que la tecnología no es un producto del psiquismo humano -como insiste la APA-, sino que este último es un proceso emergente del quehacer técnico que se concretiza extracorporalmente a partir del proceso de hominización. Incluso, algunos autores (Coccia, 2021; Maureira, 2024) plantean que la técnica/tecnología no se limitaría sólo a los homínidos y otros mamíferos superiores, sino que esta sería una capacidad operativa inherente a todas las formas de vida. Por todo lo anterior, y atendiendo a la inter/transdisciplinariedad con que Matz (2022) definía a la naciente psicología de la tecnología -la cual, en los documentos de la APA, se encuentra más bien ausente-, sería importante incorporar una reflexión histórico/genealógica que evite la naturalización del psiquismo y aprehenda de mejor manera la relación compleja que emerge entre psicología y tecnología.
En la misma línea, los resultados de esta investigación invitan a evitar, también, la naturalización de los datos digitales en torno a los cuales gravita la revolución investigativa que la APA visualiza, promueve y defiende mediante el ensamblaje de Big Data e Inteligencia Artificial. Como bien apunta Avanessian (2021), se debe combatir críticamente esa suerte de fe cuasi-religiosa que nuestra sociedad deposita en los "data", la cual puede ser entendida como dataísmo, data-fetichismo o data-fundamentalismo. Si estas visiones intentan explotar explícita e implícitamente la raíz etimológica de la palabra "dato" (del latín datum, que significa lo dado), lo que aquí sugerimos es la necesidad de desentrañar las prácticas concretas mediante las cuales se construye aquello que consideramos como objetiva y digitalmente otorgado. Esto es especialmente relevante y urgente en una sociedad crecientemente digitalizada en que las relaciones de poder se despliegan cada vez más en el campo de la gubernamentalidad algorítmica (Rouvroy 8: Berns, 2018); es decir, en un mundo en que la capacidad de acción y decisión de los seres humanos es re-emplazada por la ejecución algorítmica de las máquinas.
De este modo, desnaturalizar los datos y visibilizar la influencia política de los algoritmos permite evitar tanto la naturalización de la tecnología como la del psiquismo. Imprescindible, por tanto, resulta la inclusión de enfoques cualitativos que complementen el protagonismo casi exclusivo que la psicología de la tecnología formato APA otorga a lo cuantitativo y, de forma simultánea, incorporar preguntas ontoepistemológicas que rijan el quehacer metodológico de este nuevo campo científico.
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References
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