Headnote
ABSTRACT
This article will discuss the cultural and political implications that violence has regarding corporalities and sexual dissidence to show how the body is transformed into resistance when it becomes memory, taking up authors such as Gilles Deleuze, Félix Guattari, Paul Preciado, Bruno Latour, Anna L. Tsing and Rita Segato.The question that guides this reflection is how can everyday, artistic, academic and militant prac-tices resist governmental invisibility, social normalization and a time where images provoke indifference and oblivion?
In the first part we propose to rethink the notion of body instituted from a heteropatriarchal, racial and phobic canon; In a second part, we will describe the notions of agency, memory and body and in a third section we will analyze the work Póker de damas by the Mexican artist Teresa Margolles based on the experience of the Trans Memory Archive (Argentina) where the living conditions of Latin American trans women are problematized. In our final reflections we establish the implications, problems or possibilities that transforming the idea of memory would have in order to decode the transgressions, violence and conditioning based on what we state as transmemory.
Keywords: agency, bodies, violence, Teresa Margolles, trans memories
RESUMEN
En este artículo se abrevará sobre las implicaciones culturales y políticas que tiene la violencia a propósito de las corporalidades y las disidencias sexuales para mostrar cómo el cuerpo se transforma en resistencia cuando se convierte en memoria, retomando autores como Gilles Deleuze, Félix Guattari, Paul Preciado, Bruno Latour, Anna L. Tsing y Rita Segato. La pregunta que guía esta reflexión es ¿cómo las prácticas cotidianas, artísticas, académicas y militantes pueden resistir a la invisibilización gubernamental, a la nor-malización social y a un tiempo donde las imágenes nos provocan indiferencia y olvido?
En una primera parte proponemos repensar la noción de cuerpo -instituido desde un canon heteropatriar-cal, racial y fóbico-, en una segunda parte, describiremos las nociones de agencia, memoria y cuerpo; y en un tercer apartado, analizaremos la obra Póker de damas de la artista mexicana Teresa Margolles a partir de la experiencia del Archivo de la Memoria Trans (Argentina) en donde se problematizan las condicio-nes de vida de las mujeres trans latinoamericanas. En nuestras reflexiones finales, establecemos las impli-caciones, problemas o posibilidades que tendría transformar la idea de memoria en aras de decodificar las transgresiones, las violencias y los condicionamientos a partir de lo que enunciamos como transmemoria.
Palabras clave: agencia, cuerpos, violencia, Teresa Margolles, transmemoria
1 INTRODUCCIÓN
Uso y abuso del cuerpo del otro sin que este participe con intención o voluntad compatibles, la violación se dirige al aniquilamiento de la voluntad de la víctima, cuya reducción es justamente significada por la pérdida del control sobre el comportamiento de su cuerpo y el agenciamiento del mismo por la voluntad del agresor.
Rita Segato, La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez
Un 22 de diciembre de 2015 Karla, una trabajadora sexual que formaba parte de una comunidad trans?, fue asesinada a sus 64 años. Y Póker de damas", el video realizado por Margolles, es -de alguna manera- un dispositivo estético para subvertir el duelo, el odio y la agresión provocada al cuerpo y a la vida de aquellas personas que no se detienen y resisten al sistema opresor, radical y violento de la humanidad en turno. La artista, a través de su enunciación activista, problematiza algunas urgencias que tienen que ver con la visibilización de las disidencias sexuales, las prácticas corporales otras, la memoria trans y la agencia. En ese video realizado en la habitación 10 del Hotel Bombín en Chihuahua, aparecen las amigas de Karla quienes, sentadas en una mesa de póker, recuerdan y reflexionan sobre los crímenes impunes perpetrados en las comunidades trans, una de ellas argumenta: "ni siquiera el mañana nos pertenece".
Esta potente enunciación expone -de manera viva y deliberada- el modo en el cual los cuerpos se convierten en la materia prima de una máquina de muerte que tritura con sus fauces todo aquello que tiene vida. El sistema necrocapitalista, fundamentado en la asimetría y la explotación, tiene como eje central el control de la velocidad del tiempo de producción, de circulación y de consumo. Su fundamento es la extracción de la mayor ganancia con un mínimo de responsabilidades y esfuerzos. La actualidad que itera este tiempo, que es político, se convierte en el agenciamiento de un ritmo único: el antrópico, que niega, a priori, la naturaleza de los cuerpos o los modos diferenciados de politización que experimentaría la humanidad disidente a la episteme del canon dominante.
En una entrevista? realizada por el Canal de la UNAM -a la artista/activista mexicana Teresa Margolles en su discurso- a propósito de los cuerpos, se esgrime una idea muy clara: cuando ella hizo su trabajo en la morgue los cadáveres estaban en un espacio preparado para contener a la muerte, sin embargo, cuando su práctica artística y documental se trasladó al espacio público, marginal y fronterizo de Ciudad Juárez, el cuerpo ya estaba en las calles. En el texto Arte y violencia. Apuntes entorno a una estética de lo peor y sus derivas en el arte activismo Cynthia Pech hace una interesante genealogía de experiencias individuales y colectivas en México que, desde finales del siglo pasado hasta la primera década del nuevo milenio, dan cuenta de la realización de importantes experiencias de contramediación que la autora entiende como "la utilización de los nuevos medios de comunicación para contravenir o contrarrestar la violencia sistémica representada y ejercida por la cultura dominante" (Pech, 2013, p. 53). En estos actos de contramediación es desde dónde interpretamos la obra de Margolles.
La centralidad humana -enfatizada desde la modernidad occidental y sostenida por una racionalidad agobiante, sesgada, institucionalizada y organizada por el mercado del neoliberalismo- convoca a una imagen hegemónica de lo humano materializada en forma de cuerpo. Esta centralidad se sostiene en una moral heteropatriarcal que regula y reglamenta sus usos y representaciones estableciendo la legitimidad de aquellos cuerpos que importan (Buttler, 2002) e invisibilizando la existencia y las memorias de aquellos que -desde sus cuerpos- generan prácticas emancipadoras sostenidas desde la diversidad, la pluralidad y la disidencia.
Faltar al tiempo hegemónico es ganar el territorio heterotópico de la diversidad. Como explica Donna Haraway, "Estamos ante una cultura en la cual los hechos contingentes (los casos reales sobre el mundo) pueden ser establecidos con toda la autoridad de la verdad trascendental, pero sin ninguno de sus problemas" (Haraway, 2019, p.126). La veracidad y la certeza que se le otorga al tiempo de los humanos, que también instituye una idea de los cuerpos, determina esos códigos o estadios sucesivos que van pautando las relaciones sociales, culturales, políticas y planetarias; esos vínculos son axiomas de las lógicas biopolíticas y necropolíticas (Mbeme, 2011) que reproducen un sistema de clasificación establecido desde el progreso blanco, cis y heteropatrical.
Es por eso que, en la práctica cotidiana, "si la cultura es un conjunto de historias que nos contamos sobre nosotros mismos" (Buck-Morss, 2005, p. 143) y entendemos que todo tiempo es político, estamos narrando una historia de la corporalidad, del territorio y del poder. Quizás, como argumenta Mike Bal -aquí atravesado por el presente planetario- transitamos una política del tiempo que organiza los entornos sociales, culturales y medioambientales debilitando, invisibilizando o escondiendo la necesidad de incorporar otros ritmos, velocidades o aceleraciones no humanas.
Algunas de estas historias, que se entretejen en otros pulsos y dimensiones de la corporalidad у el afecto, marcan pautas discursivas y prácticas que van siendo gestionadas desde espacios descentralizados y periféricos en donde se lucha por establecer una narrativa otra que recupere el tiempo. A lo largo de distintos puntos en el mundo y en América Latina, los colectivos trans -que encuentran en la identidad un espacio de reflexión, lucha y resistencia- realizan año con año memoriales, los cuales son espacios colectivos de escucha donde se enlistan las dolencias, violencias, crímenes y retos que tienen frente a la autoridad que los borra, los discrimina, los patologiza y los mata.
A partir de este repertorio de problemáticas que hemos esbozado en los primeros párrafos, el objetivo de este trabajo es reflexionar sobre las consecuencias e implicaciones culturales y políticas que tiene la violencia a propósito de las corporalidades, y las disidencias sexuales para mostrar desde ahí como el cuerpo se convierte en resistencia cuando se transforma en memoria. Para realizar lo anterior tomamos como hilo conductor la obra Póker de Damas, realizada por Teresa Margolles, que se convierte en un dispositivo potente de enunciación y disidencia que permite evidenciar la violencia cis contra las personas trans al tiempo que permite visualizar sus resistencias y luchas cotidianas en el ámbito del arte.
El presente texto lo hemos organizado en cuatro secciones a partir de los nombres de las cartas que conforman un póker de damas. En la primera, llamada Dama de picas, realizamos un conjunto de aproximaciones teóricas para descentrar el concepto heteropatriarcal y colonial guiado por las conceptualizaciones de Rossi Braidotti (2022) sobre Feminismos posthumanos y el giro desantrópico de Fernández y Vázquez (2023). En la segunda, titulada Dama de rombos, abordamos las nociones de memoria y cuerpo estableciendo sus posibilidades desde una postura que apela hacia un proceso de desfamiliarización siguiendo las nociones de Gilles Deleuze y Félix Guattari (2006) en resonancia con su conceptualización de agencia. En un tercer aparado, llamado Dama de corazones, reflexionaremos sobre la obra de la artista mexicana Teresa Margolles en articulación al "Archivo de la Memoria Trans" de Argentina que problematiza las condiciones de vida de las mujeres trans latinoamericanas. Y finalmente, en la Dama de tréboles, intentaremos establecer las posibilidades que tendría transformar la idea de cuerpo al pensar la corporalidad en aras de decodificar las transgresiones, las violencias y los condicionamientos normalizados sobre los cuerpos y sus prácticas contemporáneas, como una forma emancipadora de construir un relato cronológico desde la disidencia, porque somos conscientes que "la única manera de salir de ese recinto hegemónico es dar vuelta a las categorías con las que nos alterizan para comprender el propio sistema que produce las diferencias y las jerarquiza" (Preciado, 2022, p. 21).
2 DAMA DE PICAS. LAS CONSECUENCIAS VIOLENTAS DEL HUMANISMO
... en ciertos momentos de los siglos XVI y XVII (y en Inglaterra sobre todo) apareció una voluntad de saber que, anticipándose a sus contenidos actuales, dibujaba planes de objetos posibles, observables, medibles, clasificables, una voluntad de saber que imponía al sujeto conocedor (y de alguna manera antes de toda experiencia) una cierta posición, una cierta forma de mirar y una cierta función...
Michel Foucault, El orden del discurso
La historia de la voluntad y el poder, en gran medida, ha estado signada por el ímpetu por conocer -articulado a una posición de enunciación y aprehensión- que se ha materializado en una determinación de todo lo que se presenta al humano para ser cognoscible. En ese sentido, la clasificación, las medidas, los modos, las relaciones, las funciones, son prácticas que recaen en un mismo verbo: fabricar un tipo de hombre -desde el saber- y representarlo -desde la verdad-. Parece que la impronta de la división, de la segmentación y de la particularización, como afanes argumentativos de los órdenes y las verdades universales, hubiesen hecho estragos en la humanidad, porque alcanzó la producción de un sujeto racional "situado" en la posición de quien tiene las condiciones para conocer. Esa humanidad cimentó una episteme que fue creciendo sostenida por las diferentes voluntades a las que se refiere Michel Foucault en textos como Las palabras y las cosas, Historia de la sexualidad, Vigilar y castigar, Arqueología del saber, aunque también, podríamos sugerir, que esas voluntades de saber y de verdad, desde la posición antropocéntrica geológica y geopolítica, se han desplazado hacia una voluntad de poder.
Ahora bien, ese tipo de humano -fabricado desde una voluntad que pondera la racionalidad, la civilización, la masculinidad y el lenguaje- tiene un sitio específico: es decir, la humanidad colonialista del mundo occidental. Donde estableció un conjunto de representaciones y prácticas que instituyeron una moral aplicada hacia un deber ser donde "la diversidad humana ha pasado por un proceso de construcción, clasificación y catalogación" (Piastro, 2019, p. 100) a partir de los intereses de una maquinaria que tiene el control social, a veces bajo la gramática de la razón, otras del progreso, pero -inevitablemente- confeccionado desde el poder de las hegemonías.
De ahi, que la ciencia con sus discursos del método, la objetividad y la capacidad de explicar la realidad, sostenida por leyes y teorías, otorgó a la biología, a la medicina у al derecho los mecanismos -devenidos en relatos- para crear un sistema ideológico pertinente a ese sistema tecnológico. Por ello, Paul Preciado sostiene que "el humanismo inventa otro cuerpo al que llama humano. Un cuerpo soberano, blanco, heterosexual, sano, seminal. Un cuerpo estratificado y lleno de órganos, lleno de capital" (Preciado, 2019, p. 125) orientado a generar habilidades para la producción y el consumo de mercancías del mismo modo que la reproducción de la vida y el consumo del tiempo en existir. Wolfang Welsch enfatiza que la modernidad exageró imponiendo el principio que llama "el axioma antrópico", porque los modernos "... a pesar de sus ilusiones revolucionarias, no se dieran cuenta del encierro que esto supone, y más extraño aún, que los que los siguieron hayan permanecido y permanezcan inconscientes, cuando no conscientes y autosatisfechos, de ello" (Reguera, 2011, p. 29). Este encierro que menciona Welsch supone una vitrina ontológica que al mismo tiempo que enuncia las ideas de protección, conservación y orden restringe los modos de uso, manejo y significación a favor de una idea de igualdad y progreso.
La forma en la cual este humanismo ilustrado se ha sostenido, ha sido a partir de un antropocentrismo facultado para nombrar, simplificar, controlar, gestionar, regular, explotar y vender todo aquello enunciado desde el concepto occidental de naturaleza, la cual aparece como el antagonista de la razón, de la civilización, de la producción y del desarrollo. A partir de la validación de las normas y las leyes, ese anthropos de la modernidad posicionó a la naturaleza como un estado/materia necesaria para controlar y domesticar, convirtiendo al territorio en propiedad, al agua en metros cúbicos, a los bosques en carbón, a los animales en alimento y a los cuerpos de hombres y mujeres en el lugar para normar y gobernar a los individuos en sociedad.
Sin embargo, en medio del quiebre de paradigmas y el cambio de siglo, donde la emergencia de movimientos sociales en las ciudades, la crisis ambiental a razón del impacto del desarrollo urbano sobre la vida planetaria (en el llamado antropoceno y capitaloceno) y el crepúsculo de las hegemonías decimonónicas en las ciencias es que vemos germinar renovados bríos en los debates vinculados con la reflexión de lo humano. Según Rossi Braidotti, filósofa y feminista nacida en Australia, "Partiendo de las ideas radicales del ecofeminismo, los estudios feministas de la tecnociencia, teorías LGBTQ+, feminismos negros, descoloniales e indígenas, las feministas posthumanas toman direcciones múltiples, rizomatosas y tentaculares" (Braidotti, 2022, p. 19), podemos observar una generosa e innovadora riqueza en debates sobre las relaciones naturaleza у cultura, lo masculino y lo femenino, y las tensiones entre modernidad у colonialidad, donde se distinguen de manera potente y creativa las consecuencias que han tenido las representaciones del humanismo occidental -como una gramática opresora- frente a la diversidad y la disidencia de expresiones de vida.
Como bien lo señala la autora, el posthumanismo encuentra -entre la pluralidad de voces- el modo en el cual se provoca y evocan las formas radicales de desobediencia a los cánones que van desde valores culturales -que configuran la vida cotidiana- hasta aquellos que constituyen los paradigmas en la ciencia. Para pensadores como Paul Preciado, la crítica y la reflexión a propósito del humanismo cisgénero, patriarcal, colonialista y necrourbano brindan la posibilidad de desobediencia de la heteronorma, al mismo tiempo que desde su fuerza y voluntad pueden empujar a la transformación de las instituciones sociales, porque "para el subalterno, hablar no es simplemente resistir a la violencia performativa de lo hegemónico. Es sobre todo imaginarnos teatros disidentes en los que sea posible producir otra fuerza performativa" (Preciado, 2019, p. 124).
Ese impulso, como una suerte de potencia vital, que reta al anthropos lo ubicamos dentro de eso que llamamos aproximaciones desantrópicas las cuales hacen referencia a las "experiencias éticas y estéticas situadas desde aquello que desborda la experiencia humana, moderna, mecanicista, occidental y urbanícola... son aquellas vivencias que enlazan de manera consciente y coherente un conjunto de relaciones imperativas que disponen determinadas condiciones para el devenir de la existencia de la vida humana en el planeta sin colocarla de manera imperativa como tabula rasa en relación con el resto de los sujetos no humanos" (Fernández y Vázquez, 2022, p. 100).
Dichas aproximaciones, en su práctica, devienen en una simbiosis con la fuerza de la emancipación ontoepistémica en aras de promover la disidencia, los giros y los desacoples ante las problemáticas que afrontan los sujetos humanos y no humanos que sobreviven y luchan por posicionar sus expresiones vitales frente a la maquinaria de muerte y enfermedad impuesta desde el antropocentrismo. Porque las posibilidades de devenir, como bien explica Rosi Braidotti en El conocimiento posthumano "...coincide con la toma de conciencia de las condiciones posthumanas presentes, pero sigue adelante transversalmente hacia la búsqueda de maneras alternativas de devenir" (Braidotti, 2019, p.101). Entre esas formas emancipatorias podemos subrayar las consecuencias que tienen las representaciones impuestas por el poder, para, desde ahí, desarmarlas en la búsqueda de estéticas distintas y gramáticas disidentes. Aunque existen afectaciones profundas, que han friccionado las posibilidades de emparentar humanidad/ naturaleza, es importante retomar algunas visiones que han cimbrado claves instituyentes, dice Haraway:
Desde el imperialista siglo XVIII, las ciencias biológicas han sido especialmente poderosas fermentando nociones sobre todos los habitantes mortales de la tierra. El homo sapiens -el humano en tanto especie, el Ántropos como especie humana, el Hombre Modernofue un producto primordial de estas prácticas de conocimiento (Haraway, 2019, p.59).
Retomando algunos puntos de la teoría posthumana, consideramos que justamente en la práctica de nuevas agencias, en modos otros de devenir y en la revisión exhaustiva de la idea de humanismo y sus implicaciones materiales en la vida, aparece una línea desarticuladora y como exhorta a pensar Tim Ingold "...algunos tipos de líneas fantasma pueden tener unas consecuencias muy reales en los movimientos de la gente" (Ingold, 2015, p. 78). Quizás, abogar por esas líneas que desarman los órdenes y la normativa impuesta por el humanismo heteropatriarcal convoque a repensar los saberes que tienen un peso tan fuerte en nuestras formas de cohabitabilidad.
3 DAMA DE ROMBOS. AGENCIAMIENTO DEL CUERPO
Como lo señalamos en la carta anterior, el humanismo ilustrado de la modernidad capitalista ha generado una enorme cantidad de representaciones que institucionalizadas han regulado y reglamentado las prácticas de la sociedad en su conjunto. Estas representaciones, lejos de ser neutras, sirven para justificar el poder y su asimetría, al mismo tiempo que permiten desplazar, borrar y avasallar cualquier voz que se alce desde la disidencia. Nos preguntamos: ¿cómo subvertir el canon impuesto desde la subalteridad? y ¿cómo realizar estos ejercicios de emancipación donde se visualicen otras formas virtuosas de resistencia y existencia?
Para Guilles Deleuze y Félix Guattari, en la obra Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, la reflexión milimétrica del análisis de las representaciones normativas podría ser un inicio. Como si del oficio de un relojero se tratara, los autores abrevan por entender a los conceptos y a las categorías -que conforman cualquier narrativa- como productos genealógicos de un sistema mecánico que genera los insumos ideológicos funcionales a las sociedades. Lejos de pretender hacer una revisión exhaustiva del concepto de agencia", señalamos algunas de sus premisas básicas de enunciación y funcionamiento.
Para de Deleuze y Guattari, los productos de esa maquinaria siendo utilizados de manera masificada se normalizan, se suscriben y se toman como válidos, suplantando a la realidad que nombran por su representación. En esa realidad maquínica los conceptos producen agenciamientos que actúan a partir de las intenciones de cuerpos y colectivos integrados por conexiones diversas, emergentes y no lineales. En esta obra señalan que hay dos tipos de agenciamiento "maquínico del deseo, como también agenciamientos colectivos de enunciación ... UN agenciamiento en su multiplicidad actúa forzosamente a la vez sobre flujos semióticos, flujos materiales y flujos sociales (Deleuze y Guattari, 2000, p. 27) y es a partir de esos flujos donde emerge la posibilidad de una apropiación diferenciada del significado. Para estos autores el agenciamiento maquínico del deseo es la potencia que despierta -desde la necesidad individual hacia la conexión de los sujetos- distintos deseos a favor de la interpelación de lo ya dado y determinado. De ahí que su potencia creadora consista en la búsqueda de horizontes diferenciados de sentido de las cuales emergen nuevas formas de representar la realidad. Desde este posicionamiento, el agenciamiento implica un proceso de génesis y movimiento, autopoiesis y no linealidad para la emancipación opositora a la reglamentación impuesta. Es una invitación hacia el desmantelamiento de las normas de regulación que constriñen las relaciones entre sujetos y estructuras. Un ejemplo de ello lo localizamos de manera evidente en prácticas y saberes ligados con el cuerpo y sus significados vinculados con el género y las sexualidades porque "La identidad sexual es, sin lugar a dudas, una de las pertenencias identitarias que más se han esencializado. Los atributos sexuales han sido asignados dependiendo de las características biológicas del cuerpo con el que se nace, de tal manera que el cuerpo físico ha determinado las lecturas que se han hecho de él" (Piastro, 2019, p. 101).
Sin perder de vista el contenido de la Dama de picas, podemos admitir que el humanismo antropocentrado creó un régimen de significado sobre los cuerpos, estableciendo el deber ser a partir del género, la edad y eso que fue denominado como raza. Por ello, los cuerpos blancos, masculinos, sanos y situados en la moral económica y política hegemónica fueron aquellos acreditados, capacitados y enunciados como una aspiración y con un afán de normalización de la diversidad de formas, significados y usos posibles del cuerpo. Otro ejemplo de ello es la atribución biológica a las mujeres sobre la maternidad, los cuidados, el comportamiento instintivo, como bien lo señala Buttler en Los cuerpos que importan tuvo como consecuencias situarla dentro del espacio doméstico, legitimar su función de cuidadoras y reproductoras de la unidad familiar institucionalizada y legalizada por el Estado y la religión a partir del matrimonio; su enunciación y performatividad, que es replicada una y otra vez ,se sobrepone en la realidad como un comportamiento normalizado.
Estas atribuciones y representaciones hacia la mujer son instituyentes y generan afectaciones entre unos y otros consolidando la identificación y la validación social de la masculinidad hegemónica como fuerza de trabajo, potencia racional, sujeto del espacio público y gestor de la ley y la moral. La asociación biológica y social estableció modos de relación colectiva enunciando, en nombre de la naturaleza comportamientos construidos desde una visión violentamente heteropatriarcal, "Es una categoría cultural generada por un tipo particular de humanos, se trata de un dispositivo ideológico que sirve para ordenar, vigilar y castigar todo aquello que escape de la horma, la forma y el molde" (Vázquez y Fernández, 2023, p. 9). Los cuerpos administrados desde el género han sido delineados en cuanto a sus prohibiciones y prescripciones institucionalizadas por la sociedad desde cada uno de los componentes del Estado. Ello es evidente en los registros vinculados con la identidad, la salud y la medicina donde aquellas personas que no entran en la heterónoma son borrados, invisibilizados, desacreditados o puestos dentro de la excepción a la normalidad. La violencia frente a la disidencia siempre ha sido un mecanismo de control dentro de las sociedades y siempre ha tenido en los cuerpos su objetivo de persecución y castigo.
Rita Segato explica que existe una cofuncionalidad al sistema latinoamericano que sigue sosteniendo, institucionalizando y naturalizando la violencia materializada en crímenes impunes. Ella insiste en que esa naturalización de la violencia es como el lenguaje, una vez que se aprende -no siempre a través de un proceso causal- se institucionaliza y se replica -como en el caso de los idiomas- y afirma: "un día cada una de esas lenguas se estableció por procesos históricos como conquista, colonización, migraciones o unificación de territorios bajo un mismo estado nacional" (Segato, 2013, p. 32).
Sin embargo, este control y esta imposición social de regulaciones y normas tiene el potencial de fomentar el descontento, la crítica y la subversión. Para Paul Preciado, esto es posible a partir de una comprensión cartográfica y genealógica del poder sobre los cuerpos en la cual nos encontramos situados: "La condición planetaria epistémicopolítica contemporánea es una disforia generalizada. Dysphoria mundi, la resistencia de una gran parte de los cuerpos vivos del planeta a ser subalterizados dentro de un régimen de conocimiento y poder petrosexoracial, la resistencia del planeta vivo a ser reificado como mercancía capitalista" (Preciado, 2022, p. 22) y es en la lucha por la existencia y la vida que se abre la posibilidad para las rupturas.
Nuestras dos cartas están en la mesa, con ellas podemos leer las consecuencias de un humanismo necrocapitalista que ha forjado las instituciones sociales en su función de regulación, vigilancia y sanción de todo aquello considerado fuera de los límites de la "normalidad". Desde la lectura de ambas cartas vemos cómo por medio de la violencia, los cuerpos son señalados y sancionados, patologizados por la medicina, descartados por las instituciones y violentados por la sociedad y el Estado.
Sin embargo, ¿estas cartas tendrán la capacidad de subvertir la norma? ¿de promover nuevos modos de agenciamiento desde la diversidad y la asociación para lograr la jugada imposible, la jugada maestra? Creemos que sí, hay dos cartas más sobre la mesa y la simbiosis entre ellas puede germinar en un devenir emancipatorio donde la gestión del tiempo a partir de la memoria puede ser la estrategia.
4 DAMA DE CORAZONES. LOS CUERPOS DE LAS MEMORIAS
Los cuerpos y los mundos se materializan y toman forma, o se produce el efecto de frontera, superficie y permanencia, a través de la intensificación de las sensaciones de dolor. Decir que los sentimientos son cruciales para la formación de superficie y fronteras es sugerir que lo que "hace" a esas fronteras también las deshace.
Sara Ahmed, La política cultural de las emociones
Las memorias -a través de su investigación, recuperación, archivo y visibilización- abogan por instituir las condiciones para vincularnos con el pasado y con todo aquello que activa/afecta la capacidad de agencia humana -en distintas dimensiones- en la experiencia con el mundo. Son un dispositivo vital de formación afectiva e histórica y un derecho que debería materializarse para garantizar su efectividad como discurso, práctica y política para un grupo social, una comunidad o una minoría. Teresa Margolles cuando propone la realización del Póker de Damas (Ver Fig. 1) ensaya la posibilidad de mantener viva la memoria de Karla, una mujer trans que había logrado ganarle al tiempo, a pesar de la vulnerabilidad, la agresión y la opresión del sistema, "sobreviviendo" casi hasta los 65 años, cuando fue brutalmente asesinada.
Si la experiencia de la memoria está anudada a procesos de violencia, de silenciamiento y muerte aparece una condición que desarticula el proceso de elaboración del sentido de un cuerpo social, porque deja ver otras tramas de subjetividad, voluntad e individualidad que constituyen la condición para una resistencia.
Georges Didi-Huberman, en el texto Ante el tiempo, utiliza una frase maravillosa, sugiere una "Constelación del anacronismo" como esa posibilidad de redefinir, reinscribir y reinterpretar, desde nuestro tiempo, los hechos del pasado que fueron coyunturales para establecer una reflexión vehemente que proyecte una fuerza contrasistémica al poder que busca silenciar los afectos.
En el texto curatorial que acompaña al video de Margolles en la Sala 10 del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, Alejandra Labastida -su curadora- asevera: "La criminalización de las víctimas ha sido una de las estrategias centrales que utilizan los gobiernos para esquivar su responsabilidad de impartir justicia" (Labastida, 2020). Porque la crítica acuciante que lanza Margolles a través de su trabajo tiene que ver con la denuncia de una problemática a través de su práctica artística. Cuando Nelly Richard habla de críticas a la memoria lo que hace es establecer ese dispositivo al que hay que confrontar, es nadar contra corriente y denunciar la represión -en múltiples frentes- a partir de una retórica visual y performática.
La noción de memoria trans, en este texto, es fundamental para identificar los tipos de documentos que potencian la narrativa contrahegemónica y posibilitan la emergencia de testimonios, imágenes, archivos -porque parece que estas memorias obliteradas están localizadas en territorios clandestinos- vitales para recuperar historias y materializarlas en objetos, en este caso puntual el video, que las convierte en palpables como dispositivos archivísticos: "Las memorias marginales se manifiestan antagónicas a las narrativas oficiales, de carácter androcentrista, ligadas a una cronología unívoca impuesta por las estructuras de poder" (Sauri, 2018).
Sobre todo, las memorias trans están ancladas a repertorios fotográficos, documentales y de archivo enmarcados en contextos en los que se gestiona un tipo de visualidad y se enuncian desde un régimen escópico en función de la humanidad en turno. Y justamente Póker de Damas, además de ser un proyecto audiovisual y artístico/activista, es un documento vivo de la experiencia de las trabajadoras sexuales transgénero, travestis y transexuales en un sitio fronterizo como Ciudad Juárez atravesado y tramado desde dimensiones interculturales, geopolíticas y económicas. Anna Tsing dice:
Una zona fronteriza es un borde del espacio y del tiempo: una zona del todavía no: todavía no cartografiada, todavía no regulada. Es una zona que deshace los mapas: incluso durante su planificación, una zona fronteriza se imagina como no planeada. Las zonas fronterizas no solo se descubren en el borde; son proyectos de creación de una experiencia geográfica y temporal (Tsing, 2021, p.64).
Es muy sugerente que la agencia de los cuerpos y la gestión de las memorias, en esa zona clandestina, sea producida con características que abrevan de la repetición y la persistencia de una gramática de la violencia, la transgresión y la translocalización completamente naturalizados. Y la fuerza del lenguaje, al que se refiere Rita Segato, sienta claves insoslayables a propósito de la cultura que fabrica corporalidades, humanidades y subjetividades. Segato sostiene que "el problema de la violencia como lenguaje se agrava aún más si consideramos que existen ciertas lenguas que, en determinadas condiciones históricas, tienden a convertirse en lingua franca y a generalizarse más allá de las fronteras étnicas o nacionales que le sirvieron de nicho originario" (Segato, 2013, p. 32). Como si existiese una retórica de la violencia encarnada, en Ciudad Juárez, en las prácticas cotidianas que marcan las diferencias entre las personas que habitan ese territorio. "El poder soberano no se afirma si no es capaz de sembrar el terror" (Segato, 2013, p.33).
En la página web del "Archivo de la Memoria Trans" (Ver Fig. 2) de Argentina, que es uno de los espacios más importantes en Latinoamérica con un acervo de más de 15.000 imágenes y documentos, se registra todo el proceso de recuperación -incluso las prácticas de discriminación a las que se enfrentó el proyecto, sobre todo sus fundadoras María Belén Correa y Claudia Bía Baudracco- para poder constituirse como una asociación referente de la lucha por la memoria en la región. Este archivo evidencia la importancia de las imágenes, la visualidad y los registros audiovisuales para contrarrestar el discurso hegemónico y oficial sobre las memorias.
Entonces, a partir de la visibilización de archivos y de la reflexión en torno a la exposición de Margolles que abreva, también, sobre las identidades, el territorio fronterizo y la noción de cuerpo, pensamos cómo las memorias operan como esos dispositivos expandidos que trascienden los espacios, los tiempos y los límites geográficos posibilitando resignificaciones que podrían ser vehículos de revisiones visuales, signos que fracturan y archivos de pertinencia cultural.
"Reconfigurar el paisaje de lo perceptible y de lo pensable es modificar el territorio de lo posible y la distribución de las capacidades y las incapacidades" (Ranciere, 2010, p.51). Y las memorias, en plural, parecen ser montajes afectivos sobre las posibilidades del pasado que posibilitarían abrir nuevos caminos para la cauterización de las heridas con relación a la violencia.
En este sentido, Rosana Reguillo acuña el concepto de necromáquina aludiendo a la situación de violencia extrema en México en la que es más fácil para una maquinaria de estado gestionar la muerte que la vida. Ella explica que se produce un aletargamiento en el territorio, "La máquina narco es un fantasma. Su dominio deriva de ocupar un espacio insimbolizable (en el sentido freudiano) deslocalizado, que apela y despierta las más profundas fisuras entre lo que concebimos como real y los temores que se dislocan" (Reguillo, 2011). En los trabajos de Teresa Margolles se puede entender como esa necromáquina, que ejecuta articulada a los feminicidios, a la migración y a la comunidad trans se traslada a imágenes, objetosmateria y proyectos audiovisuales y artísticos que devuelven los cuerpos, es decir, activan la experiencia. Las imágenes, para Reguillo serán las del horror, las que despiertan algunas preguntas que, desde el equipo del Archivo de la Memoria Trans en Argentina, posibilita la recuperación y el debate sobre las condiciones de las memorias a partir de los materiales visuales:
¿Qué supone la visibilidad? ¿Quién se beneficia y hace uso de esa estrategia y para qué? ¿De qué manera la fotografía del álbum familiar es utilizada como soporte para la memoria? ¿Qué identidades colectivas se construyen en torno a estas fotografías? ¿Pueden ser disciplinadas las imágenes? ¿Cómo se articulan los relatos a partir de las imágenes? ¿Qué se hace con las fotos? ¿Para qué se guardan? ¿Quién las mira? ¿En qué circunstancias? (Saurí, 2018).
La critica a la visualidad, incluso podemos referirnos a una visualidad hegemónica imperante -que está constituida por todas las imágenes, las representaciones, las visiones de mundo, el agenciamiento visual y la construcción de la mirada- le da forma, moldea y signa la cultura visual y las prácticas al interior de ella. Las memorias se asientan en imágenes, no solo las reproducidas sino las mentales, que actúan como esos puntos de referencia para trazar relatos que desde una dimensión semiótica van estableciendo los discursos efectivos. En este sentido, Aby Warburg, en su atlas Mnemosyne, entiende al tiempo en función de la imagen y de la memoria. Él esboza una teoría sobre la imagen-tiempo y la imagen-síntoma, como si el objeto visual tuviera una potencialidad que nos otorgara la magia de yuxtaponer momentos sin tiempo fijo. Las imágenes, y sobre todo la visualidad, permiten construir nuevas temporalidades que no se encuentran ancladas ni contenidas en una medida, sino que podrían debilitar e impugnar la linealidad cronológica apelando a esas memorias que deben visibilizarse.
Casi toda nuestra forma de enunciación responde a una construcción regida por el tiempo, los periodos históricos son cronológicos y es muy difícil no enunciarse desde un espacio-tiempo, incluso, si pensamos en el lenguaje escrito, existen tiempos de sintaxis y ortografía que nos posicionan.
La velocidad sugiere una suerte de oposición a la memoria, o más bien, una memoria que se establece a partir de la aceleración. El tiempo occidental y moderno descansa en la idea del progreso y la velocidad, sin embargo, las imágenes que construyen la visualidad de un tiempoespacio podrían diluirse y escapar a esa condición constreñida en las prerrogativas de la norma. Porque, a veces, ellas se ubican desde múltiples tiempos, incluso en el silenciamiento y el vacío.
Como la autogeneración de un discurso constitutivo las imágenes crean visualidades otras, o contravisualidades, que implican la acuciante intencionalidad de la experiencia del afecto cuando los vínculos con otros seres o la recuperación de prácticas y creencias ancestrales propician esas proximidades de territorio-otro. Estas posibilidades se distancian del ritmo del tiempo hegemónico permitiendo que salgan a la luz otros recuerdos, permitiendo construir acervos destellantes y vivos, como Póker de Damas o como todo el repertorio documental de fotografías que ha registrado el Archivo de la Memoria Trans.
Entonces, a partir de esta tercera carta, comprendemos que la visualidad que se forja en la zona de frontera de Ciudad Juarez no hace más que perpetrar las condiciones de vulnerabilidad, los ambientes predatorios y asfixiantes y el hospedaje del miedo, el horror y el dolor habitando los cuerpos. Sin embargo, en medio de esa tiniebla un elemento esperanzador es la articulación entre el discurso de Teresa Margolles y el de las activistas que dirigen el Archivo de la Memoria trans: la artista mexicana enfatiza de su trabajo relatos potentes para enunciar y denunciar las imágenes de los cuerpos, cadáveres y mujeres trans asesinadas. El Archivo recupera, a través de imágenes y fotografías, las historias de todas esas identidades que a través de la reivindicación de la memoria visibilizan un tiempo/espacio afectivo y material para el registro de las vidas que instituyen una visualidad historiografiada desde representaciones de denuncia.
5 DAMA DE TRÉBOLES. CONCLUSIONES
Porque asistimos a un tiempo que cercena la posibilidad de la empatía y que parece promulgar, desde sus lineamientos, la transgresión como sistema predatorio e impositivo. Esa falsa superioridad que ha insistido en colarse en todos los registros de vida tiene una acción muy concreta a través de las imágenes. Sin em-bargo, esta representación humana no se gesta descontextualizada, sino que es producto de diversas vo-luntades a lo largo de la historia. Los cuerpos son ecosistemas de afectos, valores y representaciones. En ellos se anidan las políticas de regulación y reglamentación que marca la sociedad. Los cuerpos al ser ecosistemas están en constante movimiento y por lo tanto no son fijos ni son acabados, son abiertos con capacidad y voluntad de emancipación y resistencia. Son relatos capaces de transgredir la opresión y construir narrativas sobre otros mundos posibles que escapen a la norma y a la restricción imperativa del canon. La obra de Margolles se convierte en un vehículo de activación de la memoria disidente en resis-tencia. Es un relato que se declara contra las múltiples escalas de la violencia, desde aquellas patriarcales que asesinan a cuerpo presente, hasta aquellas que institucionalizan la muerte archivando los casos en carpetas invalidando el derecho de esclarecer los crímenes hacia las disidencias.
Rosi Braidotti sostiene que "la monstruosidad y los no-humanos, así como los humanos deshumanizados, se han interrelacionado a menudo como figuras de diferencia desvalorizada" (Braidotti 2020, p.104).
Algunas de las reflexiones que sostenemos en este texto tienen que ver con la representación de la dife-rencia y las disidencias sexuales como imágenes monstruosas, como esas humanidades desvalorizadas, des-agenciadas y borradas del tiempo antrópico. Donna Haraway advierte:
Ser inadaptado/able no quiere decir no entablar relaciones con (es decir, perma-necer en un tipo especial de reserva, con el estatus de autenticidad, de intocabili-dad, en la condición alocrónica y alotópica de la inocencia). Ser un inadapta-do/able otro significa más bien estar en una relacionalidad crítica, deconstructiva; una r (el) acionalidad difractiva antes que reflexiva, como forma de establecer co-nexiones potentes que excedan la dominación (Haraway, 2019, p. 46).
El modo en el cual se ejecuta un memorial, por ejemplo, es mediante la construcción de una cronología propia, una línea del tiempo creada desde sus propios discursos e hitos que recordar y llevar de manera emblemática en su vida. Los cortes temporales a través de las imágenes/ memoria son vitales porque, así como los memoriales se convierten en espacios donde se delinean los procesos colectivos, también se inauguran sitios en donde se comparten las lágrimas de la tristeza, de la impotencia donde se revitaliza el alma para seguir en el andar en la reivindicación de las identidades.
Así como sostiene, en su texto Narrar lo íntimo en lo virtual, Cynthia Pech delinea una ruta metodológica al sostener que el cuerpo es un "territorio político" porque es un "... constructo ideológico y discursivo desde donde la opresión y la explotación se han internalizado y naturalizado, el cuerpo es un producto colectivo y por ello, un cuerpo social" (Pech, p.40). Al recuperar la voz de Anna María Guasch la autora insiste en reelaborar los archivos como documentos del futuro, es decir, como un dispositivo potencialmente colectivo. Las condiciones de posibilidad de estos archivos que tienen que ver con la experiencia se convierten en memorias emancipatorias funcionales a la revitalización, recuperación y visibilización de los afectos y los testimonios.
La memoria trans o la transmemoria es ese espacio genealógico, ese archivo de futuro, de pertenencia y disidencia. La memoria, especialmente eso que hemos señalado como la trasnmemoria, se convierte en un acto de emancipación, de creatividad y resistencia. Como una de las posibles vías para lograr ese derecho a nombrarnos desde nuestras identidades y sociabilidades, anhelos, luchas, desde nuestros cuerpos y desde nuestros sueños. La transmemoria, representada por un Póker de damas, es un acto de denuncia que mezcla la tragedia de la muerte con el no olvido. La esperanza que se construye desde el colectivo violentado sirve para señalar que aún estamos muy lejos de vivir en una sociedad donde la existencia -desde la diversidad y la disidencia- sea posible. Sin embargo, la narrativa potente que convoca a cada una de las participantes, en el caso de quienes conforman el Archivo de la Memoria Trans, se vuelve como un relámpago capaz de iluminar una noche larga y violenta.
Lamentablemente, seguimos observando que persiste una gran multiplicidad de expresiones de la transfobia, misma que tiene en las personas trans femeninas el foco de atención de la violencia que va desde la dimensión simbólica, hasta la física, llegando -en sus expresiones extremas- a la tortura y al asesinato sosteniendo una necrocartografía que deja en el suelo los sueños y los anhelos de personas que son amigos, familia, colegas, amores y cómplices citadinos. Y la muerte de Karla fue una más de esas expresiones transfóbicas que tienen en un transfeminicidio la evidencia de la vulnerabilidad, del odio recursivo y de la exclusión, discriminación y rechazo hacia algunas comunidades en un contexto sociocultural específico. El asesinato por la espalda de Karla sigue impune y Póker de damas fue el ritual de despedida estableciendo, desde el gesto artístico, esa subversión de las condiciones de posibilidad de existencia, permanencia y seguridad de la comunidad trans a la que pertenecía Karla. Cuando entregaron su cuerpo a la familia biológica su otra familia no le pudo decir adiós.
Para nosotros, los casos aquí revisados expresan la trascendencia de la vida más allá de la muerte. Una que se nutre con esa tierra y germina en una potencia organizativa que confronta el uso necropolítico del tiempo. El Póker de damas se concreta al enunciar una narrativa donde la disidencia que enriquece, amplia y extiende el territorio. La transmemoria abre la posibilidad de construir un plurifuturo donde la velocidad del tiempo puede ser ajustado por el cosmos de diversidad corporal para potenciar, reconsiderar y promover otros modos afectuosos de vida.
Idea: ENF, AVE; Revisión de literatura (estado del arte): ENF, AVE; Análisis: ENF, AVE; Resultados: ENF, AVE; Discusión y Conclusiones: ENF, AVE; Redacción (borrador): AVE, ENF; Revisiones finales: AVE, ENF; Diseño del proyecto: AVE, ENF.
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References
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