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El clientelismo en la Antigua Roma era un sistema de relaciones sociales y poLÍticas, en la cual la reciprocidad y dependencia entre personas de diferente estatus social era la nota característica de la relacIÓn. El de estatus inferior era el cliente, mientras que el de estatus superior era el patRÓn. El patRÓn ofrecía proteccIÓn, apoyo económico y asistencia legal a cambio de los servicios y lealtad del cliente. Era una relacIÓn considerada en la época como sagrada, y regida por un fuerte sentido de obligacIÓn y deber moral. Sin embargo, era una figura conflictiva y marcada por la polémica, causada en gran medida por la desigualdad social que conllevaban los privilegios y beneficios otorgados a aquellos con conexiones poLÍticas y sociales pero que dejaban desfavorecidos a otros que carecían de dichas conexiones, por la corrupcIÓn que provocaba dentro del gobierno y las instituciones públicas, por la inestabilidad poLÍtica y por el frecuente abuso de poder de los patronos sobre sus clientes. Todo eso perpetuaba un ciclo de dependencia y sumisIÓn que en muchas ocasiones rayaba el LÍmite de la moralidad. A pesar de su profundo arraigo y de ser un elemento central y fundamental de la sociedad romana de la Antigua Roma, también se convirtIÓ inevitablemente en objeto de continuas críticas y controversias, lo cual provocaba discrepancias en la visIÓn global que se tenía de la figura, y por tanto de su conceptualizacIÓn.