Headnote
RESUMEN:
Bethel Coopwood (1827-1907) fue un auténtico aventurero y frontero, nacido en Alabama, pero que pasó largos años en Texas, California e incluso en México, recorriendo esos territorios una y otra vez. Afirmar que Coopwood conocía esas tierras mejor que el propio Álvar Núñez no es ninguna exageración. El juez Coopwood es una honrosa excepción en el análisis del itinerario de los supervivientes de la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida. Sin embargo, ha sido ignorado por buena parte del mundo académico, quizás porque cuestionó como falsas y manipuladas las descripciones de Álvar Núñez Cabeza de Vaca en Naufragios, una obra icónica de la historia temprana de Texas. También porque situó el itinerario del grupo de Cabeza de Vaca más al sur de lo que resultaría conveniente para la crítica anglosajona, interesada en que el explorador español hubiera recorrido en mayor medida el territorio que hoy forma parte de Estados Unidos.
PALABRAS CLAVE: Cabeza de Vaca, Bethel Coopwood, Nuño Beltrán de Guzmán, Hernando Cortés, Amazonas, Siete ciudades de Cíbola.
ABSTRACT:
Bethel Coopwood (1827-1907) was a true adventurer and frontero, born in Alabama, but he spent many years in Texas, California, and even Mexico, traveling through these territories time and again. Claiming that Coopwood knew these lands better than Álvar Núñez himself is no exaggeration. Judge Coopwood is an honorable exception in the analysis of the route taken by the survivors of Pánfilo de Narváez's expedition to Florida. However, he has been largely ignored by the academic world, perhaps because he dismissed Álvar Núñez Cabeza de Vacas descriptions in Naufragios-an iconic work in the early history of Texas-as false and manipulated. Another reason is that he placed Cabeza de Vaca's route farther south than would be convenient for Anglo-American scholarship, which preferred to emphasize the explorer's journey through what is now U.S. territory.
KEYWORDS: Cabeza de Vaca, Bethel Coopwood, Nuño Beltrán de Guzmán, Hernando Cortés, Amazon, Seven cities of Cibola.
Entre los académicos y cientificos que han dedicado buena parte de su vida profesional a trazar la ruta seguida por el explorador de la «malhadada» expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida, destaca, entre otros, el profesor de arqueología y antropología Alex D. Krieger. En 1955, presentó su tesis doctoral titulada Un nuevo estudio de la ruta seguida por Cabeza de Vaca como requisito para obtener el grado de doctor en ciencias y antropología en la Universidad de México.
La traducción al español de dicha tesis se realizó con la ayuda de su asistente, María Leal, y la base de este trabajo se gestó en la Universidad de Texas en Austin. Tras ocupar diversos puestos en universidades de Estados Unidos y fallecer en 1991, su esposa, Margery Krieger, se encargó de editar y publicar la obra que hoy conocemos."
En la mencionada obra, las críticas hacia otros respetados investigadores de la supuesta ruta de Cabeza de Vaca por Norteamérica son contundentes e implacables. Estos juicios, además de los del propio Alex D. Krieger, provienen de su esposa, Margery Krieger, autora del prefacio, y de Thomas R. Hester, autor del epílogo, sin exceptuar el comentario de la contraportada del libro, a cargo de William W. Newcomb. Este último ha calificado la mayoría de los intentos de reconstruir una ruta seria del explorador jerezano como «flawed» y «ludicrous» (defectuosas y ridículas). Estas opiniones incluyen publicaciones realizadas hasta el año 2002." Sin embargo, como ya he escrito anteriormente, por mucho carácter «científico» que algunos antropólogos quieran dar a sus trabajos, incluido el de Alex Krieger, si Álvar Núñez no está diciendo la verdad, lo único que estarán haciendo será perder el tiempo y crear «ciencia ficciôn»
La opinión general sobre la persona de Cabeza de Vaca, para muchos, sigue siendo, no obstante, la de un «redentor de los indígenas», un «mesías del Nuevo Mundo» o incluso la de un «humanista»: «Pero las adversidades y humillaciones que se abatieron sobre él durante los ocho años que vagó desde la Florida hasta Culiacán maceraron su frenesí bélico en la redoma de la paciencia laboriosa. El guerrero Cabeza de Vaca, que soñaba con emular las hazañas de su abuelo Pedro de Vera, se convertiría en el humanista Álvar Núñez que, al llegar a Culiacán, se opondría a la esclavitud de los indígenas».·
Después de haber vivido más de tres años en El Paso, Texas; más de cinco en Albuquerque, Nuevo México; un año en Tucson, Arizona; además de haber recorrido a pie о en coche algunos de los lugares por donde supuestamente anduvo Álvar Núñez, incluyendo viajes desde Houston hasta la Ciudad de México, así como desde El Paso, Texas, hasta Chihuahua, no me atrevería a respaldar ninguna de las rutas propuestas hasta el presente. Digo esto con el máximo respeto hacia el profesor Krieger por su meticuloso análisis, al igual que a todos aquellos que, antes y después de él, han intentado la ardua empresa de seguir «textualmente» los pasos de Cabeza de Vaca. A todos ellos expreso mi más sincero agradecimiento por haber dedicado tanto tiempo y esfuerzo a una tarea que, por otra parte, resulta incierta y estéril. Eso sí, salvo una digna excepción: el juez Bethel Coopwood. Esta honrosa excepción se sustenta en las opiniones de un hombre que conocía esos territorios mejor que nadie, pero que ha sido ignorado por buena parte del mundo académico, quizá porque cuestionó como falsas y manipuladas las descripciones de Álvar Núñez Cabeza de Vaca que aparecen en Naufragios, obra icónica de la historia temprana de Texas. También porque situó el itinerario del grupo de Cabeza de Vaca más al sur de lo que sería del agrado de la crítica anglosajona, deseosa de que el hoy territorio estadounidense fuera el más recorrido por el explorador español.
Bethel Coopwood (1827-1907) fue un auténtico aventurero y «frontero», nacido en Alabama, pero que pasó largos años en Texas, California e incluso en México, recorriendo una y otra vez esos territorios. Afirmar que Coopwood conocía esas tierras mejor que el propio Álvar Núñez no es ninguna exageración. Tampoco lo es decir que sus rutas a camello y dromedario por esos desiertos, así como su intención de crear un negocio de caravanas de estos animales desde Texas hasta la Ciudad de México, formaron parte de sus proyectos."
Coopwood vendió cinco de los camellos al Ringling Brothers Circus por 3.745 dólares (una ganancia considerable) y condujo el resto al sur desde San Antonio, con la esperanza de montar una caravana desde Laredo, Texas, hasta la Ciudad de México. Aunque la caravana de camellos se convirtió en algo común en la región, no resultó ser un negocio rentable.
Bethel Coopwood, un hombre de espíritu inquieto e indomable, siempre estuvo en busca de aventuras. Primero se unió a los mormones, pero luego los abandonó bajo amenazas de muerte. Más tarde probó suerte en California, pero allí, marcado como un secesionista y bajo la sombra de la sospecha, se vio obligado a huir. Coopwood se alistó como voluntario durante la guerra México-Norteamericana (1846-1848) en el regimiento de caballería texana, a lo largo del rio Grande, bajo las órdenes del entonces teniente coronel y posteriormente gobernador de Texas, Peter Hansborough Bell. Posteriormente, fue oficial confederado en la Guerra Civil (1861-1865). En 1854 ejerció como abogado en El Monte, cerca de Los Ángeles, California, y participó como voluntario en la búsqueda de la banda de Flores Daniel, responsable del asesinato del sheriff James R. Barton. En dicho enfrentamiento se distinguió por su valentía, aunque resultó herido de bala en una pierna." En 1859 se trasladó al condado de San Bernardino, California, donde se casó con Josephine Woodward, con quien tuvo la friolera de catorce hijos. Allí vivió hasta 1861, destacándose por su coraje en varios tiroteos contra forajidos, además de ejercer como agente inmobiliario y abogado.
Su conocimiento del espanol era excelente: «Durante su ejercicio profesional en San Bernardino, se destacaba entre los mejores en su profesión у, dado que tenía un excelente conocimiento del idioma español, muchos de sus clientes eran mexicanos. En aquella época, había muchos mexicanos en la región, la mayoría con una buena posición económica.»·
En 1861 regresó a Texas junto con sus hermanos y se alistó como capitán en el ejército confederado durante la Guerra Civil, destacándose nuevamente en diversos escenarios. Fue ascendido a comandante y, más tarde, a teniente coronel, permaneciendo en servicio hasta el final de la guerra en 1865. Posteriormente, se trasladó a México, donde pasó un año en Coahuila. Durante un viaje en barco de vapor por el río Grande, su hermano fue asesinado y Coopwood resultó gravemente herido?
En su travesía hacia Texas, su astucia y audacia lo llevaron a apoderarse de catorce camellos del gobierno, viéndose obligado a cruzar la frontera con México como un auténtico forajido del desierto. Cuando la Guerra Civil llegó a su fin, apenas quedaban sesenta y seis de aquellos exóticos animales. Las autoridades, sin comprender su verdadero valor, ordenaron su subasta en Nueva Orleans. Fue entonces cuando Coopwood, con espíritu de jugador, arriesgó su destino ofreciendo la suma más alta: 31 dólares por animal. En 1866, se convirtió en el dueño absoluto de la última gran manada de camellos en Estados Unidos. Pero su ambición no terminó ahí. Con el resto de su rebaño, emprendió una aventura aún más audaz: una caravana de camellos que recorrería el árido trayecto desde Laredo, Texas, hasta la Ciudad de México. Lo que prometía ser un negocio revolucionario pronto se convirtió en una pesadilla. Los caminos eran peligrosos, y la codicia de bandidos y forajidos transformó cada jornada en una lucha por la supervivencia.
«Mexicanos ladrones y hombres blancos desesperados», recordaría más tarde Coopwood con amargura, «saqueaban nuestra carga y casi nos robaron hasta la muerte.»"° Su sueño de establecer una ruta comercial impulsada por camellos se desmoronó ante la brutal realidad del desierto. Con el fracaso acechándolo, comenzó a vender sus animales a cualquiera dispuesto a pagar: circos, mineros en busca de fortuna, incluso aventureros que creían que un veloz dromedario podría cambiarles la suerte. Así, la última gran esperanza de conectar Norteamérica con caravanas de camellos, antes de la llegada del ferrocarril, se desvaneció lentamente, dejando a Coopwood con las cicatrices de una empresa que, aunque audaz, estaba condenada al fracaso desde el principio."
En sus últimos años en Texas además de ejercer como juez fue historiador e investigador de temas relacionados con las tierras por donde anduvo. Entre las obras que escribió destacan, «Notes on the History of La Bahía del Espíritu Santo» y «The Route of Cabeza de Vaca», escritos que evidencian su profundo conocimiento de esos territorios así como de la obra de Cabeza de Vaca."
Como ya escribí en mi tesis doctoral de 1987, y más recientemente en un artículo de 2022, el salto cronológico de seis años que aparece en Naufragios es totalmente deliberado, destinado a cubrir con un tupido velo todo lo que realmente ocurrió durante ese tiempo." Solo me faltaba el eslabón que uniera todas esas suspicacias y vacíos temporales enla vida, obra e itinerario de tan habilísimo manipulador como fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca.
Gracias al juez Bethel Coopwood, he podido unir cabos y observar desde diferentes ángulos los amaños y falsificaciones de este genial jerezano, para poder rechazar nuevamentela crítica convencional sobre Cabeza de Vaca que se ha mantenido desde el siglo xv1. La razón es sencilla: el autor jerezano ha sido el mayor ladrón, falsario, novelero, tramposo y extraordinario cuentista con aires de grandeza entre los cronistas que viajaron a América en el siglo XVI. Solo otro jerezano pudo pararle los pies con 34 cargos: me refiero al también extraordinario, justo, inteligente y valiente juez del Consejo de Indias, Juan de Villalobos, quien pudo y supo frenar a su paisano.
El tema que nos ocupa no es sobre Juan de Villalobos, aunque bien merecería un libro, no solo por lo que hizo con Cabeza de Vaca, sino también por su labor contra otros arrogantes y prepotentes conquistadores de su tiempo que abusaron de sus prerrogativas con actos criminales y despóticos. Villalobos murió en la pobreza, y el Consejo de Indias tuvo que conceder a su viuda un año de sueldo para que pudiera saldar sus deudas."
Los primeros cargos contra Cabeza de Vaca están relacionados con robos cometidos en la isla de La Palma, en el archipiélago de Canarias, donde su expedición tuvo que recalar durante nueve días hasta que mejorara el tiempo. Durante ese período, se presentaron acusaciones de robo de vacas por parte de sus hombres a los campesinos de la isla. Curiosamente, en la actualidad existe en La Palma un lugar llamado Cabeza de Vaca. Lo mismo ocurrió con el saqueo de mercancías pertenecientes a mercaderes burgaleses en las islas de Cabo Verde y, ya en Brasil, con la venta de comida y ropa a su propia gente a precios exorbitantes.'· Sin embargo, las acusaciones contra Cabeza de Vaca no son el tema central de este trabajo.
El tema central de este trabajo es evidenciar las tergiversaciones topográficas que el juez Bethel Coopwood pudo constatar, dándose cuenta, además, de que el testimonio del jerezano era inconsistente y estaba completamente manipulado con el fin de construir un relato coherente que sirviera a sus intereses y ganancias personales. Las descripciones topográficas de esos territorios, que él afirmaba conocer tan bien, no se sostienen, al igual que sus relatos sobre los indígenas, la caza, la cronología y las distancias recorridas. Al f inal, Cabeza de Vaca logró en parte su objetivo: aunque no pudo regresar como gober nador a la Florida, como deseaba, sí consiguió ser nombrado gobernador, adelantado y capitán del Río de la Plata.
Durante mucho tiempo he intentado reconstruir lo que realmente ocurrió durante los años en que Cabeza de Vaca permaneció en la costa tejana, sin entender por qué decidió cambiar su ruta hacia el oeste en lugar de seguir el camino más lógico hacia el lugar donde sabía con certeza que había españoles. Si hubo contacto entre los hombres del conquista dor castellano Nuño de Guzmán y los supervivientes de Cabeza de Vaca -y creo que lo hubo mucho antes de 1536-, eso lo explicaría todo, incluido el mito de las «Siete Ciuda des de Cíbola».17
Bethel Coopwood comparte la opinión de que los cristianos ya tenían conocimiento de la existencia de la localidad de Pánuco, así como de la versión que dieron algunos hom bres de Nuño de Guzmán, quienes habían sido supervivientes de la fracasada expedición de Pánfilo de Narváez. La explicación es sencilla: algunos de los participantes en esta expedición lograron salvarse a bordo del bergantín y de los navíos de Narváez, que, al no encontrar a sus compañeros, regresaron a Cuba y más tarde a la Nueva España.18
Como se sabe, Bethel Coopwood tuvo grandes reservas -o más bien certezas- sobre la veracidad del relato de Cabeza de Vaca, en particular respecto a las distancias y la cro nología presentadas en Naufragios, considerándolas dramáticamente exageradas. Incluso dudaba de que estos supervivientes hubieran llegado a la localidad de Culiacán en 1536.
Y se cree que las exageraciones de tiempo y distancia en los Naufragios se mues tran con suficiente certeza para rechazar la idea de que prueban una ruta miles de leguas más larga que la aquí adoptada. En cuanto a si los hechos respaldan la afirmación de que Cabeza de Vaca fue a Culiacán y allí encontró a Melchor Díaz actuando como alcalde mayor y capitán de la provincia, todo lo dicho sobre este tema se somete al juicio imparcial del lector, con la sugerencia de que la hipótesis principal de la afirmación es que Díaz ocupaba entonces dichos cargos, y si esto se demuestra suficientemente falso, entonces la afirmación se derrumba, y los viajeros no fueron allí».19
Otra de las razones -quizá la más importante- por las cuales la extraordinaria experiencia y el profundo conocimiento del terreno de este militar, abogado y juez han sido ignorados durante tantos años no radica únicamente en su cuestionamiento del itinerario descrito por Cabeza de Vaca en su narración, sino también en que, de alguna manera, lo señala como cómplice y conocedor de los brutales actos de captura y esclavización que Nuño Beltrán de Guzmán y sus hombres llevaron a cabo en esas tierras del norte.
Quienes no estén familiarizados con Nuño Beltrán de Guzmán (1490-1558) deben saber que, además de ser nombrado por el rey presidente de la Audiencia de la Nueva España, fue gobernador de Pánuco y fundador de Guadalajara -en un territorio que él mismo bautizó como «El Espíritu Santo de la Mayor España»- fue el conquistador más sanguinario y cruel de la historia de España en América. Escribe Donald Chipman:
Con la eliminación de Garay como contendiente en 1523, Pánuco permaneció bajo la jurisdicción de facto de Cortés y otros funcionarios del gobierno de la Nueva España hasta la llegada de un gobernador designado por la realeza, Nuño de Guzmán, en mayo de 1527. Durante los seis años siguientes, Guzmán ejerció la jurisdicción gubernamental sobre la provincia. Desde mayo de 1527 hasta diciembre de 1528, desempeñó el cargo de gobernador residente; de 1529 a 1533, mientras ocupaba el puesto de presidente de la Primera Audiencia de México y posteriormente el de gobernador de Nueva Galicia, en el noroeste de México, Pánuco fue gobernado ya sea por sus propios agentes o, durante parte de 1533, por el propio Guzmán."
Más frío y sanguinario incluso que el conocido Lope de Aguirre, quien acuchilló hastala muerte a su propia hija, fue Nuño de Guzmán, enviado desde España para hacer de contrapeso al todopoderoso Cortés." Sin embargo, lejos de lo esperado, resultó ser un individuo de una ambición sin límites, capaz de cometer los más abominables actos de crueldad y traición contra cualquiera que obstaculizara sus planes de descubrir y subyugar un reino tan formidable como el que, en su día, conquistó Hernándo Cortés.
Afortunadamente, como ocurrió con muchos otros conquistadores, fue apresado por el virrey y sometido a un juicio de residencia, que finalmente lo llevó a la cárcel. A pesar de todo, Cabeza de Vaca, en su obra, solo tiene palabras amables para él cuando se encuentra con su gente:
Como el alcalde mayor fue avisado de nuestra salida y venida, luego aquella noche partió, у vino adonde nosotros estábamos, y lloró mucho con nosotros, dando loores a Dios nuestro Señor por haber usado de tanta misericordia con nosotros; y nos habló y trató muy bien; y de parte del gobernador Nuño de Guzmán y suya nos ofreció todo lo que tenía y podía, y mostró mucho sentimiento de la mala acogida y tratamiento que en Alcaraz y los otros habíamos hallado, y tuvimos por cierto que si él se hallara allí, se excusara lo que con nosotros y con los indios se hizo."
Al juez Bethel Coopwood no le cuadran ni las descripciones geográficas, ni los nombres indígenas, ni siquiera la fecha de 1536 para el encuentro con los hombres del gobernador Nuño de Guzmán que presenta Cabeza de Vaca. Coopwood insinúa que este encuentro pudo haber tenido lugar en 1532, cuando Nuño Beltrán todavía buscaba los miticos reinos de las Amazonas y las Siete Ciudades de Cibola, como sabemos que ocurrió.
No se debe perder de vista que Nuño de Guzmán, desde 1528, era presidente de la Primera Audiencia de la Nueva España, incluso antes de la llegada de Pánfilo de Narváez y Cabeza de Vaca a la Florida. Temiendo las consecuencias de los numerosos cargos en su contra, intentó acallar las acusaciones ante el rey mediante una estruendosa acumulación de triunfos militares y nuevas tierras sometidas al dominio de la Corona. Organizó la expedición más relevante llevada a cabo en la región, preocupado además por las represalias que pudiera tomar contra él Hernándo Cortés.
Es importante señalar que, para ese momento, aún no se había alcanzado el mítico territorio de las Amazonas ni se habían hallado las enigmáticas Siete Ciudades, cuyo rumor resonaba por todas las esquinas de la naciente capital de la Nueva España. A partir de ahí, Nuño de Guzmán decidió emprender la marcha al mando de un nutrido grupo de curtidos soldados, hombres de temple indomable, impulsados por la ambición de amasar fama y riquezas rápidamente, sin escatimar sufrimientos, enfrentamientos ni reveses, pues el objetivo era alcanzar fortuna y gloria en el menor tiempo posible." Aquí podríamos encontrar el origen de la historia novelada y el «manipulado» recorrido de Cabeza de Vaca por tierras norteamericanas.
Aunque sin usar la palabra clásica «amazonas», que ya aparece enla Ilíada de Homero, el primer cronista en mencionarlas fue Cristóbal Colón, como se registra en su Diario con fecha 13 de enero de 1493: «De la isla de Matinino dijo aquel indio que era toda poblada de mujeres sin hombres, y que en ella hay mucho tuob, que es oro o alambre, y que es más al Leste de Carib»." En el contexto que nos ocupa, la palabra «amazonas» aparece en la novela Las sergas de Esplandián de Garci Rodríguez de Montalvo, publicada en 1510, donde se describe un lugar imaginario habitado solo por mujeres, cuya reina se llamaba Calafia y su reino era conocido como la isla de California."
Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy cerca de un costado del Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras, sin que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las amazonas. Eran de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y gran fuerza. Su isla era la más fuerte de todo el mundo, con sus escarpados farallones y sus pétreas costas. Sus armas eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las bestias salvajes que ellas acostumbraban domar para montarlas, porque en toda la isla no había otro metal que el oro.27
Desde que Cortés se hizo con la ciudad de México empezó a mandar expediciones a lo que entonces se consideraba una isla, que hoy se conoce con el nombre de la Baja Califor nia, y en donde se vuelve a mencionar a mujeres que viven sin varones, como aparece en su Cuarta Carta de Relación fechada en México el 15 de octubre de 1524:
Y le mandé que hiciese la visitación de los pueblos y gentes de aquellas provincias y me la trajese con toda la más relación y secretos de la tierra que pudiese saber; el cual vino y la trajo, y cierta muestra de perlas que halló; y yo repartí en nom bre de vuestra majestad los pueblos de aquellas provincias a los vecinos que allá quedaron, que fueron veinte y cinco de caballo y ciento y veinte peones. Y entre la relación que de aquellas provincias hizo, trajo nueva de un muy buen puerto que en aquella costa se había hallado, de que holgué mucho, porque hay pocos; y asimismo me trajo relación de los señores de la provincia de Ciguatán, que se afirman mucho haber una isla toda poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres, con los cuales han acceso, y las que quedan preñadas, si paren mujeres las guardan, y si hombres los echan de su compañía; y que esta isla está diez jomadas de esta provincia, y que muchos de ellos han ido allá y la han visto. Dícenme asimismo que es muy rica de perlas y oro; yo trabajaré, en teniendo aparejo, de saber la verdad y hacer de ello larga relación a vuestra majestad.28
Sin embargo, Cortés no fue el único que buscaba aquel mítico reino ni mucho menos; Nuño Beltrán de Guzmán también se esforzaba con todas sus fuerzas por encontrarlo antes que Cortés. Coopwood escribe: «En su marcha hacia Jalisco, Guzmán envió a Pe dro Alméndez Chirinos desde la región de esta ciudad hacia el norte para averiguar si la dirección tomada al salir de México era correcta y si podía encontrar noticias de las Amazonas».29
Cuando en 1539 fray Marcos de Niza regresó de la Pimería Alta, lo que hoy es el sur de Arizona, afirmó haber visto las legendarias ciudades de Cíbola y Quivira. En respuesta, el virrey Mendoza envió a Melchor Díaz, uno de los hombres de Guzmán, al mando de una pequeña expedición preliminar para verificar la veracidad de los informes del fraile. Con base en esta información, Mendoza planeaba organizar una expedición mucho más grande, que estaría a cargo de Francisco Vázquez de Coronado, quien para entonces ha bía sustituido a Nuño de Guzmán como gobernador de la Audiencia de la Nueva Galicia.
Sin embargo, ocurrió un giro inesperado: Melchor Díaz, que partió el 17 de noviembre de 1539, no logró regresar en el tiempo previsto, lo que obligó a Coronado a partir sin él en febrero de 1540, acompañado por Marcos de Niza. Finalmente, Díaz logró reunirse con la expedición de Coronado e informó que las grandiosas descripciones de fray Marcos no se correspondían con la realidad, convirtiendo toda la empresa en un monumental fiasco.
Uno de los pocos académicos que incluye al juez Bethel Coopwood en sus investigacio nes, pero que, sorprendentemente, descarta sus opiniones por no compartir su enfoque, es nada menos que Alex Krieger, quien afirma sentirse «intrigado» por muchas de las afirmaciones de Coopwood. Aunque Krieger reconoce la relevancia de Coopwood, sus interpretaciones no encajan en su enfoque.
El primer escritor en romper el hechizo de la «ruta del norte» fue el juez Bethel Coopwood (1899, 1900a y 1900b). Curiosamente, fue el único, además de Da venport y Wells, dispuesto a aceptar la repetida afirmación de Cabeza de Vaca de que los cuatro sobrevivientes simplemente intentaban llegar a Pánuco y que sabían muy bien cómo hacerlo. Coopwood ubicó el campo de tunas tierra aden tro, al norte del bajo río Nueces, desde donde Cabeza de Vaca y sus compañeros se dirigieron al suroeste para encontrarse con el río Grande aproximadamente 50 millas al sur de Laredo, descendiendo por un arroyo ahora llamado Boleño o Beleño. Esto se muestra junto al pueblo de Carrizo (posteriormente llamado Zapata) en el mapa de la ruta de Coopwood. Desde allí, continuó la ruta hacia el sur, pasando por Mier, luego hacia el río San Juan hasta llegar al moderno Bravo. Más allá de esto, la ruta de Coopwood no puede tomarse en serio, ya que parece haber estado obsesionado con la idea de que Cabeza de Vaca nunca llegó a Culiacán, sino que cruzó México mucho más al sur, de modo que llegó al oeste de Compostela pasando por el actual San Luis Potosí y Guadalajara. Concedió la posibilidad de que los cuatro viajeros hubieran llegado a Culiacán, pero solo después de ir primero hacia el sur al río de San Fernando (Conchos) en Tamau lipas, luego cruzar la Sierra Gorda hacia Saltillo, pasando por la actual Torreón y continuando por el oeste de Durango. Aun así, es difícil no sentirse intrigado por algunas de las observaciones de Coopwood, especialmente sobre la ruta en el sur de Texas. Y presentó una valiosa recopilación de ocurrencias históricas de bisontes en México para mostrar qué tan al sur pudo haber visto estos animales Cabeza de Vaca.30
Lo que nos está diciendo Coopwood, es que los supervivientes de la expedición de Pánfilo de Narváez siguieron la ruta más lógica hacia el sur por la costa donde no tenían pérdida porque sabían que allí se encontraba la localidad de Pánuco de la que ya tenían noticia por estar poblada por españoles desde hacía tiempo.
En un enjundioso artículo escrito seis años antes de su muerte y dividido en una serie de tres partes -que, juntas, bien podrían haber conformado un libro-, Coopwood analiza minuciosamente la trayectoria de estos supervivientes por tierras que él conocía a la perfección. Como era de esperarse en un rastreador tan agudo y experimentado, las afirmaciones que aparecen en Naufragios no le cuadraban.
Como ya escribí en una publicación anterior: «Con todo mi respeto a aquellos que han dedicado toda su vida a trazar el itinerario de Cabeza de Vaca por tierras americanas basándose en su obra, no creo que tenga más valor que el que podamos dar a Don Quijote paseando por tierras de la Mancha.» Y eso es, precisamente, lo que pensaba Bethel Coopwood. No porque profundizara en la figura de Álvar Núñez como persona, sino por las afirmaciones y descripciones del terreno, los grupos indígenas y los itinerarios que este relata en su obra.' Escribe el juez Coopwood:
Mientras que la máxima falsus in uno, falsus in omnibus puede adaptarse al propésito técnico del abogado que busca desacreditar las partes del testimonio de un testigo que perjudican su causa, en el examen de asuntos históricos debería aplicarse otra máxima, falsa demonstratio non nocet [la falsa demostración no hace daño], y se debe buscar la verdad real excluyendo únicamente las exageraciones y las tergiversaciones. La falsedad de su afirmación [de Cabeza de Vaca] de haber llegado a Culiacán no niega el hecho de que estos sobrevivientes de la expedición de Narváez llegaron a los asentamientos españoles en algún punto y, desde allí, a la Ciudad de México. El objetivo de esta investigación es determinar, lo más cerca posible, los pasos reales que siguieron al recorrer la ruta."
Perolo cierto es que desde un primer momento, desde el mismo siglo XV1, la trayectoria del grupo de Cabeza de Vaca creó suspicacias entre historiadores tan agudos como Gonzalo Fernández de Oviedo, Girolamo Benzoni, o el mismo padre Bartolomé de las Casas que no les terminaban de cuadrar las descripciones que el explorador jerezano hacía de los indígenas y territorios de la costa comparados con del interior. Escribe el padre las Casas:
Finalmente, todas aquellas gentes o la mayor parte de dellas, que Cabeza de Vaca vido y conversó y de quien cuenta las costumbres dichas, son las cercanas a la costa de la mar del norte y las vecinas a ellas, y no de munchas leguas la tierra adentro, puesto que después se desvió muncho de la mar, entrando más en la tie rra, y topó otras naciones munchas y diversas y más políticas, de cuyas costum bres pudo saber muy poco, como [si] fuese muy de camino.33
Girolamo Benzoni, en su Historia del Mondo Nuovo, se burla de aquellos que creen -hasta el día de hoy, añadiría yo- en la supuesta capacidad de Álvar Núñez para hacer milagros: «En fin, de los seiscientos españoles que había llevado [Narváez], no se vieron sino diez de regreso, los cuales, al llegar a México, decían públicamente que habían resu citado a tres muertos. Pero para mí, y Sus Señorías me perdonarán, me parece más fácil creer que hubiesen matado a cuatro vivos antes que resucitado a un medio muerto».34
El historiador Henry Wagner, en su libro The Spanish Southwest, cuestiona numerosos aspectos de los relatos presentados por Álvar Núñez en su obra, los cuales tampoco le parecen coherentes.35 Lo mismo ocurre con Hallenbeck, quien, a pesar de reconocer las inconsistencias históricas y las discrepancias entre la «Relación Conjunta» enviada a San to Domingo y lo narrado en Naufragios, sigue considerando que el relato de Álvar Núñez tiene valor histórico. Según él: «Naufragios contiene algunas exageraciones, errores en los hechos y contradicciones; no obstante, Núñez intentó sinceramente decir la verdad. Sus discrepancias son el resultado de recuerdos confusos y no de una intención deliberada de tergiversar».36 Sin embargo, yo aún no he visto nada «sincero» en este cronista excepto sus ansias de poder.
Esto deja abierta una cuestión clave: ¿por qué Álvar Núñez afirmó haber pasado tan tos años en Texas sin avanzar hacia el sur? En el capítulo 16 de Naufragios, él mismo ofrece una explicación: «Fueron casi seis años el tiempo que yo estuve en esta tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban. La razón por la que tanto me detuve fue por llevar conmigo a un cristiano que estaba en la isla, llamado Lope de Oviedo».37
Sin embargo, en Naufragios no se esclarece en lo más mínimo este vacío temporal y cronológico, justificándolo con la absurda excusa de haber permanecido en la zona para ayudar a un cristiano que no sabía nadar a salir de la isla del Mal Hado.38 Tan falso como el nombre de novela de caballerías que atribuye a la isla, algo que ya criticaba Fernández de Oviedo, quien no solo conocía bien este popular género literario, sino que incluso llegó a ser autor de una de estas obras.39 Recordemos la emocionante historia de la novela Palme rín de Oliva y su malvada reina Malfada, tal como aparece en la edición de 1511. Esta isla, al igual que California (Calafía), adopta el nombre de su reina.
Y sabed que esta dueña que era señora, la qual se dezia Malfada, y esta era la mas sabia para hazer mal que avia en el mundo, aunque venia de linaje de christianos no guardava su ley mas todas sus obras eran malas ella nunca fue casada por esto encanto aquella ysla de tal suerte que ningun hombre ni muger en ella entrava, que no se tornavan bestias o canes [...]De suerte que jamas alli entro hombre que de alli saliesse ni nao que della no fuesse robada.40
¿Qué ocurrió realmente durante esos seis años en la famosa isla del Mal Hado? Lo su cedido en ese periodo de tiempo -ese salto cronológico de seis años- parece haber sido lo más crucial de su experiencia y, sin embargo, algunos autores creen que esta omisión no fue intencionada ni deliberada. En un artículo sobre la cronología de Naufragios, muy bien documentado, Joaquín Roses afirma: «Es cierto que existe una laguna de seis años y podemos buscar explicaciones satisfactorias para ese período de tiempo en que Álvar Núñez no detiene su pluma. Pero a partir de entonces, aproximadamente en 1535, se pue de retomar el hilo cronológico, que en los últimos capítulos adquiere la coherencia de los primeros y concluye el 9 de agosto de 1537».41
Quienes no ven intencionalidad en este vacío temporal -a pesar de que estamos ha blando de un salto de casi seis años condensado en un solo párrafo- difícilmente podrán percibir el carácter manipulador y falso de este hábil cronista, que oculta sin reparo todo aquello que no le conviene que salga a la luz.
Según Bethel Coopwood, la verdadera Mal Hado fue la isla de San José, donde las em barcaciones encallaron el 6 de noviembre de 1528.42 Esta isla se encuentra aproximada mente 200 kilómetros más al sur, es decir, aún más cerca de la localidad de Pánuco. Para empezar, Bethel Coopwood sostiene que identificar esta isla con la isla de Galveston, si tuada a unas 50 millas al sur de la ciudad de Houston, es un grave error. Según el veterano Coopwood, la isla de Galveston es el doble de extensa que la Mal Hado descrita en Nau fragios y no podría estar vinculada de ninguna manera con la Bahía de Espíritu Santo ni con la Bahía de Corpus Christi, de acuerdo con ninguna de las descripciones menciona das por Cabeza de Vaca.
Uno de los pocos historiadores modernos que ha identificado descripciones incon gruentes en la obra de Cabeza de Vaca es el meticuloso profesor Juan Gil. En una confe rencia sobre la publicación de su edición de Naufragios, el académico se preguntaba por qué Cabeza de Vaca dejó a miles de indígenas en manos del esclavista Nuño de Guzmán. No obstante, descarta que esta acción haya sido producto de mala fe.43 El mismo investi gador se cuestiona por qué no aparecen nombres ni palabras indígenas de los pueblos del interior de Norteamérica, ni siquiera de Galveston, mientras que sí se emplean términos indígenas del Caribe (e.g., tunas, bohíos, areitos, canoas, etc.), especialmente considerando que Cabeza de Vaca presume de hablar más de seis lenguas: «Pasamos por gran número y diversidad de lenguas; con todas ellas Dios nuestro Señor nos favoreció, porque siempre nos entendieron y les entendimos. Y así, preguntábamos y respondían por señas, como si ellos hablaran nuestra lengua y nosotros la suya; porque, aunque sabíamos seis lenguas, no nos podíamos en todas partes aprovechar de ellas, porque hallamos más de mil diferencias.» También resulta llamativo que no aparezca la palabra «lagarto» ni ninguna mención a este reptil, tan común en Florida y hoy más conocido por el término hispanizado que en inglés se pronuncia alligator (el lagarto). Gil lamenta que Cabeza de Vaca no haya incluido más información sobre las lenguas indígenas, al estilo de Antonio de Pigafetta en la primera vuelta al mundo." Estas observaciones llevan a pensar que Alvar Núñez no pasó tanto tiempo con los indígenas de la zona del oeste de Texas como afirma. Además, se sabe, a través de los supervivientes de la expedición de Pánfilo de Narváez que regresaron a Cuba y posteriormente fueron a la Nueva España, que a partir de enero de 1531 Nuño de Guzmán estaba organizando expediciones en busca de sobrevivientes de aquella expedición.
Así, llegaron a la comarca de Culiacán. Desde ese sitio se organizaron expediciones hacia el norte, que alcanzaron el río Sinaloa, hacia las montañas del este hasta el río Nazas, y hacia el oeste hasta tocar el mar. A esta parte de su campaña debe corresponder el relato fugaz de Nuño de Guzmán cuando escribió: «y pasando a la mar del norte, por no saber qué había en aquella parte y por saber de Pánfilo de Narváez, atravesé treinta leguas de puerto y sin camino y muy asperísima tierra y yo con harta flaqueza, y mal, donde perdimos muchos caballos y yeguas y mucho ganado».·· Fueron cuatro meses, caproximadamente, los que gastaron en esas incursiones radiales desde Culiacán. Entonces Nuño Beltrán de Guzmán decidió poner fin a su campaña de conquista. Reunió a los españoles y les dijo que ahora era hora de poblar la tierra. Que la expedición había terminado. Que se fundaría una villa española en Culiacán donde Diego de Proaño sería alcalde mayor y Pe dro de Bobadilla, Cristóbal de Tapia, Diego de Guzmán, Juan de la Bastida, Juan de Almesto y Diego Rojas serían regidores del ayuntamiento.47
Los lugares mencionados en relación con el recorrido de Cabeza de Vaca como comer ciante ambulante, afirma Coopwood, pueden ayudar a identificar con cierta certeza las rutas por donde pasó, siempre que realmente hayan existido. Por otro lado, la ausencia de referencias a accidentes geográficos destacados en áreas conocidas sugiere que no transitó por esas zonas. Asimismo, aunque la presencia de elementos comunes en distintos lugares y a lo largo de varias latitudes no proporciona una prueba definitiva de una ruta específica, sí constituye una fuerte evidencia en contra de aquellas rutas donde dichos elementos no se encuentran.
Por ello, la información proporcionada por Cabeza de Vaca debe analizarse tanto en su valor afirmativo como negativo y, en la medida de lo posible, ajustarse a hechos histó ricos y geográficos comprobados. Solo deben descartarse aquellos datos que sean com pletamente incompatibles con conocimientos bien establecidos o que claramente sean exageraciones.48
El juez Coopwood no tiene la menor duda de que los hombres de Cabeza de Vaca eran conscientes de que Pánuco se encontraba al sur de su posición, pero desconocían la fre nética búsqueda que Nuño de Guzmán llevaba a cabo en pos de las míticas «Amazonas». Así lo relata:
Desde aquí envió el gobernador al alcaide de las Atarazanas de México, que se decía Samaniego, a descobrir lo que había adelante, e llegó hasta el río de Petat lán, y como halló que las casas eran de aquellas esteras, y la gente de tan ruin arte, y que no había ropa, e que la tierra se iba disminuyendo, volviendo a dar razón dello a do Nuño de Guzmán estaba, el cual acordó de pasar las sierras, para ver lo que había adelante, porque de la demanda que de las Amazonas había tenido, ya se le había deshecho, e quiso seguir la de las Siete Cibdades, de que tenía noticia al principio que de México salió.49
Como afirma Coopwood, queda claro que Cabeza de Vaca era consciente de que Pá nuco se encontraba en el golfo de México, al sur de su posición. Desde allí, observaron có mo la costa se extendía hacia el sur, lo que indicaba que habían superado la curva noroeste del litoral y habían ingresado en el tramo costero que, según el mapa de Pineda, conducía hacia Pánuco. Además, sabía que este era el asentamiento cristiano más cercano, pues fue el último punto de referencia cuando tuvieron contacto con hombres «civilizados».50 Sin embargo, era imposible que estuviera al tanto de las expediciones de Guzmán en busca de las Amazonas en Jalisco y en las fronteras del Golfo de California.51 El mismo autor afirma: «Que Álvar Núñez estuviera informado de la extensión de las exploraciones en el norte puede suponerse a partir de un documento registrado del rey, en el que se le or denaba dirigirse a los oficiales de la Contratación en Sevilla, 'a quienes, fuera de esta ins trucción, pedirás una relación de las noticias que consideren que debes conocer y poseer en relación con esos asuntos'». 52 Coopwood continúa:
Cabeza de Vaca y su grupo creían que los asentamientos de Pánuco se encontra ban a unas 130 leguas de la bahía, que identificaron erróneamente como Espíritu Santo. Con esta idea, enviaron a cuatro hombres a explorar la costa en dirección a Pánuco. Desde el principio, Cabeza de Vaca tenía la intención de encontrar territorio español mientras comerciaba, recorriendo entre 40 y 50 leguas y men cionando las tribus con las que se encontró. Su objetivo final era llegar a Pánuco, como lo demostró al expresar su deseo de alcanzar tierras cristianas.53
Cuando finalmente lograron escapar, su rumbo siguió orientado hacia Pánuco. Des pués de cruzar el río Bravo, estaban a solo 20 leguas del Golfo. Esto confirma que, aunque Cabeza de Vaca tenía la determinación de llegar a los asentamientos españoles, hubo al guna poderosa razón por la cual decidió omitir esta información en su relato, prefiriendo presentar su viaje como un intento de explorar el Oeste para proporcionar información sobre esos territorios a Su Majestad: «Lo último, hacíamos esto porque, atravesando la tierra, víamos muchas particularidades de ella; porque si Dios nuestro Señor fuese ser vido de sacar alguno de nosotros, y traerlo a tierra de cristianos, pudiese dar nuevas y relación de ella».54Asimismo, en el Prohemio, se presenta como una víctima desnuda cuyo único propósito es llevar noticias de esos territorios a su señor.
No me quedó lugar para hacer más servicio de éste, que es traer a Vuestra Ma jestad relación de lo que en diez años que por muchas y muy extrañas tierras que anduve perdido y en cueros, pudiese saber y ver, así en el sitio de las tierras y pro vincias de ellas, como en los mantenimientos y animales que en ella se crían, y las diversas costumbres de muchas y muy bárbaras naciones con quien conversé y viví, y todas las otras particularidades que pu- de alcanzar y conocer, que de ello en alguna manera Vuestra Majestad será servido».
Ya se ha demostrado que ni estuvo «diez años», como se afirma en esta edición de Valladolid, ni proporcionó información sobre las lenguas o los nombres propios de los indígenas del interior. Por otro lado, su relato habría sido aún más impreciso si hubieran llegado mucho antes de lo que él afirma. Aun así, al juez Coopwood las cuentas no le cuadran:
Cabeza dice que llegaron a Mal-Hado el seis de noviembre de 1528. Permaneció con los indios allí durante más de un año. Dice que estuvo con otros [indígenas] seis años. Pasó dos inviernos con los indios comiendo nueces con sus compañeros. Esto se prolonga hasta 1537, о un año después de llegar a los asentamientos españoles. Es necesario razonar un poco para reconciliar estas declaraciones conflictivas; y dado que la luna nueva fue vista por Cabeza el primero de septiembre y estaba llena el día trece, el día fijado para escapar, un año en el que esto pudo haber ocurrido marcaría aquel en el que huyeron».
Bethel Coopwood, actuando como juez de la información y de las fechas y lugares mencionados por Álvar Núñez en su relato, concluye que son sencillamente falsas, calificando todo su itinerario como una «farsa».
Por lo tanto, es evidente que si huyó hacia los Avavares en 1532, no comerciaba en absoluto, y no hacía viajes anuales a Mal-Hado para ver a Oviedo, a quien habría tenido que llevar consigo inmediatamente después de dejar la isla. Esto requeriría que hubiera pasado cuatro inviernos en el camino antes de llegar al asentamiento español, en abril de 1536, mientras solo da cuenta de uno, que pasó con los Avavares. Así, está claro que la teoría que lo sitúa huyendo hacia los Avavares en septiembre de 1532 haría que toda la historia fuera falsa."
Bethel Coopwood estaba convencido de que el grupo de Cabeza de Vaca sabía perfectamente que, unas leguas más adelante del río Grande, siguiendo la costa, se encontraba el asentamiento español de Pánuco. «Después de cruzar un río tan grande como el de Sevilla y viajar tres días más, vieron las montañas que creyeron llegarían a quince leguas de la costa del mar. Todo esto muestra que no solo conocían el rumbo hacia los asentamientos en la provincia de Pánuco, sino que ese era su objetivo; y se requeriría algo más que mera conjetura para probar lo contrario».· Bethel Coopwood después de haber hecho multitud de veces ese recorrido se da cuenta que la descripción topográfica así como la cronológica es como poco exagerada: «Pero este conteo sin duda está exagerado, porque ocho meses desde el trece de septiembre de 1535, cuando llegaron con estos Avavares, alcanzarían el trece de abril de 1536, solo trece días después de su llegada a los asentamientos españoles».
El juez Coopwood también considera que la noticia sobre la Mar del Sur (Pacífico), mencionada en el capítulo 29, fue recibida por el grupo de Cabeza de Vaca después de su encuentro con los españoles en 1536. Se pregunta cómo obtuvieron tal noticia sobre el Mar del Sur o Pacífico. «¿No indica esto que se trata de impresiones recibidas después de haber llegado a los asentamientos españoles?» Esta referencia aparece entre el primer y el segundo gran río, lo que hace imposible que se refiera a la vertiente del Pacífico, afirma Coopwood. Algo similar ocurre con la mención de una multitud de liebres en el capítulo 29, en un territorio donde este mamífero no era común. Coopwood señala que «la ausencia de este animal en esta parte de una ruta propuesta sería una fuerte evidencia negativa en contra de que fuera la seguida por Cabeza de Vaca y sus compañeros».
Una vez más, Coopwood busca razones lógicas para explicar por qué los españoles evitaron pasar por Pánuco. Considera que, mientras estaban en Tanzocob, los habitantes locales debieron haberles contado alguna historia que despertó sus temores y los disuadió de dirigirse a Pánuco. De no haber sido así, su conocimiento sobre la ubicación de ese asentamiento en relación con la Bahía de Espíritu Santo, así como el hecho de que ya era un poblado español cuando partieron de España, los habría llevado a continuar su ruta hacia allí en busca de cristianos."
Igualmente, resulta sorprendente que un hombre que conocía tan bien la frontera como Cabeza de Vaca haya dejado de mencionar un territorio tan densamente poblado, con casas, maíz, frijoles, entre otros. Coopwood escribe: «Dado que la parte de esta afirmación que menciona cien leguas lleva las marcas de la tendencia de Cabeza de Vaca a exagerar, y sin más descripción que la de un asentamiento continuo con maíz, frijoles y mantas de algodón, se considerará dentro de la regla sobre exageraciones evidentes previamente mencionada». Según Coopwood, basándose en el estudio y cronología de las cosechas, Cabeza de Vaca se encontraba mucho más al sur de lo que tradicionalmente se ha pensado que estaba.
Se debe observar que aquí está relatando lo que los indígenas dijeron sobre las altas montañas, pueblos, gente y grandes casas, y no pretende haberlas visto, ni afirma que fueran Quivira o Cíbola. Además, dado que estaba en un clima donde el maíz ya había sido cosechado en marzo y donde se encontraban mantas de algodón y loros, debía estar muchos grados más al sur de donde la imaginación posteriormente ubicó los lugares con esos nombres."
Coopwood tampoco se deja engañar por la manipulación de las distancias recorridas, según la relación de Álvar Núñez que dice que es el doble de la que realmente es y que, quien conozca el territorio desde Culiacán hasta Altata, y en la otra dirección hasta el Golfo de México, no se dejará engañar por ninguna de estas historias: «Como la distancia aquí es más del doble de la que hay de un golfo al otro, sin dejar espacio para tierras despobladas o no cultivadas, se descartará por completo, ya que contradice hechos naturales e históricos conocidos». Una y otra vez Coopwood se mofa de las engañosas y burdas descripciones y distancias que Cabeza de Vaca hace de esos territorios; «So, prescinding all his flights of imagination...» ( «Así, prescindiendo de todos los vuelos de su imaginación»). ©
Dejando aparte la manipulación de distancias y territorios recorridos, una de las partes más conflictivas de los últimos capítulos de Naufragios, es el contacto que Cabeza de Vaca dice tener con los hombres de Nuño de Guzmán y la potencial connivencia con la captura de indígenas para ser posteriormente esclavizados. La mención de la pérdida de libertad de estos indígenas ya aparece desde el capítulo 32 de Naufragios: «y que la noche pasada habían visto a los cristianos estando ellos detrás de unos árboles mirando lo que hacían, y vieron cómo llevaban muchos indios en cadenas; y de esto se alteraron los que con nosotros venían, y algunos de ellos se volvieron para dar aviso por la tierra cómo venían cristianos, y mucho más hicieran esto si nosotros no les dijéramos que no lo hiciesen ni tuviesen temor; y con esto se aseguraron y holgaron mucho».
Por esa razón sorprende que las tres menciones que Alvar Núñez hace de Nuño de Guzmán en Naufragios sean positivas:
Como el alcalde mayor fue avisado de nuestra salida y venida, luego aquella noche partió, y vino adonde nosotros estábamos, y lloró mucho con nosotros, dando loores a Dios nuestro Señor por haber usado de tanta misericordia con nosotros; y nos habló y trató muy bien; y de parte del gobernador Nuño de Guzmán y suya nos ofreció todo lo que tenía y podía, y mostró mucho sentimiento de la mala acogida y tratamiento que en Alcaraz y los otros habíamos hallado, y tuvi mos por cierto que si él se hallara allí, se excusara lo que con nosotros y con los indios se hizo.68
Pero lo que más pone los pelos de punta es que los cuatro supervivientes obedecieran las órdenes de Nuño de Guzmán, entregando a todos estos pobres indígenas que estaban ocultos: «y que los enviásemos a llamar, y les mandásemos de parte de Dios y de Vuestra Majestad que viniesen y poblasen en lo llano, y labrasen la tierra...»69 Todos sabemos lo que Nuño de Guzmán hizo con los indios que cayeron en sus manos y las horribles tortu ras que infligió a algunos para intentar conseguir oro y ciudades fabulosas, como ocurrió con Calzontzín, el líder purépecha, a quien quemó vivo, entre otros miles de indígenas.70
En el capítulo 36 de Naufragios, los hombres de Guzmán ya habían logrado su objetivo: tener a todos los indígenas de la zona bajo su control. «Hasta que Su Majestad y el gober nador Nuño de Guzmán, o el virrey en su nombre, proveyesen...»
Como los indios se volvieron, todos los de aquella provincia, que eran amigos de los cristianos, como tuvieron noticia de nosotros, nos vinieron a ver, y nos traje ron cuentas y plumas, y nosotros les mandamos que hiciesen iglesias, y pusiesen cruces en ellas, porque hasta entonces no las habían hecho; e hicimos traer los hijos de los principales señores y bautizarlos; y luego el capitán hizo pleito ho menaje a Dios de no hacer ni consentir hacer entrada ninguna, ni tomar esclavo por la tierra y gente que nosotros habíamos asegurado, y que esto guardaría y cumpliría hasta que Su Majestad y el gobernador Nuño de GuzmaÌ n, o el virrey en su nombre, proveyesen en lo que maÌ s fuese servido de Dios y de Su Majestad.71
El modus operandi de este crudelísimo noble castellano, de la casa de los duques de Fe ria y hermano de Gómez Suárez de Figueroa, capitán general del estado de Milán y más tarde embajador en Génova, consistía en demostrar a su rey que no era menos que nadie, y mucho menos que ese capitán advenedizo de Medellín que había ascendido a lo más alto en la jerarquía de la Nueva España. Sin embargo, el tiempo jugaba en su contra y esas ciudades fabulosas no aparecían... Por esa razón, Nuño de Guzmán se apresuraba a emu lar a su archienemigo Hernando Cortés, no solo para conseguir oro, sino para encontrar esas malditas y esquivas ciudades de las que todos hablaban y que seguían sin materia lizarse. La técnica de Nuño de Guzmán consistía en arrasar a sangre y fuego los pueblos por donde pasaba, desmontando su jerarquía social y esclavizando a buena parte de sus moradores. En algunas de estas poblaciones indígenas reemplazaba a los líderes locales con otros más sumisos y manipulables.72
A través de los testimonios obtenidos en el Juicio de Residencia realizado a Nuño de Guzmán, se confirma que sus campañas militares estuvieron marcadas por la violencia y la imposición de la esclavitud. La tortura y ejecución del líder Caltzontzin generaron descontento no solo entre los indígenas, sino también entre muchos españoles, quienes sabían que este hombre había sido leal a Hernando Cortés, algo que Nuño de Guzmán no podía tolerar. Además, forzaba a los caciques de las regiones que atravesaba a entregarle oro, plata y provisiones para sus tropas. De manera sistemática, tomaba como rehenes a los líderes indígenas, desestabilizando la estructura social y religiosa de sus comunidades, mientras el miedo se propagaba con la guerra, la tortura y el saqueo. Sus expediciones no solo devastaban, sino que también reducían a cenizas los pueblos por donde pasaba, siguiendo un patrón de destrucción y terror. Se dice que, al final de sus correrías y después de darse cuenta de que nunca podría realizar su sueño de ser el señor de la provincia de «El Espíritu Santo de la Mayor España», cayó en un estado de depresión que lo llevó a pronunciar estas desesperadas palabras: «más valiera no haber nacido ni vivir...»"
Por eso sorprende el macabro regalo en vidas humanas que Cabeza de Vaca ofreció a un notorio tirano como Nuño de Guzmán, el conquistador más sanguinario de la historia de México. Llama la atención, sin duda, que en varias ocasiones tenga palabras elogiosas hacia su persona:
En la villa de San Miguel estuvimos hasta quince días del mes de mayo; la causa de detenernos allí tanto fue porque de allí hasta la ciudad de Compostela, donde el gobernador Nuño de Guzmán residía, hay cien leguas y todas son despobladas y de enemigos, y hubieron de ir con nosotros gente, con que iban veinte de caballo, que nos acompañaron hasta cuarenta leguas; y de allí adelante vinieron con nosotros seis cristianos, que traían quinientos indios hechos esclavos. Y llegados en Compostela, el gobernador nos recibió muy bien, y de lo que tenía nos dio de vestir."·
Bethel Coopwood sostiene que, más que Nuño de Guzmán, fue uno de sus capitanes, Pedro Amíndez Chirinos, quien, de manera indirecta, se encargaba en ese momento de la esclavización de los indígenas.: «Allí, Chirinos encontró grandes números de indígenas cuando llegó por primera vez a esa región, y él o sus hombres pueden haberlos capturado y esclavizado hasta que se publicó el decreto final del rey prohibiéndolo, poco antes de la llegada de Cabeza de Vaca». Nuño de Guzmán ya tenía demasiados cargos en su contra como para que también lo acusaran de esclavizar a más indígenas, pero lo más importante aquí es entender el papel exacto de Cabeza de Vaca y cómo puso en peligro tantas vidas. Juan Gil piensa que la torpeza de poner a estos pobres indios en la boca del lobo fue algo completamente involuntario. Sin embargo, el sagaz jerezano sabía muy bien lo que estaba haciendo y para quién estaba trabajando. Obviamente, en su obra escrita, Cabeza de Vaca no puede hablar de la entrega de todos estos indígenas como algo deliberado.
Conclusión
Como bien dice el refrán, «la alabanza propia envilece», una idea que se menciona en el capítulo 16 de la primera parte del Quijote, especialmente cuando ese protagonismo se le arrebata a compañeros que han pasado las mismas tribulaciones que uno mismo. En la «Relación conjunta» proporcionada por Gonzalo Fernández de Oviedo sobre la super vivencia de los cuatro cristianos que escaparon de la armada de Narváez, la historia se narra en tercera persona, sin un protagonista destacado.76 Sin embargo, en las ediciones impresas, Cabeza de Vaca busca convertirse en el centro de todas las iniciativas, y muchas de las oraciones pasan a estar en primera persona. Además, se toma la licencia de asignar nombres propios a lugares que antes no los tenían, lo que se asemeja a una novela de ca ballerías. Por ello, Gonzalo Fernández de Oviedo señala con sorpresa: «Ni quiero consen tir al Cabeza de Vaca el nombre que en su impresión da a aquella isla, que llama de Mal Hado, pues en la primera relación no le pusieron nombre, ni él se lo puede dar».77 Así, si realizamos un estudio comparativo entre lo escrito por Fernández de Oviedo, la edición manuscrita de Viena y las ediciones impresas de Zamora y Valladolid, observaremos có mo Cabeza de Vaca manipula las historias de las curaciones y otras iniciativas, siempre favoreciendo su propia figura. Como nos enseña otro gran andarín de América, Bethel Coopwood, el jerezano no solo tergiversa la narración, sino que también distorsiona las diferentes rutas que dice haber seguido en Naufragios, siempre en busca de su propio be neficio, fama y gloria. Al final Álvar Núñez consiguió su objetivo de pasar a la historia como él quería, pero «la verdad es tozuda» y gracias a este valiente juez de Alabama tene mos argumentos para dudar del itinerario de estos supervivientes.
Como se puede observar, todos, o casi todos, los conquistadores intentaron emular a Hernando Cortés, buscando ciudades tan grandes como Tenochtitlán a cualquier precio. Sin embargo, por más que las buscaron por todas partes, ninguno logró encontrarlas.
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References
Obras Citadas
Manuscritos
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NUNO BELTRÁN DE GUZMÁN. AGI, PATRONATO, 18, N.1, R.15. Véase también, el siguiente documento del 4 de abril de 1531: «Real cédula a la Audiencia de México para que se informen si Nuño [Beltrán] de Guzmán, presidente que fue de esa Audiencia, cuando hizo justicia de Cacona [sic. por el cazonci Tangáxoan II] señor de Michoacan por ciertos delitos que había cometido, tomó para sí muchos de sus bienes en oro, plata y otras cosas pertenecientes a la cámara y fisco real, y siendo así lo cobren todo y lo entreguen al tesorero de esa tierra, para que en la real hacienda haya el debido recaudo». AGI, MEXICO, 1088, L.1BIS, F.82V.
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