Headnote
Uxori, natis, fratribus, amicis
RESUMEN:
En este artículo se estudia la transmisión del primer soneto de Garcilaso en diversas ediciones, desde la prínceps de 1543 hasta las más recientes. Se analizan, en particular, las variantes significativas de los versos 2 y 11, y se revisa el parecer de Alberto Blecua sobre ellas.
PALABRAS CLAVE: Primer soneto de Garcilaso, Transmisión de textos, Variantes, Historia de las edicio nes, Alberto Blecua
ABSTRACT
This article studies the transmission of Garcilaso's first sonnet, from the princeps edition of 1543 to the most recent ones. In particular, the significant variants of verses 2 and 11 are analyzed, and Alberto Blecua's opinion on them is reviewed.
KEYWORDS: Garcilaso' first sonnet, Transmission of texts, Textual variants, History of printed editions, Alberto Blecua
Fernando de Herrera comienza sus comentarios a la obra de Garcilaso con una ala banza del soneto: «Es el soneto la más hermosa composición, y de mayor artificio y gracia de cuantas tiene la poesía italiana y española»1. Y después de presentar a los principales artífices italianos, a partir de Petrarca, pasa revista a los primeros españoles que se atre vieron a innovar y lo introdujeron: el marqués de Santillana, que «con singular osadía [...] se arrojó venturosamente en aquel mar no conocido», Juan Boscán, Diego de Mendoza, Gutierre de Cetina «y Garci Lasso de la Vega, príncipe de esta poesía en nuestra lengua»2.
Cuando Herrera publicó este comentario en 1580, hacía once años que se había producido el «divortio» de las poesías de Garcilaso y las de Juan Boscán·; hasta entonces las del toledano habían constituido una pequeña parte, en comparación del volumen de las del barcelonés, de la obra conjunta. A este, y a su viuda, debemos la publicación de lo fundamental de la obra conocida de Garcilaso. Y debemos atribuir a Boscán la ordenación inicial de esta y, por tanto, la elección del soneto Cuando me paro a contemplar mi estado como pórtico de las de su amigo.
Este punto de partida se encuentra en el folio CLXIIIv. de Las obras de Boscan y algunas de Garcilasso de la Vega repartidas en quatro libros que publicó en Barcelona Carles Amorós en 1543. Allí comienza el libro cuarto, y las Obras de Garcilasso de la Vega, con ese primer soneto·:
Quando me paro a contemplar mi estado
y a ver los passos por do me ha traído
hallo, según por do anduve perdido
que a mayor mal pudiera aver llegado;
mas quando del camino estó olvidado, 5
a tanto mal no sé por do e venido.
Sé que me acabo, y más e yo sentido
ver acabar comigo mi cuidado.
Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme, 10
si quisiere, y aun sabrá querello;
que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hazello?
Estos catorce versos han sido sometidos a múltiples y profundos análisis, comenzando por la nota breve de Francisco Sánchez el Brocense, los amplios comentarios de Herrera y las sugerencias de modificaciones de Tamayo". Mi intención es analizar un par de modificaciones introducidas en la versión inicial de Amorós y que no dejan de plantear enigmas interpretativos. En efecto, el verso 11 de esta primera versión -que llamaré versión princeps- recibió una modificación sustancial en la edición, todavía de las obras conjuntas de ambos autores, publicada en Valladolid de 1553; cambio que siguió la también conjunta de Estella de 1555. Ambas dicen así:
a quien sabrá perderme y acabarme,
si ella quisiere, y aun sabrá querello.
Muy posiblemente el resto de las ediciones conjuntas del Quinientos siguieron fieles en esto a la princeps de Amorós de 1543°. Pero no fue así con las de Garcilaso en solitario después del «divortio» sancionado por la edición de Salamanca de 1569; hasta 1970, al menos las consideradas principales, salvo tres a que se hará mención de inmediato, mantuvieron la versión de Valladolid de 1553, que calificaré de clásica.
La primera excepción fue la importante edición de Salamanca de 1574, obra de Francisco Sánchez el Brocense, en la que, manteniendo la novedad introducida en el verso 11 - «si ella quisiere»-, se modificó el segundo con una variante que no he encontrado en impresos, antes de 1970':
Quando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por do me han traído.
Esta versión fue efímera, ya que en la edición que el Brocense publicó en Salamanca en 1577 volvió a la lectura de la versión clásica.
La segunda excepción corresponde a la edición de Keniston, de Nueva York 1925, que retomó la princeps de Amorós, y fue seguido por Rivers en las suyas, al menos hasta la de Cátedra de 196%. En ese año Rivers firmó el prólogo del libro de Alberto Blecua? que va a acuñar una nueva versión -cuarta si contamos la efímera del Brocense- triunfadora desde entonces, que podemos calificar de moderna. En ella Blecua introduce dos cambios: en primer lugar, sigue en el verso segundo la edición del Brocense de 1574, con el plural de «me han traído». Y afirma, además, que «es inadmisible la corrección que efectúan |...) en el verso 11» numerosas ediciones -incorporando, como hemos visto, «si ella quisiere...»-'·. A partir de entonces, esta versión moderna se impone en las ediciones posteriores de Rivers", así como en las de Morros" y la de Jiménez Hefferman y García Aguilar ©. E incluso Rafael Lapesa modifica su texto de la primera redacción, la de 1948, a la «corregida y aumentada» de 1985 ·.
En lo relativo a los dos primeros versos, la argumentación de Alberto Blecua se basa en la exigible concordancia del verbo traer" con su presunto sujeto: 'estado' o pasos: Aunque, hasta donde llego a saber, los comentaristas anteriores no habían hecho explícitas sus posibles dudas, hay indicios de que la lectura en singular no convencía a todos. Además de hacer referencia a la versión del Brocense de 1574 -que Blecua con buena lógica no sabe si atribuir a error de imprenta о a intervención voluntaria del editor'·- y al manuscrito de la BNE 1769 -del que tampoco se puede saber, afirma, que el plural no sea debido a «un añadido de copista»-, se basa sobre todo en el manuscrito de la BNE 3993. En él, dentro de una versión con bastantes variantes respecto ala princeps, el verso 2 dice así: «y a ver mis pasos por do me an traido»'®. La modificación resuelve, a la vez, el problema de la concordancia y el del sentido que en la frase tiene la palabra 'pasos'; ya que al cambiar 'los' por mis, el manuscrito, al tiempo que rechaza la concordancia con "estado, se inclina por dar a pasos el sentido de los que se dan y no el de los pasos que se pasan.
Resulta evidente que el sujeto de «me ha traído» no puede ser 'estado'; Blecua lo argumenta así: «A un "estado; a una "situación espiritual" se puede llegar, un "estado" puede ser alcanzado, pero no es una construcción semántica lógica que un estado pueda traer»"". Lo que no veo claro es su razonamiento: «Si mantenemos la lectura mha traído, el sujeto forzosamente será estado; entonces, pasos sólo puede significar "caminos", "sendas peligrosas" »'·. Considero que si bien el sentido de pasos es el que se ha indicado, el sujeto no tiene por qué ser estado.
Muy posiblemente, ante la disyuntiva de tener que elegir entre ambos sujetos, Salas Barbadillo en la versión que hizo del primer cuarteto cambió, entre otros, el segundo verso":
Quando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido
conozco, que según me vi perdido,
que a mayor mal pudiera aver llegado.
Con este cambio, el poeta deja de ser sujeto paciente del viaje vital para convertirse en el agente, y la frase resulta más comprensible sin tener que modificar el significado de «los pasos».
En el sentido que demos a «los pasos» radica el problema. Si consideramos que son el sujeto de «me han traído», como defiende Blecua, identificándolos con «mis pasos» del manuscrito 3993 de la BNE, estamos asumiendo la primera acepción del DLE -«movimiento sucesivo de ambos pies al andar»-, en lugar de la 18.2: «lance o suceso digno de reparo» ·. Y es a esta última, en mi lectura, a la que corresponde el sentido que tienen en el soneto. Veamos otros ejemplos del uso de 'pasos, en plural, e incluso de paso, en singular, en la obra de Garcilaso.
Solo he encontrado otra referencia del primer caso, aunque es bien significativa:
Alargo y suelto a su placer la rienda,
mucho más que al caballo, al pensamiento,
y llévame a las veces por camino
tan dulce y agradable, que me hace 20
olvidar el trabajo del pasado.
Otras me lleva por tan duros pasos,
que con la fuerza del afán presente,
también de los pasados se me olvida.
A veces sigo un agradable medio 25
honesto y reposado, en que el discurso
del gusto y del ingenio se ejercita.
Aquí, en el verso 22 de la Epístola a Boscán21, es el pensamiento el que le «lleva por tan duros pasos», con el sentido evidente de la mencionada acepción n. 18, que está calcada de la definición que da el Diccionario de Autoridades (1737) en la página 155: «Significa también lance o sucesso, especial y digno de reparo».
Múltiples veces aparece 'paso' en singular con una gran variedad de significados, pero hay dos ocasiones en que tiene, claramente, el que estoy defendiendo:
Estas palabras tales en diciendo, 650
en pie me alcé por dar ya fin al duro
dolor que en vida estaba padeciendo.
Y por el paso en que me ves te juro
que ya me iba a arrojar de do te cuento,
con paso largo y corazón seguro.
En la última estrofa, Albanio, al borde de «un barranco de muy gran altura», emplea, en tres versos consecutivos, los dos significados a que me refería antes (Égloga II)22. Y un último ejemplo que no admite duda; Nemoroso recrimina a Diana su falta de atención a Elisa durante el parto (Égloga I)23:
Verte presente agora me parece 370
en aquel duro trance de Lucina,
y aquella voz divina,
con cuyo son y acentos
a los airados vientos
pudieras amansar, que agora es muda, 375
me parece que oigo, que a la cruda,
inesorable diosa demandabas
en aquel paso ayuda;
y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?
En definitiva, y en mi opinión, la adopción del plural en «me han traído» no solucio na el problema del sujeto, ya que tampoco pueden ser «los pasos» en el sentido señalado. Estamos, pues, ante un sujeto tácito, lo que crea una tensión dramática que se puede es perar quede resuelta en los versos siguientes24. ¿Cuál podría ser ese sujeto oculto que le ha traído por «tan duros pasos», como se califican en la Epístola a Boscán? Podría ser «el pensamiento», como allí. Otras opciones nos las aporta el soneto de Petrarca «Quand'io mi volgo indietro a mirar gli anni», señalado ya por Herrera como posible inspiración del verso inicial «Cuando me paro a contemplar mi estado», y que en su último terceto dice:
O mia stella, o Fortuna, o Fato, o Morte,
o per me sempre dolce giorno et crudo,
come m'avete in basso stato messo
Al igual que el pensamiento, el destino, el hado están muy presentes en la poesía de Garcilaso. En la Canción IV (versos 21-23) es el destino el que le lleva:
No vine por mis pies a tantos daños;
fuerzas de mi destino me trajeron
y a la que me atormenta me entregaron."
Y de forma semejante en la Egloga II, con la compañía de la estrella:
En este amor no entré por desvarío,
ni lo traté, como otros, con engaños, 165
ni fue por elección de mi albedrío.
Desde mis tiernos y primeros años
a aquella parte me inclinó mi estrella
y aquel fiero destino de mis daños."
En esta misma Egloga IT es el hado el responsable de sus sentimientos:
Basta saber que aquesta tan sencilla
y tan pura amistad, quiso mi hado 315
en diferente especie convertilla,
en un amor tan fuerte y tan sobrado
y en un desasosiego no creíble,
tal, que no me conozco, de trocado."
Podría ser otra fuerza impersonal, como el Amor, con mayúscula, como enel soneto 35, A Boscán desde la Goleta:
Aquí donde el romano encendimiento,
donde el fuego y la llama licenciosa 10
solo el nombre dejaron a Cartago,
vuelve y revuelve Amor mi pensamiento,
hiere y enciende el alma temerosa,
y en llanto y en ceniza me deshago."®
Todos estos inmateriales poderes podrían ser el sujeto tácito que se plantea al principio, aunque ninguno aparece mencionado en el resto del primer soneto. A esa búsqueda puede, en cambio, responder «ella». No sabemos qué motivó su incorporación al verso 11; el colofón de la edición de Valladolid de 1553, primera en que la he encontrado, alardea del cuidado empleado: «Estas obras [...] van corregidas y enmendadas de muchas faltas que por descuydo de los oficiales se hallaron. De manera que van agora mejor corregidas y más complidas y en mejor orden que hasta agora han sido impresas». Y, como esta frase está copiada del colofón de la de Amberes de 1544, se ve obligado a reafirmarse: «Esto que aquí se promete no es fábula, porque qualquiera curioso verá la diferencia que ay desta corrección a las otras». Keniston señaló que el verso «si quisiera, y aun sabrá querello», exigía una diéresis en «aun», para evitar la hipometría, ya que en la inmensa mayoría de casos en los que aparece, «aun» se ajusta a una sola emisión de voz", lo que, en mi opinión, podría explicar la inclusión del pronombre.
Pero considero que no se trata solo de conseguir su perfección formal; su presencia o ausencia influye en el sentido general del soneto. Eliminado el pronombre, nada indica que sus cuitas -«mi cuidado»- sean necesariamente de amor. Es significativo que Frank Goodwyn viera en la supresión de «ella» -que, como se ha dicho, hizo Rivers en sus ediciones, siguiendo a Keniston- una reafirmación de sus tesis: «El enemigo a quien el poeta se ha entregado "sin arte" no tiene que ser la dama desdeñosa». Al suprimir el pronombre, «con más facilidad se puede aplicar el soneto 1) a la dama desdeñosa, 2) al Emperador Carlos V, 3) al ejercicio de las armas y 4) a la vida mundana, como propongo en mi interpretación analitica»™.
Goodwyn interpreta el soneto en función de «cinco acontecimientos que podían haberle causado los hondos conflictos y sentimientos melancólicos expresados en este soneto», y en todos ellos el responsable fue Carlos V, desde el primer destierro de tres meses de Toledo hasta el que le confinó en «una isla en el Danubio, despreciado y rechazado por el mismo emperador a quien había servido tan lealmente». Y para completar el cuadro, también sería responsable de su «felicísimo retiro» en Nápoles, cuya vida mundana chocaría con sus sentimientos religiosos. Todo ello se reflejaría en el soneto: «El único individuo a quien el verdadero Garcilaso se entregó "sin arte" era el Emperador Carlos V. Y Carlos era el único individuo capaz de "perderlo" y "acabarlo"»>.
La razón alegada por Alberto Blecua para defender su opción en el verso 11 radica en que «la aparición del pronombre ella rompe todo el misterioso secreto que intencionalmente provoca el verso anterior ("a quien sabrá perderme y acabarme")». En mi lectura, el «misterioso secreto» arranca de ese sujeto tácito del verso segundo («me ha traído»), cuya identidad («ella») se descubre casi al final del poema. Algo similar ocurre en los dos siguientes sonetos, en los que la apelación a su destinataria -«señora»- se deja esperar hasta los tercetos.
No os venguéis más de mí con mi flaqueza;
allá os vengad, señora, con mi muerte.
(Soneto 2, versos 13-14)·
De cualquier mal pudiera socorrerme
con veros yo, señora, o esperallo,
(Soneto 3, versos 9-10)·
Incluso en el cuarto soneto, hasta los últimos versos no se descubre en qué radica la esperanza а la que se hace mención en el primero: «Un rato se levanta mi esperanza».
Muerte, prisión no pueden, ni embarazos
quitarme de ir a veros, como quiera,
desnudo espíritu o hombre en carne y hueso
(Soneto 4, versos 12-14)··
El regreso a la versión clásica, vigente durante más de cuatro siglos, resuelve los indicados enigmas del primer cuarteto y da unidad temática al soneto.
Desde luego, no puede admitirse la interpretación de Goodwyn, expuesta antes, no solo porque obliga a retrasar la composición del primer soneto hasta después del destierro en la isla del Danubio (1532), en contra de la sólida argumentación de Rafael Lapesa que lo sitúa entre sus primeras composiciones de inspiración petrarquista, antes de 1532%, sino sobre todo porque implica una lectura anacrónica de la vida del «verdadero Garcilaso». Sus tesis, sin embargo, me dan pie para decir algo sobre la vida de Garcilaso, dejando al margen su actividad literaria. La resumo gracias a la magna biografía publicada por María del Carmen Vaquero Serrano". De ella tomo la información básica, pero la responsabilidad de la interpretación que sigue es mía".
La vida de Garci Laso de la Vega -nacido en torno a 1500- está marcada por su carácter de segundón de una familia ilustre de Toledo, y en especial por la compleja trayectoria vital de su hermano, el primogénito Pedro, protagonista de la resistencia toledana a la política de Carlos I en los prolegómenos de la rebelión de las Comunidades, y durante la primera fase de la misma, lo que le forzará a exilarse en Portugal y le causará la pérdida de sus bienes. Garcilaso sabrá navegar en esos complejos años, acercándose a Carlos en el momento de su partida hacia el Imperio, y logrando en La Coruña, el 26 de abril de 1520, ser nombrado contino real. Si bien durante la guerra de las Comunidades permaneció enla rebelde Toledo, por lo menos hasta la derrota de Villalar, luego participó contra el ejército comunero en la batalla de Olid (17 de agosto de 1521), donde resultó herido. En los años siguientes, mientras su hermano está en el destierro, desarrolla una breve, pero intensa carrera militar al servicio del rey en la guerra de Navarra contra los franceses, y luego permanece en la Corte de Valladolid, reclamando sus haberes y logrando algunos éxitos en la difícil carrera cortesana. Así, en 1523 fue nombrado caballero de Santiago, un honor muy importante, aunque no lograría una encomienda que le hubiera aportado rentas, y también gentilhombre de la Casa de Borgoña, lo que sí suponía una merced económica anual.
Tras ello, su vida pública se centra en ser regidor de Toledo, a la que representará en las Cortes de Valladolid de 1527. Su asentamiento en Toledo se consagra con su boda, en 1525, con Elena de Zúñiga, dama de Leonor, hermana de Carlos V, que en este momento era viuda de Manuel I de Portugal -lo que muestra que mantiene su cercanía a la Corte-, con la adquisición de una casa propia y con el nacimiento de sus primeros hijos. Esta etapa se verá interrumpida por el regreso de su hermano Pedro, una vez obtenido el perdón de Carlos V. Por una parte, su vuelta desata tensiones familiares en torno alos bienes del proscrito y de la autorización para que pudiera fundarse un mayorazgo en beneficio de su rama familiar. Por otra, en 1529, Garcilaso, que abandona su cargo de regidor, figurará junto a su hermano en la «jornada de Italia» que culmina con la Coronación de Bolonia -ocasiôn en que dictará un testamento que nos ilustra no solo sobre diversos episodios, bélicos y amorosos, de su vida, sino sobre su propia sensibilidad religiosa, y muestra un rosario de pequeñas deudas y joyas empeñadas-. Los fastos de Bolonia dan paso al regreso a la patria toledana, alejado temporalmente de la vida de la Corte, pero manteniendo su vinculación con la misma, como se verá cuando la emperatriz Isabel le comisione para viajar a Francia y visitar a la reina Leonor, esposa ahora de Francisco I (agosto de 1530).
Cuando parecía que en 1532 su trayectoria se iba a desvincular de la de su hermano, ya que en el séquito del duque de Alba, Fernando Alvarez de Toledo, se disponía a partir para las campañas imperiales en Europa, su intervención en el matrimonio clandestino de su sobrino Garcilaso, hijo de Pedro, en contra de los deseos de la Emperatriz y del propio Carlos, va a traerle temporalmente graves problemas. Es el famoso destierro a una isla del Danubio. Se trata, en definitiva, de la prohibición de entrar en la Corte, inmediata, sita en Ratisbona, que dura poco y se resuelve, por la mediación del duque de Alba, con su incorporación al séquito de Pedro de Toledo, tío del duque, recién nombrado Virrey de Nápoles, uno de los grandes cargos de la Monarquía, a cuyo servicio estará a partir de entonces. En su carrera significaba un importante ascenso: gozó de la confianza del Virrey y recibió encargos delicados como transmisor de noticias entre Nápoles y la itinerante Corte, lo que le permitió regresar brevemente a España, y pisar por última vez Toledo. Consiguió, incluso, ser nombrado alcaide del castillo de Reggio.
La empresa de Carlos V contra Túnez en 1535 le hizo volver a participar en empresas bélicas, en uno de los grandes triunfos -por no decir el único- de la política mediterránea del Emperador. Y allí fue malherido. Retomada la vida militar, tendrá a su cargo un importante contingente de infantería en la campaña de Carlos V contra Francisco I en la Provenza. Allí, el 19 de septiembre de 1536, casi a la vista del César, intentará, por lograr honra, destacar en una mísera acción contra una pequeña torre custodiada por unos pocos franceses. Una piedra lanzada por los defensores provocó la ruptura de la «mala escalera» y Garcilaso, maestre de campo, cayó al suelo y del golpe en la cabeza -«muy mal descalabrado»- morirá pocos días después. El segundón estaba logrando desarrollar una carrera propia en la administración política y militar de la Monarquía, cuando, no su voluntad, sino el destino, acabó con ella.
De su biografía no puede deducirse un distanciamiento de Garcilaso con Carlos V; su carrera se desarrolló, paso a paso, enla cercanía del César, superando con apoyos importantes las dificultades y tropiezos de la vida cortesana, e incorporándose a la vida militar, en una elección que asumió personalmente, aunque fuera empujado por su situación de segundón.
Pero es que el primer soneto no trata de esto. Su tema es otro. Como Lapesa señaló", «los versos iniciales recuerdan el extravío de Dante por la selva oscura» con una reflexión sobre el pasado, y cita los versos 25-27 del Canto I:
Cost l'animo mio, chancor fuggiva,
si volse a retro a rimirar lo passo
che non lasció gia mai persona viva.
Junto a ello, creo ver en el «por do anduve perdido» del verso 3 un eco del inicio de la Divina comedia:
Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ché la diritta via era smarrita.
Sin embargo, esa reconsideración del pasado se interrumpe en el verso 5, como si no se quisiera volver atrás, al igual que hace exclamar a Camila en la Égloga II (versos 753-761)":
¡Oh cuán de mala gana mi memoria
renueva aquesta historia![...]
Mas ¿para qué me meto en esta cuenta?
Quiero vivir contenta y olvidallo 760
y aquí donde me hallo recrearme.
O como reflexiona él en la Canción IV":
Mas ya no es tiempo de mirar yo en esto,
pues no tengo con qué considerallo;
y en tal punto me hallo, 110
que estoy sin armas en el campo puesto,
y el paso ya cerrado y la huida.
A pesar de lo cual, de inmediato, en los versos 9 y 10, tiene que abandonar un presente, en el que no puede recrearse -«a tanto mal no sé por do he venido»-, y proyectarse sobre un futuro incierto, causado por su comportamiento pasado:
Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme.
La áspera condición de «a quien» se entregó -ella- ha sido responsable de que haya andado perdido en el pasado, de tanto mal como en el presente padece y de un futuro en el que teme la muerte. La trágica relación del poeta con «ella» estructura y da unidad a todo el soneto, en el que el tiempo, pasado, presente y futuro, sirve de engarce alas estrofas.
Permanece el enigma de la identidad de «ella». María del Carmen Vaquero ha revolucionado las presunciones tradicionales sobre Isabel Freyre; en su lugar Garcilaso cantaría, tras los nombres de Camila, de Galatea, de Elisa, respectivamente, a su prima Magdalena de Guzmán, a su cuñada -segunda mujer de su hermano Pedro- la portuguesa Beatriz de Sá, y a la madre de su hijo natural Lorenzo, Guiomar Carrillo". El carácter conceptista del primer soneto dificulta señalar cuál de las tres podría haber "traído" al poeta a la desesperación. María del Carmen Vaquero lo expresa así:
En cuanto a la dama causante del sentimiento de desesperación que expresa el poeta, de entre las mujeres que hasta hoy conocemos de su vida amorosa y que pudieron provocar tal situación en esos años, solo cabe apuntar a dos: Guiomar Carrillo, que cambió de amante, o Beatriz de Sá, que no debió de corresponderle.
O, tal vez, ninguna en concreto.
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References
Bibliografia
A. Ediciones de Garcilaso consultadas
А.1. Conjuntas con Boscdn
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Las obras de Boscan y algunas de Garcilasso de la Vega. Repartidas en quatro libros. Van en este libro muchas obras añadidas, & en mejor orden que hasta agora han sido puestas. Agora de nueuo por los mejores, y mas antiguos originales corregidas & emendadas, Adrián de Amberes, Estella, 1555.
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Poesías castellanas completas, Madrid, Clásicos Castalia, 1972. Edición de Elias L. Rivers.
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