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In 1562, the Morales sisters, beatas from Aguilar de la Frontera (Córdoba), received a donation intended to finance the foundation of a beaterio or convent. [...]her relatives prevented its foundation by redirecting the assets to the establishment of a chaplaincy. In a 1584 inventory of the Morales sisters' possessions, a collection of books is recorded. KEYWORDS: beatas; beaterio; female religious communities; Aguilar de la Frontera; Fernández de Córdoba; women's libraries; 16th century private libraries. 1.
RESUMEN:
En 1562 las hermanas Morales, mujeres religiosas (beatas) de Aguilar de la Frontera, reciben una donación destinada a costear la fundación de un beaterio o convento. El proyecto queda definido en el testamento de Juana de Morales, quien deja todos sus bienes para crear en su casa un beaterio destinado a la enseñanza de niñas. El proyecto queda frustrado por la intervención de los familiares que en 1585 instituyeron un vínculo con los bienes de Juana. En 1584 se realiza un inventario de los bienes que quedaron por muerte de dos de las hermanas Morales. Entre dichos bienes aparece una colección de libros. Identificamos las obras que la componían y analizamos su difusión en otras bibliotecas femeninas contemporáneas.
PALABRAS CLAVE: beatas; beaterio; Aguilar de la Frontera; Fernández de Córdoba; bibliotecas femeninas; bibliotecas privadas del siglo XVI.
ABSTRACT:
In 1562, the Morales sisters, beatas from Aguilar de la Frontera (Córdoba), received a donation intended to finance the foundation of a beaterio or convent. The project was formally defined in the will of Juana de Morales, who bequeathed all her property to establish a beaterio in her home, dedicated to the education of girls. However, her relatives prevented its foundation by redirecting the assets to the establishment of a chaplaincy. In a 1584 inventory of the Morales sisters' possessions, a collection of books is recorded. This study identifies the titles included in that collection and examines their presence in other contemporary women's libraries.
KEYWORDS: beatas; beaterio; female religious communities; Aguilar de la Frontera; Fernández de Córdoba; women's libraries; 16th century private libraries.
1. Aguilar en el siglo XVI
Situada en un enclave estratégico de la campiña cordobesa, Aguilar de la Frontera fue cabeza de uno de los más extensos señoríos del Reino de Córdoba. La señorialización de la villa fue temprana, ya que se produce pocos años después de su conquista por Fernando Ш: en 1257 Alfonso X la entrega a Gonzalo Yáñez Dovinal. Desde entonces la titularidad del señorío de Aguilar ha recaído en tres linajes: primero, los Yáñez de Aguilar, (1257-1341); después, Alonso Fernández Coronel (1350-1353); y por último, los Fernández de Córdoba desde 1370".
El señorío comprendía varios núcleos de población, la mayoría de ellos situados en el Sur del Reino de Córdoba: Aguilar, Montilla, Montalbán, Monturque, Puente de Don Gonzalo, Castillo Anzur, Carcabuey, Priego, Santa Cruz y Cañete".
A finales del siglo xv los Fernández de Córdoba han adquirido un gran peso político, tanto en la ciudad de Córdoba, por la secular vinculación del alguacilazgo mayor a la familia, como en la Corona de Castilla, por su protagonismo en la defensa de la frontera con el Reino de Granada y su participación en las luchas dinásticas. En 1501 los Reyes Católicos otorgan al titular del señorío, Pedro Fernández de Córdoba, el marquesado de Priego.
Durante el siglo XVI se suceden cuatro señores de Aguilar: Pedro Fernández de Córdoba (1501-1517), Catalina Fernández de Córdoba (1517-1563), Catalina Fernández de Córdoba, nieta de la anterior (1563-1574) y Pedro Fernández de Córdoba (1574-1606).
El fin de la guerra de Granada, por una parte, y el asentamiento de nuevos pobladores procedentes de villas de realengo, por otra, van a favorecer particularmente el crecimiento demográfico de estos pueblos de frontera. Además Aguilar acogió a los conversos cordobeses que escaparon de la revuelta de 1473, protegidos por don Alonso de Aguilar. Poco después llegaron muchos vecinos de Castro del Río huyendo de la fiscalidad real. De este modo, en 1530, con cerca de cinco mil habitantes, era la tercera villa más poblada del marquesado de Priego, detrás de Priego y Montilla".
Este crecimiento demográfico se traduce en la expansión urbana fuera de las murallas, con la aparición de nuevos arrabales extramuros, de manera que ya en el siglo XVI el paisaje urbano de Aguilar consta de dos partes bien diferenciadas: la antigua villa medieval en la zona más elevada y los barrios nuevos que se extienden hacia el llano.
La primera, aneja al castillo y a la iglesia mayor, está rodeada de una muralla. Los aguilarenses de entonces utilizaban la expresión «de la cerca adentro» para referirse a este barrio que ya desde la centuria anterior perdía habitantes en favor de los arrabales.
La fortaleza pierde su papel defensivo después de la conquista de Granada, comenzando un paulatino abandono. Fuera de las murallas se extienden diversos barrios hacia la llanura, buscando accesibilidad y espacio. Entre la villa cercada y los arrabales, se situaba la plaza mayor o «plaza vieja». Es mercado y sede del poder político -allí está el consistorio, la cárcel, los pesos, el pósito, las carnicerias- pero ya entonces había perdido su centralidad en beneficio, principalmente, del llano de la Coronada, donde en 1566 se erigió un convento de clarisas·.
Esta expansión en todos los órdenes que caracteriza el inicio de la modernidad se ve interrumpida por las pestes de 1582 y 1583. Ambas epidemias son precedidas por años de malas cosechas y desabastecimiento de trigo". Además, las epidemias coincidieron con sendas plagas de langosta que afectaron a la comarca campiñesa. Los hechos que vamos a referir se sitúan en este tiempo de cambio y calamidades.
2. Las fuentes
El objeto de nuestra investigación es un grupo de mujeres denominadas religiosas y pertenecientes a una misma familia. Algunas de ellas promueven la fundación de un beaterio dedicado a la enseñanza de niñas, pero esta iniciativa fracasará por la intervención del propio grupo familiar. La fuente principal es un expediente que se halla en la sección Secretaría General, serie Visitas Generales, del archivo diocesano de Córdoba y se denomina Fundación de la obra pía e dispusisión de Juana de Morales, religiosa, y diligencias sobre el cunplimiento de la dicha despusision®. A partir de aquí, ampliando información tanto en las Visitas Generales como en los protocolos notariales de Aguilar de la Frontera, hemos podido situar la iniciativa en su contexto y reconstruir en una pequeña parte la vida y relaciones de sus protagonistas".
3. Las hermanas Morales, religiosas
Isabel, Marina y Juana de Morales aparecen en los documentos con el apelativo de religiosas, pero no se menciona convento, orden о regla. Residen enla vivienda familiar, viven de su trabajo y propiedades, intervienen en actos sociales y religiosos. No nos cabe duda de que las hermanas son beatas.
El fenómeno beato, originado en el Medievo en ciudades del Norte de Europa, alcanza un gran desarrollo en España entre los siglos XIV y XVI. Forma parte de una vasta corriente de espiritualidad renovadora que aspira a realizar los ideales evangélicos al margen de las instituciones eclesiásticas y se caracteriza por el protagonismo de los seglares, la oración personal, la vida interior y la presencia en el mundo. Esa espiritualidad animó un modo de vida abrazado particularmente por mujeres laicas en medios urbanos". Los estudiosos coinciden en destacar la importancia de la ciudad de Córdoba como uno de los principales focos del movimiento en España".
La condición de las beatas se contrapone a la de las monjas, pues sus votos -si los hacen- no son solemnes ni públicos como los votos monásticos, sino privados. Sus formas de vida son variadas y complejas: hay beatas que permanecen en el siglo, dedicadas a obras de misericordia; otras, en cambio, eligen el encierro, propio de emparedadas y recogimientos. Una de las más elementales clasificaciones distingue entre la vida en comunidad, en beaterios, y la vida autónoma, en su propia casa y sin clausura".
Los dos modelos están presentes en la villa de Aguilar. Desde mediados del siglo xv1 existía un beaterio en la ermita de San Antón"'. La fundación fue iniciativa del escribano Juan Álvarez y de su esposa Mari Núñez, quien tomó el nombre religioso de María de la Paz y vivió en el beaterio como «madre» o superior". Las recogidas de San Antón se dedicaban ala asistencia y reformación de «mujeres perdidas». La comunidad pertenecía a la jurisdicción del obispo de Córdoba, a cuya visita estuvo sujeta".
Las hermanas Morales, en cambio, podrían adscribirse a la segunda categoría de beatas, las de vida autónoma, pues nuestras fuentes no aluden a su casa como beaterio. La única referencia explícita en este sentido aparece en un codicilo otorgado en 1575 por Teresa Enríquez, hermana de la II marquesa de Priego, Catalina Fernández de Córdoba, aludiendo a «las Madres Beatas de Morales». La adopción de este género de vida рог mujeres de la familia Morales es anterior a esa fecha, como demuestran los registros bautismales de la iglesia mayor de Aguilar". En ellos encontramos desde mediados del xv1 como religiosas, madrinas en bautizos, a Maria de Morales (1548), Catalina de Morales (1549), Isabel de Morales (1549, 1550), Marina de Morales (1535-1578), Inés de Lucena (1560), Juana Ximénez Carrillo (1536) y Maria del Pino (1550). Todas ellas se pueden identificar como miembros de la familia Morales. Hay otras muchas madrinas religiosas en los Libros de Bautismo, lo que puede dar una idea del arraigo y prestigio del modo de vida beato en la Aguilar del quinientos'®.
Estas religiosas independientes no se distinguen de las demás mujeres seglares, salvo por su vestimenta y actividades. Suelen vestir «traje honesto», es decir, sin galas, de tejidos ordinarios y a veces de traza monjil, a modo de hábito religioso. Algunas beatas llevan el largo manto negro propio de las viudas del XVI. Sus actividades giran en torno a la iglesia y las obras de caridad. Gozan del respeto y reconocimiento de los vecinos y por ello aconsejan, intervienen y están presentes en sus vidas".
Es posible que tanto la fundación de San Antón como las numerosas beatas de la villa sean fruto de las misiones de San Juan de Ávila. Una y otras encajan a la perfección con el espíritu avilino - conversión, interiorización con apoyo de lecturas, protagonismo seglar, impulso a casas de recogidas y colegios- pero no hemos podido documentar la presencia o influencia en Aguilar del Apóstol de Andalucía'·.
Desde finales del siglo XV beatas y beaterios inician un proceso de institucionalización que transforma a muchos de ellos en conventos. Son variados los casos y los factores que explican esta conventualización. No cabe duda del decisivo impacto del Concilio de Trento que entendió la clausura como modelo único de la vida religiosa femenina". No obstante, otros beaterios y beatas independientes continuaron su existencia a lo largo de la Edad Moderna. Las manifestaciones de la vida beata en Aguilar de la Frontera que aquí analizamos tienen lugar cuando ya está en marcha este proceso.
4. La familia: los Morales y los del Pino
Hemos podido reconstruir parcialmente el entorno familiar de nuestras protagonistas a partir de tres fuentes principales: el Tratado Genealógico de Juan de Dios Franco y Areco, los protocolos notariales de Aguilar de la Frontera y el propio expediente de Fundación de la obra pía de Juana de Morales, del Archivo General del Obispado de Córdoba.
La obra de Franco y Areco, redactada a mediados del X1X, se basa en los protocolos notariales de Aguilar y viene a ser un catálogo de las casas, mayorazgos y familias notables de la villa. El Tratado Genealógico se ha utilizado como punto de partida y cotejado después con las escrituras concernientes a la obra pia de Juana de Morales del archivo diocesano. À partir de los datos obtenidos, hemos hecho algunas catas en los protocolos e indices de escrituras de Aguilar. La información resultante, aunque incompleta, proporciona los rasgos suficientes para situar a la familia en la sociedad aguilarense del quinientos.
Isabel, Juana y Marina de Morales son hijas de Martín García de Morales e Isabel". Hay otras dos hermanas casadas -María y Francisca- y por el testamento de Juana, hija de Isabel, sabemos que había también un varón llamado Martín.
María casó con Martín López del Pino, que era viudo y tenía dos hijos del primer matrimonio: Juan de Lucena, presbítero, y Fernán Gómez del Pino. Este casó a su vez con Francisca, también en segundas nupcias"'. María tuvo siete hijos: Diego Ximénez del Pino, Marina del Pino, Cristóbal del Pino, Isabel de Morales, Inés de Lucena, Ana del Pino y Martín López del Pino; Francisca solo tuvo hijas: Juana de Morales, Isabel de Morales, Leonor, Catalina y Marina de Morales.
Los siguientes datos pueden ser indicativos de la condición social de los Morales y del Pino:
* La presencia de algunos miembros de la familia en el cabildo municipal y la relación familiar con otros oficiales del concejo (matrimonios con hijas de regidores, por ejemplo)".
« Losoficios. Sabemos, por ejemplo, que un hijo de María, Martín López del Pino, era médico. Los maridos de otras dos de sus hijas, Isabel e Inés, eran labradores propietarios de tierras. Hubo al menos tres clérigos en la familia: Juan de Lucena, cuñado de Francisca; el vicario Diego Ximénez, hijo de María; y el nieto de esta, Martín López del Pino.
« Las propiedades conocidas a través de las escrituras. Destaca por su patrimonio el vicario Diego Ximénez del Pino, que posee veintidós aranzadas de viña, treinta y tres fanegas de tierra calma, un olivar y una huerta. Además de los objetos e instrumental relacionados con la actividad agraria -para elaboración y almacenaje de vino, vinagre y aceite, sobre todo- el inventario post mortem del vicario relaciona esclavos, un variado ajuar doméstico, abundante ropa de cama y personal, imaginería religiosa, un lienzo, varios objetos de plata, esteras moriscas, una cama con dosel, tabaqueras, guadamecíes, armas, un tablero de ajedrez, gualdrapas para enjaezar la caballería, un monocordio y una interesante biblioteca... signos de cierto refinamiento y bienestar". Acerca de las propiedades de los tres yernos de María Garcia de Morales solo disponemos de unas pocas referencias indirectas que se limitan a topónimo у aprovechamiento". A Martin de Córdoba Linares, esposo de Ana del Pino, perteneció un olivar en la Hormigosa, una haza en Navaluenga y otra en Mingo Lechín. En estos últimos pagos se hallan tierras de Miguel de Lucena Redondo, marido de Isabel. Por su parte, Alonso de Lucena, casado con Inés, tuvo olivar en la Senda Blanca y haza también en Mingo Lechín. Hay que indicar que la dispersión parcelaria es característica del terrazgo altocampiñés, por tanto, la propiedad de fincas dispersas con diferentes aprovechamientos no permite deducir la condición grande, mediana o pequeña de su propietario.
La información precedente, aunque escasa y fragmentada, permite a nuestro juicio situar a los Morales y del Pino como una familia de mediana posición que intenta su promoción social mediante enlaces matrimoniales y, sobre todo, por la carrera eclesiástica de algunos de sus miembros. Sorprende el doble matrimonio de las hermanas María y Francisca con Martín López del Pino y con su hijo Fernán Gómez, respectivamente. La endogamia se aprecia también en la frecuencia de los apellidos Lucena, Ximénez y del Valle entre los consortes. Es llamativa así mismo la abundancia de mujeres. Este «excedente femenino» podría tener relación con la elección de la vida religiosa". Por otra parte, hasta que Teresa Enríquez funda el monasterio de clarisas de la Coronada en 1566, la única opción de vida religiosa en Aguilar era la no regular de las beatas. En la familia Morales y del Pino hay varias generaciones de ellas: primero, las hermanas Juana, Isabel y Marina de Morales; después, sus sobrinas Juana de Morales, hija de Francisca, y María del Pino, hija de María; y, en la siguiente generación, María del Pino.
5. El proyecto de Juana de Morales y su fracaso
El 20 de noviembre de 1562 Juan Yanes, rector de la iglesia mayor de Aguilar, dona las casas de su morada a Isabel y Juana de Morales, religiosas, para que con las rentas sostengan un monasterio o emparedamiento que han de erigir en las que ellas habitan". La casa de Yanes se sitúa «de la cerca adentro», es decir, dentro del recinto amurallado de Aguilar, la parte más alta de la villa. La propiedad ha de permanecer indivisa y sin posibilidad de enajenación, quedando libre solo si, ya fallecidas ambas hermanas, el monasterio o emparedamiento no se ha erigido aún. Juana e Isabel viven en la calle del Castillo, casi enfrente del rector. La escritura de donación indica que ellas habían labrado en su propia casa «una pieca ques sala baxa y abierta ala calle en forma de yglesia», acaso con intención de destinarla al culto.
El rector fallece un día después de la donación. El testamento, otorgado en el mismo día, manifiesta su amistad con el escribano Juan Álvarez, fundador del recogimiento de San An tón, que es testigo y uno de los dos albaceas". Dispone Yanes ser sepultado en San Antón y que allí se celebren las misas solemnes, novenario y aniversarios por su ánima. Las recogidas son destinatarias de limosnas para alimentos y vestuario, además de un Crucificado de bulto.
Juana e Isabel son mencionadas en dos ocasiones. La primera en una manda: «Yten mando a Juana de Morales y Isabel de Morales un retablo grande de la imagen de Nuestra Senora de los Güérfanos»; la segunda, en la cláusula final que confirma la donación de la casa.
Escritura de donación y testamento evidencian que las Morales tienen un proyecto fundacional aún no definido que el rector conoce y ha decidido apoyar, aportando la casa y el retablo y estableciendo condiciones para asegurar su cumplimiento y duración. Deja a elección de las hermanas Juana e Isabel la concreción del modo de vida. Detalle revelador del carácter de la futura fundación es la rara advocación del retablo, ya conocida en Córdoba como titular de una institución asistencial: el hospital de Santa María de los Huérfanos и hospital de los Ríos".
Volvemos a tener noticias de las hermanas en los codicilos del testamento de doña Teresa Enríquez de Córdoba, en agosto de 1575". En el quinto codicilo manda 3 000 maravedís a Pascuala «que está en casa de las Morales, religiosas de la villa de Aguilar»; en el sexto, «las Madres Beatas de Morales» reciben 6 000 maravedís con el encargo de que tengan en casa y cuiden hasta que tome estado de matrimonio a María Magdalena, hija de una esclava morisca de doña Teresa". Por consiguiente, en este momento las hermanas Morales ejercían la caridad ofreciendo hospitalidad a mujeres necesitadas de protección.
En 1582 Juana viaja a Madrid para obtener del nuncio una bula que le autorice a fundar un colegio de niñas. Allí cae enferma, seguramente por la epidemia de peste, y muere, habiendo otorgado testamento el día 8 de diciembre'. En él deja todos sus bienes muebles y raíces para el cumplimiento de la fundación. Manda que el colegio se haga en sus casas de la calle del Castillo. Determina las enseñanzas que han de recibir las niñas: leer, doctrina cristiana y labrar. Su intención no es proporcionarles subsistencia, sino solo instrucción. Nombra un patronato o hermandad cuya función es asegurarse de que se enseñe buena doctrina y seleccionar a las niñas". Los patronos serán, por una parte, el vicario y capellanes de la iglesia de Aguilar; por otra, el caballero Sancho Tafur y Pedro Gómez de Medellín, en quienes pone toda su confianza para realizar la obra pía". Juana dice que ha conseguido la bula y pide encarecidamente a sus hermanas religiosas, Isabel y Marina, -«pues а mí me a costado la bida el sacar la dicha bula»- la entreguen al vicario para que este la presente al obispo de Córdoba.
Por último, manda pagar doce ducados a Pascuala de la Cruz: «y mando que a la dicha Pasquala de la Cruz la tengan todos los días de su bida en la dicha mi casa sin echarla della». Nombra como albaceas a Elvira Ordóñez y al señor Cristóbal, que han estado con ella en Madrid, y a su hermana María García de Morales.
El testamento no menciona la forma jurídica o institucional de las religiosas. Solo se ocupa de asegurar la fundación de un colegio de niñas, empeño relevante en una sociedad que solía considerar superflua la instrucción de las mujeres. El vicario y capellanes de la iglesia mayor, son los encargados de procurar se enseñe buena doctrina. En cuanto a la lectura, en los beaterios se acostumbraba a hacer en común, y en casa de las hermanas había una biblioteca de contenido religioso, que es objeto de este estudio. Juana y Marina no firman las escrituras; otra persona lo hace por ellas, pero podrían ser capaces de leer, algo que, al parecer, era relativamente frecuente entonces".
Otra cosa es el labrar, término referido aquí a coser y, en general, al arte textil en el que las beatas de Aguilar debían ser verdaderas maestras y que constituía su principal medio de subsistencia. Dos documentos informan de ello. Primero, el examen de las cuentas de la parroquia, en las Visitas Generales; y, segundo, el inventario post mortem de los bienes de Isabel de Morales.
En la visita realizada en mayo de 1577 se registran en las cuentas varias partidas de descargo que mencionan a beatas: una, del pago de 2 295 maravedís a Marina de Morales, religiosa, «por tres casullas de Пепсо con cenefas e tiras labradas, por hechura e hilo de otras cinco casullas que hizieron e de las guarniciones de cinco albas de lienco e hechura de dos paños»; y otra partida, de 15 338 maravedís a Isabel de Morales, religiosa, por el lienzo, hechura y aderezo de tres albas para el servicio de la iglesia, cinco mesas de manteles, además de lienzo, hechura e hilo empleados en sobrepellices para los sacristanes y acólitos". En la revisión de cuentas de la visita de 1591 aparece un descargo de doce reales pagados a Ana de Lucena por hechura e hilo de unos sobrepellices.
Por otra parte, el inventario post mortem de Isabel de Morales (junio de 1584) menciona fibra textil e instrumentos utilizados en el hilado y el tejido: dos libras de algodón en pelo, ocho ovillos de estopa, tres libras de lino en peso, diecisiete varas ya urdidas de paño blanco, nueve libras de lana hilada, dos libras y media de sedeñas de estopa, una libreta de estopa en pelo, dos torcedores de holanda, un telar para lienzo, otro para lienzo otiradizo, tres rastrillos, dos hurdideros, diez peines y cuatro astillas·.
En conclusión, las beatas Morales realizan en su casalas principales fases del oficio textil: la preparación de la fibra, el hilado, el tejido y la confección. La parroquia es probablemente su principal cliente. Este oficio les permite gozar de independencia económica, incluso invertir en tierras, censos y casas. Por ejemplo, Juana declara en su testamento que compró de Juan Barba las casas de la calle del Castillo; Isabel adquirió otras casas colindantes con estas y Juana de Morales la sobrina, hija de Francisca de Morales y de Fernán Gómez del Pino, beata también, compró dos olivares, uno en la Senda Blanca y otro en la Hormigosa".
Conocida en Aguilar la muerte de Juana en 1582, la familia se presenta ante la justicia de la villa pidiendo se haga inventario de los bienes. El alcalde ordinario así lo ordena y nombra depositarios al sobrino Diego Ximénez del Pino, vicario, y a los sobrinos politicos Martín de Córdoba Linares y Miguel de Lucena Redondo.
Entre 1583-1584 fallecen dos hermanas de Juana: primero, María García de Morales, que era su albacea; luego, Isabel. Esta muere sin hacer testamento. En el inventario de sus bienes, realizado a finales de junio de 1584, se encuentran las casas donadas por el rector Juan Yanes. Hay otras dos casas, dos piezas de tierra -una de tres aranzadas de viña y olivar y otra de cinco aranzadas de viña- y seis censos redimibles que reúnen un capital de 94 000 maravedís·S; también se menciona vino almacenado y catorce tinajas de vino con capacidad para trescientas ocho arrobas. Entre los enseres domésticos hay pocos objetos de lujo: un guadamecí, broches de plata y algunas porcelanas. Más los útiles y fibras textiles ya expresados, indicativos de la principal ocupación de las Morales. Aparte de esto, el inventario menciona catorce libros, objetos litúrgicos y una notable imaginería religiosa:
Una ymagen de la hechura de Nuestra Señora del Socorro en talla labrada; un retablo en tabla de la hechura de Santo Domingo; otro retablo en tabla de la hechura de un crucifijo dorado; otro retablo en tabla de la Madalena; un libro de las Espístolas de San Gerónimo; un misal cordobés antiguo; otro libro de Epístolas y Evangelios; Las Décadas de Tito Libio en romance; la segunda parte del Bita escripto en romance; un libro de la Bida de San Francisco; un Brebiario cordobés; otro brebiario cordobés; otro libro del Memorial de la Bida Cristiana mediano; otro libro pequeño que se dice de la bida espiritual; un libro pequeño de Menosprecio del mundo; un libro pequeño que se dize Reglas e Brebe de la bida Cristiana; otro libro de la subida del Montesión; una hechura de madera del señor San Antonio; otra hechura de madera de un Niño Jesús; otra hechura de otro Niño Jesús; otra hechura de otro Niño Jesús pequeño; otra hechura de Santo Domingo; otra hechura de un Niño Jesús con un joyel pequeño; la hechura de un Cristo con su cruz; la hechura de otro crucifijo pequeño en una cruz negra; la hechura de un Niño Jesús pequeño; un cáliz de plata con su patena; unos corporales [...); una hechura de una imagen con su crucifijo y el dicho lienzo con su bastidor; una cruz pequeña para un Niño Jesús.
Más adelante menciona «un libro llamado Monte Calvario» que completa la citada biblioteca.
La iconografía de Nuestra Señora del Socorro suele representar a la Virgen de pie llevando al Niño en un brazo; con la otra mano sostiene un palo o una espada, amenazando a un demonio que está a sus pies, mientras uno o dos chiquillos se arriman a ella en busca de defensa". Es fácil, por tanto, que el escribano identificara como Nuestra Señora del Socorro a la imagen de Nuestra Señora de los Huérfanos que el rector Yanes legó en su testamento a Juana e Isabel, pues la actitud protectora caracteriza a ambas advocaciones y la del Socorro es, sin duda, más popular. Hay tres retablos dedicados a Santo Domingo, la Magdalena y el crucifijo; un lienzo del Crucificado y dos tallas, Santo Domingo y San Antonio. Todas ellas responden, más que a un programa iconográfico, a devoción particular. Nos las figuramos dispuestas en aquella «pieça ques sala Баха y abierta a la calle en forma de yglesia» que las hermanas habían obrado en su casa. Aunque el inventario no menciona capilla o iglesia, la presencia de cáliz, patena y corporales hace pensar que alli se celebraba misa 0, al menos, esa era la intención cuando se proyectó la fundación.
Comentario aparte merecen las cuatro tallas que representan al Niño Jesús y que pueden relacionarse con una arraigada costumbre conventual: la ceremonia de toma de hábito, es decir, la recepción al noviciado, solía efectuarse en muchas clausuras españolas ante una imagen del Niño Jesús y era frecuente que cada religiosa tuviese consigo su propio Niño, para devoción personal". Esto significaría que en casa de las Morales había entonces cuatro beatas. En efecto, a la muerte de Isabel de Morales vivian allí otras tres mujeres.
El escribano deja constancia de su juramento: «Y fecho el dicho ynbentario el dicho señor alcalde rescibió juramento en forma de derecho de Marina de Morales y Juana de Morales y María Ximénez, so cargo del qual les preguntó si saben de otros bienes que la dicha Ysabel de Morales dexase e si saben dónde están e si los encubren. E las susodichas so cargo del dicho juramento dixeron que no saben de otros bienes que la dicha Ysabel de Morales dexase ni los an receptado y encubierto».
Marina de Morales es hermana de Isabel y Juana. Aparece en los Libros de Bautismo como madrina y religiosa desde 1535, aunque no es destinataria de la donación del rector Yanes. En 1584 tenía ochenta años y sobrevivió a sus hermanas Francisca, Juana, María e Isabel. La otra Juana de Morales es su sobrina, hija de Francisca y de Fernán Gómez del Pino. Más difícil es asegurar la identidad y parentesco de María Ximénez, aunque en la familia hay varias mujeres con ese nombre. Cuando se hace el inventario está presente otra religiosa: María del Pino, que creemos sobrina de la difunta, pero ella no presta juramento, posiblemente porque no vive con las demás.
La casa de Juana e Isabel es ahora una especie de beaterio familiar con una capilla o iglesia bien dotada de retablos e imágenes y una biblioteca de carácter espiritual a uso de las beatas, pero nada indica en el inventario que se hayan dado los pasos para la fundación del colegio.
Así siguieron las cosas hasta que el 13 de enero de 1588, en el curso de la visita eclesiástica a las iglesias de Aguilar, Sancho Tafur y Pedro Gómez de Medellín, patronos elegidos por Juana para fundar el colegio, denuncian ante el visitador el incumplimiento del testamento". Dicen que ha dejado bienes competentes, que recibió una donación del rector Juan Yanes y obtuvo una bula del nuncio, lo que «le costó la vida». Quieren que el visitador «apremie con todo rigor de derecho a Martín López del Pino clérigo, y a los herederos depositarios de los dichos bienes de los susodichos y de Diego Ximénez del Pino, vicario que fue de la yglesia mayor de esta dicha villa, en poder de quien están los dichos testamento, bula y donación», les obligue a presentar las escrituras para depositarlas en persona «lega, llana y abonada» y a dar cuenta de los bienes con sus corridos".
El visitador, doctor Lope de Ribera, ordena a Martín López del Pino que muestre el testamento de Juana y manda al escribano Jerónimo Rodríguez, sacar copias y presentar la escritura de donación del rector Juan Yanes. Al día siguiente ordena al vicario de la iglesia mayor hacer inventario de los bienes que dejó Juana de Morales para adjudicarlos al futuro colegio. Pero el vicario tarda nueve días en presentarse en casa de Marina, quien bajo juramento «dixo que lo que sabe deste caso es que después que se dixo en esta villa que la dicha Juana de Morales, su hermana, avía sido muerta en Madrid, tiene por cierto esta que declara que la Justicia seglar desta villa por ante Gerónimo Muñoz, escrivano público della, hizo ynventario de todos los vienes que fincaron y quedaron por fin e muerte de la dicha Juana de Morales su hermana y cree se depositaron por la dicha Justicia». Le pregunta si sabe qué bienes fueron de Juana y ella dice que «tiene noticia de algunos vienes que fueron de la susodicha y no los declara aquí por entender como entiende questán ynventariados». Ante la actitud poco colaboradora de Marina y entendiendo que hay un inventario ya hecho, el visitador manda al escribano Jerónimo Muñoz, en cuyo oficio suponen está el documento, sacar una copia y entregarla a Pedro Gómez de Medellín. Aquí terminan las diligencias de 1588, sin noticia del testamento de Juana ni del inventario de sus bienes.
En enero de 1590 el doctor Lope de Ribera vuelve a Aguilar en visita eclesiástica dispuesto a hacer cumplir la última voluntad de Juana de Morales. Así que ordena a Miguel de Lucena y a Martín de Córdoba, los depositarios de los bienes, que en el plazo de dos días y bajo pena de excomunión mayor, exhiban los bienes y escrituras en su poder. Por fin presentan el testamento de Juana. Tras su examen, Lope de Ribera concluye: «los bienes y hazienda de la dicha Juana de Morales están en poder de otros terceros, principalmente en poder del bachiller Martyn del Pino, los quales dizen que a su parescer de los parientes lo quieren conmutar en capellanya por parescerles ques más útil y provechoso quel colegio que la dicha testadora funda, lo qual es sin fundamento pues no se puede ny deve mudar la voluntad de los testadores». El doctor Ribera insiste, ordenándoles manifestar los bienes que tienen en depósito bajo pena de excomunión.
Martín López del Pino y su tío Martín de Córdoba apelan el auto del visitador. Ya no pueden dilatar más el proceso y se ven obligados a revelar el empleo que la familia ha dado a los bienes del colegio. Este, según ellos, «no se debe hazer porque la dicha disposición no puede cómodamente tener efecto por no ser los bienes que la susodicha dexó bastantes para ello y por otras munchas causas que concurren por las quales, de consentimiento y voluntad de todos los erederos de la dicha Juana de Morales a quien abintestato pertenecían sus bienes, se fundó y hizo un vínculo de los Bienes que así dexó, que fueron dozientos mil maravedís, para que un clérigo de su linaje lo tuviese y dijese por su ánima cinquenta misas cada un año, el qual yo, el dicho Martín López del Pino, tengo en la dicha forma y, atento aver estado en litigio los dichos bienes en la chancillería de Granada por demanda de María de Morales, que pretendía pertenescerle, no se a podido pedir confirmación y authoridad de su señoría el obispo de Córdova».
El visitador conoce el testamento, pero ellos se obstinan en afirmar que Juana falleció ab intestato. En cuanto a la suficiencia de los bienes para la fundación del colegio ¿cómo iba a valorarla el visitador sin conocer el inventario? No podían responder a sus requerimientos porque maliciosamente incumplieron la voluntad de la difunta, dotando con su patrimonio un vínculo de misas en beneficio del sobrino clérigo, que ahora se atreve a pedir la autorización episcopal para legitimar el desafuero.
El doctor Ribera ordena que Martín López del Pino declare bajo juramento in verbo sacerdotis acerca del testamento de Juana. Sobre el testamento da una respuesta evasiva: «Preguntado si sabe o a benydo a su noticia que hizo testamento enla villa de Madrid en el qual mandó su hazienda para que se hiziese un colegio de nyñas para que se mostrasen en él las buenas costunbres como en el dicho testamento se contiene y otras cosas, dize se remite al testamento que la susodicha hizo». Confiesa que el patrimonio que dejó Juana de Morales está en su poder y ha percibido sus rentas desde el día 15 de febrero de 1585, en que Marina de Morales y sus sobrinas también religiosas, Juana de Morales y Marina de Morales la Moza, otorgaron a su favor una escritura de vínculo con carga de misas por el ánima de Juana, «y así con el dicho título, supuesta la voluntad del prelado a quien se abían de pedir dispensación por la más utilidad que les parecía esto que no el dicho colegio de nyñas»·.
El doctor Ribera pide de nuevo las escrituras que faltan y exige el cumplimiento del testamento, pero en solo tres días el caso da un giro inesperado. Martín López del Pino otorga una escritura en que desiste y se aparta de cualquier derecho que pudiera pertenecerle como beneficiario del vínculo instituido por los supuestos herederos de Juana y pide al visitador que adjudique los bienes al colegio. El documento relata la sucesión de los acontecimientos desde que en Aguilar se supo de la muerte de Juana. Fue su sobrino el vicario Diego Ximénez del Pino quien urdió el medio para que el patrimonio de la difunta quedase en la familia: instituyó un vínculo de misas, le adjudicó los bienes de Juana - «рогдие se entendió en esta villa por los deudos y parientes de la dicha Juana de Morales que la susodicha abía muerto abintestato y sin hazer testamento»- y nombró a su sobrino Martín López del Pino para sucederle en él. Para ello obtuvo un poder de los otros supuestos herederos. Era preciso cuestionar el testamento, pero esto hubiera sido difícil en vida de María García de Morales y de Isabel. La primera porque era albacea; la segunda, porque participaba del proyecto fundacional. Isabel falleció en junio de 1584; para entonces, ya había muerto María. Quedaba otra hermana religiosa, Marina, y esta no parecía muy dispuesta a aclarar al visitador qué había sido de los bienes de su hermana. Aun así Marina no está entre los firmantes del poder a favor de Ximénez del Pino y en agosto de 1584 vendía a sus sobrinas religiosas su parte en las casas que tenía de mancomún con ellas".
El visitador aprobó la escritura de desistimiento y dio por libres a Martín de Córdoba y a Miguel de Lucena como depositarios, por una parte; por otra, a los bienes del vicario Diego Ximénez del Pino; y finalmente exoneró a Martín López del Pino de pagar rédi tos por los frutos de estos cuatro años «por quanto el dicho licenciado Martín López a informado a su merced que los frutos que a abido hasta oy de los bienes que por la dicha escritura se adjudican al dicho colegio an sido pocos y los a gastado en defensa e reparos de los dhos bienes».
Lo más insólito es que en su auto de 4 de febrero el doctor Ribera nombra a López del Pino depositario y cobrador de los bienes de Juana, facultándole para administrarlos, y este juró «husar de dicho oficio de cobrador y admynystrador de los bienes de la dicha Juana de Morales que en esta causa están ynbentariados bien y fielmente. Y se obligó de dar quenta con paga cierta y verdadera y tener libro de rescibo y gasto con día, mes y año. Y dar quenta dellos como dicho es al perlado о a quien con su licensia lo obiere de dar».
La familia reitera al visitador que no había recursos suficientes para dotar un colegio. Lo cierto es que entre los documentos incorporados al expediente no está el inventario post mortem de Juana y que sus bienes solo se conocen por la relación que de ellos hace Martín López del Pino, su beneficiario y primer interesado en que el colegio no salga adelante.
Es posible que el visitador se rindiera ante la evidencia de que el colegio era inviable sin respaldo económico. Y en cuanto al respaldo humano, ya no vivían las promotoras del proyecto y sus sobrinas religiosas posiblemente no participaban de él, aspirando solo a preservar su modo de vida independiente, pues no se explican de otro modo los poderes que dieron al vicario Diego Ximénez para disponer del patrimonio de Juana.
6.- La biblioteca
Los estudios sobre la historia de la lectura y las bibliotecas en España gozan ya de una tradición lo suficientemente consolidada como para evitarnos tener que formular un prefacio en el que tenga que justificarse la razón de ser de nuestro trabajo. Desde, al menos, la segunda mitad del siglo pasado viene desarrollándose esta línea de investigación, cuyos resultados nos permiten disponer de una visión de conjunto, incompleta, sin duda, pero con bases bien fundamentadas".
Por diferentes circunstancias, no todas las zonas geográficas cuentan con estudios sobre el libro y su lectura en la Edad Moderna. Si exceptuamos la ciudad de Sevilla, a cuyas bibliotecas particulares se han dedicado trabajos excepcionales, el panorama en el sur peninsular es bastante yermo. Y en referencia a Córdoba, todo se reduce a 11 bibliotecas, relevantes, sin duda, en su singularidad, pero que no pueden llenar el inmenso vacío docu mental". ¿Documental? No estamos, desde luego, en situación de afirmarlo. Solo después de rastreos sistemáticos en un número significativo de fuentes documentales podremos saber si la penuria que padecemos debe atribuirse a una singular escasez documental 0 a que no se ha llevado a cabo aún un intento suficientemente sólido para su reconstrucción. Nos inclinamos más bien por la segunda hipótesis. De ahí que cualquier aportación sobre nuevas bibliotecas particulares en nuestro ámbito geográfico tenga, quizá, una relevancia comparativamente mayor que otros de zonas ya ampliamente estudiadas.
El estudio de una biblioteca femenina supone, además, un interés añadido, dado que el número de bibliotecas de mujeres que conocemos es bastante limitado, a pesar de los trabajos que van acrecentando paulatinamente la bibliografía sobre el tema.
Las hermanas Morales tenían en la casa que compartían los siguientes libros:
£ 24r.
(1] Un libro de las epístolas de San G[eréni]mo.
Epistolas del glorioso doctor sant Hieronimo, traducidas por Juan de Molina. La primera vez editadas en Valencia, por Juan Jofre, en 1520· (Bosch 111; MA2, 836; TV 202), con hasta 8 ediciones a lo largo del siglo en las imprentas de Jorge Costilla (Valencia 1526; Bosch 144; TV 249), Juan Varela de Salamanca (Sevilla 1532; Castillejo 196), Juan y Jácome Cromberger (Sevilla 1537, 1541, 1548; Griffin 407, 453, 520) y Pedro de Santillana (Burgos 1554; Fernández Valladares 437) (PG2, 599-606).
Estas epístolas están dirigidas por su traductor, Juan de Molina, a Doña María Enríquez de Borja, duquesa de Gandía y luego abadesa de santa Clara de Gandía. Para Cátedra & Rojo (2004, 88) se trata de una lectura femenina de larga duración, pues la última edición, como acabamos de ver, es de 1544. También lo corrobora el arco cronológico de las mujeres de Valladolid que las tenían en su biblioteca: Juana de Ulloa (;?, 6 libros, 1546; C&R 222, [2]); Isabel de Santisteban (hija del comendador Francisco de Santisteban, 67 libros, 1548; C&R 233 [49]); Isabel de Benavides (viuda de Pedro de Aranda, banquero, 18 libros, 1573; C&R 298 [4]); Juana de Gatos (viuda. del licenciado Alonso de Torres, 61 libros, 1588; C&R 353 [30]); Catalina de Sámano (monja, 60 libros, 1595; C&R 380 [36]); María de Avalos y Toledo (madre del maestresala de la duquesa de Medina de Rioseco, 12 libros, 1597; C&R 384 [12]); Luisa Enríquez (viuda de Francisco de Fonseca, señor de Coca y Alaejos, 45 libros, 1598; C&R 387 [5b]). También las encontramos en dos bibliotecas femeninas sevillanas: Elvira de Guzmán (mujer de Luis Manuel de León, 24 de Sevilla, 64 libros, 1548; PG1 275; AM4 507); María Niño (3 libros, 1553, PG1 272; РСЗ 49).
Uno de los libros preferidos en las bibliotecas femeninas madrileñas (PB II, 471). Aparece en la de Ana Manrique (condesa de Puñonrostro, 103 libros, 1616; РВ II, 482 [86)).
Lo encontramos, además, en las siguientes bibliotecas masculinas":
Sevilla: ·Pedro de Medina (clérigo, 29 libros, 1539; PG1, 272; PG3, 43); Juan Gómez (clérigo, 26 libros, 1548; PG3, 47); Alonso Gómez de la Serna (mercader, 22 libros, 1550; Maillard 313, bibl. 7); Bernardo de Sopranis (clérigo, 41 libros, 1552; Maillard 313, bibl. 34); Alonso Hernández Infante (teniente de alcalde mayor, 741 libros, 1557; AM4 230; 267 [735]; Blas de Gaeta (sacerdote, ca. 51 libros, 1560; Maillard 313, bibl. 53); Gonzalo de las Casas (licenciado, 174 libros, 1583; Maillard 313, bibl. 256); ·Francisco del Valle (presbítero y boticario, 284 libros, 1598; AM4, 446 [162], y pasó al licenciado Agustín Quijada); Dr. Cristóbal Franco de Ribadeneira (abogado de la Real Audiencia, 137 libros, 1600; Maillard 313, bibl. 320); Diego Díaz (carpintero, 7 libros, 1600; Maillard 313, bibl. 321).
Barcelona: Joan Llatzer Magi de Vallselm (doncel, armario con libros, 1587; P2, 336). Las Epístolas de San Jerónimo alcanzaron una amplia difusión entre eclesiásticos pero también entre notarios, mercaderes y juristas de Barcelona. El librero Pau Cortey (1572) disponía de todas las obras de San Jerónimo (P2, 362).
Madrid: ·Pedro Fernández de Castro (conde Lemos, 59 libros, 1606; PB II, 74 (8]); "Fernando de León (clérigo, licenciado, 197 libros, 1599; PB II, 121 [132]); ·Diego de Acuña (gentilhombre de cámara de S. M., 1486, 29 libros; PB II, 206 [6]); "Diego López (médico y cirujano de S. M., 1597, 59 libros; PB II, 249 [19]); ·Francisco Álvarez de Garay (maestro, 285 libros, 1628; PB II, 289 [180]); ·Alonso Carrión (platero de oro, 54 libros, 1609; PB II, 375 [3]).
También está ampliamente documentada su presencia en las librerías: Sevilla, Jacobo Cromberger: «64 Epístolas de Sant Gerónimo»; «24 Epístolas de San Gerónimo en romance»; «8 epístolas de San Hierónymo»; «36 Epístolas de S. gerónimo»; «2 Epistolas de San Hierónimo» (AM3, II, 1, 132, 162, 164, 167, 168).
Las Epistolas del glorioso doctor sant Hieronimo ocupan en esta biblioteca aguilarense el espacio habitualmente reservado en las bibliotecas de la época a los Padres de la Iglesia. Se presenta esta obra «como un manual de lectura espiritual ordenado en 5 libros y estancas sobre el estado común del cristiano, los prelados, la vida eremítica, el matrimonio y la sancta biudez'» (Pérez Priego 1981, 36). «El bachiller Molina se nos muestra como un avezado traductor de oficio, como un hábil romanceador, todavía apegado a los hábitos medievales de traducir ... concibe la traduc ción ... como una pura actividad vulgarizadora, como un vehículo de transmisión y expansión cultural, con el único propósito ... de publicar y sacar a la luz lo que muchas vezes hallo escondido y estrañado de los buenos, haziéndolo familiar para que todos lo alcancen, lean, gozen y entiendan» (Pérez Priego 1981, 39-40).
[2]Un misal cordobes antigo.
Missale Cordubensis Ecclesiae..., Cordubae, opera vigilantissima Simonis Carpintero typographi... [et] Alexi cardeña sociorum ... 1561. Die vero xxviij Septembris (Valdenebro 5).
«Los hábitos femeninos de lectura vienen profundamente marcados por las prácticas de rezo» (Maillard 156), de ahí que las Horas, los Breviarios y los Misales sean los libros litúrgicos más habituales en las bibliotecas femeninas (Jiménez Moreno 638639; Rojo, 573-574; AMI, 25; Maillard, 156-157), alcanzando los libros litúrgicos un 38,2% de los libros leídos por las mujeres de Valladolid (C&R 118-119).
Juan Cromberger tenía en su tienda «Un Misal cordoués» (AM3, IL1, 168)).
[3]Otro libro de Epístolas, ebangelios.
Epistolas y euangelios por todo el año con sus doctrinas y sermones de la correccion de fray Ambrosio Montesino.
Conoció esta obra nada menos que 21 ediciones desde 1506 a 1558 (РС2, 88108), lo que lo convierte en el segundo libro de autor franciscano más editado antes de 1560, tras el Espejo de Consolación de Juan Dueñas (PG2, 35-36).
Lo encontramos en las siguientes bibliotecas femeninas de Valladolid, en las que ocupa un lugar destacado (C&R 153): "Isabel de Salazar (hija de procurador, beata, 1 libro, 1536; C&R 216 [1)); Francisca de Torquemada (viuda de mercader, 3 libros, 1537; C&R 218); Mari Alfonso (hija de zapatero, 2 libros, 1543; C&R 220-221); Catalina de Movilla (dueña, 8 libros, 1548; C&R 237); "Marina de Guevara (hija de Julián Reinoso, alguacil del 5. O., 25 libros, 1549; C&R 241 [11]); Ana de Requejo y Ana Aranda (2 libros, 1557; C&R 260); Juana de Bazán (esposa de Alvaro de Bazán, 10 libros, 1558; C&R 262); Gabriela Sanz o Sánchez (viuda de platero, 29 libros, 1558; C&R 264-265); ·Eufrasia de Arteaga (viuda de escribano y receptor de Chancillería, 15 libros, 1558; C&R 270 [15]); Úrsula de Mendoza (monja, 6 libros, 1567; C&R 284); Francisca Herrera (viuda, 12 libros, 1594; C&R 371); ·Luisa Enríquez (viuda de Francisco de Fonseca señor de Coca y Alaejos, 45 libros, 1598; C&R 386 [38]); "Francisca Pérez (viuda de Pedro Pascual, barbero y cirujano, 11 libros, 1599; C&R 398 [11]). La presencia de textos bíblicos en bibliotecas femeninas en general y de Valladolid en particular no es grande (3,40%), pero sí la de libros como las traducciones de las Epistolas y Evangelios de Montesino y su traducción de la Vita Christi del Cartujano, que encontraremos más delante en este inventario (C&R 153-154).
Lo encontramos en las siguientes bibliotecas de Sevilla: ·Elvira de Guzmán (esposa de caballero 24, 64 libros, 1548; AM4, 507); ·Beatriz de Loaysa (4 libros, 1550, AM4, 500); ·Catalina de Casteñeda (1 libro, 1553; РСЗ, 49); ·Maria Niño (3 libros, 1553; РСЗ, 49); "Ruy López (criado de don Jorge de Portugal, 22 libros, 1519; AM4, 339); · Alonso Álvarez de Carmona (mercader, 3 libros, 1534; РСЗ 40); ·Pedro de Medina (clérigo, 29 libros, 1539; PG3 43); ·Alonso Hernández de Ribera (mercader, 3 libros, 1548; PG3, 46); ·Diego Hernández (notario de la mesa arzobispal, 3 libros, 1555; AM4, 244).
Lo hemos localizado en las siguientes bibliotecas de Madrid: ·Fernando de León (clérigo, licenciado, 197 libros, 1599; PB II, 121 [133]); "Magno Lucenberg (agente de negocios, 1602, 24 libros; PB II, 316 [5]); Francisco Moreno (guantero de la Reina, 1627, 399 libros; PB II, 426 [363]).
«El libro se dirigía ... a los muchos clérigos que ignoraban el latín y asimismo a los fieles de piedad ilustrada que de ese modo podían leer y meditar, antes de la misa, el evangelio y la epístola del día» (Bataillon 1966: 46). Además de esta amplia difusión, estas Epistolas y euangelios por todo el año con sus doctrinas y sermones de la correccion de fray Ambrosio Montesino fueron un libro de lectura doméstica femenina en romance del Nuevo testamento (C&R 126, 153). La Biblia, fuera del ámbito eclesiástico, no solía leerse en el texto latino original, sino a través de romanceamientos.
El que más difusión alcanzó fueron estas Epistolas y Euangelios para todo el año, que llegó a ser uno de los libros espirituales más editados en el 5. xvi (PG2 63-4; 295-6)··, hasta que el Indice de 1559 prohibió cualquier traducción de la Escritura en lengua vulgar (Bataillon 1966: 45-46).
[4] Las Décadas de Tito Libio en romance.
Puede tratarse de Las Decadas de Tito Livio en la traducción de Pedro López de Ayala, traducción castellana de la versión francesa de Pierre Bersuire" o bien de Todaslas décadas de Tito Livio Paduano, que hasta el presente se hallaron y fueron impresas en latín, traduzidas en Romance Castellano agora nuevamente reconoscidas y emendadas y añadidas de más libros, sobre la vieja traslación, Anveres, en casa de Arnoldo Byrcman, 1553. Es una reimpresión del Tito Livio de fray Pedro de Vega, publicado en Zaragoza por Jorge Coci en 1520", a la que se habían añadido los cinco primeros libros de la quinta década, descubiertos recientemente y traducidos en primicia por Francisco de Enzinas".
Tito Livio no era una lectura habitual de mujeres. Solo hemos encontrado las Décadas en cuatro bibliotecas femeninas, todas ellas nobiliarias: en la cordobesa de Isabel Fernandez de Mesa (1494) (Cabrera 1998, 401), en las vallisoletanas de Dona Beatriz de Castro, condesa de Lemos (1570), que tenia tres cuerpos de las Décadas «de mano» (C&R 293, 42-44) y de Doña Teresa de Zúñiga y Guzman, duquesa de Béjar, que adquirió en 1544 dos ejemplares en la almoneda de su esposo, Francisco de Zúñiga, IIT Duque de Béjar (C&R 74), y en la sevillana de Elvira de Guzmán (esposa de caballero 24, 64 libros; AM4, 506).
Otras bibliotecas sevillanas en las que aparecen «las décadas de Tito Livio en romance»: Gonzalo Cerezo (alguacil ciudad de México, muerto en Sevilla, 39 libros, 1568, AM4, 341); Gonzalo Martel (noble caballero, 153 libros; AM4, 456, 464 [28]); Juan Pérez Cisbón (mercader, 8 libros, 1525; AM4, 477); Joan Banherpe (mercader flamenco, 1592, 11 libros; AM4 479); Pablo Alonso (jurado, 10 libros, 1567; AM4, 356-357 [3-4)).
Livio es el tercer historiador más presente en las librerías particulares barcelonesas, tras Salustio y Valerio Máximo, con 17 ejemplares en bibliotecas de la primera mitad de siglo y otras 17 en la segunda. Nobles y juristas son su principales lectores (P2, 286).
Tito Livio es el clásico grecolatino con una presencia más alta en las bibliotecas madrileñas entre 1550-1650, una media de 10,8% del total de los clásicos (11.7% 2· mitad s. XVI y 10,3%, 2° mitad s. XVII (PB I, 296). Se encuentra en las bibliotecas de Alonso de Ercilla y Zúñiga (caballero de Santiago, 55 libros, 1594; РВ II, 80 [2]); Pedro de Lira (teniente de acemilero mayor de 5. M, 70 libros, 1588; PB II, 171 [5]); Diego López (médico y cirujano de 5. M., 59 libros, 1597; PB II, 248 [2], [9]); Andrés Barreto (mercader portugués, 89 libros, 1622; РВ 318 [3]); Francisco Moreno (guantero de la Reina, 399 libros, 1627; PB II, 408 [197]); Jacome de Trezzo (escultor de S. M., 135 libros, 1589; PB II, 437 [21]).
Tito Livio ocupa el cuatro lugar en frecuencia entre los historiadores latinos en las librerías españolas del s. XVI (406 ejemplares, 8,4%), a mucha distancia de Salustio (1422 ejemplares, 29,6%), Justino (851 ejemplares, 17,7%) y Valerio Máximo (705 ejemplares, 14,6%).
[5] La segunda parte del bita Escripto en romance.
Ludolfo de Sajonia, La segunda parte del Vita Cristi cartuxano romancado por fray Ambrosio [Montesino].
La Vita Christi de Ludolfo de Sajonia en la traducción de Ambrosio de Montesino recibió 7 ediciones, las dos primeras en Alcalá (1502; 1503; MAI, 1, 2; PG2, 617-618) y las restantes en las prensas de Jacobo, Juan Cromberger y sus herederos (1520-1551; Castillejo 12, 165, 320, 476, 709; PG2 619-623).
La Vita del Cartujano ha sido localizada en las siguientes bibliotecas femeninas del s. xv: María de Luna (esposa de Martin I, reina de Aragón, 1406; Carvajal González 2015, 313); Isabel de Portugal (esposa de Alfonso V, reina de Portugal, 1455; Carvajal González 2015, 313); Isabel de Urgel, duquesa de Coimbra (esposa del infante Pedro de Portugal, 1469; Jiménez Moreno 480); Catalina Núñez de Toledo (fundadora del convento de la Visitación de Madrid, 7 libros, 1472; Jiménez Moreno 417); Bertomeua de Roda (esposa de Miquel de Roda, comerciante de seda, 4 libros; 22 mitad s. ху; Jiménez Moreno 458); Isabel I, reina de Castilla, 1504 (Ruiz 2005, 179; 200-201); Beatriz de Viseu (hija del infante de Portugal Jodo de Aveiro у esposa del infante Fernando, hijo del rey Alfonso V, 43 libros [2 ejemplares de la Vita], 1506; Jiménez Moreno 494); Leonor de Viseu o de Lancaster (esposa del rey João II de Portugal, 82 libros, 1525; Jiménez Moreno 495-496); Juana I de Castilla, infanta de Castilla y reina de España, 1555 (Jiménez Moreno 299-300 [34 y 68). También las monjas clarisas de la Visitación de Madrid tenían este libro, legado por doña Catalina Núñez de Toledo (Cátedra 2005, 77-78).
Aparece en 58 bibliotecas vallisoletanas del s. XVI con 112 ejemplares (Rojo 1998, 573). De ellas, las siguientes son femeninas: Isabel de Santisteban (hija de Francisco de Santisteban, regidor de la ciudad, 67 libros, 1548; C&R, 235 [60]); María de Vega (viuda del licenciado Juan Gómez de Almorox, 26 libros, 1566; C&R, 282 [1-2]); Isabel de Torquemada (beata ?, 12 libros, 1570; C&R 294 [1-3]); Isabel de Vivero (casada con don Pedro Osorio, comendador de Santiago, 18 libros, 1574; C&R, 304 [10)); Leonor del Corral (viuda del licenciado Alonso de Paz, 24 libros, 1577, C&R, 311 [7-9]); Leonor de Castro (condesa de Ribadavia, 52 libros, 1586; C&R, 339 [28-32]); Catalina de Sámano (monja, 60 libros, 1595; C&R, 378 [1-4]); María Gutiérrez (viuda о retirada, 28 libros, 1599; C&R, 398 [26-28]). En estas bibliotecas femeninas vallisoletanas, la obra del Cartujano supone un 5,50% del total de obras de «Oración, contemplación y lecturas piadosas» (C& R 2004, 154).
La encontramos en las siguientes bibliotecas de Sevilla: solo en una de mujer, la de Isabel García de Espinosa (Sevilla, 11 libros, 1542; AM4, 494) y pasó tras su muerte a Juan de Alfaro, su esposo; Gonzalo Gómez de Cervantes (corregidor de Jerez, 12 libros, 1508-9, AM 342); Alonso Jornete (juez de suplicación de la audiencia, 139 libros, 1522; РСЗ, 37; AM4 250 [133-4]); Antonio de Morales (jurado, 45 libros, 1530; AM4, 351 [40]); Juan de Aranda (factor de la casa de Contratación, 41 libros, 1536; AM4, 352 [12]); Juan de la Cueva (médico, ¿? libros, 1539, AM4, 61, 373-4); Juan de la Fuente, 4 ejemplares (jurado, 20 libros, 1543, venta en almoneda; PG3, 43); Alonso Navarro (comendador, 6 libros, 1543; PG3, 44); Antonio Rodríguez (mercader, 4 libros, 1553; PG3, 50); Diego Hernández (notario de la Mesa Arzobispal, 3 libros, 1555; AM4 244); Diego Ortiz de Zárate (contador de la Casa de Contratación, 8 libros, 1555, PG1, 334; AM4 327); Alonso Hernández Infante (alcalde mayor de la ciudad, 741 libros, 1557; AM4 230, 267 [709]); Gonzalo Briceño (canónigo, 198 libros, 1578, AM 183 [13]) en latin; Pau Josef Comes (mercader catalán, 57 libros, 1591, poseía la Vita en latín; AM4, 481, 484 [1]).
En Barcelona 32 colecciones privadas poseían la traducción catalana de Corella de la Vita Christi del Cartujano, 21 de las cuales anteriores a 1550 (P2, 101).
Prieto Bernabé (I, 208) señala su «notable presencia en las bibliotecas madrileñas»: Juan Enrique de Guzmán (comendador, 90 libros, 1591; PB II, 40 [2]); Andrés del Caño (cura de Húmera, 34 libros, 1586; PB II, 107 [18]); Fernando de León (clérigo, licenciado, 197 libros, Madrid, 1599; PB II, 123 [148]); Juan de Para (contador de 5. M., 28 libros, 1595; РВ II, 202 [1]; Diego de Acuña (gentilhombre de cámara de 5. M., 1586, 29 libros; PB II, 206 [5]); Pedro García Carrero (cerero, 36 libros, 1602; РВ II, 384 [19]).
En Salamanca, doña Inés de Castilla, hermana del difunto obispo Juan de Castilla (1534) retuvo los 4 volúmenes del Cartujano que habían pertenecido a su hermano y que este había legado, junto al resto de su biblioteca, al cabildo salmantino. Cuando les fueron reclamados por el cabildo, solicitó que le permitieran conservarlos mientras viviese, a lo que el cabildo accedió (Marcos Rodriguez, 292; PG1, 344).
Librerías: Sevilla, Cromberger «117 Vita Christi Cartuxano romance»; «12 Vita Christi cartuxano»; «12 Vita Christi cartuxano» (AM3, 162, 168, 170).
«La Vita Тези Christi e quattor Evangeliis et scriptoribus orthodoxis concinnata pretende ser una monumental biografía en sentido lato, pues se trata de una reconstrucción de la Vida de Jesús que incorpora elementos de la tradición, de la religiosidad popular, así como reflexiones del autor con fines catequéticos, pedagógicos o mistagógicos»... «Pese a su larga extensión, fue una de las obras de devoción más populares de la baja Edad Media y del Renacimiento europeo ... Su estilo narrativo, directo y simple, sus amplias descripciones de las escenas evangélicas favorecían que la lectura en alta voz ayudara al espectador a ir imaginando la historia 'como si presente se hallase'» (García de Castro 2011, 512-513). Una de las obras fundamentales de la devotio moderna y también de las más difundidas en la centuria (PG2, 336-7).
[6] Un libro de la bida de San Franfcis]co.
Puede tratarse del Floreto, que trata de la vida y milagros del bienaventurado San Francisco, del que solo hubo una edición incunable de Ungut y Polono de 1492 (РС2, 584; Martín Abad-Moyano 16); о de San Buenaventura, Historia o leyenda mayor de San Francisco y Santa Clara, Toledo 1526 y Sevilla, Juan Gutiérrez, 1560 (Palau XIX, 290.321, 290.322).
Los dos ejemplares del Floreto localizados en bibliotecas femeninas pertenecieron a beatas: Inés García de Requena (beata cordobesa, 1465; Jiménez Moreno 354) y Juana de la Cruz (beata toledana, 1534, que oyó leer este libro; Jiménez Moreno 327).
El que perteneció a Isabel Manrique, hija de Pedro Manrique, conde de Paredes (CER 371 [5]) y pasó en sucesivas almonedas a Juana Manríque de Lara, viuda de D. Fadrique Enríquez, hijo del V almirante de Castilla en 14 reales (C&R 372 [6)]) y a Antonia de Escobar (C&R 375 16))): «En Doña. Antonia de Escobar la Vida de san Francisco en un libro viejo en 4 reales», era, a pesar de esta anotación que induce a error, una Corónica de san Francisco (probablemente una de las Chrónicas de la orden de los frayles menores; C&R 301(5)).
Pedro Rodríguez de Alcántara (regidor de Madrid, 52 libros, 1596; PB II, 60 [50]) poseyó unos «Milagros de san Francisco» y el jurista barcelonés J. Claris (1586) la Vida de San Francisco de S. Buenaventura (P2, 387)).
El género hagiográfico estuvo representado en las bibliotecas auriseculares especialmente por las Vitae patrum o por los Flores sanctorum, que tuvieron muchísima difusiön. En este caso el género, casi omnipresente, estä representado por esta Vida de San Francisco. Edición: Francisco de Asís, 1998.
[7] Un brebiario cordobés.
Breviarium Ecclesiae Cordubensis, Cordubae: expensis Cathedralis, 1557 (Valdenebro 2). Hay un Supplementum de 1583 (Valdenebro 21).
Como indicamos en la entrada [2], las Horas, los Breviarios y los Misales son los libros litúrgicos más frecuentes en las bibliotecas femeninas de los siglos XV y XVI (Jiménez Moreno 638-639; Rojo 1998, 573-574; AMI, 25; Maillard 156-157), alcanzando en su conjunto un 38,2% de los libros leídos por las mujeres de Valladolid (C&R 118-119).
En esa misma ciudad, en el siglo XV1, A. Rojo (1998, 573) constató la presencia de los breviarios en 92 bibliotecas, en las que localizó 136 ejemplares, de las que son femeninas las 15 bibliotecas y 21 ejemplares siguientes: Ana Enríquez (mercadera, 5 libros, 1529; C&R 215); María Gallega, 2 breviarios (esposa de labrador, 10 libros, 1548; C&R 238); Margarita Ortega (monja, 4 libros, 1570; C&R 294); Isabel de Benavides (viuda de banquero, 18 libros, 1573; C&R 299); Francisca Mudarra (casada con médico, 6 libros, 1573; C&R 302); Juana Pérez (casada con licenciado, 24 libros, 1576; C&R 307); Ana Enríquez (viuda de noble, ;?, 1579; C&R 317); María Pimentel, 2 breviarios (condesa, de Monterrey, 22 libros, 1581; C&R 324); Jerónima de los Ríos, 3 breviarios (viuda de noble, 6 libros, 1582; C&R 327); Leonor de Castro, 3 breviarios (condesa de Ribadavia, 52 libros, 1586; C&R 340); Ana Aguero (patrona del hospital de San Alejo, 22 libros, 1586; C&R 341); María de Larrieta (casada con mayordomo, 6 libros, 1594; C&R 370); Juana Manrique de Lara (noble, 34 libros, 1595; C&R 374, 376); Catalina de Sámano (monja, 60 libros, 1595; C&R 378); María Vázquez (viuda, 5 libros, 1596; C&R 383).
En Sevilla tenían Breviarios: Catalina de Madureira (doncella, 9 libros, 1524, AMI 25; AM2 500); Leonor Gómez (doncella honesta, 1 libro, 1575, AMI 22); Ana de Haro (doncella, 26 libros, 1588; AM1 31; AM2 509); Alonso Jornete (licenciado, 139 libros, 1522; AM4, 250, [125]); Pedro Medina (clérigo, 29 libros, 1539; PG3, 42); Francisco Manos Alvas (comendador de la orden de San Juan, 2 libros, 1543; PG3, 43); Juan de Jullia (clérigo, 8 libros, 1544; PG3, 45); Diego de Sevilla (canónigo, 2 libros, 1548; PG3, 47); Juan Gómez (clérigo, 26 bibliotecas, 1548, 2 ejemplares; PG3, 47).
En Barcelona cada clérigo tenía un breviario (P2, 347) y los breviarios del clero (282 ejemplares) suponían un 72,6% de los encontrados en todas las bibliotecas privadas (P2, 388). No encontramos datos sobre su presencia en bibliotecas femeninas.
En las bibliotecas madrileñas los libros litúrgicos (misales, breviarios) son similares en bibliotecas masculinas y femeninas (PB II, 470-1). La duquesa Ana Manrique poseía 2 en su biblioteca (103 títulos, 1616; PB II, 475, 479).
En la biblioteca de las hermanas Morales aparecen los dos libros de rezo más usuales y comunes en las bibliotecas eclesiásticas, el misal y el breviario, ambos del obispado de Córdoba. Faltan, en cambio, las Horas, «el rey de los libros de religión y, por excelencia, de las mujeres» (Rojo 1998: 565), dado que un 61,1% de las mujeres con libros las poseían, frente a tan solo un 26,5% de los hombres (PG1, 267). Más adelante intentaremos dilucidar las causas de esta ausencia.
[8] Otro brebario (sic) cordobés.
[9] Otro libro del memorial de la bida cristiana mediano.
Fray Luis de Granada, Memorial de la vida christiana, en el qual se enseña todo lo que un christiano deve hacer dende el principio de su conversion, hasta el fin de la perfeccion...
Hubo 88 ediciones en castellano de esta obra desde 1565 (Simón Díaz XIII, 4469-4511; adiciones al Memorial, 4574-4588); 54 en francés, 36 en italiano y 5 en latín, alemán e inglés (A3, 165; Palau VI, 107.894 a 108.013).
Las obras de Fray Luis de Granada, el autor más reeditado (P2, 20) y casi un best-seller en el Siglo de Oro (Dadson 1998, 51), están presentes en la mayoría de las bibliotecas femeninas de la segunda mitad del siglo (C&R, 92-94), no en vano «una de las facetas más llamativas de la pastoral de Luis de Granada es el destino femenino de la misma, sus abundantes relaciones con mujeres de ámbitos religiosos, piadosos y nobiliarios. Los textos sobre mujeres y destinados a mujeres son numerosos... el Memorial, tiene como patrona la infanta doña María, mientras que las Adiciones se destinan a sor Ana de la Cruz» (Cátedra 2003, 26-27).
Las obras de Fray Luis estuvieron presentes en 80 bibliotecas vallisoletanas del s. XVI con 154 ejemplares, las más leídas, tras las Horas y el Flos sanctorum (Rojo 1998, 574).
En las bibliotecas femeninas de la misma ciudad, el 20% de los libros de «oración, contemplación y lecturas piadosas» corresponde a obras de Fray Luis de Granada. Estos libros de «oración, contemplación y lecturas piadosas» representan a su vez el 81,4% de los libros de espiritualidad femeninos en su conjunto (C&R, 146-154). 48 bibliotecas femeninas contenían obras suyas, en 7 de las cuales aparecía el Meтопа o las Adiciones al Memorial: Isabel de Benavides, (18 libros, viuda de Pedro de Aranda, banquero, 1573; C&R 298 [6]); María Pimentel (condesa de Monterrey, 22 libros, 1581; C&R 323 [4]); Damiana Juárez (viuda, 2 libros, 1584; C&R 333 (1)); María de Pinedo (viuda, 60 libros, 1599, tenía 2 ejemplares; C&R 400 [13]); Francisca de Cepeda (casada con Juan de Alderete del Consejo de S.M., 10 libros, 1589; C&R 359 [5]); Catalina de Sámano (monja, 60 libros, 1595; C&R 379 [20]); María Vázquez (viuda del receptor Alonso de la Puente, 5 libros, 1596; C&R 383, [1]).
Lo encontramos en las siguientes bibliotecas de Sevilla: Ana de Haro (Sevilla, doncella, 26 libros, 1588; AM4, 509); Juana Cortés (II duquesa de Alcalá, 12 libros, 1588; AM4, 512); Alonso de Dueñas (Sevilla, licenciado, 343 libros, 1578; AM4, 234); Pau Josef Comes (comerciante catalán, 57 libros, 1591; AM4, 481).
Las primeras ediciones barcelonesas de títulos de Luis de Granada salieron de las prensas de Claudi Bornat en 1566: Instruction y regla de bien vivir y Memorial de la vida christiana (reimpreso en 1567) y los que más imprimieron sus obras fueron Jaume Cendrat y sus herederos, y Hubert Gotard (P2, 428-9). Según los cálculos de Peña Díaz, en Barcelona, entre 1588 y 1600, se imprimieron unos 3000 volúmenes del Libro de la oración o del Memorial de la vida christiana (P2, 428-9). De las once librerías inventariadas por él entre 1572 y 1595, en nueve de ellas se registran obras de Fray Luis, de las que cuatro poseían algún ejemplar del Memorial: Jaume Pla (1583, 29 ejemplares del Memorial primera parte); Valentí Monfort (1585, tres ejemplares del mismo título); Jerónima Marescal (1590, cinco ejemplares); Lluís Rovira (1595, Segunda Parte del Memorial) (P2, 428-9). También se encontraba en la biblioteca del canónigo y doctor en Derechos Federic Setantí (133 libros, 1597; P1, 565 y 1002).
La presencia de las obras de fray Luis enlas bibliotecas de Madrid fue muy elevada, distribuyéndose entre la segunda mitad del s. xv1 (160 ejemplares localizados, 40%) y la primera mitad del s. XVII (248, 60%) (PB I 206). Poseyeron este título: Juan Enrique de Guzmán (comendador, 90 libros, 1591; PB II, 48 [59]); Pedro Rodríguez de Alcántara (regidor, 52 libros, 1596; PB II, 56 [23]); Álvaro de Córdoba (gentilhombre de la Cámara de S. M., 27 libros, 1602; PB II, 72 [20]); Andrés Núñez de Azcárate (contador de 5. M., 33 libros, 1587; PB II, 161 [7]); Gabriel de Zayas (secretario de 5. M., 230 libros, 1592; PB II, 199 [213]); Francisco Álvarez de Garay (maestro, 285 libros, 1628; PB II, 282 [115]); Pedro García Carrero (cerero, 36 libros, 1602; PB II, 384 [18]); Francisco Moreno (guantero de la Reina, 399 libros, 1627; PB II, 423 [336)).
T. Dadson menciona a seis mujeres del primer tercio del siglo XVII que tenían en sus bibliotecas una o varias obras de Fray Luis: Antonia de Ulloa, condesa de Salinas, 40 libros, 1605, tenía el Memorial (Dadson, 431 [1]); Ana Piñeiro Manrique (1616), III condesa de Puñonrostro, 126 libros, tenía la edición de Plantino de las Obras de Fray Luis en 15 cuerpos y otras cinco obras suyas (Dadson 55; 438 [1)); la VI condesa de Lemos (1630) y Francisca de Paz Jofre de Loaysa (1626), hija y esposa de altos cargos de la administración, 50 libros, poseían las Obras y el Símbolo de la fe (Dadson, 55; 455 [21-22]); Isabel Montero (1629), esposa de mercader, 94 libros, tenía 3 libros suyos: Libro de la oración y meditación, Libro de San Juan Clímaco y la Regla de bien vivir para los que comienzan a servir a Dios (Dadson 460 [18]; 462 [35]; 464 [70]) y Sebastiana Bocángel (1630) que tenía el Símbolo de la fe (Dadson 55).
«El P. Granada es el divulgador más genial de la teología española en el siglo XVI. Él acierta a incorporar a la espiritualidad toda la cultura de la época en el mayor esfuerzo de teologización popular contemporánea» (A3, 305). «El Memorial, junto con las Adiciones, constituye la suma espiritual más completa, a lo que creo, del siglo XVI» (A3, 304)",
[10] Otro libro pequeno que se dige de la bida Espiritual.
Exercitatorio De la vida espiritual compuesto por el muy reuerendo padre fray Francisco Garcia de Cisneros Abad ... de Monserrat.
Hay 4 ediciones romances de esta obra entre 1500 y 1547, todas en formato 8° (PG2 304-5).
Cátedra € Rojo (145) atribuyen a un «envejecimiento de las existencias y de las bibliotecas» la aparición de esta obra en un inventario de 1573, a pesar de que se había reeditado en 1564 en Valencia y de su presencia en librerías y bibliotecas barcelonesas de la segunda mitad de siglo.
Lo encontramos en las siguientes bibliotecas del siglo XVI:
Valladolid: María de Bañuelos (casada con Luis González Vila, del Consejo de Hacienda, 5 libros, 1573, C&R 300 [2]).
Sevilla: Elvira de Guzmán (mujer del veinticuatro Luis Manuel de León, 64 libros, 1548; PG1, 466; AM4, 507).
Barcelona: tenían un ejemplar la viuda de Joan Carles Amorós, 1554; Jaume Cortey, 1564; Pau Cortey y Pere Malo, 1569 (la versión latina); el noble J. S. Climent (1540), los presbíteros Mateu Palau (1599) y Lloreng Montaner (1571), el notario Miquel Boera (1578), el boticario Pere Prats (1583), y los libreros Jerónima Manescal (1590), 120 ejemplares de esta obra y Lluís Rovira (1595) 54 ejemplares de esta obra (P2, 373).
Madrid: Fernando de León (clérigo, licenciado, 197 libros, 1599; PB 113 [42]). Considerado por Prieto Bernabé como «uno de los libros de formación religiosa... suficientemente difundidos entre las bibliotecas madrileñas» (I, 215).
El Carro de dos vidas de Gómez García y el Exercitatorio de García de Cisneros, ambas de 1500, son las dos primeras obras místicas españolas de carácter sistemático (A3, 220) y el Exercitatorio es un «libro a la vez místico y ascético, el primer manual de oración mental metódica publicado en España dirigido a monjes benedictinos y a toda clase de personas devotas» (A2, I, 650; 655), en el que es evidente la influencia de los autores de la devotio moderna ( Jiménez de Cisneros 1965, 6-19; Serés 2003, 54-55).
[11] Un libro pequeno de menosprescio del mundo.
Se trata de una traducción castellana de la Imitatio Christi et Contemptus mundi de Tomás de Kempis. Las ediciones incunables con traducción castellana encabezan el título con las palabras Imitacion de Jesu Christo o Libro de remedar a Christo y ya durante el s. XVI con Contemptus mundi o De la imitación de Christo. Dado el título trascrito en el inventario, creemos que podría tratarse de la edición de Barcelona de 1580, la única anterior a 1588 en la que hemos encontrado este encabezamiento: Libro del menosprecio del mundo y de seguir a Christo, Barcelona: en casa de Tayme Cendrat, 1580. 8· (Lamarca 2015, 665).
Hubo 36 ediciones en castellano de esta obra entre 1488 y 1558; todas, desde la de Cromberger de 1536 hasta la de Cendrat de 1580 en formato pequeño: 8°, 12° o 16° (PG2, 510-545).
Hemos localizado su presencia en las siguientes bibliotecas femeninas del s. xv:
Clara Desfeu (esposa del joyero Romeu Desfeu, 57 libros, 1422; Jiménez Moreno 332 [17)); Isabel de Portugal (infanta y duquesa de Borgoña, 1471; Jiménez Moreno 442); Isabel reina de Castilla (1504; 101 libros: Jiménez Moreno 289); María de Castilla (infanta y reina de Portugal, 17 libros, 1517: Jiménez Moreno 318 [7]; María de Zúñiga (II condesa de Béjar, 82 libros, 1533; Jiménez Moreno 509 [21]; Catalina de Aragón (infanta de Castilla y reina de Inglaterra, 22 libros, 1536; Jiménez Moreno 226 [10]); María de Velasco (dama de compañía de la reina Isabel, 1549; que compró en su almoneda el libro que nos ocupa; Jiménez Moreno 131, 485); Juana I de Castilla (infanta de castilla y reina de España, 69 libros, 1555; Jiménez Moreno 296).
En Valladolid el 81,4% de los libros de espiritualidad femeninos en su conjunto corresponde a libros de «oración, contemplación y lecturas piadosas», el 5% de los cuales está representado por el Kempis (C&R 146-154), que aparece en las siguientes bibliotecas femeninas vallisoletanas: Ana Velázquez (viuda del mercader Rodrigo de Palacios y casada con Juan de Villarroel, botiller de la reina Juana, 14 libros, 1554; C&R 251 [14)); Gabriela Sanz o Sánchez (viuda de dos plateros, 29 libros, 1558; C&R 266 [22]); Lucía de Bruselas (monja, 3 libros, 1559; C&R 272 [3]); María de Bañuelos (esposa de Luis González Villa, del Consejo de Hacienda, 5 libros, 1573; C&R 300 [4]); Isabel de Vivero (casada con Pedro de Osorio, comendador de Santiago, 17 libros, 1574; C&R 304 [5]); Leonor del Corral (viuda del licenciado Alonso de Paz, 29 libros, 1577; C&R 311 [15)); María Pimentel (condesa de Monterrey, 22 libros, 1581; C&R 323 [9]); Isabel Bautista (criada, 6, 1582; C&R 330 [4]); Luisa de León (viuda de Aníbal de Murga, mercader, 3 libros, 1586; C&R 338 [1]); Juana de Gatos (viuda del licenciado Alonso de Torres, 61 libros; C&R 350 [5]); Francisca de Aguilar (hija de Juan Ortega Calderón, mercader, 2 libros, 1591; C&R 364 [2]); María Becarini (casada con Juan Ruiz Contreras, comendador, 1594; C&R 369 [4]); Juana Manrique de Lara (viuda de D. Fadrique Enríquez, hijo del V almirante de Castilla, 34 libros, 1595; C&R 373 [16]); 376 [26]); Catalina de Sámano (monja, 60 libros, 1595; C&R 379 [19]); María Vázquez (viuda del receptor Alonso de la Puente, 5 libros, 1596; C&R 383 [2]); Luisa Enríquez (viuda de Francisco de Fonseca, señor de Coca y Alaejos, 45 libros, 1598; C&R 390 (38b)); María de Pinedo (viuda de Alonso de Ontiveros, 60 libros, 1599; C&R 401 [19]).
En Sevilla hemos encontrado el libro de Kempis en las siguientes bibliotecas de mujeres": Juana Jiménez Ponce· (viuda de Macías de Jaén, 8 libros, 1577; АМП, 33, 37 [3]; AM4, 508-9); María de Garnica (esposa de Pedro Hernández de Morales, 90 libros, 1580; Maillard, bib. 190); María de los Ángeles Barrionuevo (viuda de Andrés de Ávila, 1 libro, 1589; Maillard, bib. 202); [-] de la Cruz (viuda de mercader, 2 libros, 1580; Maillard, bib. 250); Marina de Zayas y Mariana de Luyando (;?, 4 libros, 1600; Maillard, bib. 344), y de hombres: Diego de Temiño (noble, 1538; PG1, 272[22]); Francisco de Ateca (1558; PG1, 272 [22]); Hernán Cerezo de Abreu (noble, 1558; PG1, 272(22]); Juan Pérez de Méjico· (mercader, 2 libros, 1570; Maillard, bib. 120); Dr. Gil de Cevadilla· (canónigo, 1575, 255 libros; Maillard, bib. 178); Alonso Gómez de la Serna (mercader, 22 libros, 1550; Maillard, bib. 7); Juan de la Plaza (mercader, 10 libros, 1570; Maillard, bib. 164); Lázaro Be jarano (;?, 12 libros, 1574; Maillard, bib. 175); Alonso Dueñas (licenciado, 343 libros, 1578; AM4, 234); Pedro Luis de Ávila (;?, 13 libros, 1580; Maillard, bib. 237); Gonzalo de las Casas (licenciado, 174 libros, 1583; Maillard, bib. 256); Gaspar de Jaén (licenciado, 51 libros, 1590; Maillard, bib. 269); Juan Bautista Marinigo (alguacil de los 20; C. de Hacienda, 22 libros; 1590, Maillard, bib. 300); Melchor Luis Biedma (C. de Hacienda, 26 libros, 1600; Maillard, bib. 317).
Barcelona: Ediciones de la versión catalana de Miquel Péres: Pere Posa, 1482; Carles Amorós, 1518; Valencia, 1491. Ediciones de la traducción castellana de fray Luis de Granada: Claudi Bornat, 1566 y 1571; Jaume Cendrat, 1580; Pere Malo, 1583; Jaume Galván, 1598; Sebastián Cormellas, 1591. La obra de Kempis se reparte homogéneamente a lo largo del siglo: de los 42 inventarios hallados con este título, 23 son posteriores a 1550 (P2, 377). Bibliotecas en las que se encuentra, especialmente de clérigos (21) y nobles (8): Clérigos: Lope Martínez de Lagunilla (obispo, 140 libros, 1558; P1, 1002); Benet de Tocco (obispo, 186 libros, 1564; P1, 996); Jaume Salvet (presbítero, 23 libros, 1572; P1, 1001); Pau Font (presbítero, 1 libro, 1532; P1, 998); Andrés Rocha (presbítero, 43 libros, 1522; P1, 1001); Francesc Masferrer (presbitero, 23 libros, 1535; P1, 1001); Pere Argullol (canónigo, 31 libros, 1528; P1, 1001); Pere Vilasaló (presbítero, 345 libros, 1547; P1, 1002), tres ejemplares; Gabriel Franch (presbítero, 26 libros, 1580; P1, 1001); Pere Joan Olivar (presbítero, 16 libros, 1563; P1, 1001); Jeroni de Planella (presbítero, 191 libros, 1590; P1, 1002); Martín Martínez del Villar (arzobispo, 176 libros, 1569; P1, 996); Vicens Boer (rector, 31 libros, 1584; P1, 1001); Jeroni Comes (canónigo, 99 libros, 1584; P1, 1002); Juan Bautista Ayerve (presbítero, 112 libros, 1597; P1, 1002); P. Bosch (presbítero, 43 libros, 1577; P1, 1001), dos ejemplares; Dalmau Malla (fraile, 9 libros, 1491; P1, 1003); Joan Bonllavi (presbítero, 170 libros, 1526; P1, 1002); Miquel Portes (canónigo, 154 libros, 1541, versión catalana; P1, 1002); Joan Blanc (presbítero, 8 libros, 1501; P1, 1000); Llorens Tapies (presbítero, 4 libros, 1544; P1, 999). Nobles: Simó Benet de Clariana (doncel, doctor en Derecho, 551 libros, 1520; P1, 994); Francesc Blanes (doncel, 3 libros, 1539; P1, 993); F. Bosch (1565); Joan Xammar (doncel, doctor en Derechos, 194 libros, 1597; P1, 994) dos ejemplares; Elisabet Marimon (noble, 13 libros, 1567; P1, 994); Joan Joachin Quintana (ciudadano honrado, 2 libros, 1589; P1, 995); Joan Llatzer Magi de Vallselm (doncel, 29 libros, 1587; P1, 994); Dionis Lladró (noble, 1530, versión catalana). Mercaderes: Jeroni Rupit (mercader, 55 libros, 1585; P1, 1020), dos ejemplares; J. Morell (mercader, 1 libro, 1528; P1, 1018); Batasar Solarons (tendero de telas, 3 libros, 1584; P1, 1012). Juristas: Raimundo Carrovira (doctor en Derecho, 4 libros, 1524; P1, 1005). Notarios: Antoni Francesc Bou (45 libros, 1559; P1, 1008); Miquel Boera (158 libros, 1578; P1, 1009); Esteve Janer (7 libros, 1596; P1, 1009. El médico Iscle Compte (171 libros, 1594; P1, 1009). El artesano Joan Serda (ollero, 5 libros, 1525, versión catalana; P1, 1043). La doncella Eleonor Palau (3 libros, 1585; P1, 986) y el estudiante Antoni Salvador (151 libros, 1590; P1, 988); (P1, 377 y 402, n. 48).
Madrid: Uno de los autores espirituales más leídos en Madrid (PB I, 207-8) y uno de los libros preferidos en las bibliotecas femeninas (PB II, 471): aparece en 5 de las 6 bibliotecas femeninas estudiadas por Prieto Bernabé en Madrid: Catalina de la Calle (1593, 5 libros; PB II, 464); Catalina Vallejo (esposa del médico de S.M. García de Oñate, 4 libros, 1598; PB II, 463); Francisca de Padilla (marquesa de Auñón, 29 libros, 1637; PB II, 487 [18]; María de Mendoza y Fonseca (marquesa de Cenete, 1580, 35 libros; PB II, 491 20]; Isabel Montero (viuda de Francisco de Hem, entallador, 1629; PB II, 502 [65]. Bibliotecas masculinas: Pedro Rodríguez de Alcántara (regidor de Madrid, 1596, 52 libros, PB II, 55 [18]; Pedro Fernández de Castro (conde Lemos, Madrid, 1606, 59 libros, PB II, 79 [53]; Fernando de León (clérigo, licenciado, Madrid, 1599, 197 libros; PB II, 112 [34], 115 [78]; Gabriel de Zayas (secretario de 5. M., 1592, 230 libros; PB II, 191 [125]; Francisco Álvarez de Garay (maestro, 1628, 285 libros; PB II, 275 [47]; Bernardino de Villafranca (platero de oro, 1611, 43 libros; PB II, 434 42)].
Librerías: Sevilla: Juan Cromberger (1540): «800 Contemptus Mundi» (AM3, II-1, 173). Barcelona: Joan Guardiola (21 ejemplares, 1561); Francesc Cabrit (1, 1563); Joan de la Aya (12, 1573); Valentí Monfort (2, 1585); Antoni Oliver (15, 1590); Jerónima Manescal (109, 1590); Lloreng Llinyans (43, 1593); Onofre Gori (33,1595); Lluís Rovira (5, 1595) (P2, 377). Salamanca: Sebastián de Villalón (2, 1543; Bécares, 69); Alonso de Ribas (1, 1554: Bécares, 71); Antonio de Lorenzana (1, 1584; Bécares 295).
La Imitatio Christi et Contemptus mundi de Tomás de Kempis, uno de los textos fundamentales de la devotio moderna, fue la obra espiritual más leída, o al menos la más impresa, en España en el XV1, «siglo que lo tenía como libro de cabecera» (Asensio, 335); a ello ayudaron decisivamente sus ediciones en castellano y en catalán.
Pérez de Valdivia hizo especial hincapié en su lectura: «¿No ha leydo en Contemptus mundi, que es el libro que mucho se debe leer, estas palabras:...?» (p. 228); «No se le pase ningún día sin leer, aunque sea media plana, en Contemptus mundi y este libro le sea perpetuo compañero y amigo y hermano y siempre lo traiga consigo o cerca de sí para recurrir a él» (p. 427).
Un libro pequeno que se dize regla brebe de la bida cristiana.
De este libro de Alonso de Orozco (1500-1591) hay únicamente dos ediciones: Regla breve de vida christiana la qual un religioso de la orden de nuestro padre sant Augustin embio a una su hermana que se la pidio. Sevilla: en casa de António Álvares, 8 mar. 1544 (Castillejo 488) y Regla de vida christiana en la qual se enseña como ha de ordenar su vida cada christiano. Salamanca: Andrea de Portonariis, 1565%. Es la primera obra editada del autor (Rubio 2001, 241).
Las obras de Orozco aparecen en 28 bibliotecas vallisoletanas del s. XVI con 29 ejemplares (Rojo 1998, 574), de las que 5 eran de mujeres: Juana Pérez (casada con Juan Remoroso, licenciado, 24 libros, 1576, Obras en Romance; C&R 306-7 [1)); María Pimentel (condesa de Monterrey, 22 libros, 1581, Bergel de la oración y Libro de Orozco grande; C&R 323 [3]); María Grayo (viuda del Dr. Hernán Rodríguez, 2 libros, 1582, Obras; C&R 329 [1]); María de Espinosa (viuda, 1 libro, 1597, Exa men de Conciencia; C&R 385 [1]); Luisa Enríquez (viuda del señor de Coca y Alaejos, 45 libros, 1598, Catecismo; C&R 390 [35b]).
Bibliotecas de Sevilla con obras de Orozco: Ana de Haro (doncella, 26 libros, 1588, tenía la Regla; AM4, 509); Rodrigo Ponce de León (noble, 42 libros, 1597, Arte de amar a Dios y Guarda de la lengua; AM4, 466 [38-39]); Pau Josef Comes (comerciante catalán, 57 libros, 1591, tenía Tratado de la corona; AM4, 485 [26]).
En Barcelona la Victoria del mundo (1566) se encontraba en las librerías de Claudio Bornat (1567) y Pau Cortey (1572, ocho ejemplares) (P2, 374); había dos ejemplares del Catecismo en la de Jacob Schópper (1568) y otro en la de Jerónima Manescal (1590) (P2, 367).
Prieto Bernabé menciona a Orozco entre los autores ascético-místicos más presentes en la bibliotecas madrileñas (PB I, 204): Ana Manrique, condesa de Puñonrostro, 103 libros, 1616, tenía las Confesiones (PB II, 481 [72]); Francisca de Padilla, marquesa de Auñón, 29 libros, 1637, los Soliloquios (PB II, 487-8 [23]); Juan Enrique de Guzmán, comendador, 90 libros, 1591, las Obras (PB II, 41 [3]) y la Crónica (PB II, 42 [12]); Pedro Fernández de Catro, conde Lemos, 59 libros, 1606, Arte de amar a Dios (PB II, 77 [33]); Fernando de León, clérigo, licenciado, Madrid, 197 libros, 1599, Juan Baptista (РВ II, 118 [101]) y Reina de Saba (PB II, 119 [111]); Francisco Álvarez de Garay, maestro, 285 libros, 1628, Obras (PB II, 271 [20]); Francisco Álvarez de Garay, maestro, 285 libros, 1628, Confesiones (PB II, 292 [205]) y Declamationes (PB II, 299 [283]); Pedro García Carrero, cerero, 36 libros, 1602, Recopilación de todas las Obras (PB II, 382 [2)]; Francisco Moreno, guantero de la Reina, 399 libros, 1627, Catecismo (PB II, 396 [90]), Reina de Saba (PB 11,397 [96]); san Agustín (PB II, 407 (185]) y Obras (PB IT, 424 [350]).
Orozco fue un autor clave en la espiritualidad española del s. XVI (A3, 306), pero la Regla breve de vida christiana la qual un religioso de la orden de nuestro padre sant Augustin embio a una su hermana que se la pidio no se encuentra entre las más divulgadas del autor. No obstante, como del propio título puede deducirse, se trata de una obra especialmente pensada para la vida espiritual femenina, de ahí su presencia enla biblioteca del beaterio.
Otro libro de la subida del montesión.
Bernardino de Laredo, Subida del monte Sion.
Se editó en tres ocasiones entre 1535 y 1542: dos ediciones sevillanas de Juan Cromberger (1535 y 1538; Griffin 377 y 414) y otra de Medina del Campo de Pedro de Castro (1542; Pérez Pastor 30) (PG2, 305); hubo una última edición quinientista en Valencia, en los talleres de Felipe Mey (1590; Bosch 852) y la postrera de Alcalá de 1617 (Martín Abad, 1999: 192). Puede ser cualquiera de las tres primeras".
En 1524 Francisco Quiñones, general de los franciscanos, condenó tajantemente cualquier manifestación de alumbradismo dentro de su orden (A3, 268), lo que supuso que se hiciera una lectura muy crítica de la primera edición del libro de La redo, que se vio obligado a modificar completamente la tercera parte de la obra en su segunda edición de 1538, de la que desaparece la doctrina del ensanchamiento del alma y de fórmulas como «puro espíritu» o «alúmbrenos Dios», que resultaban sospechosas de erasmismo о alumbradismo (A1, II, 215).
Ninguna biblioteca femenina de la recogidas en Valladolid por Cátedra y Rojo la contienen, ni Rojo incluye esta obra entre los libros religiosos más leídos en la ciudad, es decir, más habituales en los inventarios. Tampoco aparece entre los libros de los barceloneses y sevillanos estudiados por Peña (P2), Maillard (2011) Pérez García (PG1-3) y Álvarez Márquez (AM1-4).
Prieto Bernabé sostiene que esta obra estaba entre las más leídas dentro de los libros ascético-místicos en Madrid (PB, 203). A pesar de ello no hemos encontrado datos concretos sobre su presencia en las bibliotecas de las ciudades que estudiamos ni en los libreros salmantinos (Bécares). Resulta llamativa esa aparente contradicción entre la reconocida difusión de la obra y su nula presencia en las bibliotecas y librerías estudiadas.
Bernabé de Palma, Francisco de Osuna y Bernardino de Laredo, franciscanos, forman el trío primitivo fundamental de la mística del recogimiento (A3, 269). La Subida del monte Sión de Laredo (1482-1540) es «un tratado metódico sobre la oración de recogimiento» y fue la obra más conocida de los primeros escritores que tratan de esta vía espiritual, tras el Tercer abecedario de fray Francisco de Osuna (A1, II, 215)".
La obra está dividida en tres partes: la primera dedicada «ala meditación ascética de virtudes y vicios y al conocimiento del hombre; la segunda a la exposición de la vida y pasión de Cristo ... y la tercera a la iniciación propiamente en los caminos de la contemplación quieta... en un lenguaje cuyo ideal estético se basa en la sencillez y la claridad» (Serés 2003: 89-90).
Fue muy leído en monasterios y círculos espirituales españoles antes y después de Santa Teresa (Chavero 1998, 586) y es uno de los libros aconsejados por Pérez de Valdivia en su Aviso de gente recogida (1977: 427).
Е 24v
[14] Unlibro llamado monte calvario.
Antonio de Guevara, Libro llamado monte calvario: Trata el autor eneste libro todos los mysterios del monte calvario, desde que Christo fue a muerte condennado por Pilato, hasta que por Ioseph y Nicodemos fue metido en el sepulchro.
Es el libro espiritual por excelencia del obispo de Mondoñedo, junto con el Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos, aunque el Monte Calvario fue mucho más editado y leído que este, pero no tanto como el resto de su producción, en especial El libro aureo de Marco Aurelio y Relox de príncipes".
Hubo 18 ediciones entre 1542 y 1559 (relación detallada en PG?, 302-303). Es uno de los cuatros títulos de autores franciscanos que más ediciones alcanzaron antes de 1560 (PG?, 35-36)
Aparece en bibliotecas femeninas:
Valladolid: Ana Sarmiento (viuda de gentilhombre, 8 libros, 1557; C&R 259 (6]); Gabriela Sanz о Sánchez (viuda de platero, 29 ejemplares, 1558; C&R 265 (10]); María Grayo (viuda del doctor Hernán Rodríguez, 2 ejemplares, 1582; C&R 329 [2]); Ana de Agüero (patrona del hospital de San Alejo, 22 ejemplares, 1586; C&R 341 [6]); Francisca de Cepeda (casada con el licenciado Juan de Alderete del Consejo de 5. M., 10 libros, 1589; C&R 359 [7]).
Sevilla: Elvira de Guzmán (noble, 1548; PG1, 270); Juana de Zúñiga (viuda de Hernán Cortés, 1584, 54 títulos), las dos partes de esta obra, que compró en almoneda Jerónimo de Medina por 15,5 reales (AM4, 511).
En Barcelona solo se ha encontrado en bibliotecas masculinas: lo poseyeron en las suyas el doncel Joan Xammar (1597); los eclesiásticos Pere Bosch (1577), Martin Martínez Villar (1569), Vicenç Boer (1584), Joan Baptista Ayerve (1597): el funcionario Benet Rafael (1586), el mercader Salvador Molíns (1580) y el artesano Pere Sororo (1581) (P2, 373).
En Sevilla Pedro de Sanzoles adquirió en la almoneda del beneficiado de Carmona Fernando de Arteaga la primera y segunda parte de esta obra (AM4, 44); García Cáceres de Rueda, licenciado y teniente de asistente, 1571, 95 cuerpos, también lo tuvo en su biblioteca (AM4, 221, 344) y Francisco del Valle, clérigo y boticario, 1598, 284 cuerpos, poseía la primera y segunda parte (AM4, 420).
Madrid: Prieto Bernabé (238) incluye esta obra entre las más frecuentes de temática religiosa en los inventarios madrileños, pero no la hemos encontrado en ninguna de las bibliotecas analizadas en su libro, aunque sí otras muchas de su autor.
Se vendía en la tienda del librero sevillano Sebastián de Trujillo (1567) por 153 maravedíes encuadernado y por 136 sin encuadernar (AM4, 47-48).
Conclusiones
En cuanto al número de ejemplares que reúne, tratándose de una biblioteca femenina, los 14 libros del beaterio de las hermanas Morales nos permiten considerarla como una biblioteca numéricamente importante, en comparación, por ejemplo, con las femeninas de Valladolid estudiadas por Cátedra & Rojo (2004, 36), donde solamente las de la nobleza mayor y menor arrojan una media superior de libros (16,17 libros), no llegando ninguno de los demás grupos sociales a una media de 10. De las 278 bibliotecas femeninas vallisoletanas estudiadas por estos autores, solo 40 (14,38%) tienen más de 13 libros", y la media de libros de las cinco bibliotecas de beatas localizadas es de 4,2 libros por biblioteca.
Las bibliotecas femeninas sevillanas estudiadas por C. Álvarez Márquez, N. Maillard y Pérez García (1897 libros en 169 bibliotecas") dan una media de 11,2 libros por biblioteca.
La biblioteca de nuestro beaterio está, pues, más nutrida que la media de las bibliotecas femeninas de la centuria, en consonancia con lo señalado por Cátedra & Rojo (2004, 86): «La madurez intelectual de las beatas puede constatarse también en la mayor calidad y abundancia de sus pertenencias bibliográficas, en comparación con otros tipos sociales del mundo femenino».
La biblioteca de las hermanas Morales es de carácter exclusivamente religioso, con la única excepción de las Décadas de Tito Livio en romance, libro solo localizado en un par de bibliotecas femeninas nobiliarias. La finalidad de su presencia en este tipo de biblioteca es difícil de entender, pues el conocimiento de la historia de la Roma republicana parece completamente ajeno а los intereses religiosos inequívocamente definidos por el resto de libros de la colección".
Cuadraría, por tanto, la biblioteca de la hermanas Morales dentro del grupo de las «bibliotecas prácticas», según la clasificación de Víctor Infantes (1997, 282-283): «biblioteca que genera una vinculación de pertenencia personal cuyo número no excede... los 10/15 asientos bibliográficos», destinada al mantenimiento del culto y a la lectura piadosa en comunidad.
El libro religioso, la médula de las bibliotecas femeninas (PG1, 281) y, por ende, de la que nos ocupa, está presente en el 85,4% de los IPM vallisoletanos (PG1 281) y ocupa el 20,4% del total de libros existentes en la bibliotecas privadas andaluzas del s. XVI y el 52,2% de las bibliotecas de mujeres (Solana 2020, 435), mientras que en Valladolid alcanza el 39,52% de los libros femeninos (Cátedra & Rojo 2004, 117).
Con respecto a su contenido, los libros del beaterio de las hermanas Morales parecen el resultado de una rigurosa y atinada selección que aporta un compendio de lecturas que abarca un amplio espectro de la literatura religiosa y espiritual impresa en castellano a lo largo del siglo XVI. No se aprecia en esta colección libraria tanto la inclinación por alguna forma concreta de espiritualidad, cuanto el deseo de reunir una biblioteca selecta, en la que unas lectoras devotas puedan encontrar respuesta a todas sus necesidades e inquietudes religiosas: libros de culto y rezo (un misal, dos breviarios), vidas de santos (Vida de San Francisco), textos bíblicos (Epístola y evangelios), Padres de la Iglesia (Epístolas de San Gerónimo), los textos más asequibles y representativos de la devotio moderna (la Imitación de Cristo de Tomás Kempis y Vita Christi de Ludolfo de Sajonia) y cinco obras clave de otros tantos autores fundamentales de la literatura espiritual española de la centuria: Exercitatorio de la vida espiritual del benedictino fray García Jiménez de Cisneros (1455-1510); Subida del monte Sión del franciscano Bernardino de Laredo (1482-1540); Regla breve de vida cristiana, del agustino Alonso de Orozco (1500-1591); Memorial de la vida christiana del dominico Fray Luis de Granada (1504-1588), y el Monte Calvario del franciscano fray Antonio de Guevara (1480-1545).
«El libro devoto servía como una regla de vida que ayuda al autoperfeccionamiento. El libro era visto como un compañero, que se complementa con la guía del confesor o del director espiritual» (Cátedra, 98), por lo que encuentra su lugar natural entre los muros de un convento o un beaterio.
Obsérvese también que no aparece en la colección ningún libro de horas, el tipo más habitual en las bibliotecas femeninas (Cátedra & Rojo 2004, 118-124), quizá debido a que se trata de un libro de rezo individual, no de lectura compartida, que era la preponderante en el ámbito del beaterio"'; a lo que debe añadirse una razón seguramente de mayor peso: la sucesiva inclusión de los libros de horas en romance en los Índices de Valdés (1559; Bujanda 1984, 493-515) y Quiroga (1583; Bujanda 1993, 1797).
Otro dato importante a tener en cuenta, es que nos encontramos ante la biblioteca de una(s) persona(s) con especiales inquietudes espirituales, pero no especialmente cultivada(s), como puede desprenderse fácilmente del hecho de que todos son textos escritos originalmente en castellano o traducciones romances, salvo los libros litúrgicos.
Varios de los libros de la colección han sido adquiridos por ser especialmente propicios para la lectura en común en el ámbito doméstico": Epístolas y Evangelios, Vita Christi... (PG1, 342-350).
Hemos encontrado alguna similitud entre la biblioteca que analizamos y las de otras dos mujeres: Ana de Haro (Sevilla, doncella, 1588, 26 libros; AM4, 509) y Catalina de Sámano (Valladolid, 1595, monja, 60 libros; C&R, 378). Con Ana de Haro compartían las hermanas Morales:
~ La Regla de la vida cristiana de Alonso de Orozco y
~ El Memorial de la vida cristiana de fray Luis de Granada.
Con Catalina de Sámano:
~ La Vita Christi de Ludolfo de Sajonia.
~ El Memorial de la vida cristiana de fray Luis de Granada y
~ Las Epístolas de San Gerónimo,
además de los habituales misales y breviarios.
Los libros espirituales reunidos en la biblioteca de las hermanas Morales presentan una gran afinidad con algunos de los aconsejados por Diego Pérez de Valdivia en su Aviso de gente recogida: «Que ha de huir la persona recogida de libros curiosos, y qué libros leerá más ordinariamente. De donde se sigue que huya la sierva de Dios de libros curiosos y agudos y humanos. Lea vidas de Santos, mayormente la vida e historia del bienabenturado san Francisco, los libros de Frat Luis e Granada, del padre Ávila, y los de Francisco de Osuna, que llaman Abecedario, especialmente la tercera parte; Subida del Monte Sión, Ángela de Fulgino, Santa catalina de Sena, y otros a este tono... No se le pase ningún día sin leer, aunque sea media plana, en Contemptus mundi y este libro... le sea perpetuo compañero amigo y hermano, y siempre lo traiga consigo o cerca de sí para recurrir a él» (Pérez de Valdivia, 427). Pero no podemos olvidar que otra parte de ellos forma parte de una tradición espiritual que encontramos recogida en el mismísimo Diálogo de la doctrina christiana de Juan de Valdés, que aconseja la lectura de las Epístolas de san Jerónimo, las Epístolas, Evangelios y sermones del año y la Vita Christi del Cartujano (Bataillon, 359)".
Dadas las limitaciones formativas de las integrantes del beaterio (ninguna de ellas firma documentos y la mayoría indica que no sabe escribir), todo apunta a que la selección de los textos de la biblioteca fuera obra de un clérigo que ejerciera las funciones de "director espiritual" de las religiosas.
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1.- El linaje de los Yáñez Dovinal se extinguió y Aguilar volvió a la Corona. Alfonso XI entregó el señorío a Bernat Cabrera, pero no llegó a tomar posesión pues el rey se lo quedó, compensándole con la Puebla de Alcocer, Alcocerejo y Herrera. En 1350 Alfonso Fernández Coronel consiguió de Pedro I la concesión de la villa, por mediación del valido Alburquerque. En 1353 Aguilar volvió a la Corona y Fernández Coronel fue ejecutado por haber apoyado al infante don Fernando de Aragón con ocasión de una grave enfermedad del monarca. Vid. Quintanilla Raso (1980, 47-57).
2.- Vid. Quintanilla Raso (1980, 253).
3.- En 1530 hay en Aguilar 1105 vecinos, lo que se estima en 4972,5 habitantes. Vid. Quintanilla Raso (1980, 226-227).
4.- Sobre la evolución urbana de Aguilar, vid. Cabezas Expósito (2019, 210-219, 220-225 y 441-447).
5.- Vid. Fortea Pérez (1981, 114-149) y Calvo Poyato (1987, 131-135).
6.- Archivo General del Obispado de Córdoba (AGOC). Secretaría General. Visitas Generales. Aguilar. Caja 6208, pieza 35, y Caja 6209, piezas 36 y 37.
7.- Archivo Histórico Provincial de Córdoba (AHPC). Protocolos, Legajos 6199P, 6200P, 6388P, 6389P, 6392P, 6542P, 6543P, 6827P, 6832P, 6834P. La consulta de los protocolos notariales de Aguilar de la Frontera ha permitido ampliar información, aunque con muchas lagunas debidas tanto a la pérdida de algunos registros como al mal estado de conservación de otros.
8.- Durante mucho tiempo la historiografía apenas reparó en las beatas, salvo para constatar su relevancia numérica y su relación con los movimientos de renovación espiritual del inicio de la modernidad. El desarrollo de la Historia de as Mujeres, gracias a una reinterpretación de las fuentes desde la perspectiva de género, ha abierto a los investigadores las M terpretación de las fuentes desde | tiva d ha abierto a | tigad el extenso campo de los beaterios. Desde los años ochenta del pasado siglo hasta hoy no han faltado las publicaciones sobre beatas. La bibliografía sobre el tema es amplísima. Baste mencionar algunos autores de referencia, como Atienza López (2007), Braguier (2019), Conde Solares (2017), Graña Cid (2012, 2013, 2018), Miura Andrades (1989, 1991), Munoz Fernández (1994), Pons Fuster (2019). Muchos estudios nos las descubren como mujeres heterodoxas, por la implicación de algunas beatas en los procesos inquisitoriales contra los alumbrados de Toledo y Baeza; o bien como adelantadas feministas, por su vida libre, fuera de las estructuras eclesiásticas, y su resistencia frente a la imposición de la clausura. Sin embargo, la riqueza y complejidad de la vida beata es tal y son tan variadas sus expresiones y circunstancias, que toda generalización es excesiva. Los estudios corroboran un proceso de institucionalización que empieza a finales del siglo XV, coincidiendo con las reformas de las órdenes religiosas hispanas, y se acentúa en el XVI, especialmente a partir del concilio de Trento que promovió el encuadramiento de la vida religiosa en las órdenes regulares y la imposición de la clausura. Esta tendencia institucionalizadora facilitó la transformación de buena parte de los beaterios en conventos, aunque beaterios y beatas continuaron su existencia hasta el siglo XIX.
9.- Graña Cid (2012, 697) califica a Córdoba como «epicentro reformista» en los dos últimos siglos medievales y registra unos 23 beaterios en el siglo ХУ (Graña Cid 2012, 697). El papel de esta ciudad como uno de los focos del movimiento, también es referido por Braguier (2019).
10.- Los dos modelos de vida beata, autónoma y comunitaria, corresponden respectivamente a las que Sastre Santos llama beatas seorsum y beatas collegialiter. A partir de esta primera distinción hay variedad de situaciones en función de criterios como la clausura о el contacto con el mundo, la vinculación о no a una orden religiosa, la especialización en determinadas
11 obras asistenciales, el origen de los recursos, entre otras circunstancias. Vid. Sastre Santos (1997). 11.- Según Palma Varo (1983, 370) y Franco y Areco (2015, 31) el recogimiento de San Antón fue fundado en 1548.
12.- El nombre secular de María de la Paz se expresa en el registro de bautismo de Luis, hijo de Juan de Uceda y Francisca Fernández, donde aparecen como padrinos el licenciado Diego Gutiérrez, Juan Álvarez, escribano público, Isabel de Morales, religiosa, y Mari Núñez, «mujer del dicho Juan Álvarez». AGOC. Libros de Bautismo de Aguilar. 02 (1545-1556), Е 114 г.
13.- Aranda Doncel (1994, 36-37).
14.- Garramiola Prieto (2001, 31-42).
15.- AGOC. Libros de Bautismos de Aguilar: 01 (1534-1545), 02 (1545-1556), 03 (1556-1562), 06 (1568-1576), 06 (1576-1579).
16.- En los registros de Bautismo hay otras muchas religiosas sin relación familiar conocida con las Morales: Catalina de Baeza, Catalina Hernández la Carilla, Catalina Ruiz la Peñuela, Ana de Lucena, Catalina de Badajoz, Inés de Lucena, Isabel de Córdova, Leonor de la Cruz, Leonor de San Juan, Leonor Ruiz, María del Álamo, María de Nadales, María de Uceda, Olalla Martín, Pascuala del Valle y Teresa García.
17.- Pérez González y Sánchez Herrero (2020, 31).
18.- Hay al menos un precedente: un discípulo de San Juan de Ávila, el venerable Juan Sánchez, fundó la casa de recogidas de Córdoba, después convento de la Encarnación Agustina, en la collación de San Pedro. Vid. Aranda Doncel (2013, 157-201 y 166-168).
19.- Otros motivos favorecieron la conventualización de los beaterios. Algunas beatas se vieron involucradas en los procesos inquisitoriales contra los alumbrados. Para no vivir bajo sospecha, muchas buscaron la protección de una orden religiosa. Por otra parte, la falta de recursos obligó a otros beaterios a buscar un benefactor que frecuentemente les imponía la adscripción a una orden regular.
20.- Franco y Areco (2015, 610-613). Hemos reconstruido el árbol genealógico de las familias Morales y del Pino -al final del texto- completando la información de Franco y Areco con los datos aportados por la documentación consultada.
21.- Dos de las características demográficas del XVI son la elevada nupcialidad y la frecuencia de las segundas nupcias, relacionadas con el incremento de la mortalidad en los momentos de crisis demográfica. En la primera mitad del siglo XVI el Reino de Córdoba se vio afectado por dos epidemias de peste: en 1506-1507 y en 1522-1524 Vid. Fortea Pérez (1981, 161).
22.- Así, El Honrado Cristóbal Ruiz de Fernán Gómez, suegro de María García de Morales, figura como alcalde ordinario en 1502 y un sobrino suyo, Juan Ruiz del Pino, era regidor y casó con Juana, hija del regidor Juan Ruiz de Palma. En 1584-1585 el alcalde ordinario es Bartolomé de Lucena Redondo, quien se apellida igual que uno de los yernos de María, aunque desconocemos si existía parentesco. Vid. Franco y Areco (2015, 50-51 y 612-613).
23.- AHPC. Protocolos, Legajo 6543P.
24.- Las fincas son mencionadas en el testamento y codicilo de Juana de Morales, hija de Fernán Gómez del Pino y Francisca de Morales, en junio de 1584 (AHPC. Protocolos, Legajo 6542P) y en la escritura de legítima que otorga Miguel de Lucena Redondo a favor de su hijo Martín López del Pino, en 4 de marzo de 1585 (AHPC. Protocolos, Legajo 6543P).
25.- La eclosión del fenómeno beato en la Baja Edad Media se interpreta también como mecanismo de regulación poblacional en un momento de «feminización demográfica». Vid. Graña Cid (2012, 700).
26.- Traslado de la escritura original, otorgada ante Tomás de Nájera, contenido en el expediente de la Obra Pía de Juana de Morales. AGOC Secretaria General. Visitas Generales. Aguilar. Caja 6208, pieza 35, ff. 3 r-7 г.
27.- El otro albacea es Juan de Linares, canónigo de Córdoba, que también fue testigo con Juan Álvarez de la escritura de donación de las casas. Linares fue vicario general con el obispo Leopoldo de Austria, según refiere Gómez Bravo (1778, 455 y 462). 28.- El Hospital de Santa María de los Huérfanos, fue fundado en 1441 por Lope Gutiérrez de los Ríos, hijo del señor de Fernán Núñez y maestrescuela de la catedral, para acoger parientes pobres del linaje de su padre. Vid. Márquez de Castro (1981, 72).
29.- Garramiola (2001, 38-39).
30.- Creemos que se trata de Pascuala de la Cruz, mencionada en el testamento de Juana de Morales como residente en su casa.
31.- El testamento, otorgado ante el escribano de Madrid Alonso de Vaillo, se conoce por la copia contenida en el expediente del archivo diocesano. AGOC. Secretaría General. Visitas Generales. Aguilar. Caja 6208, pieza 35, ff. 15 v.-18 у.
32.- El término hermandad en referencia al patronato del colegio creemos sigue el modelo de la fundación de Juan Álvarez, situada en la ermita de San Antón, sede de la hermandad del mismo titulo, cuyos cofrades aportaban limosnas para ayuda a la subsistencia de la casa. Vid. Aranda Doncel (1994, 36-37).
33.- En 1564 Pedro Gómez de Medellín, su esposa doña Isabel Hernández y doña Catalina Ruiz Gómez de Medellín, su madre, son padrinos de bautismo de Luisa, hija de Martín García de Morales e Isabel García. Ignoramos si Luisa es hermana o sobrina de Isabel у Juana. AGOC. Libros de Bautismo de Aguilar, 04 (1563-1568), £ 37 у.
34.- Castillo Gómez (2016, 117); Cátedra García y Rojo Vega (2004, 58 y 64); Jiménez Moreno (2023, 182-185).
35.- АСОС. Secretaría General. Visitas Generales. Aguilar. Caja 6208, pieza 35, ff. 17 v, 26 м. y 35 г.
36.- AGOC. Secretaría General. Visitas Generales. Aguilar. Caja 6208, pieza 35, ff. 21 v.-26 г.
37.- Testamento de Juana de Morales, hija de Fernán Gómez, otorgado el 28 de junio de 1584 ante Antonio de Morales. AHPC. Protocolos, Legajo 6542P.
38.- Los autos e inventario de los bienes de Isabel de Morales se realizan el día 27 de junio de 1584 y su copia está incluida en el expediente del archivo diocesano: AGOC. Secretaría General. Visitas Generales. Aguilar. Caja 6208, pieza 35, ff. 21 v-26 r.
39.- Pérez Martínez (2002, 127-140).
40.- Sobre esta devoción en el monasterio cordobés del Cister, vid. Cerrato Mateos (2005, 229).
41.- Según Las Partidas (Título I, Ley VII), pertenece a las autoridades eclesiásticas apremiar a los testamentarios cuando maliciosamente incumplen los testamentos.
42.- Martín López del Pino es sobrino nieto de Juana de Morales, hijo de su sobrina Inés y de Miguel de Lucena Redondo. Diego Ximénez del Pino, es sobrino de Juana de Morales, hijo de María y de Martín López del Pino.
43.- López del Pino relaciona los siguientes bienes: cuatro aranzadas de viña con cinco fanegas de tierra calma incorporadas en el pago de los Arenales, 77 500 maravedís en censos redimibles, la tercera parte de unas casas dentro de la villa, donde viven Marina de Morales con una sobrina y otras mujeres, y la mitad de otras casas en linde con las primeras.
44.- El 27 de agosto de 1584 Marina de Morales hace dos ventas por importe de 50 000 maravedís cada una: a su sobrino el vicario Diego Ximénez del Pino vende una esclava; a las sobrinas religiosas Juana de Morales y María del Pino, su parte en las casas que tiene en común con estas y con Marina de Morales la Moza, sobrina y religiosa también. AHPC. Protocolos, Legajo 6542P.
45.- Sin ánimo de exhaustividad, mencionamos los estudios de conjunto que nos parecen más relevantes sobre la historia de las bibliotecas privadas del s. XVI, trabajos en los que el lector interesado encontrará, a su vez, los complementos bibliográficos aquí necesariamente omitidos: Madurell y Rubió (1955); Rojo Vega (1985, 1997, 1998); Berger (1987); Hillgarth (1991); Gimeno Blay y Trench Odena (1992); Pedraza Gracia (1993, 1998); Peña Díaz (1996, 1997); Les livres des Espagnols a VE poque Moderne (1997); Osorio Pérez, Moreno Trujillo y de la Obra Sierra (2001); Prieto Bernabé (2004); Pérez García (2005, 2006, 2012); Maillard Alvarez (2011); Álvarez Márquez (2004, 2014); Díez Borque, Bustos y di Pinto (2015); Díez Borque y Díez Ménguez (2016); Fontova Sancho (2019); Solana Pujalte (2020). Balances bibliográficos y líneas de investigación: Huarte Morón (1955); Beer (1970); Chevalier (1976); Lasperas (1980); Dadson (1996, 1998); Hernández González (1998); Gudayol (1998-99); Gonzalo (2015).
46.- En los trabajos referidos en la nota anterior al ámbito sevillano, podrá encontrarse la bibliografía.
47.- Solo conocemos 3 bibliotecas importantes, las 3 nobiliarias: Pedro Fernández de Córdoba, marqués de Priego en su riquísima biblioteca inventariada tras su muerte en 1518, contaba con 268 títulos; Francisco de Zúñiga Guzmán y Sotomayor, IIT duque de Béjar y IV conde de Belalcázar, 251 títulos en 1544 y Luis Fernández de Córdoba y Aragón, conde de Prades, 192 títulos, vid. Quintanilla Raso (1981); Redondo (1967); Aranda Doncel y Flores Muñoz (1999). Para las restantes, eclesiásticas en su mayoría y que no superan, salvo un caso, los 30 ejemplares, vid. relación en Solana Pujalte (2020, 427).
48.- АСОС. Secretaría General. Visitas Generales. Aguilar. Caja 6208, pieza 35, ff. 24r-v. Dado el uso reiterado e inevitable de algunas referencias bibliográficas en el cuerpo del texto, hemos optado por recurrir al uso de acrónimos, para simplicar esas reiteraciones. Su relación se encuentra explicitada en la bibliografía final.
49.- No hay evidencias suficientes para defender la existencia de una editio princeps en Valencia: Jofre, 1515 (Bosch 66; PG?, 599).
50.- Juana, la tercera hija de los Reyes Católicos tenía un "libro de pargamino, de mano, que es Epístolas de sant Yerónimo e Diálogos de sant Agustín" (Jiménez Moreno 2023, 299 [27]), pero no es posible acreditar que se trate de esta traducción.
51.- Mientras en las bibliotecas femeninas antes mencionadas todos los ejemplares pertenecen a la traducción de Juan de Molina, la exigüidad de los datos de los inventarios no nos permiten discernir en bastantes de los que siguen si estamos ante la edición latina de las Epístolas de S. Jerónimo o ante su traducción castellana. Colocamos un asterisco en el nombre de aquellos propietarios cuyo ejemplar era muy probablemente de la traducción romance.
52.- Sobre Juan de Molina y su actividad traductora-adaptadora, vid. López Estrada (1955); Rabaey (2012); Arronis Llopis (2013).
53.- Señalamos con asterisco en el nombre aquellos casos en que la identificación de la obra es segura, dada la similitud literal del título que recoge el inventario: «Epístolas y evangelios». En los demás casos, la identificación es más dudosa, pues el título reflejado en el inventario es solo «Evangelios» (C&R 149).
54.- Sobre la labor traductora de Montesino y su dependencia de versiones anteriores, vid. Matesanz del Barrio (1997); Moreno Hernández (2013).
55.- Ediciones: Salamanca (Impresor de la Gramática castellana de Nebrija, 1497; ISTC 100249000; CICLE0075); Burgos (Andrés de Burgos, 1505; MA2, 928; CECLE0169) y Toledo (Juan de Villaquirán, 1516; MA2, 929; CECLEO171).
56.- MA2, 930; CECLEO134.
57.- García Pinilla (2002).
58.- Solana Pujalte (2024, 116, 123-125).
59.- En García de Castro (2011, 509-546) puede encontrarse un detallado estudio sobre su estructura compositiva, fuentes y pervivencia
60Edicién en Granada, Luis de (1994-95).
61.- Edición y estudio en Jiménez de Cisneros (1965). Sobre el autor: Colombás (1955).
62.- Colocamos asterisco cuando el libro poseído es en su versión romance.
63.- Único ejemplar controlado de esta edición en Biblioteca Diocesana de Córdoba: COFA 16/001.977(2). No está contrastada la existencia de una edición sevillana de 1542 que recogen Lazcano 2000, 1067, n . 44 y PG2, 309, sin respaldo descriptivo ni de ejemplares controlados.
64.- Solo hay 3 ediciones posteriores: Laredo, Bernardino de (1948; 2000); Bernabé de Palma y Laredo, Bernardino de (1998). Sobre el autor, vid. Foronda (1930); Ros (1948); Rodríguez (1971, 508-509); Chavero, 1998.
65.- Sobre la vía del recogimiento, vid. A1, 198-227.
66.- En Solana Pujalte (2020, 435) aparecieron 13 ejemplares de estas dos obras en un corpus de 5858 ejemplares analizados (0,22%).
67.- Datos obtenios de Cátedra & Rojo (2004, 20-34).
68.- Bibliotecas de Isabel de Salazar (1536, 1 libro); Juana de Gudiel (1554, 2 libros); Argenta Calvo (1564, 1 libro); Beatriz Torquemada (1570, 11 libros), Catalia de Pinedo (1583, 6 libros).
69.- Datos procedentes de Solana Pujalte (2020, 439, cuadro II).
70.- Tito Livio es el cuarto historiador latino más leído en España en el 5. XVI, pero su presencia en este tipo de biblioteca es, como queda dicho, completamente insólita. Para más datos acerca de la lectura de Livio en España, vid. nota 58.
71.- Sobre los libros de horas, vid. Ruth Martínez Alcorlo (en prensa).
72.- La lectura «silabeada» a la que hacen referencia C&R, 44.
73.- Nada que ver, sin embargo, con las lecturas aconsejadas por fray Hernando de Talavera en su De cómo han de vivir las monjas de san Bernardo en los monasterios de Ávila, vid. Elisa Ruiz (2004, 180).
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