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In this study I attribute the composition of the Book of Alexandre to the magister of the University of Palencia and member of the School of Translators of Toledo Hermann the German: I base myself on various textual, biographical and historical reasons. Among the evidence I provide is the reference in the work to the Lord of Sicily -Manfredo de Hohenstaufen-, to the scriptorium of Moncayo" (Santa María de Piedra) and of "Cogolla" (San Millán de la Cogolla), to the capture of Damietta in 1219 by the Teutonic Order to which he belonged, to his ideological proximity -like Berceo- to Lateran reformism and to his good knowledge of Aristotle, an author he translated and whose great knowledge in the Book of Alexandre is shown on many occasions. Nor is the similar literary conception of 'translation' and gloss in his version of the biblical Psalter and in the translation and gloss of his sources in the Book of Alexandre. KEY WORDS: mester de clerecia; Hermann the German'; Book of Alexandre; authorship, dating. 1.- Antecedentes y propósito El Libro de Alexandre es una de las obras medievales más complejas de nuestra literatura.
RESUMEN:
En este estudio atribuyo la composición del Libro de Alexandre al magister de la Universidad de Palencia y miembro de la Escuela de Traductores de Toledo Hermann «el Alemán». Me baso en diversas razones de carácter textual, biográfico e histórico. Procedo, asimismo, a la datación del texto, situando su escritura entre 1254 y 1256. Entre las pruebas que aporto, se encuentran la referencia en la obra al señor de Sicilia -Manfredo de Hohenstaufen-, al scriptorium de «Moncayo» (Santa María de Piedra) y de «Cogolla» (San Millán de la Cogolla), a la toma de Damieta en 1219 por la Orden Teutónica a la que él perteneció, a su proximidad ideológica -como Berceo- al reformismo lateranense y a su buen conocimiento de Aristóteles, autor que tradujo y cuyo gran conocimiento en el Libro de Alexandre se pone de manifiesto en muchas ocasiones. No es casual el hecho de la existencia de un manuscrito de la obra, copia realizada por Lorenzo «de Astorga», localidad de la que fue obispo al final de su vida. Ni tampoco la similar concepción literaria de la «traducción» y de la «glosa» en su versión del Salterio bíblico y en la traducción y glosa de sus fuentes en el Libro de Alexandre.
PALABRAS CLAVE: mester de clerecía; Hermann «el Alemán»; Libro de Alexandre; autoría, datación.
ABSTRACT:
In this study I attribute the composition of the Book of Alexandre to the magister of the University of Palencia and member of the School of Translators of Toledo Hermann the German: I base myself on various textual, biographical and historical reasons. I also proceed to date the text, placing its writing between 1254 and 1256. Among the evidence I provide is the reference in the work to the Lord of Sicily -Manfredo de Hohenstaufen-, to the scriptorium of Moncayo" (Santa María de Piedra) and of "Cogolla" (San Millán de la Cogolla), to the capture of Damietta in 1219 by the Teutonic Order to which he belonged, to his ideological proximity -like Berceo- to Lateran reformism and to his good knowledge of Aristotle, an author he translated and whose great knowledge in the Book of Alexandre is shown on many occasions. It is no coincidence that there is a manuscript of the work, a copy made by Lorenzo de Astorga, the town of which he was bishop at the end of his life. Nor is the similar literary conception of 'translation' and gloss in his version of the biblical Psalter and in the translation and gloss of his sources in the Book of Alexandre.
KEY WORDS: mester de clerecia; Hermann the German'; Book of Alexandre; authorship, dating.
1.- Antecedentes y propósito
El Libro de Alexandre es una de las obras medievales más complejas de nuestra literatura. A la dificultad que plantea para su estudio la anonimia, se une el hecho de que una buena parte es una adaptación o glosa en gran medida libre de sus fuentes literarias, fundamentalmente francesas. A ello hemos de añadir la circunstancia de que solo conocemos completas dos copias, una hecha en tierra castellana! y otra en la zona leonesa", con sus particularidades lingüisticas ambas; aunque sabemos de otras más, algunas de las cuales nos han llegado fragmentariamente. Según Francisco Marcos Marín, «existieron del Alexandre al menos siete manuscritos más o menos completos» (Marcos, 1987: 29).
Los críticos se han referido, como posibles autores, a Juan Lorenzo, de «natura» -que no «Segura», como se ha repetido durante mucho tiempo- de Astorga, que aparece enel explicit del manuscrito leonés y a Gonzalo de Berceo, a quien se alude en el castellano. En este segundo caso, el copista le atribuye su composición al clérigo riojano, quizás interesadamente, para engrandecer la obra (Dutton, 1960; Alarcos, 1981; Greenia, 1993; Casas, 2007).
Sin embargo, en la actualidad los investigadores niegan la autoría tanto de uno como de otro. En el caso de Juan Lorenzo de Astorga, parece difícil sostenerla, puesto que se le menciona como escritor, referencia habitual al trabajo de un simple copista (Hubert, 2000). En el castellano en que se alude a Berceo, encontramos el verbo fazer en lugar de escribir, lo cual parece indicar que, tal vez, quien elaboró esa estrofa al final del texto creyó que su autor intelectual fue el «maestro» riojano. En cualquier caso, se emplea en el manuscrito la tercera persona y nunca la primera, señal inequívoca de que no es él quien afirma su autoría, sino el autor de los siguientes versos":
Si queredes saber quién fiz este ditado, Gonçalo de Berceo es por nombre llamado natural de Madrid, en Sant Millán criado, del abat Johan Sánchez notario por nombrado. 2678
Parece haber quedado ya en el olvido una antigua atribución al rey Alfonso X el Sabio, tesis sostenida por José Pellicer de Ossau (1663) y también más tarde por Nicolás Antonio en su Bibliotheca hispana vetus (1696: 54 del vol. IT).
Durante el pasado siglo, José Hernández Pérez (1992) propuso como autor a Hispano Diego García, también conocido como Diego García de Campos, estudiante en la Universidad de París, tío de Santo Domingo de Guzmán, canónigo en Toledo y buen amigo del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada al que acompañó a Italia durante el IV concilio de Letrán, autor asimismo de la obra Planeta que ha merecido la atención de los críticos literarios (Alonso, 1943). Sin embargo, se reconoce unánimemente que su estilo ampuloso, recargado de figuras retóricas y extremadamente culto y alegórico, está lejos del que encontramos en el Libro de Alexandre, mucho más sencillo en su lenguaje y en su estructura literaria. Los críticos han señalado, no obstante -entre otros Beatriz Quintana Jato (2018)-, que hay elementos comunes en el Planeta y en el texto sobre Alejandro Magno: la sátira de la clerecía -expresión de la reformatio lateranense-, la crítica en ambas de la soberbia -tema central en la de Alexandre como ha señalado Isabel Uría (1996: 513528)- y la presencia en las dos de la influencia francesa. Pero existe un problema: hasta donde sabemos, su dirección en la cancillería castellana se caracterizó por continuar la tradición de redactar los documentos administrativos únicamente en latín. Solo con su sucesor todo esto cambiará y el castellano se abrirá camino enla escritura de esta clase de textos (Rubio, 1993-1994).
Brian Dutton (1973: 73-93) y la citada Isabel Uría (1986: 431-442), además de otros críticos, señalaron el posible origen intelectual de la obra en la Universidad de Palencia, nacida bajo la protección del obispo de la localidad D. Tello Téllez de Meneses - al que cita Berceo en sus Milagros -, con el apoyo del arzobispo de Toledo, el navarro Rodrigo Jiménez de Rada. Desgraciadamente, contamos con muy poca documentación sobre nuestro primer centro universitario (Menéndez Peláez, 1984), aunque sí sabemos de la presencia en ella de profesores franceses e italianos formados en la Universidad de París o en Bolonia, entre ellos, Hermann «el Alemán». El Padre Enrique Flórez (1762: 241-243 del vol. ХУТ) señala que Hermann lega en su testamento varias casas y otras posesiones al cabildo catedralicio de Palencia, prueba que acredita su residencia en la ciudad. Es muy probable que, en su virtud, viviera en ella y que, con gran probabilidad, fuera magister en su Studium. ¿Qué le hubiera llevado en otro caso hasta allí? No parece razonable pensar otra cosa.
El centro -aunque todavía no reconocido como Studium Generale- venía ya funcionando en las dos últimas décadas del siglo x11 y allí estudió, por ejemplo, santo Domingo de Guzmán, quien en 1194 fue designado regente de la cátedra de Sagradas Escrituras. Su reconocimiento real como centro universitario no será sin embargo efectivo hasta 1212, después de la batalla de las Navas, tal vez como premio de Alfonso VIII al obispo Tello Téllez, quien participó con sus tropas (Fuente, 2012). Pero el nacimiento en 1218 de la Universidad de Salamanca marcó un punto de inflexión en la de Palencia, que comenzará a languidecer y finalmente, pese a los esfuerzos todavía en 1263 del papa Urbano IV que le dio parecidos privilegios a los de París, desaparecerá poco tiempo después (Torremocha, 2012).
El centro palentino permitió a sus estudiantes entrar en contacto con los avances de la Universidad de la capital francesa y de los centros italianos de la Lombardía. Quizás estudió en Palencia Gonzalo de Berceo durante el tiempo en que no tenemos noticias de él, entre los años 1223 y 1236 (Uría, 2008). En la Vida de San Millán la cita y también algunas de las localidades próximas a esta última, por donde pudo pasar con destino a su Studium. En cualquier caso, es innegable la influencia que tuvo para la formación de clérigos en las nuevas ideas que llegaban de Francia, de Italia y de Alemania.
Hay otro problema importante, el referido a su datación. Se admite que es una obra temprana y se suele situar su escritura en la primera década del siglo XIII. Los famosos versos 1799c y 1799d, oscuros y complejos de entender, dicen que «de tres mil e nueue cientos doze les tollia / agora.iiij°. mil e trezientos e quinze prendia». Señala Marcos Marín que el cálculo nos llevaría a 1202 / 1205. Pero ello sería así siempre que ese «agora» se refiera a la fecha de la escritura del Libro de Alexandre y no ala
de la copia del Alexandreis que el autor del Alexandre utilizó. En este caso hemos de suponer un texto latino, que no se ha conservado, en el que, frente al resto de la tradición, se añadieran uno o dos versos, los supuestamente traducidos por el autor castellano, necesarios exclusivamente para este fin. (Marcos, 1992: 176)
Enzo Franchini, sin embargo, defiende una datación más tardía, puesto que, en su opinión, la aparición del sintagma «vera penitencia» obliga a situar la elaboración de la obra después del TV Concilio de Letrán en 1215 (Franchini, 1997: 31-74). Los defensores de la autoría de Diego García de Campos insisten en que esta circunstancia lo valida como su creador, toda vez que él participó junto con el arzobispo navarro Jiménez de Rada en el concilio lateranense de aquel año. Una referencia a Damiata (estrofa 860d), localidad del norte de Egipto, y a Sicilia parecen aludir, según Gerold Hilty (1995), a las campañas de los cruzados en el primer caso de 1219 y en el segundo de 1228.
Algunos críticos creen que se escribió en la década de 1220, en una labor que debió de ocupar a su autor un largo periodo de tiempo. Isabel Uría (1990: 110), por ejemplo, considera que si la fuente principal, Alexandreis de Gautier de Chátillon, es de 1184, serían necesarios varios años para su asentamiento peninsular y para que fuera trabajado como texto universitario en el Studium de Palencia en su momento de máximo esplendor.
Se han aducido otros hechos para trasladar la composición de la obra todavía más tarde, hasta casi la mitad del siglo XIII. Sin embargo, nadie ha considerado que se pudiera elaborar con posterioridad a 1250, fecha aproximada de la escritura del Poema de Fernán González, en el que críticos como Marden concluyen que es perceptible el influjo del Libro de Alexandre (Marden, 1917: LIV-LV).
Hay otra circunstancia que dificulta situarla cronológicamente: la inexistencia de una dedicatoria a alguien conocido, como sí hace, por ejemplo, Alexandreis de Gautier de Chátillon, en este caso a Guillermo, arzobispo de Reims. El Libro de Alexandre comienza señalando lo siguiente: «Señores, si queredes mi servicio prender / querríavos de grado servir de mi mester» (1a). No hay, por tanto, un único destinatario como en Alexandreis, sino una pluralidad de individuos. Se refiere a continuación a «fablar curso rimado» y a «qui oir lo quisiere». Esto es, el texto está escrito para ser no solo leído, sino fundamentalmente escuchado (fablar, oír) y no para un individuo, sino que «haverlo han por ello muchos a conocer».
A continuación, refiriéndose a su fuente principal, Alexandreis, nos dice «quiero leer un libro» (5a). Esto es: su obra la concibe su autor como un texto divulgativo y su fuente es libresca y por tanto culta. Tenemos, en resumen, explicitadas las condiciones que definen al maestro, intermediario entre el libro y el oyente, esto es, el escolar. Así el clérigo es el intermediario entre la palabra de Dios (el libro sagrado) y el oyente, la feligresía, el pueblo que escucha. En el texto -también en el movimiento cultural-, clérigo y maestro son términos que se confunden, pues ambos son intermediarios y divulgan o difunden la palabra escrita. Según Julian Weiss (2006), los clérigos actúan con sus obras como maestros e intermediarios y utilizan por ello muchas fórmulas de tradición oral.
Pero volvamos al principio. ¿Quiénes son los señores? Para Berceo existen tres referentes en sus Milagros: los señores, los vassallos y los amigos. Los primeros representan indiscutiblemente a la nobleza; los segundos, al tercer estado; y los últimos son los clérigos, a los que se dirige muy probablemente en su obra (Cáseda, 2018: 354 y ss.). Y, sin embargo, el autor del Libro de Alexandre tiene como principales destinatarios a los «señores»; esto es, а los nobles ( «Señores, si queredes mi servicio prender») y no a los amigos. Ciertamente, el tema que trata cada uno de ellos es muy diferente: la exposición de los pecados y las conductas reprobables de muchos clérigos en los milagros berceanos; la vida de un héroe, señor y caballero de la nobleza, como el rey macedonio, en el Libro de Alexandre.
¿Tiene este último como destinatarios principales a miembros de ricas familias, en algunos casos dirigentes políticos y en otros clérigos? ¿Es su autor un maestro (magister) del mester (minister) de la clerecía (la enseñanza)? Lo dice al comienzo cuando, se llama a sí mismo -según la tópica de la falsa modestia- «non mal escrivano» (5d). Pero este escribano es también un traductor y un adaptador de sus fuentes. Y eso no estaba al alcance de cualquiera en la primera mitad del siglo XIII. Por tal razón tanto Brian Dutton como Isabel Uría y otros muchos encuentran en Palencia el lugar propicio para que esta labor de difusión cultural se llevara a cabo. Muchos de los que llegaron a ella como docentes desde Francia, Italia o Alemania eran buenos maestros. La razón de su venida a la Península parece clara: la posibilidad de acceder al saber que las bibliotecas de las recién conquistadas ciudades de al-Ándalus, especialmente con Fernando III de Castilla, guardaban y que podían por fin ser accesibles para los cristianos. En este sentido, hay un vínculo importante entre su venida a centros como la Universidad de Palencia y el desarrollo posterior de la Escuela de Traductores de Toledo (Foz, 1987; Millás, 1942). Y ahí, en ese preciso instante, es donde encontramos a Hermann «el Alemán», procedente del país teutón a finales de 1219 con el séquito de Beatriz de Suabia para la boda de esta con Fernando III, rey de Castilla y de León.
Ya Francisco Rico en sus estudios sobre «La clerecía del mester» alude a los moderni clerici y al carácter del Libro de Alexandre como
versión española, inequívoca, de esa escuela de dimensiones europeas. Lo es en los modos: desde los exordios a las despedidas, pasando por la estructura y concatenación de las coplas, las preferencias sintácticas o el ornato retórico. E igualmente en los contenidos y en las actitudes el mester de clerecía se revela como un esqueje cortado de jardines transpirenaicos. (Rico, 1985: 19-20)
El estudio que ahora principio tiene como objetivo fundamental establecer las relaciones del Libro de Alexandre con la biografía y con la obra de este importante y, sin embargo, en buena medida desconocido individuo que llevó a cabo una importante labor de divulgación cultural primero como profesor en Palencia y luego como traductor en Toledo, así como posteriormente, tras su regreso de Sicilia y de la península italiana, como obispo en Astorga, donde quizás hizo Juan Lorenzo de Astorga una copia de su Libro de Alexandre.
2.- Semblanza biográfica de Hermann «el Alemán»
No son muchos los datos biográficos que conocemos de este individuo, probablemente nacido a finales del siglo XII о primeros del X111, presumiblemente en Alemania, e hijo de un clérigo y de una soltera («de sacerdote genitus et soluta»), situación que debió de provocarle no pocas dificultades (Salvador, 2015: 11) e impidió probablemente su medro político y social, además de económico hasta una edad avanzada. Estudió en la Univer- sidad de París, donde coincidió con los más importantes maestros de la Europa de su tiempo, franceses, italianos y alemanes, además de algunos peninsulares (Ferreiro, 1983). Allí coincidió con el futuro papa Clemente IV y con el inglés Roger Bacon. Y parece que, aunque fue miembro secular de la clerecía, no fue preste o presbítero hasta casi la víspera de ser investido obispo, poco antes de su muerte, gracias a la dispensa de su viejo amigo el papa Clemente (Salvador, 2015: 11).
Formó parte de la Orden Teutónica, institución militar nacida en Alemania, algunos de cuyos miembros, entre ellos Hermann, acompañaron en 1219 a Castilla a la futura reina Beatriz de Suabia para casar con Fernando III. Se estableció esta Orden en la Península y, según Martín Martínez, durante un tiempo Hermann «permaneció al servicio del obispo de Burgos, Juan, canciller de Fernando III» (Martínez Martínez, s.f.). Lo localizamos en Palencia durante los años veinte y treinta del siglo XIII. En su testamento lega, entre otros bienes, varias casas en esta ciudad, prueba de su permanencia en la localidad como magister (Flórez, 1762: 241-243). ¿O acaso se puede creer que tal hecho es solo circunstancial, más aún en una localidad que solo adquirió entonces cierta relevancia en razón a situarse en ella su Studium? Es muy probable que siguiera, entonces y mucho más tarde, formando parte de la Orden Teutónica y que visitara con cierta frecuencia su sede en Castilla. Según H. Salvador Martínez «Fernando III concedió a estos caballeros teutónicos unos terrenos para que se establecieran en la villa de Mota de Toro (hoy Mota del Marqués)» (Salvador, 2015: 12).Este investigador señala que probablemente no se desvinculó nunca de esta orden alemana ya que diversos episodios de su vida están marcados por su relación con ella:
La vinculación de Hermannn «el Alemán» con la Orden Teutónica podría explicar también, como veremos más adelante, su presencia en Italia entre 1256 y la fecha de su nombramiento al obispado de Astorga en 1266, así como una posible docencia en la Universidad de Palencia, por lo menos entre 1231 y 1240. (Salvador, 2015: 12)
Durante su estancia en Palencia, fue magister, según palabras de Roger Bacon, quien se refiere a él como «magister Hermannus translator» (Bridges, 1962: 73 del tomo I). En 1240 se encuentra en Toledo, en su Escuela de Traductores. Su primera traducción del árabe al latín tiene fecha de junio de ese año (Lafarga, 2009). Es muy probable que promoviera su marcha a esta ciudad su amigo el obispo de Burgos, D. Juan, quien le animó a «trasladar» al latín algunos textos, dados sus conocimientos del francés, del alemán, del hebreo y del latín. Según Salvador Martínez (2015: 13),
D. Juan era, junto con su predecesor en la cancillería de Castilla, Diego García de Campos, el intelectual de punta de la corte de Alfonso VIII y posteriormente de la de Fernando III, al que D. Lucas de Tuy llama sapientissimus Joannis Regis Ferdinandi Chancellarius, y se le atribuye la autoría de la Crónica latina de los reyes de Castilla; fue muy aficionado a las letras y, como el mismo Hermann nos dice, el que le alentó a que tradujese la Retórica y la Poética de Aristóteles.
En Toledo permaneció durante diez años y en esta ciudad, ayudado por un buen equipo formado por mudéjares, mozárabes y judíos, llevó a cabo traducciones del árabe, una vez pudieron hacerse con los tesoros archivísticos y con las bibliotecas que iban siendo li beradas conforme avanzaba la Reconquista (Gonzálvez, 1997: 586 y ss.). Probablemente residió en la casa que construyó la Orden Teutónica a las afueras de Toledo, en Higares (Echeverría, 2000). Y también parece factible que el arzobispo de Toledo, el navarro Rodrigo Jiménez de Rada, y el obispo de Burgos alentaran sus trabajos de traducción, especialmente de Aristóteles y de Averroes, su intérprete más aventajado (Boggess, 1981).
Como antes hicieron el arzobispo de Toledo y el obispo de Burgos, también Hermann se encargó de la educación de los hijos del rey castellano. De hecho, sabemos que en 1245 acompañó a
D. Sancho, futuro arzobispo de Toledo, que debió llegar a París durante el verano de 1245, probablemente acompañado también de su tutor, el gran traductor del árabe Hermann «el Alemán». Ambos Hermannos [Felipe, su Hermanno, y Sancho] debieron asistir a las clases de algunos de los profesores más distinguidos de la Universidad, como Alberto Magno, Juan de Garlandia y acaso del mismo Roger Bacon que entonces impartía clases en París. (Salvador, 2015: 13)
Este último -Roger Bacon- lo trató entonces y es quien nos ha dado una mayor cantidad de información sobre él (Brewer, 1895). Indica que se ayudó de un gran equipo de traductores porque, en realidad -y según advierte-, no era tan sabio ni conocedor de lenguas como parece desprenderse de su actividad. En realidad, Hermann trabajaba de una forma muy parecida a la del resto de sus contemporáneos traductores, utilizando un gran equipo de expertos nativos que eran quienes ejecutaban la mayor parte de la labor. En ese sentido tenemos que valorar las siguientes palabras expresadas con cierto resabio por Bacon, no solo contra Hermann, sino contra todos sus compañeros, tal vez expresión de su envidia por no formar parte de ese importante grupo de sabios que tuvo por primera vez entre sus manos los tesoros archivísticos árabes recogidos recientemente conforme avanzaba la Reconquista:
Cierto que ninguno de los mencionados [Gerardo de Cremona, Miguel Scoto, Alfredo Ánglico, Hermann el Alemán y Guillermo de Flandes] supo algo digno de lenguas ni de ciencias, como se echa de ver claramente, no sólo por las mismas traducciones, sino también por la condición de los que las hicieron. Pues todos han existido en nuestro tiempo, de modo que algunos en sus años mozos fueron todavía contemporáneos de Gerardo de Cremona, que fue de todos el más viejo. Hermann, del que yo fui amigo, todavía vive y es obispo. (Salvador, 2015: 21)
En Toledo, Hermann traduce en primer lugar la Ética a Nicómaco de Aristóteles y la Retórica de Averroes. Con él se encontraban otros ilustres traductores como Yehuda ben Moses ha-Kohén, Pedro Gallego, Abraham Ibn Wagar o Antonio Andrés (Pérez González, 1992: 269-283). En la misma ciudad, Hermann se encarga de la traducción del Comentario medio de Averroes a la Ética a Nicómaco de Aristóteles. Dice al final del texto que la acabó el 3 de junio de 1240. En 1243, concluye la traducción de la Summa Alexandrinorum, conjunto de diez libros que comentan la Ética de Aristóteles, compuesta por filósofos de Alejandría. Por esas fechas, tradujo también la Glosa de Alfarabi sobre la Retórica de Aristóteles, o Didascalia in Rethoricam Aristotilis ex Glosa Alpharabii. Llevó a cabo la traducción de la Retórica de Aristóteles, fechada por Hermann en 1256. Y en ese mismo año terminó su Comentario medio de Averroes a la Poética de Aristóteles. Fue el que primero y más cerca estuvo de los textos del maestro de Alejandro Magno en la Peninsula, el gran filósofo Aristóteles. Fue también el mejor conocedor de Averroes y a él se deben sus primeras traducciones al latín.
Roger Bacon señala en su Opustertium que, a partir de 1256, fue «Hermann el Alemán traductor de Manfredo, vencido poco ha por el rey Carlos [de Anjou)». En efecto, según Martín Martínez, «hacia 1256 abandonó Toledo para trasladarse a Sicilia, donde permaneció, como traductor, al servicio del rey Manfredo, hasta la derrota y muerte de este, en Benevento, el 26 de febrero de 1266» (Salvador, 2015: 15). Pese a que Maurilio Pérez rechaza su posible estancia en Italia, Menéndez Pelayo (1880: 612) sí creyó que esta se produjo. Está documentada su presencia en Manfredonia tras la muerte de Manfredo, según Salvador (2015:16): «En un documento de la Orden fechado el 10 de agosto de 1266 aparece el nombre de Hermagnus como praeceptor de la Encomienda de San Leonardo de Siponte». Manfredo era alemán, hijo del emperador germánico Federico II, de la dinastía Hohenstaufen. Es muy probable que existieran lejanos vínculos personales y, tal vez, familiares con este noble teutón. Algo debió de influir el hecho de que la corte castellana tuviera una fuerte relación con la alemana a partir de la llegada a la Península de Beatriz de Suabia y del establecimiento en esta de la Orden Teutónica (Martínez Díez, 1993).
Durante estos diez años (1256-1266), fue Hermann testigo de las luchas de Manfredo contra la alianza del papa y el rey francés Carlos de Anjou para lograr el poder sobre toda Italia. Con el ascenso ala silla papal de Urbano IV, de orígenes franceses, y de su sucesor Clemente IV -antiguo canciller de Luis IX- la situación se volvió todavía más tensa y acabó con la muerte del rey de Sicilia, el benefactor de Hermann, en la batalla de Benevento en 1266.
Pese al fallecimiento de su protector y amigo, Hermann siguió en Italia, probablemente en Siponte, rebautizada como Manfredonia tras ser destruida por un terremoto, lugar donde existía entonces una rica encomienda de la Orden Teutónica. Allí, según «un documento de la Orden fechado el 10 de agosto de 1266, aparece el nombre de Hermagnus como praeceptor de la Encomienda de San Leonardo de Siponte» (Salvador, 2015: 16).
El papa Clemente IV, antiguo compañero de estudios en París, no tuvo inconveniente en llamarlo a su presencia pese a que militara en el bando de su enemigo y le ofreció la silla episcopal de Astorga, entonces vacante. Pero este adujo ser muy mayor y que existía el grave inconveniente de que era hijo de clérigo y de soltera («de sacerdote genitus et soluta»). Tras la dispensa papal, fue nombrado presbítero y el 6 de diciembre de 1266 obispo de Astorga.
Esta última etapa nos descubre a un individuo tranquilo, ajeno a cualquier debate político o religioso de importancia. No hizo muchas reformas; pero algunas son buen ejemplo de su espíritu. Según Martín Martínez:
Formó nuevos estatutos para el Cabildo catedralicio, eliminando la manda obligatoria de los canónigos a su muerte de ofrecer al obispo un vaso de plata, una mula y otra cosa; reguló también diversos aspectos disciplinares del Cabildo y se comprometió a no aumentar el número de canónigos, prebendados y racioneros. Se querelló contra el Concejo astorgano, ante el Rey, por daños que aquél causaba al clero, al Cabildo catedralicio y al propio obispo. Volvió a su pasión traductora haciéndolo ahora directamente del hebreo. Falleció a finales de 1272, pues el 10 de diciembre hizo testamento y nunca más vuelve a aparecer en la documentación. (Martínez Martínez, s.f.: s.p.)
Quizás el hecho de no haber participado a lo largo de su vida de prebendas o de raciones por su condición de hijo de clérigo le llevó a limitar en su diócesis estas regalías. Su orden de eliminar la herencia forzosa al obispo es ejemplo de su modo de pensar y de actuar, mucho más desinteresado que sus predecesores en el cargo episcopal (Quintana, 2002: 369 y ss.). Su relación con su rey Alfonso X, descendiente de la casa imperial alemana, parece que fue excelente, como había sido antes con Fernando III y con su esposa la alemana Beatriz de Suabia.
Durante el tiempo en que permaneció como obispo hasta su muerte a finales de 1272 solo tradujo -directamente, esta vez, del hebreo- el Salterio bíblico, Ms. escurialense 1-8, en la actualidad editado por la Universidad de Valladolid (Diego, 1993).
La bibliografía sobre Hermann es muy escasa, apenas reducida a los estudios de Maurilio Pérez González, los trabajos referenciados de Martín Martínez, de J. Ferreri en Hispania Sacra, de Salvador Martínez y de W. Bogges, además de breves referencias de Menéndez Pidal, del padre Enrique Flórez en su España sagrada, en que tan solo se refiere a su testamento, y poco más. Quizás la mejor fuente de información sea la de Roger Bacon citada y la edición actual del Salterio con una buena introducción de María Wenceslada de Diego Lobejón.
3.- Hermann «el Alemán» y la composición del Libro de Alexandre
En este apartado pongo en relación diversas referencias textuales de la obra con la biografía de Hermann «el Alemán» o con circunstancias que permitan percibir algún rastro de su autoría en el Libro de Alexandre.
a) Las referencias al «señor de Sicilia» cuya bendición divina reclama el autor
La conocida estrofa o cuaderna 2522 del Libro de Alexandre alude al regalo que envió a Alejandro, de vuelta de Babilonia, el señor de Sicilia en señal de vasallaje. En estrofas previas a esta, aparecen los presentes de Marruecos, de España y de Francia. En ninguno de estos casos se menciona a quien los envía y el autor dice de forma impersonal «embiaгоп de Marruecos» (25194), «embióle España» (25204), «[Francia] embiól un escudo» (25204). Sin embargo, el caso de Sicilia es diferente, pues señala lo siguiente:
El señor de Secilia, -jque Dios lo bendiga!-,
Embidle por parias una rica loriga;
Los que ivan más tarde, -creo que verdad diga-,
Tenién que havién fecho falimiento o nemiga.
¿Por qué se alude de forma tan amigable al «señor de Sicilia» y se hace un elogio de él, pidiendo bendiciones para este individuo, a diferencia de lo que ocurre con el resto, con los de Francia, España o Marruecos?
La fuente del texto, Alexandreis de Gautier de Chátillon, solo dice lo siguiente: «Siculo veniens lorica tyranno» (libro X, v. 274). Ambos textos, el castellano y el del escritor fran- cés, mencionan en último lugar a Sicilia, tras España, Francia y Marruecos, aunque estas últimas tres en diferente orden. No hay en la fuente francesa esa referencia tan amable al señor de Sicilia, el alemán Manfredo, del linaje de los Hohenstaufen (era hijo ilegítimo de Federico II y medio hermano del rey alemán Conrado IV), al que pide el autor del Libro de Alexandre que «Dios lo bendiga». Los objetores hipercríticos pueden aducir que aparece la voz «bendiga» por la necesidad de rimar con la palabra «loriga» que está en la fuente original de Gautier de Châtillon («lorica» ). Pero esto no se sustenta, pues hay muchísimas otras palabras con esta terminación que podrían haber aparecido en el poema.
¿Por qué esta deferencia con el señor de Sicilia, al que pide «que Dios lo bendiga»? Porque se está refiriendo, quizás, a Manfredo de Sicilia, regente y señor de aquellas tierras desde 1254 y solo rey a partir de 1258, tras la muerte primero de Conrado IV y luego de su sucesor Conradino. Cuando escribió su poema el autor del Libro de Alexandre, Manfredo era aún regente de Sicilia, en nombre de Conradino, como señalan muchos estudiosos, entre otros Lomax (2006: 440). Manfredo se opuso al papa Inocencio IV -nombrado «guardián» de Conradino- y lo venció en larga pugna siendo finalmente -tras su regencia y la muerte de Conradino en 1258- nombrado rey. Durante los años de 1254 a 1258, no dejó de ser en ningún momento regente de Sicilia; esto es, no rey, pero sí su «señor» como se le denomina en la obra. Es muy probable que Hermann «el Alemán» tuviera relación con él antes de marchar a Sicilia en 1256 para entrar a su servicio. Permanecerá a su lado durante diez años, hasta su muerte en la batalla de Benevento contra el francés Carlos de Anjou en 1266 (Salvador, 1015: 14).
La crítica ha interpretado, sin embargo, que esta mención tan amable guarda relación con la cruzada de 1228 (Baist, 1987: 403). Pero no puede establecerse esta conclusión a partir de su lectura. Sicilia pasó a pertenecer a los alemanes en 1194 tras su conquista por el emperador Enrique VI, quien adujo para justificarla los derechos hereditarios de su esposa Constanza I. Formó parte de la dinastía alemana de los Hohenstaufen hasta la derrota y muerte de Manfredo en Benevento en 1266. Entonces pasó a poder de Carlos de Anjou. Cuando el creador del Libro de Alexandre compuso su texto -siempre más tarde de 1194- Sicilia pertenecía a esta familia alemana a la que se refiere con poco margen de duda su autor, la familia de los Hohenstaufen, a la que sirvió Hermann «el Alemán», según considera mayoritariamente la crítica, y con la que mantuvo una buena relación antes de su llegada a tierra italiana en 1256.
Hermann «el Alemán», como miembro de la Orden Teutónica, debía obediencia al rey alemán y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Esta orden, a diferencia de la mayoría, no dependía de un poder eclesiástico, sino directamente del máximo dirigente teutón (Atienza, 2006). Cuando murió en 1250 Federico II, se hizo más acusado el conflicto entre guelfos -o seguidores del papa- y gibelinos de la casa de Suabia o Hohenstaufen, a la que pertenecía Beatriz de Suabia, esposa de Fernando III y madre de Alfonso X. Durante buena parte de su vida estuvo este último reclamando sus derechos a emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, puesto que había quedado vacante tras las muertes de Federico II en 1250, luego de Conrado -1254- y finalmente de su sucesor Conradino (Estepa, 1984; Estepa, 1985). Pese a que venciera en una segunda votación, el papa Gregorio X no le apoyó, y sí, a cambio, a Rodolfo de Austria, designado «rey de Romanos». En realidad, y pese a la tibieza de los planteamientos del dirigente de Castilla, no dejaba de ser un gibelino, miembro de la familia Hohenstaufen, feroz enemiga del papa, aunque en ningún caso lo fuera Alfonso X. Alejandro Rodríguez de la Peña (1996: 237-246) alude a Hermann como «consejero» e ideólogo del rey castellano respecto a todo lo relativo a las pretensiones imperiales. Idea que suscribe Jaime Ferrero Alemparte (1983: 9 y ss.) y de la que se hace eco también Eduardo Baura García (2018-2019: nota 103, p. 88).
En este contexto hemos de situar la referencia tan amable del autor del Libro de Alexandre al «señor de Sicilia», el gibelino Manfredo, hijo de Federico II, de la misma casa a la que pertenecía Alfonso X, los Hohenstaufen, y a la que debía obediencia Hermann «el Alemán», miembro de la Orden Teutónica establecida en Castilla con la llegada de Beatriz de Suabia -1219- y respetada por su hijo Alfonso, quien llegó a autodenominarse «rex Romanorum» y estuvo siempre muy atento alo que se llamó en su Corte «el fecho del Imperio». Al heredero del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlomagno, alude también en la obra su autor comparándolo con Alexandre:
Ya contaba por suya torre de Babilón, 88
India e Egipto, la tierra de Sión,
África e Marruecos, cuantos regnos y son,
Cuanto que Carlos hovo bien do el sol se pon.
b) «Que non farié la renta de toda Damiata» (860d)
Emilio Alarcos Llorach señalé en un estudio que esta referencia a Damiata o Damieta, en Egipto, en el verso transcrito («Que non farié la renta de toda Damiata») alude a la quinta cruzada, concretamente a su ocupaciôn en 1219 por las tropas cristianas, entre los que se encontraba el clérigo español Pelagio (Alarcos, 1948: 16). Según Alarcos, esta victoria debió de tener gran repercusión en la Península y el Libro de Alexandre se hace eco de ello. En su opinión, esta mención permite datarla a partir de aquel año, probablemente en la siguiente década.
Sin embargo, para Amaia Arizaleta este no es un dato que sirva para fechar la obra, puesto que no se acredita la relación entre la ciudad y la quinta cruzada en el texto. Según sus palabras
Tout dabord, bien avant sa prise par les croisés, Damiette était synonyme de richesse: ville florissante située dans le delta du Nil, elle était particulièrement réputée au Moyen Âge pour ses toiles de lin. C'est la valeur de Damiette comme symbole de prospérité que le poète souligne dans son oeuvre, non pas l'événement militaire. (Arizaleta, 1999: 21)
Pero el que esta ciudad fuera rica no significa que no pueda existir en la obra una alusión sobreentendida a un hecho feliz para la cristiandad, la toma de la ciudad por los cruzados en 1219.Si para alguien fue una buena noticia esta conquista fue para la Orden Teutónica, pues marcó el momento de su despegue bajo la dirección de Hermann von Salza, su cuarto maestre, al mando de ella desde 1209 y hasta 1239. Von Salza la convirtió en una de las más importantes órdenes militares europeas, poderosísima también económicamente (Koch, 1885). Y el momento que marca su ascenso meteórico fue precisamente la trascendental intervención de los caballeros teutones en Damieta. Por su brillante actuación, el rey de Jerusalén Juan de Brienne concedió a Salza la mayor distinción para un caballero de su época, la Gran Cruz de Oro, que le entregó en persona: uno de los mayores honores a que podía acceder un caballero en aquella época.
Salza conseguirá que Federico II se case con Yolanda, heredera del trono de Jerusalén, siendo Federico nombrado su rey. Puesto que entonces Jerusalén estaba bajo poder egipcio, era necesario organizar una nueva cruzada -la sexta- para liberar su nuevo dominio. Esta fue organizada y llevada a cabo por los caballeros teutones en solitario. No contaron con el apoyo ni del papa -feroz enemigo de Federico II, al que llegó a excomulgar- ni del resto de reinos cristianos y, pese a ello, fue un éxito clamoroso, pues los caballeros teutones liberaron Jerusalén, cuyas puertas atravesó su nuevo rey, el alemán Federico II, el 18 de marzo 1229. El papa fue así ridiculizado por su mayor enemigo, incrementándose la disputa entre güelfos y gibelinos.
Esta es la relevancia histórica de la cita a Damieta en el Libro de Alexandre hecha por un miembro de la Orden Teutónica, Hermann «el Alemán», candidato a su autoría según esta hipótesis, quien quizás entró a formar parte de ella en 1219, cuando era su maestre Hermann von Salza. Probablemente llegó a la Península durante el año de la victoria en la ciudad egipcia -1219-, acompañando a la futura reina Beatriz de Suabia, fecha que no olvidaría fácilmente.
Damieta tuvo un gran valor simbólico para la Orden Teutónica, puesto que su conquista fue el momento en que apareció ante toda la cristiandad como una organización poderosisima militarmente y, con el tiempo, también económicamente, destinada a liberar Jerusalén gracias a Salza y a Federico II sin la ayuda ni del papa ni de otros reinos cristianos.
с) Cogolla e Moncayo, enfiestos dos poyales (v.2580b)
En el famoso verso 2580b («Cogolla e Moncayo, enfiestos dos poyales»), el autor del Libro de Alexandre alude a los monasterios benedictino y riojano de San Millán de la Cogolla y cisterciense y aragonés de Santa María de Piedra, situado este último cerca de Calatayud, en la actual provincia de Zaragoza. La circunstancia es importante y, sin embargo, la crítica no ha reparado en ello, ni lo ha llevado hasta sus últimas consecuencias. Es evidente que se está refiriendo el autor del verso anterior a los dos más importantes centros de creación literaria del mester de clerecía. En el primero, encontramos a Gonzalo de Berceo, autor de la composición más conocida de su tiempo, los Milagros de Nuestra Señora, que toda la crítica mayoritariamente data en los años cincuenta del siglo XIII, siempre con posterioridad al Sínodo de Logroño de 1240, tesis que he sostenido en un estudio previo a este (Cáseda, 2018).
Creo haber acreditado la escritura de la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino -y probablemente también del Libro de Apolonio (Cáseda, 2022: 81-92)-, en el monasterio cisterciense de Santa María de Piedra en las mismas fechas en que localizamos allí al agramador del cáñamo y judío de Calatayud Lupus de Moros, vecino del barrio de San Andrés, casado con la también judía Justa de Marach (Cáseda, 2021). Este Lupus de Moros es quien «hacía» («Lupus me fecit de Moros») o fabricaba libros (en realidad, el papel) a partir del cáñamo que se cultivaba por los monjes cistercienses en las tierras que eran propiedad del monasterio de Piedra. La critica, también en este caso, es mayoritaria a la hora de señalar la fecha de escritura de la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino y del Libro de Apolonio, a mitad del siglo XIII.
¿Puede pensarse que el verso anteriormente transcrito del Libro de Alexandre pudo escribirse antes de 1250 si está haciendo referencia, en realidad, a obras de esa fecha que dieron fama a ambos cenobios, momento en que se compusieron los textos de Piedra («Moncayo») y de San Millán (de la «Cogolla»)? Me parece difícil. La alusión a «Cogolla» y a «Moncayo», lugares de creación de composiciones tan importantes como las señaladas, obliga a datar la escritura del Alexandre con posterioridad a las anteriores y, en consecuencia, no pudo elaborarse, pese a lo que se ha dicho tantas veces y de forma casi unánime, en la primera década del siglo, ni probablemente tampoco en su primera mitad.
Esta referencia cronológica corrobora la verosimilitud de que la mención que se hace al señor de Sicilia lo es al alemán Manfredo de Hohenstaufen, buen amigo y benefactor de Hermann «el Alemán», para quien pide que «Dios lo bendiga». Solo fue señor de Sicilia -como regente- a partir de 1254 y alcanzó la condición de rey en 1258. Puesto que en la obra aparece como «señor» o regente y no como «rey», es probable que el Libro de Alexandre fuera escrito por Hermann poco tiempo antes de marchar a Sicilia en 1256, siempre más tarde de la escritura de las creadas en San Millán de la Cogolla y en el monasterio de Santa María de Piedra y antes del nombramiento de Manfredo como rey.
d) Las referencias a la penitencia en la obra
Un dato que la critica ha considerado importante es el relativo a la aparición en diversas ocasiones de la «penitencia». Enzo Franchini (1997: 36) señala que las referencias ala «vera penitencia» y en otras ocasiones a la «penitencia» en el Libro de Alexandre aparecen por influjo del IV Concilio de Letrán de 1215 en que se aprobó la obligación de penitencia anual a los cristianos, lo cual obliga a datar el texto con posterioridad a esta fecha. La mención quizás más relevante de todas es la de la estrofa 2384:
Aman mucho los dados e han de descreer, nunca van a la iglesia penitencia prender; mucho más les valdrié que fuessen por nacer e ser bestias mudas que tal vida veer.
En la cuaderna 1758, aparece también el término, y de nuevo el autor relaciona la falta de penitencia con las bestias, como hace en la estrofa anteriormente transcrita; aunque esta vez el término no tiene el significado sacramental y equivale a castigo":
El home porfidioso que non quiere foir, viene por penitencia en el campo morir; como non ha cobdicia ninguna de bevir, non ha peor en el mundo bestia de referir.
En realidad, la voz forma parte en el Libro de Alexandre de la sátira de los malos usos clericales, crítica orientada y guiada por un afán reformador que alentaron los sínodos provinciales auspiciados por Letrán, como el de Logroño de 1240. El autor del Libro de Alexandre está en esta órbita reformadora, de la que la penitencia o perdón por los peca dos, el arrepentimiento y la mirada al interior del cristiano son ejemplos de la busqueda de la «vera religionis».
En este espacio ideológico, encuentran sentido las estrofas 1822 y siguientes en que dice su autor que muchos clérigos «por mal pecado todos andan con travesías» (1822c); o cuando, antes, advierte que «clérigos nin calonges, çertas nin las mongías/ non andan a derechas, por las capatas mías» (1822a y 1822b). ¿A qué se refiere en los anteriores versos? A la corrupción generalizada en el estamento clerical, a lo que también alude insistentemente Berceo en sus Milagros reclamando una regeneración de costumbres.
Esta cuestión apenas ha sido estudiada en el Libro de Alexandre. Por el contrario, se extendió la idea en el pasado de que los autores del Mester de clerecía fueron clérigos o frailes ingenuos, olvidados de las disputas mundanas y de las cosas materiales; cuando, en realidad, tanto en los Milagros berceanos como en el Libro de Alexandre hay una solicitud de urgente reformatio y una sátira de los malos usos clericales. Así, la estrofa 1823 alude a los ministros de la Iglesia que no hacen bien su labor. Y en la 1824 se automenciona como clérigo:
Somos los simples clérigos errados e viciosos, los prelados mayores, ricos e desdeñosos, en prender son agudos, en lo al perezosos, por ende son los santos irados e sañosos.
¿Qué clase de clérigo es él, según afirma en la cuaderna que he transcrito? Un «simple clérigo»; esto es, no tiene ningún cargo eclesiástico, о, al menos, по está situado en los primeros lugares de la jerarquía eclesiástica como prelado mayor. ¿Cómo puede ser que quien escribió una obra como el texto de Alexandre, ejemplo de clerecía en su época y de una persona con una buena preparación cultural, no dispusiera de ninguna regalía, porción, beneficio, prebenda o ración como parece desprenderse de lo anterior? Este es el caso de Hermann «el Alemán», hijo de un clérigo y de una madre soltera, por cuya causa sufrió la postración clerical y la persecución, intensificada a partir del concilio de Valladolid de 1228. Según Ana E. Ortega Baún:
El Concilio de Valladolid de 1228 prohíbe alos hijos de los clérigos ser clérigos de corona. De este modo se impide la nefasta imagen que da el que ambos compartan el oficio sacerdotal, así como la perpetuación del fenómeno del concubinato eclesiástico de padres a hijos. Esta prohibición es un duro castigo. Impide a los hijos ponerse al frente de los beneficios que sus padres habían logrado o mejorado. Además, los despoja de toda la red de contactos y favores que sus padres habían construido y que los ayudaría a obtener una mejor posición dentro del clero. (Ortega, 2018: 18)
Sabemos que Hermann no fue presbítero hasta que en 1266 su amigo el papa Clemente IV le otorgó dispensa. Y, una vez presbítero, pudo ser nombrado obispo, todo ello bajo permisos expresos del papa. Esto explica por qué el autor del Libro de Alexandre se llama a sí mismo «simple clérigo», privado de cualquier beneficio.
En la cuaderna 1825, menciona las elecciones de cargos clericales y la simonía:
En las elecciones anda grant bienconía unas vienen por premia, otras por simonía, non demandan edat nin sen nin clericía, ende non saben fer nula derechuría.
Berceo trata el tema de la elección de un obispo en sus Milagros con abundantes detalles, en este caso, de un obispo de Pavía de nombre Jerónimo. En realidad, se refiere -aunque de forma oculta- a quien probablemente más influyó en la escritura de su obra, el obispo de Calahorra -homónimo del de la ciudad italiana- Jerónimo Aznar López de Cadreita (Cáseda, 2018: 342 y ss.), elegido después de que llegara a haber a la vez hasta tres en su diócesis, situación a la que se pudo dar fin gracias a la elección de este último, al que llama Berceo «obispo derechero». Dice así el escritor riojano:
Fue mucho buen obispo e pastor derechero, león pora los bravos, a los mansos cordero; guiava bien su grei non como soldadero mas como pastor firme que está bien facero.
Guióli su fazienda Dios nuestro Sennor, hizo buena la vida, la fin mucho mejor; quando issió dest sieglo fue al otro mayor, guiólo la Gloriosa, madre del Criador. (Beltrán, 1983:133)
Los dos textos anteriormente transcritos tienen en común el empleo del mismo término -«derechero» en los Milagros; «derechuría» en el Libro de Alexandre- para referirse а lo mismo: ala actuación de un cargo electo. Pero en el de Berceo todo acaba bien gracias a una elección acertada, como la de los canónigos de Calahorra de su compañero y luego excelente obispo Jerónimo Aznar López de Cadreita, quien, tras el cisma de su diócesis, se comportó con gran inteligencia y acierto (Hergueta, 1909). Sin embargo, el autor del Libro de Alexandre habla de elecciones simoníacas o de designaciones directas, como ocurrió antes en la diócesis calahorrana por el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, lo que provocó la rebelión de sus clérigos.
Hay un aspecto de su condición clerical común a Berceo y a Hermann: no pertenecían al clero regular, sino al secular. Berceo firma todavía en 1221 los documentos de San Millán como diácono y solo como preste o presbítero a partir de 1237, en cuya condición aparece en la signatura de una sentencia (Ynduráin, 1976: 3). El autor de la anterior cuaderna del Libro de Alexandre aparece también como «simple clérigo», no dependiente de una regla monástica, sino del obispo.
En la estrofa 1826, su autor alude a las relaciones de los clérigos y de los no clérigos con las mujeres de su propia familia, e incluso a sus casamientos o relaciones entre casados:
Como non han los homes dubda de los pecados, cassan con sus parientas andan descaminados; fazen malas revueltas casadas con casados; somos por tales cosas de Dios desamparados.
¿Está, tal vez, recordando a sus padres en los anteriores versos? Probablemente. Pero esto cae dentro del terreno de la suposición y no hay, por ahora, pruebas concluyentes.
En gran medida, el perfil del autor del Libro de Alexandre coincide con el de Hermann «el Alemán», quien, estando en Astorga al frente de su diócesis, eliminó la manda obligatoria «de los canónigos a su muerte de ofrecer al obispo un vaso de plata, una mula y otra cosa» (Martinez Martínez, s.f.: s.p.). Estableció, asimismo, un sistema disciplinario que obligaba al clero a llevar una vida ejemplar y, además, «se comprometió a no aumentar el número de canónigos, prebendados y racioneros». El espíritu reformista de las anteriores cuadernas del Libro de Alexandre se asemeja a la actitud que mostró Hermann «el Alemán» en lo que conocemos de su vida.
e) Salmos y salterio en el Libro de Alexandre
Ambos términos ( «salmos» y «salterio») aparecen en el Libro de Alexandre. También Berceo usa la voz «salmos» con otras como «lecciones», «jube dompne», «bendiciones», etc. Y, asimismo, este último emplea la voz «salterio» refiriéndose a oraciones cantadas como los salmos; y en otras ocasiones mencionando el conocido instrumento de cuerda.
Hermann es autor en los últimos años de su vida de una traducción del Salterio directamente del hebreo. Se trata, probablemente, del primer texto de la Biblia traducido al castellano y, también, del único escrito en castellano -además del Libro de Alexandre- por su autor, pues todas sus traducciones anteriores de Aristóteles o de Averroes fueron realizadas al latín. El texto muestra un perfecto dominio de la lengua castellana, propio de un autor o bien natural de Castilla o bien residente en el reino durante muchos años. Este es el caso de Hermann, quien llegó a la Península en 1219 junto a Beatriz de Suabia y permaneció en ella ininterrumpidamente hasta 1256, tiempo suficiente para adquirir un dominio notable de la lengua, como se comprueba en su traducción y comentario del Salterio y también en el Libro de Alexandre.
Parece fuera de toda duda que esta traducción fue llevada a cabo durante el periodo en que Hermann ocupó la silla episcopal de Astorga. Quizás entonces llevaba consigo su Libro de Alexandre, escrito diez años antes, que probablemente copió «Juan Lorenzo de Astorga», quien aparece en la última estrofa del manuscrito leonés que ha llegado a nuestros días.
En el Libro de Alexandre hay varias referencias а los salmos, especialmente una muy significativa, que nos pone sobre la pista de un autor muy interesado por la lectura de unos textos elaborados por los judíos, objeto de constante recitado en sus reuniones y actos religiosos (2464):
Bien dixo el salmista en esto gran verdat; que lo que home asma todo es vanidat, asma home grant salto entre su voluntat, cuando cata non puede salir a la meitat.
Pese a ello, en el Libro de Alexandre, como en general en el Mester de clerecía, y todavía antes en el Cantar de Mio Cid, encontramos claras muestras de antisemitismo, como en los versos de la cuaderna 2104 y siguientes. Dice de ellos en la 2105:
Homes son muy astrosos, de flacos coracones, non valen por en armas más que sendos cabrones, de suzia mantenencia, son astrosos barones, cobdician dineruelos más que gato pulmones.
María Wenceslada de Diego Lobejón, de la Universidad de Valladolid, llevó a cabo el pasado siglo una edición del Salterio de Hermann «el Alemán» (Diego, 1993). Podemos encontrar muchísimas coincidencias lingüisticas con los dos manuscritos que nos han llegado íntegros del Libro de Alexandre. No es este, sin embargo, el objeto de este estudio -establecer las innegables relaciones lingüisticas, que superaría en mucho las dimensiones razonables y el propósito de este estudio-. Sin embargo, lo que más llama la atención, puesta en relación la traducción del Salterio con el Libro de Alexandre, es la igual concepción del objeto literario. En el Salterio de Hermann «el Alemán», pese a tratarse de una traducción del hebreo de un texto sagrado inserto el mismo dentro de la Biblia, se toma la licencia de explicar, comentar o referenciar cada uno de los pasajes del libro sagrado. Esto es lo que más sorprende en su única traducción al castellano realizada por Hermann «el Alemán», el más importante traductor en la Edad Media tanto de Aristóteles como de Averroes: su atrevimiento a la hora de llevar a cabo una explicación de cada pasaje, fuera del texto bíblico, que sirviera de ayuda a los lectores para su interpretación. Pongo algunos ejemplos simplemente a título indicativo, pues son numerosísimos:
Este es el entendimiento destos dos viessos: Que Dios es drechurero iuez, iudga a cada uno segund lo que falla en éll: Al acabado segund so acabamiento, al bueno segund su bondat, al limpio segund su limpieza, al malo segund su maldat. (Diego, 1993: 76)
Este viesso ha doble entendimiento: El uno es que 1 día dantes ensenna el que ha de venir enpós ell, e la noche dantes a la otra que ha de venir. El otro entendimiento es que el firmamiento es amostrador de las obras de Dios, de día en día e de noche en noche. (Diego, 1993: 77)
Aquí parece que David cercado estaba de los enemigos quando cantó este psalmo a Dios. (Diego, 1993: 85)
Esto es: non puede ser vuestra palabra verdadera ni vuestros iuyzios derechos, pensando mal en vuestro coragón e poniendo los tuertos en logar de derecho. (Diego, 1993: 105)
En el Libro de Alexandre, su autor explica también en muchas ocasiones lo que indica el «escripto», lo que acaba de traducir de «Gualter» o lo que se dice en la fuente que una y otra vez él «traslada». El proceder es exactamente el mismo que encontramos en su traducción del Salterio bíblico. Veamos algunos conocidos ejemplos que aparecen en el Libro de Alexandre:
Segunt esta razón podemos entender que la luna al sol nos puede esconder, doquier que ellos sean bien se puede ver, non les puede la tierra nul embargo fazer. 1223
Levantós uno dellos, un home bien lenguado, fue, como Gualter dize, Eütiçio llamado, era sotil retórico, non fue mal escuchado, empecó su razón como buen advocado. 1614
Pero Gualter, el bueno en su versificar, sediá ende cansado e queriá destajar, dexó de la matéria mucho en es logar; cuando lo él dexó, quiérolo yo contar. 2098
Para Bienvenido Morros, el Libro de Alexandre es una glosa en que el autor «va traduciendo y ampliando la Alexandreis de Gautier de Chatillon, según la técnica de la poetarum enarratio y merced al uso de otras fuentes de información sobre el personaje» (Morros, 2002: 63). Esto, sin embargo, no estaba al alcance de cualquiera. En primer lugar, porque había que dominar perfectamente el latín. Y, en segundo lugar, porque había que tejer con acierto la red de referencias múltiples, a veces contradictorias, de las fuentes manejadas, según la imitatio compuesta que aparece en la obra. Morros descubre algunas muestras de una estrategia escolar vinculada con la Universidad palentina, propias de alguien muy próximo al saber europeo de su tiempo. Yo añadiría algo más. En el poema se aprecia la mano de un traductor que sigue bastante fielmente en muchos momentos sus fuentes, aunque en otros, como hace en el Salterio, ofrece comentarios o su punto de vista, e incluso valoraciones de carácter filológico muy por encima de la mera traducción.
En este sentido, Carlos Moreno ha señalado que
Los primeros textos narrativos versificados en lengua romance en la península ibérica fueron probablemente redactados como ejercicios que incluyen diversas formas de traducción a partir de fuentes latinas y francesas en las zonas más en contacto con Francia o habitadas de francos, sea el camino de Santiago, o camino francés, o ciudades como Toledo: la influencia que llega del norte de la mano de los clérigos cluniacenses se hace general a partir de la conquista de esta ciudad en 1085. Esos ejercicios irían dotando de escritura a la lengua vulgar mediante ensayos de transcripción desde el latín y el francés basados en el aprendizaje gramatical, luego reelaborados como ejercicio retórico. En este proceso de cerca de un siglo se iría consolidando, no sin vacilaciones, la norma escrita llamada luego castellana por Alfonso X. Así, mediante la comparación de textos o documentos latinos y franceses sobre temas comunes -crónicas y cantares de gesta, vidas de santos, debates, u otros- irían tomando cuerpo en la segunda mitad del siglo X11 en el ámbito clerical y cancilleresco una serie de textos que servirán de modelo, a comienzos del siglo XIII, para la redacción de otros más elaborados, con base en la tradición oral -mester de juglaría- о como ejercicios retóricos de escuela -mester de clerecia- en el Studium palentino. (Moreno, 2003: 191)
Es todavía hoy una tarea pendiente la valoración de la importancia de los traductores en el origen del castellano literario escrito. Entre los más destacados traductores encontramos a Hermann «el Alemán», quizás autor del Libro de Alexandre.
El procedimiento para traducir empleado por Hermann era muy simple. Se rodeó de nativos en el árabe y en el castellano, especialmente mozárabes y mudéjares, que hacían una traducción del árabe al castellano y luego él del castellano al latín (El-Madkouri, 2006). Así pudo traducir los textos en árabe de Aristóteles y de Averroes. Pero cuando, pasado un tiempo, se percató de que sus antiguos alumnos de Palencia, entre otros, los clérigos de Santa María de Piedra y también Gonzalo de Berceo, comenzaron a escribir sus obras en castellano, él también empezó a hacerlo primero con el Libro de Alexandre y luego con el Salterio. Por ello eligió la historia de Alexandre, cuyas fuentes y diversas versiones eran muy conocidas por él. Su tarea sería verter, en el otoño de su vida, al castellano tanto una -el Salterio- como otra -el Alexandre-. En realidad, probablemente Hermann no alentó en sus alumnos de Palencia la idea de la escritura de textos en castellano. Fueron, por el contrario, quizás ellos los que, con su ejemplo, le animaron a él a hacer lo mismo, a escribir en la lengua de Castilla.
Sin embargo, Hermann nunca dejó de ser un traductor, pues hasta en sus últimos momentos -ya como obispo en Astorga- lo vemos proceder, como en el Salterio bíblico, del mismo modo, quizás ayudándose de un judío aragonés para llevar a cabo su traducción. Su Libro de Alexandre fue elaborado de manera íntegra por él sin la ayuda de nadie más, a diferencia de lo que hizo con anterioridad en sus traducciones y todavía con los salmos. No creo que necesitara a nadie para llevar a cabo su Libro de Alexandre y disiento a este respecto de las opiniones de diversos críticos, entre otros, Isabel Uría. Fue este, probablemente, el único trabajo que él hizo de forma íntegra sin ayuda de nadie, aunque, pese a todo, como he señalado, tenga muchos tics o trazas que demuestran el oficio del Hermann traductor.
f) Los conocimientos del autor del Libro de Alexandre del pensamiento de Aristóteles
¿Qué mejor candidato hay -en el mundo cristiano- a autor de las conocidas cuadernas (de la 32 a la 86) del principio del Libro de Alexandre sobre Aristóteles, maestro de Alejandro, que Hermann «el Alemán», su primer traductor al latín desde el árabe?
En las cuartetas iniciales sobre la educación de Alexandre encontramos referencias a la lectio, su resumen o sententia, la quaestio y, finalmente, la disputatio con el magister:
Aprendié de las artes cada día lición,
de todas cada día fazié disputación,
tant haviá buen engeño e sotil coracón
que venció los maestros a poca de sazón.
En la relación de saberes de Aristóteles a Alexandre aparecen la Gramática, la Dialéctica (lo que llama «lógica» en la obra) y la Retórica, esto es, el trivium medieval. Según Carlos Arrizabalaga:
Es el mismo orden y se ajusta a la misma descripción que se expone en el accesus que acompaña al texto del Verbiginale, lo que nos reafirma en vincular al autor del Libro con el Estudio palentino. No hay duda de que el Verbiginale, o por lo menos textos de este mismo ambiente cultural, integraron la formación recibida por el autor del Alexandre. (Arrizabalaga, 2003: 161)
En los años treinta del siglo X111, Hermann «el Alemán» dio clases en Palencia. Sus traducciones de Aristóteles son, sin embargo, posteriores y las hemos de trasladar a la siguiente década. Tiempo después -1256- marcharía a Sicilia.
Tanto en las cuartetas del Libro de Alexandre como en el Verbiginale apenas se cita el Quadrivium (Matemáticas, Astronomía, Geometría y Música). De hecho, aparece en el Alexandre la Física en lugar de las Matemáticas y ni siquiera se menciona la Geometría. Según Carlos Arrizabalaga:
La educación que recibe Alexandre no seguía el programa convencional de Quadrivium, pues el autor no había conocido tampoco un estudio general «cumplido». Recibió las artes imprescindibles para la formación exigida por las necesidades eclesiásticas: las del Trivium, que permiten leer e interpretar las Escrituras, complementadas con la Música (necesaria para la liturgia). Menos interés le ofrecen la Medicina, la Filosofía natural y la Astronomía. En definitiva, nos inclinamos a pensar, con Ian Michael, que el autor castellano imagina en Alejandro la educación que él mismo había recibido, ahora bien, describiéndola en una dimensión ideal con una función moralizadora, para defender, a través de Alejandro, su personal convicción de que quien sabe «clerezía», quien posee toda la «sapiencia», por nadie puede ser jamás vencido y ya no tiene motivos para temer «de riqueza aver nunca fallencía». (Arrizabalaga, 2003: 182)
Hermann tradujo dos textos de Aristóteles, su Retórica y la Ética, fuente de las intervenciones del estagirita en el Libro de Alexandre. Para este, Aristóteles es su «doctor» y él es su «escolar». El filósofo le indica que su objetivo es que sea un «home bueno» (51с). La ética aristotélica está orientada a la consecución del equilibrio, del punto medio, como escuela de verdad y de virtud según la Ética a Nicómaco, primera obra traducida por Hermann. En este sentido, la virtud aparece citada en la cuaderna 58 cuando le pide Aristóteles a Alejandro que no se emborrache y que sea sincero. En la 59 la reclama actuar sin odio, codicia o venganza. En la 60 le aconseja que esté cerca de sus vasallos. En la 61 le alecciona para que se deje guiar por los viejos que tienen experiencia, quizás porque para entonces, mitad de los años cincuenta del siglo XIII, ya es un sexagenario quien esto escribe.
En las siguientes cuadernas le muestra la importancia de la generosidad (63), la necesidad de no ser codicioso (62); resumiendo en el verso 64c lo que tiene que hacer Alexandre para tener éxito en sus empresas: «qui es franc e ardit, a es tienen por cortés». Franqueza o sinceridad («franc») e ingenio, habilidad о astucia («ardit»), junto con educación caballeresca («cortés») son los adjetivos que emplea como objeto de su educación.
En el verso 65d dice que el «seso el esfuerço te habrá menester». Son diversas las ocasiones en que aparecen ambos términos complementados con un tercero, la «clerezía». El «seso» hace referencia a la inteligencia natural a que alude Aristóteles; la «clerecía» es el aprendizaje conseguido con el studium; y el «esfuerzo» se relaciona con la voluntad. De esta manera, la actuación humana se rige por la suma de los tres, como afirma el estagirita.
Todo lo señalado en las anteriores cuadernas está contenido en la Ética a Nicómaco, en los capítulos sobre la magnanimidad o «grandeza del alma», la «ambición equilibrada», la «gentileza con respecto a la ira» y también la «templanza» a que alude en muchas ocasiones el Libro de Alexandre. En la Ética aristotélica la verdad es quizás el valor superior. Y para lograrla es fundamental el «entendimiento», solo accesible mediante la prudencia. Frente a la verdad, están los vicios, la incontinencia y la brutalidad. Y para no caer en estos es fundamental el autodominio, la capacidad para reprimir todos los actos irreflexivos que nos desvían del principal objetivo aristotélico en su Ética, resumido en la frase «in medio, virtus» (Aubenque, 1999). Por otra parte, Frédérique Woerther, estudiosa de las traducciones de Hermann, ha señalado repetidamente en sus trabajos que este utiliza no solo las fuentes árabes, sino otras fuentes intermedias, especialmente griegas, que le sirven de ayuda (Woerther, 2014: 61-89).
En el Libro de Alexandre no hay rastro de otras obras aristotélicas, verbi gratia, la Metafísica, la Filosofía Natural o la Lógica, que, junto con la Ética y Política y la Poética y Retórica, conforman el Corpus Aristotelicum.
Sin embargo, la Retórica, que él tradujo años antes, está presente en las enseñanzas de Aristóteles, como hemos visto, a Alexandre. Es curioso que las partes del pensamiento aristotélico que aparecen en el Libro, relacionadas con la Retórica y con la Ética, son las únicas que tradujo Hermann. No hay rastro de las otras tres.
Isabel Uría señaló que en el Libro de Alexandre hay, sin embargo, una censura por parte de su anónimo autor de la soberbia de quienes se creen por encima del bien y del mal gracias a los nuevos conocimientos que empiezan a adquirirse en los Studia universitarios. Según la investigadora, «en Alexandre hay un insaciable deseo de saber, una curiosidad desmedida [...] Por ello, en la cumbre de su poder político y de su gloria su soberbia y osadía son castigadas por Dios» (Uría, 1996: 516).
Señala Uría que el principal tema de la obra es la soberbia de los intelectuales y de este modo su sátira va dirigida «a los modernos clérigos, formados en las nacientes escuelas y en las nacientes universidades» (Uría, 1996: 523). Esta nueva clase, la de los «escolásticos» seguidores del pensamiento aristotélico, es, en realidad -según señala la investigadora-, el objetivo central de la crítica del Libro de Alexandre. Fernando Riva (2019) se expresa en parecidos términos, y para él la obra es una respuesta contra el aristotelismo heterodoxo imperante en la época de su escritura. Pero, ¿realmente podemos decir eso de una composición que enaltece a Aristóteles, del que ofrece buena parte de sus enseñanzas, que elogia la clerecía o el conocimiento de un mester que es «sin pecado», como dice en la segunda cuaderna?
Creo que, en realidad, el Libro de Alexandre es relativamente suave en sus críticas al gran héroe macedonio, el cual fue merecedor de fortísimos reproches en otras versiones que contaron su vida, antes o después que el texto castellano. La opinión del autor es que su muerte se debió a una traición y fueron estos traidores los culpables de su trágico final. Lo cual no significa que no haya censura para el proceder de Alejandro e incluso se pregunte el autor al final del largo poema -expresión de la vanitas vanitatum- si valió la pena tanto esfuerzo: «en una foya hovo en cabo a caer / que non pudo de término doce piedes tener» (2672 c y d). Sin embargo, como señala Silvia Potel, «su espíritu caballeresco se impone con toda la fuerza de sus virtudes encomiables, en las que el poeta español además dibuja matices cristianos y los resalta» (Potel,2007: 457).
Conclusiones
Las diversas atribuciones realizadas en el pasado a Lorenzo de Astorga, a Gonzalo de Berceo, a Alfonso X, a Diego García de Campos no pueden considerarse en ningún caso válidas por las diversas razones que expongo en el primer apartado del estudio. Por el contrario, ha de buscarse a un autor vinculado estrechamente con el Studium palentino -quizás como maestro-, buen conocedor del Alexandreis de Gautier de Chátillon, tal vez un traductor. Dicho candidato estuvo probablemente relacionado con los dos centros culturales más importantes de la época de la escritura del Libro de Alexandre, la citada Universidad palentina y la Escuela de Traductores de Toledo.
El mejor candidato a autor de la obra, sobre quien nadie ha reparado para su posible atribución, es Hermann «el Alemán», cuya biografía trazo en este estudio, poniendo de relieve su faceta como traductor bajo los reinados de Fernando III y de su hijo Alfonso X. Su origen alemán, sus estudios en la Universidad de París, la llegada a la Península acom- pañando a Beatriz de Suabia, asi como su pertenencia a la Orden Teutónica y sus actividades como magister en Palencia y como traductor en Toledo son datos muy importantes a este respecto. Lo es asimismo el que muy probablemente fue maestro de los hijos del rey Alfonso X, con quien mantuvo una buena relación, así como con otros miembros de la familia alemana del rey castellano, especialmente con Manfredo, primero señor y luego rey de Sicilia, al que sirvió durante diez años en tierras italianas. Que no se trata de alguien irrelevante lo demuestra el hecho de su amistad con el papa Clemente IV -que lo designó obispo de Astorga- y con Roger Bacon. No es probablemente casual que Lorenzo de Astorga hiciera una copia del Libro de Alexandre, probablemente en vida o al poco de morir su obispo, Hermann «el Alemán», a quienes situamos en la misma época en la ciudad leonesa.
Una vez puestas en relación diversas referencias textuales de la obra con su biografía o con determinadas circunstancias que permiten avalar su autoría del Libro de Alexandre, podemos establecer las siguientes conclusiones:
a) El conocido verso en que se dirige de forma muy afectuosa al «señor de Sicilia» («El señor de Secilia, -jque Dios lo bendiga!»), contrasta con la neutralidad con que se refiere al resto de reyes o dirigentes que aparecen en la estrofa y con lo que se dice de él en la fuente original de Gautier de Chatillon («Siculo veniens lorica tyranno»). Ese verso muestra su relación con su buen amigo alemán -Manfredo de Hohenstaufen-, que lo reclamó como traductor y maestro, y con el que estuvo en Italia de 1256 a 1266. Dado que hasta 1258 no fue rey de Sicilia, y que solo fue señor -como regente- de estas tierras entre 1254 y 1258, es muy probable que tengamos que datar el poema antes de esta última fecha, probablemente en 1256, poco antes de su marcha a Italia. No se pudo escribir el anterior verso antes de 1254, puesto que no fue hasta entonces nombrado señor de Sicilia, en calidad de regente.
b) La referencia que ha hecho la crítica al famoso verso sobre Damieta para datar la obra es ciertamente relevante. Y lo es porque su conquista por la Orden Teutónica -a la que perteneció Hermann- fue el primer momento en que esta mostró su gran poder militar y económico, a partir del cual esta Orden militar, dependiente del rey alemán, consiguió liberar Jerusalén sin ninguna ayuda papal o de otro reino cristiano. El año 1219, en que von Salza conquistó la ciudad egipcia es, además, en el que llegó a Castilla Hermann como miembro de la misma Orden, acompañando a la prometida de Fernando III, la alemana Beatriz de Suabia. No sería para él una fecha difícil de olvidar.
с) El conocido verso «Cogolla e Moncayo, enfiestos dos poyales» (v.2580b) está, con poco margen de duda, expresando la importancia del scriptorium de San Millán de la Cogolla -lugar vinculado con Gonzalo de Berceo, autor de los Milagros de Nuestra Señora- en Castilla y del scriptorium del monasterio de Santa María de Piedra en Aragón, donde probablemente se compusieron la Razón de amor y los denuestos del agua y el vino y el Libro de Apolonio. Es muy probable que Hermann conociera a sus autores, que tal vez fueron alumnos suyos en Palencia. Ello tiene dos consecuencias importantes: el Libro de Alexandre ha de datarse a partir de 1250, fecha aproximada en que se compusieron la Razón de amor con los denuestos del agua y el vino, el Libro de Apolonio y los Milagros de Berceo; y, además, parece que el maestro Hermann intentó imitar a sus antiguos alumnos que escribían en romance, escribiendo también él otra obra en la lengua de Castilla (el Libro de Alexandre), primer intento que luego continuó con su traducción al castellano del Salterio.
d) Es de sumo interés el carácter reformista del autor, muy próximo, en su actitud, a Gonzalo de Berceo. Ambos critican la simonía, muestran una clara actitud conciliar de acuerdo con el espíritu de Letrán y de los sínodos provinciales -Logroño, 1240, entre otros-. Todo ello es también perceptible en la actitud reformadora del obispo Hermann «el Alemán», privado hasta su nombramiento de cualquier prebenda o cargo eclesiástico por ser hijo de clérigo y de soltera, quien, cuando llegó a Astorga, eliminó en su diócesis muchas prebendas clericales.
El Libro de Alexandre parece en muchos momentos una glosa en que el autor introduce comentarios personales desviándose de la fuente original. Ocurre lo mismo en la libre traducción del Salterio bíblico por Hermann «el Alemán», quien, pese a tratarse de un texto sagrado, incluye muchísimas apreciaciones personales, comentarios y valoraciones. Ambas son en buena medida traducciones hechas por un experto conocedor de su trabajo, un magister acostumbrado a glosar en el Studium y ante sus alumnos los textos objeto luego de disputatio académica. Es por ello por lo que, además de multitud de semejanzas de carácter lingüistico de ambos textos (Libro de Alexandre y traducción del Salterio), objeto de un amplio estudio que excede las pretensiones del actual trabajo, las dos últimas obras de Hermann «el Alemán», escritas en castellano, comparten un mismo carácter docente o pedagógico, donde se ve la mano del maestro y traductor.
Debe destacarse el buen conocimiento que el autor del Libro de Alexandre tenía de Aristóteles. Las primeras estrofas muestran su dominio de la Ética aristotélica, traducida por Hermann, y de su Retórica. No hay rastro de los otros textos del filósofo griego, ninguno de ellos traducido por él. No puede ser una simple coincidencia que todas las referencias en el Libro de Alexandre a Aristóteles sean a los textos traducidos por este y que no haya ni una sola al resto. La causa probable: el autor de las traducciones del estagirita y el creador del Libro de Alexandre son la misma persona, Hermann «el Alemán».
Concluyo este estudio con una idea que creo que es importante: Alejandro, héroe para sucesivos reyes y caballeros, ejemplo de soberbia y engreimiento para los clérigos medievales es, para el autor del Libro de Alexandre, mucho más lo primero que lo segundo. Su actitud ante el héroe en la obra es de disculpa, en todo caso, de sus errores. Y, pese a que hay en algún momento un reflejo del pensamiento de la vanitas vanitatum, Hermann se muestra mucho más suave y condescendiente con él que muchos de los escritores medievales cuando se referían a Alejando de Macedonia, dueño de gran parte del mundo conocido enla Antiguedad, y ejemplo para ellos de la avaricia y la soberbia.
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