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Xóchitl Tavera*

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Los relingos. Ensayos sobre los mercados de pulgas y otros artefactos inútiles. Ana de Anda. México, Fondo de Cultura Económica, 2024, 77 pp.

¡L lévele, llévele! ¿Qué buscaba? Quizá una correa para reemplazar la que se le desgastó al reloj o a lo mejor la pieza que le hace falta a la lavadora para que, por fin, funcione bien. ¿Una película que siga en el cine o una versión más barata de algún libro? Si es usted de gustos más excéntricos, tal vez le interese una maceta en forma de rana con flores de primavera o el cuadro de un equino en traje de oficina. En el universo de la cháchara, las posibilidades son casi tan infinitas como la cantidad de artilugios disponibles para escoger. En gustos se rompen géneros, dicen, y en los tianguis y los mercados de ocasión no queda límite sin cruzar.

Por eso, para quien es explorador consumado o neófito de estos sitios de particular encanto, una recomendación necesaria es acercarse a Ana de Anda, una regenta hecha y derecha de la variedad de puestos ambulantes sobre los que discurre en su volumen de ensayos, Los relingos, obra ganadora del Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez en 2023, que gira en torno a un tema en apariencia ínfimo e irrelevante, pero sobre el que la autora logra hurgar, al más puro estilo de la pepena, para encontrarse con detalles únicos que convierten los cachivaches en verdaderos tesoros.

Desde “Apología de la basura", el primer texto que integra el libro, la autora no pierde tiempo y —afanosa— empieza a montar los tubos metálicos, el techo de lona y la mesita correspondiente para acomodar su mercancía: una reflexión sobre la cualidad acumuladora que poseemos los seres humanos, en mayor o menor medida, y la terquedad que impera cuando nos aferramos a un objeto, aunque muestre signos claros de que ya está moribundo. Cuando nos habla de sus tenis rotos y sus camisetas deshilachadas, nos remite sin duda a nuestros propios apegos en forma de cosas. Si hoy día la esperanza de vida es de poco más de 75 años, ¿a cuánto equivaldría eso en tiliches que mantenemos exhibidos o guardados?

Este paseo por los afectos materiales por el que nos conduce De Anda continúa con “Casas hacia afuera", un ensayo breve, pero contundente en el que hacemos una parada en la colonia Portales, lugar que alguna vez se encontró fuera del centro de la Ciudad de México y que, según nos cuenta la autora, funcionaba parecido a lo que en la época actual son los paraísos de descanso instaurados en Cuernavaca o Cuautla, pero que hoy, como casi toda la urbe, ha sucumbido a la especulación inmobiliaria y a la oposición clara entre lo doméstico —salvaguardado a cualquier precio— y lo informal o ambulante como signo de que lo que crece fuera del hogar no es más que un remanente. Con ello, nuestra guía de lo itinerante nos adentra en la lógica detrás de la organización de los mercados que eligen tanto días de la semana como pedazos de calle determinados, concedidos por la benevolencia de los acuerdos vecinales, y que han sobrevivido por años tanto en la Portales como en otras colonias de la ciudad y del país entero.

Para los fanáticos de lo bizarro, nuestra autora nos ofrece “Una historia de fantasmas", que parte de la inquietud genuina por conocer las razones detrás de la aparición espectral de fotografías familiares en los puestos de baratijas. El desprendimiento de un archivo personal tan importante nos orilla a un doble ejercicio de imaginación: por un lado, hacia el momento decisivo que alguien tuvo para deshacerse de las imágenes y, por el otro, el permiso que nos damos para inventarle historias trágicas o románticas a los personajes retratados. Aunado a ello, De Anda explora en su texto el valor inversamente proporcional que le hemos otorgado con el paso del tiempo a la fotografía a la par que la tecnología nos quitó de las manos la cámara y la sustituyó por un dispositivo multifuncional que comunica y toma fotos.

Pero, sin detenernos mucho en la nostalgia por la obsolescencia, el recorrido debe continuar, y lo hace en “Vida y milagros de la ropa usada", en donde no sólo observamos la mirada aguda de la escritora sobre las prendas que insistimos en conservar por los buenos tiempos, sino que se adentra en la evolución textil de la humanidad, tan lejos de la confección hecha a la medida y tan cerca de la fast fashion[‘moda rápida’]. De paso, De Anda apunta una crítica certera hacia el tortuoso camino de la moda femenina, que se ha caracterizado por ser incómoda y poco funcional, y evidencia con acierto cómo los primeros movimientos de mujeres en pos de una vestimenta menos peligrosa y más práctica fueron precursores tanto del sufragismo como del resto de las pugnas reivindicadoras de las mujeres en todos los niveles.

Por si fuera poco, la expedición entre chácharas nos lleva al lugar del acopio voluntario e intencional en “Devenir colección", un texto sobre la recopilación de objetos para confeccionar ya sea acervos propios o exhibiciones de museo, pero que nos revela que detrás de cada coleccionista y curador hay una historia de falsificación. Ya sea por robo o por atribuciones equivocadas, incluso en un afán de sacar ventaja haciendo pasar un objeto por original o antiquísimo, la cantidad de artículos engañosos que hemos conocido o comprado a lo largo de nuestra vida parece ser mucho mayor de lo que creíamos. Aunque se trata más de un secreto develado que de un ensayo, definitivamente no se recomienda su lectura, si no quiere poner en duda la autenticidad de su comedor estilo Luis XV.

El último puesto que nos tiene deparado la autora es “Venta de garage", que parte de un viaje a la concepción estadounidense de patios soleados y puestos de limonada en los que se origina la idea poco realista del mercadeo informal y dominguero para llevarnos luego a la reflexión sobre los espacios destinados al comercio de segunda mano, mientras la autora narra su propia experiencia con amigos de la adolescencia, ávidos de reproducir su propia versión tropicalizada de las garage sales de las que están plagadas series y películas producidas en Estados Unidos. Al adentrarse en este mundo, De Anda concluye, de manera analógica y atinada, que el ciclo de las cosas se parece mucho al de las relaciones humanas.

Si bien la lectura de Los relingos nos permite vivir el hábitat de los cacharros desde el punto de vista de su autora, gran parte de su encanto es darnos cuenta de que su mirada atraviesa de manera muy profunda la experiencia universal de la acumulación y del juego de compraventa de artículos de diversa índole de los que todos somos víctimas, pues, en cuanto habitantes del capitalismo, el consumo y el deshecho son parte de nuestro devenir como humanidad.

Hoy día, las ventas de segunda mano han encontrado un nuevo nicho en las redes sociales: vemos cuentas personales, bazares formales y usuarios especializados que encuentran cada vez nuevas maneras de crear dinámicas para contribuir a la circulación, principalmente de ropa y accesorios —algunos de ellos con marcas del tiempo, como enormes hombreras y tiros altos—, pero también sitios para adquirir refacciones, vajillas, electrodomésticos y hasta artículos más lujosos, como vestidos de novia de una sola puesta. Así, aunque este popular negocio esté conquistando el terreno de lo digital, en esencia seguimos siendo criaturas mercantes y por ello el valor detrás de estos ensayos no pierde vigencia.

Ana de Anda es, sin duda, una voz poderosa de su generación, dueña de una maestría precisa en el uso de las palabras. Es, como ella misma reflexiona, a veces artífice de una escritura puente, porque es capaz de conectarnos con las cosas mínimas, pero también de una escritura oceánica que nos lleva mar adentro —¿o debería decirse tianguis adentro?— de la inmensidad que no siempre somos capaces de encontrar en lo cotidiano. Sus ensayos nos recuerdan que en la vida todos poseemos excedentes; que, si damos un vistazo concienzudo a nuestro alrededor, encontraremos una sarta de relingos, en buen, regular o mal estado, de la que podríamos prescindir perfectamente, pero no siempre elegimos hacerlo. O, por el contrario, que la vida es eso que pasa mientras sacamos de ella las cosas sin saber el destino que les depara, pero que siempre terminamos por seguir llenando con más objetos porque no estamos acostumbrados al vacío.

Acumuladores somos y en el camino —al mercado de pulgas— andamos.

*Xóchitl Tavera Cervanteses estudiante del Doctorado en Lingüística de El Colegio de México. Ha publicado en revistas como Nexos, Casapaísy Casa del tiempo. Obtuvo el primer lugar en ensayo del concurso Punto de Partida(unam, 2025) y es ganadora del III Concurso de Ensayos Literarios de la revista Latin American Literature Today.

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