Headnote
El estudio defiende y prueba la pérdida de ejemplares en la librería del bibliófilo y diplomático español José Nicolás de Azara antes de su conocido catálogo de venta en Roma (1806) y cómo la revisión de su epistolario con el amigo tipógrafo Giambattista Bodoni permite aportar datos que amplían el conocimiento de la biblioteca del diplomático español. Asimismo, el trabajo aporta una relación de obras referidas en las cartas -presentes o ausentes en el catálogo de 1806, editado por Sánchez Espinosa e indaga en el retrato del poseedor de esos libros. Para el rastreo e identificación de referencias en la correspondencia entre Azara y Bodoni se sigue una rigurosa metodología filológico-bibliográfica.
The essay defends and proves the loss of copies in Azara's library before its well-known sales catalog published in Rome (1806). It is also proven how the review of his epistolary with the typographer friend Giambattista Bodoni allows us to provide data that expands the knowledge of the library of the Spanish diplomat. Likewise, the work provides a list of prints referred in the letters present or absent in the 1806 catalog, edited by Sánchez Espinosa- and investigates the portrait of the owner of those books. A rigorous philological- bibliographic methodology is followed to track and identify references in the correspondence between Azara and Bodoni.
Declara Álvarez Santalo que las bibliotecas "expresan lo que muchas personas compran y con ello el interés por o hacia determinadas materias e incluso determinadas tendencias en el tratamiento de ellas" (169). A más de intereses y una postura ideológica, una colección de libros puede aportar datos acerca de las lecturas y, por consiguiente, la formación de su posesor. Cierto que tener libros no significa leerlos ni asimilarlos, pero a menudo, y más en una librería de bibliófilo ilustrado, la selección de ejemplares reunida permite acceder a un retrato intelectual y estético de su posesor, pues este procura proyectarse y perpetuarse a través de esos libros escogidos, que posee y a su vez lo poseen.
Diversas bibliotecas a lo largo de su vida
La preocupación del diplomático español y mecenas de las artes José Nicolas de Azara (1730-1804) hacia sus bibliotecas y la relevancia de estas a lo largo de su vida se pone de manifiesto en cada una de las etapas que conformaron su periplo vital. En su primer período, transcurrido en España, Azara se trasladó en 1750 de su Huesca natal hasta Salamanca para ampliar sus estudios en Leyes! y, sobre todo, para promocionarse y dar el salto a la capital. Logró, en efecto, mudarse a Madrid en 1760 para trabajar como oficial en la Secretaría de Estado, cargo que ocupó hasta 1765 y que le permitió tejer una primera red de influencias y contactos, con la mayoría de los que compartía y cultivaba su afición e inquietudes por las letras, los clásicos, el arte y los libros. A esta etapa debió de corresponder una biblioteca fundamentalmente de autores clásicos, nacionales y grecolatinos. Podemos achacar ese perfil clasicista-literario de esta primera librería de Azara al peso de las cátedras de Humanidades en la ciudad del Tormes y a las tertulias que frecuentó en la capital, en torno a temas literarios y políticoculturales -en especial la de Agustin de Lucano y Muyardo, donde coincidia con su amigo Llaguno y personajes del mundo literario como Juan y Tomás de Iriarte o Ignacio de Luzan- (¿/. Sánchez Espinosa, 1997: 16).2 Poco más podemos decir sobre esa primera librería del culto oscense, de la cual no ha quedado rastro en testimonios escritos ni tampoco materiales.
Por supuesto, durante sus casi treinta años en Roma en calidad de, primero, agente de Preces ante la Santa Sede y, después, embajador español ante la Curia, Azara engrosó y enriqueció notablemente su biblioteca. Él se convirtió enseguida, desde el Palacio de España, en un personaje célebre en la ciudad (bibliófilo, coleccionista de arte, promotor de excavaciones arqueológicas, mecenas y patrocinador de artistas -ncluido su amigo tipógrafo Grambattista Bodoni-, tutor de los pensionados españoles enviados por la Academia de San Fernando, encargado en Italia de los jesuitas expulsos españoles, etcétera): o sea, el Cavallero Azara fue una figura sobresaliente y fundamental de las relaciones politico-culturales ttaloespañolas de la segunda mitad del siglo XVIIL. No debió de llevar consigo a la Ciudad Eterna, capital en ese momento del Neoclasicismo y de las artes de la antigüedad, toda su colección de libros y objetos que había reunido en Madrid, pero Roma era el lugar perfecto para reconstruir y renovar su colección. La atención mayor del aragonés hacia las artes, la bibliofilia y las piezas anticuarias en este período en Italia, al tiempo que el mantenimiento de su gusto por las letras clásicas, transformé su librería en una soberbia galería o gabinete de antigüedades instalado en el Palacio de España, llena de libros y decorada con vestigios etruscos y quizá con hermas de su colección -precisamente de los autores representados en los anaqueles- (Jordán de Urries, 2007: 7). Años después, tras su salida de Italia, recordará con añoranza ese precioso espacio privado de conocímiento, belleza y serenidad:
Degé alli una Libreria selecta de mas de 20 mil volumenes, una coleccion de bustos antiguos en marmol de quasi todos los Filosofos, oradores, Poetas y Historiadores Griegos, que no se que haya otra tan completa, y un numero grande de Quadros preciosos, especialmente de mi Amigo Mengs, de Murillo, Velazquez y Rivera. Mis Camafeos y piedras gravadas los llevé conmigo. (Sánchez Espinosa 2000: 67)
El abate Juan Andrés destacó de esos anaqueles su riqueza en libros de clásicos griegos y latinos "de las mejores ediciones [de Didot, Bodoni, Baskerville, Elzevier, Plantino...], algunos raros y todos bien conservados" (1786, I, 12, carta 1).· Al final de su embajada romana, durante sus meses de exilio en Florencia en 1796, Azara tomó por primera vez conciencia del distanciamiento de esa su excelsa biblioteca y mostró su preocupación porque, afirmaba resignado, "I miei libri, quadri, statue e mobili sono in mano dei forsenati nemicr" (carta А-В, 04/X1/1796), esto es, en manos de esos mismos romanos que le acusaban de traicionar a la ciudad ante los franceses y que le prohibían entrar a la capital por haber llegado a un acuerdo con los franceses, en realidad, para evitar el saqueo de la urbe papal. Pero, incluso durante esos meses de incerteza e improvisada salida de Roma, el diplomático debió de cuidarse de llevar consigo una pequeña biblioteca portátil, con algunos volúmenes de bolsillo fáciles de transportar y que amenizaron su estoica espera hasta el regreso al Palacio de España en abril de 1797.5 Confesó Azara a su amigo Bodoni -del que fue mecenas- que su libreria portable constaba fundamentalmente de dos obras de pensamiento estoicista, ambas edificantes y apropiadas para sobrellevar el dificil momento que entonces atravesaba (Figura 1): "Io sono qui [en Florencia] con piccolo Tacito ed un Seneca, che conpongono tutta la mia suppelletile letteraria. Li lego, li riego e mi consolano" (carta A-B, 18/X1/1796).
Retrato de José Nicolás de Azara, por Antón Rafael Mengs (1774) Museo del Prado
Por último, durante sus dos embajadas en París -con su intervalo de un año en Barcelona-, el sentimiento de añoranza e inquietud hacia su abandonada biblioteca de Roma se intensifica. El belicoso contexto romano en los años finales del siglo XVIII le hace temer por el destino infausto de sus bienes en Roma, desprotegidos de la barbarie circundante. Sus palabras destilan dolor y pérdida: "I mier libri, quadri, antichita e mobili sono raccommandati alla providenza in Roma, che va ad essere il teatro degli orrori e vendette più sanguinosse" (carta А-В, 27/X1/1798). El anhelo de volver a la Ciudad Eterna y rescatar su biblioteca perdida es expresado por el diplomático a finales de 1799 con convicción porque, en verdad, la distancia de su colección de libros y piezas de arte era una herida abierta que le perseguía, en París y entremedias en Barcelona: "passero a Roma per ricuperare 1 miei libri, quadri, statue, mobil, ecc. poiché tutto il mio avere € restato la" (carta А-В, 04/X11/1799). La inseguridad de emprender un viaje entonces por el Mediterráneo frustró estos planes e impidió al culto político cerrar esa herida dolorosa, cada vez más interiorizada y más incurable. Frente a su pasado y sereno cultivo artístico-cultural en Italia, en su segunda embajada en París Azara demuestra comprender, con desolación, el cambio de paradigma en Occidente, del humanista y cosmopolita en el que había crecido a otro nuevo, utilitario y nacionalista. Su nueva biblioteca parisina, aunque rica en ediciones de bibliófilo, no alcanzaba a alimentar -según él- su faceta e interés clasicista, hacia los autores clásicos grecolatinos y hacia el arte o pensamiento de la Antigtiedad. Azara hacía a Bodoni sabedor de este desgaste espiritual, vital y libresco en carta de julio de 1802, si bien es evidente que carga los tintes en una visión negativa porque en París él hubo de frecuentar ricas bibliotecas con fondo antiguo, como la de San German,' y también habría podido adquirir y consultar en esa gran urbe libros en griego y latín, o sobre artes y filosofía (aunque, eso sí, sus finanzas no eran tan holgadas en ese momento como durante su etapa en Roma):
Qui non si parla di belle lettere né di autori clasici; e, se per caso se ne parla, é per dire dei spropositi e per disprezzarli, perché non sono nati frances: ne parlano la loro lingua. Io ho una magnifica biblioteca a mia disposizione, affitata colla casa, nella quale c'è tutto cio che la Francia ha prodotto di più bello in edizioni; ma non c'ê né manco uno in latino né in altra lingua che la loro. (Carta А-В, 19/V11/1802)
El catálogo de venta de la biblioteca de Azara
Es evidente, a la luz de los datos dados, que este bibliófilo hubo de reunir durante su vida, en total, una magnífica biblioteca o colección de volúmenes. Además, su amistad con el tipógrato Bodoni -afincado en Parma, pero, a partir de 1782, Tipdgrafo Oficial de la Corona Española, con Carlos III y Carlos IV- y su amistad con la élite cultural europea о, en especial, italoespañola, su privilegiada posición político-social y económica, y su pasión por el arte, los libros, el coleccionismo y las letras habrían favorecido y estimulado el crecimiento de su librería privada, modelada a la altura de su posición social y de su formación y prestigio en el ámbito de las artes y las letras. Pero el libro a finales del siglo XVIII no era ya solo un signo de estatus sino también un espacio de realización y disfrute personal; en ocasiones, distracción compartida con otros. La biblioteca romana de Azara constituyó un núcleo de reuniones sociales y amistosas," de trabajo y difusión de saberes, de recreo personal, así como una obra proyectada hacia el futuro y para desafiar a la mortalidad del individuo singular, en favor de la permanencia histórica. En su famoso retrato pintado por Mengs y realizado durante su paso por Florencia en 1774, Azara sostiene en su mano derecha un libro entreabierto, sugiriendo marcar con su dedo la página que está leyendo. La integración de este objeto en su retrato sirve para significar y realzar su imagen como hombre de cultura, lector, literato, bibliófilo y mecenas del libro. "Indudablemente, Azara seleccionó, de entre otras posibles, esta imagen de sí mismo [..] para transmitir a sus contemporáneos y dejar a la posteridad" (Sánchez Espinosa 1997: 13).
Conocemos la grandeza de la colección de José Nicolás de Azara a través del catálogo de venta de su librería, publicado dos años después de su muerte en Paris por Francisco Iturri y Salvador Ferrán (1806); y asimismo a partir del riguroso estudio y edición del catálogo por el especialista del libro Gabriel Sánchez Espinosa (Sánchez Espinosa, 1997). En ese inventario se recoge la colección reunida por Azara en Roma entre enero de 1766 y marzo de 1798; y, sostiene Sánchez Espinosa, "en razón de la calidad de las obras ofertadas podemos suponer que lo reseñado constituyó la mayor parte de lo que fue la biblioteca del diplomático" (1997: 21). Tras su muerte en París en 1804, su familia habría preferido vender la librería romana y repartirse la suma obtenida, porque, con las dificultades del contexto en esos años para viajar y con los enfrentamientos entre los hermanos y entre la familia y la princesa "amiga" Santa Croce por la herencia de Azara, la venta parecía resultar la mejor opción. De los veinte mil volúmenes que la colección incluía, según Azara declaró en carta a Pedro Cevallos de 1801 (Castellanos de Losada, II, 381-382, doc. XVI), el catálogo da cuenta de más de 5700 y, contmúa explicando el historiador del libro Sánchez Espinosa:
[..] podemos suponer que el resto de la misma, es decir, el conjunto de aquellos libros de menor valor económico -los libros de menor atractivo, los más comunes, los más modernos-, se saldarían en bloque o por lotes, tras descarte previo del librero Romanis, a otros libreros o buquinistas para su venta por otros canales. (1997: 21)
El catálogo de venta fue publicado en 1806 por el librero romano Mariano de Romanis, descendiente de una antigua saga de vendedores de libros y especializado en la compraventa de librerías privadas de cardenales y nobles residentes en Roma. Luigi Perego Salvioni imprimió por encargo de De Romanis el catálogo de venta de la librería de Azara y los sacerdotes Iturri y Ferran se encargaron de realizar el inventario y ordenarlo, seguramente a partir de algún elenco previo (Sánchez Espinosa 1997: 2425). Confeccionado y publicado, pues, con fmalidad puramente mercantil, con una lista al final del número de ediciones comprendidas de cada clásico grecolatino (Actores classici graeci, et latini descripí), el catálogo de venta evidencia el perfil de su propietario mediante sus intereses y gustos. Lo describe y define como bibliôfilo -dado el elevado número de ediciones raras y ejemplares selectos, valiosos económicamente y excelentes también por su calidad artística; la presencia de duplicados refleja asimismo su pasión bibliófila-; como hombre cosmopolita e ilustrado -con obras en diferentes lenguas, de diversas ideologías y sobre variados ámbitos de conocimiento, unos útiles para su trabajo diplomático como los libros de teoría y práctica sociopolítica, otros más dirigidos a su amplio cultivo y disfrute personal, sobre filosofía, literatura, historia o viajes); como clasicista Hector y admirador de los autores clásicos y de temas anticuarios o sobre arte de la Antigtiedad-; y como mecenas y protector de las artes -con un claro interés hacia tratados y obras sobre las artes plásticas, o libros relevantes por su dedicación a, o exhibición de, el arte tipográfica-. En este sentido, la colección bodoniana sobresalia por sus dimensiones y su magnificencia entre las estanterías de la biblioteca del aragonés.
Pero es posible comparar y conocer mejor la historia de ese catálogo impreso póstumamente si lo contrastamos con otra suerte de inventario anterior, que nos proporciona datos en vivo acerca de la librería que atesoraba este culto diplomático, en Roma e incluso en París. A través del copioso epistolario privado intercambiado entre Azara y el tipógrafo Bodoni, entre quienes se estableció una fecunda amistad, colaboración editorial y diálogo en torno al mundo del libro, es posible rastrear un universo representativo de volúmenes con los que el español tuvo contacto, hacia los que se interesó o que, claramente, poseyó: ediciones de su siglo XVIII, otras anteriores (aunque de nuevo valoradas o revisadas en su época) y otras en curso de producción. Tras una labor de discriminaciôn de estas últimas, las propiamente pertenecientes a la colección particular del político español, nuestro propósito en este estudio es exponer los resultados del cotejo aplicado entre el catálogo póstumo de la librería de Azara y el elenco de ediciones identificadas en su epistolario como propias. Centraremos luego nuestra atención en el análisis de la nómina de ejemplares no incluidos en el catálogo de 1806 y sí aludidos en las cartas, lo cual nos permitirá ampliar el inventario de libros de la biblioteca del diplomático e indagar en la razón de su ausencia en el momento de la venta pública. El nuevo catálogo configurado ratificará y documentará de manera más completa el perfil de Azara como bibliófilo, clasicista, amante de las artes de su tiempo y de la Antiguedad, y él mismo editor y mecenas de Bodoni.
Cotejo de fuentes documentales: ampliación del catálogo de la biblioteca de Azara
El cotejo entre el catálogo de venta de la biblioteca del diplomático José Nicolás de Azara y el elenco de títulos extraidos de su epistolario con Grambattista Bodoni nos aporta una serie de informaciones que a continuación expondremos y a partir de las cuales derivaremos nuestras conclusiones.
En primer lugar, es claro que las principales ediciones de bibliofilia bodoniana figuran con gran detalle en las cartas -con datos, en ocasiones, acerca de su momento de proyección, creación y recepción- y esos ejemplares suelen mantenerse presentes en el catálogo de venta. De igual modo, figuran en ambas fuentes documentales las ediciones de otros impresores a la sazón prestigiados en el mercado del libro, u otras ediciones raras y codiciadas como las obras de Virgilio preparadas por el latinista alemán Christian Gottlob Heyne, en cuatro volúmenes publicados en 17881789, el Anakreon griego de Giossuè Barnes de 1721 en 4° o el Quinti Horatit opera de Johannes Pine de 1733. Cierto es, no obstante, que llaman la atención algunas ausencias en el catálogo de 1806. Entre estas cabe destacar los Anacreontes bodonianos de 1791, in 16° (en letras griegas sin acentos y considerada por el librero parisino Renouard una de las más bellas ediciones de Bodon»? e in 8° (integramente en caracteres griegos mayúsculos): ambas piezas de bibliofilta, dedicadas por Bodoni a Azara, fueron recibidas por este entre agosto y finales de 1791 (cartas А-В, 10/VIII/1791 у 07/1X/1791) (Figura 4). Falta asimismo en el catálogo de venta la introducción exenta a las obras del clásico Horacio bodoniano de 1791, Antiloquium editionis Horatianuae in folio major: del que Bodoni envía al amigo varias copias encuadernadas, verdaderas "galanterie" según el español (cartas А-В, 10/V111/1791; B-A, 00-VIII-1791); el exquisito Teócrito griego en versión de Bernardo Zamagna y publicado por Bodoni in 8° real en 1792, Oeoxprro, Mooyov, ха! Biwvog Eda navra, para Azara "edizione |...] graziossissima" y que será demandada por los bibliófilos curiosos (carta AB, 03/X/1792); el magnífico Kempis de 1793, "arcimagnifico libro -per la carta, stampa, legatura- [...] converte leggendolo, attrato dalla bellezza tipográfica" (carta А-В, 02/1/1793); el Demosthenis et Aeschinis publicado en París por Didot l'aîné en 1790, en dos volúmenes in 4° grande, "la più bella cosa che sia uscita da mano francese" (carta А-В, 00/X/1790), o la también didotiana muestra del famoso Publi Virgilii Maronis Bucolica, Georgica et Aeneis in folio de 1791; y el de 1798.11
Estas llamativas ausencias resultan significativas para dar luz al proceso de disgregación ocurrido con la biblioteca romana de Azara, cuyo comienzo de dispersión debió de adelantarse a la impresión del catálogo de venta y a la difusión de la noticia entre el público. A juzgar por el habitual funcionamiento de esas salidas al mercado de bibliotecas privadas, los excepcionales ejemplares ausentes en el catálogo oficial de 1806 debieron de ser adquiridos previamente por bibliófilos interesados, o sea, antes de la publicitación de la noticia de la venta, antes de salir a la luz el catálogo y antes de celebrarse la subasta. Se trataría de sustanciosas ventas directas a particulares con un concreto interés por uno o más libros, transacciones a puerta cerrada y sin que ninguna información trascendiese. La localización de ciertas lagunas en el catálogo nos confirma esta práctica, muy usual en el mundo de las compras de bibliófio y asimismo en esta venta, donde algunos libros de valor hubieron de pasar directamente de una biblioteca privada a otra, sin dejar rastro en la relación impresa oficial-.
Otros muchos de los libros no incluidos en el catálogo de la librería y cuya posesión sí se documenta en el epistolario entre Azara y Bodoni pertenecerían a la categoría de impresos menores o ediciones secundarias. En este grupo podríamos incluir a los catálogos de libros de Bodoni, enviados a Roma para que el diplomático realizase su pedido (sirvan de ejemplo el Aso a" Bibliofili de 1793 o el Catalogo di alcune edizioni Bodoniane en formato 8° y de ese mismo año), diversas publicaciones de inscripciones, en hojas sueltas, como las Iscrizzone de 1781 Нос. tibi . monumentum . collocamus . dicamusque . Pientissime . Ferdinande o de 1782 Quo . loco . Sesterrio . leni . delabitur . amne O Religiosi . hujus . coenobit . imcolae, el sucinto tratado Dell economia naturale e politica del principe Chigi, datado en 1783; y papeles volantes como los prospectos de anuncio de los clásicos, como el que publicitaba el Horatit Opera de 1791, o prensa periódica y almanaques, que probablemente se integraron de forma temporal en la colección (eg. Diario di Colorno per Гаппо 1777 o el Calendario di Corte per anno 1777, publicados por Bodoni). En cualquier caso, este conjunto de volúmenes serían los que Romanis habría retirado del catálogo de 1806 -elenco que retrataba al caballero Azara como posesor exquisito e ilustrado- y serían los vendidos en bloque a algún librero o particular interesado en fecha previa a 1806.
Otros títulos de valor relativo o intermedio -por su volumen o extensión, o por su producto impreso- como la madrileña Introducción a la historia natural y geografía física... de Bowles de 1782, publicada por la Imprenta de la Gaceta y sin duda enviada a Roma a Azara -su traductor al español-, la apreciada Lettre de |. В. Bodoni Typographe du Rot d'Espagne et Directeur de PImprimerie de SAR. |...) à Monsieur de Marquis de Cubières de 1785 (con una preciosa combmación de caracteres que admira a Azara, "Non si puol andare più in là", pero impresión de escasas páginas) (carta А-В, 23/X1/1785) (Figura 3), incluso el Quinti Horatii Flaci de Talbot (1701 [1699]) o la circunstancial Lettera di N. N. Garzone a Onorato Caetani de 1781, desconocemos cuál fue su destino: si fueron comprados previamente а 1806 o, en cambio, si engrosaron los lotes de libros vendidos antes de la subasta pública de la biblioteca. Podrían perfectamente haber pasado al catálogo confeccionado por Irruti y Ferrán o ser vendidos antes de su publicación, lo cual nos inclina a considerarlos parte del primer grupo establecido de volúmenes valiosos o apreciados, si bien los arbitrarios conocimientos sobre tasación del librero Romanis podrían haberlos excluido de él, como a otros títulos. Con este dato pretendemos poner de manifiesto que resulta complejo hipotetizar las divisiones y categorizaciones que el librero De Romanis estableció para la venta y disolución total de la colección de Azara; más cuando los propósitos mercantiles dirigieron todo su trabajo. Con todo, resulta evidente que esa previa disgregación de volúmenes existió.
Es mas, cabe no perder de vista que los herederos o familiares de Azara, instigadores de la venta e interesados meramente en el reparto de los beneficios- se hallaban fuera de Italia, de modo que, debido a esto, fue el librero De Romanis quien se ocupó de encargar -y costear- a Luigi Perego Salviont la impresión del catálogo de venta de la librería y fue él quien también, muy lógica y probablemente, quedó a cargo de la administración de la biblioteca y de la gestión de toda la venta de los ejemplares. Pero, ¿cómo pudo pagarle la familia, desde el extranjero, esos servicios? Como era -y es- común, en esos casos, seguramente De Romanis, por su colaboración, tuvo la posibilidad de elegir para sí ciertos ejemplares de la biblioteca, probablemente piezas de valor y que más tarde vendería a su cargo, en la librería o a interesados clientes en el extranjero.1?
Por otra parte, conviene señalar que las menciones en las cartas se circunscriben, principalmente, a obras de interés tipográfico o próximas a ambos correspondientes por su temática (esto es, en torno a las artes, versiones de clásicos grecolatmos o estudios anticuarios) o por guardar relación con alguna versión bodoniana (caso de otras ediciones de las Opere de Mengs, libros de Milizia en conexión con las Memore degli architetti, otras traducciones o ediciones de la Introduzione alla storia naturale... de Bowles o la oración fúnebre en español en honor a Carlos III, relacionada con otras ediciones de Bodoni). Por ejemplo, Bodoni refiere a Azara y le envía una copia del estudio médico De/ Morbo Tisico de Matteo Salvadori (Trento: Grambattista Monauni, 1787) con motivo de aconsejarle los remedios que allí figuran, que le ayudarían a superar las molestias oculares que sufría en ese momento (carta А-В, antes de 23-X11-1789). Por esa razón anecdótica se visibiliza en esas cartas privadas un libro de temática médica que, de otro modo, no entraría en este inventario, de perfil más tipográfico, anticuario, artístico y humanista. En el catálogo extraído a partir de las cartas con Bodoni, la variada y rica biblioteca del Azara hombre cosmopolita e ilustrado, en literatura, filosofía, historia, viajes, etc. se ve menguada en favor, en cambio, de la librería de un bibliófilo, clasicista, cultivado mecenas de las artes y admirador del mundo de la antigtiedad. Resulta evidente, pues, que el elenco de libros derivado del epistolario está condicionado a los intereses compartidos por ambos correspondientes y, por consiguiente, es una biblioteca parcial y sesgada. No obstante, a la vez constituye una fuente documental significativa porque ofrece, dentro del área temática que abarca, precisas menciones de títulos que, citados al hilo de la conversación o con motivo de una noticia concreta, describen sin censuras la librería del diplomático: incluso esos volúmenes menores o circunstanciales que debieron de engrosar los lotes de títulos vendidos por De Romanis porque no merecieron figurar en el catálogo impreso de 1806; y otros sí muy preciados pero asimismo vendidos antes de la publicación del inventario. Otra ventaja de ese catálogo derivado de la correspondencia del diplomático con Bodoni es la viveza e historicidad de las que se acompañan las referencias de libros: conocemos las opiniones de Azara respecto a esos títulos y otras veces su fecha de recepción, la procedencia del ejemplar adquirido, la razón del interés en un concreto volumen o edición, el precio pagado por el libro... Trasciende, por tanto, de la mera información catalográfica circunscrita a la identificación del ejemplar poseído, como ocurre en el inventario impreso de 1806.
Por lo que se refiere a la delimitación temporal, el catálogo del librero De Romanis se circunscribe solo al período romano del diplomático (17661798), mientras que las cartas extienden sus referencias también al periodo parisino (1798-1799 y 1801-1804) e incluso el año entremedias en Barcelona (1799-1800). Cierto que el activo perfil bibliôfilo y clasicista de Azara se vio restringido en la Ciudad del Sena debido a su carga de labores diplomáticas, pero aun así la correspondencia nos permite documentar la recepción de varios volúmenes magníficos. Sabemos, en primer lugar, que en el verano de 1798 y gracias al viaje desde Italia de Esteban de Arteaga para ocupar en París su puesto como secretario del embajador español, este recibió en la capital parisina algunas nuevas ediciones bodonianas, entre ellas seguro que las Inscriptiones a Jo: Baptista Bodonio collectae et in lucem editae (1798), libro en formato in 4° con textos editados por el fallecido amigo Paolo Maria Paciaudi (carta A-B, 06-V1-1798).
La mayor distancia y la inestabilidad del contexto bélico europeo no favorecía el envío de libros de Parma a París en esos años y, en efecto, esta realidad se aprecia a través de la correspondencia porque son menos los volúmenes que el diplomático recibirá en la capital francesa. Pese a estas dificultades, en noviembre de 1800 Bodoni informa sobre el envío de unas magníficas Pitture di Antonio Allegri detto il Correggio en formato folio (1800) para Azara -a la sazón en Barcelona- y en febrero del año siguiente Bodoni documenta la expedición a París, para él, de un ejemplar in folio de los Didymi Tanrinensis del abate hebraista Tommaso Caluso di Valperga (1799) (cartas B-A, 15/X1/1800 y 03/11/1801). El embajador pudo quedarse con esos regalos y añadirlos a su pequeña biblioteca parisina, si bien no podemos manejar este dato con certeza porque Bodoni le ofreció los obsequios al tiempo que también la dio la opción de emplear esos libros para publicitarle y difundirlos por donde se hallaba el diplomático (a saber, en Barcelona y Madrid o en París). Por el contrario, sí es claro que entró a formar parte de la librería de Azara una deliciosa copia in 16° de De la danse, que el propio autor Moreau de Saint Méry le dirigió de Parma a París en julio de 1801 (carta А-В, 26/VII/1801). Noticia de esta biblioteca que Azara hubo de reunir en París la encontramos también en su correspondencia con el tipógrafo:
Qui non si parla di belle lettere né di autori clasici; e, se per caso se ne parla, é per dire dei spropositi e per disprezzarli, perché non sono nati frances: ne parlano la loro lingua. Io ho una magnifica biblioteca a mia disposizione, affitata colla casa, nella quale c'è tutto cio che la Francia ha prodotto di più bello in edizioni; ma non c'ê né manco uno in latino né in altra lingua che la loro. (Carta А-В, 19/V11/1802)
Conclusiones
En este trabajo hemos planteado un estudio comparativo entre las ediciones referenciadas en el Catálogo de Iturri y Ferrán en 1806 y las citadas en las cartas entre Azara y Bodoni, a fin de apreciar coincidencias y divergencias: libros contemplados en ambas fuentes documentales, solo recogidos en el catálogo impreso y, sobre todo, solo aludidos en la correspondencia privada con Bodoni. El cotejo ha sido parcial y su estudio no se ha agotado porque no nos hemos detenido en el elenco de obras de los dos primeros grupos antes mencionados (o sea, los presentes en ambas fuentes o solo en el catálogo de 1806): más bien hemos focalizado nuestra atención en el tercer grupo porque revela la existencia de ausencias significativas en el catálogo impreso o, dicho de otro modo, confirma la práctica de ventas a bibliófilos particulares, de compras en lote -sobre todo efectuadas por libreros- y la probable cesión de ciertos ejemplares valiosos al administrador de la librería y gestor del proceso de venta -en este caso, De Romanis- previamente a la publicación del catálogo oficial de la biblioteca de Azara en 1806 y antes, en consecuencia, de la subasta pública del grueso de la colección. Aunque era esta una sospecha sugerida por Sánchez Espinosa (1997: 26), este pequeño artículo ratifica con datos concretos el comienzo de la disgregación de la biblioteca del diplomático español ya antes de la divulgación de la noticia de su puesta en venta -y quizá, incluso, algún ejemplar extraido en vida del propio Azara-.
Sostenía el estudioso del libro y bibliófilo Victor Infantes que "un repertorio no puede reflejar jamás la biblioteca, sino lo que una vez en el tiempo tuvo" (163). Conforme a esto, deberíamos hablar del catálogo de las bibliotecas que Azara atesoró a lo largo de su vida y que, stricíu sensu, construyeron su biblioteca personal. Se vuelve imprescindible, para crear ese inventario de ejemplares poseídos -al menos, a partir de su embajada en Roma y hasta su fallecimiento en París en 1804- tomar en consideración la serie de libros registrada a través de sus cartas privadas, testimonios vivos de los volúmenes que formaron parte de su colección. En este sentido, su epistolario con el amigo Bodoni -donde se abordan temas anticuarios, artísticos y editoriales- son, sin duda, las más importantes para componer ese catálogo total de referencias librescas, complementario al publicado por el librero De Romanis en 1806 y elaborado por Iturri y Ferrán.
A través del cotejo de ambas fuentes documentales hemos podido constatar que, en efecto, el inventario impreso no abarca ni siquiera toda su rica biblioteca romana poseída en su momento por Azara, hemos confirmado la relevante incidencia de estrategias comerciales en el proceso de dispersión de la librería -con ventas previas al año 1806 y otras posteriores a la subasta- y hemos comprobado el perfecto retrato de Azara dibujado a través de su selección de libros, con una cierta mengua en el perfil clasicista del bibliófilo durante su período en París. Así, su propia librería en la capital francesa reflejó con nitidez el malestar e incompletitud cultural que el diplomático sufrió en esos años finales de su vida y que, añorando su excelente biblioteca en Roma, transmitió a su amigo Bodoni. La feliz colaboración editorial que entre ambos habían llevado a cabo antes de 1798 inmortalizó a Azara al lado de su querido Bodoni, muy especialmente en su biblioteca de clásicos latinos, cima de la pasión clasicista Hiteraria, ética y estética- del culto político aragonés.
References
BIBLIOGRAFÍA
Álvarez Santalo, León Carlos. "Librerías y bibliotecas en la Sevilla del XVII" En La documentación notarial y la Historia, Actas del 11 Coloquio de Metodología Histórica Aplicada. Antonio Eiras, ed. Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela, 1984: 165-186.
Andrés, Juan. Cartas familiares del abate D. Juan Andres a su hermano D. Carlos Andres... Madrid: Antonio de Sancha, 1786, I.
____. Cartas familiares: viaje de Italia. Idoia Arbillaga y Carmen Valcárcel, eds.; Pedro Aullón de Haro, dir. Madrid: Verbum, 2004. 2 vols.
Astorgano Abajo, Antonio. Nicolás Rodríguez Laso: Diario en el viaje de Francia e Italia (1788). Zaragoza: Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, 2006.
Brooks, H. C. Compendiosa Bibliografia di Edizioni Bodoniane. Florencia: Tipografia Barberà, 1927.
Castellanos de Losada, Basilio Sebastián. Historia de la vida civil y política del célebre diplomático y distinguido literato español el magnífico caballero D. José Nicolás de Azara... Madrid: Baltasar González, 1849-1850, II.
Elvira Barba, Miguel Ángel. "La actividad arqueológica de D. Nicolás de Azara." En La antigüedad como argumento: historiografia de arqueología e bistoria antigua en Andalucía. Fernando Gascó La Calle, José Luis Beltrán y José Tomás Saracho Villalobos, eds. [Sevilla]: Dirección General de Bienes Culturales, Junta de Andalucía, 1993: 125-152.
Gimeno Puyol, MÂ Dolores. Epistolario de José Nicolás de Azara (1784-1804). Madrid: Castalia, 2010.
Infantes, Victor. "La memoria de la biblioteca: El inventario." En El escrito en el Siglo de Oro: prácticas y representaciones. María Luisa López-Vidriero y Pedro M. Cátedra, eds. Salamanca: Universidad de Salamanca, 1988: 163-170.
Iturri, Francisco y Salvador Ferrán. Bibliotheca excellentissimi DD. Nicolai Josephi de Azara ordine alphabetico descripta. Roma: Luigi Perego Salvioni, 1806.
Jordán de Urries, Javier. "Azara, coleccionista de antigüedades, y la Galería de estatuas de la Real Casa del Labrador en Aranjuez." Reales sitios 156 (2003): 56-70.
_____"La embajada de José Nicolás de Azara y la difusión del gusto neoclásico." En Roma y España un crisol de la cultura europea en la Edad Moderna: (actas del Congreso Internacional celebrado en la Real Academia de España en Roma del 8 al 12 de mayo de 2007). Carlos José Hernando Sánchez, ed. Madrid: Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, 2007: 951-974.
López-Souto, Noelia y Jorge Maier Allende, José Nicolás de Azara y Johann Joachim Winckelmann: historia de un desencuentro." Cuadernos de Ilustración y Romanticismo 28 (2022): 401-422.
López-Souto, Noelia. "Epistolario José Nicolás de Azara / Giambattista Bodoni." En Biblioteca Bodoni, 2019. https://bibliotecabodoni.usal.es/epistolario [Consulta: 27/03/2024].
_____"Books and Cultural Diplomacy in Eighteenth-Eentury Europe: Friendship and Patronage between José Nicolás de Azara and Giambattista Bodoni." En Katherine Aske, Alex Bellemare et al., Participation, Collaboration, Association. Communautés, Echanges, Politique, et Philosophies au XVIIIe Siècle. Communities, Exchanges, Politics and Philosophies in the Eighteenth Century. Paris: Éditions Honoré Champion, 2023: 93- 108.
Sánchez Espinosa, Gabriel La biblioteca de José Nicolás de Azara. Madrid: Calcografia Nacional, 1997.
_____Memorias del ilustrado aragonés José Nicolás de Azara. Zaragoza: CSIC, 2000.
Footnote