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El artículo aborda cómo las estructuras coloniales han permeado el sistema educativo colombiano y consolidado una educación colonial, racista y tradicional que reproduce lógicas excluyentes y discriminatorias hacia las diversidades. A partir de este panorama reflexiona sobre tres asuntos que fungen como apuestas disruptivas de descolonización, dignificación y justicia social, pues responden política y pedagógicamente para tejer una educación y sociedad más equitativas e inclusivas: el primero es la etnoeducación, entendida como un proyecto étnico-político y una política educativa; el segundo es la etnoeducación universitaria, que se traduce como el surgimiento de los programas de licenciatura en etnoeducación; y por último, la educación intercultural, que es dinamizada por los etnoeducadores a partir de los principios y fundamentos de la etnoeducación. Este artículo reflexivo plantea que los etnoeducadores están trascendiendo de la etnoeducación hacia la educación intercultural, ya que la primera tiene un marco normativo que restringe su ejecución en contextos más diversos; por ende, la formación docente de los etnoeducadores es pertinente para abordar otro tipo de diversidades e identidades que traspasan las barreras de lo étnico-cultural-lingüístico y abrazan otras formas de ser de los estudiantes. Se destaca la importancia de pedagogías del reconocimiento y de la memoria para el diálogo intercultural con el propósito de repensar la escuela como un espacio libre de racismo y discriminación, capaz de liderar procesos de transformación social.
