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Las universidades son fundamentales en el desarrollo de la sociedad, al aportar de manera significativa a la formación integral de los jóvenes y a la generación de nuevo conocimiento, así como a la transferencia de este para el crecimiento de las comunidades y de su entorno. Así también, las universidades pueden promover la inclusión en sus comunidades, especialmente en aquellos sectores en los que existan brechas importantes de tipo socioeconómico, relacionadas con género, orientación sexual, pertenencia a alguna etnia o que perjudiquen a aquellas personas con algún tipo de discapacidad. El objetivo de este artículo es actualizar los conceptos vinculados a la presencia de oportunidades, la inclusión y, en especial, a la acogida por parte de la comunidad universitaria. En la implementación de un proyecto universitario inclusivo, se requiere un enfoque integral que combine políticas públicas y universitarias, innovación pedagógica, tecnología accesible y un compromiso social explícito con la diversidad. Así, el incremento de oportunidades y la inclusión en la educación superior debe entenderse como un proceso multidimensional que exige transformar las estructuras, las prácticas y la cultura de cada institución universitaria. Una universidad más inclusiva es una mejor universidad. En suma, el camino hacia instituciones de educación superior más inclusivas requiere de voluntad política; de un compromiso institucional decidido y de un cambio cultural profundo que reconozca de manera muy explícita la inclusión y la diversidad como un verdadero motor de innovación y justicia, lo que es central en la misión educativa. De este modo, las universidades se fortalecen al implementar políticas de inclusión, pues al avanzar con equidad y calidad, contribuyen a la construcción de una sociedad más justa e integrada.