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El 28 de junio de 1914, el atentado contra el Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo por un grupo nacionalista serbio, marcó el inicio de una cadena de tensiones que, en pocas semanas, sumergió a Europa en una guerra sin precedentes1. En Chile, la prensa siguió con atención cada acontecimiento de la “tragedia de Sarajevo” , informando sobre la insatisfactoria respuesta del ultimátum de Austria a Serbia y, en consecuencia, el inicio de las movilizaciones militares entre ambos países que, según El Mercurio: “sin un anuncio oficial de la declaración de guerra, creó un clima de incertidumbre en las capitales europeas sobre la situación internacional”. Con la declaración de guerra de Alemania a Rusia y la activación de un complejo sistema de alianzas entre las principales potencias europeas, se inició un conflicto cuyas repercusiones comenzaron a sentirse en todo el mundo.
Sin embargo, el conflicto europeo no estalló únicamente a causa del atentado en Sarajevo, sino por una serie de tensiones internacionales generadas durante el siglo XIX e inicios del XX. El historiador Marc Ferro destaca entre los antecedentes de la guerra, acontecimientos y procesos como: el sistema de alianzas entre las principales potencias militares del planeta y sus rivalidades de orden económico durante la segunda revolución industrial; la paz armada y la creación de las nuevas tecnologías bélicas, y el desarrollo de la unanimidad patriótica y el nacionalismo estatal cada vez más violento frente a los nacionalismos periféricos.
Estos factores condujeron a tensiones crecientes entre la Triple Alianza7 — identificada como los Imperios o Potencias Centrales— y la Triple Entente8 —conocida como los Aliados— cuyos efectos fueron de magnitudes nunca vistos, inaugurando lo que Eric Hobsbawm denominó la “era de las catástrofes”9. Lo que comenzó como un conflicto únicamente europeo, pronto adquirió una dimensión global al incorporar a más de treinta naciones entre agosto de 1914 y noviembre de 1918. La guerra mostró dinámicas únicas, ya que lejos de limitarse a la dimensión militar, activó una movilización inédita, tanto nacional como internacional, de recursos humanos, económicos, tecnológicos y culturales, trastocando profundamente a la vida civil. Fue una “guerra total” que involucró a las sociedades enteras en los esfuerzos bélicos, difuminando la línea entre el frente de batalla y la retaguardia, para convertirse en una experiencia social totalizadora.
Diversas generaciones de académicos han abordado y caracterizado la historia de la historiografía de la Primera Guerra Mundial, advirtiendo su renovación disciplinar desde la década de 1970 hasta la actualidad. Jay Winter distingue cuatro generaciones historiográficas, siendo la más reciente, la denominada transnational generation, muy significativa, ya que ha impulsado un enfoque global del conflicto para analizar su impacto en regiones geográficas tradicionalmente marginadas o poco exploradas en la historiografía tradicional europea y estadounidense.