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Mis vericuetos en el Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia
En 1973 tenía 30 años de edad y me encontraba estudiando la maestría en antropología social en la Universidad Iberoamericana (Ibero). El director de mi tesis era el doctor Ángel Palerm. Bajo su tutela escribí varios textos que discutí con él y en los que incorporé las pistas que me sugería. Fueron publicados porque él los avalaba. En ellos analizaba las posibilidades revolucionarias ante la explotación y la dominación (Alonso, 1973a); mostraba cómo no podía entenderse el poder sin tener en cuenta relaciones de clase (Alonso, 1973b); di cuenta de una investigación en torno a los pepenadores de la ciudad de Monterrey (Alonso, 19744); exploré la religiosidad comunal en un pueblo indígena (Alonso, 1974b); me aventuré en la presentación de una tipología del análisis político (Alonso, 1976?); revisé las interrelaciones de clases, elites y Estado (Alonso, 1977b), y critiqué las perspectivas del gobierno bajo la presidencia de José López Portillo (Alonso, 19770).
En el verano de 1973 había sido enviado por Palerm a hacer trabajo de campo al oriente de Morelos, con un equipo que dirigía el doctor Arturo Warman. Un año después codirigí un equipo de estudiantes de la licenciatura de antropología de la Ibero en la misma zona. En 1975, Palerm me incorporó como profesor de antropología en esa universidad y me encargó que organizara un equipo de investigación que en un principio iba a estudiar una zona minera de Chihuahua, pero lo cambié para realizar un estudio antropológico en diversas colonias populares, sobre todo en la colonia Ajusco, por medio del Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (CISINAH). En 1975 publiqué los resultados de mi trabajo de campo de 1973 con el título "De la disolución de la hacienda a la consolidación del neolatifundio", que apareció en un libro colectivo que llevó el título que yo había sugerido, Subsistencia y explotación (Alonso, 1975), y que fue publicado por la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). En ese trabajo mostré que más allá de la disolución formal de las haciendas porfiristas permanecía una dinámica en la que las empresas capitalistas aprovechaban por varios medios el cultivo de tierras campesinas, lo cual daba pie a una nueva forma de latifundismo, explotación, acaparación, despojo y destrucción de tierras de los ejidos!
Palerm me había sugerido que solicitara una beca al CISINAH para la investigación de mi tesis de maestría, pero le dije que mejor aprovechara ese recurso para dedicarlo a otra persona, pues entonces yo tenía un subsidio personal. En 1976, Palerm promovió que mi tesis de maestría fuera publicada en la colección de libros del CISINAH, las Ediciones de la Casa Chata, con el título La dialéctica clases-élites en México. Fue el tercero de esa colección (Alonso, 1976a). Yo quería profundizar en la teoría marxista. Palerm me conducía, pero me recomendaba contrastarla con otros planteamientos y teorías. Insistió en que habría que poner en diálogo las teorías marxistas con las paretianas. Para Marx, la violencia existiría mientras se mantuvieran las clases sociales y Pareto consideraba que la violencia estaría en una recurrente ondulación sin límites. Con su dirección, hice un recorrido sobre las principales obras de Marx para indagar cómo había construido su concepto de clases sociales. Me empujó a diseñar un modelo de análisis que tuviera en cuenta los aportes tensionantes de Marx y Pareto. Los estudios de los grupos de poder nos enfrentan a un dominio siempre renovado, aunque con circulación de las elites. No obstante, me resistía a aceptar esto último de un modo fatalista. Caí en la cuenta de que debía comprender las luchas que se iban fraguando desde abajo, en contra del elitismo. Había que detectar las posibilidades de invertir la pirámide y romper con la imposición de las elites. También convenía resaltar las propuestas que se hacían horizontalmente, desde abajo. El carácter ondulatorio de los fenómenos de la circulación elitista podía impedirse desde la fuerza popular emergente."
A mediados de los años setenta Palerm fue contactado por Ediciones Edicol, que se había propuesto publicar dos series de textos: una que presentara y analizara a los autores más relevantes de las ciencias sociales y otra que tocara temáticas imprescindibles para el conocimiento científico desde la perspectiva de la sociedad. Palerm les escribió el libro Modos de producción y formaciones socioeconómicas (Palerm, 1976), y debido a que bajo sus orientaciones yo había estudiado la obra paretiana, me pidió que escribiera un libro sobre Pareto (Alonso, 1977). En éste di cuenta de los elementos de la teoría general paretiana, de cómo analiza la forma general de la sociedad y de las clases que mueven la historia. Destaqué que lo determinante era la interdependencia. Presenté su método y el desarrollo de su teoría de las elites y cómo el equilibrio era un hilo conductor del pensamiento paretiano. Vi cuál era el equilibrio social ante el uso de la fuerza. Ahondé en su insistencia en la circulación de las elites. Traté cómo veía este autor el problema del poder. Presenté mis críticas a la teoría paretiana por su mecanicismo y por su psicologismo formalista y ahistórico. Resalté como positiva su desconfianza de lo observable y su propuesta de analizar lo que se escondía. Acepté que su estudio de las elites tenía aportes en los que había que profundizar. Hice una selección de textos de este autor para mostrar lo más destacado.?
Un producto de los nexos que encontré entre Marx y Pareto fue que desemboqué en la lectura, estudio y análisis crítico de los escritos de Gramsci. A partir de esto formé un equipo plural para realizar un estudio de la coyuntura mexicana del sexenio echeverrista desde la perspectiva gramsciana. Discutimos y redactamos un libro del cual tuve que omitir los nombres por los rumores que se suscitaron al final de ese conflictivo sexenio (Alonso, 19765).
En el segundo semestre de 1976, у durante todo 1977, fui director del proyecto de investigación acerca del análisis comparativo de comunidades suburbanas, que se llevó a cabo en las colonias Ajusco y Cerro del Judío, en la ciudad de México; en Ciudad Nezahualcóyotl, en el Estado de México, y en la colonia Santa Cecilia, en Guadalajara. El equipo de investigación para el estudio de antropología urbana estaba formado por una docena de estudiantes bajo mi supervisión. Cuando, con Palerm, vimos el presupuesto del proyecto, como la parte más destacada era en la zona metropolitana de la capital del país, le dije que con dos becas que nos diera para todo el equipo solventaríamos los gastos del equipo y así se programó. Palerm tenía mucha visión y flexibilidad para que los proyectos se hicieran bien y sus resultados se trabajaran hasta que pudieran ser publicados. En aquellos tiempos había muchos académicos renombrados que se habían tenido que refugiar en México por las dictaduras en sus países latinoamericanos. Palerm aceptó que las clases que conseguí que dieran no fueran en las aulas acostumbradas, sino que estudiantes y profesores nos reuníamos en la colonia Ajusco a compartir y debatir sus conocimientos en el sitio donde estábamos radicados haciendo la investigación. El equipo estuvo trabajando intensamente. Teníamos el compromiso de entregar resultados los primeros días de enero de 1978. Todos los miembros del equipo vivíamos en la colonia que estábamos estudiando y a mediados de diciembre teníamos el material completo. Sin embargo, en un afán perfeccionista, consideré que todavía faltaba una última revisión crítica, por lo que nos dedicamos de lleno a cumplir el cometido a tal grado que en la noche del 24 al 25 de diciembre nos dimos sólo una hora para celebrar y seguir trabajando. Sucedió lo mismo entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, cuando nos dimos una hora de celebración y seguimos laborando con intensidad. El 2 de enero hicimos la entrega con mucho entusiasmo, ése era el espíritu de ese equipo del CISINAH. El libro correspondiente fue el número 12 de la colección Ediciones de la Casa Chata, con el título Lucha urbana y acumulación de capital (Alonso, 1980а). Destacamos las implicaciones de la lucha urbana y cómo en los talleres hogareños de las colonias suburbanas se daba una gestión, no como pequeNos empresarios, sino como una enorme extracción en beneficio del capital. Analizamos las acciones de los diferentes grupos participantes en el movimiento de defensa del territorio de una colonia de asentamientos irregulares en los pedregales populares de la ciudad de México. Constatamos la tendencia a la elitización de la dirección del movimiento y las pulsiones que podía haber para contrarrestarla.· Una reseña del libro destacó que implicaba un importante avance en el estudio científico del problema urbano en la zona metropolitana de la ciudad de México y se enfatizó que se trataba del trabajo de un equipo (Bassols, 1981). En otra reseña se resaltó que el libro era un riguroso estudio que presentaba una respuesta novedosa y sistemática, que indagaba las causas de procesos migratorios del campo a la ciudad y mostraba en forma concreta la explotación a la que estaban sometidos los pequeños productores urbanos. Se enfatizó que era un ejemplo claro y bien logrado de la utilización de la metodología antropológica enfocada en investigaciones urbanas (Figueroa, 1981).
Colaboré con Arturo Warman en el Centro de Investigación del Desarrollo Rural, donde me encargué de revisar y dictaminar 30 manuscritos para ver cuáles podrían publicarse. También me di a la tarea de preparar tres de ellos para que aparecieran como libros (Astorga y Hardy, 1979; Jáuregui, 1980; Montañez y Aburto, 1979). Como Warman era el encargado del doctorado del cisinah, me invitó a que hiciera ahí mi doctorado. De esta forma, estuve en contacto muy estrecho con el cisinah desde su fundación, pero mi antigüedad formal empezó a contar cuando ingresé al programa de doctorado de la institución en 1979. El programa doctoral incluía el conocimiento regional de realidades diversas a la mexicana, de manera que realicé varios viajes a Cuba; la recorrí íntegramente desde Pinar del Río hasta Santiago de Cuba. Por esa época se celebraba el vigésimo aniversario de la Revolución. Publiqué un libro y un artículo en los que examiné las formas concretas del poder popular desde abajo (Alonso, 1980b; Alonso,1981). El director de mi tesis doctoral fue Guillermo Bonfil, quien en esa época estaba al frente del cisinah. Me encargó que organizara un seminario para estudiar los cambios experimentados en el Estado mexicano. Invité a personas que se destacaban en la investigación de las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales, teniendo en cuenta las transformaciones del Estado posrevolucionario. Participaron destacadas plumas de la Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio de México, la Ibero y la Universidad Autónoma Metropolitana, así como de medios de comunicación influyentes y del cisinah (Alonso, 1982).5 El seminario fue muy concurrido y suscitó muchos debates y reflexiones. Su preparación se desarrolló durante la dirección de Bonfil, pero su ejecución fue con la nueva dirección, ya bajo el nombre de Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Como no invité al nuevo director a la inauguración de algo en lo que no había intervenido, eso provocó un conflicto. No pensaba que este asunto tan académico se mezclaría con una situación política en la que se nos había impuesto a un director ajeno y desconocedor del gremio, con quien tuvimos serios enfrentamientos. No obstante, se me recomendó que para tratar de evitar problemas mayores lo invitara a que hiciera el prólogo del libro. Acepté, pero consideré que esa concesión había sido indebida, el prólogo debió haberlo escrito Bonfil.
Varios de los que participábamos en el programa de doctorado nos reuníamos de manera informal y autónoma para discutir qué problemas enfrentábamos y cómo los estábamos resolviendo. Discutía mis materiales -además de con mi tutor- con Pablo González Casanova, Carlos Pereyra, Gilberto Giménez, Humberto Monteón y Arturo Warman. Monteón resaltó que la investigación que yo realizaba era de gran importancia, pues contenía elementos que calarían hondo, por el esclarecimiento de un partido que para muchos era un enigma. Recalcó que mi estudio llenaba un vacío y que sería de gran utilidad al medio interesado por la problemática nacional. Pereyra apuntó que no eran frecuentes las investigaciones del comportamiento real de los partidos políticos y que la literatura al respecto era escasa. Destacó mi acierto de articular la investigación empírica en un marco conceptual novedoso y preciso. Giménez enfatizó que yo contribuía de forma muy importante al avance teórico y metodológico, y que me especializaba en algo que había sido poco cultivado por los antropólogos. Destacó la innovación en cuanto a la hipostasiación de los movimientos políticos que permitía comprender mejor muchos fenómenos de liderazgo.
Durante la elaboración de mi tesis cambié mi posición dentro del CISINAH, pues pasé de becario a investigador. Cuando se presentó el hecho de que nuestra institución pasaría a ser el CIESAS, contribuí a las exploraciones para constituir un sindicato que defendiera nuestros derechos laborales. Agradezco la sabia e inspiradora tutoría de Guillermo Bonfil. Recuerdo con agrado que en mi examen doctoral destacó que yo había producido una acumulación abrumadora de nuevas ideas, textos y planteamientos, pues a la menor provocación respondía escribiendo un libro. Enfatizó que para él había sido una experiencia estimulante y satisfactoria haber acompañado mi trayectoria en el transcurso del doctorado.
La impronta palermiana en el CISINAH y en el CIESAS
Desde hacía tiempo Ángel Palerm y Gonzalo Aguirre Beltrán habían visto la necesidad de un programa de estudios superiores. En 1973 impulsaron, junto con Guillermo Bonfil, la creación del CISINAH, en el que Palerm fue su primer director. Él había llegado a la antropología desde su inquietud por la historia, pero había constatado que la antropología social permitía estudiar a la sociedad en vivo, observándola en directo y dándose cuenta de los procesos de cambio.
Palerm agrupó una serie de proyectos de investigación en grandes líneas: campesinos, antropología política y minorías étnicas, entre otras temáticas. Impulsó la publicación de investigaciones de buen nivel. Inició un programa de doctorado tutorial basado en la investigación. Estuve en el acto en el que se dio a conocer la creación del CISINAH. Se hizo en las instalaciones del INAH, y la vieja guardia no podía ocultar su enojo. No obstante, se trató de una institución que trajo aires renovadores a la antropología mexicana y de hecho funcionó de manera propia y autónoma, sin depender del INAH.
Palerm criticaba que los planes de estudios antropológicos tradicionales fueran rígidos, deficientes, burocráticos y enclaustrados en el boasianismo. Les achacaba el desconocimiento de la antropología social británica y de las corrientes neoevolucionistas. Se hablaba de Marx sin conocerlo a fondo -en su contexto y devenir histórico -. Estaba convencido de la necesidad de un profesorado bien formado, de tiempo completo, y de contar con buenas bibliotecas. Veía la necesidad de que el estudio de la teoría fuera uno de los pilares del programa de enseñanza. Recordaba que la antropología no tenía un cuerpo teórico sistemático; había teorías especiales sobre ecología, evolución, organización social. Además, se debía enseñar la teoría ligada a la historia como revisión de las teorías. Se propuso recuperar la tradición de la sociología europea, y dentro de ella, la del marxismo y la teoría evolucionista. Esto implicaba un plan de estudios muy flexible. Se tendría que hacer trabajo de campo, porque era donde se veía que la teoría tenía importancia. Fue un entusiasta promotor del trabajo de campo para que los alumnos supieran cómo era la gente. Habría que incorporar a profesores jóvenes, que se fueran formando, por lo que se requería tener un buen posgrado. Impulsó la creación de amplios y colectivos proyectos de investigación. También promovió la publicación de libros, no sólo en el CISINAH, sino en contacto con otras editoriales.
Palerm escribió los documentos fundacionales del CISINAH, institución que manejó con mucha creatividad, imaginación y autonomía. Pidió a los académicos de este nuevo centro un trabajo mucho más activo en el estudio de los problemas del país; una actitud comprometida en los cambios que el país requería; una vigorosa puesta al día de la voluntad de intervenir como actores críticos en la tarea de construir un país mejor, por medio de una amplia y suficiente labor de investigación que gozara de plena libertad académica. Se debería aplicar con rigor la norma cardinal del método científico, usando para la crítica los instrumentos adecuados a cada realidad concreta. Recordó que toda actividad científica verdadera era ya, en sí, una actividad crítica de carácter profundamente radical. Apuntó que una autocrítica del medio académico de esa época tendría que aceptar la falta de actividad en el campo de los problemas sociales del país, su alejamiento de las cuestiones candentes que afectaban la vida de los mexicanos de entonces y el futuro del país. Hizo ver que, como colectividad profesional, esto correspondía a un escapismo de las luchas que alimentaban la dinámica de cambios tan urgentes como inevitables (Palerm, 1975a). Llamó la atención acerca de que las investigaciones debían planearse de tal manera que incluyeran el tratamiento de cuestiones y problemas de orden teórico y metodológico, y no sólo de orden práctico y aplicado. No obstante, todo eso debía enfocarse de tal manera que indujeran al análisis y la discusión de los problemas nacionales. Destacó la necesidad de sistemas de evaluación. Precisó que existían muchas maneras de evaluar la actividad científica, pero que la pronta publicación de sus resultados constituía la forma más eficaz (Palerm, 1975b).
Gracias a sus amplias y ricas redes atrajo a profesores extranjeros destacados para hacer investigación y formar antropólogos. Fraguó un doctorado en el que se combinaron experiencias de medios académicos muy diversos. Hubo un abanico de orientaciones teóricas, y se huyó de toda traba burocrática. Fueron formados muchos investigadores. Se trataba de un doctorado totalmente tutorial, que empezó a funcionar en 1975, cuya finalidad era aumentar el reducido número de profesionales de la antropología capacitados en la labor docente y de investigación en el nivel de posgrado que había en el país. El diseño de este programa radicaba en un proyecto de investigación de largo aliento que debía culminar con una tesis con el nivel de doctorado. El plan del doctorado se ajustaba específicamente a cada candidato. Incluía participación en cursos y seminarios, y la redacción de la tesis. Para los que estuvieran en el CISINAH, uno de los requisitos para ser admitido en ese programa era que su jefe de proyecto o el asesor del programa los recomendara, dependiendo de la calidad del trabajo realizado. Se pedía el dominio de una lengua extranjera. La Comisión Académica estaba integrada por el colegio de doctores del centro. Entre las atribuciones de esta comisión estaban la aprobación de las solicitudes de los aspirantes. Se estableció que el número de candidatos no debía exceder las posibilidades académicas del CISINAH. Otra atribución era la revalidación de estudios y trabajos realizados en otras instituciones nacionales o extranjeras. La Comisión Académica también estaba encargada de aprobar los programas individuales de los candidatos; vigilar el nivel académico de su plan de doctorado; aprobar las propuestas de los candidatos para formar un comité académico, y dar asesoría en este último punto para que fuera acertada la elección. Al ser un programa tutorial, lo más importante era la elección del tutor correspondiente. Los tutores deberían tener residencia en el país para que pudieran cumplir con la supervisión continua del trabajo de sus alumnos. Sólo se aceptaría la tutoría de un investigador residente en el extranjero si se garantizaba que podía hacer una evaluación periódica del investigador que estuviera a su cargo en el programa doctoral. La responsabilidad esencial del tutor consistía en estudiar con cuidado la formación académica y la experiencia profesional del candidato.
El tutor tenía la responsabilidad de recomendar a la Comisión Académica la duración de cada una de las etapas formativas del alumno, y esto lo debía hacer con el acuerdo del mismo investigador inscrito en el programa formativo. Cada tutor enviaba a la Comisión Académica el plan de trabajo, escribía informes semestrales y proponía la composición del comité académico. Dicho comité incluía al menos dos investigadores especializados en el campo de interés del alumno. Competia al comité académico revisar y aprobar el plan de trabajo del candidato y evaluar periódicamente su desempeño. El comité daría el veredicto sobre la tesis. La formación incluía el cumplimiento bajo la supervisión del respectivo tutor de dos áreas de concentración, una teórica ligada al proyecto de tesis y otra en una temática diferente. Por ejemplo, si la tesis versaba sobre antropología política, el área de concentración te6rica alternativa podía ser antropología económica. El alumno debía cubrir, además, dos áreas culturales. La principal tenía que ver con el proyecto de tesis y la alternativa debía investigar en otros países para establecer comparaciones. Por la misma estructura, el tutor no podía ser especialista en todas las áreas, por lo que tenía el papel de velar que la formación fuera de muy buen nivel y que el alumno se pusiera en contacto con especialistas reconocidos en cada una de las diversas áreas de concentración teóricas y en las áreas culturales. De esta forma, había un conocimiento diversificado, así como contacto y discusión con doctores nacionales e internacionales que no se circunscribían a la temática de la tesis (Palerm, 1975c). Otro éxito del CISINAH fue su programa de publicaciones. Las había que eran textos que habían madurado, pero también se introdujo otra modalidad de publicaciones provisionales por medio de cuadernos que se difundían para incitar una discusión que ayudara a que se convirtieran en libros. Las reuniones y espacios de discusión colegiada fueron otras de las modalidades acostumbradas en el nuevo centro, además de que se programaban seminarios temáticos.
Palerm propiciaba el diálogo y el debate entre profesores y alumnos, en los que intervenían profesores de renombre mundial. Creaba un ambiente intelectual intenso, profundo, de gran calidad. Cuando iba uno con él al campo, se preocupaba por hacer detectar aquello que está más allá de lo aparente; por mirar lo que ahí estaba, pero no a primera vista. Era enemigo de la solemnidad, propiciaba una horizontalidad en la que se reconocía a quienes sabían, pero compartiendo los saberes de los demás, que él impulsaba a que emergieran, fundados en lo que nos hacía descubrir el trabajo de campo y el debate de las teorías. Repetía que las ciencias sociales en realidad las estaban haciendo quienes de verdad se encontraban realizando las revoluciones. No le gustaba que algunos colegas se comprometieran a tal punto con el poder en turno para acomodarse en él, alejándose de las aspiraciones profundas de la gente. Había elementos de dirección académica que veía necesarios, aunque no los imponía de un modo autoritario. Era partidario de una libertad genuina. Propiciaba la creación de consensos. Recomendaba escuchar para poder descubrir lo nuevo. Tampoco quería que uno metiera los datos que le surgían en el campo en cajones teóricos preestablecidos, sino que innovara las teorías interpelado por lo que descubría en el campo. Había que dejarse sorprender y obligarse a pensar de una forma nueva en lo encontrado. Era partidario de que se dijeran las cosas con claridad, y enemigo de las intrigas y las traiciones. También le disgustaban los esquematismos y el simplismo, pues estaba abierto a escudrifiar la complejidad. Le disgustaban las burocracias, los privilegios, los autoritarismos, pero era promotor de direcciones pertinentes. Era una persona leal, que propiciaba que los demás se formaran y crecieran profesionalmente. Su personalidad le imprimió un profundo dinamismo a la nueva institución que después de medio siglo perdura.
Referencias
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1 Roberto Melville ha buscado formas para volver a publicar este libro, pero mezquindades y trabas burocráticas lo han impedido. No obstante, el texto está disponible en Google Books. Véase <https://books.google.com.mx/books/ about/Subsistencia_y_explotaci%·C3%B3n.html?id=qkS6 AAAAIAAJ&redir_esc=y>.
2 La tesis de maestria convertida en libro también ha sido difundida en Google Books. Véase <https://books.google.com. mx/books/about/La_Dialectica_Clases_elites en Mexico. html?id=_euWzwEACAAJ&redir_esc=y> Enla página <https:> se indica que se encuentra en 61 bibliotecas públicas de varias universidades de Estados Unidos, Canadá, España, Inglaterra, Alemania y Australia.
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