Headnote
Abstract: The aim of this paper is to analyze in depth the underlying linguistic structure and strategies identified in the last two ciphers used by Margaret of Parma, governor of the Netherlands, in her private Italian letters to Philip II during 1566, a decisive year of social, religious and economic conflicts in the territories of Flanders. The study presents and compares the main features of the general cipher and the private cipher contemporaneously used by Margaret of Parma in the private Italian letters she sent to Philip II during that year: two cryptographic systems comprising complex combinations of alphabetic characters, numerical digits and steganographic symbols to ensure the confidentiality of their communications in a hostile European context.
Keywords: Cipher, Letters, Margaret of Parma, Philip II, Italian, Netherlands
Resumen: Este artículo tiene como objetivo analizar en profundidad la estructura y las estrategias lingüísticas subyacentes identificadas en los dos últimos cifrarios utilizados por Margarita de Parma, gobernadora de los Países Bajos, en sus cartas privadas en italiano a Felipe II durante 1566, un año marcado por los conflictos sociales, religiosos y económicos en los territorios de Flandes. El estudio presenta y compara las principales características de la cifra general y la cifra particular que utilizó contemporáneamente Margarita de Parma en la correspondencia privada italiana que envió a Felipe II durante ese año: dos sistemas criptográficos compuestos por complejas combinaciones de caracteres alfabéticos, numéricos y esteganográficos que garantizaran la confidencialidad de sus comunicaciones en un contexto europeo hostil.
Palabras clave: Cifrario, Cartas, Margarita de Parma, Felipe II, Italiano, Países Bajos
1. Introducción
Desde finales del siglo XV, y especialmente durante el siglo XVI, la corona española extendió su dominio por Europa y construyó un vasto imperio que incluía numerosos territorios de ultramar. La gestión de los nuevos enclaves requería el envío de gobernantes, embajadores y otros representantes del rey que se encargaran de administrar política y económicamente los territorios, resolvieran posibles conflictos y mantuvieran informado al monarca de todo lo que acontecía fuera de la Península, y para ello era necesario disponer de un sistema de comunicación eficaz y seguro. Durante el reinado de Felipe II, Europa estaba viviendo un periodo histórico muy complejo, de inestabilidad política, continuas guerras y pugnas religiosas, por lo que el uso de sistemas criptográficos en la correspondencia entre los monarcas y sus representantes diplomáticos se convirtió en una práctica muy habitual e incluso necesaria para evitar que las comunicaciones por correo postal fueran interceptadas por la parte enemiga (Benavent, 2017, p. 353).
En este artículo vamos a analizar, desde el punto de vista de la estructura de la lengua y su construcción como sistema criptográfico, dos cifrarios utilizados por Margarita de Parma durante el año 1566 en su correspondencia en italiano con Felipe II. Uno de los aspectos más interesantes del estudio que aquí se presenta es que está centrado en la correspondencia privada, y no en las cartas oficiales, que Margarita de Parma, gobernadora de los Países Bajos al servicio de la corona española entre 1559 y 1567, envió durante el año 1566 a su hermanastro Felipe II, rey de España. A diferencia de las cartas oficiales, que redactaban los secretarios de Margarita de Parma en francés o español, existía un flujo paralelo de correspondencia privada con el monarca, que Margarita de Parma escribía de su propio puño y letra utilizando el italiano como lengua de comunicación. Se trata de una extensa colección de cartas inéditas autógrafas, que el historiador Louis Prosper Gachard descartó en su obra Correspondance de Marguerite d'Autriche avec Philippe II de 1867, donde únicamente incluyó las cartas oficiales escritas en francés, porque consideró que en la correspondencia privada en italiano solo se abordaban asuntos familiares o cuestiones de su vida personal. No obstante, gracias a la reciente edición filológica y al profundo análisis llevado a cabo a partir de este corpus de cartas privadas autógrafas, hemos podido comprobar que el contenido principal de la mayoría de ellas está relacionado con la gestión de los Países Bajos.
La obra La correspondencia privada de Margarita de Parma con Felipe II. Cartas italianas (1560-1564) (Benavent y Florio, 2024) presenta la edición filológica de una amplia colección de cartas intercambiadas con Felipe II entre 1560 y 1564, durante la primera etapa de Margarita de Parma como gobernadora de los Países Bajos. En la actualidad, se está realizando la edición filológica de la correspondencia privada que tuvo lugar entre 1565 y 1566, aunque todavía no se ha completado la edición. Gracias a ambos trabajos de investigación, hemos podido comprobar que, en la correspondencia privada de los cuatro primeros años de gestión de los Países Bajos, únicamente se hace referencia a una carta cifrada escrita por Margarita de Parma a Felipe II en 1562 (AGS Est. Leg. 521, doc. 7, del 19 de abril de 1562) (Benavent y Florio, 2024, p. 128). Por el contrario, hemos observado que, a partir de 1566, empiezan a aparecer con mayor frecuencia cartas en las que se utiliza un sistema de cifrado. El hecho de que Margarita de Parma y Felipe II decidieran recurrir al uso de cifras en su correspondencia privada nos muestra la importancia del contenido recogido en estas cartas, que se intentaba ocultar a potenciales lectores indeseados, y su relevancia en materia de política y religión para la gestión de los Países Bajos.
El año 1566 es especialmente interesante desde el punto de vista de la criptografía porque es uno de los periodos más intensos en cuanto a la redacción de cartas cifradas en la correspondencia privada entre Margarita de Parma y Felipe II. Sabemos que durante este año coexistieron dos cifrarios: una cifra general, que hemos denominado Cifrario E, y una cifra particular, que hemos llamado Cifrario F. Margarita de Parma y Felipe II utilizaron en sus cartas ambos cifrarios contemporáneamente para codificar sus mensajes tanto en italiano como en español. El Cifrario E se utilizó desde mediados de 1565 hasta, al menos, mediados de 1567, mientras que el Cifrario F lo comenzaron a utilizar de manera exclusiva en su correspondencia privada Margarita de Parma y Felipe II desde septiembre de 1566. Ambas cifras se han podido romper y reconstruir a partir de las cartas cifradas encontradas y de las cartas recopiladas en el Archivo General de Simancas (Valladolid), con los descifrados completos correspondientes. No obstante, mientras que el Cifrario E se ha encontrado completo dentro del Legajo 1.1.1 Documento 215, el Cifrario F todavía no se ha localizado y no tenemos constancia de que se encuentre dentro del Legajo 1.1.1 del Archivo General de Simancas, por lo que únicamente contamos con una reconstrucción parcial que hemos podido elaborar a partir de las cartas.
El objetivo fundamental de nuestro artículo consiste en analizar en profundidad la estructura y reflexión lingüística subyacente en los dos cifrarios utilizados contemporáneamente por Margarita de Parma y Felipe II (Cifrario E y Cifrario F) en su correspondencia privada durante el año 1566. Se han analizado detalladamente ambos cifrarios en cuanto a la elección y combinación de determinados caracteres numéricos y alfabéticos, así como de los signos esteganográficos, para poder extraer información que nos permita comprender mejor el pensamiento que había detrás de la creación de un lenguaje artificial que pudiera ser lo suficientemente sencillo como para permitir al remitente y al emisor comunicarse de manera eficiente, pero que al mismo tiempo fuera lo suficientemente complejo como para evitar ser descifrado con facilidad por personas ajenas.
2. Contexto histórico durante el gobierno de Margarita de Parma hasta 1566
Nuestro estudio lingüístico está inevitablemente ligado al convulso contexto histórico que estaba teniendo lugar en los Países Bajos y gran parte de Europa a mediados del siglo XVI. Los territorios de Flandes, que habían pasado a formar parte de la corona española con el emperador Carlos V, quedaron en manos de Felipe II, su hijo, tras la abdicación de su padre en 1555. El emperador Carlos V había nacido en Gante, hablaba flamenco y su formación, tanto en Flandes como posteriormente en España, siempre estuvo en manos de una corte de asesores y eclesiásticos neerlandeses, por lo que en Flandes lo consideraban un rey autóctono y era querido por el pueblo (Fernández Álvarez, 1986, p. 9). Sin embargo, Felipe II era percibido como un rey extranjero, que no hablaba flamenco, no conocía las costumbres de Flandes, visitaba poco los territorios que formaban el imperio y, además, en 1559 había decidido abandonar los Países Bajos definitivamente para instalarse en Castilla, lo que provocó que entre la sociedad neerlandesa fuera creciendo un sentimiento de abandono (Nárdiz y Pombo, 2019, p. 367).
Para la gestión de las diecisiete provincias que conformaban Flandes, Carlos V había creado la figura del Gobernador General, que administraba los territorios con la ayuda del Consejo de Estado, el Consejo de Hacienda y el Consejo de Cámara (Parker, 1989, p. 32). Tras el traslado de Felipe II a Castilla en agosto de 1559, la ardua tarea de gestión de los Países Bajos quedó en manos de Margarita de Parma, hermanastra del rey, que se convirtió en Gobernadora General. Margarita de Parma era hija ilegítima de Carlos V y Jeanne Van der Gheynst, dama de compañía de la baronesa de Montigny. Nació entre octubre de 1521 y enero de 1522 en Oudenaarde (Bélgica), pero no fue reconocida oficialmente como hija por Carlos V hasta 1529 (Van Durme, 1964). La vida y educación de Margarita de Parma estuvieron siempre ligadas a Flandes e Italia, lo que explica su vínculo con ambos países y su dominio de varias lenguas (flamenco, italiano, francés, castellano y latín). Tras varios años viviendo en Italia, finalmente regresó a los Países Bajos en 1559 para asumir el cargo de Gobernadora General que le había encomendado el rey. Margarita de Parma había nacido en Flandes, era hija de Carlos V y hermanastra de Felipe II, por lo que era vista con buenos ojos por la sociedad neerlandesa porque se ajustaba a uno de los privilegios de gobernanza que regían los Países Bajos, que establecía que únicamente podían estar gobernados por el propio rey o, en su ausencia, por un miembro de su familia (Gallegos Vázquez, 2014, p. 172). Ejerció como gobernadora desde 1559 hasta 1567, un intenso periodo de nueve años que estuvo marcado por el descontento, las revueltas y los intentos de conciliación con la nobleza neerlandesa por parte de Margarita de Parma para mantener la estabilidad en los territorios de Flandes.
Algunos historiadores apuntan que las revueltas que se vivieron en los Países Bajos a mediados del siglo XVI estaban directamente relacionadas con la lucha por la libertad religiosa frente al catolicismo que representaba Felipe II, mientras que otros consideran que el conflicto radicaba fundamentalmente en las reivindicaciones sociales de una burguesía neerlandesa que reclamaba más poder porque veía recortadas sus libertadas por una monarquía española absolutista (Echevarría, 1998, p. 47). Resulta fundamental, por tanto, analizar desde varias perspectivas el contexto histórico que se estaba viviendo en los Países Bajos durante el periodo en que Margarita de Parma ejerció como gobernadora, para poder reconstruir una imagen lo más completa posible de los acontecimientos que se vivieron en el año 1566.
El periodo del primer gobierno de Margarita de Parma en los Países Bajos abarca desde 1559 hasta 1567, época en la que las tensiones políticas, religiosas, sociales y económicas entre la monarquía española y los territorios de Flandes van aumentando progresivamente hasta que estalla finalmente el conflicto durante el verano de 1566. El nombramiento de Margarita de Parma como Gobernadora General de los Países Bajos vino acompañado de la elección del cardenal Granvela por parte de Felipe II como principal asesor dentro del Consejo de Estado, convirtiéndose así en una figura de gran relevancia para la toma de decisiones de la propia Margarita de Parma (Manrique y Campos, 2020, p. 6). Esta medida causó malestar entre los nobles neerlandeses, encabezados por el Príncipe de Orange, porque limitaba el peso de la nobleza en la gestión de los territorios, e iniciaron una campaña de enfrentamiento frontal contra Granvela, hasta que en 1564 el cardenal fue finalmente expulsado del Consejo de Estado, en un intento, por parte de Margarita de Parma, de recuperar el apoyo de la nobleza de Flandes eliminando la principal pieza discordante (Gallegos Vázquez, 2014, p. 173).
Por lo que respecta a la situación económica, el panorama tampoco era sencillo. La deuda pública de Flandes se había disparado en poco más de una década, pasando de medio millón de florines en 1550 a diez millones de florines en 1565 (Parker, 1986, p. 23), y los fondos económicos que enviaba Felipe II no parecían ser suficientes para sufragar los gastos y reducir el endeudamiento. Paralelamente, las tensiones con países vecinos como Francia, Inglaterra o Alemania habían afectado negativamente al comercio, que había visto reducida su actividad y, por tanto, los ingresos. Por su parte, las tropas desplegadas en Flandes no recibían el sueldo acordado por sus servicios a la corona, y Margarita de Parma solía incluir peticiones constantes en sus cartas a Felipe II reclamando que solucionara este asunto. La estructura social de Flandes coincidía en gran medida con la del resto de Europa, ya que el poder estaba fundamentalmente en manos de la nobleza y el clero. El campesinado vivía completamente alejado de la vida política y la burguesía reclamaba cada vez más protagonismo en la sociedad y la administración de los territorios, puesto que sobre ellos recaían la mayoría de las cargas tributarias (Elliott, 2015, p. 136). Todas estas dificultades en la gestión económica de los territorios de Flandes se veían agravadas por la lejanía del rey, ya que Margarita de Parma únicamente podía aplicar medidas si contaba con el beneplácito de Felipe II, y la toma de decisiones se ralentizaba porque las comunicaciones a través de correo postal o mensajeros se dilataban en el tiempo. La demora en la toma de decisiones provocaba que muchas acciones llegaran a destiempo, lo que se traducía en un aumento del descontento social, enfrentamientos en los órganos de gobierno e intensificación de los conflictos.
En cuanto al contexto religioso, son muchos los historiadores que consideran que la pugna religiosa fue el factor desencadenante de la guerra de Flandes. La sociedad neerlandesa de la época demandaba libertad de culto y la reforma de los obispados, pero en el conflicto se entremezclaron otras reivindicaciones sociales y políticas del momento (Parker, 1989, p. 218). Durante el reinado de Felipe II se intensificó la campaña de persecución de herejes iniciada por Carlos V, al intentar instaurar una Inquisición similar a la existente en otros territorios españoles. Aunque las medidas crueles planteadas por Felipe II eran similares a las impuestas por otros monarcas europeos como Enrique VIII, en el caso de los Países Bajos las órdenes de persecución y ejecución de herejes llegaban desde España, por parte de un rey que los flamencos no reconocían como propio, sino que lo veían como un extranjero que gobernaba en la distancia (Fernández Álvarez, 1998, p. 375). El conflicto religioso estalló en 1561, cuando Felipe II recibió una bula papal que le permitía reformar el episcopado de Flandes. Creó catorce diócesis nuevas y el monarca asumió el poder de nombramiento de los cargos eclesiásticos. Este privilegio suponía transferir al rey el control absoluto de la iglesia en los Países Bajos, que hasta ese momento había estado en manos de los cabildos catedralicios, vinculados a la nobleza neerlandesa. Las medidas de reestructuración de la iglesia de Felipe II no contaban con el apoyo de la nobleza ni de las abadías, que veían reducida su independencia, su poder y sus recursos económicos. Entre 1564 y 1565 tuvo lugar otro acontecimiento que desató grandes revueltas en los Países Bajos: la decisión de Felipe II de aplicar los decretos del Concilio de Trento, que suprimían la libertad de culto al imponer el catolicismo como única religión en Flandes, e instauraban la Inquisición española en estos territorios (Manrique y Campos, 2020, p. 7). Se produjeron importantes movilizaciones sociales y la nobleza reclamaba a Margarita de Parma más tolerancia religiosa, así como la supresión de la Inquisición y de las penas impuestas a todo aquel que no siguiera la doctrina católica. Las tensiones religiosas fueron rápidamente en aumento, y entre marzo y abril de 1566 la nobleza flamenca presentó sus súplicas a Margarita de Parma, ante la negativa del monarca de atender sus peticiones (Parker, 1989). Existía el riesgo de que los nobles neerlandeses abandonaran su lealtad al rey y se protegieran entre sí si les obligaban a llevar a cabo la persecución de herejes, incluso buscando apoyos en la nobleza alemana en el caso de un posible levantamiento contra Felipe II (Dorren, 1998, p. 164). La situación era insostenible, y Margarita de Parma pedía continuamente al rey que acudiera a Flandes personalmente para intentar apaciguar los ánimos. En agosto de 1566 se produjo una radicalización del movimiento calvinista y las revueltas derivaron en saqueos, quema de iglesias y persecuciones y asesinatos de monjas y frailes católicos (Manrique y Campos, 2020, p. 4).
Las revueltas de agosto de 1566 impulsaron a Felipe II a tomar la decisión de enviar a Flandes a Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, acompañado de tropas para sofocar la rebelión, aunque su llegada no se produjo hasta agosto de 1567 (Kamen, 2004, p. 81). Durante los doce meses que transcurrieron entre el inicio de las revueltas y la llegada del duque de Alba, Margarita de Parma se vio obligada a tomar las medidas necesarias para intentar mantener el orden en los Países Bajos, reclutando tropas y apoyándose en la nobleza que había mantenido su lealtad al rey (Gallegos Vázquez, 2014, p. 193). Gran parte de los nobles que habían encabezado las revueltas, como el Príncipe de Orange, huyeron a los territorios vecinos de Alemania, Francia e Inglaterra, lo que hizo que el conflicto de Flandes adquiriera una dimensión internacional. El gobierno de Margarita de Parma fue sofocando las revueltas, se ajustició a los rebeldes con delitos de sangre y se reconstruyeron los lugares de culto católicos que se habían profanado o destruido, hasta que en agosto de 1567 llegó a Bruselas el duque de Alba. Aunque Margarita de Parma siguió ejerciendo oficialmente como Gobernadora General de los Países Bajos, el monarca había otorgado un poder tan amplio al duque que Margarita de Parma vio mermada su autoridad y, probablemente por ello, acabó renunciando a su cargo como gobernadora ese mismo año (Parker, 1989, p. 83). Tras su dimisión, Felipe II nombró gobernador de los Países Bajos al duque de Alba, incumpliendo así uno de los privilegios fundamentales de gobernanza de Flandes, y se aplicaron medidas drásticas para intentar poner fin al conflicto que se venía fraguando desde hace unos años.
3. Análisis del Cifrario E
Una vez conocido el contexto histórico en el que se enmarcan nuestros dos cifrarios, pasamos a analizar las principales características del Cifrario E, que utilizó Margarita de Parma en su correspondencia privada en italiano con Felipe II en el año 1566. El Cifrario E se ha identificado en las cartas italianas AGS Est. Leg. 530, doc. 150 (25 de marzo de 1566); AGS Est. Leg. 530, docs. 143 y 144 (3 de abril de 1566); AGS Est. Leg. 530, doc. 137 (13 de abril de 1566); AGS Est. Leg. 530, doc. 92 (9 de agosto de 1566); AGS Est. Leg. 530, doc. 100 (18 de julio de 1566); AGS Est. Leg. 530 doc. 88 (4 de agosto de 1566); AGS Est. Leg. 530, doc. 84 (17 de agosto de 1566); AGS Est. Leg. 530, doc. 86 (18 de agosto de 1566); y AGS Est. Leg. 530 doc. 20 (17 de noviembre de 1566) enviadas por Margarita de Parma a Felipe II.
Se trata de un cifrario basado en un sistema de sustitución múltiple, es decir, en el reemplazo de las letras del texto original por otros signos alfabéticos, numéricos, esteganográficos o una mezcla de todos ellos con numerosas variables, haciendo uso de una clave de descifrado compartida tanto por el emisor como por el receptor (Pallás Fernández, 2013, p. 165). Se trata de una cifra compleja que consta de seis secciones bien diferenciadas: un alfabeto simple; combinaciones de dos letras (una consonante y una vocal); combinaciones de tres letras (dos consonantes y una vocal); dobles consonantes; signos nulos y un vocabulario de palabras completas.
3.1. Alfabeto simple
El Cifrario E está compuesto por un alfabeto simple completo, que incluye todas las letras, de la a a la z, excepto la j, k, v y w. Aunque en el siglo XVI comienza a establecerse una diferenciación entre las letras i y j, así como entre la u y la v, la distinción tardará todavía dos siglos más en estabilizarse (Pich Ponce, 2023, p. 437), por lo que las letras j y v no forman parte del alfabeto simple del Cifrario E, y tampoco tienen presencia las letras k y w. Sin embargo, resulta interesante comentar que las letras j y v sí aparecen como consonantes iniciales en las combinaciones de dos letras (consonante y vocal) que analizaremos en el siguiente apartado. Observamos también en el alfabeto simple del Cifrario E que a cada letra le corresponde un número de dos cifras que avanza en orden ascendente, y de manera consecutiva, desde el número 12 hasta el número 43, acompañado de un punto en la parte superior. Es importante resaltar que cada vocal está codificada con tres números diferentes, mientras que las consonantes están representadas únicamente por un número. Este mecanismo es habitual en las cifras más complejas, que suelen incluir más de una opción de sustitución para los caracteres con mayor presencia en los textos y así dificultar la posible ruptura de la cifra.
3.2. Combinaciones de dos letras
El Cifrario E consta de una sección formada por 18 combinaciones de dos letras (una consonante y una vocal) y una combinación de una consonante y dos vocales. Observamos que las combinaciones incluidas en la cifra están compuestas por las consonantes b, c, d, f, g, h, j, l, m, n, p, r, s, t, v, x, y y z, acompañadas cada una de ellas por las cinco vocales para formar todas las combinaciones posibles, como ra, re, ri, ro, ru. En esta sección se incluye también una combinación especial formada por la consonante q, que aparece acompañada de la vocal u seguida de las cinco vocales, para construir las combinaciones qua, que, qui, quo y quu. No forman parte del cifrario, sin embargo, este tipo de combinaciones con la letra g, por lo que imaginamos que para la construcción de las combinaciones gui o gue se utilizarían de manera individual los números correspondientes a las letras g, u, i. Todas las combinaciones de dos letras y las construcciones de tres letras con la consonante q están representadas por números, salvo algunas excepciones que analizaremos a continuación con más detalle.
A las combinaciones con las letras d, f, g, h, j, l, m, n, p, qu, r, s, t y v se les ha asignado un número de dos cifras, que avanza consecutivamente en orden ascendente, desde el 10 hasta el 79, como puede observarse en la Figura 2. Por el contrario, las combinaciones con la consonante b presentan un orden numérico consecutivo descendente (desde el 9 asignado a la combinación ba hasta el 5 que corresponde a la combinación bu). Son las únicas combinaciones que siguen un orden numérico descendente en todo el cifrario. Presentan excepciones interesantes las combinaciones con las consonantes c, x, y y z. En el caso de la letra c, comprobamos que las combinaciones ca, ce, ci y co son las que comienzan la serie numérica, ya que se les han asignado los números 1, 2, 3 y 4. Sin embargo, la combinación cu está representada por un signo esteganográfico. Algo similar ocurre con las combinaciones con las consonantes x, y y z, a las que se les han asignado caracteres esteganográficos. Como podemos comprobar en la Figura 2, estos caracteres van acompañados de un punto que aparece en diferentes ubicaciones, pero no parece existir un patrón claro en su localización que pudiera hacernos pensar que está asociado a la vocal, ya que la posición del punto es diferente en todos los casos.
3.3. Combinaciones de tres letras
El Cifrario E contiene una sección con determinadas combinaciones de dos consonantes acompañadas por las cinco vocales, menos extensa que la anterior, ya que únicamente contiene las siguientes 12 combinaciones: bl, br, ch, cl, cr, fl, fr, gl, gr, pl, pr y tr. Esta sección resulta especialmente interesante porque presenta un patrón complejo en la construcción de las representaciones de cada combinación de letras. En primer lugar, observamos que en las combinaciones de tres letras solo se han incluido las consonantes b, c, f, g, p y t para la primera posición, combinadas con las consonantes h, l y r en la segunda posición, y las cinco vocales que ocupan siempre la tercera posición. A diferencia de las secciones anteriores, para las combinaciones de tres letras se ha utilizado un sistema de sustitución alfabético que combina dos letras (una vocal primero y una consonante después) o tres letras (una vocal y la consonante doble ff). Las consonantes utilizadas en la cifra únicamente incluyen las letras d, ff, g, l, m, n, p, r, s, t, x y z.
Hemos detectado tres patrones diferentes a la hora de secuenciar las vocales en las combinaciones alfabéticas de la cifra. En algunos casos, la secuencia de las vocales en la combinación de tres letras se mantiene también en la cifra, como vemos en bra, bre, bri, bro bru (aff, eff, iff, off, uff), en fla, fle, fli, flo, flu (an, en, in, on, un) o en gra, gre, gri, gro, gru (as, es, ys, os, us), aunque en este último caso se utiliza la y como vocal en lugar de la i. En otros casos, la secuencia de vocales se invierte y queda de la siguiente forma: u, o, i, e, a, como vemos en las combinaciones cha, che, chi, cho, chu (ug, og, ig, eg, ag) o en tra, tre, tri, tro, tru (uz, oz, iz, ez, az). Por último, hemos encontrado una secuencia diferente de las vocales en la combinación bla, ble, bli, blo, blu, que en el cifrario está representada por ud, ed, id, od, ad, lo que significa que solo se ha intercambiado el orden de la primera y la última vocal para que la secuencia vocálica quede de la siguiente forma: u, e, i, o, a.
3.4. Dobles consonantes
Existe un apartado específico en la cifra que incluye una serie de caracteres esteganográficos que representan las grafías dobles bb, cc, dd, ff, gg, ll, mm, nn o ñ, pp, rr, ss, tt y uu. Observamos cierta similitud en el trazo de los caracteres que hacen referencia a las grafías bb, cc, dd y ff, al igual que vemos semejanzas entre los signos para las grafías gg, ll, mm y pp, o entre los signos correspondientes a las grafías rr, ss, tt y uu. Por el contrario, el signo elegido para la grafía nn o ñ es diferente del resto.
3.5. Signos nulos
Como la mayoría de las cifras complejas, el Cifrario E contiene una serie de elementos nulos, denominados nihil importantes, que no tienen un significado concreto, sino que sirven principalmente para dificultar la ruptura de la cifra. En este caso, como se explica al final del cifrario, los números hasta el 100 (incluido) se utilizan para representar letras, sílabas o palabras completas. Si presentan un punto encima, hacen referencia a una letra; si no tienen ningún símbolo, representan sílabas; y cuando codifican una palabra completa, se escriben con una línea o vírgula encima. Los signos nulos del Cifrario E son todas aquellas letras, caracteres, números y sílabas que aparecen seguidos por el signo o una e entre dos rasguillos. Cualquier línea que empiece con una H o cualquier otra parte de un renglón después de este símbolo se considera también nula.
3.6. Vocabulario
Por último, el Cifrario E consta de un extenso listado de palabras completas cifradas a partir de números escritos con una línea o vírgula encima, que abarcan desde el número 12 hasta el número 99 (ambos incluidos). A partir del número 99, la mayoría de palabras que componen el vocabulario están representadas por combinaciones alfabéticas de tres letras, formadas por dos consonantes y una vocal, salvo algunas excepciones como cinco combinaciones de cuatro letras (tran, tren, trin, tron, trun); dos palabras completas (felix y vivat) para hacer referencia a Vuestra Magestad y Vuestra Alteza respectivamente; y dos símbolos que codifican las palabras Papa ( ) y Vuestra Excelencia ( ). No parece existir un patrón regular en la elección de las combinaciones alfabéticas para representar las palabras que se incluyen en el vocabulario, aunque hemos observado que están ordenadas alfabéticamente y que en la codificación también se sigue la secuenciación habitual de las vocales que componen las combinaciones, como por ejemplo, bra, bre, bri, bro, bru para representar los términos governador, govierno, galera, galeota y gasto.
El vocabulario que compone la cifra es muy amplio, con un total de 315 términos, que incluyen palabras generales como dinero, hombre, favor o respuesta, y conectores discursivos o adverbios como aquí, allá, agora, donde, después, continuamente, luego, nunca, quando o siempre. Además de estas palabras generales, podemos identificar con claridad cinco categorías semánticas que aglutinan gran parte de los términos: topónimos y gentilicios (26% del total); política y cargos de gobierno (16%); términos bélicos (13%); demarcaciones territoriales (7%); y religión (5%). Dentro de la categoría de topónimos y gentilicios, hemos identificado numerosos términos que hacen referencia a los territorios que formaban parte del imperio de Felipe II o a las regiones preocupantes en aquellos años para España, como Alemania, alemanes, Argel, África, Calabria, Flandes, flamencos, Francia, franceses, Inglaterra, ingleses, Italia, italianos, Nápoles, napolitanos, Portugal, portugueses, Roma, romanos, Sicilia, Turquía, turco o Túnez. Son numerosos también los términos bélicos que encontramos en el diccionario del Cifrario E, como armada, armas, artillería, arcabuzes, batalla, campaña, capitán general, coronel, capitán, cavallos, cavallería, exercito, espía, enemigo, escudo, flota, fragata, guerra, galera, galeota, guarnición, infantería, munición., navío, pólvora, puerto o paz, lo que nos demuestra que se trata de terminología muy frecuente en las cartas entre Margarita de Parma y Felipe II, por lo que era necesario incluirlas dentro del listado de palabras cifradas. En la categoría de terminología relacionada con la religión, también encontramos algunas palabras relevantes como christiandad, christiano, catholico, concilio, cardenal, Dios, lutheranos, obispo, Papa, religión, Sancto Padre o Su Sanctidad. Son numerosos también los términos que hacen referencia a las demarcaciones territoriales, como ciudad, castillo, ducado, estado, frontera, imperio, isla, provincia, republica, reyno o villa. Por último, la otra categoría semántica más numerosa del vocabulario está vinculada a la política y los cargos de gobierno, con terminología como consejo, Duque de Saboya, Duque de Parma, Duque de Florencia, duque, duquesa, Emperador, embaxador, embaxada, governador, ministro, príncipe, príncipe de Spaña, rey, reyna, Rey de Spaña, Rey de Francia, Rey de Bohemia, Rey de Inglaterra, Rey de Escocia, Rey de Túnez, Rey de Argel, secretario, Virrey de Napoles, Virrey de Sicilia o Virrey de Aragón.
4. Análisis del Cifrario F
El Cifrario F, por su parte, corresponde a la cifra particular que Felipe II envía entre agosto y septiembre de 1566 a Margarita de Parma, de uso exclusivo para su correspondencia privada, dada la alarmante situación que se estaba viviendo en los Países Bajos en esos momentos y el alto riesgo de que la cifra general pudiera ser conocida por la parte enemiga o espías dentro de la corte. Hemos identificado el Cifrario F en las cartas AGS Est. Leg. 530 doc. 73 (27 de agosto de 1566); AGS Est. Leg. 530 doc. 74 (30 de agosto de 1566); AGS Est. Leg. 530 doc. 58 (13 de septiembre de 1566); AGS Est. Leg. 530 doc. 56 (13 de septiembre de 1566); AGS Est. Leg. 531 doc. 61 (17 de septiembre de 1566); y AGS Est. Leg. 530 doc. 29 (16 de octubre de 1566).
Los cifrarios particulares solían ser menos complejos que los cifrarios generales, ya que únicamente lo compartían dos personas y era más difícil que pudiera ser interceptado o robado. El Cifrario F parece ser más reducido que la cifra general (Cifrario E), aunque presenta una complejidad importante e incluye un pequeño vocabulario con algunos términos clave codificados. Al igual que la cifra general, el Cifrario F está basado en un sistema de sustitución múltiple que combina letras, números y signos esteganográficos, y hemos podido identificar las mismas seis secciones: un alfabeto simple; combinaciones de dos letras (una consonante y una vocal); combinaciones de tres letras (dos consonantes y una vocal); dobles consonantes; signos nulos y un pequeño vocabulario con palabras completas. Como se ha expuesto anteriormente, el Cifrario F no se ha podido localizar y no tenemos la certidumbre de que se halle en el Legajo 1.1.1 del Archivo General de Simancas, por lo que únicamente podemos analizar el cifrario parcial que hemos logrado reconstruir a partir de las cartas estudiadas.
4.1. Alfabeto simple
Observamos que el alfabeto simple del Cifrario F lo componen un total de 19 letras. Por el momento no hemos identificado ningún signo o número que represente las letras j, k, u, w, x, y ni z. Es probable, como se mencionó en el análisis del Cifrario E, que la cifra no diferencie entre las letras i y j, ni entre la u y la v, porque en el siglo XVI todavía no se había fijado esta distinción. Comprobamos que el alfabeto simple del Cifrario F utiliza signos esteganográficos para las vocales a, e, i, o y la letra v. Las letras a y e están representadas por tres signos diferentes, mientras que las letras i, o y v solo presentan dos signos esteganográficos. Las consonantes, por su parte, están codificadas a través de números de una o dos cifras comprendidos entre el 2 y el 16, a excepción del número 11, que no forma parte de la serie numérica. El número 1 tampoco lo hemos identificado como elemento codificador en el Cifrario F. Las letras b-c-d, f-g-h y l-m-n están representadas por números que siguen un orden consecutivo descendente (4-3-2, 7-6-5 y 10-9-8). Sin embargo, observamos una lógica diferente en la secuenciación de la codificación de las consonantes restantes, ya que las letras p, q, r, s y t están representadas por los números 16, 12, 13, 14 y 15 respectivamente. Comprobamos, por tanto, que esta serie numérica muestra un orden consecutivo ascendente, salvo por el número 16, que encabeza la serie.
4.2. Combinaciones de dos letras
Hemos encontrado dentro del Cifrario F un total de 18 combinaciones de dos letras, compuestas todas ellas por una consonante seguida de las cinco vocales, salvo en el caso de la letra q, que aparece acompañada por la letra u y las cuatro vocales a, e, i, o para formar las combinaciones qua, que, qui, quo. Hemos identificado combinaciones de dos letras formadas con todas las consonantes presentes en el alfabeto simple. Para su codificación se utilizan los mismos caracteres numéricos que en el alfabeto simple y el mismo signo esteganográfico en el caso de la v, pero todos ellos aparecen acompañados de una marca en forma de punto o una pequeña raya oblicua en la parte derecha, inferior o superior. Resulta interesante comentar que también hemos encontrado combinaciones de dos letras encabezadas por x, y y z, no identificadas de manera individual en el alfabeto simple. En estos tres casos, para su codificación no se utilizan caracteres numéricos, sino las letras m, n y e para las combinaciones xa, xe, xi, xo, xu; ya, ye, yi, yo, yu; y za, ze, zi, zo, zu respectivamente.
Paralelamente, observamos un patrón que se repite en todas las secuencias de codificación, que nos permite deducir que el punto en la parte superior del número, letra o signo esteganográfico corresponde a la vocal a; el punto situado a la derecha corresponde a la e; la raya oblicua en la parte superior corresponde a la i; la raya oblicua en la parte inferior corresponde a la o; y el punto posicionado debajo corresponde a la vocal u, como podemos ver en la Figura 5. Si comparamos esta estrategia de codificación con la utilizada en el Cifrario E, comprobamos que la complejidad en este caso es mucho menor, ya que la repetición de patrones podría facilitar la ruptura de la cifra.
4.3. Combinaciones de tres letras
La reconstrucción actual del Cifrario F incluye ocho combinaciones de tres letras, formadas por dos consonantes seguidas de las cinco vocales, aunque hasta el momento no hemos logrado identificar todas las combinaciones posibles con las consonantes que forman el alfabeto simple. En este caso, la codificación se realiza únicamente a partir de signos alfabéticos o esteganográficos, todos ellos acompañados por las mismas marcas (en forma de punto o raya oblicua) identificadas en las combinaciones de dos letras. El patrón de localización de estas marcas observado anteriormente se repite aquí también, por lo que podemos deducir que el punto arriba sigue correspondiendo a la letra a; a la derecha corresponde a la e; la raya oblicua superior corresponde a la i; la raya oblicua inferior corresponde a la o; y el punto abajo corresponde a la u.
Las combinaciones bla, ble, bli, blo, blu; fra, fre, fri, fro, fru; gla, gle, gli, glo, glu; y gra, gre, gri, gro, gru están codificadas mediante signos esteganográficos. Sin embargo, para la combinación cha, che, chi, cho, chu se utiliza la letra H mayúscula; para pla, ple, pli, plo, plu se utiliza la letra b; la combinación pra, pre, pri, pro, pru se codifica mediante la letra d; y la combinación tra, tre, tri, tro, tru está representada por la letra O mayúscula, todas ellas acompañadas de las marcas de punto o raya oblicua.
4.4. Dobles consonantes
En el Cifrario F hemos logrado identificar hasta el momento 11 consonantes dobles codificadas a través de signos numéricos comprendidos entre el 2 y el 16, acompañados en la parte superior por una línea horizontal. Los números asignados a cada consonante doble coinciden con los encontrados en el alfabeto simple para cada una de las consonantes, de modo que la grafía bb está representada por el número 4, la grafía cc por el número 3, la grafía dd por el número 2, y así sucesivamente, todos ellos coronados con una línea horizontal. La reconstrucción actual no incluye las grafías gg, hh, qq, vv, xx, yy ni zz, pero no descartamos que más adelante puedan encontrarse ejemplos cifrados con estas dobles consonantes.
4.5. Signos nulos
A pesar de ser más reducido, el Cifrario F también incluye una serie de nihil importantes para dificultar la ruptura de la cifra. Se trata de una secuenciación que incluye signos numéricos, alfabéticos y esteganográficos. La mayoría de ellos aparecen acompañados en la parte superior por una marca en forma de dos puntos horizontales, similar a la diéresis, aunque hay algunas excepciones. El número 2 aparece de dos maneras distintas como signo nulo: en un caso, con dos puntos horizontales en la parte inferior y una raya oblicua en la parte superior; y en otro caso, con dos puntos horizontales en la parte superior y un punto en la parte inferior. El número 5 presenta los dos puntos horizontales en la parte inferior, no en la superior; y el número 16 únicamente presenta una raya oblicua en la parte superior. Los dos signos esteganográficos incluidos como nihil importantes parecen los mismos utilizados en el alfabeto simple para representar las letras a y v, pero cuando actúan como signos nulos aparecen con dos puntos horizontales en la parte superior. Hasta el momento, hemos identificado un total de 17 signos nulos, compuestos por once números, cuatro letras y dos signos esteganográficos.
4.6. Vocabulario
Por último, como parte del Cifrario F, hemos podido reconstruir un breve vocabulario formado por 11 palabras completas, codificadas a través de combinaciones de dos o tres letras. Aunque la mayoría de las combinaciones están formadas por una consonante, una vocal y otra consonante, hemos encontrado tres casos diferentes compuestos únicamente por dos letras: fo (Anveres), hu (compañía) y ye (ocasión). Observamos que el vocabulario incluye algunas palabras generales, como quanto (bam), persona (bum), remedio (dem), servicio (gom), gente (quo) y ocasión (ye), pero también hemos encontrado otros términos más específicos de la gestión política y territorial de Flandes, seguramente muy recurrentes en la correspondencia privada entre Margarita de Parma y Felipe II en 1566, como Vuestra Majestad (hum), compañía (hu), religión (dum), provisión (bem) o el topónimo Anveres (fo). Probablemente el vocabulario es más extenso y contiene mayor variedad de términos, pero hasta el momento únicamente hemos podido identificar estos once elementos aquí presentados.
5. Conclusiones
El año 1566 fue uno de los más difíciles para Margarita de Parma en su primer gobierno de los Países Bajos. Las grandes revueltas que estallaron en Flandes ese verano y la crueldad de los acontecimientos ocurridos en estos territorios obligaron a Felipe II y a la Gobernadora General a tomar medidas drásticas para intentar contener el caos y la oleada de violencia que se estaba viviendo. La correspondencia entre el monarca y Margarita de Parma fue especialmente intensa durante este año, ya que cualquier decisión debía contar con la aprobación previa del propio Felipe II. El correo postal era el método más habitual de comunicación entre ambos, pero la extrema gravedad del conflicto social, político y religioso de Flandes traspasaba fronteras y se extendía a otros territorios de Europa, lo que obligó a Margarita de Parma y a Felipe II a tomar las máximas precauciones para evitar que su correspondencia fuera interceptada. Durante el año 1566, Felipe II y Margarita de Parma utilizaron dos cifrarios contemporáneamente, uno general (Cifrario E) y otro particular (Cifrario F), para codificar la información confidencial que solo las personas autorizadas podían conocer. Hemos analizado con detenimiento la estructura y las características lingüísticas presentes en ambos cifrarios, así como la estrategia utilizada a la hora de elegir y alternar los diferentes caracteres criptográficos, y hemos podido comprobar su complejidad, absolutamente necesaria para evitar que las cifras pudieran romperse fácilmente. Ambos cifrarios están basados en sistemas de sustitución múltiple, que combinan signos alfabéticos, numéricos y esteganográficos, y hemos podido identificar en ambos, alteraciones en el orden habitual de las vocales, alternancias de orden ascendente y descendente en la secuenciación de los números, el uso de marcas adicionales como puntos o rayas oblicuas junto a los signos criptográficos, y la presencia de nihil importantes para entorpecer el descifrado. Aunque la reconstrucción completa del Cifrario F todavía no se ha podido terminar, hemos observado que comparte con el Cifrario E seis secciones bien diferenciadas (un alfabeto simple, combinaciones de dos letras, combinaciones de tres letras, consonantes dobles, signos nulos y un vocabulario con palabras completas codificadas), pero la complejidad del Cifrario E parece superior a la del Cifrario F, ya que presenta menos repeticiones en los patrones criptográficos y recoge un mayor número de combinaciones posibles. No obstante, para poder extraer conclusiones definitivas al respecto, será necesario seguir trabajando en la reconstrucción de la cifra particular que solo compartieron Margarita de Parma y Felipe II, lo cual nos dará una visión más amplia y clara del contenido de las cartas que intercambiaron durante 1566, último año del primer gobierno de Margarita de Parma en los Países Bajos.
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References
REFERENCIAS
Archivo General de Simancas (AGS)
Estado Castilla, 1.1.1
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