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La metodología Dalcroze propone una enseñanza musical activa que integra música y movimiento corporal para generar aprendizajes más profundos y significativos. Basada en tres pilares (rítmica, solfeo corporal e improvisación), sitúa al cuerpo como mediador del conocimiento musical, permitiendo que el alumnado explore, experimente y exprese antes de llegar a la teoría musical. Este enfoque favorece la coordinación motriz, la creatividad, la atención y la memoria, al tiempo que estimula la expresión emocional y la interacción grupal. La neurociencia respalda estas prácticas al demostrar que la música activa simultáneamente áreas cerebrales relacionadas con la audición, el movimiento y la emoción, potenciando funciones ejecutivas y habilidades socioemocionales. Su flexibilidad permite adaptarla a distintos contextos escolares sin perder su esencia pedagógica, lo que la convierte en una herramienta eficaz para el desarrollo integral en la Educación Primaria. El presente artículo tiene como objetivo analizar la relación entre la metodología Dalcroze y los fundamentos aportados por la neurociencia, con el fin de ampliar el conocimiento científico sobre los beneficios cognitivos, motrices y emocionales derivados de la integración entre música y movimiento.
