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Siguiendo la tradición anterior a la pandemia, el profesor Huerta de Soto y su mujer, invitan a comer a su casa a los alumnos del Máster de esta edición. Esta semana, el Profesor Jesús Huerta de Soto ha inaugurado las tradicionales comidas en su hogar con los estudiantes del Máster en Economía Austriaca de la Universidad Rey Juan Carlos. Le agradezco profundamente al Profesor Huerta de Soto la oportunidad de haber podido vivirlo. Nos abre la puerta la guardiana del castillo, doña Sonsoles de Huerta de Soto, con sus ojos radiantes y su bella sonrisa. Somos un pequeño grupo de alumnos del Máster de Escuela Austríaca de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, que nos formamos con el ilustre profesor don Jesús Huerta de Soto, y venimos a visitarlo a su casa, por tener el honor de haber sido invitados por él mismo a comer ese día. Pensaba que la casa privada de los Huerta de Soto sería más clásica, de estética más antigua. Sus discípulos no estábamos para menos tampoco, y con Huerta de Soto siempre hay candela porque no puede evitarlo. Ni corta ni perezosa, y más bien entusiasmada por el nuevo rumbo de los acontecimientos, la reina de la mansión Huerta de Soto nos llevó a los estudiantes por todos los pasillos y habitaciones del recinto, incluidas las alcobas secretas (es broma, no había secretas... ¿o sí?, ¡nunca lo sabrá el lector!). Continuamos la visita por todos los rincones que hace que una casa sea una casa (y bien grande en este caso), y pudimos visualizar cómo habría sido en su época la crianza de esos 6 hijos que tuvieron los Huerta de Soto (ya todos mayores e independizados, pero alguna vez fueron niños y habitaron dicha casa), y cómo serían ahora sus reuniones familiares extensas con los 18.5 nietos que ahora tienen (y que seguirán incrementándose). No ignoremos la terraza, desde donde se divisan hermosas vistas del centro de la capital española, ni olvidemos a la tortuga "Pepa", quien tiene el privilegio de vivir en jacuzzi climatizado en la azotea del castillo con amplias vistas madrileñas (¡y no cualquier tortuga del mundo puede decir eso!). Por fin llegamos los 4 estudiantes a la extensa biblioteca del profesor Huerta de Soto. El momento estelar: la lectura en latín por parte de Huerta de Soto de los textos originales de don Diego de Covarrubias, en donde expone por primera vez en la historia el razonamiento de lo que luego se conocería como la "teoría subjetiva del valor". ¡Un deleite sin desperdicio! Ah, menos mal, porque sino el profesor me habría tenido que poner cama para pasar la noche en su casa, porque de allí no me iba yo a ir hasta hallarlo. Eran las seis y media de la tarde cuando nos despedimos del matrimonio Huerta de Soto, tras tres horas y media de conocerlos un poco mejor, en el calor de su hogar.
Siguiendo la tradición anterior a la pandemia, el profesor Huerta de Soto y su mujer, invitan a comer a su casa a los alumnos del Máster de esta edición.
El 5 de febrero de 2025 asistieron Amaya Núñez, Marcos Benicci, Philipp Deussen, Daniel Morena Vitón.
El 12 de febrero de 2025 asistieron Aaron Ortega, Álvaro Fernández, Andrés Ruiz Benito, Rubén Folguera.
El 19 de febrero de 2025 asistieron Ángel Rodríguez, Alejandro Nimo, Rubén Pintado, Domingo Sánchez, José Carlos Rodríguez.
El 26 de febrero de 2025 asistieron Juan Lecour, Llatzer Martínez, Flavio Ezequiel, Santiago Ferrer.
El 11 de marzo de 2025 asistieron Hernando Carvalho, Álvaro Gonzalo, Pol Victoria, Juan Pablo Rojas.
El 29 de abril de 2025 asistieron Manuel Alejandro, Javier Fernández Alcazar, Margarita Martínez Sánchez, Luis Guillermo Terán.
A continuación, dejamos algunas fotografías de los encuentros con las reseñas de los alumnos:
Esta semana, el Profesor Jesús Huerta de Soto ha inaugurado las tradicionales comidas en su hogar con los estudiantes del Máster en Economía Austriaca de la Universidad Rey Juan Carlos. Estas reuniones, ya convertidas en una auténtica tradición, van más allá de la mera convivencia académica; pues representan un espacio de encuentro, reflexión y cercanía entre alumno y maestro.
Para mí, ha sido un verdadero honor formar parte del primer grupo de este año, pues ser la primera en participar en algo tan significativo conlleva una doble responsabilidad: por un lado, el compromiso de estar a la altura de la ocasión; por otro, el privilegio de abrir camino para los compañeros que compartirán esta experiencia en las próximas semanas. Le agradezco profundamente al Profesor Huerta de Soto la oportunidad de haber podido vivirlo.
Más allá del conocimiento técnico y teórico que adquirimos en este Máster, único en España y en el mundo, encuentros como este refuerzan la dimensión humana de nuestra formación. Nos acercan a nuestros profesores de una manera distinta, nos permiten compartir inquietudes, expectativas y aprendizajes, y nos recuerdan que el estudio de la economía no es solo un ejercicio intelectual, sino también una vocación que nos une.
Este tipo de iniciativas no solo enriquecen la experiencia académica, sino que también nos recuerdan el verdadero espíritu de la Escuela Austriaca: el de una comunidad intelectual vibrante, comprometida y profundamente humana.
Amaya Núñez
¡Ding dong! Tres pm (en punto) de un día miércoles del año 2025. Timbramos en la puerta. Nos abre la puerta la guardiana del castillo, doña Sonsoles de Huerta de Soto, con sus ojos radiantes y su bella sonrisa.
Somos un pequeño grupo de alumnos del Máster de Escuela Austríaca de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, que nos formamos con el ilustre profesor don Jesús Huerta de Soto, y venimos a visitarlo a su casa, por tener el honor de haber sido invitados por él mismo a comer ese día.
La primera media hora la pasamos en el salón de invitados con doña Sonsoles, quien nos recibe con vino y aperitivos, y nos pregunta a todos sobre nuestras vidas y quehaceres. En mi caso ya me conocía, así que pregunta por mi familia y por otros detalles vitales. Me sorprendo de la estética de la casa, y así se lo hago ver. Pensaba que la casa privada de los Huerta de Soto sería más clásica, de estética más antigua. Pero para mi sorpresa nos hallamos entre arte contemporáneo, en buena medida.
A las tres y media pm llega a casa el profesor Huerta, con su abrigo y su sombrero, y nos saluda alegremente. No llega tarde, sino que a propósito quiere que la visita a su hogar primero la dulcifiquemos con su dulce Dulcinea, antes de que llegue él, consciente de que Don Quijote no es tan suave como su dama del Toboso.
Llegó pues el fuego y arrancó la fogata. Sus discípulos no estábamos para menos tampoco, y con Huerta de Soto siempre hay candela porque no puede evitarlo. Desde el principio conversamos temas candentes de política internacional, hasta que tipo cuatro de la tarde terminamos sentándonos en la mesa principal a comer. Alimentos, bien elaborados (o dirigidos) por doña Sonsoles nos sirvieron de rica nutrición esa tarde.
Siguió entre todos el análisis de geopolítica, guerras varias, economías diversas, sistemas políticos y jurídicos, debates éticos y morales, actualidad mundial al rojo vivo, y por fin llegaron los postres. Sonsoles no se quedó atrás, y debatía como una intelectual austríaca más. Pero el profesor Huerta no podía evitar la tentación de querer enseñarnos sus libros, bibliotecas y tesoros, y por tanto no duramos más de una hora sentados a la mesa.
A las cinco de la tarde nos empezó a enseñar su casa, la zona de ella que quería compartirnos, pero he de decir que sus planes se torcieron. Él quería centrarse en lo intelectual, pero quien escribe estas líneas tenía más ganas de conocer lo personal, así que, en un momento de descuido del maestro austriaco, astutamente se aprovechó de la hospitalidad de la dama Sonsoles para que le enseñara la parte privada de su hogar. Ni corta ni perezosa, y más bien entusiasmada por el nuevo rumbo de los acontecimientos, la reina de la mansión Huerta de Soto nos llevó a los estudiantes por todos los pasillos y habitaciones del recinto, incluidas las alcobas secretas (es broma, no había secretas... ¿o sí?, ¡nunca lo sabrá el lector!).
Continuamos la visita por todos los rincones que hace que una casa sea una casa (y bien grande en este caso), y pudimos visualizar cómo habría sido en su época la crianza de esos 6 hijos que tuvieron los Huerta de Soto (ya todos mayores e independizados, pero alguna vez fueron niños y habitaron dicha casa), y cómo serían ahora sus reuniones familiares extensas con los 18.5 nietos que ahora tienen (y que seguirán incrementándose). No ignoremos la terraza, desde donde se divisan hermosas vistas del centro de la capital española, ni olvidemos a la tortuga "Pepa", quien tiene el privilegio de vivir en jacuzzi climatizado en la azotea del castillo con amplias vistas madrileñas (¡y no cualquier tortuga del mundo puede decir eso!).
Por fin llegamos los 4 estudiantes a la extensa biblioteca del profesor Huerta de Soto. Calculo unos 20.000 libros (quizás más, quizás muchos más) en total, según mis cálculos. Nosotros pudimos coger y abrir sus libros con los que se formó de joven, muchos de ellos completamente subrayados en tres colores diferentes para destacar distintos niveles de importancia de cada frase y texto, y cada página comentada en lápiz por los bordes sin dejar espacios en blanco (efectivamente, ¡era ya obsesivo desde muy joven!). Algunos libros, como La Acción Humana, estaban repetidos sus volúmenes en todos los idiomas conocidos del mundo. Era una biblioteca sumamente amplia y rica, con temas muy variados. Y algunas estanterías hallábase llenas de libros de la propia autoría de don Jesús (que ha escrito muchos), en distintas editoriales y en diversos idiomas a los que han sido traducidos sus libros (incluido el polaco, el chino, el árabe, el japonés o el persa). Nos mostró además sus libros-tesoro, primeras ediciones originales de las obras de grandes autores como Menger, von Mises, y Hayek. Sin embargo, hubo unos tesoros que nos gustaron más, mucho más: colecciones de obras (¡en latín de la época!) de los grandes pensadores salmantinos del siglo de oro español. Una maravilla sin par. El momento estelar: la lectura en latín por parte de Huerta de Soto de los textos originales de don Diego de Covarrubias, en donde expone por primera vez en la historia el razonamiento de lo que luego se conocería como la "teoría subjetiva del valor". ¡Un deleite sin desperdicio!
No, querido lector, no hemos acabado. Y no podemos acabar sin que un humilde servidor se lleve su modesto mérito y medalla. Le dije al profesor: "no me voy de esta casa hasta que no vea que mi libro, que usted mismo prologó, habita en algún lugar de esta extensa biblioteca, porque no puede ser que aquí tenga todos los libros del mundo menos el mío". Y era que entre tanto libro don Jesús no lograba ubicar dónde estaría mi modesta obra, aunque me garantizaba que en alguna parte estaría de seguro. A ver, a ver, a ver... nos pusimos juntos a buscarlo largo rato entre las estanterías y estanterías, entre las paredes y paredes, de más de 20.000 libros de esa casa. Un tiempito después, triunfantes, ¡lo encontramos! Ah, menos mal, porque sino el profesor me habría tenido que poner cama para pasar la noche en su casa, porque de allí no me iba yo a ir hasta hallarlo. "El Manifiesto Austrolibertario" por fin salió de un rincón perdido, y el profesor lo reubicó y lo destinó en otra estantería un poquito (tan solo un poquito) más prominente y destacada de su magnífica biblioteca. Victoria conseguida.
Eran las seis y media de la tarde cuando nos despedimos del matrimonio Huerta de Soto, tras tres horas y media de conocerlos un poco mejor, en el calor de su hogar. Cuatro de sus discípulos cumplimos la visita ese día, en una experiencia que recordaremos con mucho cariño. Y que, ojalá, algún día se vuelva a repetir. Gracias don Jesús por abrirnos las puertas de su intimidad y hogar.
Pol Victoria
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