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Resumen: En este trabajo se aborda el tema de la creación de la imprenta y su relación con la presencia de la heráldica castellana en los impresos realizados en el período de los incunables y postincunables (hasta 1520). Se analiza el cambio en el mercado del libro y la revolución que provocó la imprenta en la difusión de los textos, y cómo la Corona y la Iglesia van a intentar controlar este caudal informativo y aprovecharlo para extender rápidamente sus textos legislativos y normativos. Esto conllevó que sus símbolos heráldicos empezaran a aparecer en esas obras, y por ende la nobleza laica también empezará a colocar su heráldica en ellos, ya sea como motivo de prestigio o bien por su relación con el autor o impresor de los mismos.
Abstract: This work addresses the topic of the creation of the printing press and its relationship with the presence of Castilian heraldry in the prints made in the period of the incunabula and post-incunabula (until 1520). It analyzes the change in the book market and the revolution that the printing press caused in the dissemination of texts, and how the Crown and the Church are going to try to control this flow of information and take advantage of it to quickly extend their legislative and regulatory texts. This meant that their heraldic symbols began to appear in these works, and therefore the lay nobility also began to place their heraldry on them, either as a reason for prestige or because of their relationship with the author or printer of them.
Palabras clave: Imprenta, incunables, postincunables, heráldica, nobleza castellana.
Keywords: Printing, incunabula, postincunabula, heraldry, Castilian nobility.
Los libros manuscritos eran un verdadero lujo durante la época medieval, y mucho más cuando se encargaban para tener una iluminación específica que los enriquecía. Esa iluminación estaba en general relacionada con la temática del libro, que podía ser mayoritariamente religiosa o bien relacionada con la historia o los ciclos literarios, como la historia de la guerra de Troya, el ciclo artúrico, etc. Es en este contexto cuando en esa iluminación se va a introducir la heráldica, a veces portada por los protagonistas del libro o relacionada con ellos, ya fuera inventada o real, pero en otras muchas ocasiones los escudos son una marca de propiedad de la persona que ha encargado la copia de la obra, que quiere dejar constancia en el libro de que le pertenece sólo a él, que ha sido su comitente, ya que eso le da prestigio y es una muestra de su estatus.
De la época bajo medieval podemos citar el caso de algunos nobles hispanos cuyas armas aparecen en preciosos códices como signo de propiedad, tales como el cardenal Gil de Albornoz2, Juan Fernández de Heredia, Gran Maestre de la orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, que además tenía a su servicio un gran scriptorium3, el famoso Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana4 o de Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro5 (figura n.o 1).
De la importancia dada a esta marca de propiedad es un ejemplo que cuando alguno de estos códices cambiaba de mano no era extraño que el nuevo propietario «borrara» el escudo del anterior poseedor para poner el suyo, y como ejemplo podemos citar el famoso manuscrito de la Obra Poética de Petrarca de la BNE (Vitr. 22-1), que en origen se hizo en el famoso scriptorium de Federico de Montefeltro, duque de Urbino6, cuyo escudo aparecía en la primera página, y sus diversos emblemas adornaban las siguientes, pues bien, esta obra pasó a principios del siglo XVI a manos de Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador de los Reyes Católicos, que se lo regaló a su hijo, Gonzalo Ruiz de Figueroa, que colocó su propio escudo de armas encima del de Montefeltro para mostrar con orgullo la nueva propiedad de la obra, añadiendo de forma manuscrita: «Este libro huve yo Gonçalo Ruiz de Figueroa en Veneçia, el año que murió el papa Alixandre sesto. Anno 1503»7.
La invención de la imprenta, tal y como nosotros la entendemos, en la Europa de mediados del siglo XV (Gutenberg, en Maguncia), supuso un gran cambio en el mercado de los libros, pero no tanto en el de los libros de lujo, ya que la exclusividad del manuscrito en pergamino y su iluminación seguían siendo muy demandados por las clases más acomodadas, por eso algunos de los primeros incunables intentaban «imitar» a los manuscritos, imprimiéndose incluso en vitela y a posteriori eran iluminados de forma manual y personalizada para clientes muy especiales, un ejemplo de ello lo muestra la biblioteca de don Juan de Zúñiga (m.1504), último maestre de la orden de Alcántara (1475-1494) y luego cardenal arzobispo de Sevilla (1503)8, que junto a manuscritos iluminados como los Comentarios a la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea de Alfonso Fernández de Madrigal (el Tostado) (Biblioteca Nacional de Portugal, Manuscritos reservados Il. 117-121), donde se colocan sus armas acoladas con la Cruz de Alcántara en la orla de la página inicial, había mandado iluminar también una Biblia impresa en vitela por el francés Nicolaus Jenson (1420-1480) en Venecia (1476, Bibliothéque Nationale de Francia, BnF, Réserve des livres rares, VELINS-80), un trabajo largo y complejo por su gran detalle y que fue completado después de su muerte por su sobrino nieto Francisco Alvarez de Toledo, conde de Oropesa, cuyo escudo, junto al de su mujer, María de Figueroa (se casaron en 1508), aparecen también en la obra junto al del promotor original, Juan de Zúñiga, en la parte inferior de las orlas iluminadas de este magnífico ejemplar9.
En cualquier caso se continuaban encargando grandes libros manuscritos iluminados, por ejemplo el Libro de Coro del Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo, es decir El Gradual de las Misas para el propio del tiempo (BNE MPCANT/23)10, que tiene unas hermosas orlas decoradas donde aparecen los escudos de los Reyes Católicos, con y sin el águila de San Juan, al que se añaden las divisas de los soberanos, que fue realizado en los años 80 del siglo XV (figura no 2); o bien el Missale secundum consuetudinem almae ecclesiae Toletanae, también conocido como el Misal Rico del Cardenal Cisneros (BNE, Mss.1540-1546), siete tomos ricamente iluminados a principios del siglo XVI, con numerosos escudos heráldicos propios del arzobispado de Toledo, incluyendo varios modelos de las armas del Cardenal11 (figura no 3), y entre la nobleza que coloca sus escudos en ellos podemos citar el Liber ritualis pontificum, de 1488 (BNE, Mss.6145), que muestra en su orla una preciosa imagen del escudo de Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla, marqueses de Moya y señores de Chinchón.
Ahora bien, la revolución de la imprenta iba más allá del mercado del libro de lujo, ya que casi de forma inmediata los poderes públicos entendieron la capacidad de difusión del nuevo invento y por ello fue rápidamente utilizado para hacer numerosos ejemplares de libros relacionados con las leyes, ordenamientos, bulas de indulgencias, constituciones sinodales, etc... Por ello la Corona12 y la Iglesia13 serían las primeras en aprovechar este nuevo medio de difusión, que en Castilla nació en 1472 con el llamado Sinodal de Aguilafuente, encargado por el entonces obispo de Segovia, Juan Arias Dávila, al impresor Juan Parix de Heidelberg14.
Con este impulso dado por la Corona y la Iglesia los impresos dejaron de querer imitar a los manuscritos, tenían otra función, pero no por ello iban a dejar de buscar alcanzar una calidad estética que les hiciera dignos de las personas que los encargaban o a quien iban dirigidos, por ello pronto también serían iluminados con escudos de armas. En un primer momento los impresos no llevaban los escudos, sino que su poseedor los añadía a posteriori, como ejemplo podemos citar las Constituciones Sinodales del obispado de Avila, libro impreso en Salamanca c.1481, pues bien, en algún momento posterior se añadió de forma manuscrita en uno de sus ejemplares, en concreto el de la Biblioteca Capitular de la Catedral de Pamplona (NA-BCP, INC/66), el escudo de armas de quien ordenó hacer estas constituciones, el obispo Alonso de Fonseca, que gobernó las diócesis de Avila (1469-1485), Cuenca (1485-1493) y Osma (1493-1505)15, añadiendo además junto a él el nombre de su linaje para que no hubiera confusión posible en su identificación (figura n.o 4). En una segunda fase, y como también se hacía en ocasiones en los manuscritos, se decidió colocar un escudo en blanco para que el propietario pudiera rellenarlo a posterior con su escudo o con una nota manuscrita, esto lo podemos ver en las Ordenanzas reales de Castilla o Libro de las Leyes, también conocidas como el Ordenamiento de Montalvo, realizado por Alfonso Díaz de Montalvo, impresas en Huete en 1484 por Alvaro de Castro, donde aparecen una orla tipográfica e iniciales historiadas al comienzo del texto de cada uno de los ocho libros en que se divide la obra, además de en su dedicatoria. En la inicial aparecen los Reyes Católicos16 (figura n.o 5), y en la parte inferior hay un espacio en forma de escudo de armas, que ha quedado en blanco, que debería estar ocupado por las armas de los monarcas representados en la inicial, o bien se dejó libre para que el futuro propietario pudiera ordenar que se pintaran sus armas en él17.
LA PRIMERA HERÁLDICA IMPRESA: LOS ESCUDOS REALES
Con la revolución de la imprenta los poderes públicos empezaron a preocuparse y a intentar controlar lo que se publicaba, Sixto IV concedió a la Universidad de Colonia el poder de censurar los nuevos libros en lo tocante a la religión, en 1482 el obispo de Wurzburg, Rudolf II von Scherenberg, aplicó una ley de censura en su diócesis, y lo mismo hizo en Maguncia, lugar de origen de este invento, el arzobispo Berthold von Honneberg, donde solicitó (1485) que los libros que iban a exponerse en la feria de Cuaresma fueran previamente examinados, debiendo ser eliminados los que fueran considerados como heréticos, extendiendo sus órdenes de censura poco después a todos los libros publicados en su diócesis (1486). De este modo el papa Inocencio VIII emite por primera vez un mandato universal de censura religiosa mediante la bula Contra impresores librorum reprobatum (17 de noviembre de 1487) para concretar la censura previa eclesiástica sobre los nuevos impresos, que delegaba a los obispos en sus dióce sis, aunque su aplicación fue desigual, por lo cual sucesivos papas emitirán nuevas órdenes, como Alejandro VI (Bula de 1 de junio de 1501) y León X en el Concilio de Letrán (Bula de 3 de mayo de 1515), cuyo texto va a ser ya formalmente aceptado por toda la Cristiandad, y confirmará posteriormente el Concilio de Trento. Los impresores que no cumplían la ley incurrían en penas de excomunión y se les podía imponer una multa y ver sus libros destruidos por el fuego.
En Castilla esta censura previa eclesiástica pronto quedó en manos de la Inquisición, pero los Reyes Católicos quisieron imponer también una censura previa política mediante la Pragmática de Toledo de 8 de julio de 1502, donde se justifica su existencia diciendo que: «No corta la inteligencia, ni entorpece el vuelo, sino que al mirar por la existencia y seguridad del estado mira también, por el bien de los escritores, expuestos, como falibles y parciales en causa propia, a sufrir lamentables desorientaciones y funestos extravíos». Se establece que ningún libro puede imprimirse ni venderse sin contar con la preceptiva licencia de impresión y se establece que, tras obtenerla, se debe llevar un ejemplar impreso a la autoridad competente para que se compruebe que se ha imprimido tal como se le dio la licencia, sin modificar nada, adquiriendo cada vez más importancia en el proceso las autoridades civiles, y por ende la Corona18.
Estos controles, la importancia de la administración pública como cliente, la dedicatoria de algunos autores a los Reyes y el deseo de los impresores de mostrar su relación con la Corona llevó a que en los años 90 del siglo XV empezaran a proliferar en los impresos castellanos la colocación del escudo Real en sus portadas. Esto que en un principio nos puede parecer un tema sin grandes complejidades es totalmente lo contrario, ya que es difícil de entender el porqué de los numerosos errores y variantes que encontramos en las representaciones heráldicas y que hasta ahora no han sido tratados por la historiografía específica.
Centrándonos en el escudo real, el famoso escudo llamado de los Reyes Católicos, cuyo origen se encuentra en la Concordia de Segovia (15 de enero de 1475), formado por el doble cuartelado con las armas de Castilla-León y de Aragón y Aragón-Sicilia, al que se añade en punta Granada tras 1492, y que tenía una clara imagen oficial, que aparece en los sellos reales (de plomo y de placa) y sobre todo en las monedas castellanas19, y que también podemos encontrar en las labras heráldicas de numerosos edificios, donde destacan por ejemplo los realizados en Toledo, Avila, Santiago, Burgos o Granada. Pues bien, en las fichas catalográficas de los impresos que aparecen en el catálogo colectivo del patrimonio bibliográfico (CCPB) se puede encontrar su descripción simplemente como escudo real, o como mucho escudo de los Reyes Católicos, que pueden ser aceptables, o las claramente erróneas de escudo de España e incluso escudo imperial, que hemos visto varias veces. Pero independiente de la denominación, el problema es que el modelo heráldico no es unívoco y eso llama poderosamente la atención.
Nuestro famoso escudo tiene numerosas variantes en los libros impresos, en su parte interior tiene un claro diseño heráldico que no ofrece dudas, como hemos comentado en numerosas ocasiones, con dos opciones, sin la granada en punta y con ella (a partir de 1492), luego puede aparecer en solitario o colocado sobre el águila de San Juan, nimbada, pero que en los ejemplares de esta época encontrados en los libros en ocasiones va sin nimbo y otras veces coronada, no sabemos el motivo, del mismo modo puede aparecer mirando a la derecha o a la izquierda. El escudo también puede aparecer junto a las divisas de los reyes (yugo y flechas), el lema del rey Fernando («Tanto Monta»), y durante unos años muy concretos, al inicio del período, se encuentra rodeado de un entramado vegetal cuajado de granadas20, y además en algunas ediciones realizadas en el extranjero lo encontramos con las novedades heráldicas incorporadas tras la conquista del Reino de Nápoles (1504).
Toda esta riqueza representativa de las variantes del escudo real no queda reflejada en ninguna catalogación, y es importante, ya que el modelo de cada imprenta suele ser distinto y específico, lo que nos da una cronología precisa, incluso puede haber préstamos de estos tacos xilográficos entre impresores. Además, podemos encontrar numerosos «errores», la mayor parte de las veces con una clara inversión de algunas partes del escudo, pero en otros son cambios estructurales que son difícilmente asumibles y que debemos intentar explicar, lo cual nos lleva a otro problema, y es que nadie daba el visto bueno a estas imágenes heráldicas, que los impresores encargaban de forma particular a los artesanos, que las hacían con mejor o peor arte. Ya sé que hasta ahora los estudiosos del libro antiguo tenían otras prioridades en sus investigaciones y que se limitaban a poner portada con escudo, añadiendo como mucho el propietario del mismo (lo cual era lo más importante) o un intento mínimo de descripción, escudo real, imperial, etc..., pero creo que ha llegado el momento de dar un salto de calidad en estas descripciones y usarlas también como fuente principal de la investigación tipobibliográfica.
Pasando rápidamente a nuestro estudio y sin afán de ser totalmente exhaustivo vamos a comentar algunos modelos del escudo real en este período21. En primer lugar los que no llevan la granada en su interior, aunque la Granada está omnipresente al formar un magnífico entramado de ramas con granadas a su alrededor22, será usado en Valladolid en la imprenta de Pedro Giraldi y Miguel de Planes a partir de finales de 1492, como vemos en la Exhortación a los Reyes nuestros señores sobre el caso acaecido (Epístola políticomoral), (d. 7 diciembre, 1492) (BNE, Inc. 495) (figura n.o 6a). Mientras tanto en Salamanca, la famosa Crónica de España de Diego de Valera (BNE, Inc.1813), fue publicada en 1493 (Tip. de Nebrija: "Gramática", Haeb.470) con un escudo con el interior de los cuarteles invertido, tanto en las armas de Castilla-León como las de Aragón y Aragón-Sicilia, y es el único modelo que no lleva el águila de San Juan (figura n.o 6b). Pero pronto se va a cambiar al tipo más común, ya con la granada en punta en su interior, pero al mismo tiempo manteniendo el añadido del entramado de granadas que hemos visto anteriormente, como vemos en la Historia Baetica (Salamanca. Juan de Porras, c.1494) (BNE, Inc.1095/1) donde todo el interior del escudo está invertido, los cuarteles 1 y 4 son ahora 2 y 3, los leones miran al lado contrario y también está invertido el orden de las armas del 1 y 4, con el extra de que el águila de San Juan va coronada y no nimbada (figura n.o 7a). Este entramado de granadas es usado también en Burgos, en la imprenta de Fadrique de Basilea, en un escudo sin la granada en su interior y con un diseño particular del águila, que mantiene la corona, aunque en esta ocasión el interior tiene una representación correcta, así aparece en la edición de Aelij Antonij Nebrissensis grammatici introductionum latinarum ultima recognitio (1496), (BNE, Inc.2887) (figura n.o 7b).
Por tanto, a principios de los años 90 vemos ya los problemas tipológicos que nos encontramos en el uso del escudo real por parte de los impresores, dónde colocar la granada, si en el interior o en un entramado exterior, se manifiesta claramente el problema de la inversión de las imágenes, el uso del águila nimbada o coronada, hacia donde debe mirar, etc.
A finales de los años 90 va a desaparecer el entramado de granados y aparece un nuevo escudo, con el añadido del lema del rey y las divisas de los monarcas, que mantiene además el águila coronada23 y mirando a la derecha, como podemos ver en Leyes del cuaderno nuevo de las rentas de las alcabalas y franquezas, dadas por los reyes Fernando V e Isabel I de Castilla en la vega de Granada (Salamanca, Juan de Porras, ca.1498) (Banco de España, a-f6, g4) (figura n.o 8a). En Burgos, la imprenta de Fadrique de Basilea, en la edición de las Leyes por la brevedad y orden de los pleitos dadas por los reyes Fernando V e Isabel I de Castilla, Madrid, 21 mayo de 1499, (d. 26 junio, 1499) usa un escudo similar pero ahora el águila mira en la dirección correcta, pero mantiene la corona (Universidad de Navarra, FA - Siglo XV) (figura n.o 8b).
Mientras tanto en Sevilla se usan otros modelos de escudos donde prima la visión canónica del águila de San Juan, con nimbo, pero con diseños muy distintos a los anteriores, añadiendo el lema real y las divisas de los soberanos, así la edición de las Ordenanzas reales de Castilla o Libro de las leyes realizada por Meinardo Ungut y Estanislao Polono (29 marzo, 1498) (Universidad de Granada, BHR/Caja IMP-1- 012 (1)), aparece el águila con cuello largo y cabeza pequeña (figura n.o 9a), mientras en la obra Capitulos de lo que han de guardar los gobernadores, asstentes, corregidores, juezes de residencia y alcaldes de ciudades y villas hechos por los reyes Fernando V e Isabel I de Castilla. Sevilla, 9 junio 1500, (h.1500-1502) (BNE, Inc.1427), hecha en la imprenta de Juan Pegnitzer y Magno Herbst, la cabeza del águila es mucho mayor y con un diseño muy específico (figura n.o 9b).
Otros diseños, más bien variantes de los anteriores, podemos verlos en Los Comentarios de Cayo Julio César traducidos por Fray Diego López de Toledo, impresos en Toledo por Pedro Hagenbach «a costa del muy honrrado mercader Melchior Gorriçio» (1498) (BNE, Inc.1670) (figura n.o 10a); o la Vita Cristi cartuxano romãçado por fray Ambrosio, impreso en Alcala de Henares «por industria et arte del muy ingenioso et honrrado Stanislao de polonia» (h. 1502-1503) (BNE, R/16176), donde el escudo, sin aditamentos, comparte portada con un grabado de los reyes (figura n.o 10b). Mientras de la última parte del reinado podemos destacar los diseños con águila nimbada que aparecen en el Aurelii Prudentii Clementis viri consularis Libelli cum commento Antonij Nebrissensis, (Arnau Guillén de Brocar, en Logroño, 1512) (Universidad Complutense de Madrid, BH FLL 22131) (figura n.o 11a) o Los quatro libros de Sexto Julio Frontino... de los enxemplos consejos et avisos de la guerra: obra muy provechosa nuevamente trasladada del latin en nuestro romance castellano por Diego Guillen de Avila, impresos en Salamanca: Lorenço de Lion de Dei, 1516 (BNE, R/31603) (figura n.o 11b).
También hay que citar la obra del Doctor Palacios Rubio, Libellus de beneficiis in curia vacantibus, Impressum que Hispali: per Ioannem va rrella, en 1514 (Universidad de Valladolid, U/Bc IyR 161 (2)), que empieza y termina con un tipo heráldico. El del final es el tradicional escudo ya comentado tantas veces, con águila de San Juan, divisas y lema, pero el que aparece encima del título es nada menos que la representación del sello de placa que utilizaban los reyes en su calidad de administradores de la orden militar de Santiago24, algo totalmente único en los impresos y cuya utilización llama mucho la atención (figura n.o 12).
El escudo real de los Reyes Católicos también lo encontramos fuera de las fronteras de la Corona de Castilla y bastante pronto. La famosa Crónica de España de Diego de Valera fue publicada en Zaragoza por Pablo Hurus (24 septiembre, 1493) (BNE, Inc. 1428) y muestra el diseño más conocido del escudo real posterior a 1492, con las divisas reales y el lema del rey Católico, aunque el águila mira a la izquierda y además está coronada y no nimbada, pero aporta un diseño que será modelo para los que vamos a encontrar posteriormente en Castilla (figura n.o 13). Mientras tanto los impresores de Barcelona usan como modelo heráldico un tipo friso, con el escudo en el centro, un águila nimbada cuya cabeza casi desaparece tras el escudo y a los lados las divisas de los reyes, como vemos en Constitucions fetes per lo Rey don Ferrando Rey de Castella, de Arago, etc., en la segona cort de Catalunya celebrada en Barcelona en lany 1493. (Pere Miquel, después del 4 de noviembre de 1493) (BNE, Inc.1406) (figura n.o 14).
En Francia tenemos un ejemplar del escudo real en El libro de proprietatibus rerum trasladado de latín en romance por fray Vinçente de Burgos, Emprimido en la noble çibdad de tholosa: por henrique meyer de Alemania, en 1494 (BNE, Inc. 226) (figura n.o 15a), que usa un modelo bastante distinto a los anteriores, destacando enormemente la presencia de la Granada, un detalle que aparecerá también en las nuevas monedas castellanas aprobadas en la Pragmática de 1497. Algo que se mantiene en el escudo presente en las Horas de Nuestra Señora, realizado en Paris por Thielmann Kerver (30 de abril de 1502) (BNE, R-31044), que muestra un águila mirando al frente de tres cuartos con un diseño totalmente inédito hasta ahora (figura n.o 15b).
En Italia el escudo real lo tenemos en las Constitutiones regni Siciliae, impresas en Messina: Andreas de Brugis en 1497 (BNE, Inc.1779) (figura n.o 16a), bastante simple aunque con diseño de los cuarteles peculiar, y con águila coronada; o bien en el Foro real gloxado de Spagna (con la glosa latina de Alfonso Díaz de Montalvo), impreso en Venecia (1500) por Simón de Luere para Andrea Torresani (BNE, Inc. 220) (figura n.o 16b), que añade al anterior un diseño correcto del interior, la corona sobre el escudo, las divisas y el lema del rey Católico.
Este escudo se siguió utilizando muchos años después de la muerte de los Reyes Católicos, igual que sus monedas. Algunos ejemplos de su uso postmortem lo vemos en las leyes del estilo de 1525, Toledo, Ramón de Petras, (BNE R-7673 (18)); en las Leyes del quaderno nuevo de las rentas de las alcavalas e franquezas, hecho en la vega de Granada; por el qual el Rey y la Reyna revocan todas las otras leyes de los otros cuadernos hechos de antes / y añadido el privilegio de las ferias de Medina de Rioseco Salamanca: En casa de Juan de Canova, 1554 (Banco de España, FEV-SV-G-00064) (figura n.o 17a), o en la Cronica del famoso caballero Cid Ruy Diez Campeador, Burgos, Felipe de Junta y Juan Bautista Varesio, 1593 (RAH, 1/1058) (figura n.o 17b). Y se mantiene incluso en documentos oficiales como la Real crida y edicte, sobre coses concernents a la pacificacio de la presente ciutat y quietud dels poblats en aquella persecucio dels delinquents y prohibicio de cert genero d'armes 8.3.1577 (Valencia, 1578) (Universidad de Valencia, BH Var. F-01/02); o las Exequias, tumulo y pompa funeral que la Vniuersidad de Salamanca hizo en las honras del rey... Felipe III en cinco de Iunio de mil y seiscientos y veynte y vno dedicadas a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares (en Salamanca: en casa de Antonio Vazquez, 1621) (Universidad de Salamanca, BG/27300).
Para terminar con la presencia de este escudo en los impresos del período hay que decir que en 1504 Fernando el Católico consiguió conquistar el reino de Nápoles con el dinero y las tropas castellanas dirigidas por Gonzalo Fernández de Córdoba25, y en este nuevo reino donde los soberanos gobernaban legalmente de forma conjunta se acuñarán unas monedas con el escudo unido donde el segundo cuartel va a tener ahora las armas napolitanas (un terciado de Jerusalén-Anjou-Hungría)26, mostrando la ampliación de la Monarquía. El rey Fernando no recibió hasta el 3 de julio de 1510 la preceptiva Carta apostólica de merced por la que el papa Julio II le concedía la investidura formal del reino de Nápoles27, un documento cuya hoja inicial está muy adornado y donde se aprecia tanto el escudo papal como el del rey Fernando con el comentado añadido heráldico de Nápoles (el partido de Jerusalén-Hungría).
Y este escudo con el añadido napolitano no es usado en la imprenta peninsular, pero sí en otros países, aunque de forma muy extraordinaria, como ejemplo se puede citar la siguiente edición de la obra de Antonio de Nebrija, Grammaticae Introductiones cum aliis eiusdem et aliorum de re litteraria opusculis: quae tibi lector in ipso volumine patebunt encargada por Miguel Riera, mercader de libros de Barcelona (cuyo escudo aparece al pie), en la imprenta de Gregorio de Gregori en Venecia (colofón 1 de julio de 1508)28, al que se añade una carta al final dirigida a Felipe de Ferreras, embajador del rey en la Serenísima República (1507-1509), datada el 19 de julio de 1508 (Biblioteca de Catalunya, 10-VI-09) (figura n.o 18a). Existe un ejemplar de esta misma obra que está claramente inspira do en la edición veneciana, siendo casi una imitación. En la portada aparece el nombre del librero Johannes Perera, que se documenta en una edición catalana de Toulouse de 1508, atribuida al impresor Jean Fauré. No obstante, la tipografía y varios de los tacos xilográficos coinciden con algunas de las estampas del consorcio formado por Jean de la Place y Jacques Myt en Lyon, por lo que se les atribuye y se fecha con posterioridad a la edición veneciana29. El escudo es idéntico en su parte interior (que es lo más destacado) y corona, pero el águila está en distinta posición y tamaño (figura n.o 18b).
Del período del corto reinado efectivo de Felipe el Hermoso junto a doña Juana (1506) no hemos encontrado ningún impreso que llevara sus armas, pero durante la Gobernación castellana del Rey Católico tenemos un ejemplar muy interesante, es la Cronica del famoso cauallero Cid Ruy diez campeador (Burgos, Fadrique de Basilea, acosta de los reverendos padres del Monasterio San Pedro de Cardeña, 31 de marzo de 1512) (BNE, R/897) (figura n.o 19), donde aparece el escudo del Infante don Fernando, es decir el de sus padres (exactamente igual al modelo de la moneda que acuñaron sus padre en los Países Bajos en 1506), aunque sin corona y solo con el añadido del Toisón de Oro, aunque formalmente no entraría en la Orden hasta 1516. En la edición de esta obra realizada en 1525 desaparece este escudo y la larga dedicatoria al Infante30, que en los años de la primera edición era visto por algunos grupos como posible heredero de los reinos hispánicos en lugar de su hermano mayor, Carlos.
Esta edición es claramente una excepción, ya que durante la gobernación castellana del rey Fernando no tenía razón de ser utilizar el escudo con los añadidos autroborgoñones, tenemos que esperar a la llegada efectiva al trono de Carlos I para ver una modificación es pecífica del escudo real, que tendrá también diversas variantes, más teniendo en cuenta que hay que adoptar una heráldica que viene del extranjero. En todas ellas se usa el doble cuartelado, añadiendo o no las armas de Nápoles, los signos borgoñones (cruz de san Andrés y toisón), el águila de San Juan o bien el águila imperial monocéfala (de rey de romanos), con nuevo lema del rey: «Plus Ultra» o no. Veamos algunos ejemplos, Theorica de virtudes en coplas de arte humilde; Pratica de las virtudes de los buenos reyes de españa en coplas de arte mayor dirigidas al esclarecido rey don carlos nuestro señor 1518 (Murcia, Jorge Costilla) (R/12194), con dos modelos distintos de escudo en la misma obra, que muestran importantes diferencias, siendo el primero el más canónico, con las armas de Navarra y Nápoles y rodeados del toisón; mientras el segundo, ranversado, muestra extrañamente una cruz de Jerusalén en el cuartel de Castilla y León, y está flanqueado por la cruz de San Andrés coronada que aparece con el eslabón del toisón y el vellocino (figura n.o 20).
Por el contrario, en las Leyes del quaderno nueuo delas rentas de las alcaualas y franquezas: hecho enla vega de granada por el qual el rey et la reyna... reuocan todas las otras leyes delos otros quadernos fechos de antes (Sevilla, 1520, Jacobo Cromberger) (BNE R/31747), aparece un escudo, también totalmente ranversado, mucho más similar al que hemos visto del Infante Fernando, sin más aditamentos que la corona real (figura n.o 21a). Por comparación hay que decir que, en la Corona de Aragón, y en concreto en la imprenta de Barcelona, aparece con anterioridad un escudo muy similar a este, en realidad es el modelo más canónico usado en principio por Felipe el Hermoso, donde el escusón sobre sus armas sólo lleva Flandes, sin Tirol, podemos verlo en el Llibre apel.lat Consolat de Mar (Per Iohan Rosembach. A despeses de Raphael Dauder, 6 de mayo de1518) (Biblioteca de Catalunya, 10-VI- 26)31 (figura n.o 21b), y sobre todo a página completa y coloreado en el llamado Armorial catalán de Tamborino, obra de Steve Tamborino, atabalero de Juan II de Aragón y Fernando el Católico32.
Otros ejemplos de estos primeros años son el Fortunius Garcia Jurisconsultus hispanus De ultimo fine Juris canonici et ciuilis: de primo principio et sub sequentibus preceptis..., libro impreso en Bolonia en 1517 (per magistrum Iustinianum Leonardi Ruberiensem) (Universidad de Valladolid, U/Bc IyR 278 (3)). Es importante porque en estos momentos Carlos I sólo es rey de Castilla y Aragón, y obviamente de todos los demás territorios heredados de los Reyes Católicos, el modelo es igual al de sus padres, pero incluye el águila de San Juan de sus abuelos maternos, y tiene de excepcional que añade un escusón en los cuarteles hispanos realmente extraño, formado por un partido con las armas dinásticas y las del reino de Nápoles (Jerusalén y Hungría), que Fernando el Católico había añadido en el segundo cuartel del modelo de su escudo tras la conquista de ese reino, pero aquí sale del cuartel para convertirse en escusón (figura no 22a). Una tipología que el rey Fernando usó en alguna de las monedas que acuñó en sus estados patrimoniales tras la muerte de la reina Isabel. Tras su elección como emperador el escudo de Carlos cambiará, solo citar como modelo el que aparece en la impresión de Las quatorze decadas de Tito Liuio hystoriador de los Romanos, realizada en Zaragoza en 1520, «por industria y espensas del experto varón George Coci aleman de nacion, y morador en la dicha ciudad» (BNE, R/875) que lleva en su portada un magnífico ejemplar heráldico coloreado con una dedicatoria que indica el cambio de estatus del joven monarca33 (figura n.o 22b). El interior lleva un gran escudo contracuartelado, donde el modelo hispánico incluye las armas de Nava- rra y Nápoles tal y como las usó su abuelo, el rey Fernando, mientras los cuarteles austroborgoñones muestra el modelo usado por su padre, ahora el águila ya no es la de San Juan, sino la del emperador electo (de una cabeza)34, que tras su coronación en Aquisgrán cambiará por la bicéfala, todo rodeado del Collar del Toisón.
Este nuevo modelo de escudo «imperial» de 1520 marcará época y será muy utilizado en años posteriores, como vemos por ejemplo en la portada de Las cortes de Toledo deste presente año de mil y quinientos y xxv años: quaderno de las cortes que en Toledo tuuo su Magestad del Emperador y rey nuestro señor este presente año de mil y quinientos y veynte y cinco años en el qual ay muchas leyes y decissiones nueuas y aprouacion y declaracion de muchas prematicas y leys del reyno... (Burgos, en casa de Alonso de Melgar, 1526) (Universidad de Valladolid, U/ Bc IyR 326 (02), donde todos los adornos exteriores se han suprimido, dejando únicamente la Corona Imperial (figura n.o 23).
LOS ESCUDOS ECLESIÁSTICOS
Como ya hemos dicho unos de los primeros promotores de las imprentas fueron los obispos, y por ello su heráldica va a aparecer en bastantes portadas de los impresos realizados en estos años, su problemática es escasa, identificación fundamentalmente, pero a veces también alguna confusión entre heráldica personal e institucional, del mismo modo pueden aparecer otros escudos de dignidades eclesiásticas, que pueden ser también los autores de los textos, ya que las personas relacionadas con la Iglesia eran frecuentemente los autores de muchas obras, y también de los personajes a los que se dedican las obras.
Empecemos por los autores. El ejemplo más antiguo y famoso es la obra Vida e mort del nostre Redemptor Jesus conocido como Vita Christi, Valencia: Lope de la Roca (22 agosto de 1497) (BNE, Inc.1473) (figura no 24a), reeditado años después como Vita christi dela Reuerent Abbadessa de la trinitat nouament historiat corregit y smenat per vn mestre en sacra theologia. Valencia: per art e industria d'Gorge Costilla, 1513 (Universidad de Valencia, R-1/148), cuya autora fue Leonor Manuel de Villena, conocida tras ingresar como monja clarisa en el convento de la Santísima Trinidad de Valencia como Isabel de Villena (1430-1490), siendo abadesa del mismo desde 1463 hasta su muerte. Era hija ilegítima de Enrique de Aragón (1384-1434), conocido como el astrólogo o el Nigromante, marqués de Villena. Sus armas son un escudo dimidiado con las del linaje paterno, las de los Ribagorza (Aragón y Anjou)-Villena35, con las de los Manuel (la mano alada y el león del escudo real), que fueron los primeros señores de Villena cuando el territorio fue cedido al Infante don Manuel, hijo del rey Fernando III. Al escudo se une el báculo abacial acolado.
También tenemos las armas de un «simple» sacerdote, aunque de noble linaje, Diego López de Zúñiga Avellaneda, Jacobus Lopis Stunica (fallecido en Nápoles en 1531), hijo de Pedro de Zúñiga, II conde de Miranda del Castañar, y de Catalina de Velasco, hija del condestable de Castilla, Pedro Fernández de Velasco, II Conde de Haro. Teólogo y gran conocedor del griego, latín, hebreo, arameo y árabe, conocido por sus controversias con Erasmo de Rotterdam, las armas familiares aparecen de igual manera en dos obras, las Annotationes Iacobi Lopidis Stunicae contra Iacobum Fabrum Stapulen, Impressum est... in Academia Complutensis...: per Arnaldum Guilielmum de Brocario (Alcalá de Henares, 1519) (BNE, U/7464 (2)) (figura n.o 24b), y Annotationes Iacobi Lopidis Stunicae contra Erasmum Roterodamum in defensionem tralationis Noui Testamenti, realizado en la misma imprenta en 1520 (BNE, U/7464 (1)), en ambos aparecen las conocidas armas de su linaje.
En cuanto a las dedicaciones a personajes del clero, podemos citar la obra traducida por Cristóbal de Arcos, Itinerario del venerable varon micer Luis patricio romano: en el qual cuenta mucha parte de la ethiopia Egipto y entrambas Arabias: Siria y la India. Buelto de latin en romance por Christobal de arcos clerigo. Nunca hasta aqui impresso en lengua castellana, (Sevilla, Jacobo Cromberger, 1520) (Universidad de Salamanca, BG/32573 (3)) (figura n.o 25), donde aparece en gran tamaño el escudo de armas de la persona a la que se dedica la obra, Diego López de Cortegana (1455-1524), humanista y seguidor de Erasmo, arcediano y canónigo de la santa iglesia de Sevilla, que llegó a ser fiscal y secretario de un tribunal de la Inquisición y capellán de la Reina36.
De más alto rango son las dedicaciones a obispos, así el escudo de Pascual de Ampudia, obispo de Burgos (1496-1512)37, lo tenemos en el Arte de canto llano e contrapunto e canto de organo con proporciones e modos breuemente compuesta por Gonçalo martinez de bizcargui38 (Burgos, Fadrique de Basilea, 3 de abril de 1511) (BNE, INC/2165 (5)) (figura n.o 26a); y el de su sucesor, el famoso Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos (1514-1524)39 lo tenemos en numerosos libros, ya que fue un gran mecenas y humanista, de hecho la obra musical anteriormente citada, fue reeditada en la misma imprenta en 1515 «nuevamente añadida y glosada» y ahora dedicada al nuevo obispo (BNE, R/9405)40 (figura n.o 26b). También hay que citar el caso de Antonio de Rojas Manrique, arzobispo de Granada (1507-1524)41, a quien el editor, Juan Lorenzo, dedicó el Thesoro de los pobres en medicina et cirurgia: en romance. Con el tractado del regimiento de Sanidad... / hecho por Arnaldo de Villa Noba (Granada, en casa de Andres de Burgos impressor: mandolo imprimir el señor Juan Lorencio mercader de libros a su costa, 1519) (BNE R/40015) (figura n.o 27b).
Como excepcional mecenas podemos destacar a don Juan de Zúñiga y Pimentel (1459-1504), arzobispo de Sevilla (1503)42, que fue con anterioridad el último maestre de la Orden de Alcántara (1475- 1494) y cardenal (1503), de quien ya hemos hablado por sus manuscritos y otras obras, cuyas armas, bajo capelo cardenalicio, aparecen en la portada de Aelii Antonii Nebrissensis Grammatici. In A. Persium Flaccum poetam satyricum interpretatio... ac noviter impresa foeliciter incipitur, (Sevilla, impensis per magnis Ioannis laurentii librarii: arte & ingenio Iacobi kronberger alemani, 1504) (Universidad de Valladolid, U/Bc IyR 057 (3)) (figura n.o 28a). Otro importante prelado que nos dejado numerosos ejemplos de portadas heráldicas por su labor de mecenas es Fray Hernando de Talavera (1428-1507), nacido en una familia judeoconversa, monje jerónimo, prior del monasterio del Prado, confesor de la reina Isabel (1475), obispo de Avila (1485) y primer arzobispo de Granada (1492-1507) tras su conquista43. Sus armas son las de la orden jerónima, aunque en esta caso puede hacer relación también a su origen y el león de Judá, y llevan su divisa: Vicet Leo, de triu Iuda radix David, y las podemos ver en la portada del Arte para ligeramente saber la lengua arauiga, obra de fray Pedro de Alcalá (Granada, Juan Varela de Salamanca, 1505) (BNE, R/2306) (figura n.o 28b), donde además aparece un grabado donde el autor está presentando su obra al arzobispo, al que llama «verdadero obispo, pastor, señor y padre mio», recordemos que fray Hernando quería atraerse a la población musulmana del antiguo reino de Granada y convertirla al cristianismo por métodos pacíficos y usando su propia lengua.
Lo mismo que hemos visto en la Corona con la legislación, los obispos van a utilizar la imprenta para impulsar diversas normativas en sus diócesis, ya sea constituciones sinodales, preceptos morales, usos litúrgicos, etc., por ello abundan estos impresos, muchos de los cuales llevan en portada el escudo del obispo impulsor de los mismos. Podemos destacar las Constituciones y estatutos hechos y ordenados por fray Diego de Deza, obispo de Palencia y conde de Pernia (Salamanca, 1501) (Real Biblioteca de Palacio, M-PR, I-C-26) (figura n.o 29a), importante prelado dominico, Fray Diego de Deza (1443-1523), fue obispo de Zamora (1494), Salamanca (1494), Jaén (1498), Palencia (1500) y arzobispo de Sevilla (1504), además de Inquisidor general (1498-1507)44, y en la diócesis sevillana ordenó hacer también unas Constituciones del arzobispado y provincia de Sevilla (Sevilla, Jacobo Cronberger, 1512) (Universidad de Granada, A-35-123) (figura no 29b). Los escudos son algo diferentes, recordemos que el prelado nació en el seno de una noble familia gallega, hijo de Antonio de Deza Ulloa y de Inés Tavera45, y ha dejado sus emblemas en muchas de las diócesis en donde estuvo, aunque la mayoría son representaciones artísticas en labras que tienen algunas variantes sobre sus armas completas46. Consideramos que la imagen más fiable de las mismas son las que aparecen en la portada de las Constituciones de 1512, que muestran un partido con las armas de los Deza y los Tavera47, que encontramos coloreado en un conjunto de azulejos de la misma época donde añade una orla tomada del Salmo 51 (Miserere mei, Deus) que dice: Cor mundum crea in me, Deus, et spiritum rectum innova in visceribus meis (Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí), que a veces aparece no completa y colocando entre las palabras cuatro cruces blancas y negras, las propias de la orden de Predicadores48. El mismo diseño de las Constituciones de 1512 se ve en el interior de una Inicial heráldica en la obra Didaci deza archiepiscopi hispalensis Novarum deffensionum doctrinæ Angelici doctoris beati Thomæ de Aquino (Sevilla, Jacobo Cronberger, 1517).
Alonso Manrique de Lara49, obispo de Córdoba (1499-1516), hizo un sínodo en su diócesis que fue impreso como Constituciones e estatutos fechos e ordenados por el muy reverendo e muy magnífico señor don Alonso Manrique, por la gracia de Dios e de la sancta yglesia de Roma obispo de Badajoz (Salamanca, Juan de Porras, 1501) (BNE R/26546) (figura n.o 30a), en cuya portada aparece su escudo con las armas familiares de los Manrique de Lara, que son muy conocidas, un cuartelado formado por las calderas de los Manrique y el león rodeado de una bordura componada de castillos y leones que perteneció a don Fadrique, duque de Benavente, hijo bastardo de Enrique II, cuya hija ilegítima, Leonor de Castilla, casó en 1408 con Pedro Manrique de Lara, señor de Amusco, Treviño y Paredes de Nava, aunque el diseño de las armas de éste último terminó siendo un equipolado de León y Castilla para conseguir una mejor representación de las mismas50. Por todo ello llama mucho la atención que cuando pasó a la sede de Córdoba y celebró en la catedral un sínodo para su diócesis el 9 de marzo de 1520, que fue publicado poco después como las Constituciones sinodales del obispado de Cordoua (Sevilla, Jacobo Cromberger, 10 de enero de 1521) (BNE R/31557) (figura n.o 30b) el escudo de su portada muestra sus armas de forma errónea, ya que no sólo el escudo está ranversado, es decir las calderas aparecen en el 2 y 3 y el equipolado en 1 y 4, sino que además el equipolado sólo lleva los castillos, han desaparecido los leones, por todo lo cual me imagino que el obispo no debió quedar muy satisfecho con esta representación. De hecho su posterior traslado a la sede de Sevilla hizo que su escudo apareciera en numerosas portadas de obras posteriores51.
De Fadrique de Portugal (1465-1539)52 tenemos el Breviarium Calagurritanum et Calciatense (Logroño, Arnau Guillén de Brocar, c.1505)53, donde aparece su escudo, un cuartelado con las armas de los Braganza (1,4)54 de su linaje paterno, con un Enríquez con bordura de Manuel (2,3) (figura n.o 31a) que crea de forma específica tras su llegada a España en honor a su linaje materno, y en nuestro caso aparece con una leyenda alrededor que dice: «Regis progenies de sanguine clarus iberus: Quem lusitani progenuere patres... », que destaca su ascendencia regia. Ahora bien es importante destacar que en las posteriores imágenes heráldicas de este prelado, en especial en Segovia y Sigüenza, se observa un cambio en estas armas, ya que el 2 y 3 cuartel pasa a ser un cuartelado formado por las armas plenas de Portugal y las que hemos comentado (figura n.o 31b), de nuevo para reforzar la imagen de su ascendencia regia55.
De Alonso Carrillo de Albornoz, obispo de Avila (1496-1514)56, tenemos su magnífico escudo coloreado en el Missale secundum consuetudinem cathedralis ecclesiae civitatis Abulensis (Salamanca, Juan de Porres, 1 de febrero de 1510) (BNE, Inc. 1044) (figura n.o 32a); De Alonso Suárez de Fuentelsaz (o de la Fuente del Sauce), obispo de Jaén (1500-1520)57 se conserva el Sinodal del obispado de Iaen (Sevilla, Jacobo Cromberger, 1511?), un modelo de vigilancia pastoral y buen gobierno (BNE, R/30211) (figura n.o 32b)58; de Diego Ramírez de Villaescusa, obispo de Málaga (1500-1518)59 tenemos las Constituciones del obispado de Malaga (Sevilla, Jacobo Cronberger, 1512) (Universidad de Granada, BHR/A-035-123 (2)) (figura n.o 33a) que llevan su escudo y su lema «nosce te ipsum» (conócete a ti mismo)60; y de Alfonso Enríquez, obispo de Osma (1506-1523)61 la Compilación delas constituciones que el muy reverendo y magnífico señor don Alfonso Enriquez obispo de Osma hizo et ordeno en la santa sinodo que celebro enla villa del Burgo de Osma a diez dias del mes de octubre en el año de mill et quinientos et honze años (Toledo, Juan Varela de Salamanca, 24 de septiembre de 1513) (Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, 23-V-5 (2.o)), en cuya portada aparece el tradicional escudo de los Enríquez (figura n.o 33b).
Incluso cuando un obispo no estaba en su diócesis podemos encontrar su escudo, y el de sus representantes, en los textos legales de su obispado. Este es el caso de Guillermo de Croy, arzobispo de Toledo (1517-1521)62, y del que fue el gobernador de la archidiócesis en su ausencia, Francisco de Mendoza, arcediano de la Iglesia de Córdoba y gobernador del Arzobispado de Toledo en ausencia del titular de la sede63. Las armas del arzo- bispo, que incluimos en este trabajo porque aunque flamenco de nacimiento fue naturalizado castellano por orden del rey Carlos, aparecen en el Manuale sacramentorum secundum usum alme ecclesie Toletane (Alcalá de Henares, Arnau Guillén de Brocar, 1519) (BNE, U/9970) (figura n.o 34) y en el Diurnum dominicale vel potius ordinarium secundum, vsum alme ecclesie Toletane (Alcalá de Henares, Arnau Guillén de Brocar, 1519) (BNE, M/272)64, donde las rodea la frase «Guillelmus Croianus Cardinalis, Archiepiscopus Toletanus, Hispaniarum primas, Episcopus Camaracensis». En ambos libros aparecen también, al final de los mismos, las armas del gobernador de la archidiócesis, Francisco de Mendoza, un partido con las armas de su padre (los Fernández de Córdoba de Cabra)65 y su madre (los Mendoza de Infantado), con una filacteria en su parte superior con el lema familiar: «Sine ipso factum est nihil» (Evangelio según San Juan, 1,3) (figura n.o 35).
Vamos a terminar este capítulo hablando del cardenal Cisneros, cuya obra y personalidad son ampliamente conocidas. Fray Francisco Jiménez de Cisneros (1447-1517), franciscano, provincial de su orden y confesor de la reina, fue electo arzobispo de Toledo el 20 de febrero de 1495 por deseo expreso de la reina Isabel, y consagrado como tal el 11 de octubre de ese año. Fue creado Cardenal por el papa Julio II en el consistorio de mayo de 1507 recibiendo el título de Santa Balbina (17 de mayo de 1507), siendo poco después nombrado Inquisidor General (15 de junio)66. Fue un gran mecenas y apostó desde el inicio de su pontificado por el uso de la imprenta, ya sea en temas religiosos, de disciplina eclesiástica, como en culturales. En sus primeros años al frente de la sede toledana encargó a diversas imprentas la edición de distintos libros y en ellos colocó no su heráldica familiar sino la institucional de la archidiócesis toledana, algo que no hemos visto en este período en otras sedes. Es de sobra conocido que en Toledo domina la figura de San Ildefonso, el prelado visigodo que dirigió la sede entre 657 y 667, y que fue protagonista de un milagro, en el cual la Virgen María se le apareció la noche del 18 de diciembre de 665, le hizo arrodillarse ante ella y le dijo: «Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería», y a continuación le impuso la casulla, dándole instrucciones de utilizar esa prenda sólo en las festividades dedicadas a Ella. Estos hechos están recogidos en la tradición desde época muy temprana y lo detalla por ejemplo Gonzalo de Berceo. Pues bien, desde al menos mediados del siglo XIII el cabildo catedralicio decidió usar como emblema la imagen de este milagro, como puede verse en sus sellos67, y en general en numerosas representaciones que aparecen en manuscritos, edificios, etc...68 y sigue siendo a día de hoy el escudo de la archidiócesis. Los arzobispos usaron también esta escena como contrasello en sus sellos de cera ojivales, al menos desde el pontificado de Sancho de Aragón (1266-1275)69, y también como sello secreto, con la leyenda específica que indica ese uso70. Es decir, en época de Cisneros la imagen del Milagro de la Casulla era usada por el Cabildo toledano de forma genérica y por los arzobispos de forma personalizada, en el caso de Cisneros en sus sellos de placa y de cera añade la cruz patriarcal y el capelo con la leyenda: «INDUI EUM VESTIMENTO SALUTIS SACERDOTES EIUS INDUAM SALUTARI»71 (figura n.o 36), y en otros soportes, como las labras heráldicas y las portadas xilográficas, añade a su alrededor el cordón de San Francisco72.
Cisneros encargó realizar impresiones desde poco después de su acceso al pontificado y también le fueron dedicadas otras, como ejemplo podemos señalar las realizadas en Salamanca, donde en el Tractatus de confessione de Sebastian de Ota (Typ. Nebrissensis: «Gramática» (Haeb. 470), c. 1497) (Biblioteca de Castilla-La Mancha, Inc 7 (3)) aparece el escudo como hemos comentado (con capelo, cruz y cordón franciscano), mientras que en las Constituciones del Arzobispado de Toledo ordenadas por Fray Francisco Jiménez de Cisneros. Tabla de lo que han de enseñar a los niños (Salamanca, Juan de Porras / Tip. de Nebrija: "Gramática" (Haeb. 470), a expensas de Francisco Gorricio, 22 de diciembre de1498) (BNE, Inc.1278) lo que se coloca al final del libro es la firma del arzobispo y su sello (figura no 38). También aparece este diseño de escudo en las obras realizadas en Burgos, la Suma de confession de fray Antonio, arzobispo de Florencia, de la orden de los predicadores (Fadrique de Basilea, 6 de julio de 1499), (BNE, Inc.2369) (figura n.o 39a) y ya en Toledo lo encontramos en el Missale Toletanum (Pedro de Hagenbach, a expensas de Melchor Gorricio, 1499) (BNE, Inc. 1137) (figura n.o 39b) y en el Missale mixtum secundum regulam B. Isidori, dictum Mozarabes (Pedro de Hagenbach, a expensas de Melchor Gorricio, 1500) (BNE, Inc. 15).
Este modelo heráldico va a sufrir un único cambio, sólo en las portadas xilográficas, y no en otros soportes, cuando a la composición tradicional se le añada en la parte superior la figura de un serafín alado en figura de hombre crucificado que envía sus estigmas a un fraile franciscano, que claramente muestra como el propio San Francisco recibe, después de solicitarlos, la impresión de los estigmas de Cristo. Esta imagen la podemos ver en la portada del Cancionero de diuersas obras de nueuo trobadas: todas compuestas: hechas corregidas por el padre fray Ambrosio montesino de la orden de los menores (Toledo, Sucesor de Pedro de Hagenbach, 16 de junio de 1508) (BNE, R/10945)73 (figura n.o 40a). Este mismo diseño se mantiene en el tiempo, y lo encontramos en el Libro dela bienauenturada Sancta Angela de Fulgino: en el qual se nos muestra la verdadera carrera para seguir las pisadas de nuestro redemptor y maestro Jesuchristo... (Toledo, Sucesor de Pedro de Hagenbach, 24 de mayo de 1510) (BNE, R/8583), y con ligeras cambios estéticos en las Farsas y eglogas al modo y estylo pastoril y castellano fechas por Lucas Fernandez salmantino (Salamanca, Lorenzo de Liondedei, 10 de noviembre de 1514) (BNE, R/9018) (figura n.o 40b).
Esta portada con el escudo arzobispal de Cisneros añadiendo la concesión de los estigmas a San Francisco lo encontramos por primera vez en la obra llamada Tostado sobre el Eusebio, que son los comentarios que hizo Alfonso Fernández de Madrigal, el Tostado, obispo de Avila (1454-1455), sobre la obra del obispo Eusebio de Cesárea en cinco libros, impresos en Salamanca por Hans Gysser entre septiembre de 1506 y abril de 1507 (cinco volúmenes) (Biblioteca Pública de Ávila, PA 120/856 (1))74 (figura n.o 41). Lo importante para nuestro estudio es que bajo ella aparecen otros dos escudos, que siempre se han catalogado simplemente como «escudos cardenalicios», lo cual es un grave error. El de la derecha es el propio del autor, Alfonso Fernández de Madrigal, como puede comprobarse en su monumento sepulcral abulense, y el de la izquierda pertenece a Diego de Anaya y Maldonado (1357-1437), que fue arzobispo de Sevilla (por eso la cruz de metropolitana en el escudo), y creador del Colegio Mayor de San Bartolomé en la Universidad de Salamanca (1401), conocido también como Colegio Mayor de Anaya o Colegio viejo, que tomó como armas las de su fundador, y fue allí donde estudió el Tostado, llegando a ser profesor e incluso rector del mismo, por lo cual la colocación de este escudo es un homenaje al arzobispo sevillano por su fundación universitaria y su relación con el autor75. De hecho numerosas obras del Tostado publicadas años después van a llevar estos dos escudos como una especie de marca de autor, como vemos en el Beati Alphonsi Thostati episcopi abulenssis super Leuiticum... (Venecia, Pedro Liechtenstein, 1529) (UCM, BH FOA 592) (figura 42b), donde se colocan a los lados inferiores de un gran escudo imperial.
Junto a este escudo institucional personalizado, Cisneros va a utilizar también un escudo con sus armas familiares, en especial en las obras que van a salir de la imprenta que fundó en Alcalá de Henares para que sirviera las necesidades de la nueva Universidad Complutense, creada alrededor del Colegio Mayor de San Ildefonso. En 1502 invitó a que se trasladara allí al impresor Estanislao Polono, que llevaba tiempo trabajando en Sevilla, pero en 1504, y dada la lentitud de las obras volvió a Sevilla, y cuando se iniciaron las clases en 1508 no había un impresor en la villa, hasta que por fin en 1511 abrió allí su taller Arnao Guillén de Brocar. Y de ese taller salieron muchos libros con el escudo del Cardenal en la portada, como por ejemplo La vida de la bien auenturada sancta Caterina de Sena / trasladada de latin en castellano por el reuerendo maestro fray Antonio dela peña... Y la vida dela bien auenturada soror Ioana de orbieto y de soror Margarita de castello (marzo de 1511, R/8075); la Deuotissima exposicion sobre el psalmo de Miserere mei deus de fray Girolamo de Savanarola (septiembre de 1511) (BNE, R/31172); el Opus Absolutissimum rhetoricorum georgii trapezuntii cum additionibus herrariensis (diciembre de 1511) (Universidad de Salamanca, BG-34205); Obra de las epístolas y oraciones de la bien auenturada Virgen Sancta Catherina de Sena de la Orden de los Predicadores las quales fueron traduzidas del toscano en nuestra lengua castellana por mandado del muy ilustre y reverendissimo señor el cardenal de España Arcobispo dela sancta iglesia de Toledo (22 de noviembre de 1512) (BNE, U/7093), Nouum testamentum grece et latine in academia complutensi nouiter impressum (10 de enero de 1514) (BNE, U/5890), Haec tibi pentadecas tetragonon respicit illud, Hospitium petri et pauli ter quinque dierum... (1515) (BNE, Sala Barbieri, M/268) y otros muchos. El escudo siempre aparece bajo capelo cardenalicio y acolado de la cruz de metropolitano, y el diseño siempre fue el mismo (figura n.o 43), realizado en blanco y negro o bien en rojo, y seguirá utilizándose después de su muerte en su gran fundación complutense, al convertirse en el emblema del Colegio Mayor de San Ildefonso76.
Como vemos los escudos impresos de los eclesiásticos son también muy escasos en los incunables, pero a partir de 1501 se van haciendo cada más comunes, en especial en temas normativos relativos a sus diócesis, aunque también los encontramos como mecenas y receptores de la dedicación de diversas obras, donde tenemos que destacar como figura señera la de Francisco Ximénez de Cisneros, cardenal arzobispo de Toledo77.
LOS ESCUDOS DE LA NOBLEZA LAICA
Frente a la preponderancia del escudo real y de los escudos eclesiásticos en los impresos de esta época, la presencia de los escudos de la nobleza laica son relativamente escasos en estos años en los incunables y postincunables castellanos, tal vez por no tener para ellos la imprenta la importancia legislativa que tenía para la Corona y la Iglesia. Además la gran nobleza siguió prefiriendo los grandes manuscritos iluminados como objetos de prestigio, en cualquier caso hay muy escasos autores entre sus filas y pocos mecenas, aunque sí aparecen en varios ejemplos donde se les dedican distintas obras por parte de autores que buscan su protección o están relacionados directamente con ellos, pero en general vemos que son ya bastante tardíos, todos posteriores a 1510.
Veamos los grandes señores a los que les dedican diversas obras en este período. La Glosa famosissima sobre las coplas de don jorge manrrique, glosa hecha y compuesta por el licenciado Alonso de ceruantes (Sevilla, Jacobo Cromberger, entre 1508 y 1510) (BNE, R/4133) (figura no 44a)78 está dedicada a don Alvaro de Zúñiga, II Duque de Béjar79, donde se dice: «dirigida al muy illustre y muy magnifico señor el señor don Alvaro de cugniga, duque de Bejar, marques de Gibraleon, conde de Bañares, Justicia mayor de Castilla. Señor de las villas de Burguillos y Capilla». que sucedió en sus estados a su abuelo (muerto en 1488), destacándose en la guerra de Granada, fue partidario del rey Felipe el Hermoso en su disputa con Fernando el Católico, siendo recompensado por el rey Carlos nombrándole caballero del Toisón de Oro (1519), murió en 1531. En la portada de esta obra no sólo aparecen las muy conocidas armas de su linaje80, en este caso invertidas, sino que bajo ellas aparecen unos versos sobre la importancia de las mismas.
En la siguiente obra encontramos el escudo del personaje más famoso del período, Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), el Gran Capitán, que aparece en la portada de la obra De los remedios contra prospera y aduersa fortuna de Francisco Petrarca; Francisco de Madrid... la traslacion que hizo de latin en romance (Valladolid, Diego de Gumiel, marzo de 1510)81 (figura n.o 44b), que se inicia con una «Carta para el Excellente y muy Illustre señor el señor Don gonçalo fernandez de Cordova. Duque de sesa, de terranova y Santangelo. Marques de Bitonto. Gran Condestable del Reyno de Napoles82, etc. y por merecido renombre gran Capitan de España. Embiada por Francisco de Madrid, Arcediano de Alcor y Canonigo en la iglesia de Palencia sobre la traslación que hizo del latin en romance al libro que el famoso poeta filosofo y orador Francisco Petrarca donde se dice: «dirigida al muy illustre y muy magnifico señor el señor don Alvaro de cugniga, duque de Bejar, marques de Gibraleon, conde de Bañares, Justicia mayor de Castilla. Señor de las villas de Burguillos y Capilla». que sucedió en sus estados a su abuelo (muerto en 1488), destacándose en la guerra de Granada, fue partidario del rey Felipe el Hermoso en su disputa con Fernando el Católico, siendo recompensado por el rey Carlos nombrándole caballero del Toisón de Oro (1519), murió en 1531. En la portada de esta obra no sólo aparecen las muy conocidas armas de su linaje80, en este caso invertidas, sino que bajo ellas aparecen unos versos sobre la importancia de las mismas. En la siguiente obra encontramos el escudo del personaje más famoso del período, Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), el Gran Capitán, que aparece en la portada de la obra De los remedios contra prospera y aduersa fortuna de Francisco Petrarca; Francisco de Madrid... la traslacion que hizo de latin en romance (Valladolid, Diego de Gumiel, marzo de 1510)81 (figura n.o 44b), que se inicia con una «Carta para el Excellente y muy Illustre señor el señor Don gonçalo fernandez de Cordova. Duque de sesa, de terranova y Santangelo. Marques de Bitonto. Gran Condestable del Reyno de Napoles82, etc. y por merecido renombre gran Capitan de España. Embiada por Francisco de Madrid, Arcediano de Alcor y Canonigo en la iglesia de Palencia sobre la traslación que hizo del latin en romance al libro que el famoso poeta filosofo y orador Francisco Petrarca compuso de los remedios contra prospera t adversa fortuna. La qual dirigio a su muy Magnifica señoria». No es necesario glosar aquí la figura del Gran Capitán, sólo decir que permaneció en una suerte de exilio interior en sus últimos años, vigilado de cerca por Fernando el Católico, tal vez por ello la dedicatoria de esta obra. En la portada se coloca su escudo cuartelado con las armas de los Córdova (1) y Enríquez (3), como linajes propios de su varonía, y los de Manrique (2) y Mendoza (4) por su segunda esposa83, María Manrique de Lara84. Este mismo diseño heráldico lo tenemos en una plaqueta donde el escudo aparece acolado sobre el águila propia de la Casa de Aguilar, teniendo como tenantes a Hércules (con la piel del león y la clava) y Jano (con sus dos caras y sosteniendo dos llaves); con la leyenda CONSALVVS AGIDARIVS TVR (cis) GAL (lis) DEI R (egis) Q (ve) C (ausa) D (evictis) DICTATOR III. PARTA ITALIAE PACE IANVM CLAVSIT, donde «Gonzalo de Aguilar» aparece como vencedor de los turcos y los franceses y pacificador de Italia, que es igual a la imagen que aparece en el pomo de su espada que actualmente se conserva en la Armería del Palacio Real de Madrid85. También con el mismo diseño tenemos el escudo colocado en los muros exteriores de la Capilla de San Giacomo della Marca, en la iglesia de Santa Maria la Nova de Nápoles, realizado por orden del Gran Capitán durante su gobierno como Virrey86, por lo cual podemos considerar que este modelo era el que usaba nuestro protagonista en los últimos años de su vida87 y que los impresores de las ediciones comentadas conocían. En la fachada de la iglesia del monasterio de los jerónimos de Granada, donde terminaron descansando sus restos años después, el escudo que aparece es más complejo, es un partido donde aparece en primer lugar un cuartelado con las armas de su ascendencia paterna: de Fernández de Córdoba, Herrera, Ramírez de Arellano y Enríquez88; mientras el segundo lugar lo ocupa un cortado con las armas de su segunda mujer, Manrique de Lara y un partido de Mendoza y Figueroa.
En la obra Francisco Petrarca con los seys triunfos de toscano sacados en castellano con el comento que sobrellos se hizo por Antonio de Obregon (Logroño, Arnau Guillén de Brocar, 20 de diciembre de 1512) (BNE, R/2540) (figura n.o 45a) la dedicatoria se hace a don Fadrique Enríquez (1460-1538), Almirante de Castilla89. Fadrique Enríquez de Velasco era hijo de Alonso Enríquez, III Almirante y de María de Velasco (hija del conde de Haro), sucediendo a su padre en 1485 como señor de Medina de Rioseco, en 1490 como Almirante y en 1506 a su tío como conde de Melgar. Era primo hermano del rey Fernando el Católico y uno de sus grandes apoyos, casó a principios de los 80 años con una rica heredera, Ana de Cabrera (c. 1466-1526), condesa de Modica en Sicilia y Vizcondesa de Cabrera y Bas en Cataluña, un enlace patrocinado personalmente por el rey Fernando, y en las capitulaciones matrimoniales (ratificadas por los reyes en Toledo el 21 de julio de 1480) se fijó la unión de los apellidos y las armas de ambos90, por ello el Almirante pasó a ser conocido como Fadrique Enríquez de Cabrera, cuartelando sus armas con las de su esposa, y así aparecen en este impreso91.
El escudo muestra las armas de los Enríquez en el primer y cuarto cuartel, así como el emblema de la dignidad de su cargo de Almirante de Castilla en la bordura, y las de su mujer (un terciado de Cabrera-Prades-Bearn) en los cuarteles segundo y tercero. Don Fadrique recibió formalmente el título de Almirante de Granada algunos años después de la conquista del reino, el 27 de agosto de 1503 (siendo confirmado en el cargo por doña Juana y Felipe el Hermoso desde Bruselas el 20 de octubre de 1505 y por Fernando el Católico el 26 de enero de 1510 «por todos los días de su vida»)92, además recibió en 1519 el Toisón de oro, estando su escudo en el coro de la catedral de Barcelona, aunque con ligeras variantes con respecto al del impreso. En la catedral los cuarteles de su esposa pasan a ser solo un partido de Cabrera y Prades al que se añade una bordura de Bearn, que se va a componar con las anclas del almirantazgo de los Enriquez, este mismo diseño se aprecia en distintas piedras armeras de su villa de Medina de Rioseco, y en la iglesia del convento de San Francisco, así como en el armorial de Bernat Llupiá, (Biblioteca de Catalunya, Ms. 698) (figura 45b), que se data de la primera mitad del siglo XVI93.
En la obra del médico Diego Alvarez Chanca, Comentum nouum in parabolis diui Arnaldi de villa noua ad illustrissimum archorum ducem editum per egregium doctorem Didacum aluari chanca, impressum ex mandato predicti domini ducis (Sevilla, Jacobo Cromberger, 1514) (BNE, R/16441 (1)), que sirvió a los Reyes Católicos y acompañó a Colón en su segundo viaje a los Indias, siendo uno de los primeros en describir la flora y fauna americana, aparece en la portada el escudo de Rodrigo Ponce de León (m. 1530), I duque de Arcos (1493), marqués de Zahara, conde de Casares94, señor de Marchena y de Villagarcía, etc.95 Este libro fue financiado por el duque, y por ello el autor le dedicó un prólogo elogiando grandemente a su mecenas. De nuevo el duque aparece como protagonista en el Tractado de la miseria de los cortesanos que escriuio el papa Pio (II) ante que fuese Sumo pontifice a vn cauallo su amigo (Tractado llamado el sueño de la fortuna). Y otro tractado de como se quexa la Paz. Compuesto por Erasmo varon doctissimo. Y sacados de latin en romance por el arcediano de Seuilla don Diego lopez (de cortegana) (Sevilla, Jacobo Cromberger, 27 de abril de 1520) (BNE, R/8078) (figura n.o 46), que el autor le dedica «al muy illustre y muy magnifico señor don Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos, señor de marchena, etc.».
Pasamos ahora a escudos matrimoniales, donde la protagonista es la mujer. En la traducion del dante de lengua toscana en verso castellano por el Reuerendo don pero fernandez de villegas arcediano de burgos (Burgos, Fadrique de Basilea, 2 de abril de 1515) (BNE, R/2519) (figura n.o 47a) se dice que el libro está hecho «por mandado de la muy excelente señora doña Juana de Aragón duquesa de Frias y condesa de Haro, fija del muy poderoso Rey don Fernando de Castilla y de Aragón llamado el Catholico». Esta Juana de Aragón (1471-1510), era hija natural del rey Fernando el Católico96, y fue la segunda esposa (1502) de Bernardino Fernández de Velasco y Mendoza (m.1512), conocido como el Gran Condestable, que fue primer duque de Frias (1492), además de III conde de Haro, etc. Si nos fijamos en el escudo es un partido «matrimonial», primero aparecen las armas de los Velasco, y luego las de Juana de Aragón, en idéntico diseño al que usó su medio hermano Alonso, arzobispo de Zaragoza, lo que llama la atención por ser una tipología no estrictamente «canónica»97. El libro termina con otro escudo, esta vez del traductor, Pedro Fernández de Villegas (1453-1536), humanista, protegido de la duquesa de Frías, arcediano de la catedral de Burgos (1497), de hecho su sepulcro está situado en la girola de dicha catedral, recibiendo autorización del cabildo para hacerlo en 1503, que muestra una heráldica algo diferente a la del impreso98.
De la misma Casa de Frías tenemos otro ejemplo de escudo matrimonial, que aparece en el Remedio de Jugadores compuesto por... fray Pedro de cobarrubias dela orden delos predicadores (Burgos, Alonso de Melgar, 24 de noviembre de 1519), (Banco de España, FEV-SVP- 00281) (figura n.o 47b) donde el autor nos dice que es «confessor de la illustre señora doña María de Tovar duquesa de Frias etc», siendo la obra hecha «a instancias del muy illustre señor don Yñigo fernandez de Velasco, condestable de castilla duque de frias etc.». Iñigo (1462-1528) era el hermano del anterior duque, Bernardino, y como tal su padre buscó para él un matrimonio con una heredera, en este caso María de Tovar, que aportaba un importante patrimonio, entre los cuales se encontraban las villas de Berlanga y Gelves, y en las capitulaciones (1482) se decidió que el primogénito, Pedro, recibiría el nombre y armas de los Tovar, haciéndose para él un mayorazgo (1509), revocado en 1512 al pasar a ser el heredero de los duques de Frias, creando uno nuevo (1517) para su segundo hijo, Juan, que recibiría el nombre y armas de los Tovar. Don Iñigo fue uno de los principales personajes del reino, en especial durante las crisis sucesorias, recibió el Toisón (1519), y se destacó en la Guerra de las Comunidades y contra Francia. El escudo es muy similar al que hemos visto de su hermano y cuñada, un partido con las armas de los Velasco y los Tovar, aunque esta vez no aparece timbrado de ningún coronel, algo que sí aparece en el frontis del coro del monasterio de Santa Clara de Medina de Pomar, donde ambos están enterrados99.
Como ejemplo de un autor perteneciente a la nobleza podemos citar a Francisco de Castilla, hijo de Alfonso de Castilla, y de Juana de Zúñiga, hija de los condes de Nieva, y nieto de Pedro de Castilla, obispo de Palencia (por tanto descendiente directo de Pedro I), que escribe Theorica de virtudes en coplas de arte humilde con comento y Practica de las Virtudes de los buenos reyes de España en coplas de arte mayor, dedicadas al rey Carlos I (Murcia, Jorge Costilla, 1518) (BNE, R/12194) (Figura n.o 48), añadiendo que hace la obra siendo gobernador de las ciudades de Baza, Guadix y Almería, con las otras ciudades y villas de la Axarquía, y diciendo que encomienda la corrección de su obra a su hermano, don Alonso de Castilla, que era del consejo del rey nuestro señor100. Parece que quería aprovechar la llegada del nuevo rey para promover su carrera y por ello en la portada de su obra coloca el nuevo escudo real y bajo él el de su familia, bien conocido por todos y que mostraba su ascendencia regia.
Por último y aunque nos vayamos de fecha, citamos la obra Los triumphos de Apiano (Valencia, Juan Joffre, 1522) (UCM, BH FLL 29451) (figura n.o 49) donde aparecen las armas de Rodrigo Diaz de Vivar y Mendoza (1466-1523), marqués de Cenete (1491) y conde del Cid (1492), hijo natural del Cardenal Pedro González de Mendoza, a quien se dedica la obra citándole como «Al Illustrissimo señor el Marques don Rodrigo de Mendoça» y se ensalzan sus virtudes en la portada con diversas frases elogiosas sobre sus méritos y servicios a la Corona. Casó en 1493 con Leonor de la Cerda (m. 1497), hija y presunta heredera del V Conde y I Duque de Medinaceli, Luis de la Cerda, por lo cual cuarteló sus armas con las de su mujer, aunque en esta imagen solo aparecen las lises de Francia y no hay referencia a las armas propias del cuartelado real castellano-leonés. No tuvieron herederos y Rodrigo perdió la herencia del ducado de Medinaceli, pero mantuvo hasta su muerte estas armas. Luego casó con María Fonseca101 y podemos ver sus armas, con estas mismas características, en Guadix, en el castillo de la Calahorra, y en Ayora.
Para tener más información sobre la heráldica, reyes de armas y escritos relacionados con estos temas en la Castilla del tránsito del siglo XV al XVI pueden consultarse, entre otras, las obras de Diego de Valera, Tratado de las armas o Tratado de los rieptos y desafíos, Fernando Mexia, Nobiliario vero, Pedro de Gracia Dei, heraldo y rey de Armas de los Reyes Católicos, que escribe Blasón general y nobleza del universo, Blasones de los principales linajes de Castilla, Vergel de Nobles de los linajes de España, o el Nobiliario, Garci Alonso de Torres, Los Blasones de armas, y el Espejo de Nobleza, Diego Hernández de Mendoza, Libro de Armería, o Alonso Fernández de Madrid, Armería o blasones de la nobleza castellana escrito por autor curioso que vivía por los tiempos de los Reyes Enrique, Fernando e Isabel y del Emperador Carlos V102, estando la mayor parte de estas obras disponibles en su forma manuscrita en la Biblioteca Nacional de España.
CONCLUSIONES
En este breve estudio hemos podido ver cómo la revolución de la imprenta va a ser imparable, aunque los grandes libros manuscritos seguían siendo objetos de lujo y prestigio van a perder la batalla frente a los impresos y pronto van a sustituirlos, aunque hay un período de transición, que es el que estamos viendo, donde poco a poco los nobles se van a acercar a estos impresos, ya sea como autores, promotores o por ser a quien se dedican estas obras, además de usarlos, en especial la Corona y la Iglesia, como correa transmisora de sus normas. Por todo ello van a empezar a aparecer los escudos de armas en ellos, obviamente los de los Reyes, con los problemas tipológicos que hemos comentado, y luego los episcopales, para terminar con los escudos de los grandes nobles laicos, que son bastante tardíos, todos en postincunables103. Es muy interesan- te ver el diseño de estos escudos, la mayor parte muestran las armas de un único linaje, la combinación de armerías es la excepción, y siempre se hace por un motivo concreto, también aparecen los escudos matrimoniales, vemos que en el caso de los laicos no hay consenso en el uso o no de coroneles sobre el escudo.
Todo esto nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de crear una base de datos lo más completa posible con la heráldica que aparece en estos impresos, que nos puede ayudar mucho en las investigaciones no sólo heráldicas, nobiliarias y genealógicas, sino también en las relacionadas con las tipobibliografías e historia del libro.
Este trabajo sigue abierto, al mismo habría que añadir los escudos de Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque en las Ordenanzas de la Villa de Cuéllar y su Tierra (Juan de Burgos, Valladolid, 1500), el de Gutierre de Padilla, Comendador Mayor de Calatrava en La Conquista de Navarra de Luis Correa (Juan Varela de Salamanca, Toledo, 1513), y el del canónigo sevillano Jerónimo Pinelo en el Aurea hymnorum totius anni expositio (Sevilla, 1516- 1517), y espero poder ir añadiendo más según avance la investigación.
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