Headnote
Palabras clave: Martín de Redín, Gran Priorato de Navarra, Orden de San Juan de Jerusalén, Orden de Malta, historia moderna de España, monarquía hispánica.
Keywords: Martín de Redín, Grand Priory of Navarre, Order of Saint John of Jerusalem, Order of Malta, modern history of Spain, Spanish monarchy.
IntrOduccIón
Históricamente, se ha conocido al periodo de reinado de los Austrias Felipe III, Felipe IV y Carlos II como «Austrias menores»; esta denominación es totalmente injusta, ya que fue en este periodo donde se vivió el Siglo de Oro español, pero no solo influyó en el campo de la literatura, donde figuras como Quevedo, Cervantes, Lope de Vega, etc., son indiscutibles; o en el de las artes plásticas, donde podemos nombrar, por ejemplo, a Velázquez, Murillo y Ribera; sino que personajes de gran relevancia en la política, el campo militar o la vida religiosa destacaron de forma prominente en la monarquía hispánica. Durante la edad moderna, los caballeros de las lenguas españolas tuvieron mucha importancia en el gobierno de la Orden de San Juan, alcanzando varios de ellos, puestos de gran importancia, no solo en el gobierno y administración en la lengua aragonesa o castellana, sino que alguno de ellos alcanzó el cargo de gran maestre de la Orden de Malta. Tomemos como ejemplo el caso de Martín Redín, religioso, militar y político, que alcanzó las más altas cotas posibles en todas estas facetas de su vida, y que, de manera injusta es tampoco conocido en nuestra historia. Con este artículo, se pretende revertir al menos con una pequeña aportación este hecho.
InFancIa y FOrMacIón
Martín de Redín y Cruzat nació en Pamplona el 23 de octubre de 1590. En el Palacio Cruzat de la familia materna, y fue bautizado en la parroquia de San Cernin, situada en la espalda de dicho palacio2. Su padre fue Carlos Redín, nacido en Pamplona en 1535. Desde muy joven, comenzó una carrera militar y sirvió al rey en Flandes y Milán, participando también en el año 1571 en la batalla de Lepanto. Estuvo bajo el mando de Álvaro de Bazán3. En el campo político se sabe que fue también consejero de virreyes de Navarra. La familia Redín ostentaba el título de barón de Bigüezal, este título fue otorgado por Juan II de Navarra en el año 1453, sin embargo, no fue reconocido por la casa de Austria hasta el año 1631, cuando Juan de Redín, hermano de Martín, consiguió que el rey reconociera este título. Desde mediados del siglo XVI, los señores de Redín participaban activamente en el gobierno del reino, siendo convocados a las cortes del reino de Navarra por parte del brazo militar. Su madre, Isabel Cruzat provenía de una familia de origen francés y que, desde el siglo XIII se encontraban asentados en Pamplona, en el burgo de San Cermín. El matrimonio Redín-Cruzat tuvo nueve hijos de los cuales cuatro fueron varones. Excepto el hijo mayor, los otros tres tuvieron notables carreras militares. Poco después del nacimiento de Tiburcio, hijo menor del matrimonio, murió el patriarca de la familia, por lo que la educación de todos los hijos recayó en Isabel; que inculcó un carácter fuerte, y una férrea espiritualidad a todos sus hijos; muchos de los cuales, acabaron profesando en la vida religiosa, como veremos más adelante.
Juan Redín, el hijo mayor y quien heredó la baronía en la casa, fue llamado a cortes al morir su padre en 1597. Ejerció como cabeza de familia hasta 1604, cuando profesó, benedictino en el convento de Oña. Impartió clases en las universidades de Irache y Oña, y desde este punto paso al convento de San Martín en Madrid. Poco antes de su muerte; fue considerado para ser nombrado obispo de Puerto Rico, sin embargo, debido a su fallecimiento, nunca se produjo este nombramiento.
Miguel Adrián Redín, tercer hijo varón del matrimonio, llegó a ser capitán de Mar y Guerra y Maestre de Campo, vistió el hábito de Calatrava. Combatió junto a su hermano Tiburcio en varios destinos militares, como pueden ser la contienda del Milanesado o la guerra de Pavía. Murió el 15 de septiembre de 1633 combatiendo frente a Puerto Rico, mientras tenía responsabilidades similares a las de Tiburcio en el Caribe4.
El hermano menor, Tiburcio Redín5, es sin ninguna duda, después de Martín, el hermano que va a alcanzar una mayor notoriedad. Destacó por una brillante carrera militar, se decantó por las armas, con tan solo 14 años, sirviendo junto a su hermano Miguel Adrián, en las batallas del Milanesado, muy probablemente como paje. Pronto se hizo conocido por sus hazañas militares y un fuerte carácter, Durante su carrera militar ejerció cargos de diversa índole, hasta que en 1637 comenzó el noviciado en los capuchinos, tras profesar en esta Orden, cambió su nombre por el de fray Francisco de Pamplona6. Su cambio fue tan radical que sorprendió a quienes le conocían por su carácter indómito y su pasado turbulento.
Durante su vida religiosa, Redín mantuvo su temperamento fuerte, pero lo canalizó hacia la disciplina y la misión. Se cuenta que incluso como fraile, en situaciones de peligro, no dudaba en recurrir a su experiencia militar para proteger a los suyos, como cuando defendió un barco de misioneros de un ataque holandés.
Su vocación misionera le llevó a América, donde fue uno de los grandes impulsores de las misiones capuchinas en Venezuela. Allí, su conocimiento del Caribe y su energía fueron fundamentales para la labor evangelizadora y para la defensa de los intereses españoles frente a otras potencias europeas. Se le recuerda como uno de los frailes que más contribuyó a la consolidación de la presencia capuchina en la región.
Una vez que hemos profundizado en el contexto familiar de Martín de Redín, continuamos con su formación durante la juventud. Cursó humanidades y filosofía en el colegio que los jesuitas habían fundado hacía poco en la capital navarra7, en el año 1580; aquí también estudió su hermano Miguel. En 1609 profesó como caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén8. Probablemente influenciado por sus parientes maternos, Luis Cruzat y Miguel Cruzat, que ocuparon la dignidad de grandes priores del reino. Entre 1570 a 1591, el primero, y de 1591 1602, el segundo. El mismo Martín de Redín ocupará esta dignidad más adelante, como se explicará en el presente artículo.
la Orden sanJuanIsta y el gran PrIOratO de naVarra9
La historiografía clásica de la Orden organiza su estudio de acuerdo con cuatro grandes etapas. La primera, desde su fundación en tierra santa, antes de 1095, hasta la pérdida de la encomienda de san Juan de Acre (1291). La segunda, desde este año hasta el abandono de la isla de Rodas (1523). La tercera, desde la implantación en el archipiélago de Malta hasta la expulsión napoleónica, acontecida en 1789; y, por último, una cuarta etapa que abarcaría desde el período de la dispersión territorial de los caballeros sanjuanistas por Europa, tras el abandono de la isla, hasta su radicación en la ciudad de Roma, a mediados del siglo XIX10.
Como caballero Navarro, pertenecía a la lengua de Aragón y Navarra, las lenguas en la Orden de San Juan de Jerusalén van aparecer en el siglo XIII como solución para facilitar el gobierno de la propia Orden, en un principio eran siete, pero para compensar los poderes internos en el año 1464, la lengua hispánica se dividirá en dos, por un lado la lengua de Aragón y Navarra, que estará comprendida por los prioratos navarro, el catalán y la Castellanía de Amposta; y por el otro lado, la lengua de Castilla, que englobará a los caballeros castellanos y portugueses11. A su vez, cada lengua o provincia se dividirá en, grandes prioratos, prioratos, bailiajes y encomiendas. Juan Francisco Baltar, hablando del Gran Priorato de navarra en el siglo XVII apunta que:
«...contaba la Orden de Malta con catorce villas, veintiuna iglesias y heredades distribuidas en algo más de 250 lugares del reino»12.
carrera MIlItar y POlítIca
En el año 1609 Martín de Redín ingresa como novicio en la Orden de San Juan de Jerusalén, cómo era la costumbre, la formación militar y de noviciado se solía recibir entre Italia y Malta. Era obligatorio para todos los caballeros, como bien lo señala José Ramón Vallespín13. Las caravanas eran servicios militares embarcados en las galeras de la Orden, normalmente en la isla de Malta, donde los caballeros participaban en patrullas, combates navales y operaciones de vigilancia marítima. Estas campañas eran consideradas una forma de «noviciado militar» y tenían un fuerte componente espiritual, ya que se entendían como actos de sacrificio y defensa de la fe14. Normalmente todos los caballeros al ingresar en la Orden debían cumplir al menos con dos caravanas, lo que hacía un total de unos seis meses de noviciado militar.
En el año 1621 el conde-duque de Olivares va a llegar al poder como valido de Felipe IV. Mientras tanto en Francia, Luis XIII tenía como valido al cardenal Richelieu; esta rivalidad entre los dos modelos de monarquía no solo es una competencia entre dos potencias europeas, sino un choque de modelos de gobierno y estrategias políticas. En palabras de Luis Suárez;
«para Olivares, el orden internacional en Europa debía ser la consecuencia de un acuerdo y colaboración de los monarcas católicos»15.
En contraposición a la forma de pensar del valido francés, Richelieu pensaba que
«la religión pertenece al ámbito de la opción personal y no debe emplearse en las grandes cuestiones políticas que corresponden a los estados»16.
Parece probable que las primeras hazañas militares de Martín tuvieran lugar en el marco de la guerra de los 30 años, qué es la forma habitual de conocer este periodo de rivalidad entre Francia y España; concretamente en la Valtelina17, este valle estratégico de los Alpes estuvo en continuo conflicto entre los años 1620 y 1625. España, que controlaba el Milanesado, apoyó a los católicos de esta zona en contra de la República de Venecia y el reino de Francia. Este punto era fundamental para asegurar las comunicaciones imperiales de los tercios que iban desde el Milanesado hasta Flandes. También parece que tomó parte en las campañas militares cuando el ejército al mando del marqués de Espino, con tropas de los Países Bajos y Milanesado ocupó el Palatinado y participó en la batalla de la Montaña Blanca, cerca de Praga, lo que ayudó a que los Habsburgo consolidaran su posición en la Europa central. Es en este momento, cuando fue ascendido a Maestre de Campo18. Ya en el año 1617, Martín de Redín era capitán de Galera y ocasionalmente, almirante de la flota en aguas de Sicilia. Dos años antes fue nombrado comendador. También como Maestre de Campo, en 1622 participó en la batalla de Fleurus, cuando las tropas de la monarquía hispánica, al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba, consiguieron la victoria en la batalla contra los protestantes en Mansfeld.
En el año 1632 Martín fue nombrado gran prior del reino de Navarra. Como ya lo fueran sus tíos maternos. La cabecera del gran priorato estaba en Puente la Reina en la iglesia del crucifijo19; también contaba con una casa prioral en Tudela y otra en Pamplona, al menos desde el siglo XVI20. Y como bien apunta Juan Francisco Baltar, en su artículo «La estructura de la Orden de San Juan de Jerusalén en la edad moderna»:
«Desde el siglo xiv el Gran Prior de la Orden entraba en las Cortes de Navarra dentro del brazo eclesiástico ocupando el asiento siguiente al obispo de Pamplona»21.
Desde el año 1512, cuando el reino de Navarra fue incorporado a la corona de Castilla, éste fue un punto fundamental para la monarquía hispánica en su estrategia contra Francia. Durante el reinado de Felipe IV (1621-1665), España vivió una etapa de esplendor cultural y de ambiciosa política imperial, liderada por el conde-duque de Olivares. Este periodo estuvo marcado por una lucha encarnizada por la hegemonía europea, en la que Francia emergió como el principal rival de la monarquía hispánica. Las tensiones entre ambas potencias se intensificaron en el marco de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), una contienda que comenzó como conflicto religioso pero que evolucionó hacia una guerra política por el dominio continental22.
Pamplona se fortificó de una manera estratégica con la Ciudadela, que aún hoy se conserva en buena parte. Destacan algunos elementos como murallas y baluartes; la Ciudadela, que tiene forma de estrella, aspecto este que permite realizar una defensa de la ciudad, mucho más efectiva, ya que posibilita a los arqueros y soldados cubrir muchos más ángulos. Dentro de la guerra y tensiones entre Francia y España, en el año 1636, las tropas españolas ocuparon temporalmente San Juan de Luz y la localidad vecina de Ciboure, pero esta acción militar fue un fracaso. Como consecuencia, se esperaba una respuesta francesa en represalia. Aprovechando su experiencia militar y los contactos, que como caballero de la Orden de Malta tenía Martín de Redín, y pensando que Pamplona sería el sitio elegido por los franceses para contragolpear a España, Redín, que actuaba bajo el mando del virrey Francisco María de Carraffa, duque de Nocera; se volcó en la estrategia defensiva, organizó las defensas en Burguete-Roncesvalles y en Maya (valle de Baztán), y se encargó de la guarnición y abastecimiento de la ciudadela de la capital del reino23. Supervisó el aprovisionamiento tanto de víveres como de pólvora, organizó levas para defensa y como ya se ha comentado, su experiencia en Italia y Flandes le permitieron tomar decisiones modernas de defensa. Hoy en día, existe un baluarte en Pamplona que se conoce con el nombre de Redín, en honor a quien ostentaba el cargo de gran prior de Navarra, realizando importantes mejoras de fortificación. Es esta zona el mejor punto defensivo de la ciudad, ya que es el menos accesible de todas las fortificaciones, en cada uno de sus ángulos, se localizaban cañones que cubrían todos los ángulos de tiro. Finalmente, los franceses asediaron Fuenterrabía, que dependía de la capitanía general de Navarra. El «socorro de Fuenterrabía» (1628), fue un éxito inmediato, en aquel momento se convirtió en motivo de orgullo navarro, la nobleza, acudió masivamente a la defensa; a diferencia de lo que sucedió simultáneamente en el otro flanco del frente contra Francia con la recuperación del castillo de Salses, en el Rosellón, donde encontraron la muerte muchos caballeros catalanes.
Martín de Redín como gran prior de Navarra, ejerció de agente de la corona, actuando continuamente entre el reino de Navarra y Madrid, la capital de la monarquía hispánica. Tenía autoridad en el nombramiento de jueces; administradores de las encomiendas, así como potestad para presentar temas de nombramiento de alcaldes, en las localidades que estaban bajo la jurisdicción del gran priorato. Ejercía la jurisdicción baja y media en las villas como Ribaforada Cabanillas, defendiendo siempre ante el Consejo real y la corte, los privilegios y derechos de la Orden frente a la Corona.
La crisis de 1640 supuso la desintegración temporal de la monarquía hispánica, con revueltas en Cataluña, Portugal y otros territorios periféricos. Este contexto es fundamental para comprender la trayectoria y el papel de Martín Redín, figura clave de la nobleza y administración navarra, cuya actuación se inscribe en la defensa de los fueros y la autonomía regional frente al centralismo de Olivares. En palabras de Comellas
«los reinos periféricos abandonan a Castilla, directora y patrocinadora de una política que rebasaba las posibilidades y las fuerzas de España24».
Luis Suárez, analiza el movimiento político que el conde-duque intentó llevar a cabo para que el esfuerzo económico se repartiera de una manera más equitativa entre los reinos que conformaban la monarquía hispánica. Esta política se suele conocer con el nombre de unificación de armas. Cuando Olivares presionó las juntas de los reinos de Valencia y Aragón consiguió a duras penas, que las cortes aceptasen esta medida, sin embargo, en Cataluña, esta medida no fue aceptada de buena gana.
«La mayor parte de los gastos recaían sobre Castilla. Olivares intentó alcanzar un equilibrio unificando las obligaciones, aunque para ello tuviera que suprimir o alterar usos y costumbres en los otros reinos. Así despertó una fuerte oposición que, trabajada por dinero británico y francés estalló en 1640»25.
Al contrario de lo que ocurriera en Portugal o en Cataluña, aunque en Navarra, encabezado por el capitán Iturbide, hubo algún intento de secesión y, desde luego se palpaba el descontento en algún aspecto de la población, agentes como Martín de Redín, forman parte de esa respuesta a la crisis que, frente a una rebelión supusieron una defensa activa de la autonomía foral, pero siendo leales a la monarquía hispánica26.
Los hostigamientos de holandeses ingleses a las posesiones portuguesas en América, sin que el ejército español pudiera hacer mucho para mejorar esta situación, hicieron que a partir de 1630 surgieran movimientos independentistas en Portugal.
La política de Olivares tampoco ayudó a que mejorara esta situación. Así pues, al grito de «¡abajo los impuestos!» en el año 1634 había estallado un motín en Évora27, éste pudo ser rápidamente sofocado; sin embargo, el 1 de diciembre de 1640 se produjo el levantamiento de Lisboa; y en este caso no se pudo revertir.
Felipe IV había confiado en el duque de Braganza para intentar revertir la situación, sin embargo, éste aprovechó para hacerse con el trono portugués con el nombre de Juan IV. Las revueltas en Cataluña y los esfuerzos en la guerra exterior contra Francia, hicieron que definitivamente los reinos de Portugal y la monarquía hispánica, tomaran caminos diferentes.
El caso catalán, va a estallar el 12 de junio de 1640, durante la festividad del Corpus Christi, el virrey de Cataluña, el vizconde de Santa Coloma, fue asesinado con bastantes de sus colaboradores en el motín, conocido históricamente como «els segadors». Se creó una nueva Diputación encabezada por el canónico Claris, y un representante del estamento de la nobleza llamado Tamarit; quienes reconocieron a Luis XIII como rey legítimo. Richelieu aprovechó la ocasión para enviar un ejército, e incorporó el Rosellón y la Cerdeña a la corona francesa, estos territorios nunca volverán a ser españoles28.
La política ofensiva de Olivares no daba para más; Felipe IV va a destituir al conde-duque, que morirá poco después en Toro. Le va a sustituir Luis de Haro, lo que dio posibilidad al apaciguamiento de los reinos peninsulares. El nuevo valido estaba convencido que si respetaba los fueros catalanes, usos y costumbres, la rebelión acabaría siendo dominada; ese mismo año de 1642 también fallece el cardenal Richelieau, a quien el propio Quevedo, calificó como «Rey sin reino, cardenal, sin iglesia». La derrota en Rocroi supuso un punto de inflexión que va a desencadenar con las revueltas principalmente de Cataluña y Portugal29. En palabras de José Luis Comellas:
«España se ve obligada a admitir, con la pérdida de su hegemonía en el mundo, la realidad de un mundo nuevo»30.
Aquí es donde la figura de Martín Redín cobra relevancia, pues representa a esa parte de la sociedad navarra que, si bien defendía los fueros y la identidad propia, optó por la lealtad a la monarquía ante la crisis y la amenaza de desintegración total. Así podemos encontrar a Redín tomando parte en la guerra de Cataluña, en la que combatió también como maestre de campo general. Durante las campañas 1640 y 1641 involucrándose también en la movilización del Reino para la reconquista de Lérida, a la que acudió personalmente Felipe IV. Finalmente, Cataluña volvió a ser española a excepción del Rosellón y la Cerdeña, como ya se ha dicho antes. El pueblo catalán se vio obligado a decidir entre el férreo centralismo francés, o la nueva política del valido Haro, que, proponía devolver los fueros anteriores.
El 13 de mayo de 1646, Redín fue elegido diputado del Reino por el Brazo Eclesiástico, cargo que desempeñó hasta la convocatoria de los Tres Estados en 1652. Los méritos demostrados en el campo militar en estos años le promocionaron al cargo de capitán general de Galicia, y gobernador de este territorio. De manera interina, sustituyó al marqués de Valparaíso, quien había sido relevado del puesto por las protestas que las juntas gallegas habían levantado contra él por su dureza en el reclutamiento de soldados, pertrechos y marineros, además de los altos impuestos que exigía a la población. El 27 de mayo de 1642 tomó posesión del cargo que ocupara hasta el 26 de agosto del siguiente año. Al igual que hiciera en Navarra, Redín se dedicó a la tarea de reparar fortificaciones de la frontera y preparar y adiestrar a las tropas. En los meses de julio y agosto de 1642 presidió las juntas de Tuy y al año siguiente, en los meses de enero y febrero las de La Coruña. Acabó con las incursiones portuguesas en la frontera de Sanabria y de Verín, pero no tuvo la misma suerte en Salvatierra, donde el conde Castell Melhor consiguió hacerse con la plaza, que los portugueses retuvieron durante 10 años31. Tampoco tuvo buena fortuna con las levas para reemplazar las tropas que su predecesor como virrey de Galicia había mandado reclutar.
Desde la paz de Westfalia, Redín estuvo actuando entre Navarra, Madrid y Malta, donde defendía los intereses de la Orden y de la monarquía hispánica, para que los barcos pudieran transitar de manera segura en el estrecho de Mesina, defendiendo el comercio de alborotadores franceses, quienes, aprovechando la enemistad entre Francia y España intentaban sacar beneficios. Así pues, parece que en 1654 Martín de Redín se encontraba por tierras sicilianas, quizás preparando, el que parecía inminente relevo del gran maestre, Lascaris32. Durante estos años, vuelve a destacar como hábil administrador en la construcción de fortalezas defensivas y también como político dentro de la Orden.
En octubre de 1656 murió repentinamente el virrey de Sicilia, Juan Téllez Girón, duque de Osuna, a los pocos meses de ser designado para el cargo. En caso de que el virrey falleciese, debía sucederle en el gobierno, por este orden: su hijo el duque de Uceda, o el arzobispo de Palermo, o Martín de Redín. Pero Uceda estaba en España y el obispo de Palermo también había muerto por aquel entonces, por lo que la lugartenencia de Sicilia correspondió al prior de Navarra. El 4 de noviembre de 1656, Martín de Redín tomó posesión del gobierno de Sicilia en Palermo, pero muy pronto, para estar mejor informado de lo que ocurría en Malta, se trasladó a la ciudad rival de Mesina33, desde la que es mucho más fácil la comunicación con La Valeta. Como virrey de Sicilia, va a entablar lazos muy importantes para el interés político de su vida, forjó una muy buena amistad con el delegado Pontificio en Sicilia, y el propio Papa Alejandro VII le concedió en el año 1657, la valiosísima reliquia del Lignum Crucis que hoy se puede venerar en la localidad navarra de Redín. Cuna de la familia paterna de Martín34.
etaPa cOMO gran Maestre
Tras la muerte de Lascaris, Martín de Redín, elegido gran maestre de la Orden de Malta, no sin dificultades. No fue esta la primera vez que había sido pretendiente al trono, cuando fue elegido el provenzal, Redín fue un fuerte candidato, pero las tensiones entre Francia y España hicieron que retirarse su candidatura35. Como ya se ha mencionado anteriormente, desde tres años antes, debido a la avanzada edad de Juan Pablo Lascaris-Castellar, se fueron urdiendo las intrigas palaciegas para preparar su sucesión desde las diferentes lenguas de la Orden. Podemos afirmar que existían dos bandos cuyos candidatos eran los mejores posicionados para alcanzar la más alta magistratura dentro de la Orden de Malta. De una parte, el candidato francés propuesto por el gran Inquisidor Julio de Oddi, que además ostentaba el cargo de delegado pontificio ante la Orden Sanjuanista. Y por otra parte los partidarios de Redín, quien aprovechó su posición como virrey de Sicilia y su dilatada experiencia militar para hacer valer su candidatura36.
Julio Oddi obtuvo un breve de su santidad37 para colocar a su candidato en el gobierno de la Orden, pero con ayuda de don Antonio Correa Souza, comendador perteneciente a la lengua de Castilla, y con las habilidades políticas que ya había desarrollado consiguió desnivelar la balanza a su favor. Con una abrumadora mayoría, los miembros del Sacro Consiglio, eligieron a Martín de Redín y Cruzat como gran maestre de la Orden de Malta. Pero el gran inquisidor lo acusó de simonía38, pues estaba convencido que el navarro había comprado los votos para resultar elegido. Redín actuó de manera muy inteligente y decidió no dar tiempo a su adversario para reaccionar; Se embarcó en Mesina rumbo a Malta. En una carta que le dirigiera al Cardenal patrono lo describe así:
«En desembarcando fuí a la Iglesia acompañado del Concilio entero, el clero y los Caballeros quienes me escoltaron en procesión y después de cantar el Te Deum Laudamus, y tomárseme el juramento usual, fuí colocado en el Trono y puesto en pacífica posesión de la dignidad que debía a la Divina Bondad y al cariño de estos mis buenos religiosos. El dicho Inquisidor toleró contra su voluntad estos hechos resueltos en contra de sus deseos y no cesando en su propósito de excluirme por sus caprichos y orgullosos propósitos y escarmentado por el poco éxito de sus primeros ensayos, quiso aun intentar otro que fué repartir con sigilo entre los Caballeros in cierto Breve, copia del cual le incluyo a Su Eminencia y del que tenía yo la menor noticia hasta después que terminada la función me posesioné del Palacio Magistral.
Mi presencia y sobre todo el favor de Dios evitó un gran escándalo, y por si el demonio no cesa en sus diabólicas sugestiones y se da lugar a escándalos que hasta pudieran ser causa de derramamientos de sangre, ruego a Vuestra Eminencia que como Protector mío y de esta Religión se digne ahorrarnos del disgusto que este hombre furioso ha excitado y que Su Santidad no preste oído a sus malos informes y espere hasta que el Signor Bichi que está minuciosamente informado de todo y va a hacer pronto el viaje a Roma diga lo que él ha visto personalmente y obtenga después que el Inquisidor sea castigado, conforme a sus merecimientos y grandes faltas para que todo redunde en la debida justicia de Su Santidad y en la más pronta obediencia de la dicha Religión a sus mandatos.
De todo esto estoy bien seguro será intérprete mío y de la Orden Vuestra Eminencia de la que quedo infinitamente obligado besando su mano, etc. De Malta 27 septiembre 1657. Su afectísimo servidor,
El Gran Maestre, Redín»39.
Pero su jugada política no quedó sólo aquí, sus enemigos, franceses e italianos seguían maquinando contra él; por lo que también decidió escribir a el papa Alejandro VII, con el cual tenía relación, de su época de virreinato en Sicilia, y como se ha explicado antes, había obtenido de él la reliquia que hoy se puede venerar en Redín. Además, el papa Alejandro VII, cuando fue elegido el gran maestre de Lascaris, ejerció también el cargo de gran inquisidor y delegado pontificio, por lo que conocía bastante bien las intrigas que podían darse en la elección el nuevo gran maestre.
«Vengo a postrarme a los pies de Vuestra Santidad, rogándole humildemente crea que soy inocente de las calumnias de que soy objeto puesto que ni de pensamiento ni de hecho he deseado la Magistratura de esta Orden con fin distinto que el servicio de Dios y el de emplear los talentos que su Divina Majestad me ha concedido, dado el miserable estado en que el mundo se halla hoy día, hacer el mayor beneficio posible desde el trono de esta Religión a tantos pobres vasallos que se encuentran en mísera condición. No tema, Santo Padre, que la elevación a esta dignidad la emplee en enriquecerme, pues no habiéndome dejado Dios cercano pariente en condición de heredarme, todo lo que la religión me dé, a ella volverá. Mi natural condición, Santo Padre, es la milicia, en la que cuanto en ella adquirí sirviendo a mi Rey, en él y en mis soldados lo he gastado y cuando tuve que residir en Malta al servicio de la Orden. Mi mesa ha estado siempre dispuesta y mi dinero a disposición para cuanto Caballero necesitado lo solicitaba, muchos de los cuales en vez de alabar mi liberalidad se han convertido en mis enemigos tan poco agradecidos que dicen lo que hice mal intento, y me llaman despectivamente generoso limosnero atacando mi reputación. A pesar de todo les perdono para que Dios me perdone, etc.».
Martín de Redín apenas pudo desempeñar el cargo durante dieciséis meses. La firma de la paz de los Pirineos permitió restablecer la colaboración entre los caballeros de ambas nacionalidades, que se hacía más urgente por los avances turcos en el Mediterráneo oriental. Dedicó gran parte de su gobierno a reforzar las defensas de Malta, aprovechando la experiencia militar que había adquirido en estos años, y continuando la labor que su predecesor ya había iniciado.
Es interesante que veamos un poco cuál era la situación del archipiélago maltés antes de la llegada de los caballeros en 1530, cuando el emperador Carlos V donó el feudo a los caballeros de San Juan. Hasta este momento, el archipiélago maltés dependía del virreinato de Sicilia, y por lo tanto se regía por las leyes aragonesas. La ciudad más importante era la de Mdina, y existían unos órganos de gobierno llamados Universitas. Hasta la llegada de los sanjuanistas, las universitas eran las responsables de ocuparse del mantenimiento de las murallas y la construcción de torres vigías, así como de proporcionar el personal y material necesarios para la defensa. Pero después de 1530, aunque los caballeros permitían cierta autonomía a estas antiguas organizaciones, la defensa del territorio era un aspecto demasiado importante para dejarlo en manos de esta organización. «después de 1530, la responsabilidad general de la defensa de las islas recayó en la congregación de fortificación y guerra, un subcomité del órgano rector de la Orden, Il Consiglio40». Desde la llegada de los caballeros, la vida de la población local cambió; ya que las estructuras de gobierno tradicionales quedaron supeditadas a las de la Orden. Ciertamente la población maltesa se benefició de la simbiosis con los caballeros, pero también tuvo sus inconvenientes, ya que, para levantar estas magníficas fortificaciones, tuvieron que costear los trabajos con impuestos. Durante el periodo que los caballeros sanjuanistas gobernaron la isla de Malta estos tuvieron poca relación con la nobleza local, que normalmente prefería vivir en Mdina41.
Como gran maestre, la mayor aportación de Martín Redín en el ámbito militar, fue la construcción de 13 torres defensivas42. Estas torres eran visibles la una desde la anterior, y así sucesivamente, permitiendo una efectiva defensa de las embarcaciones que transitaban entre el Gran Puerto y la isla de Gozo. Usó como modelo alguna torre defensiva que había ya diseñado Lascaris43. También se ocupó de reforzar las defensas de parte de la isla, costeando los trabajos de su bolsillo. También corrió con los gastos del personal y material que estas torres, conocidas como torres de Redín necesitaban para su funcionamiento. Otorgó el dinero necesario para esta mansión hasta el día de su muerte. Promovió también el que se creara un cuerpo de 4000 mosqueteros con la población autóctona, pues sabía que era una ventaja que conociesen perfectamente el terreno44. En el ámbito sanitario, en el año 1631, los caballeros se vieron obligados a cerrar el Hospital femenino de La Cassetta por el deterioro que sufría el edificio. Los caballeros hospitalarios son conocidos por la asistencia sanitaria que especialmente se dispensaba en la Sacra Infermeria, que llegó a convertirse en uno de los hospitales más importantes de Europa. Pero en esta institución solo se trataban varones, porque eran los mismos Freire los que dispensaban de atención. Por esta razón la Orden pronto vio la necesidad de abrir un hospital femenino. Es el propio de Redín, el que se dio cuenta de la necesidad de mantener abierta esta institución, que consiguió reabrir en el año 1559.
Durante su corto gobierno, consiguió ganarse hasta la amistad de los que en un principio fueron sus adversarios. Gracias a sus contactos en Sicilia, mantuvo bien abastecida la isla, procurando en todo momento que no faltasen los alimentos. Favoreció siempre las buenas relaciones de la Orden, tanto con la monarquía hispánica, como con el resto de monarquías europeas, y, por supuesto con Roma; pero defendiendo siempre la independencia de la Orden.
Martín Redín y Cruzat falleció en La Valeta el 6 de febrero de 1660, y fue enterrado en la Concatedral de San Juan en la Valeta, en la capilla, que la lengua de Aragón tiene en la capital maltesa.
cOnclusIón
Martín Redin fue un sanjuanista militar y político, que jugó un importante papel en la monarquía hispánica de su tiempo, leal a sus principios, defendió siempre los intereses de Navarra y de la Orden. Como hemos visto, alcanzó tanto como político como militar y religioso, los más altos objetivos. Convirtiéndose en el único monarca Navarro del siglo XVII.
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