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La guerra es una actividad política por más que se presente muchas veces en términos militares. Lo que es justo pertenece a la ética o al Derecho. La idea de la guerra justa, cargada de contradicciones, plantea un discurso eterno y ajeno a su marco temporal. Y, además, no lo resuelve al sumar dos conceptos ubicados en planos distintos. Las guerras justas son contrarias al comercio político y favorecen la expansión de la violencia al dotarla de una coartada o legitimación. Esto hace que tiendan a lo total y resta opciones a la política. De hecho, la paz se basa no en la justicia sino en la injusticia que, siendo consciente de ella, resulta soportable para las partes. Paradójicamente, las guerras injustas, entendiendo por tales aquellas que, por ejemplo, se encuentran próximas al bandidaje, en tanto que privadas de su legitimación, tienden a ser limitadas y resultan más accesibles desde la perspectiva del comercio político. Esto es, son más acordes a la naturaleza política -que no sacra- de la guerra.