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Javier Fernández-Sebastián. Key Metaphors for History. Mirrors of Time. London and New York, Routledge, 2024, 338pp.
La metáfora ha constituido históricamente -y continúa siendo- una herramienta lingüística fundamental para la transmisión de significado con una destacada presencia en el lenguaje en general y, por supuesto, también en el historiográfico. Reunir una muestra representativa del conjunto de metáforas más empleadas en el lenguaje histórico e historiográfico y examinar sus implicaciones epistemológicas representa el principal objetivo de Javier Fernández Sebastián en su Key Metaphors for History, que nos brinda de la mano de la editorial Routledge. Aunque carecemos de espacio para referir exhaustivamente la dilatada trayectoria de Fernández Sebastián, sin duda un denominador común que caracteriza a toda su producción historiográfica es su particular preocupación por el lenguaje en tanto que medio fundamental con el que se construye y difunde el conocimiento histórico.
Así, desde sus estudios socioculturales sobre la formación de la cultura política del fuerismo en el País Vasco del tránsito entre los siglos XVIII y XIX o sobre el lenguaje del primer liberalismo hispano, Fernández Sebastián comenzó hace ya más de un cuarto de siglo a ocuparse de introducir y desarrollar en el ámbito hispanoparlante la historia conceptual de matriz koselleckiana. Fruto de esa labor nacieron las monumentales empresas colectivas que supusieron los diccionarios de conceptos, tanto los de conceptos políticos y sociales del XIX y XX español como el del mundo iberoamericano, editado este en varios volúmenes. Por su parte, su más reciente Historia conceptual del Atlántico ibérico (2021) puede leerse como un cuadro sinóptico de ese conjunto de transformaciones conceptuales operadas en los albores de la modernidad en el vasto espacio iberoatlántico y en el que ya uno de los capítulos se dedica expresamente a analizar la naturaleza metafórica de buena parte del lenguaje histórico. A este capítulo se suman otras incursiones puntuales efectuadas a lo largo de la última década en el campo de la metaforología en las que Fernández Sebastián iba anunciando varias de las líneas de interpretación más extensamente desarrolladas en la obra que aquí reseñamos1.
Este Key Metaphors for History supone la culminación y sistematización de ese esfuerzo en pos de elucidar la funcionalidad de la metáfora histórica y ofrecer una guía al historiador -extensible a cualquier autor del campo de las ciencias sociales- para orientarse ante los multiformes usos de las metáforas. A caballo entre la teoría de la historia, la historia intelectual y la filosofía de la historia, el libro es, ante todo y como declara el propio autor, una invitación a "tomarse en serio" la historia de las metáforas. Aunque a veces desconsiderada como poco más que un frívolo artificio retórico con el que fascinar -y con ello confundir- al receptor, una de las tesis fuertes de la obra consiste en subrayar el importante papel de la metáfora a la hora de narrar los acontecimientos y procesos históricos y, por tanto, de moldear la visión que se tiene sobre estos.
Convendría comenzar refiriendo, siquiera brevemente, algunos de los presupuestos de la obra, pertinentemente enunciados en un capítulo introductorio que constituye al mismo tiempo una reflexión ontológica sobre la propia metáfora como instrumento lingüístico. En primer lugar, esta se refiere principalmente -lo que ya es mucho- a lo que, sensu lato, se conoce como tradición occidental. Ello implica, como es lógico en una obra con esta temática de cariz lingüístico, un cuidado e ilustrativo manejo de la etimología, mayoritariamente griega y latina, de varias de esas metáforas, así como un escrupuloso trato de la evolución de esos vocablos tanto en las lenguas romances como en las germánicas, las dos principales familias lingüísticas de las que provienen las metáforas analizadas. Por otro lado, el tratamiento diacrónico de toda esa tradición occidental, judeocristiana y grecolatina requiere asimismo de una vasta erudición, hábilmente desplegada, que va transportando al lector por obras, autores y citas desde la Antigüedad Clásica hasta la historiografía más reciente, pasando por la escolástica medieval o la tratadística moderna, todo lo cual constituye una fuente de placer y estímulo intelectual para el lector. Otro importante rasgo que destacar es el importante espacio dedicado a las representaciones visuales de esas metáforas, que por medio de dibujos, cuadros, pinturas, grabados, caricaturas y todo un conjunto de fuentes visuales han contribuido asimismo a su popularización y fijación en el imaginario popular2.
Con todo ello, uno de los objetivos de la obra es vencer el tradicional reparo que despertaba el estudio de la metáfora, presente por ejemplo en filósofos como Hobbes o Descartes, por su carácter demasiado abstracto o fantasioso o su aparente condición de obstáculo al verdadero conocimiento. Estas reticencias han ido siendo superadas en las últimas décadas por buena parte de la historiografía y en particular por autores como Hans Blumenberg, la principal autoridad en el campo de la metaforología. Incluso ha llegado a plantearse, desde posiciones empiristas y positivistas extremas, la completa erradicación de la metáfora de la escritura de la historia, algo a todas luces imposible, habida cuenta de la naturaleza metafórica de una parte sustancial del lenguaje. Dada esa naturaleza abstracta y alegórica del conocimiento y ante las limitaciones de algunos conceptos para una comprensión lingüística más compleja de la realidad, el éxito de la metáfora, una de las herramientas autopoiéticas del lenguaje, radica en su utilidad para la producción de significado y ganar expresividad, para "llevar más allá", según la propia etimología metafórica del vocablo. Así pues, el "giro metafórico", esto es, la preocupación por el carácter metafórico del conocimiento histórico, se inscribiría dentro de toda esa serie de "giros" operados por las ciencias sociales en las últimas décadas y del giro lingüístico en particular que vendría a incidir doblemente tanto en la historicidad del lenguaje como en la lingüisticidad de la historia.
Para poner orden en el proceloso maremágnum de metáforas históricas, esta obra ofrece no tanto un compendio exhaustivo de la inabarcable panoplia de metáforas que pueblan la escritura de la historia, sino un agrupamiento y estudio de algunas de las más representativas y socorridas, convenientemente ilustradas mediante numerosos ejemplos de uso. Entre las analizadas, se cuentan tropos de cierta naturaleza temporal -historia, historiador, historicidad, tiempo histórico y temporalidad o la tríada pasado, presente y futuro-, términos técnicos como proceso, evento o transición o nociones típicas de la modernidad como crisis, revolución, progreso o decadencia. En primer lugar, se analiza la propia noción de historia, objeto de innumerables analogías, como las de la historia como espejo, maestra (Cicerón), juez, prisión, fantasma, sombra, país extraño, conjunto de estratos, pesada carga o marcha triunfal, por citar solo algunas de las tratadas en el libro. Y sobre la historia, todo un cúmulo de expresiones metafóricas ampliamente difundidas, como las de "aprender de la historia", "las lecciones de la historia", "hacer historia", "la corriente de la historia" -que, por supuesto, arrastra consigo a lo que se sitúa contracorriente-, "el registro histórico", "los anales de la historia" o "estar en el lado bueno/ malo de la historia", expresión esta última que se ha vuelto bastante popular en los últimos años en el lenguaje de las redes sociales. Entre esa serie de expresiones metafóricas habitualmente asociadas a la historia, tenemos también ese "basurero de la historia" al que Trotski enviaba a los mencheviques, las "cenizas de la historia" a las que Reagan predijo se iba a reducir el comunismo o la "absolución de la historia" que Fidel Castro proclamaba iba a alcanzar.
Por su parte, el historiador, el encargado de escribir, registrar, consignar, narrar o referir esa historia, es comparado habitualmente de modo metafórico con oficios como los de notario, educador, moralista, pintor, fotógrafo, traductor, intérprete, médium o detective, profesiones generalmente con un considerable componente creativo y dotadas asimismo de una importante responsabilidad y autoridad (piénsese si no en la figura del historiador/juez y la historia/tribunal, una de las imágenes más utilizadas). Ese historiador acometería su labor pertrechado de un conjunto de herramientas metodológicas y categorías analíticas plasmadas habitualmente en una serie de metáforas arquitectónicas (base, estructura, pilares...), geológicas (estratos, intrusiones, superposiciones...), astronómicas (planetas, satélites, estrellas, órbitas, además de la clásica de revolución), ópticas (lente, zoom, enfoque, punto de vista) o hidrológicas (corriente, ola, marea). Incluso algunas corrientes historiográficas han sido asociadas con ciertas metáforas: la fijación por las "estructuras" para Annales -recordemos que Braudel popularizó asimismo la metáfora de la espuma, las olas y las aguas profundas de la historia para la jerarquización de los hechos históricos-, la "historia desde abajo" de los historiadores marxistas británicos o el "microscopio" o "la gota en el mar" para la microhistoria.
Por supuesto, el tiempo, como objeto de análisis preferente para el historiador, ha dado pie a numerosas metáforas, como las de círculo (cíclico), flecha (lineal y unidireccional), espiral, helicoide, escalera, río heraclitiano, torrente, uróboros del eterno retorno, fénix de la resurrección, candelabro, árbol con múltiples ramas o cadena con diversos eslabones, por citar algunas de las que se desgranan con más detalle en la obra. Unos tiempos, por supuesto, que cuentan con su propio "espíritu", "atmósfera", su genius seculi, su Zeitgeist, tiempos de aceleración o estancamiento, pero también tiempos turbulentos (otra metáfora hídrica), convulsos, oscuros o sangrientos. Y ejerciendo de transición entre los diferentes "tiempos históricos" se yergue un conjunto de metáforas que Fernández Sebastián califica de "transitológicas": tiempos bisagra, puente o umbrales tras los que se abren abismos, grietas, brechas, puertas... La obra se ocupa asimismo del campo metafórico asociado a diferentes corrientes y "modas" historiográficas, como el enfoque constructivista, convertido en la "nueva ortodoxia" para el cambio de milenio y que con sus análisis sobre la "construcción", "invención" o "descubrimiento" de los más diversos fenómenos históricos ha copado la titulología historiográfica desde los ochenta. Las tres categorías temporales básicas de la historia (pasado, presente y futuro) son asimismo abordadas en sus diferentes combinaciones, y en la que el pasado tiende a asociarse al campo semántico de lo esotérico, que incluye espíritus, espectros, fantasmas o almas, mientras que el futuro suele ser metaforizado como una luz brillante, aunque, como se pone de relieve a lo largo de la obra, para la desasosegante posmodernidad parezca haber dejado de alumbrar.
Tras una primera parte en la que se examinan las metáforas asociadas a esos conceptos básicos relacionados con la temporalidad -historia, tiempo, memoria o la triada pasado, presente y futuro-, la segunda se ocupa de otras de las muchas categorías que forman parte fundamental del utillaje del historiador: fuente, acontecimiento, proceso, revolución, crisis, modernidad, secularización, progreso, decadencia y transición, por ejemplo. Entre ellas, el acontecimiento, suceso, evento, fenómeno o hecho, que constituye la "materia prima" de la narrativa histórica, ha dado asimismo pie a un abundantísimo conjunto de tratamientos metafóricos. Estos acontecimientos que, aunque en ocasiones despreciados como mera "espuma de la historia", son habitualmente descritos como terremotos, tormentas, huracanes, erupciones, explosiones o torbellinos que sirven como catalizadores, "chispas que encienden la mecha", vueltas de hoja, parteaguas, puntos de no retorno o de ebullición o líneas de fractura o divisorias. Son corrientes asimismo a este respecto expresiones metafóricas como la química de la "reacción en cadena", la del "efecto dominó", la del "efecto mariposa" y las provenientes de la propia fenomenología histórica: "cruzar el Rubicón", "emprender el camino a Damasco", el "Día D, hora H" o "ser el Vietnam de..." e insértese aquí cualquier derrota histórica que se considere fatídica, del estilo Afganistán como el "Vietnam de la URSS", Argelia como el "Vietnam de la IV República francesa", Yemen como el "Vietnam de Nasser" e incluso "Flandes como el Vietnam del Imperio español", expresiones estas últimas recogidas por quien escribe estas líneas.
Proceso, por su parte, un útil historiográfico básico popularizado como categoría de análisis por Annales, contiene a su vez todo su rosario de tropos asociados que incluye rutas, caminos, senderos, trayectorias, itinerarios, viajes, vaivenes, encrucijadas, bifurcaciones, subidas y bajadas o idas y venidas. Revolución, propiamente una metáfora astronómica, además de una categoría histórica que aúna acontecimiento -traumático- y proceso, es invariablemente asociado con eventos atmosféricos extremos: violentas erupciones, devastadores huracanes, descargas eléctricas, tsunamis terribles u olas imparables. También, según una imagen típicamente marxiana, es identificado como la locomotora impulsora de la historia, pero igualmente, siguiendo la célebre contraimagen de Benjamin, como los frenos de emergencia para una historia desbocada. Por el contrario, la revolución es descrita por sus detractores como un virus, germen, plaga, enfermedad, hidra, diablo, un monstruo que devora a sus propios hijos, un castigo divino, una plaga bíblica, en definitiva, un terrible mal originado por haber abierto la caja de Pandora o de los truenos. Por otro lado, entre los numerosos tropos asociados a la modernidad, y algunos de sus conceptos clave, como racionalización o secularización, tenemos figuras geométricas como la de la espiral o la de la función exponencial, la metáfora aeronáutica del despegue, las weberianas de la "jaula de hierro" y el "desencantamiento del mundo", así como las perspectivas que critican las consecuencias negativas del Antropoceno, desde las que se refieren al "aprendiz de brujo" de Goethe, a las de sustrato mitológico que lo denigran como un "insaciable Moloch" o una suerte de "Prometeo desencadenado".
La conciencia histórica de la modernidad acerca de la magnitud de las transformaciones que producidas durante los últimos dos siglos ha generado asimismo un buen puñado de conceptos históricos relacionados con la idea de cambio histórico. Después de todo, la obra también se ocupa de la creación, apogeo, declive y desaparición de ciertas metáforas, que resultan indicadoras a su vez de las propias transformaciones históricas. Entre las nociones ligadas al cambio, progreso, forjado como singular colectivo durante el XVIII y convertido en guía de la modernidad durante el XIX, ha sido preferentemente asociado con el campo semántico del desarrollo industrial: la locomotora, las ruedas, el engranaje, el ruido, humo y trajín del taller, el salto adelante (metáfora maoísta esta) o la escalera que ascender. Como reverso de progreso, decadencia, la variante más extendida en lenguas romances entre un puñado de sinónimos como declive, degeneración o declinación, ha dado lugar asimismo a todo un conjunto de tropos: el del otoño, los astronómicos del crepúsculo, el ocaso o la luna menguante, el del reflujo del mar o el del naufragio, además de todo un conjunto de metáforas médicas sobre la enfermedad (decrepitud, corrupción) y, seguramente la más gráfica, la de las ruinas. Frente a la decadencia y según esa visión típicamente evolucionista según la cual las sociedades e instituciones "nacen", "crecen", "evolucionan" y, en última instancia, "mueren", aparece toda una amplia terminología referida a la "revitalización", "renovación", "restauración", "regeneración", "resurrección", "reforma" o "restitución" que inunda el lenguaje histórico y político.
Hasta aquí se han recogido y comentado de forma sintética y sucinta solamente algunas entre las muy numerosas metáforas históricas tratadas con mayor complejidad y exhaustividad en este Key Metaphors for History. Si algo queda claro tras su lectura es que las metáforas cumplen una labor fundamental, aunque en ocasiones pase inadvertida, en la concepción que cada individuo se forja de los acontecimientos históricos y que existe todo un argot propio de la metafórica histórica que es empleado muy habitualmente de forma inconsciente. Fenómenos biológicos, zoológicos, vegetales, atmosféricos, astronómicos, médicos, referencias mitológicas o proporcionadas por los propios acontecimientos históricos constituyen, entre muchas otras, como se va poniendo de relieve a lo largo de la obra, los campos semánticos de los que más habitualmente se abastece la heterogénea metafórica histórica.
Otra de las tesis de fondo que el autor se ocupa de subrayar es que, contrariamente a la creencia popular, el pensamiento histórico no se basa solamente en un puñado de conceptos fundamentales, claros y unívocos, sino que "a día de hoy los debates historiográficos fundamentales son más sobre las metáforas fundacionales de la disciplina que sobre sus conceptos". Después de todo, la metáfora, ejerciendo de intermediario semántico mediante una transferencia de significado, resulta de todo menos inocente al subrayar ciertos aspectos y cualidades del objeto metaforizado contribuyendo a formar de ese modo poderosas imágenes mentales de hondo impacto en la concepción histórica acerca de los acontecimientos y procesos históricos. Por ello, lejos de reducirse a un simple rol ornamental, suponen, en virtud de su fuerza expresiva y su poder mnemónico, un "recurso cognitivo" de primer orden con una función epistemológica fundamental en la comprensión de los fenómenos históricos.
Ante ello, la utilidad de esta obra como guía de uso para el estudio de las metáforas históricas dirigida a historiadores y otros científicos sociales es doble. Por un lado, puede servir con vistas a analizar el significado y la finalidad de las numerosas metáforas que pueblan los documentos producidos por los actores históricos, esto es, para un más riguroso y rico análisis de las propias fuentes históricas, en definitiva. Por otro lado, puede ser útil asimismo al historiador durante la fase de escritura para ayudarlo a ser más preciso en el uso de las igualmente abundantes metáforas que jalonan la obra historiográfica y convertirlo en más consciente de las implicaciones semánticas y epistemológicas de estas. Por ello, dada la escasez de manuales que orienten en la utilización de las herramientas lingüísticas empleadas por historiadores, esta obra permanecerá como una referencia fundamental para aquel interesado en refinar su manejo de la metafórica histórica al tiempo que será de utilidad, aunque no sea su propósito explícito, como manual de consulta para el análisis específico de alguna de las metáforas tratadas. De lo que no cabe duda es de que, dada esa naturaleza alegórica del lenguaje a la que aludíamos al comienzo, las metáforas históricas van a seguir poseyendo una destacada presencia en el lenguaje historiográfico y los debates acerca de la conveniencia de algunas metáforas o la inadecuación de otras para el tratamiento de los fenómenos históricos continuarán produciéndose. En todo caso, por el momento disponemos con este Key Metaphors for History de una obra de referencia que nos permitirá examinar con más rigor las metáforas presentes en las fuentes históricas así como ser más conscientes de las implicaciones semánticas y epistemológicas de las metáforas más comúnmente empleadas por los propios historiadores.
1 Véanse por ejemplo Javier Fernández Sebastián, "Metáforas para la historia y una historia para las metáforas", en François Godicheau y Pablo Sánchez León (coords.), Palabras que atan: metáforas y conceptos del vínculo social en la historia moderna y contemporánea, Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2015, pp. 33-62 o su coordinación junto a Faustino Oncina: Metafóricas espaciotemporales para la historia: enfoques teóricos e historiográficos, Valencia: Pre-Textos, 2021.
2 Un análisis del propio autor sobre las metáforas visuales del concepto revolución en "La revolución como movimiento. Algunas metáforas visuales", en Gonzalo Capellán (ed.), Miradas a la España de la Restauración desde la caricatura política, la iconografía y la prensa, Cantabria: Editorial de la Universidad de Cantabria, 2024, pp. 597-632.
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