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El pensamiento liberal de John Stuart Mill es considerado habitualmente como un claro ejemplo de liberalismo progresista y optimista y en gran medida se trata de una interpretación acertada, aunque el propio Mill expresara también sus dudas sobre el futuro del liberalismo y de la democracia, debido fundamentalmente al inexorable advenimiento de las masas al poder. Pues bien, en esas sociedades de masas en las que vivimos actualmente y en un mundo en el que la democracia liberal se haya en una profunda crisis y en el que la pasión dominante a escala global es el miedo, la confianza del pensador inglés en el progreso de la humanidad plantea la cuestión de si es posible aun albergar esperanzas sobre el futuro del orden político liberal o si los remedios en los que él creía -ensayados ya en su mayoría- han quedado obsoletos en un mundo cambiante e inestable en el que el progreso empieza a ser considerado un mito y "una reliquia de la Ilustración". En definitiva, se trata también de analizar hasta qué punto el liberalismo está (o debe estar) radicalmente vinculado a una visión esperanzada y optimista del progreso humano.