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RESUMEN:
Deleytar aprovechando sufrió, al igual que Cigarrales de Toledo, una transmisión textual por partes. Tan solo encontramos cuatro ediciones íntegras desde que hace casi cuatrocientos años saliera a la luz y cada uno de los géneros literarios que la integran (prosa, poesía y teatro) han corrido dispar suerte. Su descontextualización del marco narrativo originario, si bien ha permitido su difusión como obra independiente y la perduración de la obra no necesariamente dramática del autor mercedario, ha afectado también gravemente a la comprensión de la totalidad del volumen. En este trabajo ofrecemos una panorámica pormenorizada de la transmisión que esta miscelánea experimentó desde su publicación en 1635 hasta la actualidad. Para completar el estudio, adjuntamos una noticia bibliográfica que reúne todos los testimonios ordenados cronológicamente.
Palabras claves: Tirso de Molina, Deleytar aprovechando, transmisión textual.
ABSTRACT:
Deleytar aprovechando suffered, like Cigarrales de Toledo, a textual transmission by parts. We can only find four complete editions since it came to light almost four hundred years ago and each of the literary genres that make it up (prose, poetry, and theater) has had a different fate. The decontextualization of its original narrative framework, although it has allowed its dissemination as an independent work and the persistence of the not necessarily dramatic work of the Mercedarian author, has also seriously affected the understanding of the entire volume. In this paper we offer a detailed overview of the transmission that this volume experienced from its publication in 1635 to the present. To complete the study, we attach a bibliographical notice that lists all the testimonies in chronological order.
Keywords: Tirso de Molina, Deleytar aprovechando, Textual transmission.
Once años después de la publicación de Cigarrales de Toledo, el mercedario fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina) vería impresa su segunda miscelánea, Deleitar aprovechando. Con este título, que da buena cuenta de la principal motivación de su autor para con su obra, se publicó en 1635, aunque su composición es muy anterior, pues las distintas piezas literarias que la integran fueron compuestas en diferentes momentos. De este modo, podemos considerar los autos sacramentales como las primeras piezas de la obra escritas entre 1613 y 16151, aunque, como apuntan Kennedy2 y Wilson3, los textos pudieron sufrir retoques y cambios antes de su inserción en la miscelánea, debido a ciertas alusiones posteriores a las fechas propuestas. Lo que es seguro es que a fecha de 26 de febrero de 1632 Tirso acabó de componer el libro, tal como afirma en su último párrafo, y que empleó un año en terminar de pulir las distintas piezas. O, en palabras del autor, «aliñarlas»4.
Si atendemos al contenido del libro, podemos observar cómo el armazón narrativo se estructura en torno al número tres, en una clara alusión al simbolismo cristiano y a la noción teológica de la Trinidad:
Un marco que, derivado del obligado número tres que imponen los tres días de Carnaval, exige tres novelas, tres autos y tres certámenes: un sistema ternario, en que los tres matrimonios organizan cada uno un día, y en este se suceden el relato leído, por la mañana, el auto al comienzo de la tarde, y el certamen a continuación, y todo ello montado en atención al efecto teatral con que la sociedad barroca se deleita5.
Las similitudes con Cigarrales de Toledo son innegables, pero es necesario señalar las diferencias entre ambas obras. Por un lado, la narración que conecta las piezas es lo primero que llama la atención, pues queda relegada a una mera anécdota, un baipás necesario para unificar las distintas piezas literarias, pero que carece de una verdadera profundidad. Tanto los personajes como los espacios son elementos decorativos y pintorescos, artificiales incluso, que nos pasean distraídamente por un Madrid en época de Carnaval hasta llegar a los lugares y momentos clave donde tendrá lugar la manifestación literaria pertinente. Como bien señala Palomo: «Frente a los Cigarrales, la integración de esos elementos en un marco narrativo es una mera fórmula desde el punto de vista formal, como en tantos ejemplos coetáneos»6.
Por otra parte, el tono distintivo de cada miscelánea se define por su enfoque hacia la máxima horaciana de delectare et prodesse, que combina lo útil con lo placentero. En el caso de Cigarrales de Toledo, Tirso adopta una aproximación «profana», mientras que en Deleitar aprovechando presenta un planteamiento «a lo divino». Esta intención la podemos observar tanto en su marco narrativo como en las piezas literarias, cuyo tono pasa tanto por el marco temporal en que se sitúa la narración, como por la temática de las manifestaciones literarias7: tres narraciones históricas en torno a tres personajes santos (santa Tecla, san Clemente y san Pedro Armengol); tres autos sacramentales; y tres certámenes poéticos, dedicados a san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier, a la Natividad de nuestra Señora, y a san Pedro Nolasco y san Ramón Nonato, respectivamente. Así, tenemos dos misceláneas suficientemente diferentes entre ellas, pero, a la vez, con evidentes similitudes.
Es interesante observar que la transmisión textual de esta obra ha seguido un destino similar al de su antecesora8, ya que, desde su publicación en 1635, ha sido raramente impresa en su totalidad y sus distintas partes han seguido trayectorias independientes. Tal como Vázquez destacó en relación con Tirso, «hubo desinterés en editar su obra»9. Esta observación parece corroborarse con los casos que mencionaremos y no podemos dejar de señalar que otras obras en prosa del mercedario tampoco han disfrutado de mucha atención por parte de la crítica, como es el caso de Vida de la Santa madre doña María del Cervellón10 o su Historia de la Merced. A lo largo de la historia de la literatura, la producción dramática del mercedario ha sido valorada muy por encima del resto de su obra, hasta el punto de ensombrecer y opacar al resto de sus creaciones literarias. Esta opinión negativa tuvo una repercusión directa no solo en su estudio, sino también en su conservación y difusión. En el caso particular de Deleitar aprovechando, la obra fue duramente valorada, tanto por el público como por la crítica. Muestra de ello es la rotunda afirmación de González de Amezúa: «obra de lastimosa declinación de genio romanesco»11. Sin embargo, tuvo algunos defensores, como Cotarelo y Mori:
Es obra, a nuestro juicio, indebidamente postergada y mal entendida. No solo está escrita con notable vigor de estilo, riquísimo vocabulario, giros y frases construidos con primor y buen gusto, sino que me parece un admirable ensayo de novela histórica a la moderna [...]. De seguro que, si se publicara en forma menos amazacotada que está en Deleytar aprovechando, se suprimiesen el larguísimo poema de Píramo y Tisbe (1654 versos) y algunos episodios y digresiones ajenas al asunto, produciría no poca sorpresa ver escrita en el siglo XVII una novela histórica por el estilo de las de Walter Scott12.
Afortunadamente, los estudios de Nougué13 revalorizaron la prosa de Tirso de Molina y abrieron las puertas a un nuevo enfoque crítico14. No obstante, el deleite seguiría viviendo a la sombra de los cigarrales.
El objetivo de este artículo es, en primer lugar, rastrear la peculiar transmisión del conjunto de la obra en su totalidad15 y de las distintas partes que la componen16. En segundo lugar, una vez recabada toda esta información, se pretende evaluar mediante este estudio si la obra puede ser entendida sin ciertos elementos, si estos son autónomos o necesitan del marco narrativo en el que se insertan, y considerar la necesidad de una edición crítica integral de la miscelánea.
I. Ediciones íntegras
El escaso éxito de Deleitar aprovechando lo podemos observar en las pocas ediciones íntegras que se publicaron a lo largo del tiempo: en líneas generales, una por siglo.
La princeps data de 1635 y procede de la Imprenta Real, en Madrid. En sus preliminares, la obra consta de portada, escudo de Juan de Courbes; privilegio, dado en Madrid, a seis de agosto de 1634; fe de erratas, firmada por el licenciado Murcia de Llana; tasa; licencia de la orden mercedaria, firmada por el presentado fray Gabriel Adarzo de Santander; dos aprobaciones, una firmada por el maestro Josef de Valdivieso, capellán de honor del serenísimo infante cardenal, y otra de fray Jerónimo de la Cruz, lector de teología moral en el real monasterio de san Jerónimo de Madrid. Finalmente, encontramos dos dedicatorias: la primera, más extensa y personal, a don Luis Fernández de Córdoba y Arce. La segunda, muy breve, dirigida «A cualquiera», en la que parece referenciar al Para todos de Montalbán: «Este libro es para cualquiera (por no decir para todos)»17.
Al igual que ocurrió con Cigarrales de Toledo18, durante mucho tiempo circuló la noticia de un supuesto testimonio publicado en Madrid en 1639. El rumor se inició a partir del Catálogo bibliográfico de Hesse, aunque advertía que «este ejemplar que está en el museo británico lleva una portada falsa»19. En efecto, así era, pues se trataba de una edición de 1635 con una portada reconstruida. No obstante, la posible existencia de una edición inmediatamente posterior a la princeps no fue descartada y continuó reapareciendo en diversos estudios. De este modo, podemos observar cómo Nougué20 se limita a recoger la noticia que da Hesse, sin comentar nada al respecto, mientras que Palomo acepta la posibilidad de su verdadera existencia, aunque admite que no es «unánimemente aceptada»21.
Fue en 1677 cuando se publicó la segunda edición, nuevamente en Madrid, en esta ocasión a cargo de Juan García Infanzón y con una serie de cambios importantes. Primeramente, se elimina la dedicatoria a don Luis Fernández de Córdoba y Arce. En su lugar, encontramos que el volumen está dedicado «A la excelentísima señora doña María de los Remedios y la Cueva, condesa de Fuensalida y virreina de Navarra», a quien le dedica tres páginas llenas de elogios Mateo de la Bastida, mercader de libros, quien costeó la impresión. La dedicatoria busca el favor de la condesa y de su marido para él y su hermano, don Pedro de León. Si atendemos a sus palabras, parece no captar todo el significado de la máxima horaciana que titula la miscelánea, tal como podemos leer:
Con mucha justicia le dio el título de Deleytar aprovechando, porque es proprio para leerle personas de levantada nobleza, que tienen hecho el gusto y paladar del alma a manjares delicados y suaves y de fácil digestión y los estómagos a unos alimentos que los convierten todos en substancia22.
Tras esto, prosigue con comparaciones bíblicas, haciendo mención al carro de Salomón23, referencias a la medicina y, para finalizar, una exposición en la que busca relacionar los apellidos de la virreina con aspectos religiosos que ensalcen su linaje. En todos los casos, parece obviar el componente didáctico y pedagógico del libro y busca más endulzar el gusto de a quien pide favores.
A esta dedicatoria hay que sumar una nueva licencia y tasa, a cargo de Domingo Leal de Saavedra, escribano de cámara del consejo, y una nueva fe de erratas a cargo del licenciado don Francisco Forero de Torres. El resto de los preliminares se mantienen. Es notorio en esta edición observar que el nombre de fray Gabriel Téllez no es mencionado ninguna vez y solo aparece Tirso de Molina. La voz del hombre tras la máscara se podía escuchar en una dedicatoria que, ahora, se encuentra remplazada por otros propósitos.
Tendría que pasar casi un siglo hasta que en 176524 viera la luz nuevamente en Madrid, en la imprenta de Antonio Marín. En esta ocasión apareció en dos volúmenes, a fin de facilitar el manejo del texto: «Para darle más aire y que se maneje mejor se ha partido en dos tomos, poniendo en el primero los dos días, Domingo y Lunes de Carnestolendas, y en el segundo el Martes»25. El prólogo, de autor desconocido, es de gran interés, pues da noticia del estado de la edición de 1677:
Imprimiose la primera vez en Madaid [sic], año de 1635. Y después le ha vuelto a imprimir la discreción o el interés. Pero, si a sus ojos se queja Tirso de Molina de que le echaron a perder la impresión de los Cigarrales, ¿qué no habrán padecidos esotras? Increíbles son los errores que en esta se han introducido, sin contar con la ortografía, que en esa eran innumerables. Y muchos que turbaban y aun trastornaban el sentido, llegaban a millares los demás. Y tan substanciales algunos que a no verlos impresos se pudieran negar posibles, porque solo echándose a errar se pudieran poner. Esto se saca de que en la impresión de los libros no se haga cuenta con el honor de quien los escribe, sino solo con el interés de quien la costea. [...]
Y puede decirse que, si el autor viviera, la reconocería por su original, negando que las otras fuesen suyas. No aseguramos que no haya en la impresión erratas, pero esas son inexcusables y en lo que cabe también se han corregido26.
A continuación, se sucede una explicación detallada de los cambios efectuados en el texto y se explican los motivos, por lo que encontramos un detallado estudio textual, una curiosa y destacada labor filológica e, incluso, teológica. Un esfuerzo por presentar el texto lo más depurado posible respecto a la versión más temprana pero que, al mismo tiempo, cuida la métrica y la lengua del momento.
El segundo de los tomos va precedido por una repetición del prólogo, a excepción del primer párrafo, donde expone el motivo: «Ya se dijo en el primer tomo de esta obra quien era el celebrado Tirso de Molina, autor de ella. Pero como es tan fácil el perderse aquella noticia, como el separarse los dos tomos, nadie podrá negar que es acertado repetirlo aquí»27.
Casi doscientos años fueron necesarios para que Deleitar aprovechando se publicara íntegra nuevamente. En 1994, Palomo presentaría una edición divulgativa, no crítica, en la que la autora dice seguir el texto de la princeps, pues afirma que el testimonio de 1667 «no ofrece variantes»28, observación que, como hemos comprobado, no es cierta29. Palomo mantiene los preliminares, moderniza la ortografía y la puntuación. Además, realiza una serie de modificaciones dispares, que, en muchas ocasiones, introducen errores textuales. Así podemos encontrar cambios en el orden de los versos, omisiones o malas lecturas e interpretaciones de palabras y expresiones, entre otros.
Finalmente, cabría mencionar la edición digital facsímil en dos tomos que se publicó en 2011 y que toma el texto de 1635, pero que no aporta nada. Con la irrupción de las nuevas tecnologías, muchas editoriales han optado por publicar contenido de dominio público, libre de derechos de autor, en ediciones volcadas y transcritas sin ningún criterio filológico. Al mismo tiempo, formatos digitales como PDF o epubs facilitan a estas editoriales la venta y distribución de estos documentos y al lector interesado su acceso. Si bien estas ediciones carecen de interés para el filólogo y el investigador, sí tienen, por otra parte, la virtud de mantener accesibles las obras al lector actual, sobre todo en los casos en los que resulta difícil acceder a ellas. Es por esta razón que las integramos en este trabajo, no por su valor filológico propiamente dicho, sino para reflejar la historia y la transmisión de estos textos.
II. Ediciones parciales
II. 1 Prosa
A diferencia de Cigarrales de Toledo, en ningún momento se llegó a publicar únicamente el texto en prosa. Desconocemos las razones, pero una posible hipótesis es la tipología de las piezas que la integran, pues, sin ellas, la lectura queda deslavazada y el conjunto de Deleitar demasiado reducido como para justificar una publicación por separado. No obstante, tal como veremos a continuación, las distintas partes que componen la miscelánea sí gozaron de difusión editorial propia.
II.1.1 La patrona de las musas
La primera narración histórica del volumen, que versa sobre la vida de santa Tecla, no tuvo una edición independiente hasta el siglo XX. En 1959, Froldi30 publicó esta obra, basándose en el texto de 1635, e incluyó una introducción concisa, un reducido número de notas y una portada a cargo del pintor Eduardo Vicente. Posteriormente, en 1961, Nougué31 llevó a cabo una edición crítica de La patrona de las musas y de Los triunfos de la verdad, como parte de su tesis complementaria en la Universidad de Toulouse, aunque nunca llegó a publicarse.
Finalmente, cabe destacar la contribución de Alejandro Loeza32 con su tesis doctoral titulada Tirso de Molina, Deleitar aprovechando: la novela hagiográfica La patrona de las musas. Edición crítica, estudio y notas, defendida en 2015 en la Universidad de Navarra bajo la dirección de la doctora Blanca Oteiza. El trabajo consistió en la edición, estudio y anotación de la novela. Resulta interesante destacar el estudio literario que precede al texto, que abarca aspectos como la construcción narrativa, las fuentes de las que parte el mercedario y la función de la métrica de las poesías intercaladas. No obstante, al igual que en el caso anterior, la tesis no ha sido publicada posteriormente.
II.1.2 Triunfos de la verdad
La segunda de las novelas, que narra la vida de san Clemente, ha sido la que menos fortuna editorial ha gozado, pues solo encontramos un único testimonio ya comentado: la tesis complementaria de Nougué33.
II.1.3 El bandolero
La última de las tres novelas, dedicada a la vida de san Pedro Armengol, ha sido la más editada, aunque su difusión textual no cobró impulso hasta el siglo XX. La primera de las publicaciones corrió a cargo de Viada y Lluch para la editorial Ibérica. El volumen no cuenta con año de publicación, pero se ha podido establecer en torno a 1915, por lo que se considera la primera impresión de El bandolero escindida de su obra original. El editor indica que tomó el texto base de la edición de 1635, aunque tuvo en cuenta el resto de los testimonios, al que aplicó los consejos de Cotarelo y Mori34:
Aunque he seguido en la presente edición el consejo del ilustre académico en lo que se refiere a desamazacotar la forma de esta novela -y a este objeto he hecho piezas sus interminables párrafos, he reensamblado los periodos desensamblados, he puesto en claro los confusos diálogos, he subdivido en capítulos el ininterrumpido relato y he, por fin, puntuado escrupulosamente sus intrincadas cláusulas, posibilitando así su lectura que se hacía árida, por no decir imposible, en las ediciones ya mentadas-, no me he acogido a aquel consejo en lo que respecta a supresiones [...]. Lo que sí he suprimido [...] son el sinnúmero de erratas y quid pro quo de que están plagadas las ediciones35.
Esta edición se imprimió a dos tintas, negra y verde, y cada uno de los capítulos viene precedido por un escudo de armas, que se repite, y una letra capital decorada. Al final de algunos capítulos aparece una pequeña orla verde, para rellenar la página. Cuenta, además, con dos ilustraciones de mayor tamaño a dos tintas, de estilo art noveau: la primera36, que precede a la portadilla interior del libro, muestra a san Pedro Armengol, vestido de caballero y con un escudo con la cruz patriarcal inscrita; la segunda37, prácticamente al final, representa a la Virgen María rodeada de ángeles. No se indica el ilustrador.
En 1944, El bandolero volvería a publicarse en la editorial Atlas. Esta edición contiene un prólogo de Menéndez Pelayo, extraído directamente del capítulo X de su Historia de las ideas estéticas en España. Siglos XVI y XVII, por lo que no creemos que el trabajo de edición del texto corriera a cargo de este investigador, que, además, se encuentra incompleto. El editor anónimo optó por omitir el poema de Píramo y Tisbe y las Cuestiones amorosas, siguiendo la recomendación de Cotarelo38, sin hacer mención alguna a estas supresiones. Froldi señala al respecto:
Il che a noi appare arbitrario perché in tal modo s'altera la vera sostanza dell'opera tirsiana la quale ultima non va parzialmente accolta in ciò che può riuscire gradito a un particolare e soggettivo gusto letterario ma deve essere accostata in quello che essa realmente è, prodotto di un clima letterario e spirituale lontano dal nostro fin che si vuole ma in cui le contraddizioni sono forse più apparenti che reali e l'unità esiste anche se la nostra insufficiente possibilità d'adeguazione non sempre ci permette di scoprirla alla prima lettura39.
En 1972, Espasa Calpe publicó la novela basándose en la edición de 1944, pero esta vez sin prólogo, notas, ni indicaciones sobre los segmentos omitidos, incrementando así la desinformación sobre su contenido.
La edición de 1979, a cargo de Nougué y publicada por Castalia, se destaca hasta la fecha como la más completa y cuidadosa de El bandolero. Cuenta con un exhaustivo estudio introductorio que analiza tanto las características de la obra como sus peripecias textuales, acompañada de una meticulosa fijación textual y un profuso aparato de notas.
Entrados ya en el siglo XXI, en 2007, la editorial Simancas publicó la obra en dos volúmenes de dimensiones muy reducidas (18x9cm.), como parte de su colección El Parnasillo. Esta edición carece de notas y prólogo específico, y ofrece tan solo unas pocas páginas introductorias de carácter generalista en torno a la figura de Tirso.
Finalmente, en 2008, la revista literaria Katharsis presentó una edición que reproduce el texto de 1635, aunque no se indica en ningún lugar quién pudo ser el encargado de llevarla a cabo. Además, incorpora el fragmento previo del capítulo «Martes por la mañana» de Deleitar aprovechando.
III. Poesía
La obra poética de Tirso de Molina rara vez ha recibido una especial valoración por parte de la crítica, por lo que ha sido, consistentemente, excluida de la mayoría de las antologías poéticas del período aurisecular. Esta tendencia se ve más acentuada, si cabe, en el caso de los poemas incluidos en esta miscelánea, ya que incluso las compilaciones enfocadas en el autor mercedario parecen prescindir de ellas. No nos referimos únicamente a las composiciones que conforman los certámenes literarios presentes en la obra, sino también fragmentos extraídos de los autos sacramentales y breves composiciones que aparecen en algunas de las narraciones en prosa. Vázquez cree que la razón se debe a que «los poemas de Deleitar son prácticamente ignorados por carecer de una edición manejable [...] no puede tratarse de una confabulación contra Tirso, simplemente lo desconocen»40. Sin embargo, la publicación de su antología, y de una nueva edición de Deleitar en 1994 a cargo de Palomo, no parece haber cambiado la opinión de la crítica.
Las palabras que dedica Montolíu a la poesía del mercedario dejan clara su opinión:
Tirso no poseía genio lírico propiamente dicho [...] Nos proponíamos asimismo entresacar algunas joyas de la lírica tirsiana de la segunda miscelánea de nuestro autor: Deleytar aprovechado; pero nos hemos visto precisados a no aprovechar el deleite poético de estas composiciones porque todas, sin excepción, nos han parecido mediocres y faltas de originalidad41.
Jareño, en su antología, presenta una opinión contradictoria respecto a los versos de la miscelánea, pues, para empezar, declara lo siguiente:
Su dominio de la forma es extraordinario y se manifiesta en todas las estrofas que constituyen el fondo métrico de la lírica española: tanto en las tradicionales [...] como en las italianizantes [...]; y de todas ellas nos ha dejado muestra en los certámenes de su Deleytar aprovechando, que constituyen una densa antología de temas y formas de la lírica barroca española42.
No obstante, no ofrece ninguna muestra de la poesía que alaba. De hecho, en páginas posteriores, parece revisar su valoración sobre la calidad de los versos al señalar que solo incorpora una composición43 como «un mero interés de curiosidad literaria»44:
Esta canción de gusto culterano hemos incluido para ofrecer un ejemplo de poesía sacada de Deleitar aprovechando, de cuyas composiciones líricas ha podido decir Manuel de Montolíu con razón que todas, sin excepción, son «mediocres y faltas de originalidad»45.
Esta aparente incongruencia se intensifica dado que, al contrario de lo que afirma Jareño, no se trata de la única pieza poética de Deleitar aprovechando. Su antología recoge hasta ocho poemas más que proceden de la miscelánea. A continuación, señalamos los primeros versos:
- «Pastorcico nuevo...»46.
- «¡Ay, que el novio y la novia es bella...!»47.
- «A la miel de los deleites...»48.
- «Norabuena venga...»49.
- «Para el colmenar eterno...»50.
- «Venga a comer...»51.
- «Sea bien venido...»52.
- «Quien bien tiene y mal escoge...»53.
Esta contradicción se puede explicar de una forma muy sencilla. La segunda composición pertenece al auto sacramental No le arriendo la ganancia, mientras que el resto forman parte de El colmenero divino. Jareño, al igual que otros críticos, interpreta que los autos sacramentales no pertenecen de forma directa a Deleitar aprovechando, pues existieron previos a la miscelánea y han disfrutado de una trayectoria textual independiente. No obstante, hay que tener en cuenta que fue decisión expresa del autor que formaran parte del volumen que nos ocupa y que, como señaló Kennedy, seguramente fueron reescritos para integrarse adecuadamente al conjunto.
Otras antologías que contienen fragmentos de Deleitar aprovechando son la publicada por Mesonero Romanos54 en 1848; la de Blecua55 en 1984; y la más reciente de Paradela56 en 2003.
Por otro lado, merece mención especial la contribución de Vázquez a la publicación y difusión de la poesía de esta miscelánea. En 1981, editó Poesía lírica: Deleitar aprovechando57, cuyo texto se ciñe a la edición de 167758, que no solo recopila las composiciones poéticas, sino que también incluye las canciones y loas correspondientes a los autos sacramentales. El volumen presenta una estructura tripartita en torno a los tres días en que se organiza el texto. A su vez, cada uno de los días se subdivide en tres secciones: poemas sueltos, que reúne tanto los poemas sueltos como lo que se incluyen dentro de las novelas; canciones eucarísticas, que incluyen las composiciones propias de los autos sacramentales; certámenes, que recogen todas las obras relacionadas con los concursos poéticos. Los poemas de cada sección se encuentran ordenados numéricamente y, en algunas ocasiones, vienen introducidos por un título que indica su contenido, mientras que, en otras, una nota a pie de página ayuda a contextualizarlos.
IV. Teatro
Respecto a las composiciones de carácter teatral presentes en la miscelánea, debemos hablar de la suerte que corrieron, por un lado, los diálogos y, por otro, los tres autos sacramentales que integran el volumen.
IV. 1 Diálogos
En 1988 vería la luz Diálogos teológicos y otros versos diseminados59, que incluye el «Diálogo entre Simón Mago y Pedro Apóstol» y el «Diálogo entre el viejo filósofo y Clemente, Áquila, Nicetas y san Pedro», junto con otros versos inéditos o publicados fuera de su obra principal. Salvá, en su catálogo, se refiere a estas dos piezas como «especie de auto»60, por lo que, en cierta medida, podrían ser consideradas más bien piezas representables que composiciones poéticas propiamente dichas. El propio Tirso de Molina así parece considerarlo, pues su propósito es hacer disfrutable la enseñanza:
porque en un viaje largo, para hacerle alivioso, importa que el camino ni todo sea cuestas ni valles todo, sino que ya extendiendo la vista por estos, ya venciendo dificultades de las otras, disminuya la variedad sus fastidios [...], disfrace entre lo apacible de los versos lo difícil de la materia61.
Y porque el teatro es el medio más adecuado para combinar el deleite y el provecho, así decide escenificar los diálogos:
Presentáronse a este tiempo sobre un tablado que, cubierto de alfombras, era centro a la circunferencia numerosa que le coronaba. Pedro con los vestidos que la tradición antigua encomendó a los pinceles. El anciano competidor, en el mismo que se refirió al principio, y los tres sustentantes en hábito decente y a propósito de sus floridos y generosos años62.
IV. 2 Autos sacramentales
Respecto a las piezas teatrales, no nos limitaremos a citar las distintas ediciones y testimonios63, sino que también recogeremos las representaciones y la fortuna escénica de las mismas. El motivo principal es que, debido al carácter performativo del teatro, la historia textual no evidencia, verdaderamente, la auténtica difusión de las obras entre la sociedad a lo largo del tiempo64. En los testimonios referenciados recogemos únicamente las ediciones del auto sacramental en sí e indicamos en cada caso si incluye también la loa y las canciones.
El colmenero divino destaca por su difusión textual independiente del volumen. La primera noticia de un testimonio la encontramos en una suelta65, sin pie de imprenta, que también incluye la loa y las dos canciones que preceden al auto. Cabe destacar la singularidad de este caso, pues, si bien es cierto que se conservan muchas sueltas de otras comedias del mercedario, este es el primer y único caso que atañe a un auto sacramental.
La crítica ha acordado que procede de la imprenta de Teresa de Guzmán y que el 21 de febrero de 1736 ya podía encontrarse en su Lonja de Comedias en la Puerta del Sol66. Esta teoría parece confirmarse con el estudio de las particularidades del ejemplar, pues: «los tipos de letra empleados y los dos pequeños adornos de la portada concuerdan con los utilizados por Teresa de Guzmán en sus ediciones de las comedias de Téllez»67.
Esta fecha, no obstante, fue puesta en entredicho por algunos investigadores, que consideraron que la suelta era anterior a la publicación de la miscelánea, debido a que recogía la noticia de representación en 1621 por la compañía de Pinedo. Blanca de los Ríos afirmó que el auto «en 1621 fue impreso, suelto»68, y tanto Loveluck69 como Palomo70 repiten este dato en sus estudios. Esta fecha, por tanto, refiere a una posible representación de la obra, pues sabemos, como ya hemos indicado, que los autos se escribieron previos a la miscelánea. El propio autor refiere a una de estas puestas en escena en la obra, cuando indica que: «años ha aplaudido de ingenios y plumas, primero en la imperial Toledo con honra y provecho de su autor Pinedo y satisfación del poeta»71. No obstante, no se debe confundir este año con el de la publicación de la suelta.
Podemos localizar otra suelta72, sin datos de impresión, que reproduce los 376 versos de la loa de El colmenero divino y que lleva por título Relación: Non Plus Ultra del Colmenero Divino del Maestro Tirso de Molina. Arellano, Oteiza y Zugasti73 afirman que procede de la imprenta de Teresa Guzmán, pues coincide a plana y renglón y reproduce los detalles ya señalados y, por esta razón, plantean la posibilidad de que se imprimiera en torno al mismo año, 1736.
En el s. XIX resulta de interés mencionar la edición que llevó a cabo en 1865 González Pedroso, que procede directamente de la edición de 1635, cuyo texto corrige en momentos puntuales, aunque introduce algunos errores. El s. XX, por su parte, supondría el momento de mayor difusión editorial para El colmenero divino, en el que podemos localizar hasta trece testimonios. Entre ellos destaca el que apareció en 192974, posiblemente el más libre y que más cambios introduce, hasta el punto de reducir su extensión en 176 versos e incluir un libreto musical a cargo del padre José Alfonso. A su vez, es significativo comprobar como un gran número de testimonios prescinden de las piezas complementarias y editan únicamente el cuerpo del auto sacramental. Por otro lado, frente a la preferencia de España como centro de publicación, cabe destacar las tres ediciones que aparecieron en Hispanoamérica, lo que refleja también un interés por la producción mercedaria más allá de nuestras fronteras. Respecto al s. XXI, la más destacada es la de Arellano, una revisión de la que ya publicara en 1998 junto a Oteiza y Zugasti.
En cuanto a los otros dos autos sacramentales, Los hermanos parecidos y No le arriendo la ganancia, su fortuna editorial ha estado vinculada a volúmenes recopilatorios de otras obras del mercedario. No obstante, hay que señalar que no siempre aparecieron juntas en el mismo volumen. Es el caso de Los hermanos parecidos, que no se publicó en la edición que llevó a cabo González Pedroso en 1865, pero sí en la de Cotarelo, quien prescindiría de los otros dos autos de la miscelánea.
IV.2.1. Fortuna escénica de los autos
Solo se conserva una noticia de representación de cada uno de los autos sacramentales en el s. XVII, todos ellos anteriores a la publicación de Deleitar aprovechando y que nos permiten confirmar que fueron compuestos con mucha antelación a su inclusión.
El colmenero divino es el que más problemas presenta a la hora de ofrecer una fecha clara. Parece ser que se representó en 1621 por la compañía de Baltasar Pinedo, según la noticia que da la suelta conservada, pero desconocemos el lugar o la fecha exacta. El auto de Los hermanos parecidos fue representado por la compañía de Tomás Fernández de Cabredo el día de la Octava del Corpus (21 de junio de 1615), «entre los dos coros de la catedral de Toledo»75. Finalmente, No le arriendo la ganancia fue representado el 29 de mayo de 1614, día del Corpus, ante el rey, por la compañía de Baltasar Pinedo, y se tiene noticia de que se representó ante el pueblo los días 30 y 31 de mayo.
No hay noticias de que ninguno de los autos se representara en el siglo XIX76. En el siglo XX solo conservamos dos noticias de representación de El colmenero divino. La primera, en Toledo el 12 de junio de 1941, en la plaza del Generalísimo Franco, ante la puerta del Perdón de la santa Iglesia Catedral Primada (actual plaza del Ayuntamiento), a las diez de la noche. Previa a la representación se llevaron a cabo dos actos, la sinfonía de la Buena Gracia, y un estudio literario, critico e histórico de los autos y loas sacramentales aplicado a este auto por el doctor Filiberto Díez Pardo, canónigo magistral de la Santa Iglesia Catedral Primada77. El boletín eclesiástico que se publicó poco más de un mes después recoge la siguiente crónica del evento:
Hasta última hora gustó el pueblo toledano las dulzuras eucarísticas, asistiendo en masa a la maravillosa interpretación, que el Cuadro Artístico de «Educación y Descanso» hizo del Auto Sacramental de Tirso de Molina El Colmenero divino en la puerta del Perdón de la Catedral, y prorrumpiendo en frenéticos aplausos la apoteosis final de la Eucaristía en medio de vistosa iluminación, estruendo de cohetes, armonía de órganos y volteo de campanas78.
La segunda representación tuvo lugar el 12 de junio de 1951, en el acto inaugural de la Escuela nacional de instructoras de juventudes «Isabel la Católica», Sección Femenina de FET y de las JONS. En el programa de actos, tras el almuerzo, se llevó a cabo una representación de este auto sacramental. Junto a la invitación se incluía una hoja en la que se presentaba el argumento de la pieza y ponía de relevancia su valor en el acto:
En la misma línea metafórica clásica del auto sacramental, mostrar con humano simbolismo los misterios divinos, Tirso de Molina, bajando a un habla más ingenuamente popular, se eleva, sin embargo, a una hondura mística que contrasta con aquel lenguaje más sociable, pero menos ingenuo y de menos profundidad mística, de Lope. La misma poética traducción de los salmos y el Cantar de los cantares hace de este auto una lección muy asequible y tan deliciosamente transparente que parece imposible alcanzar mayor pureza en un sabor tan de hogaza caliente y untoso aceite79.
V. Conclusiones
Como hemos podido comprobar, la transmisión de Deleitar aprovechando, como ya ocurriera en el caso de Cigarrales de Toledo, no ha sido lineal, equitativa o completa. No obstante, a diferencia de la primera miscelánea tirsiana, no ha gozado de la misma difusión editorial, tal vez porque sus partes presentan una estructura más integrada entre ellas y hace más complicada su desligazón del marco narrativo. Ambas obras cuentan con el mismo número de ediciones íntegras a lo largo de casi doscientos años, cuatro (si no hacemos cuenta de las ediciones facsímiles), pero, mientras que encontramos publicaciones parciales de Cigarrales en las que se recoge el texto en prosa y se prescinde de su teatro, no es el caso del volumen que nos ocupa. Si bien Deleitar no ha sufrido de una forma tan marcada el despiece de sus partes, lo que desde el punto de vista de la conservación textual ha permitido que se limiten las variantes del texto, podemos afirmar que la miscelánea ha tenido una menor difusión: sus partes cuentan con menos ediciones y no existen traducciones de sus partes a otros idiomas o traslación a otros medios culturales. Además, debemos señalar, una vez más, el poco aprecio por parte de la crítica hacia la obra que nos ocupa, lo que sin duda influiría de manera significativa en su difusión.
Cabría preguntarse cuáles son las razones por las que, pese a continuar apareciendo ediciones de sus partes, no se haya emprendido una íntegra y definitiva, que vuelva a reunir en un único volumen (o más, si fuera preciso) la producción literaria que engloba la miscelánea, tal y como deseó su autor al plantearla. La obra sin su contexto no puede ser entendida en su totalidad y siempre presentará para el lector una sutil carencia. Como ejemplo, podemos destacar el caso de la novela El bandolero, que parece poder existir independientemente, tal como demostró Nougué. No obstante, en el conjunto de la miscelánea adquiere una mayor relevancia, un mayor significado y, sin duda, un mayor entendimiento del propósito con el que Tirso la escribió. De hecho, podríamos extender esta reflexión también al resto de piezas. ¿Por qué, si no, se empeñan los editores en incluir, antes o después, fragmentos de la miscelánea junto a la pieza que han extirpado? Porque su marco contextual es preciso y necesario.
En conclusión, es necesaria una revisión crítica y una valoración renovada de Deleitar aprovechando, que aborde la obra en su conjunto. Una edición crítica que recopile todas las partes de la miscelánea, conforme a la intención de Tirso de Molina, ofrecería una visión completa y matizada de la obra, al tiempo que contribuiría a su revalorización en el canon literario español. Este esfuerzo no solo enriquecería el campo de los estudios tirsianos, sino que también aseguraría una justa transmisión de su legado literario para las nuevas generaciones.
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