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Abstract

Cuando se lee un poemario-mundo, completo de sí, cuesta dejarlo ir sin que continúe en otra parte, una saga, una no-muerte. María Ángeles Pérez López (1967) ha publicado una extensa obra: Ya Valero y Mestre, en los textos que acompañaban algunos de sus libros, apuntaron lo diversa que es su voz de libro a libro, aunque, como bien señaló la primera, puede rastrearse en su obra una poética de la «conjugación». Esos libros, orgánicos y unitarios, otorgan espacio y ritmo gracias a los cuales la voz poética cita, dialoga y cambia de focalización ante su asunto, cede el sitio a otras voces, explora varios sitios de enunciación e incorpora siempre una posición reflexiva sobre el lenguaje. Trasponer un modo de mirada-lectura a otro de miradaescritura implica recordar la idea, tan trabajada por todas las teorías de la recepción, que explora la dinámica autoría-texto-lectoría como una labor activa, constitutiva de las obras, que negocia un «horizonte lector» con «expectativas» que las obras van confirmando o negando (Ingarden, Iser, Eco) y que, en esta poesia, le exige seguir las asociaciones, saltos, relaciones entre datos del presente y el bagaje de lo leído antes. En este libro, la autora aparece solo cuando relaciona citas, titula los poemas y, en varios casos, crea un efecto visual para algunos versos (escribirlos en blanco sobre fondo negro o repetir la última palabra o deslizar hacia abajo las letras, como si cayeran del verso, por dar algunos ejemplos). Cristina Rivera Garza ha pensado los modos de responsabilizarse y de dejarse permear por el dolor de lo real, en el régimen necropolítico actual. Entre quien lee la densidad de los hechos, presentada en datos o titulares, y quien demora la memoria (trayendo a la página lecturas de poemas cuyo referente social puede no ser explícito) media un montaje, un ensamblaje que descontextualiza y resemantiza los textos en contacto. ¿Cómo afecta y penetra «el estado de las cosas» a/en los versos de la poesía producida en otros tiempos-contextos? Propongo este fragmento del segundo poema, «Altura por masa»: Al final de la batalla y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo « No mueras, te amo tanto!» pero el cadáver, ay!, siguió muriendo. El verso final pierde un vocablo: «me queda la» (p. 23); ¿se trata de una palabra que se ha extraviado como el suicida ha perdido la vida? Descreo de una función dictaminadora de la crítica; más allá de los preconceptos que una, como lectora profesional, pueda tener, se trata de entrar al pacto con la obra y ver desde dentro sus apuestas y funcionamientos.

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