Content area
Esta interpretación se basa en un análisis que podría entenderse como dialéctico en virtud de la naturaleza de la ficción que analizamos y que se concreta en dos fases: primero, proponer que el mestizaje se encuentra entendido como algo espurio, esto está delimitado por la violencia de una realidad segregacionista que es construida en la ficción (desorden); segundo, que esta realidad segregacionista empezará a ser cuestionada y reemplazada por la revolución, un segundo momento de la ficción, que finalmente apuntará a un orden futuro del cual el narrador solo será anunciador pero no partícipe y que queda como una anunciación en la ficción. En 1991 se publicó Za violencia del tiempo, del escritor peruano Miguel Gutiérrez. La novela es una extensa narración que cuenta la vida de la familia Villar, una pobre familia de campesinos mestizos en la región de Piura. Desde esta interpretación, La violencia del tiempo fue concebida bajo la dialéctica marxista y bajo una escuela muy particular dentro de la evolución del marxismo: el maoísmo! (Valenzuela Garcés: 2015, pp. 177-195); bajo esta interpretación, Za violencia del tiempo propone ir del desorden (sociedad segregacionista) hacia el orden (sociedad socialista) pasando por el interludio ineludible de la violencia revolucionaria. Al acabar la escuela, el joven Gutiérrez viaja a la capital del país para empezar sus estudios universitarios. Asumí ideas y procuré ser consecuente con ellas. La novela y el mestizaje Ahora trataremos de ahondar y problematizar la idea del mestizaje que construye la novela y cómo esta idea es central para la resolución posterior de la historia. Al respecto, se pueden recordar las reflexiones de Peter Elmore sobre Za violencia del tiempo y cómo la intelectualidad peruana del siglo xx, adscrita al hispanismo, elaboró un sostenido corpus interpretativo que presentaba al Inca Garcilaso de la Vega como el paradigma del mestizaje: noble por la rama andina (su madre fue una noble inca hermana de Huáscar y Atahualpa) y conquistador por la rama española: «La imagen del autor de Los comentarios reales retrataria la condición peculiar del Perú posterior a la Conquista.
Introducción
La finalidad del presente artículo es analizar el carácter transitorio -del desorden al orden, pasando por un interludio de violencia revolucionaria- que nos sugiere la novela peruana La violencia del tiempo, de Miguel Gutiérrez (Milla Batres Ediciones, 1991). Esta interpretación se basa en un análisis que podría entenderse como dialéctico en virtud de la naturaleza de la ficción que analizamos y que se concreta en dos fases: primero, proponer que el mestizaje se encuentra entendido como algo espurio, esto está delimitado por la violencia de una realidad segregacionista que es construida en la ficción (desorden); segundo, que esta realidad segregacionista empezará a ser cuestionada y reemplazada por la revolución, un segundo momento de la ficción, que finalmente apuntará a un orden futuro del cual el narrador solo será anunciador pero no partícipe y que queda como una anunciación en la ficción.
En 1991 se publicó Za violencia del tiempo, del escritor peruano Miguel Gutiérrez. La novela es una extensa narración que cuenta la vida de la familia Villar, una pobre familia de campesinos mestizos en la región de Piura. La historia se desenvuelve desde la perspectiva de Martín Villar, joven inteligente y analítico, último de la estirpe y que decide, luego de una experiencia frustrada en el mundo universitario, volver a su pueblo y narrar la historia de la familia. Esta decisión es el detonante de todas las tramas de la novela, emparentadas con el devenir de los Villar pero que sobrepasan las peripecias de una saga familiar. En su búsqueda por reconstruir la historia de los suyos, Martín encuentra el origen de la violencia y ausencia de amor que ha caracterizado a sus antepasados desde el origen mismo de su familia. Esta historia, tan peruana y latinoamericana, es el reflejo de la vida de su autor, quien vivió desde su infancia el problema del racismo y el mestizaje. Como veremos, La violencia del tiempo es la materialización de una vida que reflexiona sobre la violencia del mestizaje en una sociedad dividida y segregacionista, que no es más que la variante peruana y latinoamericana de la violencia colonial que se presenta en todo el mundo.
La novela, en su dilatado desarrollo, plantea una problemática y su resolución, de forma dialéctica; en cierta manera, están propuestos el punto y contrapunto del problema nacional. Desde esta interpretación, La violencia del tiempo fue concebida bajo la dialéctica marxista y bajo una escuela muy particular dentro de la evolución del marxismo: el maoísmo! (Valenzuela Garcés: 2015, pp. 177-195); bajo esta interpretación, Za violencia del tiempo propone ir del desorden (sociedad segregacionista) hacia el orden (sociedad socialista) pasando por el interludio ineludible de la violencia revolucionaria. El mestizaje entendido como problema y marginación en la sociedad segregacionista que se describe en la ficción será objeto de análisis en la primera sección de este texto («I. La novela y el mestizaje»); la propuesta de que La violencia del tiempo opera desde una poética maoísta será analizada en la segunda sección: «II. Realismo y revolución».
Miguel Gutiérrez nació en la ciudad de Piura, el 27 de julio de 1940. Creció en una familia pobre y en una pequeña ciudad provinciana marcada por el racismo. Refiriéndose a sus recuerdos infantiles, Gutiérrez recordó que no tuvo una infancia lectora, pero que sí existía un respeto por la cultura y una referencia constante a los libros en el seno familiar: «Se hablaba de libros» (Diegner y Morales Saravia: 2006, p. 28). Al acabar la escuela, el joven Gutiérrez viaja a la capital del país para empezar sus estudios universitarios. En este mundo descubre la política y toma contacto con el marxismo. Todas estas experiencias se volcaron de inmediato en sus primeros cuentos de inicios de la década del sesenta, como Una vida completamente ordinaria y Ramón.
A mediados de los sesenta se adhiere al maoísmo, decisión que marcará su vida. En 1966 funda la revista Narración junto a un grupo de jóvenes escritores de izquierdas, que posteriormente devino en un grupo organizado de escritores y artistas por la Revolución peruana. En la presentación del primer número -noviembre de 1966, los integrantes elaboran una suerte de manifiesto en el que sientan una postura sobre la excepcionalidad del artista en un país pobre y poscolonial: «Nuestra vida constituye un milagro: tenemos más de veinte años (en el Perú más del 50 % perece por hambre antes de cumplir 20 años)» (Narración 1: 1966). La crítica peruana ha identificado Narración como la revista «más importante de narrativa peruana» (González Vigil: 2019, p. 12)· y la revista «más importante de la segunda mitad del siglo xx» (Arámbulo 87 Valenzuela Garcés: 2018, p. 9). También podría recordarse la periodización propuesta por el investigador Néstor Tenorio Requejo: «Echando una mirada esquemática a la narrativa peruana del siglo xx tenemos cuatro hitos fundamentales: Alegría y Arguedas; la Generación del 50; la novelística de Vargas Llosa y el Grupo Narración» (Tenorio Requejo: 2006, p. 15). Adicionalmente, Carlos Arámbulo y Jorge Valenzuela Garcés, recogiendo el testimonio de otro de los fundadores de la revista, el poeta y narrador Oswaldo Reynoso, afirman que el primer número reprodujo por primera vez en América Latina un extracto del célebre discurso de Mao Zedong sobre arte y literatura (Arámbulo y Valenzuela Garcés: 2018, p. 25).
En 1976, un mes después de la muerte de Mao Zedong, viaja con su familia a la República Popular China, donde permanecerá por casi tres años. En los años ochenta, una década de revoluciones y terrorismo, y ya de regreso al Perú, vivió en un paulatino aislamiento. Mientras la violencia se hacía general en la sociedad peruana por la guerra subversiva de Sendero Luminoso, Gutiérrez se dedicaba a la escritura de su obra más emblemática, la colosal La violencia del tiempo. En aquellos años verá morir a su hijo -militante senderista-, a su esposa y a muchos compañeros y amigos de militancia que se plegaron a la subversión. De forma retrospectiva y recordando aquellos años en los que la organización política reemplazó a la publicación de ficciones, Gutiérrez dijo:
¿Fueron años estériles? No, no lo creo. Por lo menos, desde un punto de vista vital. Conocí otras realidades y otras formas de ser. Conocí a hombres y mujeres que de otra manera no habría conocido. Asumí ideas y procuré ser consecuente con ellas. Centré mi atención en cuestiones de teoría y me propuse iniciar una lectura, desde este horizonte teórico e ideológico-político, de los textos fundamentales de la literatura peruana? (Gutiérrez: 2008, p. 114).
La novela y el mestizaje
Ahora trataremos de ahondar y problematizar la idea del mestizaje que construye la novela y cómo esta idea es central para la resolución posterior de la historia. Tanto en la construcción de la realidad segregacionista como en su contrapunto, al mestizaje se alude en términos negativos. El narrador utiliza una profusión de adjetivos para referirse al color de la piel y al aspecto de los personajes. Esta obsesión descriptiva abarca toda la novela; Martín Villar y otros personajes clasifican el mundo en términos racistas: «Y pensar que a este señor Martín Villar lo había botado casi a patadas el zambo portero de los corrales prostibularios de prolongación México» (Gutiérrez: 2024 [1991], p. 170). Esta descripción racial tiene su apoteosis cuando el protagonista describe el color de piel de la servidumbre que rodea al profesor Candamo de la Romaña en su mansión de Magdalena: «Se abrió una puerta por obra de un tercer portero, cuyos gestos y color de piel, correspondían al de un mulato claro...» (Gutiérrez: 2024 [1991], p. 175); cabe señar que el racismo del mismo protagonista es funcional y coherente con el mundo que lo ha formado, pues a pesar de surgir de forma incipiente (y luego acelerada) el germen de la rebelión contra la realidad segregacionista, las herramientas descriptivas provienen del mundo que ahora se quiere combatir.
Ya desde los años noventa, cuando la novela empezó a ser discutida por la crítica literaria, se planteó la figura de Martín Villar como contrapunto a la figura del Inca Garcilaso de la Vega, el autor de Comentarios reales y uno de los cronistas más importantes del siglo xv1 concerniente al Tahuantinsuyo y la Conquista española de los Andes. Garcilaso fue entendido y presentado durante una parte de la República como la síntesis del mestizaje armónico y está tendencia se recoge en la ficción. Al respecto, se pueden recordar las reflexiones de Peter Elmore sobre Za violencia del tiempo y cómo la intelectualidad peruana del siglo xx, adscrita al hispanismo, elaboró un sostenido corpus interpretativo que presentaba al Inca Garcilaso de la Vega como el paradigma del mestizaje: noble por la rama andina (su madre fue una noble inca hermana de Huáscar y Atahualpa) y conquistador por la rama española: «La imagen del autor de Los comentarios reales retrataria la condición peculiar del Perú posterior a la Conquista. Desde José de la Riva-Agüero hasta Victor Andrés Belaúnde, el discurso del mestizaje suele formularse como apología de un supuesto enlace armónico entre la cultura de los conquistadores y la de los conquistados» (Elmore: 2002 [Márgenes, 1998], p. 73). Curiosamente, tanto el Inca Garcilaso como el historiador hispanista José de la Riva-Agiero serán absorbidos y problematizados por las ficciones gutierristas. Miguel Gutiérrez le dedicó incluso una novela al Inca Garcilaso, Poderes secretos, en la que afirma: «Nuestro autor inaugura esa historia de agravios que en buena cuenta es la literatura peruana» (Gutiérrez: 2009, p. 40).
Regresando a la novela que nos ocupa, hace diez años planteamos en una tesis (García Cosavalente: 2014) que Za violencia del tiempo se podía entender como una extensa alegoría de la lucha entre dos versiones del pasado, una elitista y otra popular, entre una historia oficial y una memoria subversiva, que, desde una región periférica, atenta contra el oficialismo e intenta su caída; esa lucha entre historia y memoria, entre oficialismo у subversión, añadimos, es la versión estética y ficcional de la lucha entre el Estado peruano y la rebelión popular. Ahora trataremos de complementar aquella idea con un análisis sobre la idea del mestizaje como problema de la realidad segregacionista.
En la novela, los recuerdos de la familia Villar se intercalan con momentos históricos centrados en la violencia de la colonización y la violencia de la revolución; en el caso de la ficción, el mestizaje y la familia Villar, si bien son producto de la violencia colonial, también responden a un estado del ser y una identidad (problemática) de la familia y el resto de los personajes. La familia Villar, hasta el nacimiento de Martín, ha sido gobernada por la violencia. La fundación de esta familia participa de un origen histórico y mítico, a la vez, por la unión, por la fuerza, de un soldado español -raso, desertor a sus funciones represivas y carente de todo poder-, Miguel Francisco Villar, y una mujer andina, Sacramento Chira, quien es entregada por su comunidad para apaciguar las incursiones de terror que les ha impuesto el renegado Miguel Francisco, en los días de las revoluciones independentistas del siglo XIX. Es presumible que Miguel Francisco Villar sea, además de un desertor, un convicto que ha terminado en Sudamérica como fuerza represiva por ser precisamente un elemento prescindible e indeseable de la metrópoli española. Recordemos cómo la historiografía peruana dilucidó el perfil de muchos soldados españoles que fueron parte de las guerras contra la independencia en el siglo xix: «En abril de 1813, llegó desde Cádiz el regimiento Talavera, cuyos gastos, desde su equipo hasta su viaje, los comerciantes de Lima fueron obligados a abonar. Los oficiales del Talavera habían sido expulsados de diversos grupos metropolitanos por crímenes que antes perpetraron; los soldados provenían de cárceles, lugares de destierro y galeras. No es extraño, pues, que este regimiento pronto se hiciera famoso por sus asesinatos y sus robos»· (Basadre: 2021 [1971], р. 135).
Los hijos mestizos del binomio Villar-Chira son abandonados por el padre y luego la familia se sumerge en la pobreza, que durará generaciones. Con los años, uno de los hijos del soldado español y Sacramento Chira, Cruz Villar, el abuelo del narrador, se convierte en el patriarca de la pobre familia; Cruz Villar es una suerte de versión popular de Garcilaso, abandonado por el padre y sin el más mínimo privilegio ni educación. Además de ser un hombre callado y violento, ha llevado su violencia a tal punto que, de cuando en cuando, se ata un trapo rojo en la cabeza, señal de que ha empezado una temporada de violencia virulenta en la familia. En esos momentos, nadie puede hablar, so pena de sufrir los peores castigos. En uno de estos episodios de violencia descontrolada, Cruz llega al paroxismo de su furia: entra al corral de su casa y castra al mejor animal de la pobre familia frente a sus aterrorizados hijos y esposa. Años después, a finales de la década de 1950, Martín Villar empezará a desenredar este y otros episodios traumáticos que se han convertido en tabús familiares y han quedado sepultados por la memoria. El joven Martín es un aspirante a historiador que ha iniciado sus estudios en la elitista Universidad Católica de Lima. En el transcurso de sus años universitarios se enfrenta a un dilema: unirse al sistema académico y elitista que su universidad le ofrece o intentar su propio camino, reconstruyendo y desagraviando a sus antepasados, no obstante la carga de profundo dolor que esta vuelta al pasado acarreará. Es fácil anticipar la decisión que tomará nuestro protagonista; sin embargo, pese a la previsibilidad en el desenvolvimiento de la trama, a partir de la salida de la universidad, del abandono de la capital y del retorno a su pueblo de origen, la novela va desplegando una serie de historias injustas y sus profundas consecuencias en la vida de los personajes, todas ellas atravesadas por la violencia del mestizaje y el racismo derivado en la sociedad peruana. En la ficción, este complejo pasado será la base que sustenta la República del Perú, república criolla que hace del discurso oficialista hispánico su centro y relega al olvido la historia de las mayorías. La historia oficialista que encuentra Martín en las aulas universitarias oculta el violento origen de los mestizos por una versión occidental, hispanista y obsesionada con los abolengos que conquistadores y nobles españoles dejaron en los Andes sudamericanos.
Así, la familia Villar es un paradigma del mestizaje en el Perú, pero en una versión popular y marcada por la violencia, que contradice la historia de los abolengos que se vierten en las aulas universitarias de la ficción y que corresponden con el Perú de mediados del siglo xx. Entre las historias que Martín va descubriendo tenemos las siguientes: Cruz Villarvende a su bella hija Primorosa a un hacendado que posteriormente la violará sistemáticamente; Isidoro Villar, otro de los hijos de Cruz, se convierte en asaltante de caminos; y Santos Villar materializa a un hombre pobre de ideas protofascistas, violento y ferviente católico. En la historia que reconstruye Martín se mezclan el origen colonial y opresivo de la familia, la violencia de los abuelos, la injusticia de una sociedad racista, los pobres sueños del padre de Martín, quien desea que su hijo no herede la violencia de sus antepasados, y la revolución como suceso histórico y como hecho de violencia.
Como ya dijimos, el punto climático de la extensa novela, que definirá las acciones del protagonista y narrador, es la relación y desencuentro entre este y el aristocrático profesor de Historia Candamo de la Romaña. A partir de un trabajo del joven estudiante, el profesor lo invita a una reunión en su casa-hacienda, espacio en el que el tiempo se ha detenido y en donde la Colonia jamás acabó. Rodeado de sirvientes y religiosos -la casa-hacienda cuenta con su propia iglesia-, Candamo de la Romaña le ofrece al joven Martín un puesto de trabajo y la petición de sumarse a los historiadores hispanistas y a la cultura oficialista peruana; «era, en verdad, la Gran Tentación» (Gutiérrez: 2024 [1991], p. 167), que no es otra cosa que el reclutamiento de nuevos cuadros conservadores, entre los jóvenes de escasos recursos de la universidad, pero brillantes, para la escuela hispanista. Este reclutamiento viene a reforzar la realidad segregacionista de la novela. En la casa-hacienda de la familia Candamo de la Romaña se vislumbra como en ningún otro pasaje el trato segregacionista a los personajes por el color de piel. A través de tres estancias diferentes, Martín va adentrándose en el mundo colonial. Son tres los porteros que van abriendo las puertas y lo van conduciendo al centro de la casa en la que lo espera su profesor de Historia. Cada portero, Martín lo nota de inmediato, tiene la piel oscura; el primero, que está más alejado de la familia rica, es el que tiene la piel más oscura; el último portero, el que tiene la piel más clara. Antes del encuentro entre ambos personajes, a través de compañeros de clase, Martín averigua más sobre las reuniones de Candamo de la Romaña y el criterio segregacionista con el que se organizaban: las dos primeras se celebraban en el Club Nacional con alumnos blancos y de familias ricas; la primera era muy reducida, con alumnos procedentes de las familias más ricas y antiguas del Perú; la segunda, algo más concurrida, con alumnos escogidos entre familias ricas de los últimos años de la Colonia o que habían comprado títulos de nobleza al conseguir fortuna en los negocios; finalmente, había una última clase de reuniones que se hacían en la misma casa-hacienda de Candamo de la Romaña; a estas concurrían alumnos pobres y mestizos pero que tenían algún talento. El profesor solía darles a estos alumnos trabajos subalternos bajo una visión enteramente paternalista y desigual. Uno de los pasajes que retratan mejor la segregación en el mundo académico y la violencia contra los estudiantes pobres y mestizos venidos de las provincias del Perú afirma:
El tercer tipo de reuniones era realizado en su propia mansión. En su fuero interno, el doctor Candamo la consideraba un acto de caridad ya ella asistían una decena de becarios y exseminaristas, disciplinados y cumplidores de las tareas que se les encomendaban. Eran, los pobres, acentuadamente mestizos, provincianos, la mayoría de la sierra [...] El doctor Candamo sentía piedad, no burla ni desprecio, al ver a estos jóvenes con ternos y rostros imposibles (había oído que los llamaban «los amorfos») devorar casi arrebatándose las fuentes de la alta repostería. Pero, a veces, entre estos jóvenes, emergía un rostro que iba adquiriendo un contorno definido y al descubrir en él una auténtica vocación por la historia, y con el olfato y el instinto de los historiadores sentía una mezcla de alegría y desazón: alegría porque había hallado un discípulo de la historia tradicionalista, desazón porque el tesoro de archivos de las instituciones tutelares sería profanado y estudiado con quién sabe qué rencorosos sentimientos por alguien que, en el fondo, era un adversario de clase y sangre (Gutiérrez: [1991] 2024, pp. 165-166).
Martin, por supuesto, rechaza la oferta, abandona la universidad, regresa a Piura y se sumerge en el pantano de historias del pasado; todas las historias que se desprenden de la confrontacién Martin VillarCandamo de la Romaña y del posterior desplazamiento del primero hacia su provincia están orientadas a despertar una certeza: el caos que se vive en la realidad peruana, la violencia que inunda todas las relaciones humanas y las múltiples historias que nacen de este caos no tendrán solución de no mediar una salida revolucionaria, hecha por los propios protagonistas que han sido víctimas y victimarios de la violencia colonial y republicana, los mestizos que forman el Perú.
Ya en el pueblo originario de los Villar, Congará -pueblo ficticio-, y viendo la ruinosa casa familiar, Martín empieza a escribir una novela que sintetizará toda su búsqueda. La novela que el narrador se propone escribir es una respuesta estética a la historia oficial, hecha sobre la vida de los mestizos pobres de Congará y Piura, y que va abriéndose a hechos históricos como la Comuna de París, la guerra del Pacífico, que enfrentó a Bolivia, Chile y Perú, o la Semana Trágica de Barcelona. Pero si la historia oficial que vemos en la ficción se vale del panegírico, la semblanza y otros recursos tradicionales y hasta solemnes, la novela ficticia de Martín desplegará, en cambio, una serie de recursos novedosos, desacralizadores y no formales, llenos de humor y sátira, con múltiples referencias a lo grotesco y escatológico, mezclado con lo heroico y revolucionario; los materiales con los que Martín construye su novela son los cuadernos que dejó su difunto padre a manera de diario; los cuentos orales que el Ciego Orejuela, un hombre pobre que deambula por Piura, les contaba a Martín y otros niños; y las visiones que le proporciona la ingesta del cactus alucinógeno del San Pedro, planta utilizada por los chamanes del norte del Perú. Estas fuentes o voces del pasado acaban por construir una narrativa que desborda la oficialidad dentro de la ficción. Hace ya diez años le dedicamos algunas páginas a este respecto y dividimos esta narrativa desbordante en tres grandes ciclos que organizan la memoria de los de abajo: la oralidad de los pobres mestizos del Piura, el realismo revolucionario y el pensamiento mágico.
Realismo y revolución
En La violencia del tiempo cristalizan ideas estéticas de poderosa raigambre marxista que confluyen con la época en la que fue escrita y con las ideas estéticas del autor. Podría afirmar, de forma tentativa, que la composición de Za violencia del tiempo acompaña el proceso de violencia política que vivía el país a través de un realismo revolucionario, cuya naturaleza parte del realismo clásico, decimonónico, pero lo trasciende, hasta llegar a una suerte de idealismo revolucionario. Todas estas categorías serán motivo de análisis en las líneas que siguen.
Como lo recuerda el filósofo español Adolfo Sánchez Vázquez: «Marx no escribió un tratado de estética ni se ocupó de los problemas estéticos en trabajos específicos» (Sánchez Vázquez: 1973); en cambio, tal como han abordado varios autores -el mismo Sánchez Vázquez, Carlo Salinari (Salinari: 1975), Terry Eagleton (Eagleton: 2011) o Francis Wheen (Wheen: 2007), quien recuerda la influencia de Balzac en la composición de El capital, el interés de Marx por cuestiones estéticas abarcó toda su obra. La ausencia de una obra de carácter netamente estético, que centralice todas las ideas de Marx sobre la cuestión, es un vacío que se ha cubierto a lo largo del siglo xx con aproximaciones desde diferentes perspectivas. En el Perú y Sudamérica tal vez el magisterio de José Carlos Mariátegui ha sido el más gravitante en la conexión entre marxismo y estética. Precisamente el autor peruano, al lado del maoísmo, es el que influyó de forma más decisiva en las ideas estéticas de Miguel Gutiérrez y en la forma como encaró el realismo y la revolución en su obra de ficción. La crítica peruana ha tardado en establecer la relación entre Mariátegui y la estética de Gutiérrez; es decir, en cómo el magisterio de José Carlos Mariátegui influyó en la concepción de la novela de Miguel Gutiérrez. Un enfoque pionero a este respecto es el que propuso el sociólogo Antonio Rengifo, quien incluyó a Gutiérrez en el espectro de los escritores estrictamente mariateguistas: «Miguel Gutiérrez es, sin lugar a dudas, un sobresaliente literato y declarado mariateguista. Ser mariateguista implica plantearse "la relación dilemática del arte y la politica" y asumir la lucha de clases» (Rengifo: 2021). Es revelador también constatar cómo los maoístas peruanos, de los cuales Miguel Gutiérrez fue parte, se dieron la tarea de estudiar y reivindicar la figura de Mariátegui en los años sesenta y fusionarlo con el Pensamiento Mao Tse-Tung, como se conocía en aquellos días. Al respecto recordemos lo que proclamaba el Partido Comunista del Perú-Bandera Roja" en sus órganos de prensa y propaganda en 1967: «El Partido, tanto en su labor teórica como práctica, ha retomado el camino de Mariátegui. Pero ¿qué significa retomar el camino de Mariátegui? Significa en la teoría adherirse al marxismo-leninismo y, en la práctica, desarrollar la violencia revolucionaria para aplastar la violencia reaccionaria e implantar la dictadura de democracia popular, en esencia, la dictadura del proletariado»? (Bandera Roja: 1967, р. 2).
A continuación analizaremos cómo se plasma el magisterio de Mariátegui en la novela y cómo se pasa de un realismo clásico y se acaba en un idealismo revolucionario. Cuando Martín Villar se encuentra ante la tarea de recuperar la memoria de sus antepasados, la historia cobra tres fuentes: oralidad, visiones míticas y realismo. Nos ocuparemos de este último registro o estilo narrativo y de la manera en la que ha sido planteado, tanto en sus cercanías al realismo clásico de autores como Balzac hasta llegar a un idealismo revolucionario en el que los actores parecen ser ideales impolutos que se sacrifican de formas heroicas sin que importe nada más que la causa política a la que se han entregado. Como se dijo líneas arriba, la saga familiar se ve entroncada con la historia de las revoluciones. En el mundo ficticio de la novela, el personaje del revolucionario va tomando forma, bastante avanzada la narración, con los sucesos de Barcelona durante la Semana Trágica y París en los días de la Comuna. Los personajes son un sacerdote idealista y un obrero francés que abrazó el anarquismo y luego el marxismo: el padre Azcárate es un republicano que se pone de parte del pueblo catalán; Bauman de Metz es un revolucionario que lucha y muere en los días finales de la Comuna.
La más sostenida representación de la revolución, como tema, la encontramos en la vida del joven revolucionario Bauman de Metz. Al adentrarnos en la vida de este enigmático revolucionario estamos en el territorio que prosigue al desorden de la sociedad fracturada y racista; estamos ante la revolución que acabará con esta sociedad y de la cual surgirá un orden nuevo, un orden de nuevo tipo. La vida de este personaje se empieza a recuperar gracias a una selección de cartas, una lápida y a recortes de periódicos del siglo xix. Martín afirma acerca de las indagaciones sobre el elusivo personaje: «Trabajé mucho, ensayé diversas posibilidades, pero he terminado por admitir que resulta más elocuente y verás las cartas y documentos que el propio señor de Metz escribió [...] dos de las cartas proceden del archivo de los Lama Farfán de los Godos y me las proporcionó mi buen y triste amigo Arturo Lama» (Gutiérrez: 2024 [1991], pp. 410-411). Así, en última instancia, la biografía de Bauman de Metz es contada por él mismo sin intermediarios ni interrupciones. A través de esta comunicación epistolar somos testigos de la biografía de un pensamiento más que de la de un personaje concreto. El joven Prosper Zinzel Presburg es la vida del pensamiento socialista europeo que va de los socialistas utópicos pasando por los anarquistas al estilo de Bakunin y termina afirmado en el pensamiento de Karl Marx.
Es, sin embargo, una biografía enigmática del socialismo, con muchos elementos de misterio. ¿Quién es Prosper Zinzel Presburg? Nunca lo sabemos realmente. El lector ni siquiera está seguro de que Prosper sea su verdadero nombre: «El vino me trajo el olvidado sabor de mi primera infancia, y enseguida escuché la voz de papá: Prosper, así me llamaba él, desconfía siempre de los hombres que no gustan del vino» (Gutiérrez: 2024 [1991], p. 417); es decir, sabemos que su padre lo llamaba Prosper y que era un nombre restringido al uso paterno («así me llamaba él»), no su nombre real. Pero el nombre del protagonista no es el único que se presenta de forma misteriosa. No sabemos mucho del padre ni de sus camaradas. Cierta camaradería y misterio ronda el nombre de dos generaciones de revolucionarios: «Papá era un gran conocedor de la historia de Metz; los Zinzel, nuestro tronco, se había establecido en la ciudad en el siglo xv. Una de las historias que le gustaba contar era el sitio a que sometió Carlos У a Metz, en cuya defensa sobresalió un antepasado nuestro, Godofredo Zinzel, quien luchó bajo el mando del barón Bauman de Metz» (Gutiérrez: 2924 [1991], p. 418). Y algo más adelante, el remitente de la carta, que Martín tiene en su poder, afirma: «el señor Kleber me llevó a una taberna, pidió una botella de Riesling alsaciano y me propuso brindar por la memoria de Godofredo (este fue el nombre de mi padre), pero, luego de pensarlo, se rectificó: No, muchacho, brindaremos por la memoria del camarada Bauman de Metz. ¿Sabías que este era uno de los seudónimos favoritos con que Godofredo firmaba sus artículos? (Gutiérrez: 2024 [1991], р. 428). Acabamos sabiendo, pues, que no hay uno sino dos Bauman de Metz, padre e hijo, que es un seudónimo bajo el cual actuarán dos generaciones de revolucionarios y que vendrá todavía un tercero. En las descripciones de Prosper Zinzel-Bauman de Metz accedemos a una suerte realismo épico que sustenta la tesis de la violencia revolucionaria para acabar con la violencia estatal; este realismo épico no es solo declarativo en la epístola de Zinzel-Bauman de Metz sino que se vuelve acción en las narraciones de los combates y muertes -uno de los grandes logros de la novela-, en la lucha calle por calle de París, y en las noches de bohemia y solidaridad que se les van en las cantinas de la ciudad a personajes que saben que están a punto de morir.
El humanismo no puede (no debe) confundirse con el vulgar filantropismo; tampoco con el estado de beatitud, de reposo y de contemplación (estados que yo anhelé en mi adolescencia) que, al centrarse en la conciencia, en la vertiginosa interioridad, constituyen la negación del humanismo que implica el mundo y la comunidad con los hombres. No tengo una respuesta cabal, pero conjeturo que si hemos de hablar de humanismo, este debe ser activo, incesante y necesario, cuya fuerza generadora proviene del deseo. Quiero decir que el humanismo no excluye la violencia (agente de la necesidad) para su realización paulatina y cada vez más generosa (Gutiérrez: 2024 [1991], р. 479).
Y un poco más adelante, cuando ya nos encontramos en medio de la representación más realista y violenta de los hechos de la Comuna de París, Prosper-Bauman de Metz dice: «Cuando por unos milímetros erré el tiro destinado al corazón de Baziane y calló abatido en su lugar uno de los oficiales prusianos que lo escoltaba [...] al dar remate a aquella acción me sentí como un ángel exterminador, cruel y arbitrario; mas, afuera, por todos lados, rugían el cañón, la metralla y la fusilería, y yo debí apresurarme y salí a unirme a mi barricada, a mi puesto de combate» (Gutiérrez: 2024 [1991], p. 480). Poco a poco, la narración de Prosper-Bauman de Metz nos introduce a un clímax en este relato épico que, mediante diferentes recursos, va apuntando a un idealismo revolucionario en el que la introspección, individualidad y personalidad de los protagonistas (los comuneros) se ve suprimida en favor de una causa común que solo se materializará en el futuro, un futuro que los protagonistas no verán pero contribuirán a crear con su sacrificio y violencia. Parece, después de todo, que el anonimato de los personajes, la ambigüedad y la capacidad de intercambiar nombres (abundancia de seudónimos y lagunas de los nombres reales) es funcional al clímax y a la construcción del idealismo revolucionario. Cualquier proyecto personal es insignificante ante el hecho de la revolución; cuando la derrota es una realidad incontestable que aparece en el horizonte cercano, solo queda luchar hasta la muerte para causar la mayor cantidad de daños al enemigo; cuando el grupo de comuneros a los que pertenece ProsperBauman de Metz descubre una red de espías, se da el diálogo central concerniente a la revolución en La violencia del tiempo, diálogo que pone punto final a la vida de todos estos personajes:
-¿Desbaratar la red? -dijo, sombrío, Delescluze-. ¿Impediría eso la caída de París? Por lo menos no seamos ilusos, compañeros.
-Tiene usted razón, camarada Delescluze -respondió Frankel-. La suerte de París está echada. Pero una acción como la que propongo nos ayudará a resistir una semana más. O tres, o dos, o un día más.
- Un día más! -exclamé con ironía Vallés.
-Sí, un día, una hora más, camarada.
-Pero, aparte de aumentar la sed de venganza de Thiers -dijo un delegado cuyo nombre desconozco-, ¿qué ganaremos?
Varlin intervino:
-Es honroso que los bandidos burgueses acrecienten su odio contra nosotros.
-Como individuos, nuestro destino no interesa -declaró Frankel-, pero la luz de la Comuna debe tornarse poderosa. ¿No les debemos este pequeño sacrificio a los proletarios del mundo? (Gutiérrez: 2024 [1991], p. 482).
Finalmente, Prosper-Bauman de Metz morirá y dejará sus documentos y cartas, y su identidad, a un tercer individuo: J. J. Dollfus. ProsperBauman de Metz es, además, un intento por crear a un revolucionario ideal, que ha tenido tiempo de evaluar su trayectoria vital, sin romantizarla ni magnificarla, antes de morir. Aquel episodio cierra con la aparición de un personaje que en nada ha sido parte de los hechos. ]. J. Dollfus es una suerte de aventurero y pícaro para el cual los sucesos de la Comuna de París han sido un espectáculo digno de ver. Este personaje recupera el cuerpo de Prosper y, luego de comunicar a su familia su muerte, parte a Sudamérica con las pocas cosas que el comunero dejó en el mundo. Decide que al llegar a su nuevo destino se pondrá un nombre nuevo: Bauman de Metz.
Conclusiones
Una parte significativa del arte y la literatura andinos admite un análisis bajo la poética marxista. ¿A qué se debe esta compatibilidad o filiación? Una aproximación tentativa y respuesta provisional podría referir el carácter poscolonial de las sociedades andinas y la innumerable cantidad de problemas irresueltos derivados de ello. La violencia del tiempo se inserta en esta tradición. La propuesta, siempre desde el exterior, se justifica porque el mismo autor participó del pensamiento marxista. En su condición de militante, Miguel Gutiérrez se adhirió a los preceptos estéticos que estas escuelas proponían. La violencia del tiempo puede entenderse, desde esta perspectiva, como la novela peruana que lleva la estética maoísta a uno de sus niveles más complejos, dentro del conjunto de novelas que en el país se produjeron o se acercaron a las poéticas marxistas en el siglo xx. Con esta afirmación nos gustaría cerrar este artículo. Pero también con una pregunta que surge: ¿La violencia del tiempo acompañó con su poética pero también con su composición a la guerra de Sendero Luminoso? Y en caso poder responder esta pregunta de forma afirmativa, ¿cómo se concilió su escritura (un hecho puramente estético) con el acontecimiento político de la subversión en el Perú?
Bibliografía
Arámbulo, C. y Jorge Valenzuela Garcés (2018). Narración. Cincuenta años después. Lima: Editorial Universitaria.
Basadre, J. (2021). El azar en la historia y sus límites. Lima: Taurus.
Cornejo Polar, A. (1998). Mestizaje e hibridez: los riesgos de las metáforas. Apuntes. Lima-Berkeley. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año XXIV, n. 47. 1.er. semestre.
Diegner, B. y J. Morales Saravia (2006). La novísima novela peruana (1990- 2005). Entrevistas. Lima: San Marcos.
Eagleton, T. (2007). «Lo sublime marxista». En La estética como ideología. Traducción de Germán Cano y Jorge Cano Cuenca. Madrid: Editorial Trotta.
García Cosavalente, J. (2014). La contienda del pasado: conflicto entre una historia oficial y una memoria popular en el personaje Martín Villar. [Tesis de Licenciatura]. Pontificia Universidad Católica del Perú.
- (2020). «La aventura humana: el ensayo de un novelista». En Miguel Gutiérrez (1940-2016). Libro de homenaje. Lima: Aníbal Meza Borja Editor.
González Vigil, R. (2019). «Prólogo». En El viejo saurio se retira. Lima: Debolsillo.
Gutiérrez, M. (1966). «Mito y Aventura en La casa verde». En Narración 1. Revista literaria peruana. Lima.
- (1996). Celebración de la novela. Lima: Peisa.
- (2007). El pacto con el Diablo. Ensayos 1966-2007. Lima: San Marcos.
- (2008). La invención novelesca. Lima: Fondo Editorial UCH.
- (2009). Poderes secretos. Huancayo: Bisagra Editores.
- (2024). La violencia del tiempo. Lima: Alfaguara.
Gutiérrez Correa, S. (2020). «Miguel en mi memoria». En Miguel Gutiérrez (1940-2016). Libro de homenaje. Lima: Aníbal Meza Borja Editor.
Mariátegui, J. C. (1967). La organización del proletariado. Selección de artículos de José Carlos Mariátegui. Lima: Ediciones Bandera Roja.
Monteagudo, C. y Víctor Vich, editores (2002). Del Viento, el Poder y la Memoria. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Tenorio Requejo, Néstor (2006). El Grupo Narración en la literatura peruana. Lima: Arteidea Editores.
Rengifo, A. (2020). «Miguel Gutiérrez, literato mariateguista». En Miguel en mi memoria. En Miguel Gutiérrez (1940-2016). Libro de homenaje. Lima: Aníbal Meza Borja Editor, pp. 307-331.
Reyes Tarazona, R. (2017). Tres veces Miguel Gutiérrez. Lima: Editorial Universitaria.
Sánchez Vázquez, A. (1973). Las ideas estéticas de Marx. La Habana: Instituto Cubano del Libro, p. I.
Salinari, C. (1975). «Prólogo». En K. Marx y F. Engels. Cuestiones de arte y literatura. Selección, prólogo y notas de Carlo Salinari. Traducción de Jesús López Pacheco. Barcelona: Ediciones Península.
Valenzuela Garcés. G. (2015). «Aproximaciones políticas maximalistas. Miguel Gutiérrez, lector maoísta de Mariátegui». En Contextos. Revista de Crítica de Literatura. Año 5, n. 5. Lima: Departamento de Literatura\Facultad de Letras y Ciencias Humanas, pp. 177-195.
Wheen, F. (2007). La historia de El capital, de Karl Marx. Traducción de Carles Mercadal. Barcelona: Debate.
Notas
1. En este artículo no aludiremos al maoísmo en la obra de Miguel Gutiérrez. La influencia de Mao Zedong en su concepción novelística es una de las tareas pendientes de la crítica. (Para un trabajo que aborda el tema de forma parcial, véase Valenzuela Garcés).
2. El crítico literario Ricardo González Vigil se refirió en estos términos a la revista Narración a propósito de la reedición de El viejo saurio se retira, primera novela de Miguel Gutiérrez. Véase «Prólogo» a la reedición de El viejo saurio se retira.
3. A partir de los noventa y con mayor fuerza en la primera década del siglo xxi, Miguel Gutiérrez le dará más peso en sus ensayos de índole biográfica a su etapa de militancia política y a los años en los que la política y la organización tuvieron un rol central en su vida. Este autoanálisis tendrá su punto culminante en el prólogo a la segunda edición de La generación del cincuenta: un mundo dividido, en el que afirma, tras evaluar la figura de Abimael Guzmán, líder y fundador de Sendero Luminoso: «basándome en mis viejas lecturas de las obras de Mao y Mariátegui».
4. Sobre el profundo rol de la historia como ciencia en la obra de Miguel Gutiérrez recomendamos el artículo «El novelista como historiador privilegiado», publicado originalmente en Libros & Artes, revista de la Biblioteca Nacional del Perú y posteriormente recogido en La cabeza y los pies de la dialéctica, libro de ensayos publicado el año 2011. Además, sobre la figura de los historiadores y la obra de Jorge Basadre, Gutiérrez dedicó las siguientes palabras en Narrativa peruana del siglo xxi: hacia una narrativa sin fronteras y otros textos: «El azar en la historia y sus límites, ensayo este último que me deslumbró cuando lo leí al comienzo de los 70, pues revelaba un saber inmenso y una mente fresca y abierta a todas las corrientes últimas de la filosofía, las ciencias de la naturaleza y las ciencias humanas. Y todo esto respaldado por citas razonadas directamente tomadas de cinco idiomas».
5. Antonio Rengifo, además de desarrollar una larga carrera en las ciencias sociales, ha sido un profundo conocedor de la obra de Miguel Gutiérrez y testigo de excepción de la composición de La violencia del tiempo, pues acompañó con su amistad al autor en la turbulenta década de los ochenta e incluso le prestó su departamento por temporadas para que Gutiérrez siguiera con la escritura de su novela. Además del artículo sobre el mariateguismo de Miguel Gutiérrez, puede consultarse la larga obra que Rengifo dedicó a José Carlos Mariátegui: El joven periodista J. C. Mariátegui y Guillermo Rouillon Duharte, el biógrafo de Mariátegui; además, resaltaron sus aportes a la vida del revolucionario puneño Ezequiel Urviola y Rivera, y los artículos de prensa dedicados a la obra del artista José Sabogal Wiesse, La artesanía en la obra de José Sabogal Wiesse.
6. El Partido Comunista del Perú-Bandera Roja fue una organización de carácter netamente maoísta, surgida de las divisiones que se dieron en los años sesenta en el seno del movimiento comunista peruano. Bandera Roja fue el partido que más rápidamente abrazó el pensamiento de Mao y reivindicó la Revolución china como modelo para el Perú. Su gran líder fue el abogado Saturnino Paredes. Entre los jóvenes cuadros de Bandera Roja se encontraba Abimael Guzmán Reinoso, quien en 1971 se separaría de Paredes para fundar su propio grupo en Ayacucho, que años después pasaría a la historia como Sendero Luminoso.
7. «Prefacio». José Carlos Mariátegui. En La organización del proletariado. Lima: Ediciones Bandera Roja, 1976.
Copyright Centro de Estudios y Cooperacion para America Latina 2025