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Nos hallamos lejos del realismo que caracteriza a Papadiamandis y sin embargo muy cerca del segundo sentido que cobran personas y cosas en su mito; basta sostener el espejo de modo distinto frente a ellos [...] "Mientras subía por la cresta de enfrente, más allá de los huertos, en lo alto del barranco, oyó sonar la campanita del monasterio, dulce, modesta, monótona, despertando los ecos de la montaña y agitando una suave brisa. iEntonces era medianoche, hora de Maitines! iQué felices eran esos hombres que, muy pronto, desde la juventud, como por inspiración divina, habían sentido qué era lo mejor que podían hacer! - es decir, ievitar hacer desdichados a otros en este mundo! -, y que todo lo demás era secundario. Te decía que midieras en el agua desnuda sus días luminosos Que gozaras de espaldas el alba de las cosas O que vagaras de nuevo por los llanos amarillos Con un trébol de luz en tu pecho La transparencia de los fondos que es muy real en los mares griegos y a ella se refiere el poeta cuando sigue hablando a la Marina de los mares: Y abrías con estupor tus manos diciendo su nombre Ascenthendo con levedad hasta la transparencia de los abismos Donde fulguraba tu propia estrella de mar. Despertada-por-el-mar, altiva Erguíste un pecho de roca Salpicada por la inspiración del viento sudeste, Para que allí grabara sus entrañas el dolor Para que esculpiera allí sus entrañas la esperanza Con fuego con lava humos Con palabras que proselitizan el infinito. .
ALEJANDRO PAPADIAMANDIS: Cien años de su muerte
A un siglo de su muerte, Alejandro Papadiamandis (Skiathos 1851-Skiathos 1911) es una figura verdaderamente singular en las letras neogriegas. Se lo ha considerado uno de los prosistas más originales de la Grecia Moderna y algunos lo han llamado el Dostoievski o el Dickens del neohelenismo. Su vida fue dura y la pobreza no lo abandonó hasta su temprana muerte. Sus trabajos nunca estables ni bien remunerados giraron en torno a las traducciones para diarios y revistas y la entrega de cuentos por encargo.
Conocedor de la vida de la isla y del mar, de las penurias del pobre, del humilde; religioso él y sabedor de la religiosidad y las costumbres populares, en su escritura es maestro en trazar tipos humanos, en describir situaciones y escenas de la vida del pueblo especialmente el insular. Su visión de los personajes parece llena de amor y de benignidad ante las debilidades y las desdichas de los seres humanos. Como expresa uno de los destacados estudiosos de su obra, Georgios Valetas, Papadiamandis "siente una gran simpatía por los humildes y los acosados de la vida, los marinos golpeados por el mar, las muchachas solas, las madres de mantilla negra y ancianas, las viudas, los huérfanos, los defectuosos para quienes la naturaleza ha sido una madrastra sin amor, las jóvenes isleñas abandonadas por el destino, los desterrados que desaparecen en el océano de la lucha por la sobrevivencia y retornan después de años, como restos de naufragio, a la isla; los dolores, los anhelos, las bellezas y los idilios de su isla. De todo esto, compone un panteón de formas y tipos, un cuadro polimórfico de la vida isleña, y se demuestra como un gran pintor y un insuperable rapsoda de ella".1 Y todos estos elementos aparecen iluminados por una delicada poesía y una nostalgia a veces tenue, a veces desgarradora.
Papadiamandis escribió alrededor de doscientos cuentos y varias novelas. Entre éstas hay que mencionar Los emigrantes, La gitanita, Jristos Milionis y La asesina, verdadera obra maestra, y sin duda una de las más hermosas novelas neogriegas.
Singular es también Papadiamandis por la lengua que utilizó y que dificulta un tanto su lectura por las generaciones actuales de griegos. En efecto, empleó una forma de katharévusa sencilla, con algunos elementos dialectales de la isla de Skiathos. Puede parecer paradojal decir que esa katharévusa participa de la poesía y de la maestría descriptiva del autor.
La obra de Papadiamandis
La totalidad de la creación de Papadiamandis fue publicada en Atenas en cinco tomos, más uno de estudio, a cargo de Georgios Valetas, en 1954. Otra edición completa en tres volúmenes publicó Evi Veis-Seferli en 1962. Entre 1981 y 1988, apareció la edición de N. D. Trandafilópulos, en cinco tomos. La Sociedad de Ediciones Griegas, en la serie Obras Completas de Clásicos Neogriegos, publicó a Papadiamandis en tres voluminosos tomos, al cuidado de Mijalis Peranthis y con introducción suya, sin fecha (posiblemente 1960-1970). Hasta esa publicación había habidoirsas ediciones de colecciones de cuentos y de algunas de las novelas. Pero los principales medios de difusión de los relatos de este autor - medio exclusivo, en griego, en vida suya2 -, fueron diarios y revistas. Junto al gran poeta Constantino Kavafis, Papdiamandis es el gran prosista que no publicó un libro en su vida. En 1877, con 16 años, Alejandro Papadiamandis dio a conocer dos series de artículos en el diario Efimerís de Atenas, bajo los títulos de "La Semana de la Santa Pasión" y "La Santa Pascua". Tres años después, en el diario Neologos de Constantinopla, aparece una primera novela histórica, La emigrante, en forma de serie. En 1882, en la revista satírica M jánese, se publica la novela Los comerciantes de las naciones. Al año siguiente, otra novela, La gitanita, ve la luz por entregas en el diario Acrópolis. En la revista Hestía, apareció en 1885 una nueva novela histórica, Jristos Milionis, con un tema de la lucha de los guerrilleros, los kleftes, contra el dominio turco.
En 1887, cuando había trabajado varios años como traductor para diarios de Atenas y ejerce como cantor en la pequeña iglesia de San Eliseo, en Monastiraki, Papadiamandis comienzo a escribir cuentos. Éstos, junto a La asesina, constituirán la parte más importante de su creación. Los cuentos aparecerán en diversos diarios, dispersos. Igualmente dispersas serán publicadas por diversos editores sus traducciones de historiadores, poetas, novelistas. Algunos nombres de autores traducidos por Papadiamandis son George Finley, Thomas Gordon, Anatole France, Mark Twain, William Blake, Christie Dutton, H. Blümmer, Flaubert, Daudet, Maupassant, Turgueniev, Dostoievsky3.
A partir de 1912, aparecen numerosas ediciones autónomas, entre las que destacan en número las de La asesina. Igualmente, se publican traducciones al francés, inglés, italiano, sueco, húngaro, rumano y castellano.
A fines de los años de 1890, dos críticos de gran autoridad, el prosista Gregorio Xenópulos y el poeta Kostís Palamás, reconocieron méritos nada corrientes en este escritor pobre, alejado de los círculos de la sociedad y de la cultura atenienses, y cuyas obras estaban escritas en una lengua katharévusa sui generis, a veces con elementos dialectales de la isla de Skiathos, con un estilo que algunos tildaban de poco elaborado. Xenópulos se había referido en 1896 a Papadiamandis en la serie "Nuestros cuentistas uno a uno", en el diario Asti, de Atenas. A su vez, Palamás, en el mismo diario, en su artículo "Libros neogriegos", había abogado por que la obra dispersa de Papadiamandis, a quien llamaba "el gran pintor de los humildes", fuera editada en un volumen.
La asesina, como las otras novelas de nuestro autor, apareció por entregas en la revista Panatenea, entre el 15 de enero y el 15 de junio de 1903. Ese año y en esa misma revista se publicó el histórico estudio de Gregorio Xenópulos sobre Kavafis, que abrió el camino de la difusión y el reconocimiento del poeta alejandrino en Atenas. Para Papadiamandis, la aparición de La asesina marcó el principio de un reconocimiento más amplio, pero también de polémicas en torno a su obra. La vida modesta y nada fácil del escritor no cambió. Siguió entregando sus relatos y haciendo traducciones para sobrevivir. En 1908 viajó por última vez a su isla. No regresó a Atenas y murió en Skiathos, de pulmonía, el 2 de enero de 1911, antes de cumplir 60 años.
Después de su muerte, aparecieron homenajes al escritor en las revistas O Kalitejnis de Atenas, Neon Pnevma de Constaninopla, laravyí de Mitilene y Anatoli de Esmirna. Antes, en 1908, la revista Nea Zoí de Alejandría había publicado el primer homenaje al escritor, con contribuciones de Kavafis, Xenópulos y Palamás, entre otros. Es de destacar que la valorización de la obra de Papadiamandis por estas tres grandes figuras de las letras griegas fue hecha y publicada en vida del prosista de Skiathos.
En España, se publicó en 1991 la traducción de La asesina, realizada por Teresa Sempere4. El prestigioso anuario Más cerca de Grecia, de la Universidad Complutense de Madrid, dirigido por la profesora Penèlope Stavrianopulu, dedicó a Papadiamandis su número 8, de 1992, en el que, sin duda, deben aparecer, además de estudios, traducciones de relatos suyos. En el volumen 14, de 1998, dedicado al costumbrismo griego, aparece el texto del cuento Óniro sto kima y su traducción por María Rosa Marino, con el título de Sueño sobre las olas. En 2004, la Universidad de La Laguna editó un tomo de relatos, en traducción de la profesora Isabel García Gálvez, con prólogo de Constantino Tsatsos, en la serie Textos del Seminario de Literatura Neogriega. Los cuentos incluidos son: Bajo la encina real, Sueño en la ola, El lamento de la foca, La chimenea, El americano.
En Chile, el Centro de Estudios Griegos, en El cuento griego moderno Antología, 19895 publicó el cuento "El amor en la nieve", en traducción de quien escribe. El año 2001, gracias a la gentileza de la estudiosa española Teresa Sempere, el Centro pudo publicar su traducción de la obra maestra de Papadiamandis, La asesina .
Es verdad que se puede intentar diversas aproximaciones a la obra de Papadiamandis y varios enfoques que podríamos considerar globales. Acaso todos son válidos según sea el punto de partida del estudioso. Al margen de discusiones y polémicas, hay una serie de aspectos que son claramente perceptibles. En sus narraciones se refleja un profundo conocimiento de la vida de los pobres, especialmente en las islas; amor por los humildes y por su manera de vivir y de sentir; conocimiento de la mitología popular neogriega; amor por la naturaleza y exaltación de ella; contemplación de los misterios del alma humana, en especial frente a la realidad del bien y del mal7. Se nos presenta la maldad, pero también la bondad; las debilidades del ser humano, pero también su fortaleza espiritual. La religiosidad de Papadiamandis acaso era sentida como la religiosidad de la comprensión de la debilidad humana; del perdón o quizás más bien de una visión benigna, piadosa, del pecador.
Una larguísima galería de personajes se pinta en sus cuentos y novelas. No pocos de ellos hacen el mal. "Papadiamandis empuja a sus personajes hacia una conducta cada vez más 'maldita', siguiendo la onda del pesimismo naturalista", afirma Mario Vitti8. Pero pensamos que aún en los casos que pudieran parecer extremos, hay una especie de iluminación por la piedad y por la poesía. "Un sugerente aroma de poesía se difunde en las páginas de Papadiamandis", escribe Peranthis9. Quizás en pocos autores puede hallarse una especie de fusión de compasión y poesía, de piedad hacia el que sufre, de una piedad nimbada de poesía. Acaso esto sea lo que hace tan cobnovedora la lectura de muchas de sus obras.
Heleni Politu-Marmarinú ha dedicado un lúcido estudio a esta materia: "Lo poético de la obra de Papadiamandis"10. Odiseo Elytis ha sido uno de los que han destacado la "poeticidad" de nuestro autor en La magia de Papadiamandis. "Hoy la prosa no tiene sentido, no "se sostiene" sino por lo que queda afuera y muestra que sabe durar más allá de la acción [narrada]. Las virtudes de tal duración es lo que busco en Papdiamandis como poeta. Nos hallamos lejos del realismo que caracteriza a Papadiamandis y sin embargo muy cerca del segundo sentido que cobran personas y cosas en su mito; basta sostener el espejo de modo distinto frente a ellos [...]. Ciertamente que si uno examina sus relatos con espíritu de estudioso antipático, comprobará un realismo que casi desencanta [...]. Pero en el momento en que Papadiamandis se pone a cambiar su relato en dirección a lo improbable, seguro es que se debe a ese factor indefinible que es el elemento poético, y que muy raramente da su luz sin traicionarse en las cabezas de los prosistas de profesión"11.
Pan. Mulás se refiere también, como otros críticos y estudiosos a lo poético en la prosa de nuestro autor: "A pesar de sus evidentes defectos, la obra de Papadiamandis no deja de ejercer sobre nosotros un particular encanto [...]. Muchas veces, algo del estremecimiento que nos provocan los grandes poetas surge tras su nostalgia"12 .
Para Linos Politisela nostalgia es el elemento básico y permanente en Papadiamandis; es su fuerza y su debilidad"13. A esa presencia de la nostalgia y de la ensoñación poética atribuye este estudioso los "defectos" de estructuración e ilación que se han señalado no pocas veces en su narrativa. "La ausencia de construcción se debe la mayor parte de las veces a la naturaleza de su nostalgia y ensoñación. Las ideas desligadas de un esquema predeterminado, siguen el camino del ensueño - y esa falta de conexión constituye una virtud y posee un encanto".
Papadiamandis supo captar algunos rasgos básicos del carácter griego, negativos y positivos, pero superando el costumbrismo en muchos de sus relatos. Habría que recordar El amor en la nieve, Guardia en el lazareto, Riberas rosadas, Sueño del 15 de agosto, por ejemplo, y entre las novelas, Iristos Mlionis y La asesina.
El mismo escritor fue un personaje popular, pobre, religioso, que vivió entre gente modesta y en barrios modestos. El poeta Kostas Várnalis recordaba así la persona de Papadiamandis: "Cuatro años vivimos al lado del más grande narrador griego y, según la justa paradoja de Malakasis, junto al más grande poeta griego, a Alejandro Papadiamandis. Pobremente vestido y retraído, con su barba y su temor a la gente, frecuentaba el café de Barbayanis [...]. Papadiamandis acostumbraba a sentarse afuera del café, en la parte de atrás, junto a la ventanita del fogón. Por la ventanita compraba su café o pedía fuego para prender su cigarro. Lejos de todos los otros clientes, aislado, cruzaba sus brazos, doblaba su hierática cabeza y se sumergía en sus ensoñaciones creadoras: en su verdadera vida"14.
La asesina
Con muy pocas excepciones, quienes se han ocupado de la obra de Papadiamandis han considerado La asesina como su obra maestra. "Es la obra fundamental de su vida y justifica mejor que cualquier otra a Papadiamandis. Obra de madurez y a la vez, una de las obras maestras de nuestra literatura", escribe Kostas Thrakiotis15. Politis destaca en la novela su "gran fuerza descriptiva del alma humana"16 .
Como resulta natural, dada las características del personaje principal, Frangoyanú, en esta mujer trágica se han centrado las observaciones de los estudiosos. Ella aparece como una "figura enigmática y completamente ajena a los ingenuos, muchas veces maliciosos, pero siempre de buen corazón isleños que inundan las otras narraciones" de Papadiamandis"17 . Es como si en Frangoyanú se hubieran personificado todos los sufrimientos de la mujer griega pobre, maltratada casi desde su nacimiento y no deseada antes de venir al mundo. En la época y en el medio de Frangoyanú, no pocas mujeres pudieran haberse hecho reflexiones parecidas a las de ella, en cuanto a "la desgracia de ser mujer" y la mala suerte de un padre de "tener niñitas" y no varones. Pero quizás no seguirían el camino de rebeldía, concretada en acción que tomó Frangoyanú. Para Thrakiotis, la "trágica heroína se eleva como un símbolo de protesta, frente a la existencia humana y la ley social"18.
El drama de la mujer se desarrolla en el ambiente de una isla griega pobre, en un paisaje seco, árido, duro, pedregoso; en la Grecia isleña, rural del siglo XIX, Grecia de la pobreza, de la dura sobrevivencia popular, de la mujer discriminada y muchas veces maltratada. Resulta, sin duda, impresionante seguir los pasos de Frangoyanú: da muerte a su nieta recién nacida; luego hace morir ahogadas a dos niñas pequeñas; más tarde no interviene para intentar salvar a una niñita que cae en un pozo y a la cual recién había deseado que cayera. En un momento, la mujer piensa que Dios ha querido cumplir el "buen deseo" que ella recién expresó. Pero es esta muerte en la que no tuvo parte, la que, paradojalmente, pone primero en sospecha y luego en acción a la policía. Después, ya durante su desesperada fuga por las montañas, Frangoyanú está a punto de dar muerte a una recién nacida, hija de un pastor, en cuya casa se refugia; y, tras un intento frustrado, asesina a la hijita de un hortelano.
Como lo destaca, Vanyelis Athanasópulos, el objetivo de Frangoyanú "es bueno. Es aquello que ella cree que es bueno: mata a las niñas pequeñas para aliviar a los padres de la carga y para librarlos de futuros sufrimientos. No hace el mal por el mal, sino que lo hace para el bien. No siente ningún horror frente al mal. Su actitud aparece como enteramente natural y lejos de cualquiera atracción consciente por el pecado"19. En cuanto a las criaturas asesinadas, el razonamiento de la mujer es impecable desde su punto de vista. Si sólo han de sufrir en la vida, ¿por qué no desearles ser felices de inmediato en el cielo, donde serán angelitos y estarán rodeadas de ángeles? Lo malo sería desearles el largo sufrimiento de una vida.
Las descripciones, breves, compactas, tanto de los lugares como de los estados de ánimo de Frangoyanú, son parte importante de la impresión que produce la larga huida de la asesina; contribuyen en buena medida a crear un ambiente alucinante. Ya el poeta Kavafis, en el homenaje rendido a Papadiamandis en la revista Nea Zoí, de Alejandría, en 1908, destacaba "la fuerza descriptiva" del novelista. Señalaba, al respecto varios cuentos como ejemplos y se refería a esta novela: "iQué bellamente descritas en La asesina (Panathinea, t. 5o, octubre 1902-marzo 1903) están las noches que pasa en vela Frangoyanú al lado de su nietecita en la casa de DeIj aró; y también su paseo matutino por el olivar, con su entrada en la Iglesia de San luán del Refugio [el Oculto], y la fatal visita al huerto de Yanis el hortelano; y también las escenas de la lavandería del tío Romaís!"20.
Durante la angustiosa huida, hay pasajes en que impresiona hondamente el contraste entre la angustia de la mujer y la serenidad plácida de los paisajes que surgen en su camino. Después de cometer su último asesinato durante el transcurso de su angustiada fuga, !adula (Frangoyanú) sale agitada de la casa del pastor Liringos y corre. Mientras sube la escarpada montaña, su alma está presa del terror, pero... "Era un dulce amanecer de mayo. La claridad azulada y rosa del cielo recubría con el color de la miel las hierbas y los arbustos. Se oía el canto de los ruiseñores en el bosque e innumerables pajarillos celebraban con ardor y ansiedad un concierto inefable".
La mujer, conocedora de la naturaleza de su isla, de yerbas, aves, montañas, quebradas, se dirige a veces a los seres y elementos que va encontrando. Cuan conmovedor es el pasaje de la llegada de la fugitiva a la Fuente del Pájaro:
"Era una fuente situada en la cima de una alta roca, sobre la que se formaba una pequeña meseta resbaladiza, de tierra llena de musgos y otras hierbas húmedas, que parecían navegar para no resbalar y caerse. De aquella fuente, realmente, sólo las aves del cielo podían beber, !adula se agachó y bebió. -iAh! iPuesto que bebo de vuestra fuente, pajarillos míos - dijo -, concededme también la gracia de volar como vosotros...!"
Página maestra es aquella del contrapunto entre la fugitiva y el Padre Ioasaf, un monje eremita, que vive allá en la soledad de las pedregosas alturas, por donde corre la mujer para salvarse. Ella expresa su dolor y su angustia con comparaciones sencillas, que surgen de su alma campesina. El monje le contesta con la poesía de un salmo que está en armonía con la tristeza y aflicción de la pobre anciana.
"El padre Ioasaf vino a llenar un cántaro de agua y al ver a Frangoyanú la saludó.
- ¿Cómo tú por aquí, anciana? Un poco pensativa te veo...
- iAy, hijo mío!... -dijo Frangoyanú- Tengo tormentos y sufrimientos. Los tormentos no están ausentes de este mundo, anciana... Por mucho que lo intente el hombre, no puede evitarlos...
- iAy Padre Ioasaf! -dijo Frangoyanú en una efusión llena de tristeza iQuisiera ser pájaro y volar!
- '"¿Quién me dará alas como a las palomas?"- dijo Ioasaf recordando el salmo.
- Quisiera irme de este mundo, padre... iYa no puedo más!
- "Te alejaste huyendo y te hallaste en el desierto" -volvió a decir el viejo monje.
- Una gran tormenta ha caído sobre mí, padre, y un gran desfallecimiento me ha invadido.
- Que Dios te libre, hija mía, "del desfallecimiento y de la tempestai/" - prosiguió Ioasaf, continuando el salmo.
- De la maldad, de la calumnia, de la envidia no puede escapar el hombre.
- "Húndelos en el abismo, Señor, y divide sus lenguas, porque he visto iniquidad y discordia en la ciudad" -conluyó el padre Ioasaf.
Luego, después de llenar su cántaro, dijo:
- Si pasas por la huerta, anciana, llámame y te obsequiaré con alguna lechuga y unas pocas habas.
Y se alejó."
Mientras deambula corriendo por los cerros, angustiada, Jadula oye las campanas de un monasterio. Se da cuenta que es pasada la medianoche, que se trata del llamado a cantar Maitines, y surge en su alma un pensamiento singular. "Mientras subía por la cresta de enfrente, más allá de los huertos, en lo alto del barranco, oyó sonar la campanita del monasterio, dulce, modesta, monótona, despertando los ecos de la montaña y agitando una suave brisa. iEntonces era medianoche, hora de Maitines! iQué felices eran esos hombres que, muy pronto, desde la juventud, como por inspiración divina, habían sentido qué era lo mejor que podían hacer! - es decir, ievitar hacer desdichados a otros en este mundo! -, y que todo lo demás era secundario. Esta filosofía la habían recibido como por herencia, y no importunaban su mente con la "búsqueda de la verdad", que nunca se encuentra". Sin duda, la mujer piensa que los monjes al renunciar a tener hijos evitan hacer desgraciadas a otras criaturas.
El final de la desesperada huida y fin de la novela es también una página maestra, cerrada por una expresión en que el autor parece reafirmar una objetividad matizada de piedad. La justicia humana ya ha condenado a Frangoyanú y la persigue. La justicia divina, en la que la mujer cree poder hallar perdón y paz, está un poco más allá en una ermita sagrada, que a la hora de la alta marea queda separada de la isla. Pero las aguas del inmenso mar que rodea la isla la rodean también a ella y le impiden llegar a esa anhelada paz. La anciana avanza a paso firme y el agua va subiendo hacia su cabeza:
"Frangoyanú estaba aún a unos diez pasos de San Salvador. Ya no hacía pie: se arrodilló. El agua salobre y amarga le entró en la boca.
"Las olas se hinchaban salvajemente, como henchidas de odio. Le cubrieron las narices y las orejas. En aquel momento, la mirada de Frangoyanú se posó en Bostani, en la costa desierta del noroeste, donde le había dado en dote una huerta, cuando de jovencita la casaron, la colocaron y le eligieron sus padres, un marido que la tiranizara como la habían tiranizado ellos.
"-iOh! iMi dote! - dijo.
'Îsas fueron sus últimas palabras. La vieja Jadula encontró la muerte en el paso de San Salvador, en la laguna de tierra que une el promontorio de la ermita con la tierra firme, a mitad de camino entre la justicia divina y la humana".
El autor, quizás tan conmovido como el lector, no ha condenado, esperando acaso, igual que la atormentada mujer, en una clemente justicia que está más allá de la humana.
Miguel Castillo Didier
Elytis: cien años del nacimiento del poeta de la luz
Okdiseo Elyris nació en Creta en 1911: Su familia procedía de la isla de Mitilene, la antigua Lesbos, tierra de Safo. El poeta dijo una vez que su vida fue "insular". Las islas y el mar fueron su medio natural y ello se reflejará decisivamente en su poesía. Y en efecto, aunque hubo de hacerse "ateniense por adopción", siguió siempre afectiva y poéticamente ligado al Mar Egeo, sus islas de indescriptibles bellezas y especialmente a Lesbos.
Estudió derecho en la Universidad de Atenas, pero pronto deja la senda de las leyes para seguir el camino de las letras. El abrirse de su alma juvenil al mundo de la poesía coincide con el nacimiento de lo que en Grecia se llamará "poesía moderna", término que abarca varias tendencias renovadoras del quehacer poético que acogen más o menos abiertamente las nuevas tendencias estéticas europeas. Los primeros poemas de Elytis aparecen en la revista de vanguardia Nea Grama ta en 1935, (Nuevas Letras). Seferis había hecho su aparición en 1931 y Ritsos, en 1934. Nikitas Randos, al comienzo de la década, había dado en cierto modo la partida al cambio, a la superación de la tradición, cuya figura más ilustre era Kostís Palamás (1859-1943). Entre los poetas que comienzan a destacarse durante la década del 30, Elytis va a mostrar rápidamente una especial originalidad. Y aunque en algún momento llegó a señalárselo como uno de los introductores del surrealismo en Grecia, la mayoría de los estudiosos de la poesía moderna helénica coincide en afirmar que Elytis "parte desde el surrealismo" y aprovecha sus técnicas en los comienzos de su obra, para forjarse enseguida un lenguaje poético propio.
El primer libro propiamente tal de Elytis apareció en 1940: Orientaciones. Pero en esa colección se contienen otras que habían sido publicadas en revistas desde 1935: Primeros poemas, Esperadas. lornal del verano y las clepsidras de lo desconocido. El segundo volumen es Sol el primero, 1943, que se integra con Variaciones sobre un rayo de luz. Ecos de su experiencia como combatiente en la epopeya de Albania, cuando entre octubre de 1940 y abril de 1941, la pequeña Grecia resistió con heroísmo inverosímil el ataque gigante fascista, aparecen en el Canto heroico y fúnebre para el Subteniente caído en Albania. El Axion Estí, su obra más extensa y compleja sale a la luz en 1959. Vendrán más tarde otras colecciones poéticas, por lo general reducidas en extensión: Seis y un remordimiento para el cielo, El árbol-de-la-luz y la decimocuarta belleza, María la Nube, La erre del amor y otras.
LA LUZ Y LA DIAFANIDAD EN LA OBRA ELYTIANA
Uno de los elementos de la poesía de Elytis que más nítidamente se deja apreciar es la presencia de la luz. Pareciera que la luz, la luz griega y la luz de la creación se hubieran consubstanciado con esta poesía y se hubieran enseñoreado hasta con los objetos que la pueblan. Por esto último, la diafanidad constituye otro elemento perceptible en esta escritura, la búsqueda de la diafanidad. En 1975, expresaba el poeta: "la diafanidad es quizás el único elemento que domina hoy mi poesía" . Y añadía: "al decir diafanidad, entiendo que tras un objeto concreto puede y aparecer algo diferente, y tras esto, a su vez, otra cosa; y así sucesivamente". Por esta compenetración con luz, todo objeto puede volverse transparente y la transparencia que existe la naturaleza puede ser trasladada e instalada en la poesía.
Mucho antes de que lo hiciera el poeta, un estudioso había destacado este aspecto de la poesía elytiana, entonces en sus comienzos. En efecto, en 1938, escribía Mitsos Papanikolau: "los paisajes de Elytis poseen toda la diafanidad y la nueva hermosura de los paisajes que las lluvias y las brisas han purificado y hasta aquella de los primeros paisajes de la creación. Su naturaleza es joven y tan encantadora, como si la enfrentarán por primera vez los ojos del niño o de alguien dormido"22.
La fuente de la luz y la diafanidad están, sin duda, en la naturaleza griega: en la belleza y plenitud infinitas del mar griego; en la hermosura paradisíaca de sus paisajes insulares; en la pureza inefable y si pudiéramos decir extraterrenal del cielo helénico.
De ahí proviene la voluntad de luminosidad y diafanidad del poeta, al servicio de la cual ha puesto algunos de sus más característicos recursos expresivos.
Uno de esos recursos lo constituyen las imágenes. El mencionado estudioso Mitsos Papanikolau también se detenía en las imágenes, al tratar de explicarse la impresión que le dejaban los primeros poemas de Elytis. Escribía el crítico: "Sus imágenes - imágenes que se suceden una tras otra plenas de la más tierna nostalgia juvenil, plenas de frescura estival, densas, cordiales, ricas en suaves cromatismos - crean el más límpido, el más puro lirismo"23. Más tarde, en 1960 Hilty destacaba que la originalidad de las imágenes elytianas, plenas de luz, de color y de vivacidad, poseen un centello intenso; y agregaba que "es justamente en ese, centelleo donde Elytis halla sus dones poéticos más personales"24.
Pero veamos algunos poemas en que hallamos la manifestación de esta búsqueda de diafanidad y luz. Al personaje de La Marina de las rocas -figura enigmática, estatua, mujer, creatura quizás petrificada y expuesta al perpetuo beso de las olas - se dirige el poeta con estas palabras:
Te decía que midieras en el agua desnuda sus días luminosos
Que gozaras de espaldas el alba de las cosas
O que vagaras de nuevo por los llanos amarillos
Con un trébol de luz en tu pecho
La transparencia de los fondos que es muy real en los mares griegos y a ella se refiere el poeta cuando sigue hablando a la Marina de los mares:
Y abrías con estupor tus manos diciendo su nombre
Ascenthendo con levedad hasta la transparencia de los abismos
Donde fulguraba tu propia estrella de mar.
La tierra seca, áspera, de Beocia, la ve el poeta como intensamente luminosa/'ataviada por la música de las hierbas". La saluda en uno de sus más hermosos poemas como iluminada por el vendaval:
Oh tierra de Beocia que te ilumina el viento
'Oh piélago inmarchitable": con estas palabras invoca al mar, mientras que a la isla de Santorini, la antigua Thera, la ve como "la reina de los latidos y las alas del Egeo" Y "en la tarde/
y su imperial aislamiento,
la gaviota su azulada libertad
entrega al horizonte".
Incluso en Siete septinas nocturnas, a pesar del título de esta breve y temprana colección poética, la luz es el elemento dominante:
El rocío nace en las hojas
Como en el infinito mar
El claro sentimiento
En estas Septinas, la luminosidad, la claridad, la transparencia, la diafanidad, se asocian a objetos y realidades de ámbitos muy diversos:
Propicias claridades de astros
Trajeron el silencio. . .
En lo hondo de mi alma
Ancla una flota de estrellas. . .
Como recordaremos más adelante, el Axion Estí es la obra de más profundo contenido nacional de Elytis. En ella, la luminosidad triunfa sobre las sombras en el recuento lírico que se hace de "la pasión", los sufrimientos del pueblo griego y del poeta; esto a pesar de que en la larga y accidentada historia del helenismo, sin duda parece pesar más las vicisitudes y momentos trágicos. Sólo en el sentido de que no es fácil de comprender en la primera lectura debido al denso contenido y a las alusiones a la historia griega tres veces milenaria, podría decirse que este magno poema no es tan claro. Pero en verdad desde el primer "Himno" del Génesis (I Parte), donde comienza el nacimiento del mundo en la conciencia del poeta, la luz inunda versos y poemas. Precisamente, la luz se instala en el primer verso del Génesis y en el primero de la Doxología o Laudes.
En el principio la luz y la hora primera. . .
Dignum est la luz y el primer voto. . .
Buscando en su alma, el poeta trata de iluminar el cielo con la lámpara de las estrellas:
Con la lámpara del astro
Dónde encontrar mi alma
Con la lámpara del astro
Dónde encontrar mi alma
a los cielos salí
lagrimas de cuatro hojas!
doy vueltas por los cielos
lágrima de cuatro hojas!
"Tengo algo que decir diáfano e inasible": lo expresa el propio poeta al comenzar su serie Villa Natacha, en el volumen Los medios hermanos (1974). Y pareciera que el desarrollo de toda su poesía constituyera un largo esfuerzo por cumplir el anhelo de decirnos ese algo.
A la luminosidad se asocia frecuentemente el color en la poesía elytiana. Sin duda, el color más reiterado es el blanco, el albo: aspros y lefkós; y le sigue en frecuencia el azul, celeste y glauco: uranios, ghalazios, kianós, glafkós. Este último y el blanco dominan en Edad del glauco recuerdo.
Y un hálito bullicioso levantó la blanca casa
Los blancos sentimientos recién lavados sobre
El cielo que con una sonrisa iluminaba.
El color verde suele asociarse suele asociarse en la imágenes elytianas a la frescura, la juventud, la virginalidad. En La cinco-veces-bella en el jardín, podemos contemplar a la hermosura joven cantada allí en un paisaje en que elevación, frescor, alegría de aurora, verdor y armonía se funden estrechamente.
Oh cuan hermosa eres. . .
En alto con tu alboral regocijo
Plena del verdor del oriente
Plena de los pájaros primeramente oídos
Oh cuan hermosa eres
Arrojando la gota del día
Sobre el inicio del canto de los árboles!
En Portokalenia, poema de la colección Variaciones sobre un rayo de luz, incluida en Sol el primero (los dos títulos parecen derramar luminosidad), cielos y cristales de hielo, ángeles y jovencitas, se reúnen junto al asombro de cigüeñas y pavorreales, que contemplan la metamorfosis de una niñita en una mata de naranjo:
Así cuando los sietes cielos resplandecieron glaucamente
Así cuando los cristales de hielo tocaron una fogata
Así cuando fulguraron colas de golondrinas
Desconcertáronse los ángeles en lo alto y abajo las jovencitas
Asombráronse en lo alto las cigüeñas y abajo los pavorreales.
Indisolublemente ligados a la luz en la poesía elytiana están el mar y la luz, como lo están en la increíble hermosura de la naturaleza griega. Sol el primero, título feliz, inspirado posiblemente en un verso de otro poeta de la luz y del mar, Andreas Kalvos, constituye uno de los volúmenes más importantes de la obra de Elytis (1943). De él surge la figura de Portokalenia, recién mencionada, aquella muchachita a la que "tanto la embriagó el zumo del sol", que aceptó ser una matita de naranjo. El primer poema de la colección es una negación de la noche y un anhelo de aurora:
No conozco ya la noche terrible anonimia de la muerte
En lo hondo de mi alma ancla una flota de estrellas
Véspero centinela, brilla junto a la celeste
Brisa de una isla que me sueña
Para que anuncie yo el alba desde sus elevados roqueríos. . .
Cuerpo del Verano es el segundo poema de este volumen y "constituye un ejemplo clásico" del arte elytiano. Recordemos su final en el cual el verano es visible en la figura de una playa, entre las algas y la espuma. Más allá de las inclementes variaciones de un tiempo a veces cruel y rudo, la sonrisa ilumina el rostro del tierno muchacho:
Sin embargo tras todo eso sonríes despreocupadamente
Y vuelves a encontrar tu obra inmortal
Como te reencuentra el sol en las arenas
Como en tu salud desnuda el cielo.
Sol, mármol, viñas, mar; cuatro "verdades" griegas ligadas a la luz se entretejen al comenzar otro poema "clásico" de este volumen:
Bebiendo sol corintio
Leyendo los mármoles
Pasando a tranco largo por viñas mares
Luego de imágenes que aluden a otras "verdades" helénicas -viento limoneros -, vuelve la luz no nombrada, pero que inunda los últimos versos:
Hundo mi mano en los follajes del viento
Los limoneros siegan el polen del buen tiempo
Las aves verdes rasgan mis sueños
Me voy con una mirada
Amplia mirada donde el mundo vuelve a llegar a ser
Bello desde el principio en las dimensiones del corazón!
Exuberante, impetuosa, quizás podríamos decir, se muestra la luminosidad en el poema de El granado enloquecido. De lornal del verano, en Orientaciones. La metamorfosis de una niña en planta, en una mata de granado, origina el poema, que, desgraciadamente, presenta dificultades casi insuperables para su traslado a nuestro idioma. El personaje, el árbol es femenino en griego, mientras que en castellano es masculino. La primera estrofa inicia ya una especie de apoteosis y colores:
En estos solares blanquísimos que sopla el viento sur
Silbando en arcos abovedades, decidme ¿Qué es el granado enloquecido
Que palpita de alborada con follajes recién nacidos
Desplegando todos los colores en la altura con un temblor de triunfo?
Luego del paso del alba al dia, el clima de intensa luz permanece y hasta se acentúa:
En el día que por envidia se adorna con alas de siete clases
Ciñendo el sol eterno con mil prismas
Enceguecedores, decidme ¿es el granado enloquecido...
En la Oda a Santorini, de la misma colección, una sucesión impresionante de imágenes nos transporta al tiempo en que surgió del mar esa isla volcánica. Mientras Seferis vio a Santorini como símbolo del hundimiento fatal de todas las cosas, del deshacerse de las piedras y de las vidas, tomando como base el hecho cierto de haber desaparecido partes de la isla, Elytis, en cambio, prefiere fijar su atención en la sugerencia de la tierra del seno al mar, en el nacimiento de entre las aguas luminosas de una isla virginal, en los purísimos tiempos remotos.
Nos hemos encontrado desnudos sobre la piedra pómez
mirando las islas surgentes
mirando las islas rojas que se hunden
en su sueño, en nuestro sueño.
Esta es la voz del poeta de Jonia, del cantor de las piedras quebradas, de los mármoles desechos, de los viajes no terminados y de las islas hundidas.
Brotaste de las entrañas del trueno
Estremeciéndote en las nubes contritas
Roca amarga, sufrida, orgullosa
Buscaste el sol como primer testigo
Para enfrentaros juntos al temerario fulgor
Para desplegaros en el piélago. . .
Esta es, en cambio, la voz del poeta del Egeo y sus maravillas de transparencia y luz y sus islas paradisíacas. Santorini (presente en varios poemas elytianos y hasta en las canciones infantiles de La erre de Amor, 1972) es recordada en el momento increíble de su surgimiento.
Despertada-por-el-mar, altiva
Erguíste un pecho de roca
Salpicada por la inspiración del viento sudeste,
Para que allí grabara sus entrañas el dolor
Para que esculpiera allí sus entrañas la esperanza
Con fuego con lava humos
Con palabras que proselitizan el infinito. . .
La isla que el mar dio a luz, da a luz, a su vez, a la voz del día. Claridad es el signo de este nacimiento.
Diste a luz la voz del día
En alto erguíste
En verde y rosa divagación
Las campanas que tañe el montañero espíritu
Glorificando a los pájaros en la luz del medio-agosto
Euforia de vida, exaltación de existencia, plenitud, de alegría de nacimiento, presiden el marítimo alumbramiento:
Experimentaste la dicha del nacimiento
Saltaste primera en el mundo
Nacida-en-la púrpura, surgente
Enviaste hasta los lejanos horizontes
El augurio que creció en las vigilas del ponto
Para acariciar los cabellos del quinto amanecer.
Reina de los latidos y de las alas del Egeo", "hija de un arrebato cumbrereño", la isla encuentra su destino y la misión que le exige el poeta. Belleza, luz, vendavales, música de la creación se amalgaman en ella:
Hasta resplandecer en la proclama del vendaval
La nueva y eterna belleza
Cuando se eleva el sol de las tres horas
íntegramente glauco tocando el armonio de la creación.
La luz es, pues elemento esencial en la poesía de Elytis, componente de su misterio. Para el poeta, esto forma parte de la raíz helénica de su arte: "Los europeos y los occidentales hallan siempre el misterio en la oscuridad, en la noche, mientras nosotros los griegos lo hallamos en la luz, que es para nosotros algo absoluto... Un misterio que nosotros los griegos podemos concebir integralmente y ofrecerlo. Quizá sea mejor concebible aquí y que la poesía pueda ofrecerlo al mundo entero: el misterio de la luz".25
Miguel Castillo Didier
1 Muy importante es la obra de Georgios Valetas Papa dia mandis: Su vida, su obra, su época, Ed. Ir. G. Sakalís, Atenas, 1955.
2 El único libro - pequeño, de 34 páginas -, publicado en vida de Papadiamandis, está en francés: Un rene sur les flots suivi de L ' amour dans la neige, Traduction Jean Dargos, La Monde Hellénique, Paris-Athènes, 1908.
3 N. D. Triandafilópulos: "O metafrastís Papadiamandis" Papadiamandis, traductor, Heptá Himeres, 24. 12.2000.
4 A Papadiamandis: La asesina. Traducción Teresa Sempere, Introducción Teresa Sempere "Realidad y vida popular en la narrativa de Papadiamandis". Cairel Ediciones, Madrid 1991.
5 A. Zorbas, C. García Alvarez, E. Chacón (Editores): El cuento griego moderno. Antología. Centro de Estudios Griegos, Santiago 1989.
6 A. Papadiamandis: La asesina. Traducción Teresa Sempere, Introducción M. Castillo Didier. Centro de Estudios Griegos, Santiago 2001.
7 Ha sido éste un punto de reflexión a veces polémica entre los estudiosos. Al respecto recordamos: V. Athanasópulos: "Papadiamandis y el mal", Diavazo N° 165, 1987; J.K. Kolivás: "La perspectiva ortodoxa en la obra de Papadiamandis", Diavazo N° 165, 1987; M. Jalvatzakis: Papdiamandis a través de su obra, Alejandría, 1960; K. Steryópulos: "Papadiamandis hoy. Difusión y características de su prosa", en Papadiamandis: veinte textos sobre su vida y su obra, Prólogo y selección N. D. Triandafilópulos, Atenas, 1979; G. Thémelis: Papadiamandis y su mundo, Tesalónica, s.f.
8 M. Vitti: Historia de la literatura neohelénica, Traducción al griego de Mirsini Zorbá, Ediciones Odiseas, Atenas 1987, p. 301.
9 M. Peranthis: "Aspectos de su prosa", en A. Papadiamndis: Obras Completas, Introducción y cuidado de Mijalis Peranthis, Sociedad de Ediciones Griegas, Atenas, s. f., vol. ?.
10 Se publica completo en Diavazo, número ya citado.
11 O. Elytis: La magia de Papadiamandis, Ediciones Gnosi, Atenas, 1986, pp. 18-19 y 20.
12 Pan. Mulás: A Papadiamandis autobiografiado, Ediciones Hermís, Atenas, 1974, "Introducción", p. 84, citado por Heleni Politu-Marmarinú, op. cit., p. 53.
13 L. Politis: Historia de la literatura neohelénica, Prólogo, traducción directa y suplemento de Goyita Núñez Editorial Cátedra, Madrid, 1994, p. 74.
14 Ángel Mandas: "Testimonios y estudios sobre la persona y la obra", en Heptá Himeres, Homenaje a Papadiamandis, 24.12.2000, p. 15.
15 Kostas Thrakiotis, Historia de la literatura neohelénica, Ed. Difros, Atenas, 1965, p. 96.
16 L. Politis, op. cit., p. 175. Sobre la estructura de la novela: Yangos Andreadis: "La asesina Un análisis estructural", Diavazo, N° 165, 1987, pp. 109 y s.
17 Ibidem, loe. cit.
18 K. Thrakiotis, op.cit., p. 96.
19 N. Athanasópulos, op. cit., p. 74.
20 K. P. Kavafis: Prosas, Traducción de José García Vázquez y Horacio Silvestre Landrobe, Introducción y notas de H. Silvestre Landrobe, Ed. Tecnos, Madrid, 1991, p. 145.
21 Elytis O. Entrevista de I. Ivask., p.201.
22 Papanikolau M., "El poeta Odiseo Elytis", Neoheliniká Grámmata, N° 72, 16-IV, 1938, repoducido en Odiseo Elytis Selección 1935-1977, p.162.
23 Papanikolau M., op.cit., en vol.cit., p.162.
24 Hilty M.R., "Un lirico griego contemporáneo", en Neue Zürcher Zeitung, 17- Vu, 1960, rep. en griego en vol con. Cit., p. 167.
25 Entrevista de I. Isvak, en vol. cit., p. 201. Como lo hace notar Kimon en su "Introducción" al volumen Odisseus Elytis The Sovereign Sun Selected Poems, acaso sólo en Kazantzakis, en la Odisea, podemos encontrar la luz como elemento básico de un mundo poético. Nosotros añadiríamos a Andreas Kalvos y sus veinte Odas, plenas de luminosidad. Sobre el tema de la luz en la Odisea de Kazantzakis, ver Monory M., "Kasantzakis et les images de feu", Rev. Etudes Helléniques, vol ?, Aix-en-Provenzel 1970; y Castillo Didier M., "El tiempo, la muerte y la palabra en la Odisea de Kazantzakis", apartado de Byzantion Nea Hellas, vol.IÏIV, Centro de Estudios Bizantinos y Heohelénicos Universidad de Chile, Santiago, 19721973.
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