Fecha de recepción: 4 de diciembre de 2018
Fecha de aceptación y versión final: 14 de marzo de 2019
RESUMEN: Las primeras damas están crecientemente adquiriendo capital político, influyendo en gobiernos y lanzándose como candidatas. Sin embargo, la literatura especializada no ha documentado esta tendencia. En este artículo, argumentamos que el involucramiento de este grupo de mujeres en el Poder Ejecutivo amerita que sean consideradas como parte de la élite política. Para tener un mejor entendimiento de la influencia política de las primeras damas, proponemos una tipología que genera cuatro categorías en las que luego clasificamos a las 88 mujeres que estuvieron en el puesto entre 1990 y 2016.
Palabras clave: América Latina; élite; Poder Ejecutivo; primera dama.
ABSTRACT: First ladies are increasingly acquiring political capital, influencing governments, and becoming candidates. However, the specialized literature has not documented this trend. In this article, we argue that the involvement of this group of women in the Executive Power makes it necessary to consider them as part of the political elite. To have a better understanding of the political influence of the first ladies, we propose a typology that generates four categories in which we then classify the 88 women who held the position between 1990 and 2016.
Key words: Latin America; elite; Executive Power; first lady.
I. Introducción1
Las primeras damas han irrumpido con fuerza en la política latinoamericana, tanto en el Poder Ejecutivo como cuando lo dejan. Un total de 66 de las 88 primeras damas que han existido en la región desde 1990 se involucraron formalmente en políticas públicas una vez que llegaron al Poder Ejecutivo, incluso en áreas tan influyentes como salud y educación. Las primeras damas están siendo crecientemente identificadas como autoridades representativas del gobierno, participando en campañas, dando declaraciones políticas, participando en giras e incluso firmando tratados de cooperación con gobiernos y organismos internacionales. Tras dejar el Poder Ejecutivo, muchas se han postulado a altos cargos de elección popular. Entre 1999 y 2016, veinte ex primeras damas se lanzaron veintiséis veces como candidatas a la presidencia, vicepresidencia o el Congreso, resultando elegidas en diecinueve ocasiones. Sin embargo, a pesar de la activa participación de las primeras damas en política, la literatura especializada ha fallado en documentar de manera comparada su creciente pertenencia a la élite política.
El estudio de la actividad política de las primeras damas ha variado según su procedencia geográfica. La primera dama de Estados Unidos ha sido la más estudiada. Aunque las biografías son dominantes (Borrelli 2002), los investigadores también han examinado el desarrollo histórico de la institucionalidad que rodea a las primeras damas (Watson 1997: 814); el impacto que ellas tienen en las campañas presidenciales (Burns 2005) y su influencia pública (Watson 1997); la cobertura mediática que reciben (Burns 2004), y las características de su rol, incluyendo su falta de rendición de cuentas (Burrell, Elder y Frederick 2011).
Las investigaciones centradas en Latinoamérica se han focalizado principalmente en la trayectoria individual de las primeras damas (Caula y Silva 2011; Gordinho 2009), si bien algunos trabajos han analizado aspectos específicos de sus desempeños (Fernández 2011; Rosenheck 2011) o las trayectorias colectivas de las primeras damas de un país (Sefchovich 2003; Balcácer 2010; Vierci 2014). Es decir, si bien existe una literatura sobre primeras damas, el comportamiento político de este grupo de mujeres prácticamente no se ha estudiado de manera comparada (la excepción son Guerrero y Arana 2018) pese a su creciente protagonismo.
En este artículo analizamos el involucramiento de las primeras damas en la política latinoamericana, mostrando la actividad doméstica e internacional que han realizado las 88 mujeres que ostentaron el puesto entre 1990 y 2016. Argumentamos que el desempeño de las primeras damas amerita que sean consideradas como miembros de la élite política, y que entender la influencia que tienen en política es relevante porque tienen un perfil distintivo. Se trata de mujeres que no fueron elegidas popularmente ni tienen que rendir cuentas, pero tienen un puesto privilegiado en el Poder Ejecutivo, donde gozan de una alta visibilidad mediática, pueden influir sobre la agenda del presidente y acumular capital político en beneficio propio. Por lo tanto, el involucramiento político de las primeras damas es distinto al de mujeres que entran a la política desde una posición de menor privilegio.
El estudio de las primeras damas también es relevante porque se conecta con tres asuntos de interés en política comparada. Uno es la personalización de la política, lo que ocurre cuando los votantes se identifican más con el liderazgo de un político que con el partido o la corriente ideológica que representan. La personalización de la política es un problema grave que afecta la competitividad electoral y la circulación de las élites en América Latina (McAllister 2007). La influencia política que pueden ejercer las primeras damas, tanto mientras están en el Ejecutivo como cuando se lanzan a un puesto de elección popular, está muy ligada a su individualidad. Segundo, las actividades políticas de las ex primeras damas pueden contribuir a la reproducción de relaciones endogámicas en la élite política. Las familias políticas poderosas son un fenómeno recurrente en América Latina (Alcántara 2012: 284), lo que tiende a restringir la competitividad electoral y concentrar el poder en pocas manos. Finalmente, la participación política de las primeras damas se relaciona con una mayor inclusión de mujeres en política. Algunos estudios proponen que una consecuencia de que haya más mujeres en puestos de poder es que aumenta la aceptabilidad social de ver mujeres en política, y a la vez más mujeres se interesan en participar, generando un círculo virtuoso que permite reducir la disparidad de género en asuntos de gobierno (Escobar-Lemmon y Taylor-Robinson 2005; Thames y Williams, 2013).
Para comprender mejor el involucramiento de las primeras damas en política, proponemos una tipología basada en la experiencia política que las primeras damas tuvieron antes de llegar al Poder Ejecutivo y en su participación en políticas públicas una vez que llegan al gobierno. Del cruce de estos dos indicadores surgen cuatro tipos de primeras damas: políticas activas, políticas novatas, consejeras políticas y despolitizadas. Luego mostramos cómo estas categorías ayudan a clasificar el desempeño de las 88 primeras damas en la muestra. Creemos que la tipificación representa un primer paso adelante en la comprensión del selecto grupo de mujeres, en especial, su pertenencia a la élite política.
En la siguiente sección revisamos cómo la literatura ha tratado el involucramiento de las primeras damas en política. Como queda en evidencia, pese a la gran diversidad de temas cubiertos, la literatura especializada ha fallado en abarcar la real influencia que muchas primeras damas alcanzan. La tercera sección describe la participación política a nivel nacional e internacional de las primeras damas, abarcando a las 88 mujeres de 18 países que ocuparon el puesto entre 1990 y 2016. En la cuarta sección presentamos nuestro argumento y mostramos cómo la tipología propuesta ayuda a entender la pertenencia de las primeras damas a la élite política. En la conclusión discutimos la agenda de investigación que permite el estudio sistemático de la trayectoria de las primeras damas.
II. Lo que dice la literatura especializada
La primera dama, cargo usualmente ostentado por la esposa del presidente, pero también por la hija, hermana o alguna pariente de jefes de gobierno, puede jugar un papel clave en los sistemas presidencialistas. Ella forma parte de lo que algunos autores llaman el núcleo estratégico de gobierno (Fernández Ramil y Rivera Urrutia 2012) o presidencia institucional (Inácio y Llanos 2016), en alusión al grupo de agencias y asesores que trabajan bajo la autoridad del presidente, apoyándolo en los procesos de toma de decisiones y de manera independiente al gabinete, ya que ellas tienen su oficina propia. Según Watson (1997: 814), la primera dama no solo juega un rol en la vida personal y social del presidente, sino que también en su vida pública y trayectoria. Por lo tanto, las primeras damas pueden afectar el desempeño presidencial y la evaluación que del presidente hacen instituciones, políticos y votantes.
El estudio de las primeras damas es relativamente nuevo y se puede agrupar según su origen geográfico. Hasta ahora, la mayoría de las publicaciones se focalizan en la primera dama de Estados Unidos, pero también existe una literatura relativa a América Latina y, más incipientemente, sobre África y Asia.
Watson (1997) mostró que, entre otras cosas, el estudio de la cónyuge del presidente de Estados Unidos ha estado centrado en el desarrollo histórico de la institucionalidad que la rodea, el cual está compuesto por dos aspectos centrales. El primero se centra en el cargo en sí mismo, específicamente el hecho de que es un puesto no electo, de exclusiva confianza del presidente y sin rendición de cuentas. Es decir, la primera dama no es responsable ante el Congreso ni puede ser convocada ante comisiones investigadoras o ser interpelada (Fernández Ramil y Rivera Urrutia 2012: 21). El cargo no existe dentro de la legislación del país y no tiene un portafolio de temas establecidos (Watson 2003: 434). El desarrollo histórico muestra que la primera dama es un cargo flexible que permite participar activamente en política. Por ejemplo, el nombramiento de Hillary Clinton como encargada del grupo de trabajo para la reforma del sistema de atención médica (Health Care Reform Task Force) y el juicio subsiguiente en torno a su papel llamaron la atención sobre la ambigüedad y términos legales de la autoridad de la primera dama (Stooksbury y Edgemon 2003: 106).
El segundo aspecto se centra en la oficina donde trabaja la primera dama, la cual le entrega apoyo técnico y político dentro de la presidencia (Borrelli et al. 2017; Eksterowicz y Paynter 2000). Las funciones de esta oficina se han expandido con el tiempo, volviéndose más profesional y crecientemente integrándose con la oficina del presidente en la Casa Blanca (Eksterowicz y Paynter 2000). Borrelli et al. (2017) entrevistaron a los miembros de la oficina de diversas administraciones e identificaron que la oficina se ha ido reestructurando y expandiendo principalmente por exigencias de los presidentes, el Congreso y las propias primeras damas.
En paralelo a los estudios centrados en la institucionalidad que rodea a las primeras damas, existe una corriente de investigación centrada en los roles que cumplen incluyendo su influencia política (Stooksbury y Edgemon 2003; Winfield 1997; Burns 2004; Watson 1997; Borrelli 2001: 398). Winfield (1997: 167) identifica cuatro tipos de roles ejercidos por las primeras damas. Primero, el de acompañante (escort role), donde son mencionadas solo como compañía de sus esposos. Segundo, el rol protocolar (protocol role), en el que la primera dama participa en la organización de eventos sociales, ceremoniales y diplomáticos. Tercero, el rol benéfico (noblesse oblige role), donde ellas se preocupan de obras de caridad y de apoyar a los más desvalidos (como personas sin hogar, niños y ancianos). Finalmente, el rol en políticas públicas (policy role), en el que ellas formulan, desarrollan e influencian políticas públicas y programas de gobierno. Una primera dama puede elegir cuál de estos roles enfatiza, ya que son complementarios.
Respecto a la influencia de las primeras damas, Watson (1997: 815-816) propone tres categorías: influencia política, influencia de almohada e influencia pública. La influencia política incluye actividades formales como escribir y editar discursos, asesorar y promover políticas públicas, hacer lobby, seleccionar y aprobar nombramientos presidenciales y participar en campañas electorales. La influencia de almohada es informal y ocurre cuando el presidente pide el consejo político de su esposa. Finalmente, la influencia pública implica el potencial de afectar la imagen del presidente a través de expresar opiniones abiertamente, participar en eventos, acompañar al presidente en viajes, dar discursos oficiales y realizar eventos sociales.
Sobre las primeras damas en América Latina se han publicado biografías (Caula y Silva 2011; Gordinho 2009; Wornat 2005); autobiografías (Malta 2014; Ruiz 2012); revisiones biográficas históricas en países específicos como México (Sefchovich 2003), República Dominicana (Balcácer 2010) y Uruguay (Vierci 2014), y análisis de su participación en el gobierno (Fernández 2011; Rosenheck 2011; Santamaría 2011; Sefchovich 2011). Por ejemplo, el desempeño de Marta Sahagún (primera dama de México, 2001-2006) ha sido estudiado por su activo involucramiento en el gobierno (Sefchovich 2011; Wornat 2005). Sahagún tomó decisiones en temas tan variados como infancia, mujeres, educación, salud, atención a migrantes, violencia doméstica, salud reproductiva y vivienda para indígenas (Sefchovich 2011: 41).
La literatura latinoamericana ha aportado muchos detalles de la vida de las primeras damas y de su comportamiento en el puesto. Dos referentes influyentes y estudiadas son argentinas. Eva Perón (1946-1952) realizó discursos, impulsó el sufragio femenino, estableció una estrecha relación con los trabajadores y sindicatos y fundó la fracción femenina del partido peronista. Más recientemente, Cristina Fernández tuvo una extensa carrera como legisladora antes de llegar a la Casa Rosada como primera dama (20032007) y luego como presidenta (2007-2011 y 2011-2015). Sin embargo, a diferencia de la literatura estadounidense, no se han realizado estudios que permitan comprender la evolución y cambios del rol en cada país o de manera comparada en la región. Tampoco se han realizado estudios sobre temas como la creciente institucionalización de la oficina de la primera dama.
Existe una literatura incipiente sobre otras regiones del mundo. Para el caso de los países de África del Sur, Van Wyk (2017) analizó el rol, las oficinas y la influencia de las primeras damas concluyendo que ellas ejercen una influencia considerable en el Ejecutivo con el apoyo de sus oficinas, las cuales están institucionalizadas de manera formal e informal dentro del gobierno. En Asia, el caso más estudiado ha sido el de la surcoreana Park Geun-Hye, primera dama entre 1974 y 1979 (Lee 2017; Hüstebeck 2006). Lee (2017), por ejemplo, destacó la habilidad de Geun-Hye en usar su posición privilegiada y su género para consolidarse como una política competente y alcanzar la presidencia en 2013.
A pesar de la constante publicación de estudios sobre primeras damas, ellas son generalmente ignoradas como actores políticos y miembros de la élite (O'Connor, Nye y Van Assendelft 1996; Watson 2003). Aunque existe un consenso de que la primera dama puede influir en las decisiones presidenciales, varios autores han reconocido que debido al carácter ceremonial del puesto y que su actividad es muchas veces ejercida por conductos informales, es difícil medir su influencia política (Borrelli 2011; Watson 1997, 2001). Sumado a esto, la ausencia de trabajos comparados, los diversos diseños de investigación y la predominancia de la realidad estadounidense en los estudios dificultan las generalizaciones teóricas. La ausencia de estudios comparados resulta particularmente llamativa en América Latina, que es donde más primeras damas participan en política antes, durante y después de estar en el cargo.
iii. La participación en política de las primeras damas
La creciente normalización de la participación de mujeres en política, la politización del puesto de primera dama en casi toda la región y la alta cobertura mediática de lo que ellas dicen y hacen han creado estructuras de oportunidad favorables para que aquellas con ambiciones políticas compitan en elecciones tras dejar el Poder Ejecutivo. En total, entre 1999 y 2016 veinte ex primeras damas fueron candidatas veintiséis veces en elecciones a la presidencia, vicepresidencia o el Congreso. Este fenómeno revela que muchas primeras damas poseen ambiciones políticas altas.
La siguiente tabla muestra de manera sistematizada la trayectoria de las ex primeras damas que han sido candidatas, considerando si tienen experiencia política previa, los puestos a los cuales se postularon tras dejar el gobierno, el resultado y los años involucrados. Varias cosas resaltan. Primero, como candidatas han sido particularmente exitosas, siendo elegidas diecinueve veces y en todos los intentos por alcanzar un escaño legislativo. Las únicas derrotadas fueron las que compitieron por la presidencia o la vicepresidencia. Esto sugiere que el puesto de primera dama es una excelente plataforma para acumular capital político y, posteriormente, acceder a puestos de elección popular. Segundo, el número de candidaturas ha tendido a crecer con los años (dieciséis de las postulaciones ocurrieron entre 2010 y 2016, habiendo cuatro candidaturas en el último año). Tercero, siete candidatas fueron políticas electas antes de ser primeras damas; todas fueron legisladoras.
Hasta ahora, la visión predominante ha sido considerar a quienes compiten en elecciones como simples delegadas de los presidentes, sin proyectos ni capital político propios. Sin embargo, el trabajo reciente de Guerrero y Arana (2018) sugiere que esta visión es errada. Ellos analizaron la trayectoria política de las primeras damas antes y después de estar en el cargo, y revelaron que existen dos grupos principales de mujeres que participan en contiendas electorales tras dejar el Poder Ejecutivo. Uno, el de las ?delegadas?, está en consonancia con la visión tradicional. Este grupo está compuesto por mujeres sin trayectoria electoral previa a convertirse en primeras damas, y son quienes entran a la arena electoral para capitalizar la popularidad de sus maridos o padres. Un voto por ellas, entonces, suele ser interpretado como un voto por ellos. En un segundo grupo, ligeramente menos numeroso, están quienes lanzan sus candidaturas tras haber tenido una exitosa trayectoria electoral antes de convertirse en primeras damas. Los autores argumentan que quienes pertenecen a este grupo son políticas que usan de manera estratégica su posición protocolaria como primeras damas para pavimentar un futuro electoral exitoso.
Otras primeras damas han intentado capitalizar la experiencia gubernamental al abandonar el Ejecutivo en actividades que no involucran una candidatura, pero que tienen trascendencia pública. Algunas han creado sus propias fundaciones, otras han trabajado en organizaciones internacionales o han continuado colaborando con causas sociales. Por ejemplo, Josette Altmann (primera dama de Costa Rica, 1994-1998) es secretaria general de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (flaCSO) desde 2016. Ese mismo año la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura nombró como jefa de la Oficina de Enlace a Nadine Heredia (primera dama de Perú, 2011-2016). En Estados Unidos algunas ex primeras damas también se han dedicado al sector sin fines de lucro al dejar la Casa Blanca (Borrelli, Tenpas y Wright 2017: 42).
La actividad política de algunas primeras damas mientras están en el puesto protocolario también ha sido altísima. Cuando ambos integrantes del matrimonio participan activamente en la política de su país son denominados matrimonios presidenciales (Arana 2016a; Serrafero 2015). En algunos casos extremos, algunos analistas han descrito a las primeras damas como vicepresidentas de facto (Fernández 2011; Santamaría 2011; Brandoli 2016). Por ejemplo, el presidente de Guatemala Álvaro Colom (2008-2012) anunció un reordenamiento administrativo en el Ejecutivo para darle cabida a su esposa, Sandra Torres. Ella fue la responsable del Consejo de Cohesión Social, encargado de la inversión social del gobierno (Fernández 2011: 4). De manera similar, la nicaragüense Rosario Murillo (1985-1990 y 2007-) ha sido descrita como alguien que ejerce el poder ?en el trono? (Santamaría 2011: 28), actuando como vocera de gobierno y miembro de facto del gabinete (Robles 2016). Por ejemplo, participó como canciller en funciones en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños celebrada en 2015 en Costa Rica (Álvarez 2015). Para Martí i Puig (2008: 290), el presidente Daniel Ortega (1985-1990, 2007-) diseñó en su gobierno del año 2007 un gabinete de bajo perfil y con rol preeminente para su esposa. La constante influencia de Murillo, quien desde 2017 es vicepresidenta, ha hecho que sea denominada públicamente la ?copresidenta? de Nicaragua (Debusmann 2007; Brandoli 2016; Santamaría 2011).
De las 88 primeras damas que han existido desde 1990, 66 han tenido funciones en la formulación, desarrollo y administración de políticas públicas y programas de gobierno, algo que también han hecho las primeras damas estadounidenses (Winfield 1997a; Burns 2004; Borrelli 2011). Muchas veces los programas están dirigidos a temas de género asociados al rol de madre: familia, adolescencia, mujer y adultos mayores. En algunos casos las primeras damas se han transformado en el rostro de un programa, promoviéndolo en foros internacionales y generando apoyo en la opinión pública.
La discusión de algunos casos es ilustrativa. En México, casi la mitad de mujeres, niños, viejos y discapacitados han recibido atención de las instituciones sociales que encabeza la cónyuge del presidente (Sefchovich 2003: 486). En Chile, tradicionalmente las primeras damas han creado, dirigido y promovido políticas públicas (Gálvez 2014). Leonor Oyarzún (1990-1994) creó la fundación Integra, que otorgó acceso a sala cuna y jardín infantil a niños de escasos recursos y la fundación para la promoción y desarrollo de la mujer (Prodemu). Su sucesora, Marta Larraechea (1994-2000), fundó el Museo Interactivo Mirador para acercar la ciencia a los niños. Luisa Durán (2000-2006) creó la fundación de Orquestas Infantiles y Juveniles de Chile, el centro cultural Matucana 100, la fundación Artesanías de Chile y Chilenter, destinado a acercar la tecnología a los pobres. Por su parte, Cecilia Morel (2010-2014 y 2018-2022) instituyó en el 2011 el programa ?elige vivir sano?, el cual promovió un estilo de vida más saludable (upi 2011). En República Dominicana, Margarita Cedeño (2004-2012) implementó cuatro grandes políticas públicas: a) ?Progresando?, b) ?Centros Tecnológicos Comunitarios?, c) ?Solidaridad Social? y d) ?Leyendo Aprendo?. La primera estuvo dirigida a dar capacitación laboral y humana a personas en extrema pobreza. Gracias a la segunda se instalaron 87 Centros Tecnológicos Comunitarios en zonas rurales. La tercera buscó promover la salud preventiva, mientras que la cuarta promovió la formación cultural.
Algunas primeras damas también participan activamente en actividades políticas internacionales, promoviendo la imagen y agenda del presidente y colaborando en las relaciones diplomáticas (Van Wyk 2017: 165). Dicha participación se expresa en visitas de Estado, discursos en organizaciones internacionales y otros países, reuniones con otras primeras damas, presidentes y líderes políticos y participación en eventos protocolarios. Por ejemplo, asisten a reuniones especiales en el marco de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, el Sistema de la Integración Centroamericana y en la Cumbre de las Américas.
Asimismo, existen reuniones que involucran exclusivamente a las primeras damas. Ellas tienen su propia cumbre, lo que les permite desarrollar conexiones, apoyarse mutuamente, promover temáticas, aprender sobre políticas públicas implementadas en otros países y eventualmente generar un plan de acción colectivo. En 1987, la primera dama de Guatemala, Raquel Blandón, organizó el primer ?Encuentro de las Primeras Damas Centroamericanas? con el fin de apoyar el proceso de paz de la región. Con ese antecedente, en 1991 las primeras damas organizaron el primer ?Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Primeras Damas? en Venezuela. En 1994 incluyó a las primeras damas de Estados Unidos y Canadá. Según la Organización Panamericana de Salud (1998), las reuniones se realizaron para acordar un programa de trabajo que permitiera a las primeras damas apoyar las políticas sociales impulsadas por sus gobiernos. La última conferencia se realizó el año 2007 en El Salvador. La siguiente tabla muestra las reuniones realizadas y los temas abordados.
En el 2000, las primeras damas de Centroamérica retomaron sus reuniones convocando la ?Reunión de Primeras Damas de Centroamérica, Belice, Panamá y República Dominicana? en El Salvador. Luego se reunieron en Nicaragua (2001), Guatemala (2002), Panamá (2003), Honduras (2004), República Dominicana (2006), Guatemala (2007) y Panamá (2008). En la misma línea, en 2006 se creó la ?Coalición de primeras damas y mujeres líderes de América Latina sobre la mujer y el sida? por iniciativa de la primera dama de Honduras, Xiomara Castro. El objetivo fue promover políticas y movilizar recursos para la prevención, tratamiento y cuidado del VIH y reducir el impacto de la epidemia en mujeres y niñas. Desde entonces se han realizado diversas reuniones apoyadas por ONU Mujer y ONU Sida. Las conferencias regionales son un ejemplo de la participación en política exterior de las primeras damas, donde asisten para discutir, coordinar y planificar políticas públicas representando a los gobiernos en la toma de decisiones.
IV Las primeras damas como miembros de la élite
Varios estudios han analizado a las élites políticas latinoamericanas, particularmente centrados en presidentes y legisladores (Alcántara y Tagina 2016). En esta sección argumentamos que el grado de involucramiento político de las primeras damas amerita que sean estudiadas como miembros de la élite política. Entendemos que los miembros de esta élite son individuos que toman decisiones políticas que tienen consecuencias a nivel nacional, o al menos influencian dichas decisiones (Arana 2018). Estos sujetos tienen una vasta capacidad para afectar el bienestar colectivo de una sociedad debido a que influyen sobre la opinión pública, administran la estructura del Estado, generan leyes, deciden sobre la ejecución del uso de la fuerza pública, dirigen las relaciones con otros Estados y determinan las políticas económicas gubernamentales.
Sin embargo, no existe mucho consenso sobre quiénes pertenecen a la élite política. Nosotros seguimos la conceptualización de Arana (2016b), quien distingue entre miembros de jure y de facto. En el primer grupo se encuentran quienes deben su poder a la posición legal que ostentan, ya sea porque fueron designados o electos popularmente. En esta categoría entran presidentes, vicepresidentes, ministros, viceministros, jueces de la Corte Suprema y Constitucional, gobernadores, intendentes, senadores, diputados, líderes partidarios, burócratas de alto rango y autoridades locales (como alcaldes). Los miembros de facto son más difíciles de identificar ya que su pertenencia a la élite se deriva de su posición de influencia informal sobre la toma de decisiones políticas. Nadie ha votado por estos miembros, cuya influencia puede ser legítima (como en el caso de líderes espirituales o profesionales) o ilegítima (en el caso de quienes financian políticos a cambio de favores). Entre los miembros de facto hay quienes gozan de alta visibilidad, como dueños de medios de comunicación, presidentes de universidades, jerarcas religiosos y líderes de gremios empresariales, colegios profesionales, organizaciones sindicales y grandes ONO, pero también hay otros con menos exposición pública, como lobistas y financistas de políticos. Aunque muchos de estos miembros sean conocidos, su influencia es difícil de rastrear ya que suele ejercerse por canales no oficiales.
Argumentamos que las primeras damas son miembros de la élite política de facto debido a la influencia que ejercen en el Poder Ejecutivo gracias a su vínculo con el presidente. Conceptualizar así a las primeras damas nos permite entender más sobre una posición en principio ceremonial que, sin embargo, actualmente está aumentando la participación de mujeres en puestos de poder político. Como se mostró en la sección anterior, el número de ex primeras damas que se lanzan a puestos de elección popular ha aumentado, por lo que es razonable esperar que el puesto se consolide como una plataforma para favorecer el surgimiento de nuevos liderazgos.
La conceptualización de las primeras damas como parte de la élite política también permite indagar sobre relaciones dinásticas de poder. En América Latina existe una larga tradición de familias que concentran muchos puestos de poder (Alcántara 2012; Arana 2016b). Paradigmático de esto son los casos en que las presidencias han sido ocupadas por padres e hijos, como ilustran los Frei en Chile, los Pastrana en Colombia, los Arosemena en Ecuador, los Batlle en Uruguay y los Somoza en Nicaragua. La irrupción activa de primeras damas en política puede contribuir a hacer que las familias políticas sean aún más poderosas, lo que atenta contra la competencia democrática por el poder y dificulta el surgimiento de liderazgos con orígenes menos influyentes (Geys y Smith 2017). El efecto puede ser particularmente nocivo en casos en los que las primeras damas ayudan a extender el poder del presidente, ya que eso contribuye a la personalización de la política en una región que padece de debilidad institucional para enfrentar ese problema (McAllister 2007).
Argumentamos que no todas las primeras damas tienen el mismo grado de influencia. A pesar de lo difícil de medir y conceptualizar la influencia política que tienen debido a que parte de esa influencia ocurre en el ámbito personal y los presidentes tienen incentivos para ocultarla, identificamos patrones que nos permitan crear categorías de análisis para comprender la gravitación de las primeras damas en el Poder Ejecutivo. Proponemos categorizar a las primeras damas en base a dos variables que nos permiten identificar su influencia política: experiencia política previa y participación en políticas públicas. A continuación, proponemos una tipología para clasificarlas según su influencia política, y luego mostramos cómo la tipología sirve para categorizar a las 88 primeras damas que hubo en la región entre 1990 y 2016.
La siguiente tabla muestra dos criterios distintivos. El vertical clasifica a las primeras damas con base a si tuvieron experiencia política antes de llegar al Poder Ejecutivo o no. Es decir, si fueron vicepresidentas, gobernadoras, senadoras, diputadas, líderes partidarias, legisladoras a nivel subnacional, miembros de asambleas constituyentes y alcaldes o concejales. Aunque se trata de distintos puestos en diferentes niveles del sistema político, consideramos que quienes los tuvieron tienen dos características relevantes. Primero, ya demostraron tener la suficiente motivación como para participar activamente en política. Segundo, poseen un conocimiento práctico en política que les permite influenciar desde su experiencia en la toma de decisiones en el Poder Ejecutivo. De las 88 primeras damas, 19 tuvieron un puesto político antes de llegar el Ejecutivo y 69 no.
El criterio horizontal diferencia entre aquellas primeras damas que, una vez en el puesto, participan formalmente en el diseño, dirección o ejecución de una política pública y las que no. Al participar en políticas públicas, las primeras damas se transforman en funcionarias de facto y, por lo tanto, influyen en el desempeño del gobierno al que pertenecen. Entre las 88 primeras damas, 66 participaron en políticas públicas y 22 no.
El cruce de los dos criterios genera cuatro categorías. En el cuadrante superior derecho se encuentran las primeras damas a las que llamamos ?políticas activas? ya que son las más influyentes. Ellas tuvieron una trayectoria política antes de ser primera dama, y una vez en el gobierno participaron en políticas públicas. Esta categoría aplica a 18 de las 88 primeras damas. Algunas en este grupo tuvieron un protagonismo altísimo en el gobierno, como la nicaragüense Rosario Murillo y la argentina Cristina Fernández, quienes luego fueron elegidas para la vicepresidencia y la presidencia, respectivamente. De hecho, 8 de quienes están en este grupo (el 44%) se lanzaron a un puesto de elección popular tras dejar el gobierno.
En las antípodas se encuentran quienes llegaron al Ejecutivo sin experiencia política y una vez en él no se involucraron en políticas públicas. Un total de 22 de las 88 primeras damas, a quienes llamamos ?despolitizadas?, están en esta categoría. Significativamente, ninguna mujer en este grupo se lanzó como candidata a un puesto de elección popular tras dejar el gobierno. Su potencial influencia en el gobierno es, en palabras de Watson (1997), de ?almohada?. Es decir, su influencia surge de su relación personal con el jefe de gobierno, y, por lo tanto, pueden influir con sus consejos, condicionando el tiempo que los líderes dedican a ciertas actividades, y afectando la composición del círculo íntimo del jefe de gobierno. Pero esperamos que su influencia netamente política sea baja.
Dos tipos de primeras damas entran en una categoría de influencia política intermedia. La más común es aquella donde las primeras damas no tuvieron experiencia política, pero se involucraron en políticas públicas una vez instaladas en el Ejecutivo. Más de la mitad de las primeras damas (47) caben en la categoría de ?políticas novatas?. Es posible que a algunas se les haya despertado el interés por involucrarse en política una vez que llegaron al gobierno. Sin embargo, sospechamos que varias ?políticas novatas? siempre albergaron un interés en política, el cual por distintas razones -incluyendo la disparidad de género en la actividad- no se materializó antes. Mal que mal, existe literatura en sicología que apoya fuertemente la noción de que las personas se casan con quienes tienen similitudes en factores como edad, actitudes políticas, educación, inteligencia y valores (Watson y otros 2004). En este caso, si se casan con un político profesional, es posible que compartan una agenda política común. Consistente con esta descripción, 11 ?políticas novatas? (el 23%) se lanzaron como candidatas al Congreso, la vicepresidencia o la presidencia tras dejar el gobierno. Esto sugiere que varias mujeres en esta categoría usan el puesto como un trampolín para entrar en política activa y, en algunos casos, continuar el legado de su marido. Tal fue el caso de Xiomara Castro en Honduras, quien fue candidata a la presidencia en 2013. Ella no tenía experiencia política al momento de asumir como primera dama, pero se involucró en políticas públicas y tuvo un rol activo tras el golpe de Estado contra su marido, el presidente Manuel Zelaya. Algunos medios y analistas políticos han descrito la candidatura de Xiomara como una movida estratégica de Zelaya, ya que la única opción que tenía para volver al poder era mediante su esposa (Serrafero 2015: 97).
La otra categoría de influencia política intermedia es la menos poblada de las cuatro: primeras damas que tuvieron experiencia política previa, pero no participaron en políticas públicas. Llamamos ?consejeras políticas? a quienes están en esta categoría ya que esperamos que su trayectoria pública las lleve a influir como consejeras sobre la toma de decisiones en el gobierno. Solo la uruguaya Lucía Topolansky cae en esta categoría, la cual creemos que es la más despoblada ya que es contradictorio que una política se abstenga de involucrarse en políticas públicas una vez que llega al Ejecutivo. De hecho, es posible que esta categoría se aplique más a casos excepcionales como el de Topolansky, quien no se involucró en políticas públicas porque se dedicó a ser legisladora. Asimismo, estimamos probable que las ?consejeras políticas? continúen involucradas en política una vez que dejen el gobierno -tal como lo hizo Topolansky-.
La tipología expuesta tiene algunas limitaciones. La primera es que la influencia de las primeras damas no es monocorde. Es decir, el nivel de influencia de una primera dama varía durante el gobierno. En este caso, se considera el comportamiento medio durante todo el gobierno como indicador. La segunda es que cada categoría puede contener primeras damas con diversos grados de influencia. Por ejemplo, una primera dama puede ser ?despolitizada?, pero ejercer una influencia sobre el desempeño presidencial superior al de mujeres en otras categorías debido a su dinámica de pareja con el jefe de gobierno. Como la tipología expone categorías globales, no captura casos como el descrito, si bien esperamos que sean excepcionales. Asimismo, puede haber gran varianza dentro de cada categoría. Por ejemplo, una primera dama que fue alcaldesa y tiene un rol menor en la ejecución de una política pública quedará en la misma categoría que alguien de vasta trayectoria e influencia, como Rosario Murillo de Nicaragua o Sandra Torres de Guatemala. Sin embargo, creemos que estos casos también serán marginales. Tal como mostró la Tabla I, la principal experiencia política previa de las primeras damas fue como legisladoras.
Adicionalmente, la potencial influencia política de las primeras damas está condicionada por el entorno político e institucional en el que se desempeñan. Factores institucionales tales como el presupuesto y las facultades de la oficina de la primera dama condicionan la autonomía institucional con la que cuentan. Sin embargo, este tipo de condicionantes del entorno son comunes a todos los políticos.
La existencia de limitaciones y factores condicionantes, sin embargo, no afectan la contribución analítica de las tipologías propuestas. Creemos que el hecho de que aquellas primeras damas clasificadas como más influyentes en los gobiernos luego hayan sido las que se lanzaron en mayor proporción a competir en la arena electoral sugiere que las categorías reflejan adecuadamente la realidad.
V. Conclusión
Este artículo analizó la participación política de las primeras damas latinoamericanas, demostrando que colectivamente han tenido una alta actividad política mientras están en el Poder Ejecutivo y una vez que salen de él. Argumentamos que el creciente rol político que ha adquirido este grupo de mujeres amerita que se las considere como miembros de facto de la élite política. Para diferenciar el grado de involucramiento de las primeras damas, creamos una tipología basada en si las primeras damas tuvieron participación política previa y si, una vez en el gobierno, se involucraron en políticas públicas. Luego clasificamos a las 88 primeras damas que hubo en la región entre 1990 y 2016 en una de las siguientes cuatro categorías: ?política activa?, ?despolitizada?, ?consejera política? y ?política novata?.
Consideramos que la conceptualización de las primeras damas como actores de la élite política es el primer paso para responder otras preguntas importantes destinadas a dimensionar su involucramiento en política. Por ejemplo, dado que varias mujeres fueron políticas antes que primeras damas, sería interesante analizar la trayectoria política de las parejas que llegan a la presidencia tomadas como un conjunto. Ello permitiría entender mejor el rol que cada parte ha tenido en el derrotero de su pareja. Asimismo, aún queda por investigar si la participación de las primeras damas en el Ejecutivo tiende a tener un efecto positivo sobre la administración estatal -por ejemplo, si ayuda a consolidar la agenda presidencial-, o si más bien tiende a interferir con los canales de poder formales y profesionales ya existentes. Adicionalmente, no está claro qué diferencia a las primeras damas que siguen una carrera política exitosa al dejar el gobierno de quienes no continúan una carrera como políticas: ¿es más un asunto de preferencias o de oportunidades? Finalmente, creemos que es necesario que futuros trabajos investiguen cómo el entorno institucional en el que se desempeñan las primeras damas condiciona su comportamiento -si es que lo hace-.
Creemos que la agenda de investigación que se abre al conceptualizar a las primeras damas como miembros de la élite política permite complementar otras tres literaturas en la disciplina. Una es la de mujeres en política. La literatura de género ha mostrado ampliamente que la participación de mujeres en puestos de poder político incentiva a otras mujeres a involucrarse en política (Thames y Williams 2013). Como cada vez más ex primeras damas se presentan a cargos de elección popular, parece interesante explorar si es que ellas también incentivan que otras mujeres entren en política, o si más bien sus trayectorias son consideradas como excepciones debido a su posición de privilegio. Otro hallazgo de la literatura de género es que las congresistas legislan de manera distinta a los hombres, avanzando en asuntos relacionados con la familia, la equidad de género (como derechos reproductivos y fuero maternal) y la protección a menores de edad (Baldez 2012). Dada la singular manera de adquirir capital político de las primeras damas, sería interesante saber si como grupo ellas también abrazan causas similares a otras mujeres en política. La investigación de las primeras damas también se conecta con la de la personalización de la política y las dinastías políticas. Como se discutió, en varios países de la región hay muchos liderazgos personalistas y familias que concentran un amplio poder político. Si las primeras damas y su creciente participación en política ayudan a extender aún más el rol de liderazgos personalistas y el poder de las familias influyentes, entonces el acceso a posiciones de poder por parte de personas de orígenes menos influyentes podría verse cada vez más restringido.
1. Los autores agradecen los comentarios y las sugerencias de dos evaluadores anónimos de América Latina Hoy, Revista de Ciencias Sociales, a la primera versión de este artículo.
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Abstract
Las primeras damas están crecientemente adquiriendo capital político, influyendo en gobiernos y lanzándose como candidatas. Sin embargo, la literatura especializada no ha documentado esta tendencia. En este artículo, argumentamos que el involucramiento de este grupo de mujeres en el Poder Ejecutivo amerita que sean consideradas como parte de la élite política. Para tener un mejor entendimiento de la influencia política de las primeras damas, proponemos una tipología que genera cuatro categorías en las que luego clasificamos a las 88 mujeres que estuvieron en el puesto entre 1990 y 2016.





