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Resumen: En la gran restauración de la Capilla de los Caballeros terminada en los años veinte del siglo XVI, se abrieron ocho ventanas que se cerraron con sus respectivas vidrieras, de las que únicamente cuatro han llegado hasta nosotros. Partimos de una primera descripción que hizo Baltasar Porreño a principios del siglo XVII, por la que conocemos la iconografía de todas ellas. En el presente trabajo concretamos lo conocido, y analizamos y ampliamos la iconografía de los vitrales que conservamos, poniéndolos en el contexto de exaltación de la familia Carrillo de Albornoz manifestada por todo el «sacellum militum».
Abstract: In the great restoration of the Chapel of the Knights, completed in the twenties of the sixteenth century, eight windows were opened that were closed with their respective stained glass windows, of which only four have come down to us. We start whith a first description made by Baltasar Porreño at the beginning of the seventeenth century, from which we know the iconography of all of them. In this work we specify what we know and analyze and expand the iconography of the preserved stained glass windows, placing them in the context of the exaltation of the Carrillo de Albornoz family, manifested by the entire «sacellum militum».
Palabras clave: Cuenca, siglos XV-XVI, saga Carrillo de Albornoz, vidrieras, iconografía.
Keywords: Cuenca, XV-XVI centuries, saga Carrillo de Albornoz, stained glass, iconography.
1. INTRODUCCIÓN
La Capilla de los Caballeros se terminó de reformar en la década de los años veinte del siglo XVI1. Es el protonotario, tesorero y canó- nigo Gómez Carrillo de Albornoz el que nos habla en su testamento, fechado en 15312, de las obras y mejoras que había mandado hacer en la capilla de pinturas y rejas, con una breve alusión a «las vidrieras pintadas», aunque curiosamente nada dice de los maestros que las fabricaron, como sí lo hace dando los nombres de los que trabajaron en las otras artes. Al menos desde esta restauración, se abrieron ocho ventanas que se cerraron con sus respectivas vidrieras, todas descritas por Baltasar Porreño en la biografía que dedicó al cardenal Gil de Albornoz en 16263, y de las que únicamente cuatro han llegado hasta nosotros. No obstante, pensamos que algunos de estos vitrales pudieron aprovecharse de ventanas...





