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Unos nacen para vivir, otros para trabajar y otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él, imposible librarme. Una tremenda congoja fue para mí Io único real en aquellos momentos
[Carmen Laforet, Nada]
-¡memoria, ciega abeja de amargura!
¡No sé cómo eras, yo que sé que fuiste!
[Juan Ramón jiménez, "Retorno fugaz", Sonetos espintuales]
I
EN los años setenta, prácticamente treinta años después de la publicatión de Nada (1944), uno de los relates más emblemáticos de la primera postguerra, Carmen Laforet escribe pero no publica Al volver la esquina, segunda novela de la trilogía Tres pasos fuera del tiempo, iniciada con La insolación en 1962 y que debía concluir con Jaque mate. Los avatares editoriales de Al volver la esquina ampliamente comentados por sus editores actuales y por la crítica no precisan que volvamos sobre ellos, interesa, no obstante, subrayar que de dicha novela la autora ya había corregido pruebas para la editorial Planeta cuando decidió no publicarla. Finalmente ha visto la luz en mayo de 2004, poco tiempo después del fallecimiento de la novelista barcelonesa.
La reciente publicación de Al volver la esquina, aunque obliga a los estudiosos de la autora a una necesaria revisión de su productión narrativa, no permite tener por el momento un conocimiento completo de la misma. Pues de Jaque mate, la tercera novela de la trilogía, probablemente también totalmente escrita, no tenemos de momento más que conjeturas sobre su paradero, Io que difamina más si cabe el alcance de la trilogía y la peripecia de su protagonista. Hasta hoy, Io cierto es que desde la publicación de Nada, galardonada con el primer Premio Nadal, la autora espació y meditó mucho la publicación de sus restantes novelas, probablemente porque, sin desmerecer el valor de obras como La islay los demonios (1952), La mujer nueva (1955), y los dos títulos de la mencionada trilogía, el sorprendente nivel de perfección que ella había conseguido con Nada la obligaba a una autoexigencia que sin lugar a dudas lastró toda su producción posterior. En diferentes momentos y de forma más o menos indirecta así Io había reconocido la propia autora. En 1956 en la introducción a Mis páginas mejores escribía:
Es difícil imaginar a...





