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El artícula propone una aproximación a la agroecología desde la historia ambiental y la ecología política. Tomando como referenda constitutiva la historia latinoamericana, la agroecología se fundamenta en el carácter híbrido de nuestras culturas, y comparte lo s desafíos político s del ambientalismo y de los movimientos sociales rurales. A la vez puede servirse del nuevo tipo de protagonismo que en los últimos tiempos han asumido los sujetos políticos de base, ligados al mundo rural y a las culturas campesinas.
Palabras clave: ecología política, agroecología, ciencias sociales, América Latina.
La invitación a participar en este Congreso ha significado un estimulante desafío para pensar en puentes y caminos posibles entre mis espacios de reflexión más habituales, en el horizonte de las ciencias sociales (historia ambiental, ecología política) y en el vasto campo inexplorado que representa desde mi punto de vista la agroecología. Quisiera comenzar llamando la atención sobre un asunto: es a partir de esas dos dimensiones de la macrohistoria y de la microhistoria que una historia ecológica o agroambiental en perspectiva latinoamericana puede encontrarse con la agroecología y reproducirse recíprocamente.
La herencia agroecológica
Veamos en primer lugar el tema de la herencia de los patrimonios colectivos. Las sucesivas generaciones humanas reciben herencias de sus antecesores. Esas herencias tienen un componente material, constituido por la huella ecológica de la humanidad en general, y de cada comunidad en particular, sobre el entorno físico-natural, a partir de una dinámica de destrucción y reconstrucción, y por el conjunto de elementos e instalaciones edificados por los humanos para satisfacer sus diversas necesidades (ciudades, caminos, puertos, centrales nucleares, fábricas, equipos agrícolas, vehícules, etc.). Todo ello representa procesos de satisfacción de necesidades que, lo sabemos, son a su vez el origen de nuevas carencias y necesidades. Pero existen también los componentes inmateriales de esas herencias, cuya vigencia, legitimidad y significación no son unívocas, y que son objeto de luchas a veces tan enconadas como las de los componentes materiales. Nos referimos a todas las dimensiones culturales, simbólicas y de valores que conforman ese patrimonio inmaterial. Aquí hay también conjuntos cristalizados de relaciones sociales, de identidades y de memorias, que constituyen la dimension de «l'eredità immaterielle» estudiada, por ejemplo, por el microhistoriador italiano Giovanni Levi1. En lo que nos interesa, hay...





