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El capitalismo contemporáneo de los países de la Comunidad de Estados Independientes (cei) tiene dos fuentes: la descomposición de la burocracia soviética y la influencia del capitalismo global. Pese a la publicidad de la época en favor de las reformas, estas no lograron conducir a la prosperidad y al crecimiento del bienestar de la población. Casi un cuarto de siglo después de la caída de la Unión Soviética, resulta claro que en los territorios del espacio postsoviético se consolidó un capitalismo periférico, con una economía sustentada en amplios niveles de criminalidad empresarial, control informal de los activos, primarización y fuga de capitales.
Palabras claves: capitalismo, criminalidad, lumpemburg uesía, sociedad postsoviética, Comuni- dad de Estados Independientes (cei), Rusia.
En el albor de las reformas de mercado en la Comunidad de Estados Inde- pendientes (cei) -instancia sucesora de la Unión Soviética-, a comienzos de la década de 1990, el periodista televisivo ruso Vladímir Pózner organizó un talk-show con el elocuente título «¿Necesitamos el capitalismo?». El pro- grama había sido concebido como el triunfo de los partidarios liberales del capitalismo sobre, supuestamente, los retrógrados y estancados opositores al nuevo orden social. En el curso del debate, el académico Stanislav Shatalin, un economista prestigioso en ese momento, explicó de forma clara, compren- sible para todos los televidentes, la esencia de la «única doctrina confiable» de turno: «Imagínense un pastel dividido en partes iguales pero pequeñas. Eso es el socialismo. Ahora imagínense un enorme pastel dividido en partes desiguales, pero de modo que hasta una pequeña parte del segundo pastel es más grande que una de las partes iguales del primero. Eso es el capitalismo». Otro invitado del programa, sin medias tintas, propuso un camino sencillo y comprensible hacia el prometido paraíso del consumo: el Estado debía retirarse de la econo- mía. Se entiende que tenía en mente abrir el espacio para la iniciativa empre- sarial de la «gente común».
En esa misma época se difundió profusamente por televisión un spot publi- citario. Primero aparecía en la pantalla un mapa de Rusia cubierto por hu- meantes chimeneas de fábricas y líneas de transmisión de energía eléctrica. Una voz aclaraba: «Este es el patrimonio colectivo del país». Después se re- cortaba un pedazo de fábrica. «iEsta es tu parte de...





