Resumen
Este artículo es el resultado del trabajo llevado a cabo en las jornadas de trabajo Freud 100 años después, Universidad de Antioquia, 2015; comporta una reflexión del texto Pulsiones y destinos de Pulsión de 1915 y la literatura como recurso, en particular la obra del escritor Leopold Von Sacher- Masoch; se establece así un puente de discusión y comprensión de la teoría de las pulsiones, de la noción de masoquismo y su lugar en la constitución de las neurosis.
palabras clave: Leopold Von Sacher-Masoch, Masoquismo, Pulsiones, Literatura-Psicoanálisis.
ON MASOCHISM AND OTHER VICISSITUDES OF THE DRIVE
Abstract
This paper is the result of the work carried out in the conference "Freud 100 years later", University of Antioquia, 2015. It presents a reflection on the text Instincts and Their Vicissitudes from 1915 and on literature as a resource, particularly Leopold Von Sacher-Masoch's work. Thus, a discussion and comprehension link is established between the theory of the drives, the notion of masochism, and their place in the constitution of neurosis.
Keywords: Leopold Von Sacher-Masoch, masochism, drives, literaturepsychoanalysis.
À PROPOS DU MASOCHISME ET D'AUTRES DESTINS DE PULSION
Résumé
Cet article est le résultat du travail des journées « Freud 100 ans après », Université d'Antioquia, 2015. Il présente une réflexion sur le texte Pulsions et destins des pulsions de 1915 et sur la littérature en tant que ressource, notamment l'oeuvre de l'écrivain Leopold Von Sacher-Maschon. Un lien de discussion et de compréhension est ainsi fait entre la théorie des pulsions, la notion de masochisme et leur place dans la constitution des névroses.
Mots-dés : Leopold Von Sacher-Masoch, masochisme, pulsions, littérature, psychanalyse.
Recibido: 15/04/16 · Aprobado: 29/04/16
En el masoquismo, el fantasma es el lugar o el teatro
Deleuze, Presentación de Sacher-Masoch.
Lo frío y lo cruel.
En 1915, Freud escribe sus trabajos sobre metapsicología, entre ellos el texto "Pulsiones y destinos de pulsión" (Freud, 1915). Su abordaje nos permitirá orientarnos en la intelección freudiana de las pulsiones.
De entrada, dos postulados atraen nuestra atención. En el primero, Freud (1915) señala: "Un contenido básico convencional de esa índole, por ahora bastante oscuro, pero del cual en psicología no podemos prescindir, es el de pulsión. Intentemos llenarlo de contenido desde diversos lados" (p. 113).
¿Por qué llenarlo con el contenido de diversos lados? Freud nos invita a dirigirnos a otro lugar para tratar de aclarar un concepto tan complicado, y por ello no menos importante, como el de pulsión; en otras palabras, para un acercamiento al contenido de pulsión es necesario nutrirse de otras disciplinas. Freud concibe este concepto, en un primer momento, a partir de la biología y la fisiología.
En el segundo postulado, el diálogo con otros campos del saber deviene necesario, así:
En general, me parece dudoso que sobre la base de la elaboración del material psicológico se puedan obtener indicios decisivos para la división y clasificación de las pulsiones. A los fines de esa elaboración parece más bien necesario aportar al material determinados supuestos acerca de la vida pulsional, y sería deseable que se los pudiera tomar de otro ámbito para transferirlos a la psicología (Freud, 1915, p. 120).
En este orden de ideas, Freud duda de que en la psicología encontremos una explicación para la clasificación de las pulsiones. Lo ideal es entonces que el material provenga de otro campo. De este modo, en el abordaje de las pulsiones es necesario recurrir a otras manifestaciones de lo psíquico, pues solo así obtendremos el material que nos permitirá la comprensión y clasificación de las mismas.
Estos dos postulados se convierten en el punto de partida y en la orientación fundamental de esta reflexión, serán tomados al pie de la letra. En este caso nos apoyaremos en la literatura, en particular en la obra La Venus de las pieles (Sacher-Masoch, 1870), escrita por Von Leopold Sacher-Masoch. Las razones que motivan esta elección serán expuestas más adelante.
Por el momento volvamos a Freud (1915), quien, en su esfuerzo por consolidar el concepto de pulsión, intentará responder con nociones de la biología y la fisiología, guiado por el interés de encontrar el sustrato orgánico de las pulsiones, empero su indagación traerá por consecuencia la separación entre la pulsión y lo puramente orgánico.
A partir de esa diferenciación, cabe preguntarse: ¿cómo entiende Freud las pulsiones? Freud (1915) define la pulsión a partir de los estímulos internos que influyen en el alma de manera constante, y que solo pueden ser cancelados con la satisfacción, estos estímulos se convierten en la marca de "un mundo interior y de unas necesidades pulsionales" (p. 115).
Ante la pulsión no hay huida, por eso la fisiología y la teoría del reflejo no le es suficiente a Freud para explicar la naturaleza de la pulsión, puesto que se considera el sistema nervioso como un sistema que logra poner término a los estímulos a través de los reflejos musculares. En el caso de la pulsión, dada su constancia, esta explicación se vuelve inadecuada. "Los estímulos que se generan al interior del cuerpo no pueden tramitarse por ese mecanismo" (Freud, 1915, p. 116).
Para Freud (1915), la pulsión puede ser entendida como:
Un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón corporal (p. 117).
La pulsi?n se convierte en el representante ps?quico de lo que ocurre al interior del cuerpo y, adem?s, comporta cuatro conceptos:
Esfuerzo (drang). Es la exigencia de trabajo, entendida como la esencia y car?cter universal de las pulsiones, esforz?ndose siempre a la actividad.
Meta (ziel). La meta de las pulsiones es siempre la satisfacci?n, que se logra, seg?n Freud (1915), a trav?s de la cancelaci?n del est?mulo en la fuente de la pulsi?n. Freud concibe unas metas pr?ximas, inmediatas e inhibidas, que tambi?n persiguen la satisfacci?n, as? sea de un modo parcial.
Objeto (objekt). Puede ser un objeto ajeno o incluso una parte del propio cuerpo, constituy?ndose as? en lo m?s variable de la pulsi?n, se enlaza a ella para obtener la satisfacci?n. Freud (1915) agrega que "un lazo particularmente ?ntimo de la pulsi?n con el objeto se acusa como fijaci?n de aquella" (p. 118).
Y, finalmente, la Fuente (quelle). Es el proceso som?tico al interior de un ?rgano o una parte del cuerpo, del cual la pulsi?n deviene el representante.
Lo decisivo para la pulsi?n es entonces su origen en una fuente som?tica, solo tendremos noticia de ella a partir de sus metas, que son cualitativamente de la misma ?ndole y las distingue la diversidad de fuentes pulsionales.
Este an?lisis de las pulsiones le permite a Freud (1915) clasificarlas en dos grupos: a?sla las pulsiones yoicas o de autoconservaci?n de las pulsiones sexuales. Y agrega que, en el estudio de las neurosis de transferencia (histeria y obsesi?n), el conflicto se sit?a entre los reclamos de la sexualidad y el Yo.
Para Freud (1915), en las neurosis se trataba de una alteraci?n de las pulsiones sexuales, mientras que en las psiconeurosis narcisistas (esquizofrenia) la alteraci?n concern?a a las pulsiones yoicas. Y a?ade: su exploración se detendrá en el estudio de las primeras, puesto que un estudio ulterior de las psiconeurosis narcisistas podría desembocar en una modificación o enriquecimiento de la teoría de las pulsiones, pero solo cuenta con el material que le brindan las primeras.
Cabe preguntarse: ¿de qué orden es la alteración pulsional en las psiconeurosis narcisistas? Freud (1915) presupone que allí se trata de algo distinto a nivel pulsional. Es necesario resaltar que la exploración freudiana de los destinos de la pulsión que aquí expongo concierne entonces a las neurosis de transferencia, por consiguiente, podemos afirmar que en este artículo Freud devela el mecanismo y el circuito pulsional que se pone en marcha en la histeria y en la obsesión.
Continuemos por ahora con la exposición freudiana de las pulsiones sexuales. Son numerosas, brotan de múltiples fuentes orgánicas, al comienzo actúan con independencia unas de otras, y solo después se reúnen en una síntesis más o menos acabada. Aspiran a lograr el placer y luego entran en juego las funciones de reproducción, se apuntalan en las pulsiones de conservación y, posteriormente, se desasen de ellas. En la búsqueda del objeto siguen el camino de las pulsiones yoicas, con las cuales pueden intercambiar sus objetos -lo que Freud (1915) denomina sublimación. Allí la meta se encuentra muy alejada de los intereses originarios.
Las pulsiones sexuales encuentran cuatro destinos o formas de tramitación. Lo que llamamos desembocadura o destino de pulsión es siempre el resultado de una defensa que se resuelve de distintas maneras: el trastorno hacia lo contrario, la vuelta hacia la persona propia, la represión y la sublimación. Freud se ocupa en este artículo solo de los dos primeros.
El trastorno hacia lo contrario
El trastorno hacia lo contrario implica, a su vez, dos procesos: la vuelta de la actividad en pasividad y el trastorno en cuanto al contenido. Para explicar el primero, Freud (1915) toma como modelo la vuelta del sadismo en masoquismo y el placer de ver en exhibicionismo, lo que implica pasar del verbo mirar a su voz pasiva, ser mirado, martirizar a ser martirizado. En otros términos, ser martirizado y ser mirado son voces pasivas que se actualizan en la posición del sujeto, quien deviene objeto de la mirada y del látigo de otro; la pasividad es el efecto de situarse a merced del otro. En cuanto al trastorno de contenido, Freud lo explica a partir de la transformación de amor en odio.
La vuelta hacia la persona propia
Este destino solo se comprende a partir del trastorno hacia lo contrario. Podríamos conjeturar que son dos versiones de un mismo proceso psíquico o, mejor dicho, de un mismo circuito de satisfacción pulsional, mecanismo que Freud (1915) entiende a partir del masoquismo y del exhibicionismo, el cambio de actividad en pasividad. En ambos casos, deriva en la persona propia. Cabe resaltar que es un vuelco sobre el propio sujeto en aras de devenir el objeto de la mirada o bien del azote del otro.
Resaltan con nitidez los ejemplos empleados por Freud. A mi modo de ver, no son fortuitos; al contrario, encontramos allí un indicio de explicación del circuito pulsional que se instaura en la neurosis y que concierne directamente con el ser mirado y azotado por otro, así "lo esencial en este proceso es el cambio de vía del objeto, manteniéndose inalterada la meta" (Freud, 1915, p. 122). La meta, para Freud, sigue siendo la satisfacción, incluso si ella implica la mirada y el azote del otro.
Freud se percata de la coincidencia que se instaura en los dos circuitos pulsionales citados arriba, pues, contrario a su intento de explicación como dos destinos diferenciados, la neurosis devela que la pulsión puede desembocar en la conjunción de dichos mecanismos. Lo que implicará para Freud (1915) situar la importancia del par sadismo-masoquismo y su explicación de la siguiente manera:
a) El sadismo es una acción violenta dirigida a otra persona como objeto.
b) Este objeto es resignado y sustituido por la persona propia, y allí se consuma la vuelta de la meta activa en pasiva: el masoquismo.
c) Se busca de nuevo como objeto una persona ajena, que, a consecuencia de la mudanza sobrevenida en la meta, tiene que tomar sobre sí el papel de sujeto (Freud, 1915).
El masoquismo se convierte entonces en el corolario de la pulsión, en la conjunción de ambos destinos. A partir de los dos postulados freudianos que extraigo, citados al inicio del texto, intentaré comprender y exponer este asunto apelando a la literatura.
Un hecho particular atrae nuestra atención: en este texto no hay ni una sola referencia literaria, a diferencia de otros textos en los que Freud no escatima en ellas. Es como si la empresa freudiana, para la comprensión de las pulsiones, intentara desligarse de la biología y la fisiología y, por ello, encontramos estos referentes.
No obstante, los conceptos de masoquismo y sadismo, empleados por él, portan consigo una marca literaria, hunden sus raíces en la literatura, son productos de la creación de Sade y Sacher-Masoch, ambos escritores. Y si la pulsión se exterioriza en estos pares, una exploración de las pulsiones merece también una exploración de la obra de estos escritores, de allí que Freud abandonara una explicación biologicista de las pulsiones. Empero, acá solo nos detendremos en el concepto de masoquismo; una exploración del sadismo implicaría una reflexión aparte.
Para empezar, nos remontaremos al origen del término masoquismo. Es acuñado por Krafft-Ebing, psiquiatra alemán, en su publicación Psychopathia sexualis de 1886. La nueva entidad nosológica psiquiátrica, conocida en la antigüedad como algolagnia, que significa placer en el dolor, toma prestado su nombre del escritor Leopold Von Sacher-Masoch. Lo particular es que dicha nominación se realice a partir de su apellido materno. Cito a Krafft-Ebing (1997):
Ocasión y justificación de llamar esta anomalía sexual "masoquismo" se me presentaron porque, en sus novelas y cuentos, el escritor Sacher Masoch había convertido esta perversión -para nada conocida científicamente en aquel entoncesen objeto de su narrativa con enorme frecuencia. Seguía yo en esto la formación de la palabra "Daltonismo" (por Dalton, el descubridor de este fenómeno "ceguera de color" -así se llama comúnmente en alemán) (p. 105).
Si Krafft-Ebing siguiera el presupuesto de nominalización daltoniano, sería su nombre y no el de Sacher-Masoch el que figuraría en la nominalización de este fenómeno. Además, ¿por qué obvia su primer apellido: Sacher? Desconocemos si Freud realizó o no una lectura de Sacher-Masoch, pero, a sabiendas de su interés literario, la contemporaneidad de sus obras y siendo el alemán la lengua de ambos, dudo que obviara su lectura o, por lo menos, su existencia. Sin embargo, no encontramos ninguna referencia a la obra de Sacher-Masoch en los textos freudianos, y no escasean las citas a Krafft-Ebing.
A pesar de mi intento por entender estas nociones en la obra freudiana y de comprender el artículo solo a la luz del año en que fue concebido, tendré que mencionar que en los "Tres ensayos para una teoría sexual" (Freud, 1905), texto en el que Freud introduce por primera vez los pares sadismo y masoquismo, la referencia directa es la de Krafft-Ebing. Dicho de otro modo, Freud entiende estas dos entidades nosológicas de Krafft-Ebing (1997) a la luz de su Psychopathia sexuales. Así anota Freud (1905) en sus "Tres ensayos...":
Sadismo y masoquismo.
La inclinación a infligir dolor al objeto sexual y su contraparte, las más frecuentes e importantes de todas las perversiones, ha sido bautizada por Krafft-Ebing en sus dos conformaciones, la activa y la pasiva, como sadismo y masoquismo (pasivo), Otros autores [p. ej., Schrenck-Notzing (1899)] prefieren la designación más estricta de algolagnia, que destaca el placer por el dolor, la crueldad, mientras que los nombres escogidos por Krafft-Ebing ponen en primer plano el placer por cualquier clase de humillación y de sometimiento (p. 143).
A partir de los dos presupuestos freudianos resaltados al inicio de esta reflexión, preciso el motivo de mi elección de Sacher-Masoch. Si llegamos a la conclusión de que el nombre masoquismo encierra un circuito pulsional fundamental en la neurosis, se nos impone dirigirnos a la obra de Sacher-Masoch. Si se concede el saber al artista quizás encontremos elementos para la comprensión del circuito pulsional masoquista. Tomaré solo dos referencias de su obra: la novela La venus de las pieles, y "Cosas vividas", un escrito de confesiones eróticas y autobiográficas.
De la primera extrajimos la siguiente escena:
Otra escena de esta época me ha quedado en la memoria de una manera inolvidable. Una tía lejana mía, la condesa Sobol, vino a casa de mis padres. Era una bella y majestuosa mujer, de risa seductora; pero yo la detestaba, porque tenía en la familia la fama de una Mesalina, y me trataba con la mayor insolencia y maldad. Sucedió que un día mis padres se fueron a la capital. Mi tía resolvió aprovecharse de su ausencia para ejecutar la sentencia que había decretado contra mí. Inopinadamente entró, vestida con su kazabaika3 y seguida de la cocinera, su hija y la gatita que yo había desdeñado. Sin decirme nada me cogieron, y a pesar de mi violenta resistencia, me ataron de pies y manos; después de lo cual, con su risa perversa, mi tía se levantó las mangas y se puso a pegarme con una vara, tan fuerte, que mi sangre corrió y, a pesar de mi valor, grité en demanda de gracia. Entonces hizo que me desataran, pero tuve que arrodillarme ante ella para darle las gracias por la corrección, y besarle la mano. Ahora verá usted el loco desprovisto de sensaciones. Bajo la vara de la bella y lasciva mujer, que se me representaba, con su chaquetilla de pieles, como una diosa, colérica, la sensación de la mujer se despertó en mí por vez primera, y desde entonces mi tía me pareció la mujer más atractiva de la tierra (Sacher-Masoch, 1870, p. 26).
El sujeto que nos aparece en esta escena es presa de la furia y los látigos del otro, se resiste, en un primer momento, a la violencia ejercida por él, pero, en un segundo momento, el desprecio y los látigos devienen una experiencia de satisfacción. Dicho de otro modo, el circuito de trastorno hacia lo contrario y vuelta hacia la propia persona se conjugan en esta escena, ese otro detestable se convierte entonces en un bien amado, as? el deseo que se instaura en el sujeto es el de ser martirizado y azotado por el otro.
Recordemos que Freud (1915) ya nos hab?a dicho que este circuito es el resultado de su exploraci?n en las pulsiones sexuales y en las neurosis de transferencia; histeria y obsesi?n. Podr?amos conjeturar que lo que revela la obra de Sacher-Masoch y la riqueza de su elaboraci?n, escapa por completo a la nominalizaci?n psiqui?trica de Krafft-Ebing (1997), pues lo que nos sorprende en sus escritos es la construcci?n de una escena fundamental en la constituci?n del neur?tico.
Lo que Sacher-Masoch (1870) nos revela es que el neur?tico construye una escena en la que se sit?a a merced el otro, y es fundamental porque, a partir de ella, se constituye la satisfacci?n pulsional. Entonces los ejemplos citados por Freud, en cuanto al ser martirizado y ser mirado por otro, se convierten en los elementos de una escena primordial que el sujeto retendr? para su satisfacci?n pulsional.
Leamos con detenimiento una segunda escena que nos describe Sacher-Masoch, tomada de su texto "Cosas vividas" (1888), donde nos relata un recuerdo infantil:
A los diez años tenía ya un ideal. Languidecía por una parienta lejana de mi padre -llamémosla condesa Zenobia-, la más bella (...) de todas las mujeres de la región. (...) Fue una tarde de domingo. No la olvidaré jamás. Había venido a visitar a los hijos de mi bella tía -como la llamábamos- para jugar con ellos. Estábamos solos con la criada. De golpe entró la condesa, orgullosa y altiva, envuelta en su gran pelliza de marta cebellina, nos saludó y me besó, cosa que me transportaba siempre a los cielos; luego exclamó: "Ven, Leopoldo, ayúdame a quitar la pelliza". No tuvo que repetírmelo, la seguí al dormitorio, le quité las pesadas pieles que sostuve con esfuerzo, y la ayudé a ponerse su magnífica chaqueta de terciopelo verde guarnecida de petigrís que llevaba siempre en casa. Luego me arrodillé ante ella para calzarle sus pantuflas bordadas en oro. Al sentir agitarse sus piececillos bajo mi mano, le di, extraviado, un ardiente beso. Al principio mi tía me miro con sorpresa; luego se echó a reír al tiempo que me daba un ligero puntapié. (...) Mientras ella preparaba la cena, nos pusimos a jugar al escondite y guiado por quién sabe qué demonio, fui a esconderme en el dormitorio de mi tía tras un perchero guarnecido de vestidos y capas. En ese momento oí la campanilla y pocos minutos después mi tía entró en la habitación seguida de un agraciado joven. Luego ella empujó la puerta sin cerrarla con llave y atrajo a su amigo junto a sí.
Yo no entendía lo que decían y menos aun lo que hacían; pero sentí palpitar con fuerza mi corazón pues tenía cabal conciencia de la situación en que me hallaba si me descubrían, iban a tomarme por un espía. Dominado por este pensamiento que me causaba una angustia mortal, cerré los ojos y me tapé los oídos. Un estornudo que me costó mucho refrenar estuvo a punto de delatarme cuando, de pronto, se abrió violentamente la puerta dando paso al marido de mi tía, quien se precipitó en la habitación acompañado de dos amigos. Su cara era color púrpura y sus ojos lanzaban relámpagos. Pero en un instante de duda en que se preguntó a cuál de los dos amantes golpearía primero, Zenobia se le adelantó. (...)
Sin soltar palabra, se levantó de un salto, corrió hacia su marido y le lanzó un puñetazo en la cara. Él trastabilló. La sangre le corría desde la nariz y la boca. Aun así, mi tía no parecía estar satisfecha. Tomó su fusta y, blandiéndola, señaló la puerta a mi tío y a sus amigos. Todos al mismo tiempo aprovecharon para desaparecer, y el joven adorador no fue el último en zafarse. En ese instante el desdichado perchero cayó al suelo y toda la furia de la señora Zenobia se volcó sobre mí. "¡Qué es esto! ¿Así que estabas escondido? ¡Toma, ya te enseñaré yo a espiar!" (...) En vano intenté explicar mi presencia y justificarme: en un abrir y cerrar de ojos, me tuvo ella tendido sobre la alfombra; luego sosteniéndome de los cabellos con la mano izquierda y aplicándome una rodilla sobre los hombros, se puso a darme vigorosos latigazos. Yo apretaba los dientes con todas mis fuerzas; pese a todo, las lágrimas ascendieron a mis ojos. Pero, bien hay que reconocerlo, mientras me retorcía bajo los crueles golpes de la bella mujer sentía una especie de goce (Sacher-Masoch, como se citó en Deleuze, 2001, pp. 140-141).
Vemos cómo el sujeto es sorprendido por el otro, en su intento de permanecer escondido y encerrado con el goce solitario que le brinda la mirada; pero, al ser descubierto, se pone a entera disposición del otro, el cual no puede menos que azotarlo y martirizarlo, y al situarse en esa posición se experimenta la fijación de un placer que se retendrá para sí.
Esta escena es aún más reveladora que la anterior. La genialidad de Sacher-Masoch está en advertirnos lo concerniente a ese punto de fijación en el circuito pulsional, el masoquismo se convierte en la marca del placer que el sujeto logra extraer en el marco de la construcción de una escena fundamental. Podríamos decir que es una escena masoquista, porque Sacher-Masoch es quien logra aislar la posición que un sujeto retiene para su satisfacción y lo que implica situarse a merced del otro.
Sacher-Masoch nos entrega el escenario que se instaura para la satisfacción de las pulsiones, en el que la mirada y, sobre todo, el ser azotado, cobran un papel fundamental en la vida de los neuróticos, quienes para su satisfacción se ofrecen en calidad de objeto.
"Pulsiones y destinos de pulsión" se convierte en un texto que le indica a Freud un camino, se convierte en la antesala de su tesis acerca de la constitución del fantasma "Pegan a un niño" (Freud, 1919), y, aunque la exposición freudiana parte de la clínica, no encontramos ninguna referencia a la obra de Sacher-Masoch. Es necesario precisar que la obra de este escritor requiere una exploración exhaustiva, aquí solo nos introdujimos en un fragmento de la riqueza olvidada de su obra.
Para finalizar, es preciso cerrar esta reflexión con dos preguntas, que no abordaré en esta ocasión y que dejaré abiertas, ambas concernientes a lo femenino, en las dos escenas aquí traídas de SacherMasoch: ¿cómo entender el lugar de la mujer en la constitución de esta escena? ¿Acaso el sujeto aspira al goce de ella? Los invito a ver la adaptación al cine de La Venus de las pieles (Sarde, Benmussa & Polanski, 2013) del director Roman Polanski, o bien a buscar los grabados en agua fuerte del pintor Salvador Dalí, en donde el goce de ella resalta con mayor nitidez. Quizás allí podríamos encontrar una orientación frente a estos últimos interrogantes.
Para citar este artículo / To cite this article / Pour citer cet article / Para citar este artigo (APA):
Vargas-Garcia, Kelly (2016). Del masoquismo y otros destinos de pulsión. Revista Affectio Societatis 13(25), 220-233. Medellín, Colombia: Departamento de Psicoanálisis, Universidad de Antioquia. Recuperado de http://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/affectiosocietatis
1 Este art?culo es el resultado del trabajo llevado a cabo en las jornadas de trabajo Freud 100 a?os despu?s, Universidad de Antioquia, 2015.
3 Chaqueta de color, de terciopelo, guarnecida de piel, que usan las mujeres eslavas.
Referencias Bibliográficas
Deleuze, G. (2001). Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Freud, S. (1905). Tres ensayos para una teoría sexual. En J. Strachey (Ed.), J. L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.). Obras completas, Tomo VII (109224). Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1992.
Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. En J. Strachey (Ed.), J. L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas, Tomo XIV (105-152). Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1992.
Freud, S. (1919). Pegan a un niño. En J. Strachey (Ed.), J. L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas, Tomo XVII (173-200). Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1992.
Krafft-Ebing, R. (1997). Psychopathia sexualis. München: Edición Mathes & Seitz Verlag GMHB.
Sacher-Masoch, L. (1870). La Venus de las pieles, B. de Quirós (Trad.) México D.F.: Editorial Villicaña, 1963.
Sarde, A., Benmussa, R., (Productores) & Polanski, R. (Director). (2013) La Venus de las pieles. [Película]. Francia: R.P Productions.
Kelly Vargas García2
Corporación Universitaria Minuto de Dios, Colombia
2 Psicóloga Universidad de Antioquia, Master en Sciences Sociales et Humaines, mention Psychanalyse, finalité Recherche. Université Paris VIII. Docente Programa de Psicología Corporación Universitaria Minuto de Dios -UNIMINUTO. Psicoorientadora Universidad de Antioquia-Seccional Oriente.
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