RIVERO, J. (1999): Educación y exclusión en América Latina. Reformas en tiempos de globalización (Lima, Tarea / Miño y Dávila), 484 pp.
El fenómeno educativo tiene un protagonismo sin precedentes en la historia de la humanidad. Se ha repetido hasta la saciedad que vivimos en la sociedad del conocimiento, en la que tener o no educación está empezando a ser sinónimo de entrar o no en el mundo laboral y formar o no parte de la ciudadanía. Los educadores (desde cualquier ámbito o nivel) estamos de enhorabuena, pero también tenemos una gran responsabilidad. Ocurre además que sobre los hombros de la educación se echan todos los fardos, no solo la carga de todos los aprendizajes que no quieren o no pueden asumir otras instancias sociales (familias, iglesias, asociaciones, etc.) sino también la carga de los problemas sociales y macroeconómicos que la escuela no puede resolver por sí sola (por ejemplo el paro o la iniquidad).
Los educadores se sienten así abrumados por la incapacidad de dar respuestas a tamaños problemas. Pero algo hay de bueno en ello: se obliga a los responsables de la educación en todas sus facetas a mirar hacia los otros actores sociales, a intentar comprender lo que pasa más allá de las cuatro paredes de la escuela, porque los problemas escolares no se pueden abordar sin entender lo que pasa fuera. Y, por otro lado, profesionales de campos ajenos a la educación se interesan por ella porque han comprendido su repercusión en la economía, el desarrollo social o la estabilidad política.
En esta situación crucial en que se encuentra la educación se plantea con agudeza la peligrosa dicotomía entre la visión eficientista y la visión social, que el último Informe Mundial de la Educación de la UNESCO (1998) señala como el riesgo más grave: la propia desnaturalización de la educación en aras de un sometimiento a finalidades meramente económicas. Esta dicotomía nos afecta a todos, desde el máximo responsable político, al profesor de cualquier nivel, pasando por los estudiosos e investigadores porque no hay actividad nada neutra.
La conciencia de esta encrucijada está llevando a una toma de postura frente al pensamiento único (o «fúndamentalismo neoliberal» como lo denomina el propio Rivero) que se ha querido imponer como ideal de la «modernidad», con los principios del mercado como centro y todas sus secuelas lógicas de competitividad, exclusión etc. Prestigiosos investigadores, pensadores, y, por supuesto, profesores, están contestando este dogmatismo. Reconforta leer las argumentaciones sólidas de economistas como Henry Levin o Martín Camoy o de comparatistas tan prestigiosos como Robert Amove o Carlos Alberto Torres, desmontando ciertos principios efícientistas que se nos han vendido como inamovibles.
En esta misma línea se sitúa el libro de José Rivero, Educación y exclusión en América Latina, con la peculiaridad de referirse a y proceder de una región mundial con especial potencial para encarnar lo que se ha venido a llamar la «tercera vía», porque es la imagen misma de la esperanza (quizá junto con la Europa Mediterránea) frente al dominio absoluto de la economía de mercado globalizada arrasando todo vestigio de vida verdaderamente humana en ciertos sectores del planeta. Además para nosotros, los españoles, Latinoamérica es sinónimo de complicidad cultural y lingüística, y, por tanto, foco irresistible de nuestras miradas.
José Rivero es la persona idónea para escribir un libro así. Él procede de Perú, donde ha tenido importantes responsabilidades en la reforma educativa de los años 70. Pero conoce por experiencia propia todos los países de la zona, ya que como especialista y alto responsable de la oficina regional de la UNESCO para América Latina y el Caribe (OREALC) ha tenido ocasión de estudiar y visitar todos ellos. Ha pasado una treintena de años estudiando la realidad educativa latinoamericana y publicando numerosos libros y artículos sobre educación de personas adultas, procesos de desarrollo comunitario, políticas de equidad social, etc. Sin embargo, el título que él prefiere es el de maestro, y esgrime con orgullo sus primeros años de docencia en escuelas rurales del Perú.
El libro consta de dos partes diferenciadas en su estilo (el autor confiesa que en principio iban a ser dos libros). La primera consta de tres capítulos y aborda cuestiones más teóricas: globalización, pobreza y desempleo; educación, desarrollo humano y pobreza; y potencialidad educativa para enfrentar la pobreza y el desempleo. La segunda parte constituida por el capítulo cuarto se centra en los procesos de reforma y modernización educativa en Latinoamérica y hace una descripción exhaustiva de los problemas generales y de los procesos de cada uno de los países de la región.
Este estudio aporta a la educación comparada unos cuantos valores importantes. En primer lugar, una visión global de Latinoamérica, interesantísima y completa, desde la realidad viva y desde el estudio. Su excelente conocimiento del campo da a la obra a la vez rigor, interés y amenidad de lectura y la convierte en obligada referencia desde ahora para los estudiosos de la región. El enfoque es apasionado y se sitúa en una óptica firme a favor de la equidad, pero sin sectarismo ni demagogia, sino desde la argumentación sólida y la seriedad académica. Es un libro equilibrado, que contempla las cuestiones en su complejidad, sin simplismos reductores.
Tiene también cualidad de tratar todos los problemas cruciales de la educación de hoy. Algunos de ellos son comunes con Europa (desempleo, calidad y pertinencia de la educación, descentralización, autonomía y privatización de las escuelas, interculturalidad, etc.) otros son más específicos de la zona (analfabetismo, educación rural, etc.). Pero unos y otros ayudan a reflexionar sobre la propia realidad y a abrir ventanas a nuevas perspectivas.
Por último hay que señalar que Rivero trasmite una visión de la educación en América Latina crítica, pero esperanzada y positiva. Ahora que abundan tanto las lamentaciones, se agradece la enumeración equilibrada de los logros (sin que eso signifique eludir las dificultades y dejar de denunciar los fallos). Por eso, el libro contiene muchas sugerencias positivas de avance, ejemplos concretos, no meras quimeras. Se ofrecen realidades para animar a la mejora y para quien quiera seguir profundizando en ellas. En suma, es una buena contribución para hacer realidad esa «utopía necesaria» que es la educación.
Mercedes Muñoz-Repiso Izaguirre
EURYDICE
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