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"La historia contada por el cuento debe entretener, conmover" (Cuentos 33), reza el cuarto de los diez preceptos que elabora Julio Ramón Ribeyro para el prólogo al tercer tomo de La palabra del mudo. Preguntado poco antes de morir qué es Io que hace que un cuento sea logrado, Ribeyro contesta, "que transmita una emoción" (Minardi 471). Silvio en El Rosedal (1976) es, según Ribeyro mismo, "de una tristeza sin par" (La tentación del fracaso III 84). Y el gran logro de Ribeyro en Silvio en El Rosedal es precisamente el de comunicarle la tristeza del cuento al lector.
Sorprende, pues, que a pesar de declaraciones tan reveladoras de los propósitos del autor la crítica se empeñe, no sin alguna razón, en encontrar una filosofía positiva que subyace en toda la obra ribeyreana (Higgins 161). Pero tomando para el caso Silvio en El Rosedal, se verá que la expresión de una filosofía, positiva o no, se subordina a la transmisión de una emoción. Conviene entonces elucidar los componentes de esa transmisión hacia la cual, según su propia confesión, Ribeyro dirige sus esfuerzos en cada cuento, y que, para sus lectores, si no quizá para la crítica especializada, ha sido su mayor éxito.
Expresión de la cosmovisión de su autor, como Io asevera Higgins (163), Silvio le presenta al lector el vehículo ideal para estudiar la gama de técnicas que emplea Ribeyro no sólo para comprometerle afectivamente con el protagonista del relato, sino también para escribir un relato que -desmintiendo su aparente sencillez- funciona a varios niveles. Se destacan entre esas técnicas la prosa sencilla, la ambigüedad y la creación de un claustro enigmático a medio camino entre Io real y Io fantástico.
Para sus propósitos, Ribeyro logra además recrear en prosa un conocido concierto de tres movimientos. Musicalidad, por otra parte, frecuentemente señalada por la crítica. Desde la "clave menor" (48) que achaca a la obra ribeyreana Adolfo Castañón hasta la "impalpable melancolía que como una música lejana brota de sus relates" (Oviedo 59). Música lejana sí, pero que en el caso de Silvio en El Rosedal tiene una fuente específica. Apenas sentida en una primera lectura, pero en una clave menor que aún ignorando el lector de donde viene imparte una profunda tristeza, Ia...





