GEORG SIMMEL: FILOSOFIA DEL PAISAJE Madrid: Casimiro, 2013. 64 páginas, formato 12 x 17 cm. ISBN: 978-84-15715-12-2
"No pocas veces puede ocurrir que, paseando por la naturaleza, nos fijemos, con mayor o menor atención, en cuanto nos rodea: los árboles y los cursos de agua, las colinas y las construcciones, la luz y las nubes en sus infinitas transformaciones. Detenerse en un detalle o advertir varios a la vez no basta, sin embargo, para tener conciencia de estar ante un 'paisaje'".
Con estas palabras comienza Georg Simmel (Berlín, 1858-Estrasburgo, 1918) su libro Filosofía del paisaje, un pequeño texto de una enorme fuerza narrativa e influencia en la conceptualización y definición del término paisaje. Un libro y un autor que han ido ganando relevancia desde las últimas décadas del siglo XX hasta nuestros días, a medida que el concepto de "paisaje" se ha consolidado, como una de las ideas centrales del pensamiento filosófico sociológico, artístico y arquitectónico contemporáneo.
Los escritos de Simmel, por su audacia y originalidad, muestran la fuerza de las ideas pioneras. Se enmarca en aquellos pensadores que en su contexto cultural tuvieron un papel periférico, pero que, desde esa posición ideológica descentralizada, consiguieron entender y construir herramientas para comprender el complejo mundo contemporáneo.
Simmel, filósofo, sociólogo y profesor muy valorado, pero solo reconocido académicamente al final de su vida, fue un autor profundamente comprometido con su época. Mantuvo amistad con pensadores y artistas como Max Weber o Reiner Maria Rilke, además de colaborar con filósofos tan importantes como Edmund Husserl o Walter Benjamin.
A pesar de ello, y de su enorme influencia en la filosofía y, sobre todo, en la sociología desde los años 50 del siglo XX -se le considera padre del estructuralismo y su pensamiento fue fundamental para la Escuela de Fráncfort-, sus planteamientos teóricos no siempre fueron bien acogidos por sus coetáneos. En cierto sentido, Georg Simmel fue un adelantado a su época, con un pensamiento creativo que busca establecer puentes entre la razón y lo sensitivo. Sus teorías sobre la percepción y la forma y su influencia en los comportamientos sociales, así como su enfoque dialéctico y multidisciplinar, serán muy influyentes desde los movimientos de vanguardia de posguerra hasta nuestros días.
Javier Maderuelo, en su libro El paisaje, génesis de un concepto, habla de la cosificación que en la actualidad se hace del término "paisaje". Debido, en parte, a que su definición es muy amplia, ya que pertenece o es utilizada en múltiples campos disciplinares, también existe un extendido uso coloquial del término que amplía su significado hasta englobar todo lo que tiene que ver con el contexto, en una confusión constante con términos como "naturaleza" o "territorio".
Maderuelo habla también de que el término "paisaje" está vinculado a una serie de tópicos procedentes del romanticismo, en los que se vincula la idea de belleza a la idea de naturaleza. Defiende que para entender el concepto de paisaje hay que aproximarse a él, en primer lugar, distanciándose de la identificación entre naturaleza y paisaje y que, en segundo lugar, no hay que entender el paisaje como conjunto de objetos configurados por la naturaleza, o por el ser humano, o como el medio físico donde se desarrolla la vida humana. Según Maderuelo, el paisaje es un constructo, una elaboración mental que los hombres realizan a través de los fenómenos de la cultura. Por tanto, es necesario hacer un esfuerzo de empatía, para comprender cómo cada cultura ha construido su idea de paisaje. En ese sentido, esta es la oportunidad que nos ofrece el libro Filosofía del paisaje, sumergirnos en los orígenes modernos del término "paisaje" desde la cultura centroeuropea de principios del siglo XX.
El libro Filosofía del paisaje es, en realidad, la recopilación de cuatro artículos sobre este tema, que se reúnen siguiendo un criterio conceptual, y no temporal: "Filosofía del paisaje" (1913), "Los paisajes de Böcklin" (1907), "Las ruinas" (1907) y "Los Alpes" (1911).
El primero de ellos, "Filosofía del paisaje", es el que tiene un contenido de mayor calado, ya que nos acerca a la definición que hace Georg Simmel de paisaje. Podemos ver cómo las ideas de Maderuelo hunden sus raíces en las de Simmel. Para Simmel, igual que para Maderuelo, el paisaje tiene que ver con un fragmento discreto de realidad, acotado, cualificado y transformado como paisaje -construcción cultural- por un individuo o conjunto de individuos. El ensayo de Simmel define cada uno de estos aspectos del término.
Lo primero que se aborda es una caracterización de la base sobre la que se construye el paisaje. Para Simmel, esta podía ser natural o construida por el hombre, pero excluye la vida urbana como posible base del paisaje. Esto se debe a que, para el autor, ese medio sobre el que se construye el paisaje debe ser un espacio continuo, infinito, "unidad fluida del devenir que se expresa en la continuidad de la existencias espacial y temporal", y los fenómenos urbanos todavía no habían perdido su carácter de objeto finito.
La segunda cuestión es que, para la definición de paisaje, el concepto de "fragmento" es esencial, por lo que el autor nos advierte que dentro del concepto la base será esa naturaleza continua, ese espacio fluido, pero que representadas como paisaje esa base se propone como singularidad óptica, estética o sentimental.
El tercer aspecto también coincide con la definición de Maderuelo de paisaje, al introducir la idea de constructo; el concepto de paisaje incluye la acción de un observador: mirar, interpretar, sentir. Ver como paisaje significa darle unidad a lo que es un fragmento de realidad. Es una dialéctica entre la parte y el todo, una acción de la mente y el alma, una acción que tiene que ver con el acto creativo. Y en este punto es interesante la descripción que hace Simmel del proceso que sigue el artista para construir paisaje: "... entresacar de la corriente caótica e infinita de lo inmediatamente dado una parte, concibiéndola y configurándola como un todo autocontenido y autónomo y cercenando los hilos que la vinculan con el universo para volver a tejerlas autorreferencialmente". ¿Y no está definiendo aquí Simmel el proceso de proyectos?
Si este primer artículo desarrolla la definición de paisaje en todos sus registros, el siguiente artículo, "Los paisajes de Böcklin", enlaza con esta última idea del paisaje como constructo. Aquí Simmel utiliza un caso concreto, los cuadros del pintor alemán Arnold Böcklin (1821-1901), para ilustrar el particular universo creativo del pintor. En este caso, poniendo el foco en la naturaleza ideal y abstracta sobre la que el pintor construye sus paisajes. Fragmentos de una realidad aparte, que mezclan una sensación de pertenencia y emancipación respecto a la naturaleza. Espacios atemporales, encerrados en su propia dimensión, mundo autorreferencial y cerrado en sí mismo que define un universo propio donde los cuadros dictan sus propias leyes, paisajes irreales que Simmel describe con un acentuado lirismo de esta forma: "Asíviven [los paisajes del pintor], como la imagen de un ser querido que nos abandonó hace mucho tiempo: una imagen que ha perdido todo rastro de realidad y se confunde totalmente con el sentimiento que nos colma".
En los siguientes dos escritos "Las ruinas" y "Los Alpes", Simmel aborda dos situaciones antagónicas de la naturaleza del paisaje: la naturaleza híbrida y dinámica de las ruinas y la pureza formal y el carácter estático de las montañas de los Alpes. En el primer caso, las ruinas se entienden, frente a otros fragmentos de otras artes, con un carácter más objetual, como parte indisociable de ese continuum natural soporte o base de la idea de paisaje definida por Simmel. Para él es como si, de alguna forma, al desaparecer la coherencia estructural y material que la arquitectura impone a la naturaleza desafiando sus leyes, la naturaleza recuperara parte de su poder sobre lo construido, consiguiendo completar una especie de ciclo holístico donde todo acaba volviendo al lugar del que partió. Frente a esta base artificial, transformada por el poder natural -las ruinas-, se analiza la naturaleza en estado puro: las montañas de los Alpes. En este caso, se reflexiona sobre cómo la forma y la escala pueden modificar la percepción y formar una unidad inseparable de la impresión estética. Además, sobre la dificultad para el artista de aprehensión y construcción de un paisaje de esta naturaleza. La dialéctica entre la vida y la muerte, entre lo bajo y lo alto, entre lo terreno y lo divino, entre lo grande y lo pequeño, se abre paso en "Los Alpes": "La alta montaña produce una impresión de la que derivan tanto la intuición como el símbolo de que la vida puede elevarse hasta liberarse de la forma, hasta trascender y contraponer la forma".
Simmel construye un universo sobre la idea de paisaje lo suficientemente abstracto como para tener continuidad en el presente, ideas germinales que, sin embargo, contienen el potencial evolutivo para seguir teniendo vigencia. Constructos mentales, naturaleza del soporte, dialéctica entre el fragmento y el todo, la autonomía del proceso creativo, la relación entre lo dinámico y lo estático, la integración de opuestos entre lo construido por el hombre y las fuerzas de la naturaleza, la relación entre percepción y forma son temas que aborda este pequeño libro, cargado de intensidad, lirismo e instrumentos para hacernos comprender el paisaje. □
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1 Dra. arquitecto, profesora contratada doctora del Departamento de Proyectos Arquitectónicos. Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad de Sevilla, España





