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1. NOTA INICIAL
El estudio de las clasificaciones que las personas aplicamos a los distintos elementos de nuestro entorno, se enfrenta con varias consideraciones a priori. Una de ellas se refiere al origen de esos elementos que componen el ambiente; es decir, ¿a cuál de estos dos grandes ordenes pertenecen las diferentes entidades de nuestro entorno, al de la naturaleza ? al de la cultura? Si acaso entran en juego biznagas, chapulines, barrancos y cometas, se trata de elementos con referente universalmente definible; si lo que está ocupando nuestra atención es el compadrazgo, la religión o los albures o el noviazgo, tenemos ante nosotros entidades que carecen de referente universalmente difinible.
Para proseguir, traigamos a colación una de las líneas de pensamiento que nos aproxima al problema. Se trata de aquella que destaca la importancia de definir una salida entre estas dos situaciones: 1) si acaso, de una manera pasiva, los humanos recibimos un mundo ordenado con anterioridad o 2) en cambio, construimos activamente nuestro ambiente, imponiendo una estructura sobre el mundo (Harwood, 1971: 522). Al punto en que estames, lo priniero que esta reflexión nos invita a hacer es una fragmentación de la misma problemática. Primera situación: aunque los humanos nos desarrollamos en un mundo previamente ordenado, al momento de encarar ciertas partes del ambiente que nos rodea -la burocracia, por (infeliz) ejemplo, en contraste con las flores-, seguro es que nos llegará la sensación de que esa parte es (s)obra y (des)gracia del espíritu (¿?) humano. Por tanto, aun en esta primera situación, la actitud de nuestra especie no es del todo pasiva: consta o llegará a constar tarde o temprano, que, junto a lo preestablecido, existen sectores del ambiente creados y ordenados de acuerdo a los caprichos de nuestro ser-y-no ser. Segunda situación: si acaso sucede que el hombre de continue se encuentra estructurando activamente el mundo, ¿qué decir de nuestra categorización hacia lo que hemos creado/recreado/inventado/manipulado. . . sobre/para/por/contra. . . el mundo mismo? Por tanto, cualquiera que sea la resolución, las implicaciones del complejo naturaleza-cultura parecen mantenerse; las nociones sobre las entidades sin referente universalmente definible presisten, pues.
En términos de la antropología y la lingüistica, lo anterior bien puede ser atendido mediante el concepto de los campos semánticos....





