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PALABRAS CLAVE: Santiago de Chile, crónica urbana, Álvaro Bisama (1975), Rafael Gumucio (1971) y Pedro Lemebel (1955).
KEY WORDS: Santiago de Chile, urban chronicle, Álvaro Bisama (1975), Rafael Gumucio (1970), Pedro Lemebel (1955).
Recibido el 26 de julio de 2008 Aprobado el 30 de agosto de 2008
En la literatura chilena del siglo XX, la ciudad de Santiago ha sido una presencia constante en la narrativa: desde la pequeña ciudad provinciana y pudorosa, en la que convivían los suntuosos palacetes oligárquicos con los arrabales semi-rurales (Juana Lucero, de Augusto D'Halmar) hasta la ciudad moderna de anchas avenidas hermosas y verdes zonas residenciales que multiplica sus centros (Mala Onda, de Alberto Fuguet); desde la ciudad republicana pero de pretensiones europeizantes (La chica del Crillón, de Joaquín Edwards Bello) hasta la de exclusivos edificios que espejean en los faldeos de la cordillera (El nadador, de Gonzalo Contreras); desde la ciudad austera, legalista, tejida de calles paralelas y perpendiculares en el centro cívico cuya rígida solidez respondía (aparentemente) a una estabilidad político institucional (Casa grande, de Luis Orrego Luco) hasta la ciudad en la que abundaron los centros clandestinos de detención en barrios de clase media (Una casa vacía, de Carlos Cerda); desde la ciudad de la turbulencia política y cultural de principios de los 70 (Soñé que la nieve ardía, de Antonio Skármeta) hasta la ciudad vigilada llena de tensión, miedo, ira y desesperanza de la dictadura (El infiltrado, de Jaime Collyer, o Santiago Cero, de Carlos Franz); desde la sordidez del río Mapocho, donde habitan sus seres oscuros y marginales regidos por los códigos del hampa (El río, de Alfredo Gómez Morel) hasta los muertos que navegaban por el río en la realidad gris y decaída de los primeros días posteriores al golpe de Estado de 1973 (Mapocho, de Nona Fernández). En los últimos años, Santiago se ha hecho notoriamente visible en el "género negro" desarrollado por un autor como Ramón Díaz Eterovic, para quien la ciudad -"triste y desolada"- es el único escenario posible para radiografiar tanto los crímenes de la dictadura como las paradojas y contradicciones de la transición. Santiago ha sido también reinventada en la poesía con el deslumbrante Paseo Ahumada, de Enrique Lihn. De igual modo, ha renacido literariamente a...





