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El personaje de Francisco Franco es uno de los más estudiados de la historia de España. Desde distintas ópticas, que van de la hagiografía servil a la diatriba feroz, pasando por las aproximaciones más rigurosas, los historiadores han tratado casi todos los aspectos de la vida de Franco. Situación normal, si se tiene en cuenta que ocupó buena parte del siglo XX.
A lo largo de los casi cuarenta años de ejercicio de su poder, el retrato del dictador estuvo omnipresente en todos los lugares de la vida cotidiana de los españoles: calles, escuelas, edificios oficiales, periódicos, libros, películas, el NO-DO... De ello se han ocupado ampliamente los investigadores, como demuestran también las páginas de esta revista.
Sin embargo, hay un aspecto de la imagen franquista al que los historiadores no se suelen acercar Se trata del Franco que aparece en los sellos y en los objetos que tienen que ver con el correo (cartas, sobres y tarjetas). Este olvido habría que enmarcarlo en el hecho de que la historia postal no ha adquirido aún en España, sobre todo en el mundo universitario, la importancia que tiene en otros países. Y ello a pesar de que escribir o recibir correspondencia es una de las actividades más habituales de la vida privada de cualquier persona, especialmente en tiempos difíciles, como son los de las guerras, tan habituales en la España contemporánea.
El correo es, por tanto, una fuente muy útil para conocer la realidad política, económica, ideológica, religiosa, cultural y, en definitiva, social de cada momento. Los sellos, elaborados siempre por el gobierno de turno, reflejan la evolución del pensamiento oficial a lo largo del tiempo. Son, en consecuencia, elemento clave de propaganda, pero también de memoria histórica, en las democracias y, sobre todo, en las dictaduras.
Como mecanismo de propaganda, el sello utiliza la selección y simplificación de los conceptos e imágenes, su repetición sistemática y la retroalimentación de actitudes afines al régimen político1. Como instrumento de memoria ejerce ante todo una función normativa, creadora de modelos ejemplares o símbolos inmutables, que legitiman la identidad afectiva del grupo con lo que e sello representa (personaje, partido, acontecimiento histórico, campaña social, religión, película, idea, arma, etc.)2. Todo ello desde un ámbito estatal y estatalizador, que...





