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El llamado "descubrimiento" en 1492 es la doble confirmación del poder milagroso de la lengua y el desvelamiento del eterno aislamiento de la isla de Annobón. Mientras que los marinos españoles y portugueses ardían de las fiebres de todos los trópicos que les tocaban en sus constantes repartos de los continentes y territorios en liza, al amparo de tratados mezquinos, los soberanos de las potencias ibéricas se intercambiaban sus posesiones en África y en América, intercambio, huelga decirlo, gestado con el consenso de la mentalidad esclavista dominante, mentalidad con la que comulgaban los monarcas de una Iberia pletòrica de fe cristiana y que vislumbraba las perspectivas de un negocio triangular. Ya que esta reflexión nos conduce al ámbito de la geometría, diremos, en propiedad, que fue un negocio redondo. Hechas que fueron las capitulaciones, (algunos siglos después de las más famosas) la Marina española dispuso que el destino llevara a aquellos mares al insigne Felipe de Todos los Santos y Toro, quien pasó a la historia transatlántica con el blasonado renombre de Conde de Argelejos. Aquel marino español fue lanzado al mar océano para, tras poner rumbo desde el Río de la Plata a la África infinita, tomar posesión de las nuevas tierras tras la firma de los tratados arriba aludidos veladamente. Las tierras aquellas eran Annobón y Fernando Poo, y en aquellos años la mención de ellas teñía al ambiente descubridor de un misterio insondable, como si el arribo y la posesión de ellas fueran hitos supremos en aquella fiebre descubridora.
Fue lanzado el insigne Argelejos a los confines del mar y llegó a su destino. Pero por estas paradojas hirientes de la Historia, la misma no nos dice con claridad cuál fue la causa inmediata de su óbito, ni qué se hizo de su blasonado cadáver. Lo cierto fue que aquella omisión fue deliberada, pues es la única manera de soslayar la queja de los annoboneses, pues solamente ellos saben que el hecho de ser tan largamente dejados de la mano de Dios es por haberse atrevido a alzar su innata altanería sobre la egregia figura de Argelejos, a quien no solamente no dejaron entrar, sino que impidieron que llevara su fiebre conquistadora a otras latitudes. La incertidumbre histórica no nos impide pensar...





