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Este ensayo parte de una reflexión sobre el descubrimiento de que Carpentier había nacido en Lausana, Suiza, y no en La Habana, Cuba, como declaró siempre, y el motivo de su mentira. En Carpentier la vida se hizo literatura y la literatura se hizo vida, son invenciones gemelas. La obsesión con su inventado origen surge en textos claves como Viaje a la semilla, El derecho de asilo y El arpa y la sombra La angustia existencialista sobre el sentido del nacimiento y la muerte encuentra irónicamente su última ratio en la conjunción de vida y literatura.
"The eradle rocks above an abyss, and common sense tells us that our existence is but a brief crack of light between two eternities of darkness."
Vladimir Nabokov, Speak Memory
I
La noticia más perturbadora en los estudios carpenterianos de los últimos años ha sido la publicación de una partida de nacimiento indicando que el escritor había nacido en Lausana, Suiza, el 26 de diciembre de 1904, no en La Habana, Cuba, como había dicho a lo largo de toda su vida, y que su nombre de pila era Alexis no Alejo. De ser legítimo el documento suizo lo interesante no es tanto que Carpentier haya nacido en Suiza, sino que haya dicho siempre que había nacido en Cuba: lo significativo es la mentira, no el dato en bruto de su lugar de nacimiento. Para aclarar definitivamente el asunto habría que verificar la validez de la partida de nacimiento suiza, investigar si existe otra cubana, y también establecer su legitimidad. De ser cierto que Carpentier mintió, habría entonces que especular por qué lo hizo, y (más interesante aún) ver si hay huellas de las mentiras y sus motivos en su obra narrativa, y si éstas revelan algo sobre sus posibles significados.
Fue Guillermo Cabrera Infante quien dio a la publicidad la partida de nacimiento suiza de Carpentier, y contó cómo el documento vino a caer fortuitamente en sus manos y de éstas a las de un reportero del ABC de Madrid que la reprodujo en ese periódico con una nota aclaratoria del poeta Gastón Baquero.1 He aquí los hechos, tales y como los relata Cabrera Infante cnMea Cuba:
un fax anònimo, destinado a hacerse célebre, vino de París...





