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"On ne joue pas à être clown, on l 'est", Jacques Lecoq.
La figura estereotípica del payaso está profundamente relacionada con la comedia, los bufones de la Edad Media eran parte de la corte y su misión era procurar la diversión del rey a través de una serie de habilidades artísticas, como malabares, pantomima, acrobacias, representaciones burlescas y el uso de máscaras, ganándose así la cualidad simbólica de la felicidad y la risa.
En el siglo XVI el personaje se adhirió a distintos escenarios colectivos y tuvo un lugar predominante en la Commedia dell'Arte italiana. El payaso pasó de ser astuto e irónico a tener una personalidad más emotiva gracias a la interpretación del afamado Jean-Gaspard Deburau, quien lo transformó en un ente taciturno, melancólico y que padece de amor no correspondido. Así nació Pierrot, un payaso de cara blanca y maquillaje negro destinado al fracaso.
Este símbolo fue explotado en diversas áreas, por ejemplo en la ópera Pagliacci, escrita en el siglo XIX, un drama de dos actos donde los personajes se ven envueltos en infidelidad, celos y muerte; o Limelight {Candilejas), película de Charles Chaplin, donde su personaje Calvero, un payaso desahuciado, le salva la vida a una bailarina antes de morir en la miseria, mostrándonos que nada es más patético y conmovedor que un ser cuyo trabajo es hacer reír a otros mientras tiene el corazón destrozado. Poco antes, en 1927, inspirado en una obra de teatro que había sido...





