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Para nadie es un secreto que cada barrio tiene su identidad, generada por la acción de sus vecinos, recogida en la oralidad y la memoria, expresada en personajes, hechos, leyendas, rincones, edificios, parques y esquinas. Esa identidad barrial es el núcleo de la identidad nacional, es la célula básica que se multiplica y diversifica. Hay creadores que asimilan esa identidad del barrio y de la nación, para expresarlas artísticamente. Las instituciones cubanas, ocupadas de la educación, la historia y la cultura, ponen énfasis en la importancia de preservar la obra de estos hombres a los que califican de portadores naturales, ya que por amor a lo suyo, mantiene vivos los signos de identidad. El maestro, periodista y poeta Marcelino Arozarena es precisamente uno de esos portadores naturales.
Nació el 13 de marzo de 1912, en una edificación de madera, donde vivían varias familias. Fueron sus padres Marcelino, que era albañil y Ramona, que era empleada doméstica. Tuvieron siete hijos y Marcelino fue el mayor. Vive en la casa paterna hasta 1941 y podemos afirmar que esos primeros treinta años de su vida, fueron para Marcelino tiempos de forja y de reafirmación.
Salvador García Agüero, intelectual destacado en las luchas contra la discriminación racial y por los derechos de los maestros, lo preparó para ingresar en la Escuela Normal para Maestros de La Habana y a partir de esa circunstancia, nació entre ellos una profunda relación. En 1934, el mismo año de su graduación de la Normal, le publican su poema "Canción del estudiante pobre" en el primer número de la revista Polémica de la Universidad, por decisión del Consejo de Redacción, entre los que figuraban José Antonio Portuondo, Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa García y Ramiro Valdés Daussá. El poema refleja las luchas estudiantiles por el pasaje gratis y menciona otras de las reivindicaciones que exigían: matrícula y vivienda gratis. Es una exhortación a sus compañeros de estudios y luchas; al motorista que conducía el tranvía y al conductor, que era el que cobraba el pasaje.
Sobre esa época que se refleja en el poema, nos da su testimonio Ernestina Himely. Ella no sólo fue compañera de estudios, novia y esposa de Marcelino, sino además compañera de luchas. Nos dice que la Normal...





