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Porque nuestro es el exilio: Extrañamiento territorial y afirmación poética Eskeletra Editorial, VV.AA.
El título de este libro, Porque nuestro es el exilio, es un llamado a la propiedad de algo imposible de asir: el destierro, el exilio en la escritura poética. El poema titulado Lenguaje y laberinto, de Luis Carlos Mussò, empieza así: "Quemadura sin norte, sin oriente - peor aún, sin sur-". Este libro no persigue norte. La existencia de este libro no se funda en teleología alguna. Pero ¿cómo pretende cada uno propiedad sobre algo inapropiable como el exilio poético?
Los poemas de Luis Carlos Mussó pertenecen a la colección inédita titulada Cuadernos de Indiana. Con ese nombre, lugar de la enunciación lírica, se autoexilia de su marco histórico geográfico: el Guayaquil del siglo XXI. El tono fundacional de la poesía de Mussó se reafirma en las referencias bíblicas al Nuevo Testamento de los títulos de algunos poemas: Cerrojos (EpistoL· adefesios/ I y II) y Aperos de bestia (Evangelios varios). Los evangelios atribuidos por la voz poética a ciertos personajes recuerdan la pretensión de Lezama Lima de fundar un universo lírico autosustentado. La voz lírica que habla de un mundo posible, donde dicta verdades absolutas. Sin embargo, parece fundar su mundo sobre la duda: "Para qué la palabra; para qué". Aquella duda se disipa en el rigor del exilio: "Como estas palabras que no dicen nada y se hacen daño a sí mismas punzándose con afilados hiatos en el baño trasero de una garita". Mussó abunda sobre la aporía que define el género lírico: construcción de naturaleza totalizadora que toma palabras de un mundo ajeno. Basta con mirar algunos títulos: Bruma, recelo y cartografía I y II, Cronotopo y Lenguaje y Laberinto. En ellos, el símbolo de lo imposible recibe otros nombres: "Llamo Indiana -a veces Sydia o Bizancio, sin que nadie lo sepa-, a la comarca sumida en el espejo y en cuyas vigas pululan pestes tan antiguas que las ciénagas no estorban su propagación". Mussó persiste en consumar el exilio con la construcción del hogar poético. Pero este poeta sabe que...





