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Anales de Antropología, concebida como una revista anual, por razones diversas, dadas a conocer en volúmenes anteriores, ha sufrido lamentables retrasos. Desgraciadamente, las demoras se han ido acumulando por causas ajenas a sus editores, la última relacionada con la prolongada huelga de 1999. Ahora, sin embargo, con el trabajo desempeñado por los distintos editores que se han hecho cargo de la revista, y por quienes hacen posible su publicación, parece que finalmente estamos en posibilidades de recuperar el tiempo perdido. Empero, todos los esfuerzos serían infructuosos, si los autores que han contribuido y contribuyen en las distintas secciones que integran la revista no hubieran depositado su confianza en la calidad académica de esta publicación. Este volumen de Anales de Antropología se enriquece con una serie de artículos, reseñas y notas de diversa naturaleza, relevantes para nuestra comunidad. Por desgracia, en este número nos atrapó la tristeza al haber sido testigos de la partida de varios colegas. Fue imposible dar cabida a todas las notas relativas a la vida y obra de cada uno. En esta ocasión sólo pudimos incluir las de Ada D'Aloja, Noemí Quezada, Juergen Brueggemann y Guadalupe Mastache. Sin embargo, también recordamos que Leonardo Manrique Castañeda, Ignacio Guzmán Betancourt y Ana Ma. Crespo fueron amigos cercanos a nosotros y a nuestro Instituto. Su desaparición ha sido difícil de asimilar en el medio antropológico, toda vez que de ellos guardamos un profundo respeto y un reconocimiento a su obra.





