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Al revisar nuestra gesta por la soberanía, es decir la lucha de nuestro pueblo por el ejercicio de su autoridad sobre el espacio histórico social, económico y cultural en el que desenvuelve su existencia, si son tres los fundamentos de este concepto, a saber: territorio, pueblo y poder, interesa preguntarse cuánto hemos ejercido nuestro poder de pueblo sobre el destino de los recursos naturales de la nación, riqueza material del territorio, y cuánto han pesado estos recursos en la trama de las relaciones sucesivas de dependencia que han configurado al país que nos damos hoy.
Al respecto, de todos los componentes naturales que nos caracterizan, creo no equivocarme si afirmo que el agua ha sido el recurso más prominente en el desarrollo histórico nacional; no solamente por su carácter multifuncional, económico, social y ecológico, sino especialmente por su extraordinaria dimensión en el mapa de la estrecha geografía del territorio, y por su denso uso en la explotación de la posición geoestratégica del istmo. Vale entonces tomar como eje de análisis este factor ambiental. Es un recurso que al analizarlo en su relación con nuestra sociedad, no sólo nos revela múltiples facetas y enseñanzas del camino recorrido por la nación, sino también las importantes tareas que están aún pendientes en la ruta hacia el pleno ejercicio de nuestra soberanía y fortalecimiento de la independencia nacional, en el concierto de las naciones.
Hoy día hemos ganado la soberanía jurisdiccional sobre todo el territorio nacional con la firma y ejecución de los Tratados Torrijos Carter, un indicador inequívoco de cuánto ha madurado la conciencia nacional de los panameños. Pero conviene preguntarse si habremos alcanzado con ello la soberanía sobre los recursos naturales, especialmente sobre el recurso estratégico del agua. Es una interrogante a la que debemos una respuesta diáfana, porque puede estar marcando desafíos que no estamos percibiendo y que por tanto, corren el riesgo de quedarse marginados de la agenda de discusión que exige hoy la nación. Por ejemplo, escuchamos hablar a menudo de "garantizar nuestra soberanía alimentaria"; y pregunto: ¿será esto posible sin garantizar la soberanía efectiva sobre nuestras aguas y tierras?
Ejercer la soberanía sobre el territorio de un país, es ejercer inevitablemente la autoridad suprema y libre del Estadonación sobre todos los recursos desplegados...





