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El 12 de enero de 2010 un terremoto de 7 grados en la escala de Richter dejó la capital de Haití bajo los escombros, con un saldo de más de 200.000 muertos. La infraestructura del gobierno central y los gobiernos locales quedó completamente colapsada. El artículo sostiene que las verdaderas causas del desastre no deben buscarse en el movimiento sísmico sino en las condiciones socioeconómicas extremas, las aglomeraciones urbanas, los estilos precarios de construcción, Ia degradación ambiental, Ia debilidad del Estado y las presiones internacionales. En suma, en Ia histórica exclusión y pobreza. Por eso, además de Ia necesaria solidaridad, América Latina debe aprender las lecciones que deja Ia catástrofe de Haití.
Palabras claves: sismo, desastre, desarrollo, Haití.
* El peor escenario posible
El 12 de enero de 2010 la capital de Haití quedó bajo los escombros. En pocos segundos, un movimiento sísmico de 7 grados en la escala de Richter dejó el 65% de las construcciones en la zona metropolitana de Puerto Príncipe-Pétionville totalmente colapsadas o con un alto grado de destrucción. Más de 200.000 personas perdieron la vida y más de dos millones quedaron en la calle. El centro de comando de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (Minustah) también colapso, dejando sin cabeza a la fuerza de militares de múltiples banderas que operaba en el país.
El presidente, René Préval, vio cómo el Palacio de Gobierno, para muchos emblema de la añorada belleza que un día tuvo la ciudad, se hundía de repente. El primer ministro, JeanMax Bellerive, salió a recorrer la ciudad para evaluar el daño subido a un mototaxi, con el cual fue a buscar a los funcionarios del gobierno para iniciar las tareas de coordinación de la crisis. El Palacio de los Ministros colapso, las oficinas de la Protección Civil quedaron inservibles y su personal fue privado de los mínimos medios de coordinación, igual que los alcaldes de las comunas afectadas y los responsables locales de protección civil. Por la hora del sismo (poco antes de las cinco de la tarde), una gran cantidad de funcionarios importantes se encontraba aún en sus centros de trabajo; muchos perdieron la vida.
En resumen, el peor escenario posible: un desastre de proporciones superlativas que afectó de lleno al centro...





