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Alfonso Medina Urrea,
1ª ed., México, El Colegio de México,
2018, 314 pp.
No son muchas las lenguas que han practicado la poesía rimada; y, de entre las que lo han hecho, muchas la han abandonado tan rápidamente que podría decirse que el asunto no fue más que una llamarada de petate, una moda pasajera (a la poesía húngara, por ejemplo, le dio por rimar durante unos cincuenta años, en lo que va del romanticismo a las vanguardias, y luego olvidó el asunto). El español, que nació midiendo y rimando sus versos, y lo ha hecho por más de mil años, también ha abandonado recientemente esos dos rigores —al menos en la llamada poesía culta, pues la popular los conserva y los mantiene vivos, vivísimos. Tal vez esto se deba a que, históricamente, sólo se ha tenido por digna de ser guardada por escrito la poesía culta (en tablillas, papiros, papel), mientras que la popular ha debido fiarse de la memoria de la gente, cuyos muchos deslices y veleidades refrenan en parte el metro y la rima. Porque estas dos cosas (el metro y la rima) son dos de los instrumentos más poderosos de la memoria, que a menudo los ha usado para asuntos escasamente poéticos. Pienso, por ejemplo, en la redacción de las gramáticas latinas, que en los viejos tiempos echaban mano del verso rimado para ayudar a los sufridos estudiantes. Pero no sólo ellas. Los usos extrapoéticos de la rima incluyen lo mismo esas gramáticas que los dichos, refranes y consejas populares (“A quien madruga, dios lo ayuda"), los slogans y jingles publicitarios (“Estaban los tomatitos / muy contentitos […]"), las consignas de las marchas de protesta (“El pueblo, unido, / jamás será vencido"), etcétera.
En verdad, la rima es un fenómeno que le ocurre a la lengua entera, y no sólo a ese trozo que llamamos poesía. Pero es sin duda en ésta donde más y mejor se ha desarrollado y donde ha suscitado las reflexiones más interesantes. Heinrich Heine, por ejemplo, pensaba que las rimas eran un vestigio de aquella lengua perfecta que hablaban los dioses antes de que los condenáramos al exilio, de donde puede seguirse que aquello que...





