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Podía haber sido un breve poema de Gabriela Mistral o aquel ejemplar en latín de la Ilíada que encontró en el baúl de su abuelo el inicio de una vocación desbordada hacia la poesía. Lo cierto es que para la poeta uruguaya Ida Vitale (1923) la poesía es, desde su infancia, un refugio y un ejercicio de reflexión donde el triunfo de la vida es la materia constante de una obra que ha logrado el reconocimiento de los lectores en el mundo. Más allá de esa mirada que se intuye inocente en esos ojos azules, hay un carácter y una contemplación atenta de la realidad y de las preocupaciones humanas. Versos suyos como "¿Mirar atrás será pasar / a ser de sal precaria estatua, / un perecer petrificado / preso en sí mismo, parte / del roto encanto de un paisaje / cuya música no logro más oír?" dan cuenta de esa visión profunda y verdadera de nuestro tránsito sobre la tierra. El pasado 2 de noviembre cumplió 95 años. Una jornada de casi un siglo de intensas vivencias y grandes memorias que han quedado registradas en muchos de sus libros de poemas, ensayos, traducciones y escritos periodísticos. El próximo 24 de noviembre recibirá el Premio FIL de la Literatura en Lenguas Romances en Guadalajara por "su capacidad inextinguible de revelarnos el mundo a través de su poesía", afirmó el jurado. Una merecida recompensa a una incansable labor que se viene a sumar a una serie de homenajes y galardones que en los últimos años ha recibido esta inmensa poeta uruguaya: el Premio Octavio Paz, el Federico García Lorca, el Alfonso Reyes, el Max Jacob y el Reina Sofía. Vitale viene de Uruguay, país pequeño...




